Hola a todos: ha pasado ya mucho tiempo y apenas pude inspirarme para escribir de forma satisfactoria. Agradezco cualquier comentario que se dignen hacer. El Indice Magico de Hammerstein no me pertenece, no recuerdo el nombre del autor que lo acuñó, de la misma forma Odette Potter, los personajes de la familia Rosier (pertenecen a Martin Lopez y a Gabriela LB) tampoco lo hacen. La Academie francesa le pertenece a Inverarity. El mundo como sabemos es de Rowling

Capitulo VII: donde se narra lo que pasó despues de donde nos quedamos

El primer trimestre de Chelsea en el legendario colegio y castillo de Hogwarts no podía calificarse exactamente como bueno y especialmente no los últimos días. Extrañaba mucho a su familia: su madre, su padre y Ashley, y aún cuando hablaban por el espejo de doble vía y escribían en los diarios proteicos al menos dos veces a la semana no podía esperar para verlos. También extrañaba a sus amigos muggles de la escuela primaria, especialmente a Chloe y Rachel, y aunque quizás ninguno de ellos se veían siempre si acabaron en diferentes secundarias todavía podían interactuar diariamente vía redes sociales. Ella en cambio no podía enviarles cartas porque levantaría muchas preguntas que probablemente podrían acabar en una amenaza al Estatuto Internacional del Secreto y de todos modos quién sabe si quisieran seguir comunicándose con ella y seguir siendo amigos.

En Hogwarts no era mejor. Ella no tenía amigos. Seguía hablando bien con Emily Byrne pero ya no eran tan cercanas como los primeros quince días de clases, la otra niña había comenzado a juntarse habitualmente con Cassie...ocasionalmente hablaba con Albert Wayne, el nacido de muggles en su año y casa, pero nada más, sin embargo se obligaba a sí misma a seguirles para no andar sola por ahí, ya que si bien Hogwarts había cambiado, después de escuchar algunas historias de terror sobre el viejo Slytherin prefería no arriesgarse a ser objeto de intimidación por ser Slytherin o ser de primer año. Las otras niñas en su año y casa, así como el otro chico, Rowan Quinn, se habían convertido en una especie de grupo cerrado y solo tenía interacción limitada con ellos. Según su madre lo más seguro es que eran así por órdenes de sus padres o jefes de familia, ya que ese grupúsculo eran de las familias oscuras tradicionales y bueno, lo más seguro es que aspiraban a ser sangre pura militantes. Un caso aparte era el de su prima lejana, Ivanna Rosier, y las amigas de esta, siempre eran amables con ella, pero como estaban en segundo año no tenía la oportunidad de acercarse mucho salvo unos pocos momentos en la Sala Común por la noche.

Hablando de intimidación y abuso una de las razones por las que también prefería no estar sola fuera de la Sala Común de Slytherin era por los otros Potter, especialmente esa desgraciada de Madison que por alguna razón no la dejaba en paz. Un punto bajo fue cuando intentó asociarse con Lilith Cattermole con la esperanza de hablar con alguien de otra casa y esta la rehuyó. Poco después se enteró que había sido porque Madison tampoco dejaba en paz a la estudiosa Gryffindor, quizá pensando que Chelsea también la hostigaría, o que sería más hostigada precisamente por asociarse con Chelsea, a lo que se sumaba la campaña de difamación de los Potter contra ella, diciéndole a todos que era oscura con poderes igualmente oscuros.

El colmo vino cuando escuchó decir a John Potter en voz alta justo cuando ella estaba cerca que el abuelo Harry (ella no se sentía cómoda llamándolo abuelo, así como jamás llamaría de buena gana primos o tíos a los otros Potter): "desheredó a mi tío malvado para que nuestro oro no caiga en las manos equivocadas". Chelsea no pudo más y se fue llorando a su dormitorio del cual no salió en todo el día, día durante el cual además de faltar a todas las clases escribió a sus padres pidiéndoles que por favor la sacaran de Hogwarts. Ella estaría más segura en el mundo muggle, en una escuela muggle con amigos muggles, seguramente su madre o su padre le podrían enseñar magia una o dos horas por las tardes, de todos modos no era como si fuera muy buena en ello.

Si pensaba que lo estaba pasando mal estaba equivocada porque ahí empezaron sus verdaderos problemas. Una vez que se tranquilizó lo suficiente para platicarles todo lo mal que la estaba pasando su madre escribió quejas a la directora y al jefe de Slytherin y después le dijo que se tranquilizara y que si Madison la volvía a molestar se desquitaría con Odette Potter y le enseñaría una lección por no controlar a sus engendros. Su padre también estaba furioso y escribió cartas a la directora y a los jefes de Gryffindor y Slytherin. Mientras tanto en cuanto a ella la convencieron de que resistiera un poco más, mantuviera la cabeza baja y concluyera el trimestre, después de lo cual hablarían.

Este aumento de molestias inició después de que Madison regresara de ser suspendida pero se hizo más evidente en noviembre poco después de la visita al Ministerio de Magia, y eso, con el comentario de John afectaron mucho a su salud, o eso creía ella. Tal vez después de todo no era material para Gryffindor (no es como si quisiera estar ahí para empezar). De por sí tenía problemas de humor, dolores y calambres más fuertes de lo que al parecer era normal cada mes, pero comenzó a presentar problemas para conciliar el sueño y para despertar, mucho cansancio, a veces no tenía ganas de comer y a veces moría de hambre, escalofríos por todo el cuerpo y a veces tenía calor aunque era noviembre. Y hablando de magia al parecer la suya decidió comportarse también de forma errática, reaccionando a pensamientos que ni siquiera podían interpretarse como una intención mágica más o menos seria. Así en una clase de encantamientos en que estaban practicando por fin el encantamiento de flama simple encendiendo velas su magia pensó que una flama común no era suficiente y en su lugar hizo brotar una enorme llama que acabó consumiendo la vela por completo después de lo cual la profesora le dijo que mejor dejara el ejercicio por ese día.

El incidente final fue cuando en la clase de defensa Madison intentó arrojarle un maleficio cuando el profesor no veía, ella no pudo hacerse a un lado esta vez y su magia la defendió con algún tipo de barrera de área que el profesor no pudo levantar y tuvieron que sacar del salón a todos los que se quedaron detrás de la barrera apareciendo con la ayuda de los elfos domésticos. Después tuvo que ir la profesora Vector (que era aritmante) y el profesor Longbottom (porque decían que era el mago adulto más poderoso del colegio) para ayudar al profesor Fawley a quitar la barrera debilitándola de a poco porque no podían simplemente romperla abrumándola con golpes mágicos para no destruir el salón de defensa en el proceso, menos mal entre los tres tardaron diez minutos y las clases siguieron con normalidad.

Después de eso una vez que interrogaron a todos los alumnos presentes se decidió castigar a Madison de nuevo por agredir a una compañera de clase sin provocación y Chelsea fue regañada por el profesor Fawley por su atrevimiento en "conjurar una barrera mágica de tipo elementalista cuando ni siquiera puede lanzar todavía un desarme sencillo de manera correcta", después de eso la profesora Vector también la regañó y le insistió mucho en ser cuidadosa con su magia, estudiar mucho las teorías de hechizos y controlar sus emociones. Chelsea insistió en que ni siquiera sabía de la existencia de esa magia elementalista o como se diga y que ella ciertamente no podía hacer esas cosas, pero la contradijeron diciendo que la barrera tenía su firma mágica y que lo habían revisado dos veces con sus registros. Eso sumado con los reportes de otros incidentes en encantamientos y transformaciones finalmente hizo que la enviaran a la enfermería a una revisión exhaustiva. Afortunadamente no había dañado a nadie.

La sanadora del colegio dijo que no podía detectar ningún problema de salud física además que estaba un poco baja de peso y muy delgada, pero que su núcleo mágico, sus canales, chakras y aura estaban en una especie de estado de fluctuación constante, que tal vez eso era la causa de las molestias intermitentes de salud que presentaba y no le dió ninguna solución, solo más de lo mismo: que controlara su emociones, que fuera concienzuda con el estudio de la teoría y que se abstuviera de practicar magia fuera del salón de clases por seguridad. Enviaron una carta a sus padres narrando el incidente y dando el diagnóstico detallado. La sanadora dijo que ese tipo de cosas estaban por encima de su nivel y necesitaba consultar a un sanador especialista.

La última semana del trimestre, la segunda de diciembre, fue bastante tranquila a pesar de ser semana de exámenes. Madison de nuevo se pasó de la raya, agredió a Lilith Cattermole de alguna forma dentro de los dormitorios de Gryffindor y no sólo ella sino otra niña resultaron heridas. En consecuencia fue suspendida por segunda ocasión, tomaría sus exámenes trimestrales en las oficinas del Departamento de Educación Mágica en el Ministerio porque todos los profesores salvo Lynch estaban hartos de ella y John estaba siendo vigilado con lupa porque la profesora Vector no tenía humor para soportar más tonterías.

Los medios de comunicación tuvieron un festín. Se enteraron de todo lo sucedido con asombrosa exactitud y a Chelsea no le hizo gracia ser mencionada como una pobre víctima indefensa (que sí lo era, pero no había necesidad de humillarla más): El Profeta (primera plana), Corazón de Bruja, El Oráculo y dos estaciones de radio mágica informaron a todo el país de la desgracia de la familia Potter.

El viernes en que oficialmente concluyeron los exámenes y el trimestre Chelsea tenía de nuevo emociones cruzadas, estaba a la vez tranquila y aterrorizada. Apenas acabó el último examen, el de vuelo y deportes mágicos, el cual fue un desastre en todo sentido y estaba segura de haber reprobado, corrió hacia su dormitorio, se cambió de ropa, empacó sus cosas y fue a comer. Su padre la recogería a las 5 en punto por la tarde ahorrándole el martirio innecesario que sería un viaje de 8 horas en el tren al día siguiente.

Al fin, escuchando en las campanas de la escuela que faltaban quince minutos para la hora acordada tomó su baúl y su mochila y fue hacia la oficina del profesor Dearborn, que se encontraba a un pasillo de la Sala Común de Slytherin. Tocó la puerta dos veces y la puerta se abrió sola. Ahí una pintura le informó que el profesor Dearborn llegaría en breve y que no se moviera de ahí mientras esperaba.

La espera duró en torno a quince minutos. Llegó el profesor Dearborn y para su gran alegría su padre al cual corrió y abrazó con alegría y tristeza combinadas. Albus le lanzó un encantamiento de peso pluma a su baúl, lo encogió y lo metió en la mochila de Chelsea. Acto seguido se dirigieron hacia la salida del colegio, en dirección a la estación de tren de Hogsmeade: la caminata era algo larga, en torno a un kilómetro y medio una vez que pasaron el edificio al pie del risco donde se amarraban los botes. No hablaron nada en el camino. Chelsea estaba algo cohibida y tenía un nudo en la garganta. Menos mal su padre le lanzó encantamientos para impedir que se congelara o se tropezara fácilmente, no estaba nevando en ese momento pero había escarcha por todos lados. Al llegar a la estación de tren Albus se dirigió a ella:

-¿Te gustaría que fuéramos a cenar a algún restaurante? Hay muchas cosas que quiero hablar contigo- le dijo Albus

-Mmmm...solo si tú quieres papá- dijo Chelsea, con cierto miedo.

-¿Prefieres un lugar muggle o mágico?-

-A donde tú quieras papá- dijo Chelsea de nuevo. No tenía muchas ganas de ir a restaurantes o de comida en general. Solo esperaba que su padre no la regañara o estuviera decepcionado de ella en alguna forma.

-Tómame fuertemente del brazo. Vamos al Callejón Diagon- dijo Albus. Chelsea lo hizo, un poco aprensiva de tener que viajar mediante aparición.

Si creía que la primera vez que fue llevada mediante una aparición lateral del Callejón Dillied al Callejón Diagon fue desagradable no se comparaba nada a esta ocasión. Estuvo a punto de quedarse sin oxígeno a pesar de haber respirado antes y cerrado los ojos. Además casi tropieza con una pared. Su padre le lanzó un hechizo para cerciorarse de que estuviera bien.

-¿Te encuentras bien?- dijo Albus

-Uh...no fue agradable- dijo Chelsea

-Te acostumbras con el tiempo. Los jóvenes no deberían viajar mucho por aparición porque se supone que es malo para su salud. Ven, conozco un lugar agradable aquí cerca- dijo Albus, quien la guió a un edificio que albergaba oficinas en la parte inferior y en el segundo piso un pequeño restaurante. Tomaron un rincón apartado y tras recibir la comida y los postres (con encantamientos de preservación y calor) comenzaron a consumir y conversar.

Hablaron sobre todo y nada a la vez. La primera sorpresa que recibió y que se guardaron para decírsela en persona fue que tenían en casa a un nuevo inquilino, ya que a insistencia de su madre decidieron contratar (más bien comprar) a la elfina doméstica que la visitó en Hogwarts, a la que Ashley decidió nombrar Galleta, quien ahora estaba mejor que en el Ministerio y estaba impaciente por recibirla. A ello le siguieron algunas reglas sobre el trato que debería recibir la elfina, quien estaba vinculada a su padre (no la iba a dejar que se vinculara directamente con Chelsea con solo once años) y de cómo se la debería considerar parte de la familia, "es un ser mágico con inteligencia racional, una persona, no un esclavo para que cumpla tus caprichos". El interés de Galleta en Chelsea radicaba en que sintió el núcleo mágico, el alma y el aura de Chelsea y bueno, casi no había literatura al respecto pero en las fuentes que Albus había consultado se mencionaba de pasada o insinuaba que los elfos domésticos -entre otros poderes- tienen una cierta percepción que les indica si un determinado mago o bruja sería -o no- un amo apropiado para ellos.

Al parecer era raro pero no desconocido: "los elfos domésticos idolatran a mi padre, no estoy seguro si es por su poder, su historial o la estrategia de marketing de un elfo llamado Dobby que fue asesinado por los mortífagos, pero los he visto referirse a él por títulos como "el Gran Mago Harry Potter" y "el Gran Harry Potter, el defensor de los elfos domésticos". Chelsea encontró todo eso bastante hilarante, así como algunas de las excentricidades de los pequeños seres, como su extraña tendencia a deformar la gramática y el vocabulario de cualquier lenguaje, aunque su padre le dijo que sus puntos de vista podían ser parciales debido a que la única interacción real que ha tenido con un elfo domestico era con el viejo elfo Black: "el elfo decía que si yo no fuera tan sucio podría ser encontrado digno de la Noble y Ancestral Casa de los Black e incluso tal vez podría ser considerado para la sucesión como Lord Black si el "honorable amo Arcturus" todavía estuviera al frente de la Familia".

Aunque después de eso al parecer el elfo era horrible con todos: "Al elfo le desagradábamos todos. Es solo que no me odiaba tanto como a los demás. Bueno, a mí y a mi madre. Ya sabes, por la pureza de la sangre, aunque se refería a ella como el ama traidora a la sangre, oh, y Lily: moderaba sus tendencias cuasi suicidas y lo usaba como muñeco de juguete, supongo que tenía un mínimo de sensibilidad".

Ahora Chelsea además de cumplir con las reglas sobre el trato a la elfina (no es como si ella le fuera a hacer daño para empezar) tendría que leer lo que decían los pocos libros existentes en inglés y francés sobre elfos domésticos y seres semejantes o relacionados con los elfos domésticos, al menos los libros inteligibles y no llenos de suposiciones y conjeturas dadas como una verdad (su papá nunca se cansaba de decir que si bien los tiempos habían cambiado la lógica y el sentido común seguían siendo forasteros en el Mundo Mágico).

Otros temas que trataron era que viajarían a Francia por traslador el lunes por la mañana y que entre otras cosas su madre la llevaría a una consulta con un sanador especialista para ver si había algo fuera de lo normal con su magia y salud en general, porque su bajo peso y estatura y las fluctuaciones mágicas eran preocupantes. También le dijo que su madre no estaba del todo bien en estos momentos y que antes de ir a Hogwarts apenas pudo silenciar a Ashley antes de que molestara a su madre y ésta le lanzara un maleficio punzante. Chelsea fue informada de que por favor no le hiciera preguntas o menciones a su madre sobre la familia Rosier hasta nuevo aviso.

-¿Mamá no está bien?- dijo Chelsea preocupada y mortificada por su amada madre.

-Está un poco...soliviantada. Les dirá lo que deban saber a ti y a tu hermana, juntas. No la hagan repetir nada y tampoco que se moleste, ¿de acuerdo?-

-Si papá- dijo Chelsea, ahora temerosa de que trataran acerca de su mal trimestre y su pésimo desempeño mágico y escolar. Albus quien sospechaba que su contracción facial era por ello la tranquilizó.

-Hablaremos en casa con tu madre presente sobre tu trimestre en el colegio, y antes de que te pongas reticente no estás en problemas. Sé que no te dedicas a molestar a los profesores u otros estudiantes, ¿de acuerdo?-

-Sí papá- dijo Chelsea un poco tranquila por escuchar que no estaba en problemas.

-Quiero que me acompañes a ver al señor Ollivander- dijo Albus

-¿Por qué debemos verlo?-

-Necesitamos descartar que tus problemas mágicos no estén relacionados de alguna manera con tus varitas, además hay algo en lo que me gustaría que nos ayudes- dijo Albus.

-¿En qué deseas que te ayude papá?-

-Es solo un proyecto pequeño. No es doloroso ni peligroso de ninguna forma- dijo Albus.

Tras acabar con el postre y pagar se dirigieron a la tienda de Ollivander, Albus sacó su varita y lanzó un patronus mensajero por delante de ellos. Al llegar a la tienda el señor Germaine Ollivander ya los estaba esperando.

-Señor Potter, señorita Potter. Es un placer verlos como siempre, pero por favor pasen, ¿gustan una taza de té?- dijo Germaine

-Muchas gracias señor Ollivander, venimos de cenar- dijo Albus.

-Entonces señorita Potter, ¿sus varitas le han funcionado bien?- dijo Ollivander

-Pues...- empezó Chelsea, quien no sabía cómo o por dónde explicar todo.

-Hemos venido a que usted determine eso precisamente señor Ollivander. Verá, mi hija ha pasado por varios fenómenos mágicos curiosos, nada que no se haya visto antes, pero comprenderá que prefiero no exponerla a potenciales riesgos- dijo Albus. Chelsea se tranquilizó un poco al escuchar que sus síntomas no eran desconocidos

Media hora de comprobaciones después y de hacer el ridículo ante el señor Ollivander cuando le pidió lanzar distintos hechizos ninguno de los cuales logró bien (el señor Ollivander fue comprensivo y le dijo que no había nada de qué avergonzarse y que los magos adultos tenían problemas con magia de nivel escolar todo el tiempo aunque la mayoría lo niegan) le dijo que sus varitas estaban en buen estado, bien emparejadas con ella como en su última visita a la tienda y que su varita con el pelo de la cola de un thestral y el zafiro azul seguía siendo una varita feliz y que debería aprovechar eso, cuidarla bien y practicar mucho con ella para que siga así y su magia tenga un buen desarrollo.

Una vez quitado ese tema de lado se concluyó que sus dolencias y problemas mágicos provienen de ella misma: sus varitas no estaban involucradas en el asunto, eran varitas modernas avanzadas con óptimo funcionamiento y no había nada que temer en ese sentido. El motivo principal de su visita se reveló entonces: Ollivander volvió a repetir el mismo cuestionario que en su primera visita y le volvió a tomar medidas de todo el cuerpo así como le lanzaron los mismos hechizos largos y complicados de aquella misma ocasión. Chelsea le preguntó a su padre si estaría recibiendo una tercera varita pero le dijo que no, que el por qué era algo de lo que se enteraría hasta que concluyeran las vacaciones y que no había nada de qué preocuparse.

Ahora volverían a casa pero tendrían que hacerlo de una manera más o menos convencional, para que si los muggles a su alrededor notaron su ausencia los últimos tres meses con suerte la vieran pasar y descartaran meterse en lo que no les importa. "La vida mágica cada día es más difícil y las medidas que deben tomarse para preservar el Estatuto del Secreto deben ser cada vez más meticulosas" le dijo su padre. Tomaron el floo desde la tienda de Ollivander hacia el pub mágico en el callejón mágico de Oxford, ahí una vez que salieron al edificio de departamentos desvencijado caminaron dos calles, abordaron un tranvía, cambiaron a un trolebús, caminaron tres calles más y al fin estaban en casa: entraron al edificio, subieron al elevador, y abrieron la puerta.

Chelsea no esperaba el recibimiento tan entusiasta de una elfina feliz:

-Ha venido por fin el Ama Chelsea, la nueva Ama de Galleta. Galleta no es digna de estar en su honorable presencia. Galleta es tan afortunada de poder servirla- dijo la elfina con muchísimo sentimiento, una expresión esperanzada de aprobación y ojos llorosos, después de lo cual le hizo una reverencia casi hasta el piso. Chelsea no estaba acostumbrada a ser tratada como si fuera de la realeza.

-Uh...hola Galleta, ¿cómo estás?- dijo Chelsea tratando de ser amable y con cuidado de no decir nada que pudiera mal interpretarse puesto que los elfos domésticos eran muy susceptibles y no quería herir sus sentimientos.

-El Ama pregunta cómo está Galleta. Galleta sabía que el Ama Chelsea era una bruja ilustre pero no sabía que era tan considerada para preguntar por alguien tan bajo y humilde como Galleta. Galleta está tan conmovida- dijo Galleta casi llorando

-Por favor Galleta, lleva las cosas de Chelsea a su habitación y prepara chocolate y pan dulce para todos- dijo Albus.

-Si amo Albus- dijo la elfina quien se movió a una enorme velocidad para hacer todo.

Chelsea se quitó su abrigo y lo puso en la percha de la pared cuando de repente salió del cuarto su hermana y gritó su nombre, la abrazó y le plantó un beso en su mejilla helada.

-Te extrañé tanto hermana- dijo Ashley apretándola y meciéndola un poco.

-Yo también Ash- dijo Chelsea mientras un par de lágrimas se derramaban al ver por fin a la pequeña bribona.

-¿Me mostrarás algo de magia?- dijo Ashley

-No debo hacer magia fuera de la escuela- dijo Chelsea intentando esbozar una sonrisa, habiéndose enterado hace unos momentos de que el Detector, Rastro o Trazo puede ser eludido bajo ciertas circunstancias.

-Una vez que lleguemos con tu tío Louis organizaremos algo- dijo Albus saliendo del cuarto que compartía con su esposa. -Su madre sigue durmiendo. No la molesten. Hablaremos después de comer algo-

Por fin su madre se despertó y salió (o mejor dicho Albus la despertó) y lo primero que hizo fue ir a encontrarse con Chelsea. Chelsea a su vez de nuevo no pudo controlar sus emociones y se puso a llorar en su regazo.

-Te amo mucho mamá. Te extrañé- dijo Chelsea con voz entrecortada. Ella siempre fue muy apegada a su madre.

-Oh mi amor, yo también te extrañé mucho, ¿te sientes un poco mejor hoy?- dijo Valerie tomándola en sus brazos y rodeándola por completo. Valerie era más alta y definitivamente más corpulenta y pesada que Albus.

-Sí mamá- dijo Chelsea todavía muy emocional.

Después de platicar hasta la una de la mañana finalmente se fueron a dormir. Al día siguiente tras desayunar comenzaron a hablar de temas más serios. Albus se tomaría libres las dos semanas de vacaciones de Chelsea para pasar más tiempo en familia. Fue enredoso pero pudo configurar las protecciones de la botica para que el señor Murray pudiera abrir y cerrar la botica sin problemas.

Lo primero que se habló corrió por parte de su madre, Valerie, quien informó por qué estaba tan molesta: ayer por la noche, jueves, Félix Rosier, el heredero oficial de Evan Rosier y de toda la fortuna Rosier falleció en más que sospechosas circunstancias. En sí eso no la molestó, ya que no se hablaban y había intentado repudiar de la familia a sus dos medios hermanos y su descendencia y si no pudo fue porque el padre de este -el extinto mortífago- había reconocido como propios a los hijos que tuvo con su concubina y amante respectivamente al grado de incluir provisiones y regulaciones para ellos en su testamento, testamento que tenía las firmas de diez testigos entre ellos su hermano Adrien, que era un mago muy anciano que vivía en Francia.

La muerte no había sido anunciada aún de forma oficial para no entorpecer la investigación del Ministerio de Magia, pero la molestia fue que Gweneth Rosier tuvo la desfachatez de olvidar convenientemente las formas de sangre pura no guardando ni siquiera los 9 días tradicionales de luto: el viernes había ido derechita a Gringotts para ejecutar el testamento de Félix (era otra costumbre de sangre pura que los Jefes de Familia mágicos tuvieran un testamento desde el mismo momento en que asumen el cargo) y tomar el anillo como nueva Jefa de Casa, firmar el papeleo y pasar el anillo de Heredero a su hijo Etienne (Chelsea estaba muy feliz de enterarse que el tipo -que tenía 12 años y a quien esperaba jamás conocer- asistía a Beauxbatons y por tanto no tendría que soportar a otro indeseable).

El punto era que los temores de Valerie se habían hecho realidad antes de lo que imaginaba: dado que su tío Louis no había cumplido con lo que se esperaba de él de acuerdo con la constitución de la familia Rosier y el testamento de Evan Rosier, y Valerie tampoco cumplía con todos los requisitos (Chelsea y Ashley no tenían suficiente sangre mágica para calificar como sangre pura) se les notificó que deberían desalojar la Mansión Rosier francesa dentro de una semana a más tardar, devolver todos los bienes de la misma y se les revocó por completo el estipendio que recibían de las bóvedas familiares. Valerie estaba destrozada porque le estaban prohibiendo desde la próxima semana hasta nuevo aviso el acceso al hogar donde nació y creció. Solo les faltaba ser repudiados (aunque de nuevo los tiempos cambiaron: las leyes tanto en Francia como Gran Bretaña impedían que por muy repudiado que fuese alguien se le obligara a renunciar a su apellido y pasara a ser un "sin nombre").

Todo esto como les explicó brevemente Valerie era...desgarrador, porque si bien Félix y Gweneth Rosier no eran amigos de fraternizar con mestizos o sangre sucia nunca habían sido fanáticos rabiosos de la pureza de la sangre como Evan Rosier. También con tantos años pasados nunca habían intentado algo tan agresivo contra ellos y nunca habían mostrado tanto interés en los bienes familiares, más bien se habían dedicado a hacer sus vidas y los asuntos del patrimonio familiar ocupaban un segundo lugar.

Albus les dijo que había mucho ahí que no cuadraba y que por su propia seguridad no se metieran en ese asunto y se abstuvieran de hacer comentarios o dar opiniones. Cualquier cosa que dijeran podía acabar en llamar la atención no deseada tanto del ministerio británico como del francés, de magos peligrosos que tenían problemas con sus distintos parientes, o provocar una disputa familiar.

Ese día y el siguiente Chelsea la pasaría conviviendo con su familia. Sus padres le dijeron que una vez instalados en Francia el lunes en la noche hablarían sobre su estancia en Hogwarts y le enseñarían algunas cosas. Chelsea quería saber qué le enseñarían pero Valerie le dijo que se enteraría a su tiempo y que en realidad lo hubiera hecho hace años si su padre no fuera tan aficionado a las ideas muggles sobre educación pero que eso se corregiría.

El fin de semana pasó demasiado rápido para su gusto. Su padre insistió en vieran los cuatro juntos una serie de películas muggle, El Señor de los Anillos, en tres partes y El Hobbit, también en tres partes. Al parecer el y su madre ya las habían visto antes. Chelsea las encontró...estimulantes, y Ashley también. Si no lo supiera mejor habría pensado que los muggles de alguna forma se las ingeniaron para poner sus manos sobre un libro de historia mágica. Su padre dijo que el tipo que escribió las novelas en que se basaban, un tal Tolkien, estuvo expuesto al mundo mágico y nadie se molestó en lidiar con él si es que se dieron cuenta.

El lunes por la mañana empacaron todo en cuatro maletas y se fueron mediante floo a Dallied Alley (salvo Galleta, que se apareció) donde hace algunos años el Ministerio de Magia Británico por fin hizo algo útil comprando uno de los edificios y moviendo allí el tráfico internacional de trasladores que por razones de seguridad no era conveniente seguir manteniendo en la sede principal del mismo. Como de costumbre lo presentaron como si fuera una hazaña digna del propio Merlín, pero en realidad tomaron la idea del Ministerio de Magia Francés que movió el tráfico de trasladores de un edificio auxiliar en la parte muggle de París a un edificio en Place Cacheé.

Chelsea de nuevo tenía emociones encontradas. Estaba feliz de viajar en familia pero con aprensión por tener que usar trasladores. Todo el equipaje fue unido con cuerdas mágicas entre sí y después adherido al traslador (el traslador que estaban montando ese día era una caja de plástico muggle de embalaje). Chelsea puso ambas manos sobre la caja y cuando el reloj marcó las ocho de la mañana finalmente se activó la maldita cosa. Media hora de viaje más tarde y agradeciendo que hubiera encantamientos amortiguadores en el suelo finalmente estaba en Francia.

Tras la revisión de equipaje, registro de llegada y firma de documentos salieron a la calle principal de Place Cacheé, la Rue de la Magie. Fueron a desayunar a un pequeño restaurant en un callejón lateral (Galleta se negó a comer con ellos porque se sentía indigna y los esperó fuera cuidando el equipaje). Después pusieron camino a una pequeña clínica mágica donde un reputado sanador egresado de la Academie de Magie, -monsieur Descornets- revisaría a Chelsea.

La consulta aunque larga debido a todas las pruebas, exámenes, análisis y preguntas con que Chelsea fue bombardeada fue en sí misma anodina y rutinaria. El sanador después de dos horas no le dio ninguna solución permanente y ciertamente no salió más tranquila que como entró. El susodicho experto en salud mágica creía que lo que le estaba pasando podía ser una especie de florecimiento extremo, estaba pasando por su primera madurez mágica (que no se supone que debiera sucederle hasta los 15 años) o ambas cosas al mismo tiempo. Según el esto era así porque al parecer su mente, cuerpo y alma apenas se habían adaptado lo suficiente para que su magia pudiera asentarse más. Los hechos eran que Chelsea tenía un núcleo mágico detectable desde el vientre de su madre, su magia accidental si bien rara siempre fue contundente, al llegar a Hogwarts su Índice Mágico General era 10 plus, y su Índice de Hammerstein era de 47. En sí mismo eso no era raro ni desconocido. De hecho 47 puntos si bien un poco elevado para su edad formalmente hablando ni siquiera era el rango de una bruja adulta normal en la escala de Hammerstein, sino de un adepto, bruddle o estado mágico intermedio, es decir aquellas personas que sin ser squib tampoco eran brujas o magos formales, sino personas con la capacidad de activar una varita y capacidad limitada de lanzamiento de hechizos.

El problema era que seguía teniendo ataques de magia accidental, tenía serios problemas de control mágico, su Índice Mágico General seguía en el 10 plus pero su Índice de Hammerstein ahora había subido a 59, lo que quería decir que esta vez sí estaba dentro del nivel de las brujas y magos adultos promedio, que comprendía desde 51 a 150 puntos Hammerstein. Su magia había crecido exactamente un punto semanalmente durante su estancia en el colegio. Según el sanador eso no era en absoluto normal, pero cuando en el interrogatorio salió a la luz que Chelsea era nieta del famoso Harry Potter tomó todo el asunto bien y si iba a decir que era algo muy malo se retractó y dijo que tal vez no era necesariamente algo que la pusiera en peligro mortal considerando que tenía antepasados mágicamente fuertes y se sabía que magos excepcionalmente poderosos tenían más de dos periodos de madurez mágica y que tal vez el crecimiento de su magia estaba absorbiendo casi todos los nutrientes de su cuerpo y por eso tenía tan bajo peso y estatura (de todos modos le recalcaron que no tenía muchas esperanzas en ese ámbito: tendría suerte si llegaba al 1.70)

La conclusión de las dos horas de mortificación fue que otras causas que desencadenaron el ciclo de fluctuaciones mágicas podrían ser la práctica de la magia formal, el uso de una varita, o la exposición prolongada a magia ambiental en Hogwarts. Las posibles soluciones a medias e indicaciones que propuso el sanador fueron no hacer magia sin supervisión hasta nuevo aviso (adiós a sus prácticas fuera del salón de clase), continuar expuesta a magia ambiental (porque tal vez eso podría ser la única forma de ayudar a su cuerpo a acostumbrarse a la nueva cantidad de magia disponible: ahí se fueron sus esperanzas de alejarse de los desagradables magos y brujas de su edad), hacer ejercicios de flujo mágico y oclumancia (había otro potencial tratamiento disponible pero dada su edad -implicaba magia sexual- estaba fuera de discusión) y comer mucho para compensar lo que su magia estaba absorbiendo (tendría que tomar diario una dosis pequeña de una poción que estimulaba el hambre). También tendría que hacerse chequeos periódicos al menos cada tres meses hasta que su magia se estabilizara un poco más.

Después de la horrible sesión de malas noticias al igual que en el verano tuvieron que ir a la sede del Ministerio de Magia Francés. Esta vez Chelsea fue parte de la razón de la visita. Tenía que hacer constar que estaba cursando estudios mágicos de acuerdo a los estándares del ministerio francés (una empleada le dio una mirada de lástima y desprecio cuando escuchó que estudiaba en Hogwarts) y registrar su varita oficial. Su padre también tuvo que registrar a Galleta como su elfina vinculada. De nuevo volvieron a Place Cacheé para hacer compras (había más variedad de cosas en París que en Londres) y finalmente fueron a la Mansión Rosier en las cercanías de Lyon a la hora de la cena.

Albus y Valerie como de costumbre se instalaron en la vieja habitación de Valerie y Chelsea y Ashley como de costumbre en la habitación que alguna vez fue de la célebre Vinda Rosier (Valerie se arrepintió de pedirle a Albus que usara la Piedra para tener la oportunidad conocer a su tía Vinda de la que sólo había oído maravillas: resultó ser una bruja con un carácter horrible que no estaba feliz de que Valerie se hubiera "entregado como una ramera de 5 bezants a un mestizo" y que ahora "manche la casa de sus padres con los engendros repugnantes de su impía unión corriendo por ahí y durmiendo en mis aposentos", por supuesto Chelsea y Ashley no necesitaban saber nada de eso y para ella estaba bien que durmieran ahí, como un desafío a la bruja oscura que no era tan liberal como Grindelwald y para la cual el Bien Mayor después de todo no aplicaba para todos los magos y brujas). Albus siempre fue reticente a que sus hijas durmieran en esa habitación debido a una posible infestación de magia oscura ocasionada por la impresión del aura mágica de Vinda Rosier en la misma pero la magia familiar que impregnaba la mansión le dió la bienvenida a Chelsea y Ashley desde el primer momento (era una lástima que los antepasados Rosier no pensaban igual que la magia de la mansión).