Acorralado
{Días atrás}
El chico se asustó al sentir un toque en la puerta, a juzgar por la pequeña sombra intuyó que era Senjuro.
—Te hice un poco de comida para el camino —Éste se espantó al escucharlo —,no pude hacer mucho por el tiempo pero es mejor que nada
No entendía el cómo había llegado a esa conclusión, no le había dicho nada que se iba de la casa, acomodó su capa a un lado mientras deslizaba la puerta hasta la mitad del rostro.
—¿Por qué...
—Has estado muy inquieto últimamente, deberías ir a visitarla
Su corazón se detuvo por unos segundos, salió de su habitación, ya no había motivos para ocultarse, efectivamente, el pequeño suspiró al ver a su hermano con el uniforme puesto, sus sospechas eran ciertas.
—Volveré lo antes posible —aclaró, Senjuro le dedicó una suave sonrisa.
—Ten cuidado.
No lo parecía, pero en realidad Rengoku era muy precavido a la hora de emprender un viaje, más aún teniendo en cuenta la larga distancia que lo separaba de su "destino".
Era el viaje más arriesgado e improvisado que había hecho en su corta vida,no sabía exactamente dónde estaba ella, asumiendo que aún siguiera ahí.
Esa mañana había llegado su cuervo que había enviado a la sede.
"Todavía no se ha recibido el informe de la pilar Kanae Kocho" Informó el animal, un escalofrío recorrió su cuerpo ante ello.
Era la tercera vez que lo había enviado y a estas alturas su preocupación le impedía conciliar el sueño, la chica era muy responsable, ella nunca descuidaría su tarea de informar a la asociación a menos que...
Sacó ese pensamiento de su mente, Kyojuro se aferraba a la idea de que había otro impedimento para que no enviara aquellas cartas, sin embargo, él no era de sentarse a esperar, aún si lo hiciera, si seguía enviando su cuervo despertaría sospechas en la sede y quería evitarse problemas.
Era una lástima que Shinobu no estuviese cuando se presentó a su residencia, era tanto su apuro que prefirió irse antes que esperarla, su desesperación lo atormentaba.
Ignoraba el tiempo que había pasado mientras saltaba sobre la copa de los árboles, quería aprovechar la luz del día lo máximo posible.
Su esperanza creció cuando percibió un pueblo a lo lejos, se bajo de la copa del último árbol y fue corriendo hasta la entrada.
—¿Que si hay por aquí una chica con un uniforme similar al suyo? — El rubio asintió, el aldeano negó con la cabeza, dirigió su mirada hacia dos habitantes que se acercaron curiosos por el recién llegado, ambos negaron al mismo tiempo.
Miró al suelo decepcionado, maquinando su siguiente paso, varias gotas caían al suelo, llevó una mano a su rostro y fue cuando se percató del sudor que bajaba por su rostro.
—¿Pueden darme un vaso de agua?
—Deberías tomarte todo un arrollo —bromeó el hombre, al poco tiempo le brindaron el vital líquido que el rubio ingirió sin perder ni una gota.
—¡Gracias!
En un abrir y cerrar de ojos su figura se desapareció, los habitantes se espantaron y creyeron que aquello había sido un fantasma.
El pilar siguió al norte, aquella parada le había hecho mal, sus piernas le dolían, pero nada comparado con el ardor en sus pies, aún siendo un cazador de alto rango aquel viaje le estaba pasando factura.
El sol despedía sus últimos rayos y con él sus esperanzas de encontrar a la azabache, Kyojuro estaba obligado a bajar su ritmo ya que sus pulmones no le brindaban el mismo aire que antes y sentía que se ahogaba.
No había mucho que mirar, solo exuberante vegetación y un estrecho sendero, comenzaba a creer que se había equivocado de sitio, hasta que vio una pequeña casa a la lejanía.
Era pequeña y se veía deteriorada, pero eso no impidió que alimentara sus esperanzas, sentía un nudo en su estómago, aún si la encontraba no sabía cómo debía dirigirse hacia ella debido a la estupidez que había cometido la vez pasada.
Tocó la puerta y una anciana salió a su encuentro, no dijo nada ya que la señora detalló su uniforme, como si le fuera familiar, aquello lo alivió, sin notarlo sus ojos brillaban como las estrellas, era muy probable que la adorada chica estuviera allí.
Su cuerpo temblaba, no era fruto del cansancio o de temor, sino de felicidad, una extraña sensación se coló en su estómago y se contuvo para no ir y abrazar a su compañera.
Estaba contento, ella estaba ilesa y más hermosa que en sus recuerdos.
Por fin, esta noche dormiría tranquilo...
{Tiempo presente}
El sol anunciaba un nuevo día, y mientras Kyojuro se levantaba con buenos ánimos (muy común en él) el rostro ojeroso de Tomioka contrarrestaba con su mirada entusiasta.
—Veo que no estás acostumbrado a dormir en casa ajena —bromeó, el azabache bostezó por largo rato antes de hablar.
—Si bajo la guardia puede costarme la vida —Se levantó y se fue al baño, el rubio no entendió lo que quiso decir pero prefirió no preguntar, se dirigió a la habitación de la chica, pero se detuvo al sentir una presencia.
Con cuidado se asomo en el pasillo y observó al albino frente a su puerta, se echó hacia atrás por la sorpresa, esperaba que no lo hubiera visto, decepcionado se devolvió y saludó a la anciana que estaba en la cocina.
— ¿Vas a salir tan temprano?
—¡Hum! —asintió mientras se colocaba su capa —,voy a hacer unas compras para el almuerzo —La señora no lo entendía del todo pero su mirada le transmitía confianza. —¡Volveré más tarde!
Sin decir más se desapareció de su rango de visión, la mujer no le dio mayor importancia y se dispuso a preparar el desayuno.
—¿Donde está Kyojuro? —cuestionó la azabache mientras probaba la primera comida del día, le era extraño que el más glotón del grupo no estuviese presente.
La dueña de la casa le dijo que había salido temprano, la chica quería saber más pero sentía la mirada de su pareja sobre su persona, era mejor no decir más.
Luego del desayuno cada quién fue a hacer sus tareas, Tomioka iría a terminar su trabajo en el huerto, aunque sus movimientos eran más lentos por su falta de sueño haría lo necesario para terminar.
Sanemi estaba harto de ese lugar, al ver que no había nada en lo que pudiera ayudar a la joven aceptó a regaña dientes ayudar al otro cazador.
Kanae observaba todo desde la dentro, hasta que se formó una nube de polvo por la rabietas del albino, la chica cerró la ventana y se alejó para no respirarlo.
—¡Estoy de vuelta! —Un grito a sus espaldas la obligó a voltear, el rubio mostraba una sonrisa al verla frente a él, en sus manos traía una cesta con muchas hortalizas y del otro lado una gallina (ya muerta) —¿Cómo amaneciste hoy?
—Bienvenido, amanecí mejor, ¿y tú? —Éste se adelantó y dejó todo en la mesa mientras la contraria lo seguía con la mirada, Kyojuro soltó una risa por los gritos de Sanemi, parecía una madre regañando a su hijo, se sentó al lado de la azabache y cruzó sus brazos.
—¿Y...para qué tantos vegetales? —expresó para formar conversación, el rubio la miraba fijamente al punto que la incomodaba.
—Son para ti, necesitas recuperar fuerzas y para eso debes alimentarte bien, eso era lo que me daban cuando me encontraba débil —soltó una risa al recordarlo, Kanae jugaba con un mechón de su cabello mientras lo escuchaba.
—G-gracias, te lo pagaré desp-
—No hace falta, tómalo como un regalo
—No puedo aceptarlo, acabas de llegar y... —El chico tomó su mano —.Mírame —pidió, ella obedeció.
—Verte a salvo es el mejor regalo que la vida pudo darme —susurró, el ambiente se sentía agradable, pero frágil a la vez.
Kanae sentía su corazón acelerarse, trató de formular una palabra pero no hallaba qué decir, sin embargo, el rugido del estómago ajeno acabó con la grata atmósfera.
Rengoku volvió a reír mientras se levantaba —Perdón, no pude comer bien el restaurante; quería regresar lo más pronto posible —confesó, la azabache llevó ambas manos a su pecho mientras el cazador salía de la casa
Al poco tiempo estaban preparando un gran almuerzo con los ingredientes que trajo el rubio, el olor de la comida era agradable y mientras todos seguían en su trabajo Kocho se encontraba cambiándose las vendas.
Al terminar guardó todo y se colocó su chaqueta, agradeció tener un cepillo guardado y se dispuso a desenredar su cabello, al poco tiempo sintió un suave toque en la puerta.
Sabía quién era esa persona aún dándole la espalda, aquel no dijo nada, solo se sentó cerca y esperó pacientemente que la chica peinara su cabellera.
—Eso me trae recuerdos —afirmó melancólico, la joven sonrió aunque él no pudo notarlo.
—Todos los días me llega ese recuerdo a la mente —expresó ésta, en segundos el varón le arrebató el cepillo de las manos, Kanae había bajado la guardia así que la sorpresa estaba dibujada en su rostro.
—¿Q-qué haces?
—Quiero terminar tu labor, desenredaré tu cabello a modo de disculpa —manifestó, con movimientos suaves, muy delicados teniendo en cuenta la fuerza de aquel pilar.
Ella sabía que no podía hacerlo cambiar de opinión, solo cerró sus ojos y se concentró en aquella sensación, el ambiente era tan pacífico que no quería que terminara.
Kyojuro pasaba sus manos entre los mechones oscuros de su compañera, su cabello estaba igual de suave y brillante que aquel día, éste sonreía más que de costumbre, estaba feliz de ver a la chica en buen estado, si no se hubiera animado a buscarla la incertidumbre lo estaría carcomiendo.
—N-no tienes que hacer esto —aclaró, el rubio arqueó una ceja. ¿Por qué de la nada se mostraba nerviosa? Éste le reiteró que no había problema, pero ella seguía negando su ayuda.
—¿Te pasa algo? —Dejó a un lado el cepillo, su vista se centro en sus cabellos deslizándose de su mano, la cazadora lo miró de reojo unos segundos para luego negar con su cabeza.
—Si te pasa algo no dudes en decírmelo —expresó firme, desde que había llegado sentía cierto rechazo hacia su persona, —¿Todavía estás molesta por lo de la cita?
Volvió a negar, se quedaron en silencio unos segundos, el cantar de un pájaro era el único sonido en la pequeña habitación, la azabache llevó una mano hacia atrás para apoyarse, pero sus dedos tocaron los ajenos, ambos pilares se estremecieron por el repentino contacto.
Ahora la mano de la joven estaba sobre la suya, Rengoku no supo que hacer a parte de entrelazar sus dedos con los de ella, esperando lo mejor...y así fue, con lentitud Kocho enlazó sus dedos con los de él.
Los nervios se apoderaron de ambos, Kyojuro forzaba una sonrisa y la contraria evitaba el contacto visual
—Gracias —susurró —.Es solo que...estoy muy confundida últimamente, quiero pensar un poco más antes de hablarlo con alguien
Él asintió, no estaba conforme con su respuesta pero le daría tiempo hasta que ella optara por contarle, agradeció que estuviera de espaldas, de seguro estaba rojo como un tomate, pero aún así estaba feliz por la cercanía que tenía con ella.
Ésta movió su cabello, él entendió la indirecta y con su mano libre continuó cepillándolo, no quería desperdiciar la ocasión.
Por su parte, Kanae estaba feliz, la extraña enfermedad ya no le incomodaba como antes, no obstante, todavía existía un vestigio de incomodidad, los recuerdos de aquel demonio la atormentaban.
Generalmente ignoraba los comentarios sin sentido de sus oponentes, pero había algo en sus palabras que la hacían dudar, ella no sabía mucho sobre hombres pero había decidido salir de sus sospechas; cuando estuviese a solas con él le preguntaría sobre sus sentimientos hacia ella.
Mordió su labio inferior, no quería, todo estaba tan pacífico que no quería arruinarlo, sin pensarlo mucho comenzó a tararear una canción, el contrario la escuchaba, deleitándose con la dulce voz de la cazadora.
Decidió peinarla más lento para hacer tiempo, no le importaba perder todo el día con tal de estar junto a ella.
—¿No te molesta cierto? —Lo miró de reojo, él negó con su cabeza.
Pero antes de reanudar su canción un tercero irrumpió en la habitación de un sonoro portazo, gracias a sus excelentes reflejos los pilares habían separado sus manos, el albino recorrió la habitación con su mirada hasta fijarse en la joven.
—Ya es hora de comer —soltó con odio, clavando sus ojos en el rubio, éste no hizo caso, hasta que Kanae hizo un ademán con su mano para que se fuera, solo así dejó el cepillo a un lado y se retiró sin decir palabra.
—Él solo me estaba ayudando —abordó antes de que su novio hiciera una estupidez —.No tienes que ser grosero
—Yo también tengo dos manos —argumentó mientras se sentaba cerca de ella —¿Qué te costaba llamarme? Con lo aburrido que estoy aquí —Tomó el objeto que había dejado el otro y se lo pasó, ella lo guardó antes de sentir el agarre del varón sobre sus brazos para ayudarla.
La joven jamás había visto tantos ingredientes en un mismo platillo como ahora, la señora le servía a cada uno mientras hablaba sobre las propiedades del caldo.
—Te voy a dar el doble, esto lo compró el muchacho para ti —habló ésta, la azabache se tensó ya que Sanemi estaba a su lado.
Mientras éste estaba ocupado con suma discreción miró a Kyojuro del otro lado de la mesa, éste también la miraba de reojo mientras degustaba el platillo.
Al notarlo ambos esquivaron sus miradas, sonrojados por ese pequeño incidente.
—Siento que voy recuperando las fuerzas —bromeó ella —.Gracias —Le habló al rubio, éste le sonrió.
—Y tú también deberías agradecerle —expresó la señora hacia el otro cazador, Tomioka se veía más renovado a comparación de su aspecto soñoliento de la mañana, por su parte éste solo inclinó un poco su cabeza, más que suficiente para el amable pilar que no le dio mayor importancia.
Al acabar el almuerzo todos se levantaron de la mesa, la chica iba a ofrecer su ayuda para limpiar los platos de no ser por su pareja que la había jalado del brazo hasta las afueras de la casa.
—¿Qué pasa? —cuestionaba mientras se sobaba el antebrazo
—No quiero que se vuelva a repetir —abordó cortante, Kanae lo miró confundida —,si vas a pedir ayuda que sea a mi, no tienes que depender de esos estorbos.
—¿Perdón? Ellos no son ningún estorbo, te recuerdo que lo que almorzamos hoy fue gracias a Rengoku no a ti.
—¡El puede irse a donde quiera, yo no voy a dejarte sola! —Kocho guardó silencio —,si vuelvo a ver alguno de los dos en tu cuarto por algún estúpido motivo no prometo quedarme quieto.
—Ellos son nuestros compañeros, no tienes que tratarlos así
—¡Tienen que respetar nuestra relación! —exclamó —.He dejado en claro que tú eres mi novia, pero siento que eso no te interesa —.La azabache se cruzó de brazos
—Te noto extraña estos últimos días —El albino imitó su acción —¿Qué paso exactamente en tu última misión? —La contraria lo miró, mordió su labio buscando alguna excusa, todavía no estaba lista para hacerlo, y aún si lo estuviera quería hablarlo con el rubio no con él.
—Es...algo complicado...dudo que quieras escucharm-
—Lo haré
—P-pero... —El sonido de un golpe la interrumpió, su pareja había lanzado un fuerte puñetazo a un árbol cercano dejando un hueco en el tronco —¿Qué me estás ocultando? —Estaba al límite de su paciencia.
Kanae se tragó sus nervios, respiró hondo y armada con falsa seguridad habló lo más calmada que pudo —¿Recuerdas el día que me visitaste y Shinobu apareció con el ramo de flores? —El contrario no respondió, sino que apretó sus puños.
—Tomioka no fue el que me las envió...
