Harry Potter estaba perdido, perdido dentro de sí mismo sin tener ni la menor idea de cómo salir. Desde que escuchó a Kingsley anunciar la muerte de Hermione en pleno juicio contra Draco Malfoy, sintió que algo dentro de él moría en ese mismo instante. No solo había perdido a su mejor amiga y hermana, sino que también él y Draco habían sido los culpables indirectos de todo; si él no lo hubiera salvado, si Draco no la hubiera agarrado en la explosión, si tan solo no hubieran tomado malas decisiones nada de eso hubiera sucedido. Harry deseaba con todo su ser rendirse, poder quitarse la vida y acabar con todo, pero no podía hacerle eso a los Weasley, a Ron...
Ron no quería comer, ni dormir, ni hablar; quería estar encerrado en su cuarto sin ver a nadie. No importaba lo mucho que le insistieran, él simplemente no le prestaba atención a nada, era desesperante para todos a su alrededor, pero, ¿quién podía culparlo? Había perdido al amor de su vida de una manera terrible, y además no había podido salvarla de ese infierno. Harry no sabía qué hacer para ayudarlo, en verdad quería que Ron volviera a ser al menos un poco de lo que fue en el pasado. Claro que él sabía que Ron nunca volvería a ser el mismo, pero al menos quería que un poco de vida volviera a sus ojos.
—Quizá necesita un cierre —aconsejó Kingsley una vez al señor Weasley. Harry no pudo evitar escuchar su conversación, estaba lo suficientemente cerca, además de oculto, como para escuchar a escondidas—. No sé si sería bueno para él ver la evidencia...
—¿La evidencia? —inquirió el señor Weasley sin dar crédito a sus oídos—. No creo que sea buena idea.
—No lo sé, quizá comprobando por sí mismo que era imposible rescatarla, pueda comenzar a perdonarse y sanar... Es una idea.
Sí, solo era una idea después de todo, pero para Harry no parecía ser una idea descabellada. Quizá si Ron pudiera encontrar una manera, la que fuera, para continuar, entonces todo valdría la pena. Solo necesitaba la información correcta y un plan funcional, y entonces tal vez las cosas comenzarían a mejorar.
—Conseguí información de los recuerdos de Hermione —dijo Harry en un esfuerzo por despertar el interés de Ron, él, sin embargo, no pareció haberlo escuchado—. Podríamos ir a verlos, quizás así podrías darle un cierre a todo este asunto, nunca nos dijeron lo que en verdad sucedió. Podríamos continuar con nuestra vida luego de eso, ¿no lo crees?
Ron asintió despacio, negándose a hablar aún, sin embargo, volteó su mirada hacia Harry mostrándose decidido después de mucho tiempo. Harry también asintió hacia él: la decisión estaba tomada, la peor decisión que pudieron haber tomado en toda su vida. En compañía de Ginny, Neville, Dean, Seamus, y Luna, entraron en el ministerio por la noche; recorrieron los ya conocidos pasillos hasta los archivos de los aurores, el caso de Hermione se encontraba cerrado desde hacía tiempo, por lo que la seguridad a su alrededor era mínima. Claro, seguridad mínima no significaba que no tuviera seguridad. Poder llegar hasta el archivo les resultó muy complicado, pero entre todos pudieron saltear los pocos obstáculos hasta su objetivo.
—¿Están seguros de esto? —preguntó Seamus cuando el archivo estuvo frente a ellos.
—Sí —respondió Harry—. Hacemos lo correcto.
—Creo que es mejor si algunos nos quedamos vigilando —dijo Luna, llamando la atención de todos—. Quizá Dean, Seamus y yo podemos quedarnos mientras ustedes ven los recuerdos, así estaremos alerta por si alguien viene.
Todos estuvieron de acuerdo con el plan, Luna parecía no querer ver nada de lo que había sucedido, todos respetaban su decisión; y todos luego desearon haber hecho lo mismo que ella. Harry, Ron, Ginny y Neville se adentraron en los últimos recuerdos de Hermione. Ver aquello fue espantoso para todos; los gritos desgarradores de Hermione resonaban por las paredes del oscuro y lúgubre lugar. Ron corrió siguiendo el terrible sonido, una parte de él pensaba que aún estaba a tiempo de salvarla, pero era solo una ilusión vana causada por la desesperación y el dolor de su partida.
Ginny fue la primera que se detuvo ante la espantosa visión que estuvo de pronto frente a ellos: Hermione se encontraba desnuda siendo profanada por el hombre que la secuestró. Él reía de sus lágrimas, y se movía con violencia en su interior; Hermione, desesperada, intentaba golpearlo y patearlo, cosa que era totalmente inútil contra el hombre, quien de un golpe la dejó totalmente inconsciente, no por eso dejó que violarla con furia y descontrol. La escena desapareció para cambiarla por una en la que Hermione era torturada con magia, la maldición cruciatus era apenas la más leve de ellas; lo peor era cuando, bajo la maldición imperius, la obliga a realizar las acciones más asquerosas y desagradables.
—¡Vámonos! —exclamó Neville cuando la visión era imposible de soportar para cualquiera—. Ginny acaba de desmayarse, debemos irnos, Harry… —Harry, sin embargo, fue incapaz de moverse un solo centímetro, se encontraba en un profundo estado de shock. Neville lo sacudió con fuerza, pero Harry no reaccionaba en lo absoluto.
—Es mi culpa… Es mi culpa… —repetía una y otra vez—. ¿Qué demonios fue lo que hice, Neville?
Lograron Salir de entre los recuerdos de Hermione; Ron no reaccionaba con nada, parecía un zombie totalmente pálido y sudando frio; Ginny no dejaba de gritar histéricamente; Neville lloraba en silencio repitiendo una y otra vez que no debieron hacer aquello; y Harry parecía al borde del desmayo. Ninguno fue capaz de explicarle a los demás lo que habían visto, pero con solo verlos todos entendieron a la perfección la gravedad del asunto.
Los días pasaron y Ginny empeoraba, nadie podía acercarse a ella porque tenía ataques de pánico, por las noches despertaba gritando mientras lloraba, y si alguien intentaba consolarla con un abrazo las cosas se ponían peor. No pudieron evitar internarla en San Mungo.
Ron, las cosas con Ron fueron mucho más complicadas. El primer intento fue jugando al quiddich con Harry, Charlie y George, nadie notó sus intenciones hasta que la escoba se precipitó a máxima velocidad hacia el suelo; la señora Weasley gritó de terror, lo que causó que los chicos voltearan en dirección a Ron, llegar hasta él a tiempo resultaba imposible, además que ninguno tenía sus varitas, sin embargo, el señor Weasley llegó a tiempo para detener el descenso brusco de su hijo. Luego fueron sus venas, las cortó mientras se bañaba, no contaba con que el entrometido de George se metería en el baño sin importarle su privacidad, le gritaría por ser un idiota y curaría sus cortes en un parpadeo.
Todos comenzaban a desesperarse, Ron no hablaba con nadie, el brillo en sus ojos se apagó definitivamente, no comía, no dormía, cada vez estaba más demacrado y ojeroso, no quedaba nada del chico alegre que alguna vez fue. También lo llevaron a San Mungo cuando no sabían qué más hacer; cosa que fue peor. En el hospital no sabían cómo tratarlo, pues buscaba cualquier ocasión para lastimarse, las enfermeras tenían que estar junto a él en todo momento y a veces se ponía violento con ellas; tuvo que volver a la madriguera donde volvió a intentar suicidarse, esta vez quien lo encontró fue Harry, con una cuerda rodeando su cuello y la cara azulada por la falta de oxígeno.
—Deja de hacernos esto, Ron —suplicó Harry con la voz rota, y las lágrimas bajando por su rostro—. Entiende que no puedo perderte a ti también…
—Ya no lo soporto, Harry… —murmuró débilmente Ron forzando la voz—. No quiero seguir así… No puedo vivir más en un mundo sin Hermione, sabiendo todo lo que le pasó y no pude defenderla…
—No es tu culpa, Ron, fue mía… Todo fue mi culpa… Desearía hacer algo para reparar mi error…
—Entonces mátame —pidió de rodillas el pelirrojo, comenzando a llorar también—. Eso es suficiente para reparar tu error, si en verdad estás arrepentido, entonces mátame… Por favor, Harry, te lo suplico… Mátame, no lo soporto más.
Harry sacó su varita mientras su mano temblaba sin control, no estaba seguro de lo que haría, pero Ron tenía razón, matarlo y acabar con su sufrimiento era lo mejor; solamente que vivir en un mundo sin Ron sería algo que mataría a Harry, él no podía vivir sin Ron no lo soportaría.
—Está bien, Ron, voy a matarte. —El pelirrojo sonrió con tristeza, el brillo de la esperanza se instaló en sus ojos mezclándose con el alivio infinito de poder descansar al fin.
Los ojos del pelirrojo se desenfocaron cuando el hechizo lo golpeó, era la primera vez que Harryy usaba ese hechizo, cuya magia era complicada, él consideraba que Hermione le había enseñado a realizarlo correctamente, pero cambiar la memoria de una persona no era tan sencillo de realizar como un obliviate; este hechizo se concentraba en memorias específicas, encontrarlas y cambiarlas requería de mucha concentración y demasiada energía para usarla. Al principio pensó que no podría hacerlo, pero al darse cuenta de que no podía volver atrás una vez hubo comenzado, se esforzó lo suficiente hasta terminar.
Ron se despertó al día siguiente con una sonrisa radiante, besó a su madre, quien lloró desconsolada por verlo bien al fin. Comió como nunca y se preparó para ir a inscribirse en la academia de aurores.
—¿Qué le paso? —inquirió impresionada la señora Weasley, Harry confesó: había alterado los recuerdos del chico para que dejara de sufrir. Él no recordaría a Hermione, ni lo que había sucedido, podía recordar casi todo, menos los recuerdos donde aparecía la castaña.
—No estoy seguro de haber hecho un buen trabajo —dijo Harry apenado—. Pero no sabía qué más hacer…
—Lo entiendo, Harry… Gracias… Yo no hubiera sido capaz.
—Sabe que haría cualquier cosa por él, siempre lo cuidaré...
Fin del capítulo!
Aunque tenga abandonada mis historias, no las olvido, y claro que las terminaré!
Esto ya va tomando forma! Ya saben qué pasó con Ron: Harry modificó sus recuerdos para que no aparezca Hermione... Pero era un hechizo difícil y era la primera vez que Harry lo hacía, por eso es que apenas vio la imagen de Hermione, este se rompió. Ahora debemos ver qué hará Ron ahora que recordó todo! Esperenlo! Les mando besos!
