Capitulo 6: Una plegaría en un pañuelo.
Hinako resoplaba molesta detrás de Orihime y murmuraba cosas nada bonitas.
—¿Que ha pasado con esa cortesana? —Se atreve a preguntar tímidamente.
—No soporto a esa mujer. — Responde su doncella. — Se cree la gran cosa pero es solo la cortesana de su majestad.
—¿Pero no por eso se merece un respeto? — Pregunto extrañada. — Después de todo, ella es la amante favorita y la que satisface al Emperador.
Hinako la miro descolorada al igual que Keigo.
—Princesa, las amantes y concubinas no tienen lugares especiales en Karakura ¿Cómo es en Rikka? — Pregunto extrañado Keigo.
—Bueno, las amantes oficiales se les da lugar como tercera autoridad y generalmente aconsejan a la señora de la casa o le ayudan con otras cosas… como si fuese una dama de compañía. — Responde Orihime.
—En Karakura el señor puede tener amantes si quiere pero solo son eso, amantes. — Dice Hinako mientras chasquea la lengua. — En el caso de Lady Meninas hay veces que quiere tomar el control y ordenar como si fuera la Emperatriz. — La mujer abre la tienda y obligó a Keigo a quedarse fuera de la carpa, pues ayudaría a Orihime a darse un baño.
—¿No se les asigna un lugar en la casa? — Orihime la mira extrañada mientras se va quitando la ropa.
—No, hay un lugar designado solo para las amantes, pero la mayoría de hombres en Karakura prefiere evitar tomar amantes una vez que se han casado. — Con cuidado ayuda a Orihime a entrar en la bañera. — No digo que no haya hombres que tengan amantes una vez casados, pero a lo que me refiero es que ellas no tienen un lugar en especial o se les da un trato preferencial.
—Ya veo, pobres mujeres. — Dijo triste.
—¿Pobres? La mayoría de ella terminan en matrimonios bien arreglados o bien posicionadas cuando el hombre las deja. No debes sentir pena por ellas, terminan muy bien. — Regaña la mujer comenzando a lavarle el cabello. — Pero no quiero que pienses en eso, tú solo debes pensar en que estarás en una cena privada, sola con su majestad. —Sonrió.
—¿Hay algo especial que deba hacer? —Se le oye nerviosa, normal al ser su primera cita.
—Nada especial, solo debes ser tu misma.
—¿Yo misma?
—Así es, solo comportarte como siempre lo has hecho.
—D-de acuerdo. — Hinako era la mujer con más experiencia que conocía, así que le haría caso.
Después del baño y secarla muy bien, Hinako la asiste en ponerse la ropa: un bonito vestido gris con bordados plateados que parecían copos de nieves, con escote de hombros caídos dejando ver su cuello y brazos; le puso una pequeño collar con forma de gota de agua y engarzado en una cadena de oro, al igual que unos pendientes del mismo estilo; cepillo su cabello y le hizo solo una sencilla trenza de lado.
Hinako se aleja y vio a Orihime, era su obra maestra.
—Pero mírate te vez tan bonita. — La mujer casi quería llorar, le puso un pequeño abrigo para cubrir sus brazos del frío que tenía pequeños cristales bordados. — Si el emperador no se queda sin aire al verte, no se que lo hará.
Orihime salió de la carpa y el mismo Keigo se quedó sin aire al verla, parecía toda una reina.
—¿Me veo mal?— Genuinamente preocupada.
—No... ¡No!— Finge un carraspeo. — Lo siento, me sorprendí... la costumbre de no verla tan arreglada... pero se ve deslumbrante. Lo prometo.
—Gracias, Lord Keigo. — Da una reverencia en agradecimiento.
La princesa con su guardaespaldas se dejan guiar por la mujer mayor. Parece que ella había tomado el poder total de la cena y Keigo sospecha que todo esto se lo contara al Emperador Padre y su esposa la Emperatriz en las cartas como el insulto de haber entrado a la carpa y ver la desnudez de Orihime.
Ya tiene una idea de lo que le espera a Ichigo en cuando llegue a casa... y eso incluye puñetazos.
Hinako los lleva a un área alejada del campamento principal, en otra área del bosque en dónde encuentran una carpa con el escudo del Imperio entre los árboles.
—¿Cómo se armo esto?— Pregunta Keigo mientras Orihime mira sorprendida los detalles de las velas alrededor.
—Obligue a soldados en ayudar a Richiro armar la carpa y los adornos. — Hinako infla su pecho en orgullo. — Y esperen lo que los chefs han hecho para la ocasión.
—Con tal que no quites provisiones a los soldados. — Murmura el soldado.
—Ah, lo que sobra se les dará, no te preocupes.
Entran a la carpa y Orihime se maravilla mas, el techo es de tela transparente por lo que se puede ver las estrellas y la Luna. En el centro hay una mesa circular de tamaño mediano en que tiene platos finos, copas, un par de velas y una botella de vino.
—Todo es bonito — Dice ella con una sonrisa. — Pero, ¿No es demasiado?
—¡Para nada!— Exclama la mujer mayor. — Es en realidad muy poco considerando el lugar, si estuviéramos en el palacio, esto sería mil veces mejor.
Lo dice como si yo tuviera un lugar ahí. Orihime sonríe. Admite que sería genial saber si los libros no mienten sobre el palacio de Karakura, pero su aventura empieza en el norte.
Lo ha pensado bien. Está claro que no puede liderar por sí misma, sería un retraso atroz a Rikka, es una inútil y necesitan a un experto como Ichigo para limpiar los errores de su padre. Se los hará saber luego que todo acabe, pescara algunas provisiones que ha escondido, subirá con Rena al barco y hola a una vida sencilla y adecuada para ella. Quizás con una recomendación de Retsu pueda estudiar como enfermería o algo parecido.
Escucha la voz de Ichigo antes que se haga presente en la carpa, se estaba quejando sobre las preparaciones de Hinako.
Se presenta con Richiro detrás. Viste un traje militar color negro con bordes plateados y azul claro tanto en las mangas como en la parte delantera del saco, con botones dorados en los dos extremos, unidos con una cuerda gruesa en hilos que igual parecen oro. El saco también tiene cuello de tortuga que lleva en el centro un zafiro que combina con la parte azul. En el lado derecho le cuelga una capa roja con piel peluda en el borde superior, rozándole el pelo, la nuca, el hombro y el brazo hasta el codo, de seguro lo protege del frío sin problema alguno. Su espada leal de color negro cuelga en su cintura como si tuviese un duelo de honor o reunión política en vez de una cena con una dama.
Pero sus quejas se apagan en cuando sus ojos encuentran a Orihime. Como si se hubiera olvidado de todo menos de ella. La princesa se da cuenta que la mira igual que Keigo antes... pero al mismo tiempo diferente. No sabe qué con exactitud pero si de una forma intensa que la poner nerviosa y abochornada que agacha la mirada como excusa a saludarlo según lo exige la etiqueta como una forma de disimularlo.
—Buenas noches Su Majestad.
Ichigo tarda en devolverle el saludo.
—¿Decías?— Se escucha la voz de Hinako, bromista, a Ichigo.
El emperador la ve con malos ojos pero ella lo ignora y le dice a Richiro que ya hay que ir por la comida.
—Keigo. – Dice Ichigo de pronto.
—Sí, sí... los dejare solos. — Se inclina ante Orihime y se retira.
Por primera vez la princesa está nerviosa de estar a solas con él y no lo entiende.
—Estás bellísima, Orihime.
—Tú también... quiero decir, te queda bien el traje. — Se corrige recordando que los hombres no les gusta que le digan bellos ni lindos.
—Ha valido entonces la pena ser amenazado por mi antigua nana. — Bromea al tiempo que toma su mano y con gentileza le besa los nudillos sin despegar sus ojos de ella.
¿Qué pasa? ¿Por qué su cuerpo reacciona con una descarga eléctrica y un rápido latido de corazón? ¿Es por el beso? ¿El beso había provocado una reacción negativa o positiva? ¿Fue un error a pesar de lo bien que se ha sido?
No sabría qué hacer si le pidiese otro. ¿Si lo rechaza será un insulto? ¿Si acepta no pone en riesgo su salud?
Por suerte ni se lo pide ni insinúa que lo quiera. La ayuda a sentarse y luego él toma asiento en el puesto frente a ella, el único que queda. Por el tamaño de la mesa, sus manos podrían tocarse si uno decidía alcanzar al otro con un estirón de brazo.
—¿Te sirvo vino?— Ichigo rompe el silencio.
—Claro. — Responde ella luego de un pequeño carraspeo.
En cuando las dos copas están llenas, él alza la suya por un brindis y ella acepta con una sonrisa.
—Por el fin de esta guerra y el nuevo gobernante de Rikka. — Dice ella como si nada.
Le extraña que Ichigo haya fruncido el ceño pero no tiene oportunidad de saber su comportamiento ya que la comida se hace presente en las manos de Richiro y un par de jóvenes ayudantes de cocina. Al ver toda esa exquisitez Orihime olvida la actitud de Ichigo y ya empieza a brillarle los ojos y babear.
—¡Se ve delicioso!— Ve a uno de los ayudantes. — Felicitaciones a los chefs, amo la comida que hacen.
—Se los hare saber, su Alteza
—Admito que en el Norte echare de menos estos manjares. — Dice tocándose las mejillas sonrojadas.
Nuevamente Ichigo pone aquel raro gesto pero Orihime no lo ve esa vez porque está más concentrada en la comida frente a sus ojos. Ni siquiera espera una aprobación o que la gente se vaya, empieza a comer de inmediato.
—Deliciosooooo. — Se toca la mejilla.
—Con esa cara confió en tu palabra. — Lo escucha bromear y ella se ríe.
—¿Me permite una pregunta personal?
—Adelante.
—Bueno... usted sabe ya mucho de mí. ¿Puedo saber yo algo de usted?
Ichigo asiente, dándole la razón y decidido en hacer lo posible por una oportunidad de ganársela.
—Bueno... ¿Cuántos son en su familia? ¿Cómo es la relación?
Ichigo hace una mueca al pensar en su familia, específicamente sus padres. O sea, los ama pero son fastidiosos con lo de casarse y dar herederos, en especial su papá en cuando empieza los puñetazos.
—Tengo dos hermanas, mellizas.
—¿Son como tú?
—Por desgracia Karin tiene el mal genio mío y de mi viejo. Yuzu, en cambio, es más parecida a mi madre... demasiado inocente hay que decir y no hay caso que le quiten la burbuja.
—Demasiado inocente... qué lindo debe ser. — Sonríe con nostalgia, el deseo de haber tenido una vida diferente.
Ichigo, sabiendo el significado de sus palabras, agarra su mano y le frota los nudillos con el pulgar. Ella lo mira con sorpresa.
—No podemos cambiar el pasado... pero si el futuro. — Que haya conseguido que sonriera otra vez fue mejor que ganar en una guerra y sostener la corona del enemigo. — Después de matar a tu padre, tendrás lo que te mereces.
Orihime se lo agradece con un apretón, aprovechando que sus manos siguen unidas.
—Gracias por enseñarme que aun hay nobles buenos lejos de aquí... eso ya es suficiente para mí. — Escucha un ruido afuera tan brutal que da un brinco de susto y suelta la mano.
El ruido venía de arriba, alza la mirada y ve volando un búho. Debió de haber cazado su desayuno o almuerzo. Suelta una risa por haberse asustado de algo tonto.
—Se ve bonito el cielo... hace mucho que no me detenía a disfrutar ello.
—Pero ya vas a tener la oportunidad.
—Sí, cuando esta guerra acabe y Rena y yo nos vayamos a ser felices al norte
—Sobre eso, ¿No has considerado la idea de ser reina?—Pregunto Ichigo mientras apoyaba su cara en el reposamos de la silla.
—¿Qué? No, imposible. —Movió su mano frente a su cara exageradamente. — No sería para nada una buena gobernante
—Quiero saber el motivo por el que crees eso. — La ánimo.
—Ya lo dije antes, no sé nada de administración, política o economía ¿Cómo podría sacar adelante un país yo sola?
—Puedes pedir asesoría a otra nación. — Sugirió.
—Pero el país al que pida ayuda pensara que para mantener a raya al pueblo debe tener un símbolo que los ate y les de esperanza. — Justifica elocuentemente. — Si el pueblo me quiere como gobernante pedirán mi mano y no quiero eso. Recién me podré liberar de los grilletes de mi familia… además de que como usted… tú tomaste el país. — Corrige. — Sentirán que les estás dando las sobras puesto que los bienes económicos y demás recursos estarán a disposición de tu país, tendrán que negociar con Karakura todo aquello que quieran comerciar.
—Dices que no sabes nada de economía o administración. — Dijo el Emperador un poco sorprendido. — Pero has visto muy claramente las perspectivas de cada país, yo creo que eres bastante apta.
—¿Tratas de hacerme sentir bien? — Pregunta con una risita.
—Para nada, estoy siendo totalmente sincero. — La halaga. — Creo que eres una princesa bastante lista.
—Tomare su cumplido, majestad. — Bromea un poco y se rió un poco al ver la mueca de Ichigo. — ¿Te ha molestado mi pequeña broma? Me disculpo.
—No me ha molestado, me ha tomado un poco por sorpresa dado que ya nos tenemos suficiente confianza para llamarnos por nuestros nombres. — Admitió.
—Solo era una pequeña broma, no pasará de nuevo. — Dijo sonriendo mientras veía el cielo estrellado. — ¿Por qué siento que las estrellas están brillando más hoy?
—Estamos en esa noche del mes en que la luna y las estrellas están en su apogeo.
—Qué curioso, en el palacio jamás me di el tiempo de ver las estrellas ni el cielo.
—Estabas ocupada tratando de sobrevivir, hay muchas cosas que conocerás o podrás ver al poner atención en ellas.
—Sí, te lo agradezco. — Orihime miro el cielo e Ichigo contempló su perfil, se veía encantadora a la luz de la luna. — Me preguntó cómo estará Rena ahora.
—Orihime…
—¿Sí? — La joven de cabellos naranjas rojizos centro su atención en su anfitrión.
—¿Y si el país que te ofreciera su apoyo fuera Karakura? — Pregunto repentinamente y Orihime abre los ojos sorprendida. — ¿Qué te parecería casarte conmigo?
—¿D-de que hablas Ichigo? — La pregunta la había dejando un momento desconcertada.
—Lo que he dicho, estoy dispuesto a brindarte el apoyo económico para sacar adelante a tu país. — Ofrece, habla igual que si estuviese frente a su Corte dando instrucciones o el pro y contra de las decisiones correctas por el futuro del Imperio. — Te apoyaremos en lo que necesites, pero el poder de las decisiones políticas y sus recursos pertenecerán a Karakura ¿Qué dices?
—¿Pero por qué me ofreces ser tu esposa? — Pregunta extrañada. — Claramente sé que no deseas un matrimonio.
—¿Y cómo sabes eso? — Pregunta él.
—No divulgare nada. — Hizo una mueca apretando los labios y una pequeña sonrisa aparece en la atractiva cara de Ichigo.
—¿Keigo, Richiro y Hinako?
—No sé de qué hables. — Orihime finge estar desentendida y no dijo nada más, pero era obvio que entre los comentarios de esos tres, Orihime había sacado sus propias conclusiones, eran igual de molestos que sus insistentes padres.
—A estas alturas, y después de todos los hechos, debería ser bastante obvio… pero te lo diré. — La vio fijamente. — Me interesas Orihime. — Admite abiertamente ocasionando que las mejillas de la princesa se tiñeran de un ligero carmín. — Me interesas genuinamente, más allá del ámbito político, y quiero saber más de ti. — La mano de Ichigo fue a la mejilla de la joven quien lo vio asombrada, Ichigo estaba preparado para que rechazara su toque pero no fue el caso.
—Pero si ya sabes todo de mí. — Responde ella con una risa nerviosa.
—Sí, pero deseo saber más. — Se acerca a ella. — Quiero saber lo que te gusta y te disgusta, tu color favorito, que es lo que te gusta comer, tus pasatiempos y lo que los demás no saben de ti.
—Pero yo… — Bajo la mirada. — No tengo tierras, poder o uso beneficiosos para ti.
—Créeme que en este momento mi interés está más en ti que en tu tierra.
—Te podrías arrepentir el resto de tu vida. — Se intenta defender.
—Jamás me he arrepentido de mis acciones antes. — Se acerca a ella, tanto que podía sentir el aliento de la ojicastaña sobre sus labios. — ¿Puedo?
Orihime lo miro en un estado atontado sin poder refutar y asiente lentamente. Ichigo se acercó y la besa, primero fue lento pero después aumenta la velocidad, podía sentir nuevamente esos labios sobre los suyos. El Emperador normalmente olía a menta y acero pero sus labios sabían a algo más amargo ¿Café? ¿Chocolate? No estaba segura, pero sabía que le gustaba el contacto de Ichigo en ella y deseaba saber la razón. Lo sintió abandonar su espacio y alejarse de ella.
—Y-yo… yo… — Apenas pudo hablar.
—Quizás son muchas emociones por esta noche. — Susurro poniéndose de pie. — Te escoltare de regreso a la carpa.
—Pero no he dado una respuesta. — Dijo sorprendida.
—No puedo obligarte a qué respondas ahora, debes estar confundida. — Le dijo comprensivamente mientras ofrecía su mano para que ella se pusiera de pie. — ¿Nos vamos?
Orihime toma su mano y caminaron en silencio seguidos de los guardias y Keigo por el campamento, parecía que había sido poco tiempo pero pasaban de medianoche y varios soldados se habían dormido ya, había algunos que hacían guardia y los saludaban al pasar. Siguieron de largo hasta que fueron a la carpa que ambos compartían.
—Te dejaré dormir.
—¿Pero y tú? — Pregunto preocupada.
—Debo arreglar algunos asuntos. Tengo una pequeña cama en la sala de estrategias y dormiré unas horas ahí, despreocúpate.
—P-pero...
—Mañana a medio día partiré con mi ejército al palacio. — Interrumpe. — Si tú quieres puedes responderme cuando regrese de haber tomado la corona de tu padre.
—¿Tan rápido? ¿Mañana? — Preocupada, ella había escuchado en la reunión que sus hombres tardarían dos días enteros en reunirse, pero no pensó que atacarían en ese tiempo también. — ¿Estarás bien? ¿No es muy apresurado?
—¿Tanto te preocupo? — Se río un poco. — Agradezco tu favor, te juro que liberaremos a todo Rikka de tu dictador padre. — Se acerca a ella y la beso suavemente en la frente. — Nos veremos cuando vuelva.
—Yo… sí. — Fue todo lo que pudo responder mientras entraba a la tienda con la mirada de Ichigo sobre ella.
Ichigo por su parte suspiró y se dio media vuelta, había muchas cosas que resolver para la mañana.
Orihime por su parte tenía el corazón latiendo a mil por hora.
Ichigo había sido sincero en sus intenciones con ella y lo agradecía, lo quería pero ¿A qué punto? Además ¿Ser su esposa? Si pensaba en los pros y contras eran más beneficios y el tacto del emperador no la ponía enferma, sentía un extraño cosquilleo en su vientre. Hinako no había dormido, esperaba por ella como toda buena mucama, Richiro había ido a dormir así que no podia molestarlo
—¿Cómo estuvo todo?
—Fue maravilloso, gracias señora Hinako
—¿Paso algo interesante? — Lanzando ya la indirecta.
—Ahhh, yo… sí. M-me ha… — Se puso roja
En ese momento Hinako cepillaba su cabello.
—¿Le ha pedido matrimonio?
—¿Cómo lo has sabido?
—Mi niña a ese hombre se le nota en toda la cara que se muere por ti. — Le dijo como si fuera algo obvio. — Y bien, ¿Qué le respondiste?
—N-no le he dicho nada aún…
—Orihime. — Dejo de cepillarla, se sentó junto a la princesa y tomo las manos de la pelinaranja entre las suyas. — ¿Lo odias?
—No.
—¿No te agrada?
—No es eso. — Murmura.
—¿Entonces por qué dudas? — La regaña levemente. — Mira cielo, si el hombre te ha dicho que le interesas y te respeta ¡A por él!
—Pero es que mi país quiere…
—Mi niña, se que amas a tu gente. No digo que no pienses en lo mejor para ellos, te digo que pienses en lo mejor para ti. — Le sonrío maternalmente. — Orihime, está bien ser egoísta de vez en cuando ¿Sí?
Orihime toma la mano de Hinako y sonrío, decidida después de haber tomado una decisión.
—Señora Hinako, tome una decisión y… necesito algo y requiero su ayuda.
—Cuenta conmigo. — Sonrió en complicidad la mujer.
Hace un buen rato que había amanecido, Ichigo había dormido un par de horas en su carpa militar para reuniones y le habían despertado tras informarle que todas sus tropas estaban listas.
Se viste con una armadura negra que emitía un brillo imponente a la luz, usaba una capa roja con bordados de oro, varios cordeles de color dorado y muchas medallas; su capa era sostenida por un broche en forma de estrella con un rubí rojo al centro.
—¿Están todos listos? — Grita a sus hombres.
—¡Si, señor! — Exclamaron todos los demás.
—¡Muy bien, nos vamos!
—¡Espere…! ¡Por favor espere majestad! — La voz de Orihime lo distrajo y se sorprende verla correr hasta ahí solo con su camisón rosa y un abrigo pesado color azul que reconoció como suyo.
—¿Orihime? — Dijo en voz baja finalmente y Orihime se detiene frente a él, apoyándose en sus rodillas para recuperar aire. — ¿Por qué has venido?
—N-necesitaba darle mi respuesta.
—¿Qué? — No pudo evitar sorprenderse ¿En ese momento? ¿No iba a pensarlo unos días?
—Yo… sí, aceptaré su solicitud. — Dijo sonriendo. — Pero no quiero que se queje si no obtiene mucha ventaja de mí.
Ichigo se queda en blanco un momento y sonrió feliz al escuchar esas palabras.
—Gracias. — Se le ve en verdad feliz. — Como te dije nunca me he arrepentido de mis acciones. — Noto como la muchacha buscaba en el bolsillo del abrigo y sacaba algo, ¿Sería...?
—No está tan bien como quisiera… pero me gustaría que llevarás esto… cómo amuleto. — Orihime revela que escondía un pedazo de tela… un pañuelo.
¿Orihime le había hecho un pañuelo? No había recibido uno desde su hermana Yuzu cuando ella era una niña pequeña. La tela de color blanco con una flor de hibisco con seis pétalos azules se dejó ver en la tela. Algunas partes estaban torcidas, parece que se había hecho con prisa, ve a Orihime y se fija por primera vez en pequeños signos de insomnio ¿Se había desvelado para hacerlo? Eso aumentaba aún más el valor de éste.
Ichigo levanta su brazo en dirección a Orihime y la sonrisa en su rostro endulzó un poco su ceño.
—Lo aceptaré como símbolo de suerte, a cambio te juro nuestra victoria. — Orihime besa el pañuelo y con cuidado lo ata a la muñeca del Emperador, el cual vio aquel momento embobado. — Prometo no tardar.
—Regresa tú y los demás con bien. — Le pidió ella como una plegaria.
—Con mi ejército y la información que nos has dado solo un idiota no ganaría. — Monto su corcel y tras intercambiar miradas, Ichigo arre al equino y parte en dirección al palacio.
Era hora de ajustar cuentas con Quirge y la corrupta sociedad noble de Rikka.
—Vuelve por favor. — Ruega la princesa alzando una plegaria al cielo.
