Fase 21
Juego de Tres
La señora estaba maravillada, el recién llegado soltó de mala gana al azabache e hizo una rápida reverencia.
—¿Es tu amigo? —El albino chasqueo la lengua lo cual dio a entender un rotundo no.
—Disculpe, ¿Puede traerme un poco de agua? —Interrumpió el tercero, la mujer asintió y se retiró del sitio.
—¿Ahora juegas a ser granjero? Eres un desastre
—Si dices eso debes saber más que yo ¿Me ayudas?
—¿¡Ah!? ¡Cállate! No voy a perder mi tiempo contigo —vociferó dando media vuelta.
—¿Buscas a Kanae? —Se detuvo en seco, la mirada asesina chocaba con el semblante indiferente —,ella está aquí. Si sigues hacia el norte solo vas a perder tu tiempo.
—¿Dónde?
Giyuu arqueó una ceja —Escondida entre la hierba —hizo una pausa —.Obvio que dentro de la casa descerebrado —El albino no esperó un segundo para agarrarlo por la camisa
—¿De verdad te importa más romperme la cara que ver a tu novia? Eres un desastre —imitó sus palabras, Sanemi temblaba de la ira pero la señora se acercaba hacia ellos con una pequeña bandeja.
—Aquí tienes el agua —El chico agradeció —¿Tienes prisa? Si quieres puedes pasar a tomar té —dijo refiriéndose al otro.
Éste habló con la anciana y lo dejó pasar para ver a Kanae, a este punto la señora estaba confundida. ¿Quién era esta jovencita que la persiguen tantos hombres?
—Pobrecito, estás tan cansado por el viaje que te tiemblan las piernas —abordó, Tomioka no pudo evitar sonreír pero se dio media vuelta para evitar problemas, Sanemi se esforzó para quedarse callado, ella no sabía que la causa era en realidad la ira acumulada por la absurda conversación con el azabache.
Parecía una ilusión, no podía creer que la delicada Kanae estaba frente a él, aún en su débil condición se veía hermosa, como una muñeca de porcelana.
El cuervo alzó sus alas y salió por la ventana, la joven lo observó hasta que desapareció en el vasto cielo, una voz que conocía muy bien la alertó.
No podía creer que el cazador estaba ahí,éste se acercó sin soltar palabra y tomó su mano, la apretó a modo de consuelo mientras apoyaba su cabeza en su hombro, agradeciendo al cielo por encontrarla a salvo.
—Lo siento, tuve muchas complicaciones y no pude enviar una carta antes —aclaró, acariciando el rostro del varón —,hace poco Tomioka envió un mensaje, ya es cuestión de tiempo para que llegue a la sede.
—No menciones a ese idiota, arruina el ambiente —abordó cortante, la mujer sonrió —.Prepara tus cosas, nos vamos.
—¿¡Eh!? Pero yo…
—Sé que el viaje es arriesgado, pero quedarte aquí también lo es, si te pasa algo, ¿Dónde conseguirán la medicina para atenderte, o para llamar a un médico?
Era un pensar muy lógico, aunque se había encariñado con la señora sabía que tarde o temprano debía irse de allí.
Ahora con la presencia de otro pilar no había excusas, sería mejor irse, los demonios nunca descansan y no debían tomarse el lujo de dar muchos días libres a los mejores espadachines.
—Entiendo, el viaje es largo, será mejor partir ahora.
El otro asintió —Podemos dejar al inútil de allá afuera; que siga jugando con la tierra hasta que se lo trague
Kanae suspiró, no podía culparlo, él todavía creía que ese cazador fue el autor del ramo de flores.
Cuando la chica iba a levantarle la señora y el azabache entraron al lugar —.Será mejor pasar el día aquí —dijo él, Sanemi lo miró furioso —,el cielo se está nublando; viene una fuerte llovizna.
—A diferencia de ti yo no quiero perder mi tiempo —Si las palabras pudieran matar, aquel comentario sería como un dardo venenoso, pero Tomioka no se perturbó.
—Si quieres puede irte solo y que te parta un rayo; Kanae está débil y puede resfriarse muy fácil, ¿eres tan idiota que te cuesta pensar en su seguridad?
—¡Ya basta ustedes dos! —exclamó ella, el ambiente era tenso y no quería importunar a la señora que observaba con sumo interés la atípica escena.
—Este ambiente se está poniendo pesado, ¿Qué tal si dejamos todo y cenamos en paz? —argumentó la dueña, el albino hizo una mueca de fastidio, el otro se fue a cambiarse.
El único sonido era el de la anciana preparando los platillos, la joven se había ofrecido a ayudar pero ella negó su ofrecimiento con la excusa que debía descansar.
Al final Sanemi aceptó de mala gana ayudar a acomodar la mesa, Tomioka se sentó del otro lado frente a Kanae que estada al lado del recién llegado.
Los truenos fueron la antesala de la lluvia recia que caía sin piedad, cerraron las ventanas mientras continuaban con la silenciosa cena.
—Gracias… —murmuró, mirando a los hombres que fijaron su vista en ella —.Lamento hacerlos venir hasta aquí, pero me siento agradecida de contar con ustedes —esbozó una sonrisa amable que maravilló a los cazadores, era tan pura como una flor.
—N-no te preocupes por eso, sabes que siempre puedes contar conmigo —comentó el azabache apenado.
—Lo mismo digo —comentó el otro con vergüenza, el albino no era de frases cursis, pero no dudó en tomar la mano de su amada por debajo de la mesa.
Kanae entrelazó sus dedos con las de él, eran muestras de afecto a su manera.
Así concluyó la cena, no obstante, había otro dilema en la pequeña casa:
¿Dónde dormiría el sin cejas?
La pilar sabía que no podía dejarlo en la sala; las probabilidades de un asesinato eran absolutas, dudaba mucho que la señora lo dejara dormir con ella, eso no era apropiado.
—Jamás imaginé que tendría tantas personas en mi hogar —exclamó la anciana pensativa.
—Lo sentimos mucho —habló la mujer —,prometo que nos iremos lo más pront-
—No querida, no digas eso —la interrumpió, en sus ojos se reflejaban la tristeza —,no te lo había dicho antes pero, hace muchos años vivía aquí con mi hijo y mi esposo…
La joven la escuchaba con atención, pero al fondo habían dos varones que hacían caso omiso a la trágica historia, un aire tenso los rodeaba, a solo una palabra de desatarse una pelea, Tomioka y Sanemi eran como perros y gatos.
—¿Cuanto tiempo llevas estorbando aquí?
—No tengo por qué darte detalles —replicó el de ojos azules, el contrario mantenía sus manos en forma de puños, Giyuu se preparaba para bloquear cualquier ataque
Tan centrados en la propensa disputa que ambos se asombraron ante el estrépito de la ventana que había sido abierta por la fuerza del viento.
Ya no era solo lluvia, los tres pilares estaban atrapados en medio de una tormenta, con fuerza volvieron a cerrar la ventana, asegurándola con un palo de madera que colocaron a lo largo de la misma.
La situación estaba empeorando, el silbido del viento era aterrador, las gotas de agua arremetían con fuerza contra el techo de la pequeña casa.
—Esta casa polvorienta no aguantará —abordó el albino cruzándose de brazos.
Tomioka sonrió a modo de aprobación mientras Kanae contenía su risa; la señora no dudó en pegarle un sonoro lepe con el periódico —.Si quieres hablar mal de mi casa que sea sobre mi cadáver — amonestó la señora
—Debería dormir afuera, podría tomar el papel del perro —habló Giyuu, la mujer lo pensó un rato pero sabía que eso era imposible.
—No hay otra opción; tendrás que dormir aquí —Todos se sorprendieron, el de orbes azules suspiró, preparándose para las malas noches que le guardaban ahora que su vida corría peligro.
El canto de los pájaros anunciaban un nuevo día, a pesar de la humedad y los charcos que dejó la lluvia, lo peor apenas estaba por comenzar.
La anciana llevó ambas manos a su boca, el huerto estaba hecho un desastre, la mayoría de los vegetales habían sido arrancados y se esparcían por la vasta vegetación.
Tomioka cayó de rodillas, todo su trabajo había sido en vano.
—No contemos con él, la mujer no lo dejara irse hasta que arreglen su huerta —abordó Sanemi mientras entraba a la casa, Kanae veía todo desde la ventana.
—Pero no podemos dejarlo así…
EL albino suspiró, en sus últimos intentos por mantenerse sereno y no gritarle a la dama que lo cautivó —...Debemos irnos, ya no hay excusas
—¡Pero!
—¿Cuál es tu gusto por molestar? —comentó el azabache desde la ventana —,esta señora ha sido muy amable con todos aquí
—¿Y eso qué? Tenemos responsabilidades, no somos simples civiles —Giyuu frunció el ceño.
—Solo unas horas más; nos iremos al anochecer —interrumpió la joven, a lo que los dos hombres la miraron con asombro.
El albino balbuceó unos segundos —¡¿Te volviste loca!? ¡Salir a oscuras es lo menos que debemos hacer! Estás débil.
—¿Estás segura? —cuestionó el pilar del agua, Kocho lo miró y asintió.
Sanemi gruñó al verlos —¿Desde cuándo se entienden tan bien?
—¿Celoso? —cuestionó con burla, el cazador lo habría golpeado de no ser porque la chica se lo impidió
—Solo será este día. Lo prometo —Habló ella, mirándolo con seriedad, al final, su pareja soltó un pesado suspiro mientras sus manos temblaban de la ira —No tengo opción.
—Ven y ayuda en algo, trata de no ser un estorbo —comentó el de orbes azules dándose media vuelta, Kanae le dio varias palmaditas al varón para tranquilizarlo.
Las horas pasaron y el cielo era pintado por los últimos rayos de sol, los animales se apresuraban hacia sus guaridas para pasar la fría noche.
Kanae estaba en su cuarto, reemplazando las vendas como siempre, desde ese lugar pudo escuchar como alguien tocaba la puerta, pero no le prestó atención por estar en lo suyo.
Escuchó unos pasos dirigirse hacia su cuarto, alzó la mirada al tiempo que se cubría con su haori, imaginaba que era la señora para decirle que la cena estaba lista
Pero no fue así, unos ojos dorados brillaban mientras la observaban, el semblante del varón se iluminó al ver a su adorada compañera sin heridas graves.
Quería ir y abrazarla con todas sus fuerzas, pero desistió en nombre de la prudencia, Rengoku la saludó con más ánimo de costumbre, le causaba gracia ver la cara de sorpresa de la otra.
La azabache no podía creerlo, primero Tomioka, luego Sanemi y ahora Kyojuro. ¿Acaso todos los pilares la estarían buscando? ¿Quién sería el siguiente? ¿Cómo había llegado aquí?
Eran tantas las preguntas que se acumulaban que no sabía cuál expresar primero.
—¡Estaba muy preocupado por ti! —expresó, cruzado de brazos sobre el umbral de la puerta, no pasaron ni dos segundos cuando los síntomas de la "enfermedad" atacaron el cuerpo de Kocho.
Sentía que su corazón estaba por explotar, una sonrisa se dibujaba en su rostro sin siquiera notarlo, las lágrimas comenzaban a salir sin algún motivo.
Esto alertó a Kyojuro, se acercó unos pasos a ella con intenciones de saber el por qué, pero dejo que ella se secara sus lágrimas.
—¿Hice algo mal? Todavía debes estar molesta por lo de la otra vez.. . —murmuró decepcionado, pero ésta negó.
—N-no es eso —decía entre sollozos —,estoy….feliz, muy feliz —comentó, dirigiéndole una sonrisa, el varón imitó el gesto, su cuerpo se sentía más ligero luego de liberar esa carga —¿Cómo me encontraste?
—Solo pregunté en cada casa que veía —Se sentó a su lado —.Todos estábamos asustados por que no te reportabas, al final no pude…
El silencio gobernó la habitación un minuto, el rubio había apartado su mirada, sentía un calor rodear sus mejillas y no quería que la azabache lo notara; todavía era muy pronto para confesar sus sentimientos.
Su recuperación estaba primero
—¿Rengoku? —Lo llamó mientras sobaba su espalda, el mencionado rezaba por que su sonrojo pasara y porque ese dulce contacto no terminara —¿Por qué te quedaste callado? —cuestionó preocupada, él no era de guardarse cosas.
—Ah, perdón —Dijo llevando una mano hacia su cabeza —,es solo que no podía dormir bien de lo preocupado que estaba.
Ella lo miró con asombro, su rostro se suavizó, lo miraba enternecida al tiempo que rodeaba su cuello con ambos brazos —Es muy dulce de tu parte —Le susurró, Kyojuro no podía creer que ella lo estaba abrazando, pero no perdió mucho tiempo para corresponderle.
Quería permanecer así toda su vida, no quería soltarla por nada del mundo, estaba contento de que su mal presentimiento fuese en vano.
Sus piernas le dolían, el camino fue largo incluso para un cazador de alto rango como él, pero no podía darse el lujo de descansar hasta verla en persona.
Parecía estar en un dulce sueño del cual no quiere despertar.
—Jóvenes, sino quieren que se les enfríe la cena deberían venir ahora —irrumpió la abuela, los dos pilares se asustaron, pero ella se retiró en silencio.
Ambos se avergonzaron, se miraron para después reírse por lo ocurrido.
—¿Vamos? —Le extendió su mano —.Mi estómago ruge
Kanae asintió —Iré. Pero primero...bueno…
—¿Qué pasa? —habló él, inclinando su cabeza hacia un lado.
—Primero debo vestirme —comunicó apenada, señalando su chaqueta en una esquina.
Kyojuro parecía una manzana de lo rojo que se había puesto, se disculpó varias veces y cerró la puerta tras de sí para darle privacidad a la mujer.
Kocho se abrazó a sí misma, no sabía qué le estaba pasando, un escalofrío recorría su cuerpo, un temor surgía de lo más íntimo de su ser.
Los flashback del horrible episodio en su anterior misión se repetían, el recuerdo de ese demonio que tomó la forma de Rengoku la acosaban sin piedad.
La espina de la duda se coló en su cabeza. ¿Acaso esa mujer inventó todo o peor aún, adivinó lo que sentía su compañero?
Tomioka dejó caer su bocado de arroz sobre la mesa, el albino llevó una mano hasta su cara al presenciar a rubio sentado frente a ellos.
Rengoku reía por la reacción de sus compañeros —¡Me alegra verlos aquí! —mintió —,en tiempos tan difíciles debemos velar por la seguridad de cada uno de nosotros.
—Envíe un cuervo hace unos días, de seguro ya llegó a la sede —comentó el azabache.
—Ya es muy tarde, pedir que te largues será inútil —soltó el pilar del viento, quería lanzarle un puñetazo al recién llegado pero se contuvo al ver a la chica.
Kanae saludó y trató de suavizar el ambiente entre el albino y el rubio,gracias a la presencia de éste la cena estuvo más animada que de costumbre, Kocho asentía a lo que decía, una suave sonrisa adornó su rostro y su semblante se veía más radiante que días atrás
Solo que ella no lo notaba.
—Hum —asintió cruzado de brazos, la comida había terminado y era hora de descansar —,ahora que me fijo bien te veo más delgada —abordó detallando a la joven, ella se arropó, intimidada por ser el centro de esos ojos que destellaban como estrellas.
—¿Y qué tanto miras ahora? —escupió con rabia su pareja mientras la abrazaba y arrastraba su cuerpo hacia él.
—Disculpa —soltó acompañado de una suave risa —,veo que nuestra compañera está muy débil para el largo camino que nos espera y ninguno quiere irse de aquí… —Hizo una pausa—¡Por lo tanto propongo algo!
Tomioka arqueó una ceja
—¡Vamos a cuidar de Kanae hasta que se recupere! —El brillo que lo rodeaba hacía creer que se le había ocurrido la idea del millón.
—Es lo más estúpido que he escuchado —contraatacó el albino —,el único que debe estar aquí soy yo, ustedes estorban.
—¡Opino lo contrario!
—No me interesa, lárguense ustedes dos —respondió señalando al rubio y al azabache, iniciando una discusión entre los tres.
Lo que ellos no notaron fue la vergüenza en el rostro de la chica que escondió entre su haori, no podía creer lo que le estaba sucediendo, y peor aún, el hecho de que ninguno quería abandonarla.
Por más agradecida que se sintiera, la preocupación por la agresividad de su novio le impedía disfrutar cómo se debía; y peor aún ahora que Rengoku estaba ahí, luego de lo ocurrido en su cita era obvio que lo quería hacer picadillo.
Sin contar la extraña enfermedad que se desató ante su presencia, Kyojuro era un misterio para ella, y ahora que la bombardeaban las dudas le era imposible pensar con claridad.
