—¿Se divierten? —inquirió Potter hacía sus amigos. Ambos chicos voltearon hacia su dirección, ignorando por completo a Draco, quien aprovechó el momento para volver a respirar.

—Un poco, sí —replicó Finnigan con orgullo.

—Creo que su recreo terminó —dictaminó Harry mirando su reloj de pulsera, para luego volver a llevar su mirada hacia sus amigos nuevamente—, pueden irse.

—Pero, Harry... —comenzó Thomas haciendo un puchero.

—Váyanse —insistió, ahora amenazante. Al ver que los chicos no se movían de su sitio agregó—: Ahora.

Ambos se fueron sin replicar, dejando a Draco a solas con Harry. El moreno llegó hasta él, bajó a su altura y replicó:

—Tu vida sí que es miserable.

—Y eso es perfecto en lo que a ti respecta —añadió Draco forzando la voz. No se atrevía a levantarse del suelo por temor a que Harry lo lastimara.

—Lo es, es justo lo que deseaba para ti. Cuando me meta tan dentro de tu psique que incluso estaré en tus sueños para torturarte, eso será el mejor momento de mi vida, lograré que las veinticuatro horas de tu vida sean un completo infierno.

—Sé que es lo que merezco. —Así era, todo su ser se lo gritaba diariamente. Él era el único culpable de toda esa carga que cada uno de esos hombres llevaba sobre sus hombros. Él y solo él les había hecho vivir un infierno y era por ello que se merecía cada uno de los golpes recibidos. Eso era lo que su conciencia le gritaba a cada segundo.

—Así es, es bueno que también lo sepas. —El moreno hablaba con voz calmada, por lo menos no parecía el psicópata que era cada noche en esa pequeña sala de tortura—. Aceptar tu pequeño infierno, es lo mejor que puedes hacer.

Draco asintió con la cabeza, bajando la mirada al suelo sin poder decir o hacer algo más. Harry lo miró por unos intensos segundos antes de ordenarle ponerse de pie, algo que el rubio rápidamente notó imposible de hacer. Se quejó con fuerza cuando apoyó una de sus manos en el suelo, el moreno chasqueó lengua al comenzar a perder la paciencia a causa de Draco y sus exageraciones, pero recordó la paliza que Dean y Seamus le acaban de dar, por lo que con su varita comenzó a sanar sus huesos rotos y las magulladuras en su cuerpo.

—Gracias —murmuró Draco sin atreverse a verlo a la cara, tenerlo tan cerca era realmente aterrador; de haber sido posible para él, hubiera escapado hacía mucho tiempo, pero sabía que no tenía ninguna escapatoria posible.

—No lo hago por ti, lo hago por mis amigos.

—Lo sé… Perdóname… —Draco se cubrió el rostro con las manos, a lo que Harry suspiró.

—Levántate y termina con tu trabajo. —Volvió a ordenar luego de un pesado silencio—. Vendré a buscarte luego para llevarte a tu celda antes de que termine mi turno.

—¿Pasaré la noche en la biblioteca? —inquirió confundido.

—Ahora veo por qué siempre andabas con Crabbe y Goyle, los idiotas siempre se unen —replicó apretándose el puente de la nariz buscando calmarse—. Mi turno termina a las cinco de la tarde, ¿o qué crees que hago aquí? ¿Disfrutar de tu compañía?

—Pero, tu turno siempre…

—Cambiaron los turnos de las guardias —explicó simplemente—, hoy tengo turno de la tarde y mañana… ¿Qué demonios hago explicándote eso!

Draco tembló en su sitio, buscando la manera de volverse lo más pequeño que podía. Harry le lanzó una mirada de odio antes de irse y dejarlo solo en el suelo de la biblioteca. El rubio se levantó lentamente, sintiéndose mucho mejor que antes, por lo menos físicamente, por lo que pudo llevar a cabo su labor mucho antes que el moreno volviera a buscarlo. Incluso le dio tiempo de tomar un libro cualquiera y echarle una ojeada, no le prestó la más mínima atención, no estaba lo suficientemente tranquilo como para leer algo, aunque lo deseara.

Potter lo llevó hasta su celda en completo silencio, parecía totalmente perdido en sus pensamientos, lo cual Draco agradeció, por una vez él parecía tener otras cosas en la cabeza aparte de Draco Malfoy. Lo dejó en la celda y se marchó en silencio; una noche, tenía toda una noche para descansar de Potter y su intensa violencia, una noche en la que sabía que nada malo le pasaría, estaba aliviado.

La noche comenzó tranquila, realmente tranquila, sin gritos horrendos en la oscuridad, sin sombras sin forma merodeando fuera de su celda, y sin Harry. Sin embargo, una mata de pelo rojo interrumpió su serenidad.

—Buenas noches, Malfoy —saludó Ron, asomándose tras la reja. Su sonrisa lucía traviesa, por lo que Draco se congeló en su lugar, ¿acaso era el turno de Ron de torturarlo?—. Vengo a jugar contigo.

La afirmación del hombre lo hizo temblar, ¿a qué se refería exactamente con "jugar"? Weasley abrió la pesada reja de hierro, entrando al minúsculo espacio que representaba la celda de Draco, avanzo despacio hasta él, quien solo esperaba muerto de miedo. La sonrisa del hombre se ensanchó y sus ojos brillaron en la semi-oscuridad, Weasley ocultaba algo tras su espalda, meciéndose lentamente frente al catre de Draco. Lentamente mostró el objeto.

—¡Juguemos ajedrez! —exclamó risueño, mostrándole el juego emocionado. Malfoy quedó sin habla, ni en sus peores pesadillas se imaginó jamás esa situación—. Es mi primer día en el turno nocturno, los chicos dicen que nunca hay nada interesante que hacer ya que todos duermen, y pensé que la excusa era perfecta para probar tus dotes, ¿qué dices?

—¿Qué pasa si me rehúso? —inquirió el rubio temeroso.

—Entonces me obligarás a hacer algo que no quiero —respondió Ron muy serio, Draco volvió a temblar—. Harás que te ruegue… Por favor, Malfoy, juega conmigo, estoy aburrido. Si ganas te prometo que te daré un premio.

—¿Un premio?

—Sí, mira. —Del bolcillo de su pantalón, sacó una pequeña caja de rana de chocolate—. Sé cuánto te gustan. Vamos, si ganas te doy esta rana de chocolate, no es un mal trato, ¿o sí?

La escena era totalmente irreal, cada vez entendía menos su situación, pero el tiempo con Harry le había enseñado que resistirse solo hacía las cosas mucho peores. Aceptó no muy convencido de querer jugar, pero también era cierto que hacía mucho tiempo que no jugaba ajedrez. Las piezas estuvieron en posición y ambos hombres se sentaron en el suelo, que Ron se encargó de limpiar un poco con su varita, cruzando las piernas; el pelirrojo lo dejó escoger primero, eligió las blancas, sintiéndose más cómodo dando el primer movimiento. A Weasley no le importó en lo absoluto, incluso ganó luego de apenas cinco movimientos.

—¡Vaya, esos fueron tres movimientos menos de los que pensé! —replicó Ron soberbio, burlando se del rubio, a quien el poco orgullo que aún le quedaba le exigía que ganara la próxima partida—, de verdad eres terrible en esto.

—Solo estoy fuera de práctica, además no pensé que de verdad supieras jugar.

—¿Qué? ¿Quién ganó el ajedrez gigante de McGonagall? ¿Acaso no fui yo?

—Cierto, lo había olvidado —rió Draco recordando Hogwarts. El tiempo en el que era un estudiante sin preocupaciones, había pasado hacía mucho, pero por un segundo volvió a recordarlo como si no hubiera pasado el tiempo.

—Vamos por otra partida. —Lo animó Weasley divertido. Por primera vez en mucho tiempo, Draco se permitió bajar la guardia, estaba pasando una noche realmente agradable y divertida, quizá luego se arrepentiría el triple, pero al menos por unos minutos se olvidó de todo la mierda en la que se había convertido su vida.

Ron volvió a ganar, esta vez le costó quince movimientos, por lo que se ganó el elogio del pelirrojo. Aunque también lo volvió un competidor más feroz para las próximas partidas. Para la medianoche llevaban seis victorias a favor del pelirrojo y ninguna para el rubio.

—¡Imposible! —Se sorprendió Draco—. ¡Hay algo en lo que Ronald Weasley es realmente bueno!

—Oye, no ha nacido la persona que me gane en ajedrez.

—¿Nadie lo ha hecho? —El pelirrojo negó inflando el pecho orgulloso. Ron se veía sumamente cómico, y Draco comprendió que, cuando encontraba algo que le daba seguridad, era una persona totalmente distinta al idiota que solía ser en el colegio. Sonrió al recordar a ese Ron, quien perseguía a Harry por todos lados y babeaba por Granger pensando que nadie lo había notado.

Era extraño sentirse así, como si todo lo vivido ese último tiempo no hubiera existido más que en un sueño lejano.

—Hagamos esto cada vez que tenga guardia nocturna —pidió Ron al notar que Draco se había relajado por primera vez desde que él llegó—. Miércoles y sábados me toca el turno nocturno.

—¿Qué pasó con el antiguo horario?

—Las clases en la academia comenzaron —dijo Ron encogiéndose de hombros—. Debían adecuar nuestros horarios de guardia y de clases, los trabajos de campo también están comenzando. Así que es mucho trabajo para nosotros, pero con el nuevo horario estamos mucho mejor. Yo tengo dos turnos nocturnos, dos por la mañana y otro por la tarde, con dos días libres. La verdad es que es bastante más relajado que antes.

—Eso es bueno —replicó Draco, sin embargo, él se refería a que seguramente Harry no tendría tantos turnos nocturnos como antes, por lo que quizá sus castigos serían menos frecuentes.

—Sí, lo es —Weasley bostezó y se estiró perezoso—. Lamento privarte del placer de mi compañía, pero creo que echaré una siesta en el cuarto de los guardias. Hasta el miércoles, Draco. Pórtate bien. —Sacó la rana del bolsillo y se la tendió—. Toma, si tienes suerte te saldrá mi cromo. Te lo firmaré si sucede.

—Pero no gané.

—Sabía que no me ganarías —replicó guiñándole un ojo—. Siempre fue tu premio de consolación.

—Presumido.

El hombre salió riendo del lugar, dejando a Draco totalmente confundido. Por primera vez se la había pasado bien, por primera vez lo habían tratado como a una persona, como alguien que merecía que fueran amigables con él. No quería aferrarse a aquello, no quería hacerse ilusiones que luego le estallarían en la cara. Pero Draco necesitaba aferrarse a algo, lo que fuera, y si ese algo era unas pocas partidas de ajedrez cada dos noches con Ronald Weasley, él lo tomaría con fuerza y no lo soltaría por nada.

Se sentó en su cama en silencio, decidiendo abrir la rana sin pensar en lo pesado que le caería en el estómago a esa hora, la pequeña rana dio un salto sobre su palma, que lo hizo sonreír, se la metió en la boca y mordió. ¡Por el amor de Merlín! Había olvidado lo delicioso que era el chocolate; sus papilas gustativas bailaron por el placer brindado, eso no tenía igual, era sin dudas lo mejor del mundo. Queriendo estirar tan divino sentimiento, se negó a morder la rana, en cambio dejó que el chocolate se derritiera lentamente en su boca, brindándole tan placentero momento. Se acostó en su catre sintiéndose realmente feliz.

Para su desgracia, se atrevió a mirar el cromo de su rana; una pequeña Hermione Granger le sonreía radiante entre un marco dorado.


Bueno, ahora sí. Mi desaparición repentina!

Cuando estaba escribiendo el capitulo anterior me di cuenta de dos cosas: La primera, inconscientemente estaba llevando al fic por un camino diferente al que deseo, estaba quedando un Ron / Draco en lugar de un Drarry, y créanme que es un Drarry.

La segunda: El Drarry estaba siendo forzoso, ¿por qué? Draco y Harry no tienen más contacto que las torturas por las noches, durante las cuales no hablan más para que Harry lo ofenda y Draco grite suplicando, al igual que Ron y Draco solo lo tenían durante las mañanas, en las que él se comporta bien con Draco y lo ayuda de vez en cuando. ¿Cómo podía ser creíble algo más cuando no se puede plantear dentro de la formula ya escrita? Por eso cambié los horarios de las guardias. Así queda Harry con Draco durante el día algunas veces, donde es más complejo que se lo lleve a la sala de torturas, por lo que podrán tener otras interacciones; lo que así mismo también deja a Ron con otras interacciones con Draco. Con el cambio de horario puedo explorar otros escenarios donde interactuen los personajes y todo vaya fluyendo más debidamente.

Espero que estén disfrutando la historia, no estoy segura de cómo sería eso... Pero que les esté gustando! Este capitulo lo estoy subiendo rapido despues de escribirlo, por lo que ni lo vi, espero que haya quedado bien...

Les mando mil besos