Advertencia: Este capitulo puede herir sensibilidades por el tema que trata, por lo que, si eres una persona sensible o sufres algún tipo de depresión, la recomendación es evitar leerlo. Espero no haber hecho algo de mal gusto o que les haga sentir mal pues no es mi intensión. Sin embargo debo agregar que el resultado final sí me agradó y espero que puedan "disfrutarlo".


El sonido metálico lo despertó en medio de la madrugada, abrió los ojos asustado al tiempo en que daba un salto en su catre, el susto se debía mayormente a todo lo que le hacían en esa prisión y no por el propio sonido en realidad. Hacía muchas noches que no dormía bien, el terror y las pesadillas no lo dejaban en paz ni un segundo, pero cuando Ron lo visitaba lograba dormir con la suficiente tranquilidad como para descansar realmente; sin miedos ni pesadillas, todo era mucho más fácil gracias a él. Eso no significaba que no estuviera todo el tiempo alerta, esperando que algo terrible sucediera en cualquier momento, o que no viera sombras inexistentes que lo acechaban desde la oscuridad y lo hacían tener una ansiedad paranoica a cada segundo del día.

Miró alrededor de su pequeña celda, encontrándola vacía; sin embargo, estaba muy seguro de haber escuchado un sonido cerca de él y no haberlo imaginado, por lo que decidió levantarse y comprobar lo sucedido. Su pie no tocó el suelo, sino algo duro que llamó su atención, palpó el lugar en medio de la oscuridad hasta que pudo hacerse con el objeto en el suelo. Un sobre pesado se hallaba junto a su catre, solo una pequeña inscripción, que logró leer luego de que sus ojos se acostumbraran a la poca luz que llegaba desde el pasillo, lo adornaba: "un regalo", decía. Rasgó el papel con mano temblorosa, no sabía lo que podía encontrarse dentro por lo que no estaba seguro de querer abrirlo, pero era peor no saber y que su cerebro se inventara una y mil cosas en lugar de verlo por sus propios ojos, quería ser cauteloso aunque no sabía si podría conseguirlo; sacó un objeto largo y pesado, el cual brilló en la oscuridad: un cuchillo, largo, grueso y de filo reluciente, salió del sobre.

"Un regalo"; ¿quién podría darle un regalo así? Solo pudo haber sido un guardia, no pudo ser nadie más. ¿Weasley? ¿Potter? ¿Thomas? ¿Finnigan? ¿Longbotom? ¿Quién de ellos podría ser? No tenía ni idea de los nuevos horarios, solo sabía que Ron era uno de los guardias de esa noche, además ya había estado en su celda, ¿podría haber puesto el sobre sin que Draco lo viera? La verdad es que eso era bastante probable; el otro guardia podía ser cualquiera, ¿Qué pretendían que él hiciera con eso?

Draco miró dentro del sobre buscando más información sobre el supuesto regalo, encontrando una pequeña nota que rezaba: "escapa".

Escapar…

¿Cómo ese cuchillo lo ayudaría a escapar? Definitivamente no iba a servirle para herir a los guardias y huir, eso era imposible; aunque pudiera apuñalar a alguno, con un solo movimiento de varita Draco estaría acabado y su tiempo en Azkaban sería mucho peor de lo que ya era. ¿Qué era lo que podía hacer con ese objeto en particular?

"Escapa". Sintió como si alguien le susurrara esas palabras en su oído con mucha delicadeza. No pudo evitar imaginarse a Ron a su lado, acariciando el cuchillo mientras le decía que aprovechara el regalo que le había dado y que se apresurara a huir de allí; "escapa, puedes hacerlo, escapa, Malfoy". Era cierto, tenía una manera de terminar con toda esa mierda en la que se había convertido su vida, la respuesta era tan simple que no sabía cómo es que no había llegado a esa conclusión a la primera, podía huir fácilmente.

Observó la hoja del cuchillo como si de un tipo hipnosis se tratara, lo acarició suavemente, dejando que sus manos se acostumbraran a él, la hoja era fría y dura, por lo que tocarla le causó un escalofrío. Podría ser libre si se lo propusiera, sí, podría escapar gracias al objeto, podía dejarse llevar y terminarlo todo de una vez; se acabarían los golpes, los malos tratos, las violaciones, las pesadillas, todo, todo terminaría y Draco por fin sería libre, solo si se atrevía, solo si era capaz de llegar hasta el final.

—Seré libre —susurró con la garganta seca, su pecho dolía mientras el pensamiento continuaba tomando forma en su mente ávida de sosiego—. Podré descansar al fin.

Siempre pensó que si pudiera escapar, si tenía esa posibilidad, la tomaría de inmediato; pues ahí estaba, la posibilidad de huir de todo, y la tenía al alcance de su mano. A nadie le importaría que terminara, mucho menos a él, sabía que era la única forma de acabar con todo su sufrimiento. Potter no le volvería a poner una mano encima, Granger no volvería a aparecer en sus sueños, los demás dejarían de usarlo como saco de boxeo, ya no tendría que estar encerrado en esa prisión demasiado fría y oscura como para que un ser humano pueda vivir en ella sin enloquecer. Después de todo podría desatarse, desatarse de toda la culpa que sentía cada día, liberarse del peso que cargaba en su pecho desde hacía tantos años que ya no podía recordar el momento exacto en el que se instaló ahí; descansar de la mierda en la que se había convertido su vida por culpa de sus malas decisiones; una y otra vez, su vida era un constante desastre tras otro, solo porque no podía escoger nunca el camino correcto. Draco deseaba fervientemente que su triste y patética existencia hubiera sido distinta.

Comenzó a llorar amargamente mientras apretaba el cuchillo entre sus manos, casi como si rezara. "Hubiera elegido otro camino" pensó para sí mismo entre gimoteos desesperados; "hubiera hecho todo diferente, hubiera corrido hacia Dumbledore para que nos protegiera, hubiera sido más valiente. Nada, nada de lo que hice valió la pena al final. No protegí a mi madre, no fui capaz de hacer nada por nadie, ni siquiera pude devolverle el favor a Potter salvando a Granger como él me salvó a mí".

Las lágrimas que emanaban de sus ojos no se detuvieron, al contrario se volvieron más intensas y tormentosas; su pecho se aplastaba contra sus órganos impidiéndole respirar; su corazón parecía a punto de paralizarse, por lo que la sangre en sus venas comenzaba a sentirse muy escasa, sus extremidades incluso dolían por la falta de circulación. Estaba decidido a hacerlo, ya nada importaba, vivir estaba sobrevalorado en demasía. De nada le serviría soportar y sobrevivir, jamás lograría salir de la prisión, sabía que Potter buscaría la manera de seguirlo destruyendo aun cuando hubiera terminado su trabajo en Azkaban, la culpa tampoco se iría nunca, el dolor por el que pasaba solo sería más y más grande con el pasar del tiempo, ¿de verdad valía la pena aguantar tal tortura? No, no lo valía.

"Seré valiente esta vez" se dijo, buscando darse ánimos y empuñar el cuchillo con fuerza; "esta es la decisión correcta. Solo escaparé de todo, e iré a un lugar mejor, estoy seguro".

Sus manos temblaban, tenía miedo era cierto, pero continuar con esa vida le daba mucho más miedo que acabar con ella. Solo un pequeño corte y todo terminaría, él podía hacer eso. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo una vez que el frío cuchillo hizo contacto con la piel de su cuello, solo un movimiento bastaba, solo uno y todo concluiría; solo un poco más de fuerza en sus manos, solo un poco menos de miedo en su corazón, solo un poco más de decisión en su mente. Él podía hacerlo, podía finiquitar su vida de una vez por todas. Draco siguió llorando, por no poder despedirse de su madre a quien tanto extrañaba día con día, por no haberle pedido perdón a Weasley como lo merecía después de que lo trató tan bien, por no poder ayudar a Potter a liberarse de los demonios que él mismo puso sobre sus hombros, por no poder pagar el precio de su amarga culpa. El precio era demasiado alto y él simplemente estaba cansado de pagarlo, ya no podía con aquello, era hora de finalizarlo.

El rubio cortó su cuello con decisión, lamentándose internamente por la terrible realidad que le tocó vivir, implorando poder encontrar en la otra vida la paz que tanto necesitaba, solo deseaba dejar de sufrir al fin, solo eso bastaba.

La sangre comenzó a salir a borbotones desde su cuello hasta llegar al suelo, el mismo suelo donde el cuchillo impactó con un fuerte sonido, el olor metálico de la sangre comenzó a inundar el lugar; no dolía tanto en realidad, ya había pasado por otros dolores peores que ese, sonrió ante la ironía, después de todo ellos lo habían preparado para resistir. El líquido viscoso se coló por su boca y su nariz, comenzaba a respirarlo logrando que llegara a sus pulmones, por lo que cada inhalación y exhalación parecían quemar sus órganos. Su visión se tornó borrosa al cabo de pocos segundos, comenzaba a no sentir sus miembros, luego sus sentidos, hasta que finalmente dejó de sentir por completo, la oscuridad lo arrastró hacia ella cuando Draco le dio la bienvenida gustoso. "Ojala hubiera podido salvar a Potter como él me salvó aquella vez"; fue el último pensamiento que cruzó su mente agonizante antes de sucumbir hacia la nada.

Aún faltaban un par de horas para que comenzara su turno, pero Harry no había podido dormir en toda la noche. Tuvo que acompañar a Ginny quien temblaba sin poder controlarse luego de haber ido a la tumba de Hermione. Todos le pedían siempre que no lo hiciera, pues ir le causaba mucho daño psicológico a la chica, pero la pelirroja siempre respondía lo mismo: "No podría perdonarme no visitarla en su cumpleaños". Era cierto que tener a Harry en esos momentos le hacía bien, pero también era cierto que ellos dos no volvieron a tener nada; Ginny quedó lo suficientemente traumada como para pasar los recuerdos de Hermione hacia ella misma, por lo que la cercanía de las demás personas le causaba una terrible fobia, esto había mermado su relación hasta que finalmente ella misma le dijo a Harry que no podía continuar con lo que tenían. Al principio no quiso aceptarlo, fue doloroso tener que perder también a Ginny, pero finalmente lo aceptó y lo entendió, ella no necesitaba que él fuera su pareja sino su amigo, y fue en lo que Harry se convirtió luego de todo.

Cuando Ginny finalmente pudo dormir ya era muy tarde para que él lo hiciera, por lo que prefirió volver a la prisión antes de su hora y así estar un tiempo con Ron y Neville; pero al verlos profundamente dormidos prefirió dar una vuelta por las celdas a comprobar que todo estaba bien. Solo que nada estaba bien, de la celda de Malfoy le llegó un olor totalmente desagradable. Abrió la reja encontrándose al rubio tirado, junto a un cuchillo, sobre un charco de sangre y su garganta con un corte horizontal de donde manaba todo el líquido. Corrió hasta el hombre desmayado, su pulso era muy débil, pero aún estaba vivo; tomó su varita con mano temblorosa, comenzando a hiperventilar cuando no se le ocurrió ningún hechizo que pudiera ayudar al rubio; debía pensar, debía pensar o Draco estaría perdido. Él no podía morir, simplemente no podía hacerlo, porque entonces Harry no sabría qué hacer con su vida, no sabría cómo seguir viviendo si Draco no estaba ahí para él.

—No te salvé la vida para que acabaras con ella, imbécil —le reclamó a un inconsciente Malfoy; tenía tanto miedo que le estaba costando demasiado pensar con claridad, no podía dejarlo morir, no podía. La visión frente a él, ligada al terrible temor de perder a Malfoy, activó su memoria: Snape ya había usado un hechizo para sanar cortes una vez, Harry lo había visto realizarlo en una situación similar, solo imploraba poder usarlo con propiedad—. Vulnera Sanentur —dijo con toda la suavidad de la que fue capaz.

El corte comenzó a sanar lentamente, mientras la sangre comenzaba a volver a ingresar por él, cuanto más sangre entraba la herida, esta sanaba mucho mejor. Lo había logrado, lo había hecho bien. El alivio estalló en todo su cuerpo, haciendo que Harry llorara con más ímpetu. Abrazó el cuerpo de Draco con fuerza, temeroso al casi haberlo perdido para siempre. Harry ya no sabía qué pensar, ya no sabía lo que sucedía con él ni lo que hacía, ni lo que quería, solo sabía que jamás había sentido tanto miedo como en ese momento en el que pensó que perdería al hombre entre sus brazos. Continuó llorando abrazado al cuerpo inconsciente de Draco cuando un hombre llegó hasta él.

—¿Por qué lo salvaste? —inquirió el hombre impasible.

—¿Por qué le diste el cuchillo? —gruñó Harry observándolo con ira, jamás pensó que le dirigiría nunca tal mirada, no a él de entre todas las personas.

—Quería ver si era capaz de liberarse él mismo. También lo hice por ti…

—Ya viste que sí fue capaz.

—Así es. Me pregunto qué le haces que sea tan terrible como para que prefiriera usar el cuchillo a seguir soportando. Los muchachos me dijeron que tú...

—Lárgate, ese no es tu maldito asunto. —Lo interrumpió Harry sin soltar al rubio, no le interesaba lo que ese hombre frente a él pensara, no le importaba absolutamente nada más que Draco en ese momento.

—Me preocupo por ti.

—¡Lárgate, maldita sea! —gritó con fuerza, por lo que el chico se retiró finalmente sin decir ninguna palabra, Harry, sin embargó, agregó antes que se alejara—: Si vuelves a hacer algo como esto, te mataré.

—Como si fueras a ser capaz de hacerme algo así precisamente a mí, te conozco demasiado, Harry —replicó el hombre con burla yéndose finalmente, su turno había terminado y era hora de volver a casa.


Fin del capitulo!

Este fue un capitulo intenso que en realidad amé escribir a pesar de la temática. La verdad es que desde el inicio quería una escena de intento de suicidio por parte de Draco y estoy contenta de que el cambio en las guardias me diera la oportunidad de escribirla tan pronto. De nuevo espero que estén disfrutando de la historia, a pesar de ser tan oscura, porque eso es lo que me motiva a seguir!

Les mando muchos besos!