ADVERTENCIA: ESTE FANFIC TIENE MENCIÓN DE:

VIOLACION

PEDOFILIA

POLIGAMIA

ESCENAS DE TORTURA

ESTAN ADVERTIDOS

AUTORAS: SIBREKA Y USIO AMAMIYA

Capítulo 2: Hombre a Gusano.

De verdad busca contenerse.

Pero no puede.

El par de criados ven asombrados que una princesa le corra baba por el mentón y le brillen los ojos solo por la comida frente a ella.

—¿A-Alteza?— Hinako la ve preocupada.

—¡¿De verdad puedo comer todo esto?!

—S-sí…

—¡¿Incluso los pasteles?! ¡¿Nadie me va a regañar por comer dulces?!

—Adelante, Su Alteza. — Richiro extiende su mano como invitación.

Con las mejillas rojas y ojos resplandecientes de felicidad, empieza a comer los dulces sin tregua. Entre bocado y bocado no deja de dar las gracias o comentar lo delicioso que está. Tuvo que tomar un descanso ya que le estaba jugando una mala pasada comer todo eso a lo desesperada luego de meses sin comer correctamente tanto en el palacio como en su osado viaje. Toma un largo trago de su té y suspira de alivio.

—De verdad puedo morir ahora mismo y seré feliz.

—Despacio, Alteza, no querrá vomitar todo. — Murmura Hinako preocupada.

—No puedo evitarlo, todo es sabroso.

—Su Alteza va a necesitar otra ropa. — Comenta Richiro.

—Lo sé, pero no quería volver ahí.

—Trae un par, y así las evita.

—No… no es necesario que hagan eso. — Orihime mueve sus manos en nerviosismo. — Con éste que me han dado estoy satisfecha y contenta

—Pero usted es la invitada del Emperador y la llave en acabar de una vez esta guerra… debemos tratarla con el respeto que corresponde.

—De verdad, estoy bien… este vestido es práctico para andar en el campamento cómodamente. No necesito más.

—Igualmente debe ir… pero la cambiaremos de ropa cada vez que se bañe. — Sugiere Richiro por la paz.

—Habrá que buscar ropa que el Emperador no pueda quitarle. — Bromea la criada ya yendo a la salida.

Eso llama la atención de la princesa. Confundida mira al mayordomo en busca de respuestas mientras mastica a su nueva presa culinaria.

—¿Qué quiso decir?

—No se preocupe por los comentarios de Hinako, le gusta bromear del vicio sexual de nuestro emperador.

—¿Se-… sexual? — Sus mejillas arden pero queda más confundida. — ¿Pero qué tiene que ver eso con la ropa?

—Alteza, ha pasado la noche en la cama del Emperador… y obviamente el señor ha dormido en su cama.

El silencio que hay a continuación sólo es interrumpido por el ruido de los soldados afuera de la carpa, siguiendo con su rutina normal.

De golpe la cara de la princesa se pone tan roja que uno podía jurar ver humo saliendo de éstas o sus orejas.

—¡¿QUEEE?!— Histérica. Claro, debió sospechar que la carpa seria del Emperador por la elegancia y y el escudo (que ahora se acuerda que es el de la familia Kurosaki), pero el agotamiento no la hizo sumar dos más dos ni mucho menos tomar como extraño que haya amanecido en una cama tan cómoda. — Di-Dios… ¿A-acaso...?

—Su Alteza, no ha pasado nada grave… Su Majestad no es esa clase de hombre.

—Sí, sí… tiene razón, lo sé. — Incluso en su prisión podrida se ha escuchado los castigos que Ichigo hace a los abusadores y violadores. — Sólo… sólo… qué vergüenza… nunca… yo… ¿Hay paja o algo para dormir en el suelo? O… ¿Algo disponible?

—Las camillas que sobran son de los que han caído en las batallas, no creo que eso sea correcto para alguien de su categoría… o dormir en el suelo.

—No es ni un problema para mí, estoy acostumbrada a dormir sobre los pisos de piedra o en establos. — Nota el ceño fruncido del hombre y se apena. ¿Ha hablado mucho?— De verdad… no me pondré quisquillosa de la procedencia de una camilla. Todos aquí son personas que luchan por su país, no voy a faltarles el respeto.

—Veré que puedo hacer. — Se inclina sintiendo un poco de curiosidad y respeto.

—Gracias. — En ese momento viene regresando Hinako murmurando cosas nada bonitas mientras lleva un par de prendas para Orihime. — Esto… quisiera ayudar en algo. ¿Hay un lugar donde se necesite manos extras? ¿La cocina? ¿Lavar la ropa? ¿O el área médica?

—Su alteza, alguien de su estatus no debería hacer ese tipo de trabajos. —Hablo Richiro sorprendido de su petición.

—Está bien, no me molesta.

—Tal vez lo mejor sea que se quede aquí y esperar a ser llamada por el emperador. —Sugiere el mayordomo.

—Pero… — Baja la mirada. — No quisiera estar aquí sentada sin hacer nada, cuando sé que puedo hacer algo productivo por los demás.

—Alteza… —Hinako la vio y poco después su mirada cambio a una más decidida. — No será agradable de ver, pero la llevaré a atender a los heridos.

—¡¿Qué crees que haces Hinako?! —Se escandalizó el hombre

—Obviamente llevaré a la princesa a atender a los heridos.

—No puedes llevar a la princesa a ese lugar, ¿Qué pasa si enferma? El emperador se enfadara con nosotros.

—El emperador es un buen hombre, yo misma explicaré la situación a su majestad. —Replica. — Ahora sígame alteza, la guiaré.

—¡Sí! — Responde una emocionada Orihime, mientras que Richiro tenía una expresión preocupada.

Orihime sintió la mirada curiosa de los caballeros sobre ella, pero no le presta importancia, había recibido miradas peores en el lugar donde vivía ya que llamarlo "hogar" era vergonzoso. Sin embargo pudo escuchar algunos cuchicheos.

"¿Esa es la rumoreada princesa?"

"Creí que era mayor"

"Escuché que se enfrentó a nuestro señor sin miedo"

"Mejor no mirarla, si no queremos que su majestad nos castigue"

Una pequeña sonrisa ilumina su cara, y las miradas hacía su persona continúan, después de todo, ¿Cada cuándo se podía ver a una hermosa y elegante princesa caminando por un campamento lleno de hombres sudorosos y llenos de sangre?

Hinako se detuvo en una tienda bastante grande y se giro a ver a Orihime.

—Está es la enfermería, alteza. —Le habla de forma cortés. — La llevaré con el médico principal. — Dicho esto la guio por las camillas de hombres heridos o mutilados hasta donde se encontraba una mujer de largo cabello oscuro. — Doctora Retsu, le he traído a alguien que quiere ayudar.

La mujer termina de poner el vendaje al paciente frente a ella y las encara con una sonrisa. La princesa queda maravillada de que tal bella mujer se encuentre dirigiendo el área médica. Debe ser una doctora sublime.

—¿A quién tenemos aquí? —Pregunta con una sonrisa mientras se ponía de pie y se acercaba a la joven, era una persona que imponía presencia.

—Soy Orihime Inoue, es un placer conocerla. — Hace una leve reverencia.

—Que señorita tan educada. —Halaga. — Soy Retsu Unohana, encargada de la enfermería y cuidados médicos del ejército de Karakura.

—Es un placer. — Saluda Orihime de forma educada.

—¿Así que desea ayudar? —Pregunta curiosa la mujer. —Dígame princesa ¿Tiene experiencia cuidando heridos?

—Sí, no soy una experta pero sé hacer cuidados básicos.

—¿Segura? No verás cosas precisamente agradables. — Vuelve a cuestionar la mujer.

—He visto a hombres siendo ejecutados y que les corten extremidades. Si pude soportar ver eso, curar heridos y atenderlos es algo fácil. —Responde firmemente.

Retsu sonrío ante su respuesta y la vio admirada.

—De acuerdo alteza.

—Puedes llamarme por mi nombre, en realidad no me importa. —Responde amablemente, llamando la atención de la audiencia.

—¿Está segura princesa? —Pregunta Hinako sorprendida.

—Sí, usted también puede llamarme por mi nombre señora Hinako, después de todo dentro de poco ya no seré una princesa, solo seré una plebeya común y corriente. —Responde tranquilamente como quien hablaba del clima.

—Pero… —Trata de alegar Hinako.

—Por favor, esa sería mi única solicitud.

—Como usted quiera. — Ambas mujeres se inclinaron levemente con una sonrisa.

—Entonces, Orihime. —Retsu se adelantó y le hizo una seña para que la siguiera. — Te encargaré hacer algunas curaciones ¿Está bien?

—¡Sí! — Responde emocionada de poder ser útil. — Señora Hinako, recuerdo el camino a la tienda principal, se que debe encargarse del emperador. Por favor puede irse tranquila.

—Pero pri… Orihime — Se corrige. — Debo asegurarme que estés bien.

—Despreocúpate, estoy con la doctora y su equipo, nada malo pasará.

—Entonces, me iré —Responde resignada. — ¡Pero si necesita ayuda llámeme!

—Por supuesto. — La mujer se alejo mientras la pelinaranja se despedía con un gesto.

Orihime volteo donde los soldados y comienza con el tratamiento.

Al principio la veían desconfiados pero conforme paso el día se fueron abriendo poco a poco a la chica quien los trataba de forma amable y desinteresada. Jamás hubieran pensado que una princesa en persona los atendería, generalmente la mujeres de la realeza solían ser damas elegantes y pulcras que odiaban ensuciarse, pero ahí estaba Orihime limpiando heridas, atendiéndolos y cambiando sus sábanas sin quejarse ni una sola vez. La doctora estaba encantada de tener a alguien tan competente que le ayudará a quitarse algunas preocupaciones de encima, únicamente se tomó algunos descansos para comer y hacer sus necesidades, pero fuera de eso era una mujer diligente y trabajadora.

Y trabajo de forma continua hasta que llegó la noche, momento en que la doctora la envío de vuelta a la tienda del emperador para un merecido descanso. Pudo bañarse con agua tibia y usar otro vestido parecido al primero pero con mangas largas y en color azul con detalles en color blanco. Hinako nuevamente cepilló su cabello hasta que finalmente tocó las tablas que Richiro se las había arreglado para convertir en una cama sencilla y quedó profundamente dormida.

Fue la misma rutina durante dos días, al tercer día, era de madrugada cuando el emperador llegaba al campamento base.

Hinako y Richiro quiénes usaban camisones largos de dormir le dieron la bienvenida.

—Saludamos a su majestad la espada del imperio. — Saludan al mismo tiempo.

—¿Cómo ha estado nuestra invitada? —Pregunta Ichigo entregándoles su capa sucia, tendría que ser lavada a primera hora de la mañana.

—Todo ha ido bien con ella. — Responde su fiel mayordomo.

—¿No ha habido algún berrinche? ¿Algo?

—No majestad, la princesa es muy tranquila.

—Ya veo. —Responde Ichigo. — Dormiré un poco, si se presenta algún problema despiértenme. — Ordena a sus sirvientes al entrar en su tienda.

Apenas entra e Ichigo empieza a desabrocharse la casaca militar, arrojándola sobre el primer mueble que vio. La leve luz de las velas apenas le permite ver, sumado a eso su cansancio. Echa un vistazo a su cama y nota que ésta se encontraba vacía.

—¿Qué demonios? — Dijo molesto, estaba a punto de salir y reclamar a Hinako y Richiro cuando descubre un bulto al final del lugar.

Extrañado se acerca y se encuentra la naranja cabellera de la princesa. ¿Por qué dormía sobre un montón de tablas y paja? Su respiración lenta le indica que estaba teniendo un sueño profundo. Acerca su mano a su cara y repentinamente la mujer empieza a girarse rápido y dirigir su puño hacía él, el cual detuvo sin esfuerzo alguno.

—¡¿Quién te crees…?! — Orihime corta su frase al sentir la mirada chocolate sobre ella.

—Hey. — La saluda informalmente.

—Su majestad. —Habla distraída, miro su mano y la retiro rápidamente. — Q-que irrespetuosa fui, alcé mi mano a su gracia, le pido humildemente perdone a esta ignorante.

—Despreocúpate. — Ichigo le resta importancia al ataque. — Sin embargo soy curioso, ¿Por qué tuviste esa reacción? — Pregunta extrañado.

Orihime no artículo palabra y se abraza a sí misma mientras evitaba su mirada.

—No es algo que quiera hablar. —Responde en voz baja.

—¿Tal vez lo quieras hablar después? — La ve morderse el labio y decide que era mejor dejar el tema por la paz. — ¿Puedo saber por qué duermes en este montón de basura y no en sobre la cama?

—Es qué esa es la cama de Su Majestad, yo no puedo ocuparla así que pedí que me prepararán un lugar para dormir y así no molestarlo.

—No eres una molestia, vuelve ahí enseguida. — Le ordena.

—Con todo el respeto que usted se merece, estoy más cómoda aquí. Además no puedo permitir que yo duerma cómodamente en su colchón y usted no. — Se defiende ella.

—¿Cómo va a ser más cómodo ese montón de comida para animales? — Replica empezando a molestarse por su terquedad. — En dado caso podemos solo compartir, así lo hicimos la última vez, ¿No?

—No se preocupe, yo duermo bien aquí, eso es innecesario. — Se cubre con la suave piel, lo único que Orihime si había pedido para resistir las frías noches.

—Mujer terca. — Dijo exasperado. — Eres una princesa ¿Cierto? Entonces debe ser molesto descansar ahí.

—Insisto, no es necesario, he dormido incluso en el piso. — Se tapa la boca, había dicho algo innecesario otra vez.

—¿Qué?

—N-no es nada. — Trata de encubrirlo rápidamente. — Buenas noches majestad, debe estar cansado, espero que tenga un buen sueño. — Le da la espalda rápidamente y se acurruca sin darle oportunidad de replicar,

Sin embargo este la carga como si fuese una bolsa llena de plumas y la depósito en la cama junto a él.

—¡¿Qué hace?! — Ella lo mira abochornada.

—Es obvio que te muevo de lugar. — Replica cansado mientras la acomoda. — No quiero réplicas, ahora duerme. — La nota hinchar la mejilla de forma encantadora antes de darle la espalda, sacándole una leve risa a Ichigo.

¿Que ocultaba esa mujer? Quería saber más de ella, debía esperar al informe de Mizuiro pronto, Ichigo no alego más debido al cansancio y se dejó caer en su cama junto a la princesa, quién nuevamente había vuelto a dormir en un parpadeo.


¡No lo olvides! — Dice una figura borrosa. — No salgas hasta que te de la señal.

Orihime presiona los parpados y hace un ruido raro. Había tenido un sueño extraño y otro inadecuado. ¿Cómo puede ser osada en soñar que el Emperador la llevaba a su cama a dormir juntos? Que pervertida e irrespetuosa de su parte.

Abre sus ojos, acalorada por aquel bochorno episodio… y se encuentra un pecho desnudo rozándole la nariz.

La temperatura va subiendo a su rostro mientras su mente va recapacitando no solo que ha sido real lo de anoche, sino que el mismísimo Emperador la tenía apegada a su cuerpo con un brazo. Sus labios entreabiertos sueltan un sinfín de tartamudeos en tono bajo.

Estuvo así hasta que Ichigo se despierta, quizás el tartamudeo fue el culpable. Primero presiona los parpados mientras gruñe en un alegato de despertar antes de lo previsto, luego abre los ojos como corresponde y ve a la quinta princesa de Rikka observarlo entre asustada y sorprendida, la cara totalmente roja. Entre la confusión mañanera y el pensamiento que no estaría mal despertar todos los días con ese aroma de flores que ella desprende (cosa ilógica en un campamento de soldados mugrientos, sudorosos y sangre por todas partes), nota que la causa de esa cara abochornada ha sido por su propio brazo aprisionándola.

Por fin sus cuerdas vocales funcionan correctamente y suelta un grito de miedo, sacando a Ichigo de su ensoñación totalmente. Se aparta bruscamente, quedando de rodillas en el colchón, y busca taparse con las pieles.

¡No había sido un sueño!

En ese momento entran Hinako y Richiro, preocupados del grito de la muchacha, y se sorprenden de ver al par de pelinaranjas en la misma cama, Orihime asustada y avergonzada, sin dejar de taparse, e Ichigo de la cintura para arriba en el suelo.

—¡Su Majestad! ¡Jamás creí esto de usted! — Reprende la mujer mayor.

—¡No ha ocurrido lo que te imaginas!

—¡Me encargare que su padre se entere de esto!

Media hora después ya estaban los dos vestidos y desayunando. Hinako y Richiro habían extendido una sabana entre ellos mientras se vestía dándose las espaldas ya que no tapaban mucho. Ichigo encuentra aquello molesto y piensa quizás pasar la noche con sus consortes, no tiene que ser allí respetuoso con ellas ni pudoroso.

—Entienda que una mujer de su nivel no le parece correcto dormir en la misma cama que un hombre que no es su marido. — Reprende la mucama al mismo tiempo que le deja su café.

—Ni que fuera la primera princesa que comparto lecho. — Refunfuña en un gruñido.

—¡Ichigo! ¡No delante de la princesa!

—¿Por qué?— Pregunta la susodicha mientras toma un brebaje que Hinako le hace tomar todas las mañanas y tardes con el fin de recuperar nutrientes. — ¿No es algo normal que los hombres aristócratas tengan un ejército de concubinas?

—No son cosas que se dicen delante de una dama. — Explica Richiro.

—¿De verdad? Qué extraño.

Antes que tuviesen alguna oportunidad de hablar del tema, un soldado anuncia su presencia e Ichigo le da permiso de entrar. Es el mismo que recibió a Orihime noches atrás. Renji era su nombre.

—¿Es sobre el prisionero?— Pregunta el pelinaranja, llamando la atención de su invitada.

—Al hijo de perra le hemos dado toda la tortura y se niega a hablar más de lo que dijo.

—¿Fueron suaves?

—Por supuesto que no, ¿Por quién nos toma? No deja de repetir lo mismo: que nuestro Emperador es una basura y que la barrera de Asher no caerá.

Eso hace clic en la cabeza de Orihime. Le habían dicho que Ichigo fue a Aslath porque hubo una revuelta de parte de su padre. Aslath y Asher son vecinos, separados por una barrera que un antepasado suyo creó con el fin de proteger la ciudad bella donde habitan los millonarios y aristócratas de Baigón, con el objetido de un ataque enemigo, tanto ellos como los civiles y de bajos recursos puedan entrar a Asher y estar a salvo. Claro que desde que su padre ha tomado el mando, los que no tienen dinero han perdido el derecho de dicha protección y se les ha dejado a su suerte. Y se acuerda que estaba preocupado en cuando el Emperador se estableció en Aslath, tenía miedo por si tomaba Asher y los recursos que por derecho son de los ricos.

—El… — Tose, sintiendo la adrenalina acelerando su corazón. No puede ser. No puede ser. ¿De verdad Ichigo se ha apropiado de esa clase de sujeto sin dificultad? — ¿El prisionero es el Duque Pepe Wacabrada?

—Así es princesa. — Responde Ichigo. — ¿Lo conoce bien?

—Todos en Rikka saben de él… no es de los más allegados a mi padre por amable que digamos. — Hace una mueca de asco. — ¿La revuelta en Aslath fue por hombres del Duque? ¿Llegaron y empezaron a debilitarlos?

—Sí. ¿Le estamos acaso dando una iluminación?

—Sí… ahora entiendo con qué propósito me vendieron al Duque. — Sonríe al tomarlo con la guardia baja. — Seria su esposa en estos momentos si no hubiese huido.

—¡¿Con ese anciano gordo que enseña el pene?!— Exclama Renji sin creérselo, olvidando por un momento que ella no debe ser alguien en quien confiar.

—Su hijo murió hace meses y las niñas que ha violado dan a luz mujeres o se suicidan con el bebé. — Su tenedor juega con la comida — El Duque Pepe tiene los recursos y los hombres que de seguro mi padre necesita para proteger Asher de Su Majestad y me ofreció como moneda de cambio porque no es discreto de sus intenciones conmigo... como hui, de seguro lanzo al altar a una de mis hermanas. — Asiente y mira a Ichigo. — ¿Puedo verlo? Quisiera decirle algo antes que lo maten

Ichigo no responde, ocupado en verla fijamente. Nota tanto el miedo como la rabia en esos ojos castaños y toma la decisión de ser él mismo quien termine con ese viejo gordo.

—Con una condición... — Ahora es su turno de sonreír a tomarla con la guardia baja — ¿Me dirás un secreto a cambio?

—¿En serio?— Renji suelta un bufido. — ¿Y por qué no le pides mejor que nos diga cómo botar la barrera?

—Ella lo dirá igualmente, es parte del trato.

Orihime presiona sus labios, un gesto de rabieta que en ella parece adorable y, por un motivo, sabe que buscara la revancha y eso le divierte. La ve suspirar.

—Trato hecho.

—Entonces princesa… — El emperador se pone en pie y extiende su brazo. — ¿Partimos?

Orihime toma aquel brazo y se deja ayudar a poner en pie. Piensa soltarlo pero le sorprende que él no le dejase.

Ambos caminan por el campamento como si en realidad estuviesen en un jardín real y con Renji y los criados detrás, parece que estuvieran en una etapa de cortejo con los chaparones. Si el primer día Orihime llamó la atención, hoy mucho más por ir del brazo de Su Majestad que no se puede imaginar la clase de rumores que se crearan.

El objetivo es una carpa que anda apartada del resto, quizás para que no se escuchen los gritos. Renji es quien abre la entrada y el par de aristócratas entra.

Orihime se sorprende, jamás se espero que el Duque de piel oscura, larga barba de chivo (que siempre lo ha visto manchado de vino y carne), calvo y gordo lo encontraría amarrado en una silla y cubierto de sangre y golpes. Incluso ha perdido dientes, un ojo y la pierna izquierda. Siempre se ha visto oscuramente exitoso con sus ropas caras y sin pudor por tocar u ordenar a sus amantes que le follen o mamen en público. En cuando su hijo murió, ha permitido que se presente más en el palacio y lanzarle insinuaciones que ha tenido que ser creativa con sus escondites.

—Duque Pepe, tenemos visitas. — Anuncia Ichigo en un tono diferente al que ha usado con ella. Es fría y cruel, provocando que una descarga fría le hele la espalda a su socia. — ¿Recuerda a la princesa Orihime?

Con un jadeo, Pepe abre su único ojo disponible y ve apenas por la sangre al emperador y a la princesa. Al verla, gruñe como un animal.

—Zorra... traidora...

Orihime agarra la falda de su vestido, al principio el acostumbrado miedo hace presencia en ella y le grita que corra, que se esconda o será cazada.

Como paso con el hijo.

—Los únicos... los únicos traidores en esta carpa es usted. — No es malo que estés asustada, tienes que enfrentar al miedo para ser valiente de verdad. Una hermana le había dicho eso y había sido su mantra en cada enfrentamiento contra su familia, aun cuando dicha hermana había muerto, no se detuvo en cualquier oportunidad de poder hacer algo. — Usted, mi padre, mis hermanas… usted y los demás son los traidores del reino. Han dejado que Rikka caiga a la mierda con tal que sigan comiendo como cerdos y violar niños.

—La gente nace sabiendo donde está su lugar... en la gloria... o sirviendo a la gloria como los animales que son. — Escupe sangre. — Debí haberte violado en plena cena, tu padre me lo permitiría... he sido negligente contigo... o violarte en ese día que te romp-...— El puñetazo de Ichigo lo interrumpió. Suelta un quejido de dolor mientras maldice al joven monarca. — Inútil… ella es una inútil… pierdes tiempo... con ella solo porque esta buena, ¿Eh?

—Ella vino a hablar... y tú la vas a escuchar.

—Haré que el Emperador derrumbe la barrera y tome Asher. — Lo escucha reírse pero no se inmuta. — El punto débil esta en el área B-1. — Sonríe por ver el asombro en el Duque y como la mira... la mira de verdad. Está viendo a una persona, no alguien que sirve para entretenerse. — Me he dejado ver estúpida con el fin de estar protegida, mi Lord, pero escucho siempre. Conozco las conversaciones secretas de mi padre, conozco los mapas, conozco las estrategias militares... porque ustedes no hacen más que subestimarme.

—Zorra endemoniada. — Cuanta ira hay en su voz y ella, por fin, las escucha sin la necesidad de correr. — Vas a morir desmembrada y violada a manos de tu padre y me reiré de ello en el Infierno.

—Voy a morir con gusto si con eso libero a Rikka de mi padre... pero primero debo admitirle mi único pecado. — Respira hondo. — Yo mate a Lord Inosuke, su hijo.

Su confesión trae un silencio sepulcral. El Duque la sigue mirando, va a morir y empieza a notar por fin cosas que ha pasado por alto como aquella perra que en realidad siempre ha tenido las garras y los colmillos afilados. Pero... ¿Su hijo? Eso es mentira, su Inosuke jamás habría muerto a manos de una enclenque.

Al menos que la haya subestimado como todos en la corte.

—Señor Renji. — Orihime ve al pelirrojo y éste sale de su ensoñación. — ¿Me puede devolver mi daga? Sera un momento.

—Claro que no

—Renji— La voz fría de Ichigo lo paraliza — Hazlo.

Su soldado no le queda de otra que obedecer. En mala gana saca de sus ropas una daga sencilla, pero con joyería incrustada, y se lo entrega a Orihime.

La princesa lo recoge dando las gracias y se lo enseña al Duque, quien abre el ojo de asombro apenas lo reconoce.

La daga de Inosuke.

—Me siguió... me golpeo para noquearme y así no poner resistencia... me rompió el vestido... — Sus dedos nerviosos juegan con la empuñadura. — Vi esta daga en su bota y... se la quite... le deje creer que me tenia... le deje que me besara... que me tocara... y entonces se lo clave en el pecho.

—¡Maldita zorra! ¡Asesina! — Escupió el conde. — Tú, miserable mujerzuela vales menos que un gusano ¡Mi hijo… mi primogénito! —Se remueve en su asiento intentando atacarla e instintivamente Orihime da un paso atrás…

Sin embargo, Ichigo se impuso y le dio un fuerte puñetazo al conde.

—Ya he escuchado bastante de tus estupideces. — Mira al duque con frialdad, incluso al hablar pareciera que salía el invierno porque todos sienten escalofríos. — Solo escucho cosas sin sentido saliendo de tu boca, no te permito ofender a una dama.

Toma a Orihime de los hombros y la apartó suavemente, no quería que estuviera cerca de ese hijo de puta.

—¡¿Una dama?! ¡Ja! — Aun sin una pierna y sangrando ha tenido la osadía de burlarse. — Ella no es más que una mera moneda de cambio y un juguete para ser usado por los hombres. — Ichigo le planta otro puñetazo y el calvo escupe un par de dientes. — ¡De seguro que tú también deseas abrirle las piernas y follarla! —Siguió burlándose mostrando los espacios vacíos en su boca y escupiendo sangre.

—Parece que nuestro señor se ha enfadado. — Dijo Renji cruzándose de brazos.

—Majestad, ya es suficiente. — Suplica Orihime agarrándolo de la capa de su uniforme. — Yo le daré la información que necesite, no pierda su tiempo con ese hombre.

—No tolero a aquellos que abusan de los débiles ni las mujeres. — Ichigo extiende su mano a uno de los soldados y éste desenfunda su arma con el fin de ofrecérsela. — Princesa, ¿Por qué no espera afuera un momento? — Le dice con tono amable, pero se podía sentir la sed de sangre en la carpa.

—¿Lo matara? — Pregunta de forma calmada.

El conde Wacabrada deja de reír lentamente y miro al hombre mientras temblaba como la rata que era, por muy orgulloso que fuera aun era un ser humano y todo ser humano temía a la muerte.

—Matarlo sería muy fácil, voy a castigarlo hasta el punto que suplicará por su vida.

—¿Su majestad me concedería un deseo egoísta? Quisiera darle unas palabras al conde Wacabrada. — Pregunta la princesa mientras vuelve a jalar la capa que colgaba de su hombro.

—Por supuesto, princesa Orihime. — Ichigo la miro curioso y le cedió el paso. —Todos los demás, dejen la tienda.

—¡¿Y dejarlo con esta mujer?! —Exclama Renji. —Ni hablar.

—Renji, ya van dos veces que me contradices en el día de hoy. — Lo mira seriamente y el pelirrojo traga hondo, hacer enfadar a su señor a un punto sin retorno no era bueno.

—Pero es que...

—Lord Renji, yo entiendo bien sus sospechas y por qué desconfía de mi. — Dice Orihime en tono comprensivo. — Pero le juro que no atentare contra su majestad. —Lo miro seriamente. — Él es la esperanza de Rikka y sus habitantes ¿Porque motivo querría atacarlo?

Renji se queda en silencio viéndola fijamente, un segundo después chasqueo la lengua y tras decir un "es asunto suyo" salió de la carpa con todos los demás, dejando solo al conde con los dos pelinaranjas.

—¿Q-qué? — Tartamudea el hombre, aún atado a la silla se encogió un poco.

—Nunca pensé que vería el día en que se viera tan patético y pequeño que me diera náuseas. — Empieza Orihime con su discurso. — ¿Le confieso algo? — El hombre observo con miedo a la princesa. — El día que mate a lord Inosuke tuve miedo. — Susurro. Ichigo solo escucha en silencio pero atento a sus movimientos. — ¿Sabe qué es lo que más miedo me dio conde? — No hay respuesta alguna. — Dígame ¿No adivina?

—¿Cómo voy a saber lo que pasa por tu mente? — Alcanza a contestar.

—Ah, sí. Olvide que usted es un cerdo egoísta que no piensa en los demás. —Se ríe de forma seca. — Se lo diré entonces, "mi lord". — Su mano temblaba mientras sostenía la daga ornamentada. — Me asustó el hecho que lo disfruté, me sentí liberada… — Este abrió los ojos sorprendido. — ¡Pero poco después usted comenzó a solicitar que asistiera a los banquetes! -La daga en la mano de Orihime se entierra, sorpresivamente, en el brazo del obeso noble, quien grito de dolor. Y si no fuera suficiente, Orihime lo mira con sus ojos cargados en rabia y repudio a pesar de las lágrimas. — El cómo me miraba era repulsivo, el cómo me señalaba también ¡Espero que se pudra en el infierno con su hijo! — Le grita mientras respiraba profundamente. Por fin lo había sacado, tenía meses con esos sentimientos guardados en su interior.

Ichigo se acerca a ella y la ayuda a sostenerse, todo comenzó a ponerse negro a su alrededor y sin darse cuenta la voz del emperador se hizo más y más lejana, hasta que todo se puso negro para ella y colapso.

Ichigo alcanza a sostenerla para que no toque el piso y recibiera algún golpe doloroso. No pudo evitar verla admirado, debía tener mucha fuerza dentro de ella para aguantar todo ese tiempo con aquel sentir dentro de ella. El conde Pepe seguía gritando mientras Renji, Ikkaku y sus soldados entraban rápidamente.

—¡Majestad! ¿Qué ha pasado? —Habla Ikkaku pero al ver al monarca sosteniendo a la joven que yacía desmayada en sus brazos lo entiende todo.

—Lleva a la princesa a mi carpa, parece que ha tenido emociones muy fuertes demasiado temprano. — Ordena sin ver a nadie más que a la princesa.

—Como ordene. — Renji se acerca y carga a la joven con delicadeza.

Podía sentir la furia de su señor, aquel pobre diablo sufriría bastante. Sale de la tienda cuando los gritos de aquel conde se escucharon nuevamente, ahora esa rata suplicaba piedad pero Ichigo estaba demasiado enfadado.

Para cuando Orihime había recobrado la conciencia lo único que se le dijo es que el conde seguía vivo pero en su estado hubiese sido mejor la muerte. Pidió saber que había pasado pero el emperador prohibió que le dijeran una palabra a la princesa.

En algún lugar camino a Karakura aquel conde que disfruto de la comida más deliciosa y las mujeres más bellas iba en carroza con barrotes sin piernas, brazo y su lengua cortada.

El castigo que Ichigo había decidido era que sufriera como un gusano arrastrándose por el piso, no le concedió la muerte ya que en sus palabras está era "demasiado buena y corta para él".