~ Fase 08 ~
Festival de emociones
El brillo de las lámparas iluminaban con tanta intensidad que hacía olvidar la existencia de la noche.
La aglomeración de personas vistiendo sus yukatas de distintos motivos y colores hacían contraste con los uniformes negros del dúo de cazadores, la fémina se deleitaba con el alegre ambiente, como si por un momento todas sus responsabilidades se hubieran desvanecido.
El varón caminaba a su lado, con su característica sonrisa apreciando cada pequeño detalle de la animada festividad, eran pocas las veces que ambos apartaban tiempo para el ocio.
Kanae miraba a todas partes, insegura por dónde comenzar ¿Juegos o comida? Si le preguntaba a su compañero era obvia la respuesta pero...¿Qué se hacía exactamente en los festivales?
Se permitió rebuscar en sus recuerdos, una vez, años atrás, había intentado asistir acompañada de Sanemi, pero éste con sus rabietas y negaciones acabó por pisotear su entusiasmo, pero ahora las cosas eran diferentes, la azabache de verdad estaba contenta de por fin haber cumplido ese pequeño deseo, a pesar de que no sea con el albino.
Tampoco era bueno ser quisquillosa ¿no?
—¿A dónde deberíamos ir? —Le susurró el varón a su oído, tan cerca que un escalofrío recorrió el cuerpo de Kocho—¿Eh? Ah, la verdad es que no lo sé, son tantos… —dijo para sí, ya que por el bullicio las palabras no habían llegado al chico que le hacía gestos de confusión, no tuvo más opción que ponerse de puntillas y susurrarle al oído así como había hecho con ella.
—¿No dijiste que ibas a comprarle algo a tus hermanas? Por allá hay un puesto con accesorios —Le respondió, al tiempo que un hombre chocó contra la pilar, haciendo que perdiera el equilibrio y terminara apoyando su cabeza y sus manos en el pecho del rubio.
—¡Lo siento! —chilló sonrojada, elevando tanto su voz que éste lo escuchó a pesar de los murmullos de la gente.
Rió con una calma que no tardó en transmitir —¡No me molestaría que hicieras eso más seguido! Todo sea por no verte caer —Soltó con atrevimiento, los orbes violetas lo miraban con sorpresa, aunque cierta felicidad brotó de su pecho por la consideración que tenía hacia ella.
Las personas estaban muy animadas, muchos reían y conversaban como si las preocupaciones de la vida hubieran sido arrastradas por el viento, y nuestros queridos pilares no eran la excepción, disfrutando de unos dangos mientras jugaban.
—¡Tch! —El pez había acabado en el agua por cuarta vez, Rengoku no daba con la técnica para llevarlo a la pequeña vasija de madera.
—Déjame intentarlo —Kanae le extendió los restos de dangos y se agachó junto a él, asombrado, la observaba llevarse todos los peces, tanto así que el señor del puesto tuvo que decirle lo más amable que pudo que se retiraran o si no se quedaría sin ganancias.
Con una bolsa llena de los coloridos animales nadando felizmente, la mirada del muchacho no se despegaba de ella.
—Estos peces son muy bonitos —anunció ella, acercando el objeto a su rostro, como si los contemplara —,lástima que no podré cuidarlos…¿Los quieres? —Él asintió con la cabeza repetidas veces.
—Bien…pero tendrás que hacer algo por mí —Se colocó a unos pasos frente a él, viéndolo fijamente a sus orbes color miel —,cierra los ojos... —El chico no dejaba de llevarse sorpresas con la azabache, al principió dudó, pero estaba seguro que esos peces serían un excelente "compañero" para su solitario hermanito (Al ser silenciosos su padre jamás se daría cuenta)
Tirándose al abismo de lo desconocido, éste acató la orden, no pasó mucho tiempo al sentir como los delicados dedos pasaban por su rostro, bajando hasta su cuello y pecho, con una lentitud tortuosa sin contar los cosquilleos al pasar por ciertas zonas.
Escuchó la risa burlona y en cierto modo coqueta de la chica, duró unos segundos más hasta que el frágil contacto se esfumó, la curiosidad y la inquietud lo obligaron a abrir sus ojos. La figura de la pilar había desaparecido, ¿Qué había pasado?
Algo no estaba bien en él, se sentía...ligero. Miró sus ropas y se sorprendió al no distinguir su espada y la capa.
Con una sonrisa de desconcierto, miró a todos sitios en busca de un indicio para continuar el atrevido juego de Kanae, signo que encontró y no lo pensó dos veces para ir en busca de sus pertenencia en caminata rápida.
—Nunca me imaginé que jugaras sucio —Le reprochó mientras se colocaba su capa con cuidado de no hacer movimientos bruscos.
—Yo no hice trampa … —Le respondió, obteniendo una mirada de incredulidad de su compañero —,nunca acordamos reglas —Sonrió, extendiéndole la bolsa con los peces —.Felicidades, ganador.
Rengoku tomó los peces, pero su aura victoriosa no solo se debía al singular recuerdo para su hermano, desde el día de aquella conversación la caja de sus pensamientos había sido abierta y le era imposible cerrarla.
El cazador siempre habría priorizado sus deberes con la organización, estaba orgulloso de todos sus logros y de su puesto como pilar, pero seguía siendo humano, un muchacho joven que había tenido la desgracia de crecer sin amor maternal.
Sin las caricias de una mujer, la soledad que tanto se esforzaba en ignorar había tomado fuerzas, principalmente, por la dulce presencia de Kocho. Era estúpido, se estaba engañando a sí mismo con su inocente compañera, pero no podía evitarlo, al menos, disfrutaría de la amabilidad de ella hasta que la amarga verdad lo golpeara, diciéndole que solo era una simple amistad que estaban comenzando a forjar.
—Con este kimono se ve hermosa —anunció la emocionada mujer, colocándose al lado del enorme espejo para que Kanae observara el kimono morado con detalles blancos y rosados, acompañado de un peinado recogido que daba un aire refinado.
Sus ojos lilas iban de arriba a abajo, viendo con detenimiento cada detalle de su atuendo, le dirigió una mirada a su acompañante, el cual la miraba fijamente.
—¿Me queda bien?
—….
—¿Rengoku? —preguntó, ladeando un poco su cabeza, fue entonces cuando el mencionado salió de su mundo, pero no sabía qué responder.
—Claro que le queda bien señorita, su cara lo demuestra —Se burló la anciana al ver la actitud del joven, retirándose para evitar cualquier conflicto con su cliente.
Kanae soltó una ligera risa, mientras, el rubio ladeó su mirada, apenado.
—Me probaré otro… —Se dio media vuelta, dispuesta a regresar al probador.
—Con cualquier kimono te ves igual de hermosa —expresó al fin, sin hacer contacto visual.
Ella sonrió —¿Lo dices en serio o solo porque te aburre seguir sentado sin hacer nada?
Un gesto de incomodidad fue la respuesta, la azabache lo miró divertida—Es una lástima… —manifestó, pasando sus dedos por la fina tela.
—¿Lo quieres?
—¿Eh?
—Perdón, sé que es una pregunta estúpida —Se excusó —,no te preocupes por el dinero…
—De verdad, n-no tienes que hacer esto…
—¡Insisto! —exclamó, empujándola con suavidad mientras le entregaba el dinero a la encargada, ésta los despidió con amabilidad, pero Kanae fue la única que salió de la tienda.
Confusa, observaba al rubio acercarse con algo entre manos, ya cuando la cercanía entre sus rostros era incómoda se decidió por formular palabras que nunca fueron pronunciadas.
Sintió como éste acomodaba algo entre sus cabellos, un fino adorno de una mariposa que lucía con su nuevo traje.
—Así estás mejor —sentenció con una sonrisa, haciendo contraste con la sorpresa que marcaba el rostro de la chica.
—Gracias… —Le susurró, pasando sus dedos por el broche hasta reconocer la figura —,pero yo no te puedo dar nada.
—Ya lo hiciste, ¿recuerdas? —Alzó la bolsa con los peces, una tierna sonrisa adornó el rostro de ambos antes de volver a iniciar el recorrido por el animado festival.
Luego de aquella escena, el rubio acompañó a la chica a escoger los recuerdos, unos accesorios para el cabello habían sido la compra de la contenta hermana mayor que los guardaba en una bolsa mediana.
—¿Podemos quedarnos un rato más? —Le dijo, pregunta que impresionó a su oyente. —¡Por supuesto! ¿Por qué me preguntas como si fuera tu padre?
Ante eso, Kanae se sonrojó, aquello le había salido sin querer y la creciente vergüenza le daba la razón al cazador.
—S-sí, es verdad Rengoku, lo lamento, tú y yo solo somos comp...
—¿Amigos? —abordó, expectante por la respuesta de la azabache, la cual se había quedado en blanco por unos segundos ¿ahora él y ella eran amigos? ¿En tan poco tiempo? Llevarse bien con el rubio era muy fácil, pero de aquí a considerarlo "amigo" era un paso considerable para ella.
Kanae pensó lo que conllevaría ese título, cualquiera diría que lo estaba pesando demasiado, pero ella era el tipo de persona que tomaba muy en serio a sus amistades, aunque por ahora no tuviera ninguna aparte de sus hermanas.
—Así es...amigos —acordó, para luego adentrarse en el tumulto de personas, en busca del sitio perfecto para detallar los coloridos fuegos artificiales.
Tener a alguien fuera de su circulo familiar no le vendría mal, ese fue el motivo por el cual la chica había colocado la medalla imaginaria de "Primer amigo cazador" en el pecho del joven.
Rengoku no podía evitar sentir una extraño alivio recorrer su cuerpo, aunque cierto disgusto se hacía notar algunas veces, pero debía centrarse en el presente y no perder la figura de la cazadora en medio de tanta gente.
Con cuidado de no ser brusco, se hacía cabida en su difícil caminata hasta la figura de la azabache, pero la estrechez y los mareos terminó por doblegarlo.
—¡Rengoku! —chilló ésta mientras se agachaba a su altura, el mencionado, que se hallaba de rodillas en el suelo uso todas sus fuerzas para conectar sus orbes dorados con los lilas, luceros que lo miraban con genuina preocupación.
—¿Te sientes bien? —Pregunto, mientras usaba el borde de su manga para quitar el sudor por toda su cara —¡No, claro que no estás bien! —Se respondió a si mima, presa de los nervios, gesto que lo hizo sonreír por un acto tan bobo.
—Lo lamento, sino hubiera insistido en venir aquí… —Se lamentó, mientras posaba el brazo por encima de su hombro, con la ayuda de otro hombre que hacía lo mismo del otro lado.
Alarmada, Kocho veía de reojo las manchas de sangre en el uniforme de su compañero, sus heridas habían vuelto a abrirse y necesitaba atenderlo de inmediato.
Pero aún en esa situación tan crítica, una sonrisa amable se dibujo en el rostro del pilar.
—Soy yo el que lo lamenta… —decía con dificultad, en apenas un audible hilo de voz en medio de tanta gente —,por mi culpa...no podrás disfrutar de los fuegos artificiales…
La joven abrió sus ojos de la sorpresa, ¿qué tan considerado puede ser que hasta roza con el lado de la estupidez? Pero la respuesta quedo en su mente, ya que el cazador había quedado inconsciente, aumentando el sobresalto de la amante de las flores.
Colocó los utensilios a un lado, teniendo todo a la mano en caso de algún imprevisto, la dulce Kanae observaba el cielo ser iluminado de diferentes colores desde la ventana, pero más que sentir dicha, se sentía preocupada por el varón que dormía a pesar del potente estallido de los fuegos artificiales.
De verdad ¿qué tan considerado puede ser?
Tragarse todo el dolor por el capricho infantil de su compañera no era normal, no obstante, ésta se sentía culpable por sentir gratitud ante ese gesto suicida.
El mensajero de plumaje oscuro la observaba, mientras ésta le ataba un papel en ambas patas.
—Lleva este a la sede, y el último es para Shinobu…
Lo vio tomar vuelo, al igual que sus pensamientos que divagaban en diferentes cosas a la vez, pero por ahora, lo más importante era la salud de su nuevo amigo, con eso en mente, Kocho se sentó al lado de la puerta en caso de alguna emergencia.
Fue cuestión de minutos para que ésta acabara en un profundo sueño, resultado de un día lleno de sentimientos y experiencias nuevas…
¡Hellooo! lamento la demora seguidores, espero que les haya gustado el capítulo :) ¿me creerían que he estado esperando MESES anhelando esta parte? Es por eso que me centré tanto en ellos y no hubo mucho avance en la "trama" pero ya para el siguiente todo volverá a la normalidad :v
Me despido y nuevamente, gracias a todos ustedes por su apoyo, de verdad, cada review me anima a continuar nwn
¡Hasta la próxima!
