Capítulo 6

Un sacrificio por un reino

Estaba preocupada y ansiosa, no lo podía negar, necesitaba volver a pesar de que el temerario intento pudiera costarle la vida.

Aunque… No, no podía volver atrás ahora que sabía que se dirigían hacia una zona pantanosa para poder ocultarse mejor mientras reunían sus huestes.

Marcharse ahora no sería una buena idea y Elain lo sabía.

La salud de Alfred muy seguramente se vería resentida allí, por lo que la necesitaría para protegerle de Aethelred quizá más que nunca hasta entonces.

Aun así, mientras quedaban aún horas para que anocheciera, no podía evitar sentir que había tanto en lo que pensar y tan poco sobre lo que poder actuar.

Era frustrante esperar la llegada del futuro atada de manos.

Suspiró hondo y acarició el cuello del caballo de uno de los guardias con mimo, esperando que el contacto con el animal la ayudara a tranquilizarse.

-¿Pensando en traicionarnos?- Oír la voz de su medio hermano a sus espaldas la hizo ponerse en tensión pero no se giró.

-Diría que ese es más tu estilo.- Aethelred la agarró con fuerza del brazo apretándoselo y obligándola a mirarle.

-Siempre tan altiva.-

-Tener sangre real requiere de quien la lleva mantener cierta compostura, veo que tú aún no has asimilado ese concepto.- La fuerza en su brazo aumentó antes de que repentinamente Aethelred la soltase.

-No vale la pena el intentar enseñarte a respetarme a estas alturas, pero tendrás que hacerlo cuando sea rey, entonces no te quedará más remedio.-

-Nunca serás rey,- replico seria.

-Aethelwulf es el rey y yo soy su sucesor.-

-Aethlwulf es el regente, no el rey, ¿es que no lo entiendes? Cuida de la corona de Alfred pero no la posee.- Contrario a lo que hubiera dictado la prudencia Elain se acercó hasta quedar a menos de veinte centímetros de su medio hermano. –Tú nunca serás rey.-

-En los pantanos Alfred puede enfermar…-

-Eres tan predecible.- Respondió alzando una ceja.

-¿Qué?-

–Me has oído perfectamente de modo que no voy a repetirme.- Se rio con desprecio, -ya pensaba que tramabas algo así, ya sabes, algo rastrero. Por desgracia para ti madre y yo cuidaremos de Alfred.-

-¿Ah sí?- Algo en el tono de voz de Aethelred la hizo desear no haberse encarado con él, pero a pesar de ello ese no era el momento de mostrar miedo, no cuando la verdad pendía sobre los dos como una espada afilada, la cuestión era, ¿de quién era la cabeza que peligraba?

De pronto Aethelred la dio un puñetazo en el estómago que la hizo inclinarse al verse incapaz de tomar aire.

Sin permitirse dejarse llevar por el creciente pánico Elain retrocedió lentamente hasta tomar las riendas del caballo al que poco antes había estado acariciando con ternura, desatando el nudo que retenía al animal a un joven árbol con dedos agiles, solo por si fuera necesario.

-Sí, diría que lo siento por tus sueños frustrados, pero mentir es un pecado.- Dijo volviendo a ponerse derecha, manteniendo sus manos con las riendas entre ellas a sus espaldas para que su medio hermano no viera hasta qué punto la había atemorizado esta vez.

–Pues lo que yo pienso es que realmente te has equivocado de hermano a quien amar Elain.- Dijo él sonriendo con satisfacción mientras sacaba una daga de su funda y se lanzaba contra su propia sangre para derramarla.

Un sacrificio por un reino, como harían los paganos, pensó.

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-¿Entonces es cierto que le prometiste a mi hermano tu nieta en matrimonio?- Preguntó Bjorn sentado a la mesa frente a un suculento banquete junto a sus hermanos mientras Ecbert permanecía esposado y arrodillado ante ellos. -¿Por qué?-

-Por amor a vuestro padre, a pesar de lo que hice era mi amigo.-

-¿Tú amigo?- Pregunto Ivar apretando sus puños lleno de ira.

-Vuestro padre sabía que el mundo es un lugar complicado, en el que a veces para conseguir lo que quieres, o lo que es mejor para la mayoría es necesario sacrificar algo.- Dijo despacio en la lengua de los nórdicos. –Vuestro padre sabía lo que su muerte aquí desencadenaría para vuestro pueblo, por eso vino.-

-¿Y tú no sabías que eso sería malo para tu reino?- Preguntó Ubbe incrédulo.

-Soy un hombre viejo que ya solo espera no equivocarse, no lograr grandes victorias.- Miró a Ivar, -por eso esperaba que siguieses interesado en el matrimonio con Elain además de desear la venganza contra mi y Aella.- Sonrió, -no sabes cuanto me alegra que sea así.-

-Dijiste que teníamos asuntos importantes que discutir, un matrimonio no es importante.- Bjorn se echó hacia delante de manera amenazante, ignorando el ceño fruncido que Ivar le dirigía.

-Quiero ofreceros unas tierras para que sean vuestras, sería mi forma de honrar el tratado que no respeté con vuestro padre debido a mi propia ambición de por aquel entonces.-

-¿Y por qué habrían mis hermanos de creer en esa oferta cuando aún no has enviado esa paloma con el mensaje de que traigan a Elain hasta aquí?-

-Todo a su tiempo Ivar.-

-Querrás algo a cambio,- Bjorn estudió al viejo rey, intentando discernir que es lo que podría sacar como provecho de esa generosa oferta. -¿Qué es?-

-Morir a mi manera,- respondió Ecbert con simpleza. –Redactaré el documento y lo firmaré con mi sello personal, de esa manera nadie podrá negaros vuestro derecho a esas tierras, ya que serán legalmente vuestras.-

-Cualquiera habría pedido la libertad.- Dijo el mayor de los hijos de Ragnar.

-Jamás me lo concederíais y lo entiendo.- Bjorn se quedó en silencio al escuchar esa respuesta, era cierto que aquello era inesperado, pero sacarían un gran provecho y no habría necesidad de seguir luchando. Les gustase o no los ingleses tendrían que aceptar su presencia en la isla o largarse de ella, sonrió ante el pensamiento.

-Bien, sea pues. Redacta el documento y después podrás morir de la manera que desees.-

-¿Cómo podéis creerle?- Gritó El Deshuesado encolerizado.

Por su parte Bjorn se rio de la desconfianza de su hermano menor, -¿cómo puedes tú no creerle? Te prometió a su nieta y te la dará, mantén la calma.-

-Eres un idiota,- dijo Ivar sin molestarse en contenerse.

-¿Qué has dicho?- Preguntó Bjorn levantándose de su asiento para tratar de imponerle con su altura.

-Bjorn,- Ubbe le imitó y apoyó una mano en su hombro con intención de calmar los ánimos antes de que se caldearan demasiado.

-Lo que has oído, y si el resto piensa como tú también son idiotas, no se puede confiar en Ecbert, es un hombre que promete hasta que obtiene lo que desea y luego te traiciona, se lo hizo a nuestro padre, y si vosotros confiáis en su palabra ahora os hará exactamente lo mismo.- Dijo levantándose con esfuerzo, saliendo del salón caminando apoyado en su muleta.

Incapaz de soportar por más tiempo toda esa palabrería inútil que terminaría con sus hermanos como poseedores de un papel que no valdría nada, ellos no conocían su idioma, sus letras.

Ecbert bien podría escribir en ese papel una de sus absurdas oraciones que sus hermanos no tendrían más remedio que darlo por bueno, eran tan estúpidos que se sentía insultado de haber compartido su niñez con ellos.

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A pesar de las protestas de Ivar pronto prepararon todo lo que Ecbert solicitó como necesario para redactar el documento que les haría legalmente dueños de una parte del reino de Wessex.

-¿Dudas?- Se burló Ubbe al ver la cara de Hvitserk.

-Es que… A veces Ivar es convincente.-

-Sí, pero recuerda que tiene un nido de serpientes en esa cabeza que el cree tan brillante.- Eso les hizo reír. –Confía hermano, por fin cumpliremos el sueño de nuestro padre, buenas tierras para poder labrar.-

En silencio vieron como el viejo rey redactaba el documento, manchando el blanco papiro con tinta negra de distintas formas, dejando algunos espacios de vez en cuando. Diciéndoles lo que iba a poner antes de hacerlo para asegurarse de que estaban conformes con las condiciones.

-¿Hay algo que quieras hacer antes de morir?- Preguntó Bjorn mirando el documento mientras Ecbert estampaba su sello en el. –¿Rezar?- Se burló.

-No, solo quiero darme un baño, allí me cortaré las venas.- Dijo levantándose despacio para mirar a los ojos a Bjorn piel de hierro, a quien no dejaba de sorprenderle lo en paz que Ecbert parecía con todo aquello.

-Como quieras,- hizo unos gestos burlescos muy parecidos a los de su difunto padre para señalar a Ubbe, quien sería el encargado de estar custodiándole para que no intentase escaparse en el último momento.

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Se sentía débil y mareada, se había atado una de las manos a las riendas del caballo en el que había huido pero ahora dudaba de si aquello había sido una buena idea.

La oscuridad la perseguía y sentía frío, ¿estaría ya muerta y aquello sería el purgatorio? ¿Su castigo por haber amado a un pagano? Desde luego en caso contrario si aquello resultaba ser la vida estaba empezando a sentirse agotada de ella.

¿Sería tan malo cerrar los ojos y abandonarlo todo?

Siempre se había considerado capaz de afrontar lo que fuese, era paciente y astuta, pero aquellas fortalezas no le servían de nada, una culebra se deslizo con rapidez entre los arbustos al sentir el lento trote de su caballo.

-Vamos, llévanos a casa, por favor.- Suplicó inclinándose sobre el cuello del animal, pues su destino, cualquiera que fuese dependía ya solo de él.

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Sin sentirse cohibido se desnudó ante Ubbe e ingresó en el baño termal con un suspiro de satisfacción.

Ya había enviado la paloma que ordenaba el regreso de Elain, y aunque eso ahora era decisión exclusiva de Aethelwulf como regente, esperaba que cumpliese con su mandato.

-¿Por qué le prometiste a nuestro padre que Ivar y Elain se casarían?- Preguntó Ubbe tendiéndole un cuchillo.

-Les vi juntos,- respondió con la mirada perdida. –Ellos se entienden, y creo que podrían lograr grandes cosas juntos,- sonrió con nostalgia. -Además Judith, la madre de Elain quiere que esta sea feliz.-

-¿Y cree que Ivar puede lograrlo?-

-Eso parece, pero supongo que no estaré aquí para comprobarlo por mí mismo.- Dijo finalmente cogiendo el cuchillo de Ubbe. –¿Cuando la veas podrías pedirle que mire en mi escritorio? Hay algo allí para ella, algo importante.-

-Claro,- dijo Ubbe cediendo, la verdad es que entendía porque Ragnar había encontrado agradable el trato con aquel hombre.

-Y dile que sé que tomará las decisiones correctas, sean cuales sean.-

-¿Eso es todo?- Preguntó empezando a sospechar que quería alargar su final.

-No, ya está todo dicho y todo hecho, solo queda lo más fácil, morir.- Y acto seguido procedió a cortarse las venas. La cara de Ecbert apenas mostró un gesto de dolor al rasgar su piel, después cerró los ojos y dejó que la vida se le escapase como el hombre que se libera así mismo de una carga pesada.

Muchos años después Ubbe seguiría recordando esa expresión de liberación en el rostro del rey Ecbert, y se preguntaría a menudo si cuando le llegase su momento él partiría hacia el Valhalla con el mismo aparente placer.

-Ya está hecho.- Les dijo Ubbe guardando su cuchillo en su funda, sintiendo que ahora era un objeto sagrado de gran poder.

-Fantástico.- Dijo Ivar de mal humor.

Voces alteradas se empezaron a escuchar desde el exterior, los hijos de Ragnar se miraron confundidos, aun así avanzaron rápidamente por los pasillos del lugar hasta llegar al patio y encontrarse con una escena insólita.

Una mujer de ricos ropajes debía haber llegado siendo arrastrada por su caballo, en aquel momento Helga se inclinaba sobre ella para asegurarse de si seguía viva mientras Floki liberaba su mano de la rienda a la que estaba atada.

Durante mucho tiempo Ivar había soñado con el reencuentro, imaginándoselo de cientos de maneras distintas, algunas agradables, otras no tanto, pero nunca jamás creyó que algo como eso podría suceder.

-Elain.- Su nombre salió de sus labios como un trueno y sus hermanos se abrieron en abanico para dejarle pasar hasta llegar a ella.

-Aún respira, debe ser muy fuerte.- Dijo Helga presionando con sus manos en una herida que tenía Elain en el costado. De hecho ella misma debía haber roto su vestido para contener la sangre antes de llegar hasta allí, pero parecía que no había sido suficiente.

-Elain.- Ivar se tiró al suelo sin importarle ensuciarse de barro y la puso sobre sus piernas quebradizas abrazándola con fuerza, -Elain.- Sus pestañas aletearon levemente pero no llegó a abrir los ojos. -¿Floki puedes ayudarla?- Desesperado acudió al hombre que en ausencia de Ragnar le había tratado como a un hijo.

Todos los demás podrían traicionarle y él ni siquiera parpadearía por ello, sin embargo sabía que con Floki siempre podría contar. Y en aquel momento, sosteniendo a su corazón mientras la vida de esta pendía de un hilo le necesitaba más que nunca.

-Haré lo que pueda, pero tal vez haya perdido demasiada sangre como para que pueda ayudarla.- Floki sintió que se le partía el corazón, pues Ivar a quien amaba como si fuera suyo, Ivar que se había roto infinidad de veces los huesos y nunca había derramado la más mínima lágrima desde que había dejado de ser un niño, ahora lo hacía.

Floki no pudo evitar pensar en si así sería como se vería él si algún día perdiese a su amada Helga por el motivo que fuese.

El murmullo del ejército cesó cuando Floki se alzó con la mujer entre sus poderosos brazos, con el rostro pálido de quien ha sido besado por la muerte, pero aún así hermosa, el vestido azul claro manchado en sangre y una larga cabellera negra flotando en la brisa de la noche.

Ubbe no pudo evitar pensar que era como si imprudentemente le gritara a Hela que se atreviese a llevarse a su reino a alguien tan brillante como ella.

Floki entró en el castillo con la princesa cristiana seguido de Ivar sin que nadie les detuviese, mientras Helga iba a buscar lo que seguramente sería necesario para intentar salvarle la vida a la muchacha.

Aunque después de haber visto la sangre que la doncella ya había perdido a pesar de que había intentado evitarlo, para la mujer del constructor de barcos solo cabía esperar que las Nornas aún no considerasen que había llegado el momento de la princesa de dejar este mundo.

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Bien halladas seáis almas Corsarias, espero que el capítulo os haya gustado y que los Dioses estén de vuestro lado.