~ Fase 13 ~
Desilusión
El sol brillaba anunciando un nuevo día, en la residencia las muchachas no tardaron en iniciar su tareas habituales.
Siendo la mayor la única que permanecía en su habitación; apreciando la paz que le brindaba la soledad y detallando las hermosas flores; su fragancia, los colores, cada pequeño detalle deleitaba su vista
Pensó en Rengoku; su compañero, recién ascendido al escalón de "amigo" todos los recuerdos que había acumulado a su lado, la calidez de sus palabras y la amabilidad de sus gestos era algo que no había conseguido en otra persona.
Sus ojos brillantes como el amanecer, destellantes y tan llenos de vida era un detalle que se sorprendió de no haber notado antes de no ser por su reciente cercanía
La repentina alegría de su corazón se ensombreció por la confusión ¿Qué es este choque de emociones? Pensó
Llevó una mano a su pecho; atenta si se trataba de alguna enfermedad, algo se asomaba en su mente, pero era demasiado escurridizo para alcanzarlo, tan distante para identificarlo.
Negó con su cabeza para disipar su embrollo de pensamientos, se levantó de allí dispuesta a comenzar sus labores y disfrutar de un pacífico día.
Se dirigió a la cocina con la intención de prepararse algo liviano para desayunar antes de encerrarse en su estudio junto a sus montañas de libros.
Notó la cabellera oscura de su hermana, la cual saludó con una sonrisa y le ayudó a preparar su té.
—¿Qué tienes? —irrumpió sin dejar su labor —,te noto algo distraída…
"Más de lo habitual" Dijo para sus adentros.
—No lo entiendo —soltó, llamando la atención de la menor que se giró para verla—¿Por qué dijiste que las flores eran de parte de Tomioka?
Shinobu dio un paso hacia atrás, sorprendida, luego expresó:
—¿Yo? Si fue él mismo que se atrevió a mentirles —anunció refiriéndose también al albino rabioso —,yo dejé que jugara un poco.
Kanae hizo una mueca en desaprobación a lo que escuchaba, nunca entendería el aspereza de su hermana en contra del otro azabache
—Estoy segura que a Sanemi no le gustó para nada… —manifestó sirviéndose un poco del té.
—No te preocupes —declaró la otra —.Él odia hasta el aire que lo mantiene vivo—Tomo un sorbo mientras su hermana la miraba mal por el comentario.
Se apresuró a salir de la cocina al percatarse que no era el momento para conversar con Shinobu, al deslizar la puerta de su estudio observó su mensajero plumífero entrar por unas de las ventanas
Resignada se sentó en el escritorio y el animal se acercó a ella, masajeando su sien mientras tomaba la pequeña nota imaginando lo peor.
Se trataba de una reunión urgente; todos los pilares debían presentarse.
Suspiró, se echó hacia atrás mientras su mente divagaba en motivos; ninguno bueno si se requería la presencia de la élite de cazadores.
La de puntas moradas se acercó a la enfermería, molesta por haber sido interrumpida en su hora libre.
Deslizó la puerta encontrándose con el azabache de mirada inexpresiva del cual le habían informado sobre su repentina llegada; él miraba un punto inexistente en la pared.
Ni siquiera se movió cuando la fémina se sentó a escasos centímetros e hizo rechinar la silla a propósito.
—La que te va a curar seré yo y no la pared —Le comunicó, sosteniendo sus manos temblorosas de la ira
—Lo sé.
La joven arqueó una ceja, mientras sacaba el botiquín y lo colocaba en una mesa cercana.
—Ya veo, ¿qué le pasó a tu mejilla? —En efecto, el muchacho estaba en esa posición mostrando el moretón en su mejilla derecha.
—Sanemi… —Dijo por lo bajo mirándola de reojo, la joven detuvo su mano en el aire junto al algodón que sostenía para tratar la herida —...Vaya, parece que le debo un gracias —sonrió, Tomioka bufó sin ánimos de irritar a su curandera.
—¿Y bien? —preguntó, —¿Le dijiste la verdad o sigues con tu título de novio ficticio de mi hermana?
El chico frunció el ceño; ya sea por el ungüento haciendo efecto o por el comentario sarcástico de la contraria, prefirió quedarse callado, observando la ventana mientras sus pies se movían en una evidente señal de inquietud.
—¿Por qué el apuro? Normalmente te quedarías quieto...como un muerto —susurró lo último cruzándose de brazos, le parecía raro verlo en otro estado que no fuese la depresión.
Pero la respuesta nunca llegaría a sus oídos; una de las niñas entró en la habitación para darle un mensaje a la azabache, ésta se retiró sin siquiera despedirse del pilar, después de todo, su trabajo ya estaba hecho.
El cazador tampoco soltó palabra alguna, simplemente tomó sus cosas y se retiró de la enfermería; una reunión importante le esperaba.
Kanae saludaba a todos los compañeros que conseguía en el camino, caminaba despacio, observando los alrededores de la enorme sede distrayéndose por cualquier nimiedad.
Se alegró de estar al aire libre; necesitaba distraerse del lío que había dentro de sí misma, no supo cuanto estuvo sumergida en esa paz hasta que ésta se "tambaleó" al percibir la peculiar cabellera rubia.
El otro pilar se hallaba en la distancia, hablando ¿o gritando? Como sea, Rengoku siempre alza la voz a los cuatro vientos, para bien o para mal. El punto es que los orbes rosados quedaron ensimismados en su figura por unos segundos.
Instintivamente la mujer llevó una mano a su pecho, apartando su mirada antes de que la extraña sensación se saliera de su control
Justo a tiempo cuando cierto albino la sorprendió; parado a su lado
¿Desde cuándo? Nunca lo supo.
Sanemi se mostraba raro; nunca había visto que el varón portara un semblante serio por más de diez segundos, ése no se veía ni amargado ni furioso, más bien… ¿Nervioso?
Negó con la cabeza ante tal pensamiento, algo muy estúpido considerando los años que llevaba conociéndolo.
Lo saludó y ambos comenzaron su caminata hacia la residencia, todos los pilares se hallaban allí, hablando en pequeños grupos pero uno cerca del otro.
No lo vio venir.
Jamás imaginaría aquello de parte del albino que ahora la sostenía de la mano….frente a todos.
Kanae lo miraba, pasmada por la sensación cálida en su mano mientras el chico volteó su mirada y decía cualquier cosa para fingir sus nervios
El acto no pasó desapercibido por los demás, los comentarios del cazador más ruidoso, osea, Uzui, no tardaron en llegar a los oídos de todos.
—¿Estás enfermo? —cuestionó la azabache, haciendo que el chico la mirara molesto.
—¡No lo estoy! Pero ya es hora que todos lo sepan —manifestó, dando el toque final a la sorpresa que terminó por consumir a la joven.
El carmín asomándose por sus mejillas lo hacía ver tierno, la azabache no sabía qué decir o qué hacer ahora que era el centro de atención de sus compañeros.
El chico siempre le recalcaba que debían mantener su relación en secreto, misma propuesta que nunca le agradó pero que acabó por aceptarla por amor.
¿Por qué este cambio tan repentino?
La pilar daba vueltas en su cabeza en busca de alguna respuesta; misma que se le presentó en forma de cierto azabache que los miraba desde la distancia.
Suspiró, imaginar que su pareja caería en las artimañas de… ¿Tomioka? ¿Shinobu?….¿Ambos? Como sea, no sabría cómo pero debía explicarle que todo fue un malentendido.
¿O no?
Podría dejar las cosas así; ahora el albino se comportaría como el novio que siempre quiso tener, pero al costo de mantener a flote una mentira.
No muy lejos de allí, Kyojuro sonreía; la sonrisa más difícil que pudo formar mientras el dolor en su pecho le consumía.
Observar aquellos dos tomados de la mano lo había tomado por sorpresa, se sentía un estúpido por quedarse ahí, mirando fijamente mientras se desmoronaba por dentro.
Había sido un idiota por no hacer caso a los rumores, por no darles el debido crédito y sospechar de la presunta relación entre su querida Kanae y Sanemi, misma unión que ahora se le presentaba como una patada en la cara.
El dolor de la desilusión acabó por llevarlo a un rincón a parte de la sede; al menos aguantaría lo suficiente para escuchar sea cual sea el tema de la reunión y luego de desahogar su pena por el camino
Pero su depresivo plan se esfumó al sentir unos pasos a sus espaldas, al girar su rostro se encontró con la joven de largos cabellos.
¿Qué hacía allí?
¿Acaso quería seguir desangrando su corazón?
La paz que transmitía su mirada era única, sus labios rosados y suave sonrisa que lo aisló de su alrededor, acaparando toda su atención en su delicada figura que poco a poco iba cortando distancia.
Su largo cabello negro y liso se movía con elegancia a cada paso que daba hacia el varón que hacía esfuerzos sobrehumanos por no caer en el foso del desencanto.
La azabache cerraba la puerta que daba al estudio de su hermana, recorrió todos y cada uno de los pasillos de su extensa residencia en una búsqueda que no dio frutos, cansada, le preguntó a la primera niña que se encontró por el lugar:
—¿Sabes dónde está Kanae?
—¿No sabes que ella fue a una reunión?
Shinobu enmudeció mientras un sudor frío bajaba por su frente —¿Re-reunión? ¿Cuál reunión?
La niña la miró sorprendida, Shinobu siempre era la primera en saber dónde y cuándo estaba o estaría la mayor.
—Tuvo que asistir a una reunión de pilares...¿Te sientes bien? ¿Por qué estás pálida?
—¡Espera! —Lo tomó de la mano, el herido chico no podía verla a la cara; no se sentía con fuerzas suficientes para hablarle sin derramar lágrimas
Pero por más esfuerzos que hiciera para retirarse la pilar no lo soltaba; no quería ser brusco con ella, pero tampoco podía permanecer allí un segundo más.
Había tomado la decisión de alejarse.
Respetar su relación.
No obstante, Kanae lo sujetaba con fuerza y lo jalaba hacia él, no logrando entender el extraño comportamiento del otro.
—¿Por qué estás así? —Le cuestionó —¡No tiene sentido que te alejes luego de enviarme ese hermoso ramo de flores!
Rengoku dejó de resistirse al escuchar esas palabras, Kocho continuó.
—Quería agradecerte personalmente por ese detalle —anunció sin soltarle el brazo —,no sé cómo pero adivinaste cuales eran mis flores favoritas —Sonrió, gesto que el varón nunca observó —.Gracias Kyojuro, nadie me había hecho un gesto tan hermoso...
El rubio permaneció allí, inmóvil, respiró hondo para tomar fuerzas y mirarla a los ojos, desconcertado, en medio del silencioso pasillo, respondió:
—¿Cuáles flores?
