Nunca había sentido tan pequeña la celda, sabía que las dimensiones no eran muchas, pero en ese momento el espacio se sentía mucho más reducida. Draco daba vueltas y vueltas, las cuales parecían cada vez más pequeñas, dentro del lugar; no sabía qué demonios pensar, primero Potter lo besaba y luego lo hacía Weasley. ¿Qué demonios les pasaba a los Gryffindors? ¿Acaso querían volverlo loco por la confusión?
Se pasó los dedos por los labios recordando la suavidad de ambas bocas sobre la suya, ambos besos se habían sentido reales, demasiado reales para ser verdad. El beso de Potter fue intensamente apasionado; el de Weasley fue inocente y tímido. Si tan solo Potter no se hubiera vuelto loco y agresivo cuando terminó, podría haber pensado que el beso había significado otra cosa, pero entonces había enloquecido nuevamente y fue cuando supo que él seguía odiándolo como siempre.
Pero a quien menos entendía de los dos era a Weasley, ¿qué era lo que tramaba? Parecía no odiarlo, se había incluso convertido en su pequeño rayo de luz en la inmensa oscuridad en la que se había convertido su vida, y ahora lo terminaba de confundir besándolo como lo hizo.
Lo peor de todo era que él mismo no sabía qué pensar y qué sentir al respecto. Si Weasley sentía algo real por él, ¿lo rechazaría, o se aferraría con más fuerza al pelirrojo y se atrevería a confiar en él? Su corazón le suplicaba por que confiara en Ron, pero su cerebro siempre le insistía mantenerse alerta. ¿Él sentía algo por Ron? ¿Por qué? ¿Solo porque estaba tan necesitado de cariño que no le importaba en lo absoluto de donde venía? ¿O porque ese tiempo a su lado había visto una cara del pelirrojo que jamás pensó ver?
Ron era una persona que él jamás hubiera pensado que siquiera existía; era inteligente, divertido, fuerte y protector; lo hacía sentir seguro y querido como nunca se había sentido; lo trataba como un amigo e incluso se arriesgaba al llevarle dulces y jugar con él para distraerlo de su horrible realidad. Draco debía aceptar que ya no sabía vivir su vida sin Ronald Weasley en ella.
Harry Potter era otra cosa totalmente distinta, su cruel torturador no había cambiado en lo absoluto; su profundo odio no desaparecía ni desaparecería jamás. Si debía ser sincero sus sentimientos hacia Potter eran los más confusos, sabía bien que Potter sufría con lo que le hacía, podía verlo en su mirada torturada, en sus sollozos desesperados que soltaba cuando pensaba que Draco estaba inconsciente, en la sombra terrorífica que lo perseguía por todos lados. Él deseaba que Potter pudiera encontrar la paz que él mismo le había arrebatado, quería ayudarlo a continuar, a que dejara de lastimarse. Él se sentía en deuda con Harry, sentía que le debía su paz mental, la tranquilidad de su alma y la luz en su vida que le permitiera alejarse de su propia oscuridad, porque Draco sabía que Potter solo se hundía más y más en su tortuosa y agónica oscuridad, y Draco quería ayudarlo a escapar de ella.
El día pasó con lentitud, mientras su corazón latía con fuerza en su pecho sin saber por qué, solo parecía querer salir de su prisión y ser libre para sentir sin miedo. No sabía si vería a alguno de los hombres ese día, pues seguía sin recordar los benditos horarios, pero sí sabía que necesitaba preparase para cuando se encontrara a alguno de ellos.
Sin embargo, cuando Ronald Weasley pasó frente a su celda, dirigiéndole una mirada nerviosa en el proceso, no supo cómo reaccionar. Su corazón se aceleró y su cara comenzó a calentarse con rapidez, no sabía qué hacer con tanta vergüenza y timidez, cosa nada propia de un Malfoy, cabe destacar. Pero con solo recordar el beso con Ron dejaba de tener el control de su cuerpo y sus emociones, le aterraba lo que le estaba sucediendo, saber que Ron comenzaba a tener ese grado de influencia en él era aterrador, pero, a mismo tiempo, amaba esa sensación, amaba sentirse así de nervioso, así de vivo.
—Malfoy, te toca trabajar en la biblioteca —dijo Susan con su acostumbrado tono monótono, el cual solo usaba con Draco.
El rubio había olvidado que era su turno de trabajar en la biblioteca, un tiempo solo entre libros le haría bien en ese momento en que su mente era un lio. Una vez que salió de su celda vio una mata de pelo rojo tratar de esconderse mientras observaba en su dirección, sintió ganas de reír ante el mal disimulado plan de Ron por espiarlo. ¿De verdad ese hombre iba a convertirse en auror? Era el peor auror del mundo. Cuando Weasley se dio cuenta que iba en su dirección, casi cayó por lo rápido que huyó de él, pero Draco fue más rápido que él y pudo alcanzarlo ágilmente.
—¿Huyes de mí, Ronald? —inquirió divertido y curioso—. Creo que me debes una explicación, ¿o no?
—N-no… No sé de qué me hablas, Draco —balbuceó el hombre sin atreverse a dirigirle la mirada.
—No te tenía por cobarde, Weasley —insistió acercándosele peligrosamente—. ¿Qué es lo que te pasa conmigo?
—Draco, yo… —Ron estaba al borde del colapso, no tenía ni idea de cómo reaccionar ante tal situación, quería volver a besar a Draco, pero tenía miedo de ser rechazado, después de todo él fue quien vio lo que le hacía Harry apenas una noche antes.
—Anoche me dijiste que yo no estaba sucio, que no era mi culpa… —Draco tragó saliva para bajar el nudo en su garganta y poder seguir hablando sin que su voz se quebrara—. ¿Ya no piensas igual? ¿Te diste cuenta de que soy asqueroso y por eso no quieres acercarte a mí?
—¡No! —exclamó el pelirrojo un poco más fuerte de lo que pretendía—. Ya te dije que no hablaras así de ti mismo. Solo estoy nervioso porque ayer te besé a la fuerza y no quiero que pienses mal de mí… No quiero que parezca que te estoy atacando… Quiero que sepas que de verdad me gustas y quiero hacer las cosas bien contigo, pero temo lastimarte y que huyas de mí.
La rapidez con la que el pelirrojo dijo todo esto casi aturdió a Draco, no sabía que el cerebro de Ron pudiera estar batallando con tantas cosas a la vez, pero claro, la situación era demasiado complicada para que no estuviera así. El corazón del rubio comenzó a zumbar en su interior debido a la confesión del hombre, quería gritarle que lo abrazara y lo besara sin importar nada, pero al mismo tiempo quería que se alejara de él y no lo tocara, todo sería demasiado difícil para Draco. No estaba seguro de poder tener una relación normal con Ron, con nadie en realidad. Sin embargo, quería intentarlo… Quería darse la oportunidad de ser feliz, y si podía hacerlo con Weasley, ¿quién se lo impedía?
Su familia y sus amigos, nadie más… Estaba jodido, eso era cierto.
—Debo ir a la biblioteca… ¿Quieres que hablemos ahí? —susurró el rubio una vez que escuchó los pasos de Susan acercarse, sabía que no esperarla y correr tras Ron traería consecuencias, y si no hubiera sido ella quien lo hubiera ido a buscar no se hubiera atrevido a hacerlo por miedo a las represalias. Susan lo castigaría, pero no sería tan terrible como lo harían Dean o Seamus. Sin embargo, Ron no lo dejó irse.
—Llevaré a Malfoy a la biblioteca —dijo Ron cuando Susan se acercó molesta—. Tengo algo que hacer allí, no me molesta llevarlo.
Aunque pareció que Susan quería replicar, el pelirrojo no la dejó, tomó a Draco del brazo y lo condujo a la biblioteca sin más. Durante el camino ninguno de los hombres dijo una sola palabra, parecía que ambos peleaban con sus propios pensamientos, por lo que era mejor callar y organizar las ideas antes de decir algo estúpido que pudiera malinterpretarse. Ronald Weasley y Draco Malfoy no eran conocidos por expresarse de manera correcta. Al llegar a la biblioteca, Ron lo guio hasta los estantes más alejados, esos que hablaban de las ciencias que estudiaban los muggles, cosas que a nadie en esa prisión le interesaban realmente, por lo que los libros solo estaban para acumular polvo.
—Me gustas —dijo Ron viéndolo directo a los ojos—. Al principio solo quería… No importa lo que quería, pero eso cambió completamente. Me he dado cuenta de que eres un hombre maravilloso, que has pasado por mucho y aun así continúas luchando, que sigues teniendo la misma mala mirada de siempre, y los modales groseros de un niño mimado. El brillo en tus ojos cuando comes dulces, o cuando logras hacer un buen movimiento en el ajedrez, es simplemente hermoso; la manera tan linda en que frunces la nariz cuando algo no sale como quieres; y cuando lloras tan desesperadamente aferrándote a mí… Amo todo eso de ti, incluso mucho más…
—Ronald, yo…
—No necesito una respuesta justo ahora —le interrumpió Ron—. Sé por lo que has pasado con Harry y lamento no haberte ayudado mucho antes… No será fácil, lo sé, pero estoy dispuesto a ser paciente, a ayudarte en lo que pueda y salir adelante juntos.
—¿Sabes que mi cadena es perpetua? —inquirió Malfoy con ojos tristes. No podía amarrar a Ron a una vida con alguien que jamás saldría de prisión.
—Podemos apelar tu caso… Ayudaste a Harry a derrotar a Voldemort, seguramente haya una manera de que bajen tu condena… Solo debo estudiar tu caso y, con ayuda de un par de amigos estudiantes de leyes, podré encontrar algo…
—Ronald… —Draco lo besó, si Ron se esforzaba, ¿por qué él no? ¿Por qué no se daba la oportunidad de ser feliz luego de tantas desgracias? Él merecía ser feliz, como todo el mundo, Ron se lo había enseñado.
El beso fue calmado, pausado y lleno de ternura; quería expresarle a Ron todo lo que le hacía sentir con ese beso, quería hacerle ver lo importante que se había vuelto en su vida y lo mucho que le agradecía que lo hubiera escogido a pensar de todo. Ron lo besaba con una delicadeza que cualquiera pensaría que era impropia de él, cualquiera menos Draco, quien había podido ver muchas de las caras del pelirrojo y sabía que podía ser realmente tierno y delicado cuando se lo proponía. Lo besaba como si Draco fuera de un cristal muy precioso que podría destruirse si lo tocaba muy fuerte.
Una de las manos de Ron se dirigió hasta su nuca, mientras la otra tomaba con calma su cintura, lo atrajo hacia él muy sutilmente; mientras Draco subía sus manos y las enredaba en el cabello rojo fuego, sedoso con una leve nota de peligro en él. Así era Ronald, siempre peligroso e indomable como el propio fuego, pero atrayente y necesario para los que viven en la penumbra, y Draco hacia mucho que no veía una luz tan poderosa como lo era Ronald. Atrapado entre las sombras, ese fuego lo llamaba, lo tentaba con la promesa de un nuevo mundo, uno lleno de claridad y calidez.
El beso terminó y ambos hombres se miraron sonriendo, ambos deseaban jamás separarse y quedarse en ese rincón polvoriento por el resto de sus vidas; porque lo sentían suyo, lo sentían como el lugar más hermoso del planeta; no había en el mundo un mejor lugar que aquel donde los libros se olvidaban y las polillas los roían y carcomían hasta hacerlos trizas irreconocibles.
Muchos besos le siguieron al primero, las manos no se deleitaron como hubieran querido, pero ambos sentían mucho miedo de ir más allá. Las sonrisas cada vez eran más amplias, los corazones latían con cada vez más fuerza, pero a la vez con más calma. El miedo dio paso a la tranquilidad de saberse aceptado por el otro.
Si tan solo el destino no la hubiera agarrado contra Draco…
Al volver de la biblioteca, Ron acompañó a Draco a su celda, y no pudo evitar notar que de la pared sobresalía una pequeña roca de entre las demás. Sin saber por qué se acercó hasta ella y la retiró; los envoltorios de cada uno de los dulces que le había regalado a Draco se encontraban metidos en un pequeño hueco hecho de manera rudimentaria; pero lo que más llamó la atención del pelirrojo fue un pequeño cromo dorado que relucía en el interior.
—Nunca me dijiste quién te salió en el cromo de la rana de chocolate —dijo tomando el objeto entre sus manos. Una pequeña Hermione le sonrió con ternura.
La mente de ron hizo un click repentino. Conocía a esa mujer, pero la había olvidado hace algún tiempo; volteó el cromo y leyó: Hermione Granger.
—Hermione —repitió en un susurro—. Mi Hermione… La perdí… La perdí por ti… —Volteó a ver a Draco con los ojos llenos de lágrimas—. Tú me quitaste a Hermione… Por tu culpa murió…
Draco quedó petrificado ante las palabras del pelirrojo, quien no podía controlar sus lágrimas. El rubio deseó poder decir algo, pero Ronald se salió corriendo de la celda sin mirar atrás, dejando a Draco con el corazón roto y su mente confundida. ¿Por qué no había pensado en eso hasta ese momento?
Fin del capitulo!
Espero que lo hayan disfrutado! Y a quienes preguntaron si habría trio, la respuesta es que sí! Hace varios capítulos que me lo planteé y al final me decidí por ese camino, es que me encantan los tres y no puedo decidirme, y dije: por qué hacerlo? Mientras más mejor, dicen algunos!
También decirles que estoy escribiendo un Ronco (protegiendo al enemigo), si les gusta cómo escribo de la pareja, los invito a pasarse por allí.
Les mando besos, los amo!
