—¿Qué demonios acabas de decir? —gruñó Harry entrando a la celda de una sola zancada, acercándose de manera peligrosa a Draco—. ¿Acaso ahora le abres las piernas a Ron?

—N-no… N-no es l-lo que… —El nerviosismo del rubio no lo dejaba hablar de una manera fluida, mucho menos coherente. La mirada de Potter era de pura ira contenida, lo que solo lograba aterrarlo aún más.

El hombre llegó hasta él, totalmente amenazante, lo tomó por los cabellos acercándolo hacia sí con fuerza. Su respiración pesada se estrelló contra su mejilla al tiempo en que el dolor en su cabeza comenzaba a sentirse con intensidad; Draco sabía que estaba totalmente muerto, lo podía sentir en cada poro de su cuerpo; el peligro amenazante que representaba Harry Potter en ese instante, era mucho mayor que el que había sido hasta ese momento. El rubio sabía muy bien que, al menos hasta ese instante, Harry no había sido tan terrible como podría haberlo sido, y eso solo significaban malas noticias para él.

Potter lo sacó rápidamente del lugar, llevándolo a rastras por todo el camino bien conocido por ambos. Draco intentó seguirle el paso lo mejor posible pues no estaba seguro de cómo reaccionaría Harry ante una caída por parte suya. Entraron a la habitación más bruscamente de lo acostumbrado, e inmediatamente Harry lo lanzó contra el suelo haciéndole daño en su hombro derecho; el rubio solo pudo encogerse de miedo en el duro y frío suelo, intentando hacerse lo más pequeño posible, como si quisiera desaparecer de la mirada del hombre frente a él. El terror se apoderó de todo su ser, sabía que Potter no lo mataría, pero eso solo significaba que su castigo sería lo más agónico posible.

—¿Hasta cuándo tendré que recordarte que me perteneces a mí y solo a mí? —exclamó Harry totalmente fuera de sí—. ¿Cómo te atreviste a acostarte con Ron? ¿Cómo te atreves a llamarlo Ronald?

—Yo no…

—Sabes que Hermione era la única que lo llamaba por su nombre, ¿crees que puedes compararte con ella?

—No… Por favor, escúchame. —La desesperación jugaba en contra de Draco, quien no podía explicar claramente que Harry solamente había malentendido sus palabras, aunque tenía razón en cuanto al nombre de Ron; solo Hermione le llamaba Ronald—. No es lo que crees…

Harry llegó hasta el rubio que temblaba de miedo en el suelo, totalmente indefenso ante él. Sentía una rabia incontrolable que no podía explicar con palabras, no podía darle un nombre al sentimiento abrumador que nacía en la boca de su estómago y reptaba abrasivamente hasta su garganta; la sensación asfixiante que oprimía su pecho no la había sentido con anterioridad, al menos no de manera tan intensa.

Quería golpear a Draco por permitir que Ron pusiera sus manos en él, que lo tocara y poseyera de maneras que solo podía imaginar; quería maldecir a Ron por atreverse a tocar lo que claramente le pertenecía a él y solo a él. No podía soportar pensar en todo lo que ambos habían hecho a sus espaldas: las veces que se habían revolcado, los sentimientos que ambos compartían, los besos que se habían dado.

Besos.

Harry nunca había besado a Draco, ni una sola vez se había atrevido a posar sus labios en los de Malfoy, aunque la idea le resultara tentadora. Sus ojos se dirigieron hasta los rosados y temblorosos labios del rubio, un tanto finos y delicados, y fue entonces cuando un deseo insistente se instaló en su mente: debía besarlo. No podía permitir que Ron tuviera algo que él no, después de todo Malfoy era suyo y él podía hacer lo que quisiera con su cuerpo.

Se agachó para estar más cerca de su altura, lo que provocó que Draco temblara con más fuerza; los ojos grises lo miraban espantandos, mientras los verdes de Harry estaban llenos de curiosidad y expectativa. ¿Qué pasaría si lo besaba?

Harry lo tomó con fuerza del brazo y lo atrajo hacia él hasta que sus labios estuvieron lo suficientemente cerca como para rozarse brevemente. Malfoy quedó sin respiración, mientras que Harry quedó extasiado, debía probar sus labios debidamente y no con solo un roce delicado. Volvió a acercar al rubio hacia él y demandó un beso intenso, sus bocas se unieron con brusquedad en un segundo en el que Draco no podía entender lo que pasaba; Harry en cambio lo forzó a abrir su boca para poder colar su lengua dentro y acariciar cada centímetro dentro de la cavidad de Draco. La cálida humedad de la boca del rubio lo extasió, era increíble cómo la boca de Malfoy tenía un sabor de cereza tan marcado; dulcemente amargo, así sabían sus besos. Potter intensificó el gesto llevando su lengua todavía más profundo dentro de su boca, robándose tota la respiración de Draco en el proceso.

El rubio no podía procesar lo que estaba sucediendo, él había besado con anterioridad, sabía muy bien lo que era un beso, pero ni en sus peores pesadillas se hubiera imaginado que Potter podría besarlo alguna vez. Sin embargo, ahí estaba, con sus labios pegados a los de Harry y sus lenguas entrelazadas brindándose mutuas caricias. Se separaron cuando sus pulmones ardían por la falta de aire, se miraron a los ojos totalmente confundidos, pero antes de darse cuenta la mirada llena de pánico que Draco le dirigía, le recordó a Harry todo lo que había hecho hasta ese instante. La amarga realidad lo golpeó con fuerza: él había violado, golpeado y humillado a Draco de miles de formas. ¿Por qué lo besaba de esa manera? La respuesta era tan simple que lo llenó de furia y negación.

"No", repetía una voz en su cabeza, "es imposible, tú lo odias. Recuerda todo lo que hizo. No te atrevas a sentir nada más por él que no sea odio".

Y fue por ello que la ira nubló sus sentidos y volvió a ser el Harry cruel de siempre. Volviendo a golpearlo, humillándolo nuevamente; para finalmente penetrarlo con fuerza sin prestar atención a las suplicas desesperadas del rubio quien le pedía piedad una y otra vez, quien le suplicaba que dejara de lastimarlo, que dejara de ensuciarlo y dañarlo una vez más. Fue entonces cuando una voz profunda exclamó:

—¡Desmaius! —El dolor que sentía Draco paró cuando Harry cayó desmayado en el suelo frío.

El rubio volteó con lentitud sin estar seguro de lo que encontraría tras de sí. Un pelirrojo lo observaba con los ojos abiertos por la impresión y su rostro palido debido a espanto de lo que acababa de presenciar. Ronald Weasley no podía creer que su mejor amigo estuviera haciéndole aquello a Draco Malfoy; Draco Malfoy no podía creer que Ronald hubiera presenciado tal escena tan terrible.

Estaba agradecido de que Ronald lo hubiera salvado, pero estaba mucho más avergonzado de que fuera precisamente él quien viera su deshonra y su suciedad. Estaba seguro que Ron lo odiaría de ahora en más, seguramente no podría soportar estar cerca de alguien tan contaminado como él, y eso sería algo que Draco no podría superar jamás. ¿Qué más tenía que perder antes de enloquecer completamente?