Capitulo 9: Nozomu.

Orihime sintió sus ojos nublarse por las lágrimas.

No debería sentir nada, ella se rió cuando era azotada, se burló de su aspecto, Narue amaba cuando era lastimada y la miraba con desprecio… pero aún así era su hermana y el hecho de ver su cadáver le causaba sentimientos encontrados y esa pequeña pintura… Narue sonreía mientras Orihime de unos ocho meses jugaba con su cabello.

Un recuerdo borroso llegó a su mente…

Tenía tres años y Narue, escondiéndola en el armario de su habitación, le dijo que se tapara los oídos, recite su canción de cuna en susurros y que por nada del mundo dejará de cantarla sin hacer ruido alguno. Que el juego podría parar cuando Narue tocará cuatro veces seguidas la puerta del armario.

Obedeció, sin saber que esa misma noche una Narue de trece años era violada por el mismísimo capitán de la sombra. Todo lo que recordaba eran los ojos vacíos de Narue y como se aferró a ella sin parar de llorar toda la noche.

Desgraciadamente ella era muy pequeña para entender y cuando comenzó a recordar más conscientemente, Narue ya estaba alejada y aprendió a defenderse por sí misma.

Ese recuerdo estaba tan enterrado en su memoria, solo saliendo fragmentos borrosos en su estancia en el campamento, que lo único que pudo sacarlo a la luz fue el hecho de ver el cadáver de su hermana frente a ella. Quizás el haber estado en un lugar seguro no sólo su cuerpo se había relajado al punto de dormir más tiempo y a gusto, su mente debió calmarse lo suficiente para bajar su defensa y evocar memorias. De un momento a otro sus piernas fallaron y hubiera caído al piso de no ser por su prometido, quien la sostuvo poco antes.

—Orihime… — Murmuro Ichigo tomándola por los hombros y pegándole a su pecho.

—¿Sufrió? — Pregunta en voz baja mientras su voz se comenzaba a romper.

—Sus últimos días vivió como debe vivir una princesa. — Responde el pelinaranja. — Bien atendida y cuidada.

—P-pero ella ¿Sufrió mucho? Sabes a lo que me refiero. — Le pide aferrándose a los hombros del emperador.

—No… — Dice él en voz baja. — Ella solo se fue a dormir, en paz y tranquila. — Retira los cabellos de Orihime para ver sus ojos, los cuales estaban bañados en lágrimas.

—Siempre pensé que disfrutaba mi dolor, que yo sufriera… y ahora que ya no está, el único buen recuerdo que tengo de ella no puedo agradecérselo.

—Estoy seguro que ella ya lo sabía.

—¿N-no había forma que ella se salvará? — Pregunta débilmente.

—De hecho se lo ofrecí. — Admite el emperador.

Ichigo tomo el collar entre sus dedos y lo apretó suavemente.

Entrégaselo tú directamente.

No… yo… no tengo valor de verla a la cara. — Admite con una sonrisa seca. — No después de todo lo que le hice.

Tú querías… no, corrijo princesa Narue, usted quiere a hermana. — Eso no fue una pregunta, fue una afirmación de su parte, al ser hermano mayor de dos mujeres podía reconocer ese instinto protector de salvar a los más pequeños.

Un poco tarde para admitirlo ¿Cierto? Pero no tiene sentido que ella lo sepa ahora.

Te puedo enviar al exilió. — Ofreció Ichigo seriamente.

¡Majestad! — Exclamó Ikkaku.

Si la dejamos vivir ella podría ocasionar problemas. — Murmuro Renji.

No justifico tu actuar hacía con la quinta princesa, pero aceptó que en parte hiciste algunas cosas por su bien y te lo agradezco. — Los reclamos de sus hombres pararon cuando esté alzó su mano. — ¿Qué dices princesa Narue?

Agradezco su oferta, Su Majestad… pero la rechazo.-Dijo con tranquilidad la castaña y todos los hombres la veían fuera de sí. ¿Era estúpida? Era mucho mejor vivir en el exilio que morir. — La gente de Rikka no estaría feliz si yo viviera, estarán constantemente preocupados a que yo cause una rebelión para volver a reclamar el trono… y… hay otro motivo.

¿Cuál es?

Es… es que estoy enferma majestad. — Ichigo la vio incrédulo, puesto que se veía muy sana, sin signos de enfermedad alguna. — No se ve por fuera, pero aquí. — Señalo su cabeza. — No estoy bien. Últimamente sufró alucinaciones y ataques de irá sin motivo, es mejor que muera a padecer una locura como la de mi padre.

Su padre… el rey Quirge había cedido a sus arranques de locura momentáneos y matado incontables inocentes por ello y la ojiverde no deseaba ese final para ella.

No quieres terminar como él. — Aceptó Ichigo.

Así es, es como usted dice. — Admitió con una sonrisa. — Ah y ya que se casará con mi linda Orihime, le diré algo: téngale paciencia.

¿Paciencia?

Ella ha sido criada en un país donde la poligamia es permitida, puede que haga o diga algunas cosas que lo confundan.

Aceptare su consejo y lo tendré en cuenta. — Ichigo río sin gracia y le dio la espalda. — Hisagi, liberen a la primera princesa, cumpliremos su último deseo. Tú y otros cuatro la vigilarán. — Después de decir esto el emperador comenzó a caminar.

Sí, majestad. — Asintió el hombre.

—Ah… ya veo. — Murmura cabizbaja.

—Princesa Orihime, como última voluntad de su alteza, la princesa Narue, juro dar mi vida para servirla a usted y la princesa Rena.

—Sí… — Murmura distraída. — Yo… ¿Puedo tener un momento a solas? — Pidió la joven ojicastaña.

—Por supuesto. — Ichigo besa su frente suavemente y ordena a todos salir de la habitación.

—Agatha… puede quedarse. — Dijo apenas.

—Sí, su alteza. — Asintió la doncella.

Todos los soldados salieron y, tras ellos va Ichigo, quien cerró las puertas para darle privacidad.

Orihime se acerca al cuerpo de Narue y acaricio su cabellera.

—Qué curioso, siempre pensé que los colores más oscuros te quedaban bien, pero el plateado resalta tu cabello y tus ojos. — No pudo evitar llorar. — ¡Tonta, si me hubieras dicho antes habríamos encontrado una solución juntas! — Se recarga en el regazo de la ahora difunta Narue y se echó a llorar, con Agatha tras ella que también derramaba algunas lágrimas.

Esa tarde Orihime no dejo sus habitaciones, hasta que más tarde llamaron a la puerta para incinerar el cuerpo.

—Una vez incinerada… denme sus cenizas.

—¿Alteza? — Agatha la mira sorprendida.

—Liberaremos sus cenizas en el mar… recuerdo que ella amaba el océano porque la Primera Reina, su madre, era de una ciudad portuaria.

—De acuerdo. — Renji y otros hombres retiraron el cuerpo dignamente en una camilla para poder proceder a quemarla. — ¿Qué hacemos con los restos de las otras princesas y su padre? — Se atrevió a preguntar el pelirrojo.

—No lo sé ni me importa. — Respondió fríamente. — Tírenlas o échenlas por ahí con los animales.

—Sí, su alteza. — Renji sonrío sin que ella lo notase, Ichigo y la princesa eran tal para cual.


Ichigo cerró la puerta de las habitaciones de Orihime y se quedó quieto unos momentos sin hacer o decir nada, no podía entender el sentir de la princesa puesto que nunca había perdido a algún familiar cercano, así que solo podía darle su apoyo emocional.

Al escuchar el llanto de su prometida solo pudo apretar los puños y alejarse mientras cerraba los ojos, asignó a un par de guardias para vigilar las cercanías y nadie interrumpiera. Orihime tenía derecho a despedirse pacíficamente de la única familia que ella pudo atesorar en su momento, puesto que las otras hermanas habían muerto cuando esta era más joven.

—Si más tarde aún no sale, pueden llamar para retirar el cuerpo. — Les ordenó.

—Sí, majestad.

—Y traten el cuerpo con dignidad. — Dijo seriamente. — Aunque haya cometido actos no muy aceptables, en algún momento fue un miembro de la realeza, denle una ceremonia funeraria adecuada.

—¿Procedemos igual con los otros cuerpos? — Pregunta Renji.

—Claro que no. — Ichigo lo ve como si hubiera perdido la cabeza. — Esos déjaselos a los cerdos o a las bestias ya que son solo basura… o mejor aún, usa sus restos para usarlos de abono en los árboles, no creo que ni las bestias salvajes deseen comérselos. — Se encoge de hombros mientras se alejaba por el pasillo. — Confió en ti, mi amigo.

—Como tú digas. — Renji suspiro y desplegó a sus hombres por algunos pasillos, prohibiendo el paso a cualquier persona que quisiera acercarse a los aposentos de la joven ojicastaña.

De alguna forma el pelirrojo teniente de pelotón estaba de acuerdo con su amigo, fuera de la princesa Narue y Orihime, al parecer todos los miembros de la realeza actual de Rikka eran peor que basura.

Ichigo se deja caer en la sala del trono de Rikka, ahora venía la parte más molesta: reorganizar a todo el país bajo el mandato de Karakura.

Admitía que no le gustaba la parte administrativa de su trabajo pero no sé podía evitar.

Se quedó quieto mirando la enorme sala del trono, le daba asco el solo pensar que en ese lugar el cerdo de Quirge abusaba de jóvenes o tenía orgías sin ninguna pena o vergüenza. El solo pensar que Orihime pudo haber estado en una de esas fiestas le provoca una furia incontenible y le daban ganas de destruir algo. Solo la voz de Hisagi lo saco de sus pensamientos.

—Su Majestad.

—¿Qué pasa?

—El asunto del calabozo ¿Que hago con eso?

—¿A qué te refieres? — Confundido.

—Ya sabe… el "asunto".

Algo hizo clic en la cabeza de Ichigo en ese momento.

—Ah eso… — Ichigo sonrío oscuramente. — Quémalo.

—¿Quemarlo? Pero eso ya lo hicimos.

—No Hisagi, no me entiendes… debes quémarlo totalmente.

Tarda su oyente algunos segundos en comprender la mente de su líder.

—¿Se refiere a ejecución?

—Sí, hazlo público en la plaza principal.

—Pero si la princesa se entera… ¿No sé enojara?

—¿Crees que se enfade por semejante cucaracha? — Pregunta arqueando una ceja con incredulidad.

—Tiene razón, mis disculpas. — Siente que ha insultado el cerebro de la mujer. — Haré los arreglos para que sea está noche.

—Mañana.

—¿Eh? — De nuevo Ichigo le desarma la guardia. — ¿Por qué esperar?

—Más tarde pasará algo importante y quiero que hoy los aldeanos tengan un buen recuerdo. — Recarga su mano en el reposabrazos de oro. — Nos encargaremos de la basura mañana.

—De acuerdo, como usted diga. — Hisagi se retiró en silencio dejando al rey solo.

Ya solo, la mano que descansa en el reposabrazos empieza a moverlos rítmicamente, provocando una melodía con el choque de sus uñas con el oro del trono. Nota que en sus pies, en las baldosas de oro que rodean el asiento real hay un lema grabado que sospecha que es de la familia Inoue en sus mejores tiempos, hasta que Quirge toma el poder.

Amar sin límites y con respeto.

Lidera con un puño de hierro y el otro de pluma.

Ichigo arquea las cejas por parecerle raro aquel lema, sospecha que ha sido una mujer que lo ha mandado hacer. ¿Sera uno de los lemas de la diosa Mina? ¿O era un pensamiento de la antepasada de Orihime quien lo pensaba? Tarda en entenderlo, no por "complejidad", al contrario, no tiene nada de eso. Sin embargo le había costado un poco por encontrarlo ridículo.

La gente de Rikka no solo eran liberales en el amor, también los gobernantes creían que había que ser como un padre al dirigir una nación: estrictos pero amables.

Pone atención a aquel cuarto, ahora con nuevos ojos, ya no pensando en el reinado de Quirge sino en sus antecesores y se pregunta si algo de su legado habrá sobrevivido.

Agacha la mirada nuevamente en sus zapatos y nota algo en sus pantalones que por suerte Orihime tampoco notó:

Sangre.

Rastro de su última visita al capitán de la sombra.

—Lüdaas Friegen… — Murmura aburrido el pelinaranja

Ichigo baja a las mazmorras por las que había entrado al palacio, la tenue luz de una vela y un par de candelabros de aceite eran lo único que iluminaba ese oscuro lugar.

En una celda, curiosamente la misma donde había estado encerrada la princesa Narue, el líder de la red de asesinos La Sombra, se encontraba encadenado a una silla desnudo. Su rostro, antes considerado atractivo para las damas, estaba lleno de hematomas y su labio sangraba.

Mírate nada más, la mano ejecutora del rey Quirge atrapado como una rata. —Se burló el hombre.

Debes sentirte la gran cosa, pequeño emperador. — Se atrevió a sonreír arrogante. — Tomaste un país entero gracias a qué una zorra te mostró un buen culo y seguro te la follaste.

Ichigo no dijo algo al respecto, solamente se acercó un poco y alzó el pie, empujando la silla, la cual cayó hacia atrás con un ruido sordo de la cabeza del pelinegro, golpeando el duro piso. Nuevamente el pie de Ichigo pisó duramente en su entrepierna, precisamente en los testículos provocando que un grito saliera de la boca de éste.

Curioso que un cerdo como tú me diga eso, puesto que tú abusaste de varias jovencitas. — La sangre le hierve en búsqueda de sangre… pero debe ser paciente. — Por lo menos la quinta princesa tiene dignidad y nunca permitió que la tocarás.

¿La princesita nunca te lo dijo, "majestad"? — Se río con locura. — Logre tocarla una vez.

Los ojos de Ichigo se encendieron en furia, ese bastardo hijo de puta estaba buscando morir pero pronto se calmó al notar un pequeño detalle.

Y estoy seguro que ella no permitió que siguieras. — Se burló. — La gran cicatriz de tu mano me lo confirma.

Efectivamente al tomar la mano derecha de Friegen tenía una enorme cicatriz que estaba en ambos lados de está.

El hombre chasqueo la lengua, había logrado tocar por un momento los senos de la joven de dieciséis años que dormía en un pequeño almacén, ésta nada más sentirlo lo sorprendió enterrándole un cuchillo de cocina que escondía en un cubo de basura y escapó corriendo, nunca iba a las cenas donde él estaba presente así que ni siquiera había podido contárselas como debía.

Los soldados lo levantaron con la silla incluida e Ichigo se acercó a éste. El aura de sed por sangre no lo había abandonado en ningún momento y lo notó acercarse al pirsin debajo de su ojo.

Vaya, esto debió doler mucho cuando te lo pusieron verdad.

Desgraciado ¿Qué diablos estás pensando? — Lo reto Lüdaas.

¿Yo? Nada. — Habló inocentemente. — Solo te ayudo a estar más cómodo. — Y arrancó el accesorio sin previo aviso, sacándole un grito a su prisionero. — Vaya, lo siento, seré más cuidadoso con el siguiente. — Hablo en tono de broma mientras jalaba el pirsin junto a su ceja y el calabozo se llenaba de gritos.

Los soldados ya estaban acostumbrados a las torturas de su señor así que no se inmutaron ni un poco con cada uno de los gritos del hombre. En especial cuando su señor estaba furioso y hacen nota mental de besar los pies de Orihime si es necesario con tal de no terminar como el enemigo.

Los seis piercings habían desaparecido y en su lugar el rostro del prisionero estaba lleno de sangre excepto por unos pocos espacios y parte de su frente.

Mira ¿No es más cómodo así?

Pudo sentir como Lüdaas lo miraba con odio.

Cuando me libere te vas a arrepentir. — Jadeó apenas debido al dolor que aún sentía.

Es una pena que nunca vayas a salir de aquí. — Se burló el emperador. — ¿Crees que dejaré que huyas? No solo tocaste a varias niñas… sino que insultaste a mi prometida.

¿Prometida…? — Abrió los ojos en shock. — ¿La princesa Orihime?

Quince puntos para tu cerebro de pájaro. — Se burló el pelinaranja. — Ahora que te tengo frente a mí y sabiendo lo que querías hacerle, es justo que me vengue por ella, ¿No crees? — Uno de los soldados había llevado una lámpara y la puso en el piso con un pedazo de metal largo. — Supe que tu especialidad es la tortura. — Ichigo tomo en sus manos el mango del metal, el pedazo de metal estaba al rojo vivo debido al tiempo que había estado en las llamas. — Tal vez has entrenado a muchos de tus hombres para que torturen y maten… pero tengo la sensación de que tú no fuiste entrenado para eso, en realidad tengo ganas de oír chillar a los cerdos. — Sin pleno aviso la barra de metal tomo la carne del hombre, cerca de su entrepierna lo que sacó un grito de dolor terrible. — Oh vaya, si sabes chillar como cerdo. — Ichigo lo encaró a la altura de su cara apoyándose en los apoyabrazos de la silla. — Estoy de muuuuy mal humor general Lüdaas, así que serás mi muñeco para desestresarme. — La sed de sangre ha regresado más exigente y envolvió al emperador. — ¿Estás listo? Te haré pagar por cada ocasión que lastimaste a mi mujer.

Ichigo cumplió su palabra. No fue suficiente con quemarlo en los testículos y piernas; fue encadenado de pie y llenado de latigazos por un día completo; apenas le daban un momento para sentir su carne abierta se le echaba sal a las heridas lo que multiplicada el dolor; incluso su pene fue quemado y cortado. El respetado capitán Friegen nunca pensó que llegaría el momento en que querría morir, pero ese era un buen momento, ya ni siquiera sabía cuánto tiempo había pasado.

M-maldi… maldita sea… ¿Por qué no me matas y ya? — Murmuró apenas.

¿Y eliminar toda la diversión? Claro que no. — Ichigo contemplaba sentado al maltrecho hombre a lo lejos, lleno de heridas y sangrando, mientras que él estaba relajado con una botella de vino y una copa plateada entre sus manos. — Tengo un asunto que arreglar con la princesa Narue y Orihime no debe tardar en llegar. — Se puso de pie. — Pero te tengo un último regalo. — Sonrió siniestramente.

¿Y-y ahora que ray...? — Se quedó en silencio cuando vio a dos hombres entrar en la celda… antiguos amantes del rey. — No… ¡No! — Gritó aterrado.

Estos dos tenían un último deseo antes de morir, sería cruel no cumplírselos ¿No crees? — Se encogió de hombros. — Soy un hombre benevolente después de todo. — Ichigo lo vio con repugnancia. — Abusaste de tantas mujeres y niñas… es justo que sepas el dolor que ellas sintieron. — Lo vio con burla antes de darle la espalda. — Adelante señores.

Lord Friegen… llevaba un tiempo deseando esto.

Es un honor poder tocarlo. — Siguió el otro.

Aléjense… no… ¡Noooo!

Los gemidos del par de hombres fue lo último que Ichigo escuchó antes de dejar el oscuro calabozo. Debía darse un baño y presentarse con la primera princesa.

Ichigo sonríe a secas al recordar la última tortura que le dio al general ¿Debería dejarlo vivo? Tal vez debería cortarle lo brazos y tirarlo por ahí... Era una difícil decisión y tal debería consultarlo con Orihime, pero no estaba seguro si era una buena idea comentarle lo que había hecho.

Bueno, ya lo pensaría en su momento.

—Su majestad. — Una de las doncellas del castillo se acercó a él tímidamente.

—¿Qué sucede?

—El personal se pregunta si nos permitiría colgar las pinturas de los antiguos monarcas de Rikka en el pabellón principal.

—Ahora que lo mencionan. — Dijo pensativo. — Me pareció raro cuando tome el castillo y no vi un solo cuadro de los antepasados de la princesa. ¿Ocurrió algo?

—E-el rey Quirge ordenó quemarlos.

—¿Tan loco estaba?

—¡P-pero no lo hicimos! Quemamos otros lienzos y ocultamos los retratos de la familia real.

—Tengo curiosidad de ver cómo eran los antepasados de Orihime, así que muéstrame.

—¡Si, por supuesto!

La ama de llaves lo guía a una pequeña bodega fuera del palacio, los sirvientes se inclinaron al verlo pasar juntos ellos. La sirvienta saca un juego de llaves de su delantal y abrió el lugar.

Muchos cuadros tenían sábanas encima para protegerlos del polvo. La doncella toma la sábana y con cuidado las retira para no dañar las pinturas. Ichigo quedó sorprendido al ver los demás cuadros, todos los antecesores de Orihime eran extremadamente atractivos, rasgos bien marcados; algunos de cabellos como el oro, mentones cuadrados; mujeres con hermosas facciones y labios finos.

—¿Todos son los antiguos monarcas de Rikka? — Pregunta curioso.

—Así es, de hecho… — La mucama descubre un retrato que revela un hombre de unos cincuenta años, cabello corto oscuro y grandes ojos castaños que él conocía tan bien. — Este es el rey Samus, el abuelo de la princesa Orihime.

—Son… son idénticos. — Murmura Ichigo atónito, quitando el color de cabello y la sabiduría que mostraban los ojos del anterior rey, él y su nieta eran iguales. — Viendo todo esto me cuesta creer que Quirge era hijo del rey.

—Uhmmm.

—¿Qué pasa?

—De hecho el principal rasgo de la familia real es su belleza, se dice que este fue un regalo de la diosa Mina cuando salvaron a uno de sus súbditos de morir linchado por humanos.

—¿Pero Quirge no era hijo del rey? Porque debes admitir que él no era muy agraciado físicamente. — Hizo un gesto irónico.

—Si lo era. — Confirmando el parentesco. — Pero su madre tuvo muchas complicaciones y fue envenenada a los pocos meses de gestación, creemos que eso fue lo que afectó la cara del Rey Quirge o el hecho que esa mujer odiaba a la diosa Mina y ésta le castigo. Sin embargo, tuvo otro hijo y pidió perdón a la diosa, por lo tanto no hubo ningún problema con él.

—Ya entiendo. — Murmura comprensivo. — Cuélguenlos en el pabellón principal, la princesa querrá ver la cara de sus antepasados por primera vez.

—Sí majestad. — Agradecida con el hombre le da una reverencia mientras Ichigo seguía contemplando los cuadros mientras caminaba.

Entre más adentro, más al pasado iba. Debe darle crédito a la servidumbre que durante años, siglos, han mantenido los retratos en buen estado, en especial los de hoy en día, tratando de no borrar el pasado en este cuarto deplorable y con un gobernante de mierda en el trono.

Detiene sus pasos frente a tres cuadros que llaman su atención.

En un cuadro sale un hombre apuesto de corta cabellera color chocolate y ojos del mismo color, que a pesar de ser un cuadro, el Emperador siente que lo está analizando hasta el alma. Tenía escrito abajo Sousuke I, Primer Rey del rebautizado Rikka. El segundo cuadro sale una mujer igual de hermosa con ojos castaños y el cabello del atardecer. La copia exacta de Orihime, aunque la de la pintura se ve más adulta, quizás en la mitad de sus veinte, e incluso tenía esa mirada de amabilidad pero firmeza que tanto ha hechizado a Ichigo. Abajo está escrito Orihime I, Primera Reina del rebautizado Rikka.

Y en el último salen los dos juntos, enseñando su amor inmortalizado con sus manos unidas, la libre del rey en su cintura en un abrazo y sus labios besando la frente de su reina. Nunca ha sentido el amor o algo parecido fuera de lo fraternal como hijo y como hermana, sin embargo ha visto demasiado a sus padres para no duda por un segundo que ese cuadro ha sido creado para enseñar el amor verdadero. Un de hadas cuento en la realidad. Incluso abajo, en el cartelito de oro del cuadro tiene escrito Nuestro primeros reyes, nuestros salvadores de la tiranía y el ejemplo que nuestra Mina no miente al declarar que el amor no limita.

—¿Los primeros reyes son tan amados?

—Por supuesto. — Le responde un mayordomo que andaba cerca, de seguro ya planeando la liberación de los cuadros. — Antes el Reino se llamaba Las Noches y era más pequeño… si no me equivoco no llegaba ni a la mitad de lo que es hoy en día hasta que el Rey Sousuke I tomó la corona y empezó a expandir el reino acabando con los tiranos, incluidos su propia corte, que hacían lo que querían. El pobre estuvo casado con otra mujer antes de la Reina Orihime I, una tirana que junto a su familia mataban y robaban a sus anchas porque eran los de más riquezas e incluso la familia real le debía dinero. Sousuke I poco a poco los ha ido regresando a su lugar y en el camino conoció a Orihime I, quien se unió al palacio como su concubina y luego nació el amor. La Reina Tirana fue ejecutada junto a su familia por sus crímenes y nuestros amados reyes se casaron e iniciaron un nuevo nombre al reino con el fin de dejar atrás el Época Oscura. Rikka, por honor a la diosa Mina, quien bendijo su unión a pesar que no era permitido por su estatus social y el Rey Sousuke I fue quien se cambió el apellido al de su esposa para que sea el apellido Inoue el que traspase el tiempo como prueba de amor y como otro método de dejar atrás lo malo. — El hombre sonríe tras finalizar su relato. — Es de las primeras historias que se nos enseña y a pesar que el Rey Quirge lo prohibió, seguimos celebrando su boda y el aniversario de Rikka.

Ichigo sólo pudo asentir, preguntándose vagamente si su vida matrimonial sería igual de eterna para el pueblo a pesar que sólo hay cariño y no amor entre él y su Orihime.

—Imagino entonces que Orihime tiene su nombre de esta reina bella.

—Así es, en realidad el nombre completo de su prometida es Orihime X Nozomu Mina Inoue. Su madre… — Se interrumpe y carraspea, Ichigo se pregunta, notando ahora lo mayor que es, si estuvo presente en el nacimiento de Orihime, saliendo del vientre de una niña. — Cuando nace una princesa con el cabello de la Primera Reina, automáticamente se le pone el nombre Orihime como señal de buena suerte. Incluso los mejores años del reino ha sido con una Orihime en el trono, ya sea como gobernante o segunda al mando… creo que por eso su padre fue insistente en mantenerla con vida o en exigir más dinero por su mano en matrimonio. A lo mejor no quería seguir tentando a los dioses o perder oro si no la casaba con un buen partido económico que la mantenga aun cerca de sus garras… en cuando la vio, su madre, al borde de la muerte, alcanzó a suplicar que le pongan Nozomu después de Orihime y el de la diosa en su honor.

—¿Por qué Nozomu?

—En el pueblo de origen de la madre de la princesa, Nozomu significa Esperanza.


El silencio provocado tras el retiro del cuerpo es interrumpido por el sonido de las campanas que hay en la cima del castillo.

Orihime había explicado a Ichigo que esas campanas sonaban durante avisos de guerra y cuando nace un nuevo gobernante. El día de hoy se encuentra sonando por los dos motivos, bastante obvio cuando Agatha se inclinó nuevamente ante ella, pero pronunciando un "Su Majestad".

Se ha convertido en la Reina de Rikka.

Es ahora su turno de pelear, aunque no usara una espada como Ichigo.

Pero si una armadura, aunque de un material diferente.

—Agatha, consígueme uno de los vestidos de Narue.

—Como ordene.

Tardaría una hora a que los aldeanos de la Capital se acerquen al palacio a saber qué sería de ellos ahora. Ellos preferirían con honestidad prevalecer en sus casas pero no querían causar ira de quien será su gobernante, el mismo de siempre o el que ha venido a invadirlos. No saben aun lo que está pasando.

Ese tiempo ha ocupado Orihime en arreglarse para su gente. Se ha cubierto en un vestido blanco de encaje con las mangas largas y en la parte de atrás su cuello es tapado, en la falda el blanco se va poco a poco tiñendo a fuego, destacando más los bordados de flores en el encaje y termina con una cola de un metro. Hinako había llegado en la preparación del pelo con una caja en sus manos que Orihime reconoce: la flor azul de seis pétalos que representa la familia Inoue, por lo tanto no duda en lo que hay dentro. Para verse más como una reina, le hicieron en el lado derecho una trenza gruesa hasta las puntas y colocaron un moño bajo la oreja derecha para tener todas las hebras sobre el hombro.

Agatha le arregla la cola del vestido en lo que Hinako abre la caja y las sospechas de la nueva reina son ciertas.

La corona de su familia.

Es de oro blanco con detalles en platino, decorada en un gran rubí al centro y dos más pequeños a cada lado, diez zafiros y ópalos finamente cortados estaban alrededor de ésta y cientos de pequeños diamantes adornan la pieza, haciéndola brillar más como si fuesen estrellas. Dos pequeñas cadenas, una más pequeña que la otra, también en oro blanco y platino, cuelgan levemente con uno y tres cuarzos colgados. Nunca ha creído que la vería tan cerca, ni mucho menos que se lo pondrían sobre la cabeza. Se ha distraído viendo los detalles aprovechando la cercanía, pocas veces lo ha visto en público, en la lejanía sobre la cabeza de su padre debido a que el rey es quisquilloso con el tesoro real.

Su progenitor no le hace justicia al tesoro, es más, se veía ridículo, como un bufón con una corona en vez de su sombrero correspondiente. ¿Los demás lo habrán notado durante esos años? De seguro Eris sí y buscaba a pasos calculados la manera de matarlo en la cama, su momento de debilidad, y quedarse con la corona.

Cierra los ojos y deja que Hinako con cuidado lo coloque en su cabeza, teniendo cuidado con las cadenas finas que cuelgan de la corona.

—Ya está. — La mujer la ve con el mismo orgullo que una madre a su hija antes de llevarla al altar. — Preciosa queda corto.

—Gracias… a las dos. — Ve a Agatha y toma su mano. — Quisiera de verdad que te quedes conmigo.

—Lo haré, como el deseo de mi señora Narue.

Se escucha el golpeteo en la puerta, que se abre y revela que es Ichigo. También se había arreglado con uniforme militar, traje negro con las medallas en el lado izquierdo y una capa roja colgando en el hombro derecho con un broche de calavera, el sello de los Kurosaki. Su cabello naranja se lo había peinado hacia atrás y lleva la corona de Emperador. En cuando él la ve, nuevamente se había quedado sin aire, parece que sus ojos brillasen ante la imagen de su prometida. Y ella no se queda atrás, definitivamente Ichigo se ve apuesto con trajes militares.

—Nada de besos. — Advierte Hinako mirando con seriedad a su líder. — No quiero que se arruine el labial.

—No me digas que hacer con mi prometida. — Reprocha Ichigo.

—Voy a hacerlo porque soy tu nana hasta el día en que me muera. Y mientras tanto te voy a decir que no besos hasta que la gente vea a Orihime.

La mujer en mención tiene la cara roja ante aquel pleito llevado a cabo por sus labios.

Malhumorado, Ichigo extiende su mano hacía Orihime y ella la acepta gustosa, sonrojándose nuevamente por recibir un beso en los nudillos y que haya entrelazado los dedos.

Las dos personas más importantes del lugar caminan por el palacio hacía el Balcón Real, en dónde la familia Inoue durante generaciones ha recibido a su pueblo. Iban escoltados de Agatha, Hinako y Richiro por detrás y soldados más atrás y delante de la pareja real.

Hay unas cortinas rojas y de seda en el Balcón Real, en cuando las abran, Ichigo y Orihime se enfrentarían a la gente de Rikka, independiente de los metros de distancia y altura que los separan. La ahora Reina presiona la mano de su prometido en señal de miedo, por un momento pasó en la cabeza que es una mala idea, que se ha equivocado y que regrese a su plan inicial.

—¿Orihime?

Pero en cuando escucha la voz de Ichigo y ve sus hermosos ojos de chocolate, las dudas desaparecen.

—Estoy bien… asustada de equivocarme… pero estoy bien.

—Tranquila, no voy a dejar tu lado.

—Lo sé. Estoy a salvo contigo. — Sonríe amablemente.

Con una señal de Ichigo, las cortinas se han abierto y Orihime tiene que entrecerrar los ojos por la repentina luz de la tarde. Suelta despacio la mano de Ichigo y con la postura que ha aprendido de sus cortas clases, libros y viendo a Narue (porque independiente de que haya creído que había odio, su hermana se movía como una real Reina) camina hacía el balcón, sintiendo la presencia de Keigo en las sombras ya luego de tanto tiempo juntos. Inclina la cabeza un poco para ver a la muchedumbre reunida.

Se toma un momento de silencio con el fin de dejarles asimilar que es ella y no su padre, algunas de sus hermanas u otro hombre. Mientras el cuchicheo se hace presente, ella sigue pensando en cómo hablar con ellos usando el código real, pensando de nuevo en los comportamientos de Narue o en el mismo Ichigo. También, debe admitir, en lo que ha leído de una antepasada suya en el día de su coronación.

—Habitantes de Rikka, este mensaje debe ser enviado a todo nuestro amado país. — Nuevamente se toma un momento de silencio en lo que extiende un poco sus brazos a los costados, como si fuese a abrazar el mundo. — ¡La guerra ha acabado y somos libres de la tiranía de Quirge Inoue!

La respuesta ha sido inmediata: gritos de felicidad, sombreros y pañuelos alzados, gente llorando y alzando los brazos al cielo mientras gritan el nombre de la Diosa Mina y el de Orihime. Casi se pone a llorar el verlos tan felices y tiene que pedir silencio alzando sus manos como ha visto hacer a los oradores y cuentistas, su orden (la primera) se cumple al instante.

—Con la muerte del Rey Quirge, Rikka volverá a nuestras raíces, volveremos a seguir el camino de nuestra Diosa Mina. Ya no habrá más niños en los batallones o huérfanos porque sus padres también fueron alistados, asesinados o porque sus madres fueron llevadas fuera de voluntad a un noble. — Se gira un poco hacía atrás y extiende su mano hacía Ichigo, quien sabiendo que es la señal, camina hacia ella y sale al balcón, dejándose ver ante los pobladores sorprendidos. — ¡Todo ello se lo debemos al Emperador del Imperio de Karakura: Ichigo Kurosaki!

Aun seguían aturdidos, por eso los aplausos tardaron, siendo empezado por un niño que lo reconoció por haberle dado ropa abrigada para él y su hermana o morirían de frío. De su aplauso se fueron uniendo otros niños y luego toda la muchedumbre grita el nombre de su Salvador. Ichigo se inclina un poco ante ellos, como agradecimiento de tal afecto. Luego toma la mano extendida de Orihime y, delante de todo el mundo, no solo le besa los nudillos, también los labios en un beso casto, ocasionando un silencio total.

—Hinako va a matarte. — Susurra.

—Habrá valido la pena.

—Y no estaba planeado.

—Se llama improvisación.

Como la gente seguía estupefacta y confusa, no fue necesario está vez pedir silencio para continuar con el discurso.

Aunque ha a tener que intercambiar el orden de las palabras.

—Por si aun no ha quedado claro, algunos rumores que circularon por las aldeas es verdad: Su Majestad Ichigo y yo nos hemos comprometido. — Mujeres y niños jadearon de emoción. Algunos susurran de si es o no una buena idea. — Quiero ser totalmente honesta con ustedes como lo he hecho en el pasado: mi plan original no fue ir donde Su Majestad a pedirle ayuda con un trato de matrimonio, sino ir donde él solamente para liberarlos, dejándole a gusto el poder a que los cuide porque yo sabía que es el gobernante ideal de nuestro reino y que nos salvaría del Rey Quirge. Y entonces yo me iría al norte. — Más cuchicheos. — Pero los escribanos de historia y los poetas estarán contentos de escribir cómo se creó el amor en el campo de guerra entre nosotros.

Se escucharon algunas risas, aceptando a gusto la broma. Entre las risas también hubo suspiros amorosos.

Ichigo sabe que la palabra "amor" no se ha dicho con sinceridad, ellos en realidad no han llegado a esa etapa, pero en verdad espera que pase algún día.

—¡Gente de Rikka! — Exclama Orihime con una sonrisa de oreja a oreja. — Su Reina quiere decirles que hay mucho que trabajar para recuperarnos. ¡Todos! No importa en qué cuna naciste, las manos de todos los habitantes deberán ensuciarse en la tierra para que volvamos a los tiempo de mi abuelo y nuestros ancestros. — Vuelven los aplausos, se ve la determinación por conseguir el nuevo amanecer. — Nuestra diosa Mina nos guiara y el primer paso fue traer al Emperador Ichigo y convertirlo en nuestro gobernante. — Las atenciones se encuentran en Ichigo nuevamente. — Rikka pasa a ser parte del Imperio Karakura y aunque agradezco la gente que me quiere en el trono, lo mejor es que sea él quien nos guíe. — Asiente dando seguridad a sus palabras. — Nuestra economía y agricultura se encuentra desfavorable por lo mal ejecutado que ha sido a causa de Quirge y, para mi vergüenza, no tengo los conocimientos de cómo mejorarlos y prosperar. La opción justa es que pida ayuda a otro reino, pero no permitiré que mi hogar y mi gente caigan nuevamente en otro tirano. — Aquello último lo ha dicho con tanta determinación que cautiva a la gente porque por muy rudas que ha sonado, fueron honestas su deseo de protegerlos. — Por eso, como su reina, he tomado la decisión correcta para todos ustedes: cederé a Karakura el poder político a cambio de apoyo económico para que Rikka regrese a su gloria. — Presiona la mano de Ichigo, aprovechando que aun seguían tomados de la mano, y se miran a los ojos. Ella sonreía y para él era hermoso. — Y sellaremos aquel trato con nuestro matrimonio y felicidad.