MOTIVO DE LA ACTUALIZACION: CUMPLEAÑOS DE ORIHIMEKO-CHAN! LA CREADORA DE LA PORTADA! SE MERECE UNA ACTUALIZACION POR SU CUMPLE

Capítulo 5: Preludio a una Cita

Era tarde, pero necesitaba apagar ese calor que lo devoraba. Se sentía como un cerdo por desear a la princesa, no era diferente de los nobles de Rikka, pero si lo pensaba bien sí lo era. A él lo aceptaba por su propia voluntad, no le estaba imponiendo nada ni tampoco la forzaba. Se detenía hasta donde ella lo deseara.

Ya se estaba perdiendo en sus pensamientos por Orihime, llego a su carpa privada y pudo ver a Meninas probándose un vestido rojo bastante escandaloso, la mujer levanto la mirada y sonrío, pero sin darle tiempo a responder Ichigo se acercó a ella con violencia mientras se quitaba la camisa ligera de algodón de su pijama arrojándola al piso y la besaba de forma salvaje.

—Ah… Su Majestad. — Lo llamo la mujer pelirrosa en un ronroneo. — Es un placer que venga a verme… mmm.

—Calla, no quiero hablar. —Hablo desesperado.

—Como usted deseé. — Responde su compañera ladeando el cuello para que la pudiera morder.

Ichigo en ese momento no pensaba coherentemente, tenía en su boca el sabor de Orihime, dulce como la miel. Si no tuviera honor no le habría importado robarle su virginidad en la carpa, pero él nunca le haría eso, ella era tan tierna y adorable como un conejito en el campo. Cada vez que ella le miraba con sus ojos castaños él se perdía en ellos, el solo recordar su cara y su sonrisa sentía su pecho latir sin control. Vuelve a besar a su amante y el olor a flores inundó sus fosas nasales ¿Tanto la anhelaba que ahora recordaba su olor en todas partes?

Meninas gimió en cuanto sus manos comenzaron a tocarla más íntimamente, no dejo a su acompañante hablar ya que la calla con otro beso demandante. La mujer mete sus manos dentro del pantalón de seda y se relamió los labios al sentir lo duro que estaba.

Ichigo se consideraba un hombre apasionado, se jactaba de aguantar mucho y soportaba varias repeticiones. Generalmente trataba bien a sus compañeras de cama, pero esa noche no deseaba ser amable, no quería ser dulce. Sin dudar le quito el vestido a la pelirrosa a máxima velocidad y pudo masajear su trasero, la apega más a él y con su lengua comienza a recorrerla completa hasta llegar a su vientre donde la llena de besos; sus dedos fueron a su intimidad y lentamente introdujo dos dentro de ella, sacándole un grito de placer, no sabía qué había pasado pero esa noche estaba más desesperado que nunca… no, él lo sabía, quería a una dama de hermosos ojos castaños y cabellos del color del atardecer debajo de él.

No fue suave ni delicado, fue salvaje y violentó como nunca lo había sido, fue tanto su éxtasis que llegó un punto de la noche donde no aguanto y el nombre de la princesa salió de sus labios constantemente. Por un momento imagino que ella estaba ahí en lugar de Meninas, retorciéndose de placer y llamándolo una y otra vez sin dejar de verlo a los ojos con anhelo y desesperación por más.

Habían durado toda la noche teniendo sexo sin descanso, ya amanecía cuando finalmente le dio un respiro. De entre las piernas de la mujer de ojos rosados salía la semilla del emperador, la cama y su cuerpo eran testigos de todo lo que habían hecho. Tendría que recordar a Meninas tomar medicación para no preñarse, Ichigo Kurosaki había sido muy claro en qué no deseaba tener hijos con nadie y ella estaba feliz con su solicitud, mientras le diera lujos y un techo para dormir no le importaría menos.

En ese momento Ichigo se encontraba recostado en la suave cama de su amante, Meninas había resistido toda la noche sus embistes salvajes, había parecido más una bestia que una persona la noche anterior, pero iba a enloquecer si no sacaba todo lo que esa adorable princesa provocaba.

—Majestad, no sé que haya sucedido pero fue la mejor noche de mi vida. —Murmura la dama de cabellos rosados mientras se acercaba a él y besaba su cuello en búsqueda de un asalto más.

Ichigo acerca su nariz al cuello de Meninas y abre los ojos. La noche anterior estaba tan desesperado y caliente que creyó oler a Orihime toda la noche, pero al sentir a la cortesana cerca con sus cinco sentidos ya racional, pudo sentir esa fragancia. Eso lo enojo e hizo rechinar los dientes.

—¿Que es ese olor? —Murmura apretando el puño.

—Tal vez sea la esencia que obtuve en Karakura, antes de venir aquí mi señor. — Respondió simplemente la mujer

—¿Que perfume estás usando? —Pregunta fríamente.

—¿Oh? ¿Se dio cuenta? — Se río tontamente sin notar la mirada de hielo del emperador. — Es un aceite raro, solo se hacen diez botellas al año…

—No lo uses. — Rechina los dientes.

—¿Qué?

—¡He dicho que no lo vuelvas a usar! —Le grita furioso poniéndose encima de ella pero el aire sexual se había desvanecido dando paso a un aura hosca y aterradora.

—M-mi señor, q-qué pasa… —Tartamudeo la mujer asustada. — Ya la he usado en una ocasión anterior ¿Por qué ahora…?

—Esa esencia. —La interrumpe sin un ápice de emoción en su voz. — No quiero volver a olerla en ti, solo es digna de estar en ella. — Golpea con fuerza el cabezal de madera provocando que se hiciera una gran grieta y la cortesana gritara aterrada.

—N-no sé de qué me habla majestad. — Meninas está asustada.

—Esa esencia divina… no quiero sentirla en tu piel, es repugnante. — Los ojos de Ichigo la vieron como si fuese algo insignificante. Se pone de pie y comenzó a vestirse con la asustada mujer siguiéndolo con la mirada, está se llevó la sábana a su pecho y se cubrió como si fuese una doncella pudorosa. — Si vuelvo a notar que usas esa fragancia juro que te ejecutare, te partiré en pedazos y le daré tus sobras a las bestias. — Toma su camisa, la cual había terminado encima de una lámpara de velas apagada pero lo hizo con tal furia que provocó que ésta saliera volando y el cristal chocará contra uno de los postes de madera que sostenían la carpa.

El emperador salió de la carpa, furioso. Algunos soldados que hacían guardia hicieron como que no escuchaban y saludaron mecánicamente a su señor.

Ichigo trato de contener su furia ¿Cómo se atrevía esa vulgar mujer a oler igual que su princesa? Sí, suya, porque no quería ni pensaba dejarla ir, no quería que se alejara de su lado. Habían sido pocos días pero le gustaba despertar con ella a su lado, ver su sonrisa era suficiente para que su día fuera perfecto, su sonrisa provocaba que los demás sonrieran y su olor… dios lo amaba, ella olía a limpio, puro, a flores de roció por la mañana, por eso se enfado al sentirlo en otra mujer que no fuese ella.

Se detiene a unos pasos de su tienda, no podía permitir que ella lo viera así, Orihime era tan dulce y delicada emocionalmente que podría asustarse al verlo en ese estado de furia sin fin o huir de él.

Después de tranquilizarse un poco entro a la tienda, ahí estaba ella. Se veía adorable abrazando su almohada como si fuese un juguete, se acerca y la ve dormir. Totalmente adorable, la noto hacer un mohín molesto y mover sus párpados, estaba despertando.

La vio abrir los ojos lentamente y enfocarlo.

—Buenos días, Ichigo. — Dijo somnolienta.

—Buenos días, Orihime. — Responde con una leve sonrisa, la vio estirar su mano y tomarlo de la manga de su camisa.

—Volviste… — Susurra en voz baja.

—Sí, tal como prometí.

—¿Sabes…?

—¿Hmm?

—Tuve un mal sueño. — Confiesa con timidez. No sabe si él pensara que sea algo ridículo sus malos sueños.

—¿En serio? —Le sigue la corriente.

—Sí… de vez en cuando aún tengo algunos sueños malos de cuando estaba en el palacio. — Jala un poco la sábana para cubrirse la cara pero él podía ver qué había un leve rubor en sus mejillas. — ¿Ichigo?

—Dime.

—¿Dormirías un momento conmigo? — Pide abochornada.

Ichigo ladeó su cabeza y la miro con ternura.

—Por supuesto. — Ichigo se recostó en la gran cama mirando a la joven.

Ella cierra un momento los ojos y de un momento a otro se había dormido nuevamente y con mucha facilidad.

Él se acercó un poco y aspira el aroma de la princesa, definitivamente era su olor favorito en el mundo.

Se había dormido también al instante.


La princesa despierta con el aroma a menta en su nariz. Abre los ojos y se sonroja al tener cerca el cuello de Ichigo. Parece que mientras dormía se había pegado como todo un gato a su pecho e Ichigo la había abrazado.

Aprovecha ese momento para ver el agujero en la oreja izquierda de Ichigo, señal que allí hubo un arete. De seguro se lo ha quitado al llegar a Rikka por las bajas temperaturas. Los metales en el frío, en especial en invierno, no son muy favorables, dejan heridas y hasta el punto de una amputación. Por eso los ricos del reino usan las piedras de las minas y un componente carísimo para usar sus joyas sin riesgo a terminar con una oreja o dedo menos. Se lo imagino con el arete puesto y se sonroja otro poquito más, de alguna manera un arete le aumentaría más lo varonil.

Despacio busca apartarse de él, al principio le costó porque el emperador no parecía dispuesto a liberarla fácilmente. Consigue salir del abrazo y a rastras sale de la cama con todo el cuidado del mundo, no quería despertarlo que de seguro han pasado tres o cuatro horas desde que llegó a la carpa.

Por la marca en la piel y el leve aroma femenino supone que estuvo con su cortesana. ¿Duro toda la noche? Se sonroja nuevamente al pensarlo, eso explicaría las burlas de Hinako con referente a su vicio sexual. A lo mejor ha estado muy tenso anoche y debió incomodarlo mucho con su imprudencia, obligándolo a buscar desahogo.

Busca en el baúl un vestido sencillo: encuentra uno de invierno, color verde con rayas horizontales negras en la falda, mangas largas y holgadas. Encuentra unas botas sin tacón, de cuero café e ideal con el fin de moverse en el campamento sin preocupaciones.

En ese momento entran Hinako y Richiro. Ella les hace un gesto de no despertar a Ichigo que anda agotado. La mucama lo ve y hace un gesto de molestia, ya sabiendo de dónde venía y dice a Richiro que pida ayuda a unos soldados para traer la tina en lo que vestía a Orihime. Parece que estaba decidida a quitar el rastro de Meninas en su niño.

Rápido la ayuda a vestirse y le hace un peinado sencillo que le permita trabajar sin que los mechones cortos la molesten. Le anda poniendo el perfume que tanto le gusta a Ichigo y escuchan a éste despertar con un gruñido. Luce, por la forma en cómo mueve su mano en el colchón, que anda buscando algo... o más bien a alguien. Esa idea le produce vergüenza a la princesa.

—Ya era hora, Su Majestad. — Regaña Hinako viéndolo sentarse en la cama. —¿Has dormido con la ropa puesta? Mira que irresponsable.

—Confió que tienes otro conjunto listo para mí — Le besa la coronilla, tomándola con la guardia baja. — Necesito un baño.

—Lo sé, ya me anticipe. — Dicho y hecho, Richiro entra a la carpa con soldados que mantienen la tina de ónix y con cuidado la dejaron en el centro.

—Yo iré a comer en el comedor con Isane y así le doy privacidad.

—Espera. — Ichigo la toma con cuidado del brazo para detenerla. — Quisiera pedirte algo.

—¿Qué cosa?

—Una cena. — Ignora las miradas de asombro de su mucama y mayordomo. La princesa, en cambio, luce confusa, cosa normal si varias veces han comido juntos. — Me refiero… como una pareja que se corteja.

Orihime abre su boca en asombro y puede jurar que sus manos empiezan a sudar de los nervios. Agacha la mirada apenada, las mejillas ruborizadas. Últimamente le pasa mucho, en especial con el emperador.

Pero se descubre a sí misma deseándolo.

—Claro. — Murmura.

—¿De verdad? — Genuinamente sorprendido, no esperaba que aceptase a la primera honestamente. — Quiero decir… estupendo… sí… gracias por el honor.

—¿No debería ser yo la que se sienta honrada? Usted es el de mayor poder aquí.

—Créeme, lo estoy. — Besa los nudillos, sin despegar su vista de ella.

—Sí… yo… nos veremos entonces. — Hace una reverencia y se retira a paso rápido, abochornada.

Ichigo suspira en alivio y por fin se da cuenta que su personal de criados no dejan de mirarlo y se pone tenso.

—Las palabras "te lo dije" salen de mi boca. — Bromea Hinako.

—Cállate. — Ya quitándose la ropa para bañarse.


Orihime entra al comedor jadeando y roja. La gente cree que es por haber ido corriendo y no porque iba a tener una cita con su soberano. Le da las gracias al chef con una sonrisa y se acerca a la mesa que la espera Isane.

Conversan sobre el itinerario que les espera hoy. Aun hay gente que la mira con sospecha pero la mayoría empiezan a saludarla genuinamente contentos de verla, eran soldados que ella había cuidado personalmente o que han tenido la oportunidad de una plática. Orihime ruega que nadie muera cuando ataquen a su padre mañana en la noche.

Satisfecha va a la enfermería con Isane, las dos sueltan una risa mientras entran a la carpa y saludan a Retsu.

–Orihime, espero que mi marido no haya sido rudo contigo en la reunión de ayer.

—No, no lo ha sido.

—No dudes en acusarlo conmigo y lo matare — Su sonrisa pone a la princesa los pelos de punta. — Venga, te voy a chequear primero... quiero ver que tanto has mejorado en tu salud.

—Como usted mande.

Retsu hizo una seña para que la siguiera y la guio a una sección aparte dividida solo por otro pedazo de tela para tener más privacidad.

Orihime toma asiento en la pequeña camilla improvisada y comenzó a medir su cintura, piernas, abdomen, etc. mientras escribía los resultados en algunas hojas.

—Vas recuperando tu peso ideal de forma excelente, haz ganado dos kilos. Tres más y estarás en forma.

—Sí, pero la medicina que me da la señora Hinako sabe horrible. — Hace una mueca y se puso un poco azul al recordar la bebida que la doncella le daba a tomar todas las mañanas

—Lo sé pero es por tu bien, sigue tomándolo al menos diez días más.-Le dijo sonriendo.

—Si, como usted diga. —Asiente obedientemente.

—Muy bien, ahora al trabajo. — Unohana palmeó un par de veces indicando que siguiera con su labor.

Orihime sale del pequeño cuarto privado sonriendo y se dirigió con Isane, quién terminaba de entablillar el pie de un hombre.

—¿Cómo te fue? — Pregunta la joven de cabello platino.

—Voy recuperando peso. — Responde sonriendo.

—Ya con pocos días te vas viendo mejor que cuando llegaste. Recuerdo lo delgada que estabas y eso que fue hace poco.

—La comida que sirven aquí y la medicina que me da la señora Hinako funcionan bien.

—¿Verdad? Creo que yo he subido como tres kilos más desde que estoy aquí, no sé que hagan los cocineros aún en esta guerra pero la comida siempre es de lo mejor.

—¡¿A qué también lo crees?! — A Orihime le brillan los ojos. — Hinako me dio un pastelillo ayer por la mañana y cuando lo probé se deshacía en mi boca. — Suspira feliz.

—Y la carne siempre les queda rica y jugosa. — Le siguió Isane.

—Ah, debo ir a atender a los heridos que llegaron de la frontera con Fullber. — Orihime se concentro y se despidió con un gesto de Isane mientras se acercaba al las camillas que atendía.

Ayudó a un hombre a cambiarse por ropas limpias y a algunos soldados con brazos rotos a poder comer. Nuevamente había mucha ropa sucia, así que se dirigió al río para poder lavar todo, siempre seguida de Lord Keigo quien había seguido al pie de la letra la orden de protegerla. No había faltado el soldado grosero que la hubiera insultado pero éste siempre salía a su defensa, inclusive antes de que Ichigo lo asignará como su guardia había tenido un altercado con un guardia ebrio que había intentado atacarla. Ahora que lo pensaba ya no había vuelto a ver a ese soldado ¿Quizás lo habían castigado? Esperaba que no hubieran sido muy duros con él, después de todo tenía motivos para desconfiar de ella; una princesa extranjera e hija de uno de los peores tiranos conocidos en el mundo es sinónimo de desconfianza total.

Se quedó un momento distraída cuando Keigo la llamo, sacándola de sus pensamientos.

—¿Todo bien? — Pregunta al verla dejar de lavar.

—¿Eh? — Se sorprendió. — Ah, yo… sí.

—¿Seguro que está bien, alteza?

—Sí, lord Keigo, totalmente segura. Solo me quedé pensando en algo, es todo. Disculpe por preocuparlo.

—Su majestad tenía razón, es usted un poco despistada.

—¡¿Ehhh?! — Dijo con un puchero.

—No lo digo como algo malo. — Se defiende el soldado. — De hecho creo que es un rasgo adorable en usted.

—¿Quiere decir que en alguien más no se vería bien? No sé si tomarlo como insulto o halago.

—Es un halago, lo juro. — Dijo el hombre y Orihime se rió un poco.

—De acuerdo, le creo. — Responde feliz y Keigo respiró aliviado.

—Volvamos a la enfermería. — Se agachó para tomar la cesta pero Keigo se interpuso.

—No, no, lo haré yo, esto será pesado. — El castaño toma las sábanas y prendas y las cargó como si fuera una pluma y regresaron a la enfermería para continuar con su labor.


Meninas había sido la principal concubina del rey Moses de Gerlath, un hombre bastante mayor que ella, no era mal gobernante pero era fácilmente influenciable y le gustaba tener su propia colección de mujeres bonitas. En el camino de la pelirrosa, ella había sido hija de una pareja de esclavos y el rey la había comprado cuando era muy joven dándose cuenta de su potencial de belleza. Había crecido con la educación de una cortesana de alto nivel, obteniendo regalos y beneficios por doquier de su patrocinador, pero llegó el día en que fue olvidada… cuando una nueva cortesana apareció y le arrebató su lugar.

Sin embargo cuando tenía veintiún años el país fue conquistado por un joven emperador Ichigo de apenas veintitres en busca de sus reservas naturales y bienes económicos.

La pelirrosa había quedado encandilada con el hombre.

Hizo de todo para llamar su atención, le coqueteó deliberadamente y logró acostarse con él… ahí supo lo que era el verdadero placer. El rey Moses apenas y aguantaba una sesión y caía dormido; con Ichigo había sabido lo que era no dormir en toda una noche, incluso más.

Sabía que no debía dejarlo ir, debía meterse por los ojos. Consiguió que la tomara como concubina en su propio harem y al poco tiempo tomó el lugar de ser su favorita, estaba en la cima nuevamente y siempre se había sentido segura…

Excepto la noche anterior.

Nunca había visto al emperador tan furioso, y no era idiota, notó como susurro el nombre de una tal "Orihime" gran parte de la noche. Estaba acostumbrada que saliera cualquier tontería de los hombres durante el sexo pero le enfadaba de parte de Ichigo.

El caro aceite corporal que había conseguido tuvo que tirarlo con todo el dolor de su corazón, pero no quería otra reacción igual a la de anoche, por primera vez había visto al estricto emperador frente a ella.

Decidió dar un paseo para desestresarse, odiaba el hecho de salir y mezclarse con los soldados sangrientos y olorosos, pero necesitaba despejarse un poco.


Orihime terminaba de acomodar las medicinas y la ropa de cama cuando Hinako llega a toda prisa a la enfermería.

—Orihime ¿Qué haces niña? — La regaña severamente la mujer.

—¿Eh? ¿Ordenando? — Se explica insegura.

—Ven acá mi niña ¡Te voy a arreglar!

—¿Arreglar?

—Para esta noche. — Hinako levanta los ojos al cielo, pidiendo paciencia.

—Ahh... — Fue todo lo que pudo decir Orihime, pero lo dijo muy calmada. — Pero si cenaremos juntos en otros términos solamente ¿Porque debo...?

—¿Qué pasa con esa reacción? — Dice Hinako muy molesta. — Deberías estar más feliz Orihime.

—¡E-estoy feliz! — Responde sorprendida, nunca pensó que recibiría una invitación del emperador para conocerse mejor. — P-pero es que yo… nunca he… — Susurró, bajando con cada silaba el tono de voz.

—¿Nunca has tenido una cita? — Con solo susurrar la palabra cita en voz baja, Hinako nota como Orihime se ponía nerviosa ¡Que linda! —No te preocupes, me he encargado de todo.

—Uhmmm, ¿Podrías especificar ese "todo"?

—Ah, ah. — Niega la mujer mayor. — Sera sorpresa. — La toma de la mano e, informando a Isane que Orihime se retiraba temprano ese día, la arrastra con ella, Keigo las siguió como buen caballero y siguiendo la orden de su emperador y amigo de la infancia.

—Señora Hinako, puedo caminar.

—Muy bien mi pequeña. — La suelta y la insisto a caminar más rápido. — Debemos prepararte para que salga todo perfecto.

—¿Perfecto?

—Claro, ya conta… aaah. — La mueca de fastidio y molestia de la mujer se hizo clara en su faz cuando vio al frente.

Una hermosa y voluptuosa mujer de cabello y ojos rosados aparecía frente a ella, usaba un vestido color limón con amplio escote y usaba maquilla muy fino.

—¿Tu quien eres? — Es lo primero que dice ella, con molestia mientras escaneaba a su futura rival.

—¿Yo?-se señalo Orihime a sí misma.

—¿Hay alguien más aquí? — Pregunta con sarcasmo. — Sí, te hablo a ti.

—Soy Orihime Inoue. — Se presento con su nombre, amable y omitiendo su estatus. — ¿Quién es usted?

—Así que tú eres la famosa "Orihime" — La mira otra vez de arriba hacia abajo, sin vergüenza y sonríe arrogante, era hora de aclarar jerarquía. — Soy Meninas McAllon. — Se presenta la joven mientras pasaba una mano debajo de su cabello. — La amante del emperador.

—¿Su cortesana? ¡Ah, ya veo! — Se acerca y la toma de las manos. — Es un placer conocerla. — Orihime la saluda educadamente lo cual descolocó a la pelirrosa por completo.

—Tú… ¿Sabes lo que significa lo que acabo de decir?

Keigo no pudo más y suelta una risa, levemente. Sin embargo Meninas lo vio y se enfado.

—Bueno sí, que eres la mujer con la que se acuesta el emperador. –Respondió como si nada.

—¿Y no vas a decir nada?

—¿Porque debería? — Pregunta sorprendida mientras pestañea en señal de confusión. — No soy quién para decir algo.

—No voy a dejar que me quites mi lugar ¿Me oyes?

—¿Lugar? — La joven queda más extrañada.

—Lady Meninas, ya es suficiente. — Keigo toma la situación.

—¿Y tú quien eres?

— Keigo Asano. Caballero de los Getsuga, miembro de la Primera Orden de su majestad Ichigo y guardaespaldas de la princesa Orihime.

—¿P-princesa? — Dice Meninas casi tragándose su palabra.

—¡Lord Keigo! — Reclama la joven con el cabello del atardecer, odiaba que le recordaran su título y ella no deseaba imponerse.

—Ahora que sabe quién es. — Hinako sonríe fríamente. — Permítanos Lady Meninas, su alteza tiene que arreglarse para una importante reunión. — Hinako se inclino ante Orihime para remarcar que ella tenía el segundo estatus más alto ahí.

—S-sí. — Meninas se inclina levemente a regañadientes, después de todo Orihime seguía siendo de sangre real. — Lamento haber importunado a su alteza. — Rechino los dientes.

Dicho esto Hinako obligó a la pelinaranja caminar, tras los reclamos de ésta.

Que importaba que fuera una princesa, ella aun tenía la atención y los mimos del emperador, y los iba a conservar a como diera lugar.

Sin embargo esa noche mientras Meninas se cepillaba su largo y sedoso cabello tuvo un mal presentimiento.