Hasta lo imposible
—¿Ah? —No podía creer lo que escuchaba —¿Entonces esas flores cayeron del cielo? —dijo furioso.
Kanae mordió su labio inferior, no quería estar en problemas pero tampoco quería meter a Shinobu en el asunto, ya era suficiente con el desastre que casi se desata ese día en su residencia.
—No fue él quién me las envió, así que no tienes motivos para odiarlo
—Yo lo odiaba antes de eso —manifestó cruzado de brazos, la azabache suspiro, si estuviese en otra situación lo habría regañado pero esta vez era mejor no decirle nada.
—Si está todo claro no hay razón para que sigamos aquí
—No soy estúpido —la interrumpió, el albino se apoyó en el árbol que estaba su lado —¿Si lo sabías por qué no me dijiste antes?
—Bueno..yo… —Ella entrelazó sus manos, era imposible para ella formular una mentira creíble en ese estado.
—Es ilógico que no me hubieses dicho si tanto te importa la vida de ese payaso deprimente —abordó, acortando distancia entre su pareja —.Meses atrás era el primero al que le confiabas todo —expresó nostálgico, era la primera vez que la chica observaba ese extraño brillo en los ojos de su pareja.
Pero en menos de un parpadeo eso desapareció, su semblante se volvió serio, la agresividad estaba a flor de piel y no dudaría en mostrarla ante la mínima provocación.
—Ya me harté de este ridículo circo, cuéntame la historia completa, sé que me ocultas algo.
—Cálmate, no quiero que nuestra relación acabe así —formuló ella, entrelazando las manos ajenas entre las suyas
—¿Cuándo mencioné que íbamos a acabar? —respondió alejando sus manos —¿Fue la enan- ...tu hermana la que hizo todo?
—¿Qué?
Se dio media vuelta —,es lo más lógico, por algo tardaste tanto en decírmelo.
—¡Espera! ¡Eso no es así! —mintió, apoyándose en su espalda, ninguno se atrevía a proferir palabra, Kanae no sabía cómo manejar la situación ya que ni siquiera se comprendía a sí misma.
El albino tenía la razón y aún estando a un paso de desmoronarse la relación que tanto anheló no sentía la angustia que imaginaba, se sentía como un vacío, si, ella no era el tipo de persona que le gustara estar envuelta en peleas, pero esa impresión no era suficiente teniendo en cuenta el ambiente.
Una brisa suave la devolvió a la realidad, observó la naturaleza a su alrededor, un instante bastó para que sus reflejos se activaran y empujara a su acompañante mientras ésta esquivaba las garras que amenazaban con incrustarse en su pecho.
—¿Qué…? —El brazo se alargó y ésta saltó hasta la rama de un árbol cercano, sea lo que fuese se ocultó nuevamente en el tronco.
—¡Kanae! —gritó el albino yendo hacia la mencionada, ella trató de detenerlo pero las garras fueron más rápidas, el cazador logró esquivarlo a pocos centímetros, causando una leve herida en su pecho.
—Tsk
—Es muy rápido, no es de atacar en largas distancias —analizó ésta, saltando de la rama y empujando a su compañero, un osado movimiento que hizo que aquella mano monstruosa se alargara hasta ella.
La separación entre su rostro y aquellas garras eran de escasos milímetros, cosa que miraba asombrado el varón, nuevamente, esa mano volvió a retroceder ya que la copa de los árboles se movían, dejando espacio a la luz.
—¡¿Estás loca!?
—Vámonos, no podemos hacer nada si estamos desarmados —abordó girándose hacia él —,no podrá moverse hasta que oscurezca.
—¡No me jodas! Eres tú la que está herida, deja que yo me encargue de esto.
—Debemos buscar nuestras armas, si actúas por impulso terminarás muerto.
El chico asintió de mala gana, apenas se levantaron la mano volvió a abalanzarse sobre ellos, pero antes de poder reaccionar ésta cayó al suelo.
El filo de la hoja resplandecía con los rayos de sol, en un movimiento rápido el azabache cortó el tronco del árbol, una figura se hizo a un lado para evitar el ataque.
Aquel demonio parecía ser un niño no más de 11 años, pero su piel era como de madera, al retroceder en el bosque ésta se tornó entre marrón y verde, queriendo camuflarse con las ramas de los árboles, pero antes de dar media vuelta Tomioka le había dado el golpe de gracia.
Su cabeza rodó por el pasto y se desvaneció a los pocos segundos.
—Era débil, apenas estaría aprendiendo a usar su poder —susurró, giró su cabeza hacia la pareja, la chica agradecía su oportuna aparición, pero el chico solo lo miró mal antes de dar media vuelta.
—No tengo paciencia para tus juegos —habló en voz baja, Kanae lo miró de reojo hasta ver su figura desaparecer en la distancia.
Para ese entonces Tomioka se hallaba a su lado, pero antes de que pudiera agradecerle éste agregó:
—Sabes cómo es él, será mejor que le des punto final a este enredo —Ella bajó la cabeza.
—No es tan fácil como parece…
—Pero es necesario —respondió, la miró de arriba a abajo por largo rato, ella se movió incómoda, haciendo que se diera media vuelta—,me aseguraba que no estuvieras herida, ven, te acompaño.
Caminaron en silencio, estaban cerca de la pequeña casa cuando ella habló.
—Él ya sabe que no fuiste el que me envió esas flores, ahora no debe odiarte tanto
—Me conformo con dormir tranquilo esta noche —expresó, mirándola de reojo, una suave sonrisa adornaba su semblante, cosa que ella no notó.
—¿Dónde estaban? —cuestionó el rubio que salió a su encuentro al verlos apresuró su paso hacia ellos —¿Qué estaban haciendo?
—Nada de lo que debas preocuparte —respondió el otro pasando por su lado, Rengoku se sonrojó, Kanae sonrió.
Giyuu los dejó solos, el rubio ahora no quería verla a los ojos ya que estaba rojo como un tomate, pero la chica no le tomó importancia, el ambiente se había vuelto ameno apenas hizo su aparición.
Por obvias razones el cazador se preocupó cuando ésta le contó lo sucedido, iba a ir corriendo hacia el lugar pero ésta lo detuvo.
—No sentí otra presencia, al menos era un demonio débil —hablo ésta con un aire de tristeza en su voz, pero Kyojuro estaba muy centrado en sus pensamientos para notarlo.
—L-lo bueno es que estás bien, ven, entremos —respondió éste, pero apenas dio un paso sintió un jalón en su chaqueta, éste la miró de reojo.
—¿Tienes un momento? Debemos hablar —expresó, un escalofrío recorrió el cuerpo de Kyojuro ante su seriedad, éste asintió sin más y lo llevó no muy lejos de la casa.
Se sentó un rato en el césped, la chica imitó su acción,el sol ya se había ocultado y era adornado por los pequeños luceros,
El varón llevó una mano a su boca, atando cabos de lo que le habían dicho.
Kanae lo miraba expectante, le había contado a detalles de lo que había pasado en su misión pasada, el rubio se mostraba confundido, nervioso, pero ella prefirió no decir nada.
—¿Entonces se hizo pasar por mi? —cuestionó sin poder creerlo, ella asintió.
Volvió a poner su mano sobre sus labios, pensando en qué decir ahora, la brisa era suave y se podía observar la pequeña casa a la distancia.
—Lo lamento —susurró él, la chica frunció el ceño, se puso de rodillas y con ambas manos sostuvo el rostro ajeno, obligándolo a mirarla.
Kyojuro sentía un rubor en sus mejillas mientras la azabache lo miraba serio, sintiendo un poco de miedo.
—No tienes por qué disculparte ¿Me entiendes? Mi imprudencia casi me costó la vida… —murmuró lo último, soltando a su acompañante.
—Kanae…
—Pero ese no es el punto aquí —El rubio abrió su boca, pero no salió ni una palabra, no entendía del todo el hilo de la conversación, estaba sorprendido, confuso y en cierto modo intimidado.
—Dime, ¿Es cierto lo que aquel demonio me dijo?
Kyojuro tragó grueso, el no era de excusarse,pero este ambiente no era el más cómodo para expresar sus sentimientos,además, se sentía muy incómodo con la reciente información para ello.
—Yo...no creo necesario hablar sobre eso.
—¿Cómo?
—Mira —señaló la pequeña casa, las luces que se veían a través de la ventana —,es hora de ir a cenar, no es bueno para tu salud que estés aquí afuera.
Sin esperar respuesta éste la cargó al estilo princesa, decepcionada, la azabache prefirió no llevarle la contraria, sabía cómo era, pero una sensación desagradable se coló en su pecho.
La cena pasó como de costumbre, los hombres hablaban entre sí mientras la señora escuchaba atentamente, para sorpresa de todos, Kanae no les prestó atención, estaba en su mundo.
La noche avanzó y con ello todos se fueron a dormir, un azabache dormía plácidamente, en un sueño tan profundo que no sintió los pasos de su compañero, con sigilo, el varón se desplazó hasta la puerta.
Unos suaves toques que pusieron en alerta a la pilar, volteó hacia dónde se originaba el sonido, el chico murmuró unas palabras para que reconociera su voz.
De inmediato ella se acomodó la ropa con la que dormía y con apuro pasó sus manos por su cabello para arreglarlo un poco.
Apenas se encontraron éste posó su dedo en sus labios en señal de que hiciera silencio, dio media vuelta y e hizo una seña para que lo siguiera, la chica dudó unos segundos antes de unirse.
El viento era gélido, la chica se abrazó a si misma mientras se acostumbraba a la oscuridad, agradecida con los luceros que le daban un poco de claridad y la cabellera rubia de su compañero que no se mezclaba con el velo de la noche.
Kyojuro se detuvo no muy lejos de donde habían hablado horas atrás, fue entonces cuando dio media vuelta, se mostraba tranquilo, mientras Kanae no hallaba palabras para romper el silencio.
Era extraño, pero no se sentía incómoda a pesar de las circunstancias.
—Espera, déjame hablar primero —manifestó éste alzando su mano —,lamento interrumpir tu sueño, pero vengo a darte una respuesta.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven, no sabía si era por la incertidumbre o por el gélido viento, claro que el hombre notó lo último y le prestó su abrigo.
El mencionado aclaro su garganta, miró al suelo por unos instantes antes de que sus orbes dorados se fijaran en los de ella, ambos sentían un calor en sus mejillas pero prefirieron ignorarlo.
—Esto no era lo que tenía en mente —se lamentó consigo mismo —,pero me hice una promesa —Ella lo escuchaba atentamente —,Kanae, te respeto como cualquier otro cazador, y me alegro de que me consideres como un amigo...pero eso no es suficiente para mi.
La mencionada abrió sus ojos ligeramente, sintió como si el tiempo se paralizara, en medio de la noche, los ojos de aquel chico eran como dos flamas que vislumbraban determinación y seguridad.
Apretó la mano con la que sostenía la tela blanca que rodeaba sus hombros.
—Me gustas —aseguró, tragó grueso antes de continuar —,no me interesa que estés en una relación, no puedo apagar la flama del amor que arde por ti.
—Kyojuro… —susurró mientras una lágrima bajaba por su mejilla
—¡Me gustas! Eres una chica muy amable, considerada, no dudas en proteger a tus seres queridos y… —aclaró su garganta —.Eres preciosa.
El rostro de ambos era de un vivo carmín, el pobre rubio tapó su rostro entre sus manos, el silencio reinó entre ambos unos instantes.
La azabache tomó la delantera y pasó sus manos por la cabellera ajena, para suavizar el ambiente.
—Lo siento —murmuró éste, dejando ver la mitad de su rostro —,lo que dije fue muy cursi, ¿Te molesté? Si no quieres …
—Tranquilo, fue muy lindo de tu parte —sonrió, el rubio sonrió apenado, llevó una mano hacia su mejilla, acariciando su rostro con el pulgar.
Como si el tiempo se hubiera paralizado, todo a su alrededor desapareció, poco a poco la distancia entre sus rostros se fue acortando, pero estando a pocos milímetros de sus labios sintió una mano sobre su pecho.
—Esto no está bien —arremetió ella, volteando su mirada hacia la pequeña casa a la distancia —,Kyojuro...no es seguro.
—Mi seguridad es lo que menos me importa.
—Pero esto no puede ser...no así —habló, juntando sus manos, la angustia se reflejaba en sus ojos, el chico la tomó por los hombros y le sonrió para alentarla.
—Entiendo, sé que eres una chica honesta, respetaré tu decisión —La joven asintió, mordió su labio inferior antes de hablar—¿Estás seguro? Esto no va a ser fácil.
—Por ti haría hasta lo imposible —respondió, posando un delicado beso en el dorso de su mano.
