ADVERTENCIA: MENCIÓN DE COSAS OSCURAS COMO VIOLACION, PEDOFILIA, ETC.

Capítulo 3: Lo que hay bajo la ropa.

Lentamente abre los ojos y lo primero que vio fue el escudo de la familia imperial en el techo de la carpa, pudo sentir las cálidas pieles debajo de ella y la capa del emperador cubriéndola como si fuera él mismo quien le brindara aquel calor.

—¡Princesa! —Hinako se acerca a ella en cuanto nota que está había recobrado el conocimiento. — ¿Se encuentra bien? ¿Algo le duele? —Pregunta de forma maternal que la aturde un momento al no conocer aquel cariño.

—Estoy bien señora Hinako. –Respondió Orihime con voz baja. — Y recuerdo haberle pedido que me llamara por mi nombre.

—¡Mi Dios, lo olvide! Pero es que estaba tan preocupada cuando el teniente Ikkaku te trajo aquí. —La toma de la mano y unas lágrimas se asomaron por sus ojos, apenas la conocía hace unos días pero ya le ha la tomado mucho cariño a la muchacha.

—Lo siento mucho, no fue mi intención preocuparte. —Le dijo con sinceridad mientras sonreía. — ¿Cuánto tiempo he dormido?

—Cerca de medio día, cariño.

—¡¿Tanto tiempo?! ¡Debo ir a la enfermaría! —salta de la cama sorprendida, pero un mareo repentino la descolocó y cae de sentón en el colchón.

—Por favor no se levante señorita Orihime. —Richiro entro en ese momento con una taza humeante. —Le he traído un té, le ayudará. Tiene mucha azúcar. —Richiro no se sentía capaz de llamar a Orihime por su nombre debido a su trabajo como mayordomo así que por eso había preferido mi lady o señorita.

—Se lo agradezco señor Richiro. —Orihime toma la taza y bebió el contenido, se sentía tibio y reconfortante. — ¿Dónde está su majestad?

—Murmuro algo de sacar la basura y regresar los insectos a su agujero, pero no dijo más.

—Ya veo.-Orihime vio su reflejo en la taza de té un momento y volvió a tomar un sorbo.

—Deberías descansar ahora. — Habla la doncella al verla con intenciones de ponerse de pie.

—Pero la doctora Retsu…

—Ella está al tanto de todo, te atendió más temprano y nos informó que tenías un agotamiento crónico y debías descansar.

—¿No hubo heridos en la revuelta?

—Esta vez no hubo un solo herido de gravedad.

—¿Eh? Quizás suene mal lo que voy a decir pero ¿Por qué?

—Por el esposo de la doctora Retsu.

—¿La doctora Retsu está casada? —Pregunta extrañada, nunca vio un anillo en su dedo o menciono algo al respecto.

—Claro que está casada. — Dijo Hinako con un bufido, como si fuera algo obvio.

—Señorita, hemos lavado el vestido que uso ayer, como no se nublo hoy se seco muy rápido. — Comenta Richiro dejando el vestido perfectamente doblado junto a la joven.

—Muchas gracias. — Responde de forma amable y vuelve su atención a Hinako quien cosía una tela rosada. — ¿Y quién es su esposo?

—El conde Zaraki Kenpachi, capitán del onceavo escuadrón de ataque.

—¡¿Qué?! —Exclama genuinamente sorprendida. Se le ve también un poco de miedo. — ¿Z-Zaraki Kenpachi?

—¿Ha oído hablar de él mi lady? — Preguntaron ambos.

—Sí, en el palacio escuché mucho de él. —Responde. — El monstruo del campo de batalla que nunca ha sido vencido más que una sola vez a manos del mismísimo emperador y su padre; conquistó Quan en solo veinte días, es casi como una leyenda. Mi padre se quejaba constantemente que varios de sus poblados eran tomados por él, pero nunca pensé que estuviera casado. — Dijo pensativamente mientras lleva su mano a su barbilla.

—Vaya, el conde estará feliz de saber que sus hazañas llegan hasta otros países. — Dijo la mujer sin dejar su labor.

—Pero la doctora Unohana no usa el apellido del conde.

—Ah, eso es porque ella dijo que podía brillar por si misma sin el apellido de su marido. — Responde el mayordomo, quien servía más té a la joven.

—Y lo ha hecho espléndidamente, sin embargo también sabe que debe cuidar de su familia y la siguiente líder de la familia.

—¿Siguiente líder? — Nuevamente la princesa refleja asombro. — No me digan…

—Sí, tienen una niña de aproximadamente ocho años, es toda una guerrera como su padre. —Sonrió al recordarla.

Orihime queda algo aturdida por la información, nunca creyó que conociera a semejantes personajes en su vida.

—Creo que dormiré un poco más. — Murmura Orihime, tenía mucha información que procesar y el agotamiento le sigue afectando.

—De acuerdo pequeña, pero ponte esto. — Hinako da la última puntada y le entrega un camisón de dormir rosa con un bonito bordado al final.

—E-es… ¡Muy lindo! — Orihime acaricia la tela suavemente.

—Lo he hecho de uno de mis camisones viejos, espero que no te moleste.

—¡Claro que no! — Responde feliz mientras toma la prenda y la pegaba a su pecho. — Estoy muy feliz, gracias.

—Saldré un momento a revisar la comida, volveré enseguida. —Habla el hombre.

—Sí, ten cuidado. — Respondieron las dos mujeres.

—Me cambiaré ¿Me ayudarías? — Pregunta Orihime y la doncella asintió emocionada y procedió a ayudarle a cambiarse.


Ichigo anda cansado, después de encargarse de ese sinvergüenza arregló todo para que fuera enviado al calabozo de Karakura y se pudriera para siempre. Después fue con sus generales a la carpa de reunión y comentó como bloquear la zona B-1 para que el rey Quirge entrara en pánico y moviera sus tropas como el quería. Eso le llevo gran parte de la tarde, incluso había almorzado en la carpa junto a sus generales y capitanes… excepto Kenpachi, ese hombre había sido su maestro desde la infancia y sabía cuánto odiaba este las reuniones, le parecían una pérdida de tiempo, mismo que según él podría ocuparse en una buena pelea así que decidió enviar la información por un halcón mensajero.

—Estoy cansado —Murmura en un quejido mientras se acercaba a su tienda de campaña.

Antes de entrar pudo escuchar la princesa Orihime cantar mientras Hinako cepillaba su cabello y aquel olor a flores lleno sus fosas nasales nuevamente en ese momento. Un gruñido sale de su garganta y da media vuelta, avanza unos pasos cuando su mayordomo aparece en su campo de visión.

—Iré con mi cortesana. — Dijo con voz rasposa por culpa de lo que sea que despierte Orihime en él. — No quiero ser molestado a menos que sea algo de vida o muerte ¿Entendido?

—Sí, su majestad. —Asiente el hombre.

—Y encárgate de decírselo a Renji personalmente. — Pasa de largo mientras Richiro se inclina a su paso.

Necesitaba desahogarse, necesitaba borrarse la imagen de Orihime de su cabeza y sobre todo necesitaba dejar de querer probar su boca contra la suya.

Parece que los soldados a su paso deben sentir su enojo y frustración porque se hacen a un lado de su camino sin titubear. A veces es una ventaja ser el Emperador con un carácter impredecible.

Dentro del fuerte hay una pequeña área de cortesanas, en donde las mujeres que tanto él como otros nobles trajeron para satisfacer necesidades. Estaban cerca de la zona de escape, cosa que si ocurre un atentado, ellas sean de las primeras en correr y estar seguras.

La de su cortesana destaca por llevar el emblema de la familia imperial y ser la única de color negro, aparte de más grande. Se va acercando mientras empieza a desabotonarse la camisa en la zona del cuello, ignorando las miradas de las otras mujeres y de los soldados encargados de cuidar la zona… quienes también son recompensados en su sueldo por tener que aguantar oír los gritos y gemidos a cada instante.

Entra a la carpa sin anunciarse y encuentra dentro a una mujer de largo cabello rosa, peinándose y vistiendo sólo un camisón por las pocas ganas de vestirse. Como siempre, luce impecable a pesar de no estar en su cuarto con paredes limpias y elegantes, sino en una carpa donde el polvo se cuela el doble. El cuerpo de su cortesana es todo un reloj de arena con esa pequeña cintura, trasero bien firme y senos ideales.

Eso le hace pensar otra vez en Orihime y suelta un gruñido. Se ha dado cuenta recién que tiene un tipo de mujeres si consideramos que todas sus cortesanas son así de esbeltas.

—Su Majestad. — A pesar de sus ropas de dormir, Meninas se inclina como si llevase uno de sus vestidos de siempre. — Me alegra su regreso seguro en Aslath.

—Gracias Meninas. — Ya se había quitado tanto la chaqueta militar como la camisa.

—Debió haber venido ayer. — Dice al momento que se pone de puntillas y rodea su cuello. — Lo habría ayudado a quitarse mejor el agotamiento del viaje.

—Mucho trabajo. — Murmura simplemente, al mismo tiempo que la alza por debajo de los muslos y calla su risa con un beso.

Sin dificultad lleva a Meninas a la cama, aprisionándola entre ésta y él. Sus manos no tienen nada de gentileza, esa noche no quiere ser gentil... al menos en las primeras horas.

Necesita quitarse esa necesidad alocada que tiene con respecto a la princesa.

Por cosas como esta es que Keigo, Mizuiro y Hirako lo molestan con su apetito sexual sin control, con comentarios como que cualquier mujer con un culo bonito lo excita, no importa si tiene cara de ogro.

Huele el cuello de Meninas mientras la embiste con fuerza. Ella no se queja de la brutalidad, al contrario, la enciende más que se había corrido ya dos veces. Ichigo nota en el cuello un olor a vainilla que es un alivio en ese momento porque le quita de la nariz y en la mente el aroma a flores que tiene Orihime a pesar de estar rodeada de sudorosos hombres y polvo.


—Ya que el Emperador no va a dormir aquí, aprovecha la cama para ti sola. — Recomienda Hinako.

—¿No...?— Rápido su mente entiende la situación y sonríe. — Ah, esta con una consorte.

—Una dama no debería tomar esas cosas tan a la ligera.

—Es un hombre y un soberano… es normal que tengan una torre llena de mujeres… u hombres también, para satisfacerse. — Termina sus palabras encogiéndose de hombros.

Ambas mujeres se despiden dándose las buenas noches y Orihime se acurruca en la cama temerosa de soñar otra vez con aquel episodio con lord Inosuke luego de haber pasado aquel encuentro con el Duque Pepe. Cuando lo piensa, puede jurar que tiene el aliento de ese cerdo baboso en su oreja y sus manos en los senos.

Tiembla y se apega más a la almohada y las pieles. Escucha su propio lloriqueo en aquel entonces resonando en su mente como un eco mientras suplica en susurros que ya todo acabo, que no hay nadie allí que la hará daño.

Está a salvo.

Sintiendo las lágrimas salir, suelta una maldición y entierra la cara en la almohada. No quiere que alguien la escuche. Y se da cuenta que algo peculiar.

Esa es la almohada de Ichigo con su aroma a menta que por una razón que desconoce le queda tan bien.

Darse cuenta de ello le calma el latido frenético de su corazón y el recuerdo fantasma de Inosuke desaparece. Jadeando en alivio, se aferra más a esa almohada con el aroma de Ichigo y deja que la embriague, durmiendo al instante.

Ya se preguntaría mas despierta y cuerda el por qué aquello la había salvado de las pesadillas.


Ichigo se anda amarrando los pantalones. Mira por arriba del hombro a Meninas durmiendo recién luego de haber estado sin parar toda la noche. No sabe si es por la acumulación de días sin hacerlo por andar primero preocupado de la guerra a Rikka que de satisfacerse sexualmente.

Ya con el uniforme bien puesto, toma la mano de su amante y le besa el dorso como dándole las gracias o felicitándola por aguantar.

Sale de la carpa impecable, ni un rastro que delate que haya estado follando en la noche. Camina en dirección a su carpa decidido a un buen desayuno privado antes de enfrentarse a la realidad.


Despierta en cuando escucha la voz de Hinako, aunque no de todo ya que sigue en el mundo de los sueños más que en la realidad.

Últimamente duerme un montón y sin interrupciones que su cuerpo sigue liberando el agotamiento que ha ido acumulando desde su primer sangrado. De seguro si Hinako no la despertase, podría dormir de recorrido un día entero... o una semana.

Es curioso lo segura que se siente ahora que no debe cuidarse hasta de su propia sombra.

—Orihime. — Insiste la mujer mayor. — Hora de desayunar.

Resignada se estira casi parecido a un gato mientras se frota los ojos que siguen medio abiertos mientras se levanta con lentitud de la cama, quedando sentada con la falda del camisón en los muslos por lo bien enrollada que quedo.

Y en ese momento entra Ichigo, quien no tarda en pillar a la princesa en esa posición, murmurando el sueño que tiene con su pelo despeinado. Queda embelesado por aquella sencilla vista pero erótica a sus ojos, y entonces nota algo raro ahí.

No puede saber más porque Hinako le tapa la vista.

—¡Su majestad, no es correcto ver así a una dama!

—¿Eh?— Orihime ve a Ichigo ya mas despierta y, roja como tomate, se tapa las piernas con las pieles.

—Buenos días, su majestad. —Saluda Orihime despertando por completo.

—Buenos días. —Responde Ichigo, no estaba seguro si vio algo malo pero le resto importancia. —Iré a revisar un par de reportes mientras se pone presentable princesa.

—Sí, majestad. Gracias. — Asiente la dama, Ichigo sonrío y se retira de la carpa ondeando su capa tras él.

—Andando Orihime, de pie. — Hinako la hizo levantarse y comenzó a prepararla.

Le ayuda con las enaguas y el liguero para después ponerse aquel vestido blanco del primer día. La mujer mayor mira la prenda con ojos acusatorios.

—Una dama necesita más ropa, debo avisar al emperador.

—Está bien, a mí no me molesta. — Le sonríe Orihime queriendo restarle importancia. — Su majestad ya está muy ocupado con esta guerra. ¿Por qué pedirle algo innecesario?

—¿Innecesario? No puedes andar por ahí con solo dos vestidos intercalados, además no son tu estilo. — Le reclama mientras comenzaba a cepillar su cabello.

—Nunca me ha interesado seguir la moda o la ropa que utilizó, estaba ocupada con otras cosas en el palacio. — Como ocuparse de Rena y escapar.

—Ni hablar, se lo diré al emperador hoy mismo.

—Pero...

—Y no quiero escuchar réplicas. — La mujer pone punto final a esa conversación mientras seguía su trabajo. —Creo que me estoy haciendo adicta a esto… ¿Cómo puedes tener un cabello tan hermoso?

Orihime solamente sonrío ante el cumplido de la doncella, la sintió mover su cabello y sostenerlo con algo. Cuando se mira en un pequeño espejo se da cuenta como había sujetado su cabello a la mitad y su mano toca un adorno, con otro espejo y ayuda de Hinako se dio cuenta que parecían ramas de árbol.

—Es hermoso ¿De dónde lo sacaste?

—Una de las cortesanas del campamento se iba a deshacer de muchos accesorios y este era uno de ellos.

—Es precioso. — Lo toca con sus dedos.

—Espero no te moleste que sea de segunda mano.

—Por supuesto que no, muchas gracias Hinako. —Le dijo tomando sus manos mientras se reía juntas.

—He vuelto. — Ichigo anuncia su entrada y al ver a Orihime se queda sin palabras.

Hinako sonríe picara al notar la reacción de Ichigo.

—¿Qué le parece majestad? ¿Acaso Orihime no se ve bonita?

—¿Orihime? —Arquea un poco las cejas al escuchar que no la llama por su título.

—Yo le he pedido que me llame por mi nombre Majestad, de todas formas pronto abandonaré mi título real. — La defendió la joven de ojos castaños.

—Muy bien, si así lo quieres. —Dice resignado, mira a la criada y hablo nuevamente. — Hinako, mientras la princesa esté aquí serás su dama de compañía.

—Sera un honor.

—Richiro, también te harás cargo de la princesa.

—Como ordene majestad.

—Igualmente seguirán atendiéndome pero la mayor parte del tiempo estoy ocupado, así que es más fácil que sirvan a la princesa de Rikka. — Continuo mientras se quita el saco del uniforme. — Ahora que finalmente está lista princesa, ¿Tomamos el desayuno?

Orihime solo asiente en respuesta, contenta. El desayuno fue llevado a la carpa del emperador, donde no dejo de notar lo feliz que era la princesa con cada bocado que daba, pareciera la primera vez que comía decentemente. Aquello le causa un malestar en el pecho… rabia. Quiere agarrar a cada responsable que aquella mujer joven no se alimentase como se debe.

Estaban finalizando cuando uno de sus hombres lo llamo.

—Majestad ¿Es posible pasar? — Pregunta el guardia.

—Sí. — Concedió él el permiso y este se inclino ante su emperador.

—Ha habido un problema con los suministros y las armas, algo que debe ver.

—Iré de inmediato. — Responde Ichigo dejando la taza y poniéndose de pie. — La veré más tarde princesa.

—Sí, su majestad. — Ella lo ve inclinarse hacia ella antes de darse media vuelta e irse con el soldado tras él.

Orihime termina de comer el ultimo pedazo de tarta de fresas cuando anuncia que estaba satisfecha y los platos fueron retirados, dejando la carpa limpia.

—Deberías ir donde la doctora Unohana. — Orihime se pone de pie, ansiosa.

—¿No quieres descansar más? —Pregunta Hinako preocupada por su salud.

—No, estaré bien –Responde, se le ve emocionada de ya empezar a trabajar y recuperar el tiempo perdido. — Ayer descanse mucho… quizás demasiado. —Murmura mientras sus mejillas se ponían rojas.

—Pero Orihime…

—No te preocupes, si me siento mal solamente vendré aquí directamente a descansar.

—Muy bien, pero no te sobre esfuerces.

Orihime le dijo que lo tomaría con calma y salió en dirección a la carpa de enfermería con Hinako tras ella. Todavía había soldados que desconfiaban pero otros ya se estaban acostumbrando a ella. Al llegar, la doctora pregunta sobre su salud y tras un breve intercambio de palabras le dio instrucciones de curar a algunos heridos y así dar comienzo a su día.


En otro lugar, en la carpa de estrategia militar Ichigo recibía el reporte.

—Los encargados de suministrar los víveres y las armas reportan un bloqueo en la tercera ciudad de Rikka, Hinagiku.

—¿Son civiles?

—No majestad, son soldados pero tienen a civiles de rehenes y exigen nuestro retiro o mataran a los ciudadanos.

—Si no hacemos algo se nos acabarán los insumos. — Murmura Ichigo pensativo. — Mira el mapa y planea otras ideas con sus generales.

—Tal vez deberíamos pasar a la fuerza. — Sugiere un hombre de gran barba.

—Podemos pero matarían a los civiles y en la pelea perderíamos hombres y los suministros. — Agrega Renji en representación de su capitán y futuro suegro.

—No podemos darnos el lujo de perder días en una batalla sin sentido.

Después de casi tres horas de planear un ataqué preventivo y enviar algunas tropas infiltradas para deshacerse de las molestias, los hombres se retiraron e Ichigo se dejó caer en su silla cansado. Era difícil dirigir un ejército pero estaba seguro que tendrían la victoria con la ayuda de Orihime. Vio los papeles frente a él y las hojas con el reporte de Mizuiro, había llegado esa misma mañana y estaba a punto de leerlo cuando Hinako entra en ese momento y casi se le escapa un gruñido.

—Majestad necesito hablar con usted.

—¿Que sucede?

—La señorita necesita vestidos, no puede andar intercalando solo dos prendas. No va con su estatus ni es higiénico.

—Solo toma otros vestidos de meninas. — Dijo desinteresado.

—Por supuesto que no. — Habla firme la mujer. — No dejaré que Orihime siga usando la ropa de esa mujer vulgar. — Hinako hizo un gesto despectivo, era sabido por varios que su antigua nana no toleraba a su cortesana.

—Entiendo tu punto ¿Ella lo pidió?

—Claro que no, es una niña tan buena que ella no ha pedido nada desde el primer día a excepción de que le arregláramos una cama. — Alaba la mujer de cabello cano.

—Ya, ya lo entendí -Ichigo bufó, estaba claro que Hinako ya había puesto a Orihime en un pedestal. Pero tenía razón, aunque los vestidos que usaba le quedaban bien algo no le cuadraba. — Mandare traer algo de ropa para ella.

—Sabía que mi niño me daría la respuesta correcta. — Sonrió la mujer mientras salía murmurando que debía preparar su carpa.

Una vez que la doncella se fue toma por fin el informe que Mizuiro había preparado y leyó rápidamente. Secta hija del rey con una sirvienta. Debutó a los catorce años, pero tan solo se presentó y toda la fiesta estuvo desaparecida, otras cinco hermanas mayores que ella y una menor que ocultaba con un conocido. Sin embargo cuando llegó al final descubre que era conocida en su pueblo como el "ángel del reino" por su benevolencia.

—Vaya mujer interesante. —Frunce el ceño cuando llegó a cierta sección. — ¿Múltiples compromisos? — Al parecer su padre había aceptado al menos cinco pretendientes para ella pero lo más asqueroso era que pedía dinero a cambio de su mano.

¿Qué clase basura era el rey Quirge? Básicamente ofrecía a su hija al mejor postor, disfrutaría humillarlo y reducirlo a un mero hombre sin poder.

Abandona el reporte y estira los músculos tiesos de su espalda. Se encuentra cansado y necesita estirar las piernas, por lo que decide dar una vuelta por el campamento y vigilar que todo estuviera bien. Toma su espada y la cuelga a su cintura, nunca se sabía en qué momento podrían atacar. Sale de la carpa y saluda a sus hombres hasta que se acerca a la enfermería y la vio.

—¿Pero qué hace? — Pregunta en voz alta al verla salir de la carpa cargando una cesta llena de ropa.

—¿Segura que podrás con eso Orihime? — Pregunto Isane, la ayudante y mano derecha de la doctora Retsu Unohana, asomando su cabeza.

—No te preocupes, estoy acostumbrada. —Responde a lo lejos mientras llevaba todas las sábanas y ropas mugrientas.

Curioso la sigue hasta el lecho del río cercano haciendo muecas a los soldados que lo veían para guardar silencio. ¿Por qué estaba lavando ropa sucia? Era su invitada, solo debía quedarse en su carpa y esperar ser convocada, pero la princesa parecía ser el tipo de persona que odiaba quedarse quieta. Decide quedarse y vigilarla para evitar algún accidente. Luego de casi una hora la nota quitarse el sudor de la frente con una sonrisa y regresar a la enfermería, donde se escuchaban instrucciones de la doctora.

—Orihime, ¿Podrías poner un apósito al paciente de la cama veinte? — Pregunta Isane mientras amputaba un dedo con el mayor cuidado posible.

—Iré en seguida. —Responde ella mientras dejaba la ropa sobre una mesa e iba a la cama indicada.

Los pacientes parecían encantados con ella, era amable y cuidadosa con ellos. Ya entendía ahora el nombre de "ángel del reino". Se aleja mientras pensaba que tendría que asignarle un guardia que la vigilará para que no tuviera un accidente.


La noche había caído en el campamento militar de Karakura cuando Ichigo entra a su tienda y ordena a Richiro que le prepararán un baño. Necesitaba limpiarse bien, el día anterior no había tomado una ducha, a eso sumado que había pasado toda la noche anterior follando definitivamente es urgente que el agua lo tocará.

La tina tallada en ónix fue colocada al centro de la tienda y fue ayudado por Hinako para desvestirse. Siente un enorme placer en el instante que el agua caliente toca sus músculos tensos, Hinako le ayuda un poco con su espalda pero la mayoría se lavo él solo. Sin embargo aprovecha la oportunidad para preguntar a su doncella sobre lo visto ese día.

—Hinako, explícame que hace la princesa ayudando en la enfermería. —Ordena seriamente.

—Ella misma lo pidió, dijo que quería ser útil en algo mientras estaba aquí.

—¿Desde cuándo?

—Desde el primer día que la trajo aquí hace cinco días. —Responde la mujer respetuosamente.

—¿No ha tenido problemas?

—Ninguna majestad. — En esa ocasión es Richiro quien habla. — De hecho comienza a ser apreciada por los soldados.

—¿No cree que ella es un buen prospecto de emperatriz? —Le insinúa su doncella mientras oculta una risita tras su mano.

—No empieces Hinako. — Ichigo suelta un gruñido de agotamiento mental tras aquel mismo tema de siempre: cásate y ten hijos.

¡No, maldita sea!

—Pero la emperatriz dice que ya desea tener nietos. — Le dijo ella en voz baja.

—Pues lo que es de mí no los tendrá pronto, que espere a Yuzu o a Karin. — Dice sin estar interesado en ese asunto.

—Recuerda que es su deber traer un heredero al trono.

—Y cualquiera de mis hermanas pueden con ello también. Son de sangre real como yo, si no tengo hijos, que espero que siga así, cualquiera de mis sobrinos podrá ser emperador.

—Sin ofender Majestad, pero la línea del emperador ha sido de padre e hijo de forma interrumpida desde que se fundó el imperio. No puede romper esa tradición.

—No hay ninguna ley que me obligue, no pienso escuchar más está conversación. — Zanja el asunto e ignora el chasquido de lengua por parte de la mujer. — Trae a Keigo, le daré un trabajo. — Ordena el pelinaranja a Richiro mientras se ponía de pie.

—Sí majestad. — El mayordomo salió de la habitación mientras Ichigo comenzaba a secarse.

Orihime entra a la carpa en cuando estaba terminando de vestirse, agotada pero feliz. Hinako se acerca diciéndole que le prepararía un baño caliente y por algún motivo Ichigo se perdió en esa sonrisa que parecía iluminar el lugar.

Se estaba volviendo loco.

—Gracias señora Hinako. — Dice para luego ver a Ichigo y darle la reverencia que corresponde. — Buenas noches Su Majestad.

—Buenas noches… te he visto en la enfermería.

—¿De verdad?— Sus manos buscan desarmar el peinado y así quitarle responsabilidad a Hinako. — Pudo pasar a saludar.

—¿No te vas a meter en problemas? Eres muy despistada

—No me molesta, me encanta ayudar en todo lo que puedo… además, es lo mínimo que puedo hacer por esas personas que dan sus vidas por culpa de las irresponsabilidades de mi padre… ay. — Hace una mueca y se frota la zona dañada en su pelo.

—¿Qué ocurre?— Ichigo se pone de pie y se acerca.

—No es nada, agarre mal el peinado.

—A ver. — Antes que se dé cuenta, Ichigo ya está cerca, invadiendo su espacio personal y sus manos están en su pelo. — Mira que eres torpe.

—Yo… — Su cara esta roja por la cercanía — No es necesario…

—Descuida, tengo dos hermanas, se lo que hago.

Fueron los cinco minutos más tensos y largos de la historia. Podría ahora mismo ocurrir una explosión causada por la catapulta y Orihime no se daría cuenta por lo fuerte que se escucha su corazón en sus oídos. En cambio Ichigo no puede dejar de estar embelesado por la suavidad del pelo de la princesa y cómo sale en abundancia aquel bendito y maldito aroma de flores en ella y golpea su nariz, produciéndole pensamientos que de seguro la escandalizaría.

Lo que daría por enterrar su cara en aquel níveo cuello y oler hasta quedar ebrio de ello.

Carraspea queriendo quitar la ronquera o tensión en su voz o la asustaría.

—Listo.

—Gracias. — Murmura bajo mientras toma el accesorio y se aparta unos pasos mientras le da la espalda. No quiere que vea su cara roja o el miedo que tiene.

—De nada.

Gracias a Dios Hinako entra antes que se vuelvan incómodos, con unos soldados que cargaban la tina de ónix ya limpio de todo rastro del baño de Ichigo. La mucama y Richiro empiezan a llenarlo con agua caliente traído en ollas grandes mientras Keigo se presenta.

—¿Qué ocurre Ichigo?

—Tengo un trabajo serio para ti — No le molesta en ese momento que su amigo de la infancia lo tutee, es tarde ya y hay solo gente de confianza allí. — Serás el guardaespaldas de Orihime.

—¿Qué?— Dice él.

—¿Qué?— Dice ella.

—Ichigo, no me molesta estar todo el día acompañado de una bella mujer, pero... ¿Por qué? Está en el lugar más seguro.

—¿Bella?— Orihime se sonroja, no se lo creía en realidad.

—Orihime ha querido ayudar en el área médica y eso también significa que debe salir a veces... la princesa es nuestra carta más valiosa en información se refiere, por lo tanto debe estar cuidada con uno de mis mejores hombres.

—Su Majestad... no necesito que Lord Keigo pierda su tiempo conmigo... yo estaré bien.

—Ya lo decidí, por lo tanto se queda. La cuidas... y con tu vida si es necesario.

Keigo lanza un suspiro de agotamiento, se revuelve el pelo y comenta que debió irse con Mizuiro a la misión de espías.

—Vale, vale... lo que digas. — Se encoge de hombros. — Total saldré ganando... ¡Voy a estar con la bella princesa todos los días!— Sonríe de oreja a oreja.

—Disimula tu entusiasmo. — A Ichigo le molesta su comentario... y luego se molesta consigo mismo por eso.

—¡Ya está!— Celebra Hinako viendo la tina de ónix llena. — Todos los hombres afuera, la princesa se va a dar un baño. — Dictamina empujando a Keigo. — Tú también, Su Majestad.

—Sí, sí... regreso en treinta minutos. — Anuncia su llegada para que estén listas a esa hora.

Ya solas Hinako ayuda a la princesa en quitarse la ropa y meterse en la tina. Orihime suspira de alivio por aquel placer y aguanta la respiración para meterse a las profundidades y salir mojada.

—Que delicia.

—Veo que ya estas recuperando figura. — Murmura tanteando su piel. — Y ya no te ves tan decrepita... en unos días más te veras mejor.

—Gracias señora Hinako.

—Venga, te ayudo con la espalda.

Se había tomado veinte minutos, le encantaba estarse bañando sin necesidad de estar a prisa o podrían atacarla. Hinako le amarra primero una toalla en el pelo, pone otra en el suelo y la ayuda a salir.

En lo que busca la toalla la entrada de la carpa se abre y entra Ichigo.

El emperador no se había dado cuenta que aún faltan diez minutos para entrar, por eso se toma con la guardia baja la espalda desnuda y mojada de Orihime, quien lo ve por arriba del hombro horrorizada y suelta un chillido.

—¡Ichigo!— Reprende la mucama cubriéndola con la toalla. — ¡Espera a que se lo diga a tus padres!

Pero él no piensa en otra cosa aparte de las cicatrices que había pillado en toda la espalda y muslos de Orihime.

Cicatrices causadas por latigazos y cortes con armas. Ya sean finas o gruesas. Algunas que revelan lo tan profundo que querían llegar sin matarla… aún.

Ichigo se quedo quieto mirando a la joven quien es reconfortada por Hinako.

—¡Pero bueno hombre, sal rápido shu, shu! Respeta el pudor de una dama. — Hinako lo empuja fuera de la tienda a regañadientes.

Ichigo se queda congelado en su lugar. Entonces no había visto mal esa mañana, lo que había en sus piernas eran cicatrices pero fue tan rápido que no estaba seguro y pensó que lo estaba imaginando.

La princesa tendría mucho que explicar.

Finalmente Hinako le permite entrar, no sin antes de darle una reprimenda más, Orihime usaba aquel camisón rosado que aún no sabía de dónde lo había obtenido ni le importaba, lo único que podía pensar era en aquellas horribles marcas que estaban por su cuerpo.

Hinako y Richiro se inclinan para retirarse y un silencio incómodo se instaló entre ellos en la carpa. Orihime se encuentra sentada en la cama dándole la espalda mientras jugaba con su cabello y fue la primera en romper el silencio.

—Las viste ¿Cierto?

—Sí.

—Ya sé que no son bonitas ni agradables de ver. — Murmura mientras volteaba a verlo. — No me avergüenzo de ellas porque son una marca de que luche por sobrevivir, pero no me gusta que las vean y me tengan lástima.

—No te tengo lástima. —Responde él. —Pero si quiero saber que sucedió.

—No hay mucho que contar, mi padre no es un hombre muy tolerante. — Explica encogiéndose de hombros. — Cuando tenía 8 años defendí a mi única amiga en el palacio de él. Su castigo por ofenderlo fue llevarme a la plaza y azotarme con un látigo hasta el amanecer.

—¿Qué? —Murmura incrédulo.

—A partir de ese día comencé a oponerme más y más, por lo tanto cada vez que lo hacía me castigaba públicamente. — Se abraza a sí misma, parecía que mirase la nada mientras sus propios gritos del pasado retumban en sus tímpanos. — Aún recuerdo cómo me miraban los nobles del reino. — Se río con amargura. — Para ellos yo era su entretenimiento, disfrutaban verme sufrir pero nunca les di el gusto de verme llorar. — Le sonríe, genuinamente divertida de su logro. — Lo último por lo que me castigó fue por rogarle detener la guerra y bajar los impuestos para que mi gente pudiera comer. — Se levanta el camisón dejando ver las marcas. — Esta fue su respuesta.

Se podía ver qué le habían dado azotes pero Ichigo nota también las marcas de quemaduras.

—Quirge hijo de puta.

—No se preocupe majestad, por suerte ya no estoy en ese lugar. —Vuelve a cubrir sus piernas. — Siempre estaré agradecida con usted por recibirme, pese a que soy una de las hijas de su enemigo.

—Juro que lo castigaré de forma tan dolorosa que suplicará a sus antepasados. — Ichigo está furioso, era su propia hija y la castigó de una forma tan inhumana, era justo decir que él era una bestia y no una persona. Con cuidado toma a Orihime de los hombros y la pega a su pecho. — Cuéntamelo todo, sé que hay más.

—E-eso es todo lo que pasó. — Lo trata de convencer.

—No te atrevas a mentirme. — La aparta un poco y la obliga a verlo a los ojos tomándola de la barbilla. — Se que hay más, quiero saberlo TODO.

—N-no. — Se asusta la joven ¿Contar todo? No podía, aún sentía el miedo, el pánico de despertar y que todo eso fuera solo un sueño como cuando era niña y soñaba con huir de ese lugar. — ¡No puedo, no quiero! — Solloza aterrada tomándose la cabeza entre sus manos. Parecía una niña pequeña a punto de romperse.

—Orihime, tranquilízate. — La llama por su nombre y esto la sorprende, el emperador nunca la había llamado por su nombre, solamente la llamaba princesa o alteza pero no habían llegado a ese punto de confianza. — Debes respirar hondo, estás a salvo, Quirge nunca llegará aquí, no te volverá a poner un dedo encima y me encargaré personalmente de ello.

La abraza con fuerza y Orihime inhala el olor a menta y acero que inundaba al emperador, eso la tranquiliza y su respiración volvía a ser normal lentamente.

—Su majestad…

—Está bien que no uses el honorífico, llámame solo por mi nombre. — La calma acariciando su cabello.

—No puedo ser tan irrespetuosa. —Reclama ella tímidamente.

—Solo una palabra: Ichigo.

—No puedo. — Vuelve a negar ella.

—¿Debo besarte para que hagas caso? — Murmuro el emperador en broma y esto tensa a la joven quien aún titubeante respondió.

—I-Ichi…go.

—Muy bien, ahora sin miedo.

—Ichigo. — Susurra suavemente, lo que ocasiona una sonrisa en el pelinaranja.

—Muy bien Orihime. — Le frota la cabeza como a un niño pequeño. — Ahora que estás más calmada cuéntame el resto. — Le pide de forma más amable.

—De acuerdo. —Responde más tranquila, las lámparas proporcionaban un ambiente cálido y acogedor. —Tal vez todo comience con mi madre, ella… era muy joven cuando me tuvo… demasiado.

—¿Cuántos años tenía? — Orihime aprieta los labios. — Orihime, responde ¿Cuántos?

Doce.

Los ojos de Ichigo se abren aterrados al escuchar la edad de su madre, la pobre había sido una niña apenas cuando se embarazo. Apenas y había sido dos años menor que la edad actual de sus hermanas.

—¿Doce...? Pero ella era apenas una niña. — Expresa sus pensamientos.

—Sí… mi padre tiene una fascinación por las mujeres más jóvenes que él, incluso las infantes. — Dijo con asco. — No sabes cuántas veces tuve que soportar las ganas de vomitar, cuando tocaba a jovencitas o niñas para satisfacer su libido. —Se acurruca contra Ichigo en búsqueda de calor, comenzaba a hacer bastante más frío y las finas pieles no eran suficientes. — Abusó de mi madre ya que me dijeron que era una niña muy bonita y me dio a luz. Tan pronto nací encargó a una sirvienta, que era su amiga, que me cuidara y murió al instante. — Agacha la mirada con tristeza. — Ni si quiera sé cómo era ella.

—Debió ser duro.

—Algo así, la sirvienta me protegió lo mejor que pudo, me ocultó con juegos y demás trucos para que no abusaran de mi. — Se perdió un momento en sus recuerdos; se escondió en cofres, armarios, floreros, todo tipo de lugares raros. — Me decía que si alguien quería entrar a mi habitación mientras dormía o si alguien me tocaba debía correr y esconderme, que entre menos me tocarán yo ganaría el juego… pero a ella la mataron cuando yo tenía siete años y fue mi golpe de realidad.

Ichigo trata de ponerse en el lugar de Orihime. Sola en un castillo lleno donde todo era permitido y nadie estaba a salvo, ni siquiera los niños pequeños. Debió ser duro para ella criarse en ese tipo de ambiente.

—Era muy joven, pero enseguida entendí que no era un juego, que debía sobrevivir. Su nombre era Millie, me dijo que nunca durmiera más de dos noches en el mismo lugar y fue lo que hice aún sin ella conmigo. Continuamente me mudaba de habitación y llevaba mudas de ropa conmigo, me las conseguía Tatsuki, mi mejor amiga hasta que ella y su padre huyeron hacia el norte, el lugar donde iré cuando esto termine. — Sonríe esperanzadora de cumplir aquel futuro. — Comencé a explorar el castillo, así fue como di con los accesos y pasadizos que estaban ocultos, podía escuchar las reuniones de mi padre, saber cuáles eran sus puntos débiles y que información podía usar. Descubrí hasta donde daban todas las salidas y entradas del lugar, pero también encontré cosas desagradables.

—¿Esas cosas desagradables tienen que ver con tus hermanas? — Pregunta Ichigo dándose una idea, la heredera de Rikka era conocida por usar sus encantos para obtener favores de gobernantes y demás, aunque las demás no se quedaban atrás.

—Sí. — Admite mientras pone una cara de desagrado. — No es agradable ver a una hermana dos años mayor que una, haciéndole una felación a un hombre cuarenta años mayor que ella. — El solo recordar eso la lleva al momento en que salió del pasadizo y vomito sobre uno de los rosales del jardín. — Mi primera hermana la encontré desnuda en la biblioteca follando con un hombre bastante mayor, pero que yo recordaba tenía mucho poder. Ella solo lo hizo a un lado y me recomendó buscar a alguien con poder para poder sobrevivir y estar en la cima, pero eso no me gustaba para nada. Tenía otras tres hermanas que eran buenas y amables conmigo pero una fue asesinada por el hombre al que fue vendida y las otras dos ejecutadas públicamente por oponerse al rey.

—Y fue cuando viniste a mí. — Termina el emperador.

—Cuando fui al pueblo a los doce años y vi el estado de mi gente no lo podía creer. — Aprieta las pieles con las que se cubría. — Niños muriendo, mujeres arrancadas de su hogar… era terrible, de verdad hice todo cuanto estuviese en mi poder para ayudar a mi gente. Les daba varias de mis ropas, mis joyas, a veces podía llevar comida. En ocasiones lograba esconderme con ellos y regresaba al día siguiente al castillo. En una reunión escuché de usted… de ti. — Corrige al verlo fruncir el ceño, cosa que le pareció divertido. — Investigando supe que eras un buen hombre, que salvarías mi tierra y justo la noche en qué salí por los pasajes del palacio escuché que mi padre planeaba venderme por dos minas de zafiros y diamantes al duque Wakabrada. En los pocos banquetes que se me solicitaba él pedía tenerme cerca, quería tocarme o pasar a algo más pero siempre terminaba escapando. Y como usted escuchó meses antes, su hijo me acorraló y por poco lograba su objetivo si no lo hubiese matado… — Trata de no pensar en lo que hubiese pasado. — Su muerte aún remuerde mi consciencia.

—Orihime… fue en defensa propia, nadie te condena por ello. — Dijo Ichigo comprensivamente.

—Pero quite una vida…

—Pero él quería hacer una canallada contigo. — Alega tratando de mantener la rabia en un perfil bajo o ella lo malinterpretaría y asustaría. —Está bien, yo ni nadie más te condenará por eso, ni siquiera los soldados que lo escucharon.

—¿No me considera una pecadora? — Murmura somnolienta, se sentía más ligero al haber dicho todo aquello que guardaba desde pequeña.

—No eres una pecadora. — No cómo se va quedando dormida sobre su pecho. — Tú eres la mujer más valiente que he conocido nunca. — Besa la frente de la joven y la acomoda en el suave colchón.

Se puso de pie y se dirige a la carpa de estrategia y reuniones. Sado, uno de sus capitanes y amigos que hacía guardia lo mira extrañado.

—¿Que sucede Ichigo?

—Convoca una reunión general de emergencia, atacaremos en una semana. — Ordena seriamente mientras toma un cuchillo y juguetea con éste.

—¿Tan rápido? Aún hay cosas que hacer.

—Tenemos a la princesa y nos dará la forma más rápida y fácil de atacar sin bajas para nosotros… ¡Hazlo ya! — Grita enfadado, casi gruñendo como un león.

Sado, quién nunca había visto a su emperador en ese estado obedece de inmediato a enviar los mensajes.

Ichigo, por su parte, quería sangre. Quería desmembrar y tenía a una persona en mente con quién quería desquitarse… el rey de Rikka Quirge Inoue.

—Voy a disfrutar desmembrarte pedazo a pedazo, por cada lágrima que ella ha llorado por tu culpa.