Había perdido la cuenta de los días que tenía sin ver a Ron; Harry lo entendía, después de lo que le vio hacerle a Draco era normal que no quisiera saber nada de él, pero Harry quería cambiar la situación, quería volver a hablarle a Ron, porque su vida sin el pelirrojo siempre era peor, vacía y sin sentido alguno; y eso era precisamente lo que Harry quería evitar a toda costa, sabía muy bien que no podía sobrevivir sin Ron en su vida, porque él siempre había sido su razón de ser. ¿Cómo podrían volver a ser los mismos?
¿Quería Harry que volvieran a ser los mismos?
La verdad era que no, debía admitírselo a sí mismo, él no quería que la relación con Ron fuera la misma que en el pasado, todo lo contrario, él quería que cambiara y fuera algo más… Más íntimo… Tal vez…
Pero de solo pensarlo el miedo que lo envolvía era terrible, no podía ni decirlo en voz alta sin sentir un pánico abrumador apoderarse de su ser, admitirlo lo haría demasiado real, demasiado palpable, y eso lo asustaba enormemente, al punto de no poder respirar siquiera. Aceptar sus sentimientos era algo que simplemente no tenía el valor de hacer, no estaba preparado para hacerlo. Porque era demasiado confuso, demasiado ilógico y abrumador. Ni siquiera sabía qué era lo que en realidad quería.
Su psicóloga le había recomendado que sanara primero la relación con Malfoy.
—Él no tiene la culpa de nada —le había dicho—, debes aceptar que el único equivocado eres tú, al que debes perdonar es a ti mismo, y ese paso solo podrás darlo cuando consigas el perdón de ese hombre al que has lastimado tanto, y en el que has vaciado todo el rencor y culpa que sientes hacia ti mismo. Has el esfuerzo por resarcirte. Comienza desde ahí, no es fácil, pero dando un paso a la vez podrás comenzar a encaminarte por el rumbo correcto.
Era mucho más fácil decirlo que hacerlo, claro. Draco huía de él al verlo acercarse, con justa razón, temblaba cuando lo veía en la misma habitación que él, palidecía ante una sola de sus miradas, incluso lloraba cuando Harry se le acercaba lo suficiente. Había vuelto a prohibirle a todos que lo lastimaran, y siempre lo defendía cuando alguno se atrevía a no hacerle caso. Pero parecía que esto a Malfoy lo asustaba más; Harry seguramente parecía un mafioso dándoles órdenes a sus subordinados, él no se había dado cuenta de aquello hasta ese momento, pero en verdad se comportaba así, dándoles órdenes a sus amigos, y lastimando a Draco de las peores maneras posibles. No había vuelto a llevarlo a aquella habitación, y parecía que eso solo estresaba más al rubio, por lo que Harry ya no sabía qué demonios hacer para acercarse a él. Sabía que era su culpa, pero ya no sabía qué hacer ni cómo para reparar sus errores y demostrar su arrepentimiento.
—Buenas noches, Malfoy —saludó Harry entrando a la pequeña celda de Draco.
El efecto fue inmediato; Draco se encogió sobre sí mismo y comenzó a llorar sin parar, temblaba de pies a cabeza y repetía una y otra vez palabras de disculpas hacía Harry. El corazón del hombre se rompió, por fin comenzaba a ver lo que había hecho, era increíble que antes todas esas reacciones de Draco causaran en él un alivio y placer inmensos. En ese instante, cuando lograba verse a través de los ojos de Malfoy, él era un monstro. Lo peor era saber que el hombre que se encontraba frente a él llorando y temblando de miedo, quien suplicaba perdón una y otra vez, era el mismo Harry; porque todo lo que le hizo a Draco se lo hizo también a sí mismo, porque solo había tomado al rubio de catalizador, pero todas esas cosas iban dirigidas hacia él mismo. Era como ver su propia alma asustada frente a él, y este conocimiento lo llenó una profunda ansiedad.
¿Qué podía hacer? ¿Llorar? ¿Por qué demonios se atrevía a llorar cuando había sido él quien había destruido al hombre frente a sí? ¿Qué no había sido él quien le había repetido hasta el cansancio que se lo merecía cuando bien sabía que no era así? Era un maldito hipócrita y él lo sabía, era un completo imbécil que solo se daba cuenta de cuánto sufrían los demás al pensar que su sufrimiento era el suyo propio. Egocéntrico, egoísta, un maldito demonio que solo dañaba y lastimaba a los que amaba.
Draco, Ron, Hermione. A todos ellos los amó y a todos y cada uno de ellos los destruyó hasta lo más profundo de su ser, ninguno de ellos podía recuperarse ya, y todo por su puta culpa, solo sabía acabar con todo y todos a su alrededor.
—¿Potter? —dijo Malfoy con voz ahogada, al parecer tenía tiempo llamando su nombre, pero Harry no se había dado cuenta—. ¿Por qué lloras, estás bien?
Las lágrimas en los ojos de Harry eran copiosas e irreprimibles, sabía que no tenía el derecho de llorar, pero su cuerpo no le hacía el menor caso.
—Lo siento, Draco… Yo… —¿Qué podía decir? Las palabras se agolparon en su garganta dejándolo mudo. Porque cualquier cosa que dijera en ese momento se sentiría forzado, al menos para él.
—¿Te sientes mal? —Las lágrimas del rubio no se habían detenido, el temblor en sus extremidades tampoco, aun así preguntaba si él estaba bien, ese hombre era simplemente increíble. Con razón Harry se había enamorado de él a los catorce años.
—¿Te preocupas por mí después de todo lo que te hice? ¿Acaso eres un santo? —Harry sabía que había sonado sarcástico, pero la pregunta era genuina, no entendía cómo Draco podía preocuparse por él luego de todo lo que había hecho—. ¿Por qué te preocupas por un monstro como yo?
—Porque fue en lo que yo te convertí —respondió sincero el hombre. Harry dirigió su vista a sus ojos grises inundados de lágrimas, podía verse en ellos la gran tormenta que habitaba en su interior.
—Voy a decirte algo, Draco, y voy a hacerlo las veces que sean necesarias: tú jamás has sido, ni serás, culpable de absolutamente nada de lo que me pase. Mis decisiones me llevaron a esto, yo y solo yo me trasformé en este montón de basura, en este maldito demonio que destruye todo a su alrededor. Tú no tienes la culpa.
Los días pasaron, y Harry pensó que era hora de hablar con Ron, sin embargo, cuando llegó a la madriguera se encontró con un enorme desastre. Ron había desaparecido desde hacía dos días, y nadie había sido capaz de encontrarlo, ninguno de los Weasley sabía por qué se había ido, mucho menos podían saber a dónde había ido. Harry, desesperado, comenzó a recorrer toda Gran Bretaña en su búsqueda; no sabía a dónde podía haber ido, pero sabía que solo él podría encontrarlo, simplemente lo sabía.
Inexplicablemente llegó al bosque de Dean, había sido el lugar donde Ron había vuelto a él luego de su pelea cuando buscaban horrocruxes, solo quería que el pelirrojo volviera a él igual que en ese tiempo. Quería verlo de nuevo, pedirle perdón, rogar porque no lo dejara solo, que regresara hasta él como siempre hacía. Lo necesitaba desesperadamente. Lo llamó como loco por todos los rincones del bosque, hasta que lo encontró sentado en una piedra con la cabeza oculta entre sus brazos cruzados sobre sus rodillas.
—¿Ron? —llamó Harry con cautela, temía que fuera una ilusión de su mente, y que ese no fuera realmente Ron; o aún peor, que fuera realmente Ron y no quisiera estar cerca de él—. ¿Qué haces aquí?
—Aquí fue donde los encontré aquel día… —respondió ron subiendo la mirada hasta él, Harry palideció en un instante, Ron se acordaba, de eso no había duda. Los ojos del chico se encontraban rojos e hinchados, seguramente había estado llorando durante días, sus labios estaban agrietados y su piel se encontraba más pálida que nunca.
—¿Aquel día? —inquiríó Harry tratando de hacerse el desentendido; Ron no lo dejó.
—El día en que volví a ti y a Hermione, el día en que destruí el horrocrux —replicó molesto, bajándose de la roca y quedando frente a frente con Harry.
Saber que Ron había recordado todo hizo que el chico perdiera todo el color del rostro; lo cual no era mucho decir ya que Harry se notaba más pálido de lo normal, y si además de todo le sumaba lo que Ron había presenciado con Draco, no sabía cómo era que podía estar de pie, pero ahí estaba, ante Ron, con los ojos desorbitados y los labios carentes de color alguno.
—Ron… Yo… —No parecía saber qué decir en ese momento, pero lo que sí sabía era que debía decir algo, lo que sea.
—No tengo ganas de escuchar lo que sea que tengas que decir —replicó el pelirrojo con seriedad—. Entiendo lo que me hiciste, de verdad lo hago. Creo que incluso yo hubiera hecho lo mismo en tu lugar, pero lo que vi que le hiciste a él… Harry eso fue…
—Lo sé —dijo rápidamente Harry, no dándole tiempo de completar la oración—. Sé que lo que hice es terrible… Es solo que yo…
—¿Vas a justificarte? —El pelirrojo no podía creer que Harry se atreviera a poner una excusa a su comportamiento.
—¡No! ¡Claro que no lo hago! —exclamó el chico—. Sé muy bien que lo que le hecho a Malfoy es terrible y…
—¿Fue por ella? —Harry bajó la mirada avergonzado—. Porque si te atreviste a hacerlo por ella no te lo perdonaré, Hermione nunca hubiera permitido que hicieras algo así por ella.
—Al principio quise convencerme que era por ella, pero a medida que avanzaba me daba cuenta que no era así… Yo estoy muy mal, Ron… Necesito ayuda, lo he sabido desde hace mucho, pero no quería aceptarlo. He estado yendo con un psicólogo y…
—¿Psicólogo?
—Es un doctor muggle, alguien que me ayudará a mejorar mentalmente.
—Los magos también tenemos.
—Prefiero que sea alguien que no sepa quién soy, Ron. El mundo mágico no me facilita muchas cosas.
Ron sabía a lo que se refería Harry, era difícil ser él en muchas situaciones, ser el héroe del mundo mágico tenía demasiadas cosas en contra, si llegaban a enterarse de lo que él le hacía a Draco Malfoy, lo más seguro es que no pasaría ni un día para que fuera la primera plana en todos los periódicos de Gran Bretaña. No es que el pelirrojo no pensara que su amigo no lo mereciera, pero si quería cambiar al menos merecía hacerlo en silencio, en su espacio y tiempo.
—Solo te pido que dejes a Malfoy en paz —dijo Ron luego de un rato de silencio, de verdad quería asegurarse de que Harry no volviera a hacerle daño al rubio—, ahora entiendo por qué se alejaba de mí y me tenía tanto miedo cuando intentaba tocarlo…
—¿Tocarlo? —repitió Harry confundido.
—Sí, siempre temblaba cuando me acercaba mucho… No entendía su miedo hacia a mí, ahora entiendo que era tu culpa.
Ron estaba perdido en sus pensamientos por lo que no se dio cuenta del cambio abrupto de Harry; los ojos del moreno centellaron de furia contenida, pues sus peores pensamientos comenzaban a manifestarse en segundos. Harry apretó sus manos con tanta fuerza que comenzaba a hacerse daño a sí mismo, pero no le importaba en absoluto, necesitaba saber qué había pasado entre Ron y Draco, ellos no podían estar juntos, ellos no podían haberlo traicionado de esa manera tan vil.
—Ron, ¿te gusta Malfoy? —inquirió directamente, Ron palideció al instante.
—¿Qué?
—¿Te gusta? —insitió Harry con lo que pareció ser un fuerte gruñido que Ron no pasó por alto—. ¿Te acostaste con él?
—¿Qué? ¡Claro que no! —El pelirrojo estaba a la defensiva, logrando que Harry se molestara aún más—. ¿Qué te pasa, Harry? No entiendo absolutamente nada de lo que pasa por tu mente, de verdad necesitas ayuda…
—¿Quieres saber lo que pasa por mi mente justo ahora? —dijo Harry acercándose peligrosamente a Ron, quien, asustado, caminó hacia atrás huyendo de su amigo. Finalmente su espalda chocó contra la roca, quedando atrapado entre esta y Harry—. Voy a hacerte saber exactamente lo que pienso.
Tras decir aquello Harry terminó con la distancia entre ambos y acercó sus labios a los de Ron, quién, perplejo, no pudo hacer más que responder el demandante beso; no fue sino hasta que Harry mordió su labio inferior, buscando una respuesta más efusiva por parte de él, que el pelirrojo cayó en cuenta de lo que sucedía. ¿Por qué Harry lo besaba? ¿Qué demonios estaba sucediendo?
Como respuesta su cerebro envió todo tipo de alarmas a su cuerpo y lo único que el hombre pudo hacer fue empujar con fuerza a su amigo lejos de sí, para luego estrellarle un fuerte golpe en la mejilla.
—¡No sé qué mierda te pasa, Harry! —bramó molesto—. Pero lo mejor es que acomodes de una puta vez tus ideas o te las voy a acomodar a punta de golpes. ¡No te atrevas a volver a repetir esto, jamás! Te lo advierto, Harry.
—Ron, yo…
—¡No me interesan tus excusas ni tus explicaciones! ¿Primero Draco y ahora yo? Detente de una vez.
Ron, molesto y confundido, se desapareció del lugar sin darle tiempo de reaccionar a Harry, sabía que su amigo no estaba bien, pero no sabía hasta qué punto su mente estaba desfasada de la realidad y, la verdad, tampoco quería saberlo.
Fin del capítulo!
Volví! Estaba desaparecida porque no tenía nada de inspiración, la musa me abandono! Pero espero que ahora vuelva a mí lado.
Ahora comenzamos de lleno con Harry, basta de Ron! Es hora de Harry y su recuperación lenta y dolorosa. Espero que lloremos mucho con ella.
Como siempre le mando besos!
