Amor, una palabra que instalaba un peso demasiado grande en el pecho de Harry, ¿él sentía amor? Pensaba que estaba lo suficientemente muerto como para sentir algo así. Miedo, ansiedad, terror, culpa, tristeza y un enorme vacío, esos eran los sentimientos que lo acompañaban, pero no amor, nunca amor. La enorme habitación vacía era la única testigo de todo el revoltijo en el que se habían convertido sus pensamientos nocturnos. Era increíble que una sola palabra dicha en el momento incorrecto pudiera hacerlo sentir de esa manera tan ansiosa, no quería pensar en eso, lo que le sucedía no tenía nada que ver con amor, y no importaba lo mucho que sus recuerdos pasados quisieran hacerle ver lo contrario.
Debía olvidar completamente su época en Hogwarts, los días de antaño cuando su mirada no dejaba de seguir a un pequeño rubio creído que parecía jugar con su mente más de lo que debería.
Otra noche, otro juego junto a Ronald Weasley, Draco no tuvo el coraje de preguntarle si había sido él quien había enviado el cuchillo de aquella noche. Durante todo el día su mente daba mil vueltas con respecto a eso, quizá Ron solamente estaba jugando con su mente, como pensó en un inicio, quizá Draco solo había caído en el juego sádico de tortura emocional hasta el punto en que ambos hombres lo orillaran a quitarse la vida. Pero entonces, ¿por qué Potter lo había salvado? ¿Acaso no trabajaban juntos?
Las preguntas eran demasiadas, y las respuestas totalmente nulas; Draco era demasiado cobarde como para buscarlas, no estaba seguro de necesitarlas o si lo harían sentir menos estresado y ansioso. No quería darse cuenta de la falsedad tras las acciones de Ronald Weasley.
Su cerebro le advertía constantemente del peligro de permanecer junto al pelirrojo, pero él simplemente borraba todo pensamiento conspiranoico en torno a él, quería y necesitaba confiar en Weasley porque él era su única esperanza, su único rayo de luz, y sabía que era un idiota por querer aferrarse a algo tan vago como su perdón; nunca lo había tenido por alguien comprensivo, ¿por qué lo sería ahora?
—¿Estás bien? —inquirió el pelirrojo, mirándolo con curiosidad—. Hoy te comportas raro, ¿no quieres jugar? Si te molesto…
—No. —Se apresuró a interrumpir el rubio—, no es eso, sabes que me gusta jugar contigo.
—¿Entonces?
—Creo —el hombre se mordió el labio ligeramente— que aún no me acostumbro a que seas amable conmigo.
—¿Está mal que lo sea? —preguntó Ron muy serio. Miró a Draco directo a los ojos, quien avergonzado desvió su mirada, esquivando sus ojos—. Lo siento, pensé que nos divertíamos juntos.
—Lo hacemos… —murmuró Draco, avergonzado. Sabía que si no decía nada, Ron seguramente no volvería a tratarlo igual, y él, aunque quería evitarlo, necesitaba lo poco que el pelirrojo le brindaba.
—¿Qué dijiste?
—Nos divertimos, Weasley —replicó un poco más alto, suspiró y continuó—. Me divierto contigo y me gusta que vengas. Es solo que muchas veces creo que en cualquier momento querrás matarme.
—¡Claro! —exclamó Ron golpeándose la frente—. ¡Olvidé que todos los dulces que te traigo tenían veneno!
Draco lo miró espantado por un segundo; sí, creía capaz al pelirrojo de eso, incluso de mucho más, envenenarlo sería lo menos terrible que él podría hacerle. Sin embargo, Weasley comenzó a reír con verdadera diversión, llevó sus manos a su estómago y apretó con fuerza, cayendo hacia atrás en el proceso.
—¡Qué idiota eres! —Las carcajadas del hombre solo se hacían más y más ruidosas—. ¿De verdad pensaste que te estaba envenenando? ¡Oye, aunque no lo creas no soy tan malo, Draco! ¿Cómo crees?
El rubio quedó paralizado, incluso dejó de respirar. ¿Había escuchado bien? Ronald Weasley lo había llamado por su nombre, ¿de verdad? No podría darle crédito a sus oídos, estaba seguro que había escuchado mal, no podía ser cierto, ¿o sí? No estaba seguro de cómo reaccionar en ese preciso instante, solo se dio cuenta de que se había tensado cuando las carcajadas de Weasley se detuvieron repentinamente.
—¿Qué? —replicó Ron confundido.
—Me llamaste "Draco".
—Es tu nombre, ¿no? —replicó el hombre confundido—. ¿Hace cuánto nadie usa tu nombre?
—Ni siquiera puedo recordarlo… Yo… Lo siento… —Tuvo que detenerse pues sus ojos se inundaron en lágrimas. Era estúpido, era solo un estúpido nombre. No tenía nada de especial que Weasley se lo dijera, no tenía por qué tener algo de especial que él lo hiciera.
Pero lo era, el hecho de que Ron lo llamara por su nombre era especial para Draco; lo hacía creer que se estaba ganando poco a poco el perdón de Ron, que podrían ser amigos de verdad alguna vez. No importaba lo mucho que su cerebro le advirtiera: "no confíes". Él no podía dejar de hacerlo, no podía dejar que se apagara esa pequeña luz de esperanza en su pecho, no podía porque simplemente era todo lo que tenía consigo. Ya que Harry no lo dejaría morir, al menos podía aferrarse a algo, o alguien. No se dio cuenta cuando el pelirrojo se acercó a él y lo abrazó nervioso.
—¿Quizá fui insensible? Siempre me dicen eso. —Soltó una risa nerviosa—. ¿Te molesta que te llame Draco? Puedes llamarme Ronald, o Ron…
—Ronald… —murmuró con suavidad, recordando todas las veces que Granger lo llamaba de esa manera.
—Me parece bien —dijo Ron separándose de él con suavidad, lo miró dándole una sonrisa sincera—. Puedes llamarme Ronald. Es una lástima, pero ya tengo que irme si no quiero que nos descubran. Toma. —Le tendió una pequeña caja con regaliz de azúcar—. Por cierto, cambié mi guardia; prepara tu trasero para mí mañana, porque lo voy a patear tan fuerte que no podrás sentarte por una semana.
—¿En serio?
—Sí, incluso te dejaré elegir lo que quieras que traiga.
—¿Plumas de azúcar?
El pelirrojo lo pensó unos segundos antes de asentir. Se despidió y partió dejando a Draco totalmente atónito, no podía creer que vería a Ron dos veces seguidas, no estaba seguro de poder dormir, pero se obligó a hacerlo o se quedaría dormido antes de que él volviera, y eso no iba a permitírselo. Durante todo el día siguiente el rubio no pudo controlar su emoción, cosa que le hizo ganarse un par de golpes por parte de Seamus y Michael Corner, quienes no soportaron verlo contento ni por un segundo. Pero a Malfoy no le importaba en lo más mínimo lo que le hicieran, después de todo todos los días eran iguales para él; después de casi morir, no había nada que le importara realmente mucho. Por lo que continuó con buen humor a pesar del dolor en el estómago y las costillas, al menos no había sido en un sitio visible, Ronald no haría preguntas incomodas y se divertirían como siempre.
La noche llegó con una lentitud desesperante, la cual solo le causaba estrés al rubio; una parte de su cerebro le gritaba que no debía estar contento y que, muy por el contrario, debía permanecer en alerta, sobre todo esa noche. Pero él estaba demasiado acostumbrado a sus pensamientos pesimistas, tanto que ya no les hacía el suficiente caso. La puerta de su celda chirrió cuando él llegó, el corazón de Draco se descontroló dando saltos salvajes, respiró profundamente tranquilizándose a sí mismo antes de replicar:
—Llegas tarde, Ronald. ¿Cuánto más crees que mi trasero esperará por ti? —La broma, aunque poco ingeniosa, le hizo reír. Sonaba extraño si lo analizaba un poco, pero el pelirrojo lo entendería y seguramente no tardaría en reírse.
Solo que por la puerta no ingresó una cara pálida cubierta de pecas dirigiéndole una sonrisa socarrona; quién entró en su celda tenía unos ojos esmeralda que irradiaban ira tras unas gruesas gafas redondas. Harry Potter estaba ante él sin poder dar crédito a sus oídos; lo único que pudo pensar mientras temblaba de pies a cabeza fue que debía aprenderse el puto horario de las guardias.
Fin del capitulo! Quería subir 2 capítulos el mismo día, pero no pude terminar el otro. Lamento dejarlos así, pero el próximo será intenso! Fue una de las primeras escenas que pensé para el fic, así que estamos en más o menos la mitad de la historia! Por fin sé cómo lograr un Drarry creíble, así que ya pronto podrán ver cómo avanza todo!
Espero que les esté gustando la historia! Besos!
