Capitulo 8: La luz dentro de las sombras.

Escuchar la muerte de Eris no produce un remordimiento o dolor en Narue y eso, admite, la preocupa un poco. ¿Ya no hay ni una pisca de compasión o bien en ella? ¿Esta mas podrida de lo que creyó?

Se da cuenta que sus pies son rodeados de algo viscoso. Sangre. La sangre de su padre se ha desparramado hacía ella. Despacio camina sobre el charco y se arrodilla frente a la cabeza.

Olvida que sus movimientos son vigilados… o puede que simplemente no le interesa. Agarra la cabeza, sorprendida que muerto la piel quede más blanca cuando no lo creía posible, y se queda mirando aquellas cuencas vacías que son ojos.

De la nada empieza a reír. Una risa igual de burlona y siniestra minutos antes por Ichigo pero desquiciada totalmente. Entre la risa salen las lágrimas mientras estrella la cabeza una y otra vez en el piso, salpicando la sangre y dejando el cráneo con un aspecto mucho peor.

Años a la defensiva.

Años de ocultar tus emociones.

Años de tragar tu dignidad y humillaciones.

Todo aquello ha desaparecido.

Con un grito lanza la cabeza lo más lejos posible, soltando maldiciones y se queda en una posición de ovillo sobre la sangre, llorando y riendo al mismo tiempo.

—¿Qué hacemos con ella, Su Majestad?— El teniente Hisagi se recupera del shock.

—No te separes de ella. — Ordena Ichigo sin despegar sus ojos de Narue. — Le daremos este par de días un poco de dignidad. Que vaya a su cuarto, se dé un baño, que coma, que duerma... será su última voluntad. — Sale del cuarto, moviéndose como si fuera su casa gracias a las indicaciones de Orihime. —¡Renji!

—¿Qué ocurre, Su Majestad?

—Necesito que hagas algo por mí mientras se limpia este castillo. — Le entrega un pergamino. — Cumple las indicaciones.

De vuelta dentro de la sala de la corte, el Teniente Hisagi toma el hombro de Narue apenas la nota más calmada, no quería asustarla de bruces en aquella condición delicada.

—Vamos princesa.

Narue solo se deja guiar por el soldado. Responde en monosílabos las preguntas de cómo llegar a su dormitorio, aunque ella no quiere ir allí, pide otro porque nunca ha sido en realidad un refugio. Hisagi nota que el cuarto escogido apenas ha sido tocado, sospecha que es de invitados o algo así hasta que nota el emblema de la realeza en una de las paredes.

Una criada no tarda en entrar, temerosa de la presencia del soldado y ve a Narue como buscando ayuda.

—No te preocupes, Agatha. — La princesa daba la espalda, por lo tanto es curioso que haya sabido quien es. — El ejército de Karakura ha venido a matar a los pecadores, no a sus victimas

—Sí, Alteza… le preparare el baño ahora mismo.

La criada se mueve con rapidez, en el baño ya tenía el agua lista y va a buscar ropa limpia en lo que Narue se va quitando la ropa sucia y rota sin preocuparle los ojos masculinos.

—¡Alteza, espere a que me vaya!— Hisagi se tapa los ojos apenado.

—¿Por qué? Su Emperador le ha ordenado que no me quite los ojos de encima… además, no hay nada en mí que sea respetable cuando has sido prostituía con el fin de sobrevivir.

Aun así, tomándola con la guardia baja, Hisagi le da la espalda, alegando que así le da la privacidad sin desobedecer órdenes.

—El cuerpo de una persona debe ser respetado, no importa quien sea.

No ha sentido algo en cuando su padre y Eris murieron, pero esas sencillas palabras le han producido un sonrojo en la demacrada piel y que su corazón lata es prueba de sentirse conmovida.

—Curioso… ha dicho las palabras de nuestro Reino antes que sea podrido. — Murmura con una sonrisa.

Se mete en la tina con un quejido de dolor, el agua caliente le da escozor a las heridas, pero también ha sido un oasis en el desierto luego de semanas encerrada en el frío y el mal olor que arrastra.

La criada Agatha le ha frotado el cuerpo y lavado el pelo por la falta de fuerzas en ella. Como en el primer baño de Orihime en el campamento, la princesa sale dejando el agua oscura en mugre. La vistieron con un camisón de dormir y le avisaron a Hisagi que podía voltear. Nota que Narue ya se ve con mejor aspecto, en especial su pelo que ya sin la grasa y la oscuridad alrededor se puede notar que el color es castaño y bastante voluminoso, sus ojos verdes delatan estar un poco más feliz anímicamente, de seguro por andar limpiar. No se le puede quitar lo demacrado pero al menos su piel ya se ve mejor, si la tocase en el brazo estaría a lo mejor suave y un rastro de la esencia que usaron para lavarla.

Ahora luce más como una princesa. Una gobernante.

Independiente de la prenda.

—Bonito cabello.

—Gracias. — Toma asiento en donde Agatha le indica y empieza a servirle comida. — Ya que estaré aquí encerrada este par de días, lamento si me la paso dormida o comiendo… no seré una compañera muy activa a la conversación.

—No se preocupe, entiendo la situación.

—Su Majestad estará entretenido en estos momentos... — Se lleva un pedazo grande de carne a la boca. El teniente se pregunta si es por el hambre o por ser algo familiar recordando el apetito de Orihime. —, no ha pasado por desapercibido sus ansias de torturar a Lüdaas. — Otro bocado. Alza su copa llena de vino. — Espero que lo rompa tal como él lo hizo conmigo.

Eso lo sorprende.

—¿El líder de las sombras la ha violado?

—Su botín de guerra. — Ve su reflejo en el vino. — Es un hombre ambicioso, ¿Qué es más poderoso que su rango? Marido de una princesa… de una heredera... al menos engendrar un hijo con ésta. — Sonríe con cinismo. — La gente es idiota si creía que permitiría embarazarme de serpientes.


Orihime camina por el campamento llevando unas prendas entre sus brazos, sorprendida que los soldados que se quedaron por emergencia se anden inclinando al verla pasar. Como si ya intuyeran que pronto será su Emperatriz. Los que habían sido sus afortunados pacientes, la saludan alegres, llamándola por su nombre de pila sin preocupaciones y ella les preguntaban cómo iban sus heridas.

De nuevo sola rumbo a su labor, piensa nuevamente en el sueño que ha tenido. El mismo sueño que ha tenido desde que llegó con Ichigo: una niña que le habla antes de cerrar las puertas, pidiéndole silencio. Raro. No cree que sea un recuerdo del pasado debido a que ha estado sola sin contar su niñera.

—Disculpe Alteza. — Dice uno, interviniendo su camino al darse cuenta dónde iba. — No puede pasar por aquí.

—¿Por qué? — Parpadea constantemente, había estado tan ensimismada en sus pensamientos que tardó en darse cuenta que le hablaban. — Si solo hay mujeres.

—Por eso… no es apropiado que una mujer de su categoría.

—Señor, le esta faltan el respeto a esas mujeres, son personas no animales. — Lo mira con enfado. — Si estuviera en mi poder, lo castigaría con las antiguas leyes de mi país. No juegue más con su suerte y salga de mi camino.

El soldado anda dudoso, ella no espera una respuesta después de todo y lo empuja lo necesario para pasar.

El área de las cortesanas.

Orihime se da cuenta que estratégicamente están en el mejor lugar, en caso de una invasión enemiga, ellas tendrían la escapatoria fácil y rápida y siente una pizca de orgullo a su ahora prometido por pensar en la prioridad de ellas antes que en la propia.

Su prometido…

Se sonroja a tope, aun no puede creerlo. Tantos años que ha evitado el matrimonio o ser comprada, y ahora está a punto de ser la esposa de alguien… bueno, no tan pronto, faltarían semanas en lo que arreglan allí, llegar a Karakura y preparar la boda y ceremonia.

Las cortesanas no entendían su presencia o el por qué Orihime las saludaba tan alegre y desinteresada, como si estuviese en una fiesta de té con otras nobles y no en un lugar sucio con "mujeres vulgares" como dicen las esposas o madres de los "caballeros".

—Aquí es. — Encuentra sin problema la carpa de Meninas al tener el emblema de la familia Kurosaki bordada. — ¿Lady Meninas?— Abre un poco por discreción. — ¿Puedo pasar? Soy Orihime Inoue.

Meninas estaba muy tranquila leyendo uno de los pocos libros de romance que se trajo, segura que esta guerra terminaría pronto, y se desconcierta al escuchar la voz de la princesa. ¿Qué hace ella aquí? Esa no es su área.

Debe venir a pelear.

Típico. Muchas mujeres nobles y amantes se han acercado para burlarse de obtener el amor de Ichigo y que no durara mucho tiempo como su favorita, y al final se han regresado por donde salieron con la cola entre sus patas. Malditas ratas, ellas no conocen a Su Majestad como ella, no le llegan ni a sus tobillos.

Sí, será un placer ver a esa poca cosa de princesa regodearse aprovechando su rango y luego regresarse por dónde salió llorando y con la mirada baja para que no vea la sonrisa victoriosa de la cortesana.

—Claro su Alteza. — Se pone en pie al verla entrar y le obsequia una reverencia. — Es un honor tenerla aquí.

—Oh, no… el honor es mío. — Sonríe tan encantadora como siempre y extiende sus brazos. — Ten, un adelanto.

—¿Un adelanto?

—Sé que no fue por placer propio dar sus vestidos por mí, pero igual debo regresarle el favor. – Meninas se había sorprendido, así que a ella la vieja cascarrabias de Hinako le ha estado dando su ropa. — Elegí cuatro vestidos del baúl que trajeron para mí, los que mejor van con su piel y hermoso cabello... en cuando regrese al palacio, buscare más prendas para usted.

Meninas agarra las prendas, como le gustaría en realidad tirarlas al lodo y después a esa cara de tonta que no se comporta cómo debería, pero es una princesa e invitada de Ichigo, por lo tanto debe respetarla o se meterá en problemas con él. Las deja sobre la cama con cuidado y va mirando una por una, maravillada, se esperaba algo feo o pasable, pero no, la princesa en verdad se había molestado en buscarle lo mejor y que le acentué de maravilla.

¿Pero qué pasa aquí? ¿Por qué se está mostrando tan amable con ella? ¿Espera acaso que baje la guardia para que el puñetazo sea más rudo?

—Muchas gracias, Su Alteza, son preciosos. — Admite sin mucho ánimo.

Igual fue suficiente, Orihime se maravilla y agarra sus manos, asegurando lo contenta que está.

—¡De verdad me pone feliz!

—Su Alteza, cálmese. — Meninas aparta sus manos sin gustarle tanta amabilidad, esto se sale del monótono guión que la ha seguido durante años. — Es una princesa, no es el comportamiento que debe tener ante los demás, ni mucho menos con una cortesana.

—Oh sí, la señora Hinako me ha dicho algo al respecto… lo siento si te perturbo, es sólo que en Rikka el trato a los cortesanos es diferente… bueno, antes que mi padre lo arruinase.

—¿Diferente en qué?

—Para empezar, respetamos a los cortesanos. Sabemos que la mayoría han tomado difícil decisión de trabajo para sacar a su familia adelante o porque fueron esclavos, por lo que las y los admiramos y hacemos que el trabajo sea lo más grato posible. Los cortesanos en la nobleza, en especial las mujeres, son el tercer al mando en la casa y los de la realeza son tratados como si fueren el marido o la esposa... es a quienes requerimos también cuando vamos a casarnos, después de todo, ¿Quien conoce mejor a su futuro marido que la cortesana? Por eso para mí es todo un honor conocer a una mujer de su categoría Lady Meninas, si es la cortesana favorita de Su Majestad, debe ser una mujer excelente y admirable. — Junta sus manos sin dejar de verla con admiración. — Espero que me ayude con su sabiduría de ahora en adelante.

La pelirrosa recibe esta información quedando cada vez más aturdida, no puede creer que esas cosas pasen fuera de Karakura. Pero lo último la ha dejado más desconcertada.

—¿Ayudarla?

—¡Sí!— Su sonrisa se ensancha y sus mejillas de ruborizan un poco. — Como la prometida de Su Majestad y futura esposa, me haría muy feliz su ayuda, Lady Meninas.

Meninas se quedó en blanco. ¿Prometida? ¿Esa mocosa? ¡No podía ser! La tela del vestido que llevaba en sus manos fue arrugado con fuerza y la pelirrosa arroja la tela a la cama, sorprendiendo a Orihime.

—¿Acaso es divertido? —Murmura en voz baja.

—¿Disculpa? —Orihime la mira extrañada, sin entender su comportamiento.

—¡¿Es divertido para ti burlarte de mí?!

—No entiendo de que me hablas.

—Claro, como es una princesa es normal humillar a un simple plebeyo. — Dijo ella furiosa.

—¿H-humillar? ¿Yo? — Abre los ojos sorprendida.

—Ahora entiendo todo ese cuento que me has dicho, ¡Te lo debiste haber inventado! —Le saco en cara.

—¡No es verdad, todo lo que he dicho es cierto! — Aclara Orihime. — ¡En Rikka el tener varias esposas es aceptable!

—¡Sí, claro! — La entrada de la carpa oscura se abre un poco, mostrando a algunas de las mujeres quienes veían preocupadas y otras curiosas la discusión que se llevaba a cabo. —¡Seguramente el darme estos vestidos y decirme eso es parte de tu plan para rebajarme!

—¡Juro que no es eso!

—No lo voy a permitir… — Susurra dándole la espalda y acercándose a su tocador. —Me niego a volver ser tratada como un animal…

—¿Qué?

De un momento a otro la cortesana arroja algo que al parecer le hizo sangrar y se dio media vuelta, revelando un prendedor largo en la mano que se lo lanzó. Orihime alcanza a reaccionar y lo esquiva por inercia, sin embargo tropieza con sus propios pies y cae al piso en el proceso.

—¡No me lo vas a quitar! — Grita casi enloquecida la cortesana mientras arremete contra ella y sangre le cae del brazo. — ¡El cariño y el favor de su majestad son solo míos!

—¡L-lady Meninas, deténgase! — Algunas de las cortesanas y mujeres corrieron donde Meninas para detenerla al mismo tiempo que una de ellas salió fuera de la carpa para llamar a un guardia.

Rápidamente Keigo ingresa seguido de un grupo de seis hombres listos, quienes detuvieron a la concubina y la desarmaron. Sin embargo en la pelea Orihime se había lastimado levemente el cuello, era una línea fina pero se notaría cuando comenzará a cicatrizar y hasta que sanará.

—Lady Meninas, queda bajo arresto por atacar a la realeza.

—¡Es culpa de ella! — Se victimiza. — Ella me atacó primero.

—¿La princesa Orihime? — Pregunta sin creerle uno de los soldados.

—Me cuesta creerlo. — Murmura otro.

Normal si habían tenido la buena fortuna de ser tratados por las propias manos de la princesa con sonrisa resplandeciente y nunca tuvo problema en tratarlos como personas antes de soldados o plebeyos.

—¡Es la verdad! — Fingió la mujer de ojos verdes algunas lágrimas. — Me atacó con varias palabras hirientes y con ese cuchillo. — Apunta el arma que había sido olvidada en un rincón.

—P-pero yo… — Murmura una temblorosa Orihime.

—Majestad, no se preocupe. — Dice Keigo, tranquilizando a la joven pelinaranja. — Arresten a Lady Meninas. Estará bajo arresto domiciliario y no saldrá de esta carpa bajo ninguna circunstancia.

—¡¿Qué?! — Exclama la pelirrosa sin creerse lo que sucedía frente a sus ojos. — P-pero fue la princesa…

—¿En serio piensa que voy a creer eso? He cuidado de la princesa Orihime durante los últimos días y puedo asegurar que no es de las que atacan sin motivo alguno.

—E-es que yo...

—Todos ustedes, se quedan aquí para vigilar, nadie entra y sale sin mi autorización ¿Entendido?

—¡Sí, señor! — Al ser Keigo de parte de la primera brigada tenía cierta autoridad sobre los hombres rasos.

Sin nada más que decir, el guardaespaldas de Orihime la ayuda a reincorporarse y a salir de la carpa sin percibir que ella por arriba del hombro mira el cómo Meninas tiene una cara de miedo, derrota y pena.

—¿Se encuentra bien alteza? — Pregunta apenas

—Sí… Lord Keigo no sea cruel con lady Meninas. — Le pide.

—Tenemos que ser estrictos ya que ella amenazó su vida.

—Pero esto… fue mi culpa.

—Princesa, se que usted no atacó a Lady Meninas.

—No la ataque… — Mueve sus manos de forma frenética. — Pero si debí insultarla con mis palabras.

—¿Insultarla?

—Yo… pensé que sería como en mi país, donde las amantes y cortesanas pueden apoyar a la esposa… pero mis palabras le afectaron negativamente, por eso tuvo esa reacción.

—Alteza… —Keigo la mira comprensivo. — La trataremos lo mejor posible pero es Ichigo quien decidirá qué pasará con ella… y está herida. — Agrega, notando la leve línea en su cuello. — Vayamos con la doctora Unohana para que la revise.

—Sí. — Acepta con voz baja.

Después de que Unohana hiciera una leve curación y le pidiera no tocar su cuello unos días, Orihime fue escoltada a su carpa.

Casi ya no había heridos y solo había que esperar al regreso del emperador, por lo que Orihime se quedaba aburrida la mayor parte del día siendo entretenida por Hinako, quien la ayudaba a bordar o le preparaba té y bocadillos. Aunque ella se quejaba que estaba comiendo mucho, la mujer le decía que aún estaba recuperando peso y debía comer más.

Esa noche toma un baño relajante y durmió como los últimos tres días desde que Ichigo partió: abrazando la almohada del Emperador. Se preguntaba si estaría bien o no, si estaría herido… negó repetidas veces, Ichigo era el hombre más fuerte que conocía y no se dejaría vencer por su padre. Debía admitir que su padre no era muy buen espadachín y comparado con su prometido se quedaba muy abajo de él.

Su prometido… Orihime se cubrió la cara con una almohada y grito para que no se escuchara afuera. Aún no podía creerse que estaba comprometida con el hombre más poderoso de cinco naciones. Esperaba no decepcionarlo, aunque ella ya le había advertido que no le sería de mucha ayuda pero él había sido insistente.

Ya quería verlo pronto.

Al día siguiente fue todo un escándalo en el campamento, mucho ruido se escuchaba afuera. En cuando Hinako entra lista para despertar a la princesa, ésta nota fácilmente que la mujer mayor llevaba una sonrisa enorme en la cara.

—¿Qué está pasando? Hay mucho desorden.

—Levantan el campamento su alteza. — Responde Richiro, quien comienza a acomodar algunas cosas.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Anda, de pie Orihime… llegó un mensaje de su majestad.-La apura Hinako.

—¿De Ichigo? — Hinako saca un vestido y lo extendió sobre la cama. Le hace señas a Orihime para tomar asiento y comenzar a arreglarla.

—Su Majestad ha ordenado el levantamiento de la base y dirigirnos al palacio de Rikka

—¿Acaso…?

—Sí, ya ha tomado la corona del rey Quirge –Respondió Hinako seriamente. Sabía que al decir eso Orihime sabría el significado.

Que su padre estaba muerto.

—Ya veo… — Orihime queda en silencio mientras la doncella la arreglaba, pero por dentro se sorprende de no sentir tristeza o dolor sino… liberación. Sentía que un enorme peso de sus hombros desaparecía con esas palabras.

Era cruel, pero como había dicho el primer día ante Ichigo, ella no tenía algún tipo de afecto a su familia. Había crecido viéndolos como perfectos desconocidos, podía recordar pocas veces que había cenado con ellos, siempre estaba huyendo o a la defensiva.

Hinako la viste con un hermoso vestido amarillo con detalles blancos en el pecho, de escote hombros caídos y manga transparente larga.

Cuando salieron de la carpa todos los hombres la veían embelesados por su belleza, un carruaje estaba ubicado cerca y Keigo la escolta con cuidado hasta que subió, rápidamente su carpa había sido desmantelada y guardada, solo quedaban los objetos por guardar que no eran muchos.

Una vez que todo estuvo listo partieron a Rikka, era hora de enfrentarse a su pasado y enfrentar su nuevo futuro.


Narue sale del cuarto de baño ya limpia y con un sencillo pero hermoso vestido plateado. El cabello bien trenzado con una tiara por su rango de la realeza.

La espera al otro lado Ichigo y el teniente Hisagi como de costumbre. Ve en la mesilla dos copas llenas de vino y sonríe.

—¿Sera muy malo?

—Solo te pondrá a dormir. — Responde el Emperador ofreciéndole una de las copas.

Detrás de la princesa, su criada Agatha comienza a sollozar y toma a Narue de la mano antes que tome la copa.

—Por favor… Su Alteza… no lo haga… aun puede tomar la oportunidad del exilio.

—Agatha. — Con una sonrisa y sin importarle la audiencia, besa a la criada en los labios. — Mi bello ángel que nunca me abandonó, tú mejor que nadie entiende que esto es lo mejor para mí… antes que sea tarde.

—Lo sé, lo sé… mejor la muerte que matar a otros por su locura. Pero... pero... quiero ser egoísta.

—Te lo agradezco, Agatha… ¿Puedo ser yo egoísta contigo?— La ve asentir. — Si el Emperador lo permite, haz lo que yo no pude: protege a mis hermanas… cuida a Orihime y a Rena por mí.

Agatha asiente varias veces, aun llorando y con mocos, pero a los ojos de Narue sigue igual de hermosa y le da otro beso. Da la media vuelta y enfrenta una vez más la copa, no a Ichigo, sino lo que lleva en mano. La sostiene sin problema, Ichigo sostiene la propia y ambos hacen un brindis.

—Por un largo matrimonio. — Celebra Narue. — Le advierto que no la subestime que cuando se enoja es terrible.

—Lo recordaré.

Los monarcas toman un gran trago del vino. Estuvieron tomando tres rondas más hasta que la princesa empieza a bostezar e Ichigo tuvo que agarrarla. Agatha vuelve a sollozar pero lo más silenciosa posible y aferrándose en Hisagi para no caer. Debía ser fuerte por su señora y la mujer que ama.

—Estoy cansada... con todo lo que he dormido, es un milagro. — Bromea a pesar de la circunstancias.

—Déjame ayudarte. — Despacio Ichigo la carga al estilo nupcial y la recuesta en la cama. — Debes descansar un poco, ya verás que luego será mejor.

—Sí… tienes razón… en cuando despierte, todo será diferente. — Sonríe apenas por el agotamiento. — Espero ver a mi madre… era una mujer hermosa y amable… Orihime me la recuerda mucho… — Bosteza y cierra los parpados. — sí… iguales… es curioso…

Y ya no hay más palabras saliendo de sus labios.

Ni una señal que esté respirando.

Agatha cae desplomada al suelo, llorando y gritando el nombre de la princesa una y otra vez.

Su grito parecía ser migajas de pan, ya que una persona, confusa, se deja guiar por su lloriqueo y entra sin pedir permiso y descubriendo tal escena.

—¿Qué…?

—Orihime. — Ichigo se pone delante de ella. — Deberías esperarme abajo.

Ella no dice algo al respecto, mira a Agatha destrozada y luego la cama, sorprendiéndose de lo que se encuentra. Hace a un lado a su prometido y camina a paso inseguro.

—¿Narue?— Murmura tocándose sus propias mejillas. ¿Por qué lloraba? ¿Por qué le afecta ver muerta a una persona que le dio la espalda al suplicarle ayuda?— Agatha, ¿Por qué Narue está en mi cuarto? — No presta las miradas sorprendidas de los dos hombres por tal secreto, sino a la pobre mujer que no podía ni sostenerse de rodillas que tenía una mano también en el suelo. —¡Responde!

—Su Alteza… Narue… quería morir en el cuarto… de su madre… —Jadea varias veces, buscando el aliento de poder seguir. — La Reina Suu dormía en estas habitaciones antes de ser asesinada por el Rey… y la princesa peleo para que usted se quedase con el cuarto… porque estaba cerca del de ella y así podía vigilar que nadie entrase seduciéndolos. — Toma una pausa porque de nuevo sentía que se ahogaba. — Hay un pasaje secreto entre los cuartos y a veces me metía a cerrar la puerta o… cargarla y llevarla a otra parte en lo que Narue los distraía.

—No… no lo entiendo… esa no es la Narue que yo conozco.

—Su Majestad… — Agatha ve ahora a Ichigo — Tiene algo que es de usted… por parte de la princesa Narue… así lo entenderá.

Orihime mira a Ichigo en busca de respuestas y él mete una mano en el bolsillo y saca un collar que conoce bien. Siempre lo ha visto en el cuello de Narue aquel accesorio con la forma de una paloma que fue de su madre y, según la Corte, lo lleva como una señal que no es estúpida como su progenitora. Lo sostiene y nota que tenía un seguro para abrirse y eso explica por qué era tan grueso.

—La princesa Narue lo ha dejado para usted… Su Majestad.

—¿Eh?— Orihime mira a la criada confundida. ¿Le ha dado el título de Reina?

—Ábralo y vera. — Ve fijamente, entre las lágrimas, como le hace caso y el cómo muestra asombro. — Narue escondió el sello real para dárselo a usted y así quede como heredera oficial, incluso antes que Eris.

Es verdad.

Ahí está.

Pero no es eso lo que la sorprendió.

Sino un pequeño retrato de pintura.

En que sale ella de bebé en los brazos de Narue.