~Fase 09~

Altibajos


Aquella mañana avanzaba con tranquilidad, hasta que el cuervo se posó en el marco de la ventana, haciendo que una azabache se inquietara y con suma rapidez abriera la nota, leyendo con cuidado cada palabra, liberó todo su miedo con un suspiro de alivio, su hermana estaba bien.

Pero Rengoku era otro cuento, eso le causó escalofríos.

No obstante, le quedó el consuelo de que eran heridas menores, cuestión de unos días de retraso para regresar a su hogar.

—Que buenas noticias —soltó con alivio

—¿Cuáles? —Se escuchó tras de sí.

—¡Todavía estás aquí? —Reprendió a un somñoliento azabache — ¡Esto no es un hotel!

—Pero todavía no me he recuperado…

—¡Entonces vuelve a dormir!

Presurosa salió de la habitación, llamando a las pequeñas en el camino las cuales no tardaron en andar tras de sí.

—Niñas, Kanae dentro de poco regresará

La noticia alegró a las tres menores que se miraron emocionadas

—Y es mejor estar preparadas para su llegada —Sonrió con una pizca de picardía que las inocentes no percataron —,yo haré la parte fuerte, pero necesito que me ayuden en unos pequeños detalles...


Despierta...

—¿Rengoku?...

—¿Te quieres perder el almuerzo?

El varón abrió los ojos.

Giró su rostro a la izquierda, la azabache le dedicó una dulce sonrisa antes de sentir su mano recorrer su rostro, los intensos rayos de sol que se colaban por la ventana le decían que era cerca del mediodía, tenía muchas dudas en su mente, y mucho dolor en su cuerpo, un extraño equilibrio.

—¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? —Miró a su alrededor, confuso, aquel sitio no le sonaba en nada.

—Unos señores se ofrecieron a ayudarnos…

—Oh, muy amables de su parte —Sonrió —¡Deberíamos irnos entonces! —Trató de levantarse, pero el dolor en su torso no se lo dejaría fácil. Luego de muchos intentos (y hacer oídos sordos a las súplicas de su compañera) logró sentarse sobre el futón, su cuerpo había comenzado a transpirar por el esfuerzo.

—Ten, debes tener mucha sed —La chica le ofreció un vaso con agua, éste ingirió el vital líquido sin mucha prisa.

—No demasiada, no llevo mucho tiempo dormido

—...¿Cómo sabes eso?

—Porque llevas puesto el adorno en tu cabello —Lo señaló —,se ve bien incluso con tu uniforme

De inmediato llevó sus manos al broche, sonrojada, esbozó una sonrisa tímida, pero el momento no duró mucho, Kyojuro dejó el tazón a un lado y la miró con seriedad.

—No vamos a abusar de la amabilidad de estas personas, debemos ir a la posada de cazadores

—Lo sé, pero no podemos, la más cercana queda a un día de camino y en tu condición es imposible

—Debemos intentarlo

—¡NO!

—… —El hombre quedó pasmado, nunca había escuchado a Kanae negarse con tanto ímpetu

—Lo siento, pero quiero decir que es muy arriesgado, tu herida se puede abrir en cualquier momento, si ocurriera en mitad del camino sería espantoso.

En efecto, tenía razón, ni siquiera el rubio podía creer que las vendas serían suficientes; apenas y podían mantener la herida cerrada estando en reposo

—Lo sé… —Susurró —¡Pero insisto en que debería ir!

— ¿De-deberías?

El joven asintió —No voy a permitir que sigas perdiendo el tiempo por mi culpa, Shinobu y tus hermanas te esperan, vete sin mí

La tensión se sembró en el ambiente, la mujer simplemente no podía creer lo que escuchaba ¿Dejarlo así como si nada? Ni siquiera lo haría con un perro, mucho menos con su nuevo amigo.

—Hablaremos después del almuerzo, el hambre te pudo afectar el cerebro —Sin dar tiempo para quejas, salió rápido de la habitación y con la ayuda de la señora de la casa le sirvió los platillos

Un almuerzo incómodo y después la cazadora se desapareció por unas horas, tiempo en el cual Rengoku pensaba en lo ocurrido el día de ayer, la sensación extraña en su pecho y la inconformidad que le causaba al recordar su título como "amigo" de la dulce pilar.

«Es algo serio, la comida no pudo solucionarlo» Reflexionó con pesar


Me tomé la libertad de enviar un mensaje a tu familia, les dije que tenías unas heridas pero que no era cosa seria, espero no haber echo algo malo —Le notificó sin dejar su labor.

No dijo nada, muy extraño en él, pero cuando su vista se fijó en algo en particular la chica llevo su dedo a sus labios para evitar quejas.

—Las vendas por sí solas no ayudarán, si vamos a hacer el viaje no vamos a correr más riesgos —Decía, mientras rodeaba el torso del varón con las cintas —Esto aguantará,lo presiento.

—Por mi culpa estás desperdiciando el kimono que te compré, lo lamento

Ella negó —No te preocupes, kimonos hay muchos, pero Rengoku Kyojuro solo hay uno —Le sonrió, haciendo que el mencionado sintiera una dosis de alegría recorrer su cuerpo.

—Kanae...no tienes que hacer tanto por mí

—Y no lo haría sino fueras tan testarudo y me hicieras caso en quedarnos aquí, cielos, en esto Sanemi y tú son iguales —Bufó.

El rubio soltó una risa nerviosa, ahora que lo mencionaba, estaba curioso de su relación con el albino, pero a juzgar por la situación tuvo que tragarse sus preguntas.

Y así, el célebre día llegó, ambos hicieron una reverencia a la pareja de ancianos que veía con preocupación al varón caminar con cierta dificultad


—¡Caw, la pilar de las flores está varada; el pilar de la flama está herido! —exclamó el mensajero desde las alturas.

Observando el paisaje alrededor del pueblo, su postura se relajó, no había podido dormir bien pensando en Kanae, dispuesto a salir en su búsqueda sino tenía noticias de ella.

Mientras estaba en su mundo de pensamientos, el tembloroso cuervo arriesgaba su vida al posarse con sumo cuidado en su hombro, indeciso si abrir el pico o no, se sorprendió cuando su dueño le extendió un poco de alimento.

—¿Vas a comer o no? —Le recriminó, el animal en seguida le hizo caso, en eso, el cazador se levantó del filo de la madera y comenzó una misteriosa caminata, el plumífero se abstuvo de hacer preguntas y simplemente saboreó su bocado.


—Bienve… —La señora no pudo terminar debido a la sorpresa, uno de los cazadores llevaba una mano en su costado, la sangre se había esparcido por su uniforme, mientras que su compañera lo miraba con cara de "Te lo dije"

De inmediato unos ayudantes llevaron a Kyojuro a una de las habitaciones, dejando a Kanae atrás con una sensación de Deja vú, esta vez podría darse un descanso ya que otros doctores se encargarían de él.

Se sentó al lado de una ventana, observando la oscuridad de la noche y el viento gélido rodearla, sensación que gradualmente la llevaba a un estado de relajación, sentía sus párpados caer lentamente, la idea de tener una siesta era tentadora…

Pero una repentina idea la hizo volver a la realidad, decidida, se levantó, adentrándose por uno de los pasillos del lugar.

Soltó un suspiro de alivio cuando el médico se retiró, observó sus vendas nuevas y se recostó, dejándose llevar por sus pensamientos mientras miraba el techo, extrañamente, el deseo de ver a Kanae ardía en su pecho, no había dejado de pensar en ella desde que se separaron.

El olor a comida hizo que su estómago rugiera, hizo una mueca, tenía estrictamente prohibido levantarse, pero de no ser así moriría de hambre, una encrucijada que duró varios tortuosos minutos.

Escuchó los pasos dirigirse hacia su habitación, pero lo que le sorprendió fue ver a la azabache entrar con una enorme bandeja de comida, no obstante, la ropa de cocinera no le quedaba mal, una faceta más que agradaba a la vista del joven Rengoku.

—Antes de comer, te tengo una mala noticia… —Dijo ésta, colocando la bandeja a un lado —Se murieron tus peces —informó con pesar.

—Oh...¡Nada que una buena cena no pueda solucionar! —La chica sonrió, esa actitud tan infantil era base para su absurdo optimismo, dicho esto, éste agarró los palillos, y luego de dar las gracias probó el primer bocado.

—¡Sabroso!

La contrario soltó un suspiro de alivio, llamando la atención de su compañero —Me alegra ver que mi esfuerzo valió la pena —manifestó con alegría, por su parte el varón dejó de masticar por la sorpresa.

¿Esfuerzo?

¿Estos manjares fueron hechos por las delicadas manos de Kanae?

—¿Tú hiciste todo esto? —Ella asintió, demostrando ser una hermosa caja de sorpresas.

—¡Increíble! —exclamó, pero pareció no haberle afectado a a la azabache, teniendo un semblante serio.

—Yo...pensé en lo que dijiste ayer, me adelantaré, le informaré a la asociación de nuestro éxito y regresaré a mi residencia.

Una tristeza envolvió al contrario, pero todo lo ocultó tras la fachada de una sonrisa —Está bien, tus hermanas ya deben extrañarte...¿Cuándo te irás?

—Mañana temprano—Soltarle aquella información le dolía en el pecho, sus palabras eran forzadas

—Bien —expresó resignado, esa mala noticia no le hacía bien a su digestión —,saluda a Shinobu y a las niñas de mi parte

—Lo haré —Se levantó de su sitio, extendió su mano para recoger la bandeja pero su acción fue interrumpida por la mano de Kyojuro sobre su muñeca.

—¿Pu-puedo abrazarte? —La de orbes violetas lo observó con desconcierto —,un abrazo... de amigos —Se explicó, en un intento por calmar sus dudas, ella asintió.

La fuerza con la que había sido jalada no le dio tiempo de reaccionar hasta que terminó en el pecho del rubio, seguido de un fuerte agarre por parte del cazador.

¿Los abrazos entre amigos eran así de bruscos? No.

Definitivamente no.

Acción que había hecho exclusivamente por sus nervios, temeroso de haber lastimado a la azabache, pero feliz de tenerla tan cerca, se permitió estar así el mayor tiempo posible antes de que la incomodidad afectara a la contraria.

Kanae no se quedaba atrás, posó sus delicadas manos en la espalda del varón, cerrando sus ojos, concentrándose en el momento, en la calidez de su compañero, una ocasión única y especial…

...Que fue interrumpido por una sirvienta, parada en el umbral de la puerta, carraspeó su garganta llamando la atención de los pilares.

Sin más opción que separarse, un rápido e incómodo intercambio de palabras y la joven se retiró de la habitación.

Dejando solo al enérgico cazador que le deseaba lo mejor, a pesar de la soledad a la que ahora se enfrentaría.


Aquella mañana Kocho miró hacia atrás, el sol estaba exponiendo sus primeros rayos, preguntándose si él estaría bien, si ya se abría despertado y la observaba desde una ventana, pero el cantar de un pájaro la distrajo de ese pensamiento.

Sin más, inició su caminata de vuelta hacia su hogar, con un sentimiento desagradable en su pecho como acompañante.


La emoción la invadió al ver su figura en la distancia, se dirigió rápido al baño para arreglarse antes de salir corriendo hacia la puerta de entrada —Bienvenida hermana —Shinobu mantenía una sonrisa calmada, acompañándola hacia el interior de la residencia, donde unas tres niñas se abalanzaron en un fuerte abrazo hacia su hermana mayor.

Luego de saludarla se fueron a ayudar en sus quehaceres, mientras, las dos azabaches caminaron hasta la habitación de la pilar, en el camino, la menor le preguntaba por la misión y demás detalles, entablando así su primera conversación en días.

—¿Y...dónde ésta el pilar de la flama? —En su voz se sentía la decepción al no verlo junto a Kanae, pero ésta estaba tan ensimismada en su propio mundo que no lo notó.

—Lo dejé en el camino… —Eso sonó mal, explícate —, lo dejé en la posada, está herido y lo que más necesita ahora es reposo

Shinobu frunció el ceño, extrañada por lo dicho —¿Por qué no lo trajiste aquí?

—Ésta muy lejos, además, las heridas no son tan graves, como te dije antes lo que más necesita es un buen descanso, por eso opté por adelantarme.

—Qué lástima —Manifestó, más para sí, posando una mano en su mejilla —, aquí estaría mejor, los cuidados serían mejores que antes estar solo en un sitio rodeado de desconocidos…

La mayor hizo una mueca, pero decidió no decir nada, curiosa por la insistencia de la contraria.

El resto del camino fue silencioso, la menor había hecho un leve puchero ante esa desagradable noticia, pero aquel disgusto no le duró mucho, pues el temor iba ocupando ese lugar.

—Que descanses —Le dijo, dando media vuelta para irse de allí.

—No te vayas —Un escalofrío subió por su columna, luchando por mantener su sonrisa —¿Por qué estás tensa? Quisiera hablar contigo sobre al.. —Sus palabras quedaron en el aire, al deslizar la puerta observó dos futones en medio de su habitación.

—...Hermana… —Frunció el ceño, observando a la mencionada que daba media vuelta lentamente hacia ella —¿Por qué colocaste otro futón en mi cuarto...y porqué está al lado del mío?

—¡Muy fácil! —indicó, con la sonrisa más falsa que había hecho en toda su vida —, como te extrañé tanto quisiera que durmiéramos juntas a partir de ahora

—¿Entonces por qué aquí dice "K.R"? —Señaló la almohada donde estaban las iniciales, desatando un grito interno en la menor que ladeó su cabeza —Ara...parece que las niñas se equivocaron, ahí debería ser "S.K"

—¿Por qué hay una flama dibujaba en un extremo?

—Por que me gusta el fuego.

—¿Desde cuándo? —Se cruzó de brazos

—Desde hace cinco segundos.

—¿Es por esto que me preguntabas tanto por Kyojuro? —Elevó una ceja, Kanae no era tan estúpida como aparentaba.

La sonrisa de Shinobu se ensanchó.

—Y te recuerdo que tenemos una conversación pendiente, sin contar el hecho de que el pobre Tomioka cayó en una de tus trampas —Su tono comenzó a ser dominante.

—Ara, ara…

Muchas veces los planes no salen tan bien como uno desearía, y en el caso de la de ojos amatista una mala jugada le saldría cara...