La tarde le pareció más fría que de costumbre, clara señal de que se aproximaba el otoño; se acomodó el ligero suéter lo mejor que pudo, cerrando la cremallera completamente, se abrazó a sí mismo con fuerza y reanudó su camino. La estación comenzaba a cambiar antes de lo habitual por lo que no creyó necesario llevar algo más abrigado que lo que traía.
Era una suerte no haberse tropezado con Ron ese día, pues no había pensado en una excusa para darle, solo salió de casa con el rumbo definido y sin pensar nada más. Últimamente su mente parecía gelatina, no pensaba las cosas con claridad y, cuando logróba hacerlo, se arrepentía tremendamente de sus acciones. No estaba seguro de con qué cara llegaría a su destino, ¿de verdad podía hablarle como si nada hubiera pasado? No se creía capaz, lo sabía, pero el viaje era necesario, no se perdonaría no ir.
Los claveles blancos en la mano, unidos a amapolas y caléndulas, formando un ramo hermoso y colorido; deseaba que le gustara desde el fondo de su corazón. Las calles de Londres se perdían en el horizonte, mientras Harry caminaba casi por inercia hacia su destino, sus pies recordaban el lugar luego de tantas veces de haberlo llevado. Podía haberse aparecido, pero necesitaba de la caminata, necesitaba calmar su mente y su corazón, despejarlos de todo lo negativo que cargaba y prepararse para hacerle frente.
Finalmente llegó hasta ella, respiró profundamente antes de extender el ramo y ofrecérselo.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamó cerrando los ojos con nerviosismo—. ¿Es raro que te regale flores? Nunca había pensado en hacerlo ni en un millón de años.
Miró la tumba con cariño, como si estuviera frente a la propia Hermione y no frente a su sepulcro. Se esforzó por sonreír y no decaer ante ella, quería que lo viera feliz, aunque por dentro estaba cada vez más destruido. El solo pensamiento lo lastimaba internamente, era doloroso tener que fingir algo que no sentía.
—Perdón, Hermione. Yo… —Tragó saliva esforzándose por bajar el nudo que se formaba en su garganta y poder continuar hablando—. Ni siquiera sé lo que hago la mayor parte del tiempo… Solo quiero que el dolor se vaya, que la rabia que siento desaparezca.
»No sirvo más que para cometer errores, uno tras otro. Por culpa de mis errores, de mis malas decisiones, es que te pasó todo esto… No debí haberlo salvado, no debí volver por él… Ron… Ron tuvo razón desde el inicio, debimos haber salido de la sala multipropósitos en cuanto pudimos sin dar marcha atrás. Si yo no hubiera vuelto por Malfoy tú… ¡Es mi maldita culpa! Fui yo, yo fui quien te mató, Hermione.
»El que debería estar muerto soy yo, eso era lo correcto. No tú, Hermione —Harry rompió en llanto desesperado, lo que lo obligaba a tratar de respirar y hablar entre gimoteos entrecortados—. No sé cómo hacer para pagarte, para que me perdones por todo lo que mi error te causó; lo que le causé a Ron por seguir cometiendo errores. Espero que no lo hubieras visto, Hermione. No podría verte cuando muera si supiera que estuviste viendo lo que pasamos sin ti. No sé cómo fue que logramos sobrevivir… Lo que les hice a ambos, a ti y a Ron, no tiene perdón. Y lo que le hago a Malfoy… —Sus lágrimas se intensificaron, no quería hablar de ello, pero sabía que Hermione lo veía en cada instante, ella sabía lo que hacía y por eso quería explicarle—. Ni siquiera es por él, no es que quiera lastimarlo, no es que quiera hacerlo sufrir. Toda esta mierda es por mí, quiero destruirme a mí mismo, quiero castigarme, quiero sufrir por lo que hice. No merezco que mi alma continúe intacta después de todo eso. Solo utilizo a Draco para acabar conmigo mismo y la poca humanidad que me queda; no merezco más que eso. Y si hay alguien a quien estoy dispuesto a usar, es a Malfoy; él también es culpable de todo. Lo es, ¿verdad?
—¿Harry? —inquirió la voz de Neville detrás de él. Harry se limpió las lágrimas y volvió a esforzarse por sonreír.
—¿También viniste?
—Claro, no podemos dejarla sola en su cumpleaños —replicó el rubio sonriendo forzadamente—. Pensé que habías venido con los Weasley esta mañana.
—Tenía guardia por la mañana, ¿lo olvidas?
—No estoy acostumbrado al nuevo horario, al menos recuerdo que hoy tengo turno nocturno. Mi memoria siempre será igual de pésima.
—Pues yo creo que ha mejorado mucho.
—¿Te burlas de mí, Harry? —Neville soltó una pequeña carcajada que no terminó de convertirse en risas, observó a Harry con intensidad para luego decir—: Puedo volver después, no es problema.
—No, yo ya terminé… Debo ir a visitar a Ginny, sabes que venir no le hace bien. Debo prepárame para quedarme en la madriguera, ya se me hizo tarde —respondió el moreno intentando sonar normal—. Nos vemos luego, Neville.
—Mándale saludos a todos.
Harry se marchó sin mirar atrás, necesita alejarse cuanto antes o volvería a flaquear. Él ya había tomado una decisión, no importaba lo que costara, no importaba lo mucho que se arrepentía, cumpliría su cometido, solo eso era lo más fundamental.
Mentiría si dijera que no estuvo todo el día esperando a que llegara la noche, después de todo Weasley le había prometido otra partida de ajedrez. Su cerebro le repetía una y otra vez que se arrepentiría toda su vida por dejarse llevar por Weasley, pero su corazón le imploraba disfrutar de esos momentos, solo de esos pocos instantes donde no era el maldito Draco Malfoy, responsable de apoyar a un asesino además de ser también el responsable de la muerte de Granger, en esos momentos junto a Ron era simplemente Draco Malfoy, el chico que podía reír, podía frustrarse por perder en el ajedrez, que usaba todo su cerebro y su astucia por ganarle a un pelirrojo experto en la estrategia .
¿Había algo de malo con eso? ¿No podía permitirse aquello? Probablemente no.
La pequeña reja se abrió con lentitud, dejando ingresar a un pelirrojo con cara malvada. Weasley reía traviesamente mientras ingresaba en la pequeña estancia. Miró a Draco con ojos diabólicos, lo que asustó al rubio.
—Hoy jugaremos con estás —dijo el pelirrojo con malicia enseñándole una bolsas de grageas Bertie Botts de todos los sabores—. Dejé solo los malos sabores, quién pierda debe comer uno.
—Oye, oye, oye —replicó Draco asustado, era absurdo, prácticamente era el pelirrojo obligándolo a comer grageas con un terrible sabor luego de darle una paliza en ajedrez—. Eso es malvado hasta para ti.
—¡Esta noche sufrirás, Malfoy! —exclamó con una risa maniática. Draco lo observó perplejo hasta que su estúpida risa se le contagió, logrando que él también riera con fuerza. Ahora entendía un poco más a los que siempre estaban con él, Ronald Weasley siempre lograba darte alguna emoción fuerte, buena o mala, siempre tendrías un momento intenso a su lado, llegaba un momento donde eso se volvía adictivo, debía aceptarlo.
—De acuerdo, de acuerdo —aceptó—. Pero si yo gano comerás cinco grageas juntas.
—Hasta tú sabes que eso es imposible. Acepto.
La primera derrota, una gragea con sabor a pimienta; la segunda derrota, una gragea con sabor a cera; la tercera derrota una con sabor a vomito; la cuarta fue una victoria inesperada. El pelirrojo comió cinco grageas juntas, que resultaron ser brócoli, vomito, calcetines sucios, huevo podrido y moco, lo que provocó que su rostro se volviera de un ligero tono verdoso, además de provocarle arcadas. Draco solo podía reírse con fuerza ante la situación burlándose abiertamente del pelirrojo quien no podía creer su derrota.
—No sería un digno Slytherin si no te ganara por lo menos una vez —replicó entre risas. Llevó sus manos a su estómago cuando comenzó a dolerle de tanto reír.
—Creo que ya está bien por hoy —dijo el pelirrojo con evidentes ganas de vomitar, al tiempo en que le tendía una pequeña bolsa a Malfoy—. Estos son los sabores buenos, quítate el mal sabor con ellos. Mejor me voy antes que vomite aquí. Me vengaré, Malfoy.
Ron caminó con lentitud hacia el cuarto de los guardias donde lo esperaba Neville, le había dicho que daría una vuelta antes de dormir y que él podía hacerlo primero, de verdad esperaba que el rubio no estuviera despierto. Por lo que sintió un gran alivio al verlo profundamente dormido en la litera inferior.
Todavía recordaba el juego con Draco, le alegraba poder darle cierta alegría al rubio, aunque una parte de él pensaba que no se lo merecía, y otra parte solo lo hacía para utilizarlo para sus fines; pero una pequeña parte de Ron de verdad se alegraba de darle un poco de entretenimiento a Malfoy, solo por eso se había dejado ganar en esa última partida. Él era lo suficientemente bueno como para fingir perder sin que nadie lo notara.
Un sonido proveniente de la cama de Neville, lo hizo voltear en su dirección y olvidar su línea de pensamientos. Neville se retorcía entre las sabanas, jadeando casi con desesperación. De pronto comenzó a hiperventilar, como si estuviera corriendo una maratón.
—Déjala —susurró con voz apretada, la desesperación de su suplica era tal que le causó escalofríos—. Ya déjala, por favor… No le sigas haciendo daño. —Era obvio que Neville tenía una pesadilla, por lo que Ron pensó en despertarlo y calmarlo, pero la voz tan atormentada de Neville lo dejó estático de terror. De verdad tenía miedo de lo que fuera que estaba soñando el rubio, porque parecía estar sufriendo más allá de toda explicación, parecía desesperado de una manera inimaginable— Maldito, eres un maldito enfermo… ¡Ron! —gritó de tal manera que al pelirrojo se le heló la sangre en un instante, cada vez estaba más asustado y no sabía por qué — ¡Ron, cálmate, por favor! Esto no es real ... Esto no es real ...
»Harry, no dejes que Ginny siga viendo. ¡Reacciona, Harry! —Neville comenzó a llorar sin terminar de despertarse; su voz se quebraba más a cada segundo, por lo que Ron no entendía cómo era que seguían saliendo palabras de su boca—. Vámonos ya… Por favor, quiero irme… No lo soporto, no puedo… No… No… ¡No lo hagas, Lestrange, suéltala, maldito!
»Esto no es real… Esto no es real… Esto no es real…
—Neville —llamó Ron, llegando finalmente hasta él. Lo tomó por los hombros y lo sacudió con fuerza; tenía ganas de llorar y de gritar también. No terminaba de entender lo que sucedía, pero sabía por lo que pasaba el rubio, en el fondo lo sabía, y eso solo lo angustiaba a tal extremo que no podía pensar con claridad—. Despierta, Neville.
El rubio se despertó aterrado, lo miró a los ojos sin pronunciar palabra para finalmente prorrumpir en llantos. Se abrazó a Ron con fuerza como si este fuera su única tabla de salvación mientras el mar embravecido se empeñara en ahogarlo, pero más allá de calmarse su lamento aumentaba con cada segundo.
—Ron, perdóname… No debimos verlo, no debimos estar ahí… Perdóname… No sabíamos lo que encontraríamos ahí, todo tu dolor es solo nuestra culpa.
—Eso no es cierto, Neville —replicó Ron, separándose de él para mirarlo a los ojos—. No es tu culpa, no es culpa de nadie, ¿sí?
—Sí —asintió Neville entendiendo al instante la situación—. Como desearía que no fueron solo palabras vacías.
Ron no pudo responder, dejó que Neville volviera a envolverse en sus cobijas y le diera la espalda sin decir ninguna palabra más.
Esa madrugada un sonido inusual despertó a Draco de su sueño, un sobre pesado se hallaba ante él con la inscripción: "Un regalo". Al abrirlo, la hoja de un cuchillo brilló en la oscuridad de la celda.
Fin del capitulo! Estoy super perdida! La razón? Tengo demasiado trabajo atrasado! Eso me pasa por distraerme en lugar de trabajar, y ya que estoy en casa, incluso trabajo en mi tiempo libre, pero estoy apunto de nivelarme y poder continuar la historia. Pero los momentos les dejo este capitulo que es más largo que los anteriores, espero que les haya gustado, y con algo de suerte mañana subiré otro. Si logro hacerme un tiempo.
Las flores que le lleva Harry a Hermione no son al azar, según el lenguaje de las flores los claveles blancos significan "mi amistad es fuerte y sincera"; las amapolas significan "estaremos juntos lo antes posible" y finalmente las calendulas significan "dolor y pena por una perdida". Que son básicamente los sentimientos que tiene Harry en el fic hacia Hermione.
Les mando mil besos! Y decirles que no los he olvidado!
