Ranma 1/2, y sus personajes son una creación de Rumiko Takahashi.
El siguiente relato no tiene fines de lucro; solo busca dar un momento entretenido a los apreciados fans de Ranma 1/2.
El presente relato fue dedicado a una persona que aprecio mucho, y esta fue la manera de agradecerle sus consideraciones por compartir mis relatos en el fandom. Gracias Lily. El relato original fue publicado el 20 de Enero de 2021 en el grupo de Facebook "Fans Ranma 1/2".
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Invierno
La nevada de la noche anterior cubrió toda Nerima de blanco, pero no fue suficiente para que suspendieran las clases, fue lo que se informó a través de la radio. El frío había levantado a Soun, el patriarca Tendo, quien había llegado a la sala encendiendo el aparato, para luego meterse en el abrigador kotatsu, mientras su hija mayor Kasumi ya estaba preparando el desayuno.
Akane, la menor de la dinastía Tendo se levantó enseguida con la alarma del despertador. Tras incorporarse sintió el frío recorrer su cuerpo. Calzó sus pantuflas, de dirigió a la ventana y se emocionó al ver la capa de nieve en su jardín. Ese día pospondría su habitual salida a trotar, por lo se dio tiempo para disfrutar la vista.
–¡El desayuno está listo! –avisó Kasumi a viva voz desde el pie de las escaleras.
Akane terminaba de alistarse, pero sabía que la intención de su hermana era que ella pasara al cuarto de Ranma para que el flojo de su prometido se apresurara. Saliendo de su cuarto, vio en el pasillo a Genma, el padre de Ranma en su forma maldita de panda bostezando. Por muy flojo que sea el viejo Saotome, no se pierde ni una comida, mientras sea gratis.
–¡Ranma! –alzó la voz Akane frente a la puerta corrediza del cuarto del chico que comparte con su padre. Siendo sincera con ella misma no esperaba que le respondiera así que no le quedaba otra más que entrar –¡RANMA! –el pobre chico que estaba arrebujado en su manta sobre su futón se levantó de inmediato con el grito.
El joven de la trenza se desperezó con un largo bostezo, la manta dejó de cubrirlo y sintió la mordida del frío –¡Está helando! –tomó de nuevo con que taparse para hacerse un ovillo.
–¡Es tarde! –en realidad no lo era, pero el engaño valía la pena si Akane tuviera oportunidad de disfrutar la vista de las calles cubiertas con nieve –Tu padre se acabará la comida –el chico de inmediato se incorporó e iba a salir cuando una mirada ceñuda lo detuvo en la puerta –¡Vístete antes de bajar! –señaló la chica del cabello corto hacia la silla donde estaba la ropa de Ranma –No olvides abrigarte –cerró la mampara en la punta de sus narices.
Luego de un caótico convivió en la mesa, los jóvenes tomaron sus mochilas, se calzaron en el genkan y salieron de la casa para ir al Instituto Furinkan.
…
–¡Demonios qué frío hace!
Ranma venía quejándose de la situación. Según él las autoridades estaban locas al hacerlos ir a la escuela, cuando deberían estar en casa debajo de las mantas. Akane por su parte veía maravillada la capa blanca por toda la ciudad.
–¡No sé por qué estás tan tranquila! ¿Qué no tienes frío? –reclamaba el chico a su prometida
–Me parece extraño. Tanto tiempo viviendo como nómada con tu padre. Pensé que estarías acostumbrado –una risilla escapaba de ella por lo bajo.
–Bueno, sí. Pero el viejo, cuando venían las nevadas buscaba quien le diera refugio. No es tan tonto. Y yo no tenía que ir a la escuela. –resignado metía las manos en los bolsillos de su abrigo y se encogía de hombros tratando de cubrir su rostro con la bufanda.
–Siempre me ha gustado la nieve. Es muy linda. –Akane soltó la mano izquierda de su maletín y enganchó su brazo con el de Ranma, para juntarse a él –Si tanto frío tienes, yo puedo ayudarte. –la chica le sonrió a Ranma. Al ver su sonrisa su corazón se llenó de una gran calidez. Por primera vez en su vida, Ranma veía el lado bueno de los días fríos.
Frente a ellos estaba un pequeño montículo de nieve, sin poder rodearlo pasaron sobre él, pero las zapatillas chinas de Ranma, al ser de lona, se empaparon
–¡Maldición! –exclamó molesto, soltándose de Akane.
–Esos zapatos, no son buena idea para un clima como este. Y ni siquiera te pusiste calcetas.
–¡No tengo otros! –ofendido por el obvio comentario de la chica, hizo uso de su zancada más larga para adelantarse, dejándola apenada al darse cuenta de sus palabras.
…
Al terminar la jornada escolar, Akane guardó sus útiles rápidamente y se encaminó a la salida sin esperar a Ranma a quien ya se le había pasado la molestia
–¡Debo hacer un encargo! ¡Nos vemos luego! –le dijo a lo lejos a Ranma. Solo y volviendo a pasar por la húmeda nieve regresó al dojo Tendo
En casa, Ranma se quitó las zapatillas y las llevó detrás del refrigerador para tratar de secarlas con el radiador.
–¡No las vayas a olvidar! –dijo Kasumi, quien estaba preparando el almuerzo.
–Creo que con un par de horas será suficiente –contestó el chico con una mano en la nuca tratando de sonreírle a la amable joven.
Luego de un baño caliente, para prevenir algún resfrío, sin ganas de hacer tarea o de cualquier otra cosa, se metió al kotatsu aprovechando que estaba solo. Ranma rumiaba para sus adentros pues, ¿a dónde habría ido la torpe de Akane? El calor del mueble, fue suficiente para generar en él un sopor con el que se quedó dormido con sus brazos flexionados sobre la superficie de la mesa, recargando en ellos la mitad de su rostro.
…
Poco a poco, Ranma fue saliendo de su sueño, al sentir la presencia de alguien a su lado. Enderezando su espalda, a su derecha estaba una Akane sonriente. El chico de la trenza se sentía indefenso cuando ella hacía eso, mirándolo con esos grandes ojos oscuros como su cabello, profundos y llenos de alegría.
–A-Akane… ya estás aquí…
–¡Si, tonto! –respondió con falsa molestia –Ranma, tengo algo para ti –Ella giró su torso para tomar algo detrás de ella y poner una caja cuadrada de color azul marino frente a él –¡Vamos ábrelo! –dijo emocionada Akane.
Afectado por la presencia de la chica, tan cerca y tan vibrante que parecía que estaba resplandeciendo, trastabilló un poco. Qué vergüenza para un artemarcialista como él que la coordinación le fallara. La caja tenía tapa al quitarla encontró un par de botas negras para invierno, totalmente cerradas, de piel y acolchadas por dentro
–A-ah… y-yo… e-este… Akane –el lindo detalle de su prometida lo llenaba de una emoción que no podía articular palabra.
–¡Y también!... –completó Akane y puso sobre la mesa una bolsa con varios pares de calcetas blancas gruesas. Ranma sentía tanto calor, que su rostro lo sentía arder, creyendo que debía estar al rojo vivo. De pronto se acordó de las zapatillas detrás del refrigerador. Se levantó de inmediato para ir por ellas
–¡A dónde vas! –reaccionó sobresaltada Akane
–¡Mis zapatillas!
Akane alcanzó en la cocina a Ranma quien veía como sus zapatos se habían ligeramente tostado. El chico torcía el gesto por el descuido. La chica se acercó con las manos en su espalda inspeccionando desinteresadamente.
–Lo siento, Ranma, eran tu único par… –dijo la chica apenada –¡O tal vez no! –Akane sacó de detrás de ellas unas zapatillas chinas con bordados en la parte lateral externa con un dragón de hilo verde y amarillo con ojos azules.
Ranma soltó su viejo par para tomar las nuevas –¡Están magníficas! –dijo emocionado y sin pensar le dio un abrazo a su prometida.
Un abrazo espontáneo, sincero que se fue prolongando. Para Akane primero fue sorprendente, pero luego se dejó llevar al sentir que encajaba perfecto en el cuerpo de él y automáticamente rodeo su torso con sus brazos. Para Ranma esto era una señal de agradecimiento, pero al oler el cabello de la chica se sintió momentáneamente en el Nirvana, hasta que de pronto reaccionó al sentirse rodeado y poco a poco se fue separando. Esperaba encontrarse con una cara furiosa por el atrevimiento pero solo vio a una chica con los ojos cerrados ruborizada en sus pómulos. Al darse cuenta ella de la falta de contacto con un robusto y fuerte cuerpo fue parpadeando de a poco hasta abrir los ojos.
–¡Gracias, Akane, Gracias –la chica bajo la mirada avergonzada por desear que el abrazo continuara.
–Si… Bueno… Así no tendrás que preocuparte por que se te humedezcan los pies... –sin saber que hacer optó por lo seguro –Debo hacer tarea… Te veo luego. –girando sobre sus talones salió de la cocina.
Ranma veía las zapatillas las acarició y fue a la sala. En el kotatsu estaba la caja se arrodilló ante ella y acarició la piel de las botas. Algo tendría que hacer. Algo muy bueno por tan lindo detalle. Ser amable, sería un comienzo. Una cita no bastaba. Tal vez, una aclaración de sentimientos. Si, él ya estaba entendiendo.
Gilberto González González
Minatitlán, Veracruz; a 30 de Abril de 2022
…
Ha llegado el fin de este Abril. Nunca había sido tan prolífico para mí, publicando tantos relatos en un mes.
Quiero agradecer a todos aquellos que se tomaron un momento para leer y comentar. Espero de verdad que les haya gustado cada relato.
Con este último, cierro un pequeño ciclo, que comenzó en vacaciones, pero debo atender las responsabilidades del trabajo. He alcanzado las diez viñetas, pero espero ir haciéndome de tiempo para ir publicando varias de las ellas que tengo pendiente, por lo menos una al mes. También quiero comenzar aquellos relatos que debo a personas muy especiales; están en mi mente y espero hacerlos pronto en borrador.
Un saludo afectuoso a todos… Sean buenos.
