Capítulo 12: La ropa agota.
Ichigo salió de la habitación entregada a Orihime y dio instrucciones a un par de guardias en vigilar la entrada a la habitación de su mujer.
Se dirige al salón principal donde la mayoría de aristócratas de alto rango estaban reunidos, todos bebían y conversaban alegremente; la música de la pequeña orquesta animaba el lugar.
Al momento de que el pregonero anuncio su entrada todos los nobles hicieron una reverencia ante su emperador.
—Agradezco a todos ustedes nobles hombres y mujeres haber asistido a esta pequeña recepción por nuestra victoria. — Se permite un momento de silencio para que su audiencia aplauda en celebración. — Como saben ya hemos tomado Rikka y está bajo nuestro poder. Se anexara como parte de nuestro territorio con algunas condiciones especiales. — Los nobles comenzaron a murmurar entre ellos, confundidos ante la palabra condición. — En el baile imperial que se hará en unos días les daré los detalles, por ahora disfruten está reunión
El salón se llena de aplausos de nuevo y demás cuchicheos, Ichigo se acerca a un pequeño grupo donde estaba su padre y otros grandes nobles.
—Byakuya, ha pasado tiempo. — Saludo el emperador.
—Seis meses para ser exactos, Majestad. —Respondió el duque Kuchiki Byakuya inexpresivo como de costumbre en él. — Fue una pena que no murieras en el campo de batalla.
—¿Verdad? Lamento no cumplir sus expectativas. —Fingió pesar. — ¿Cómo ha seguido Rukia?
—Aun está molesta por qué le quitaste a su prometido.
—No se lo quite, él fue a cumplir su deber como uno de mi primeros tenientes de guerra. — Dijo molesto.
—Para ella se lo robaste para ir a pelear estúpidamente. —Respondió mientras bebía de su copa.
—Ya después hablaré con ella.
—Por cierto majestad, ¿Cómo ha seguido la princesa? — Pregunta Kisuke Urahara. — Llegue primero a casa, así que no la he visto desde que zarpamos. Aunque los rumores de la servidumbre dicen que la tomó como prisionera.
—¿Prisionera? ¿De dónde sacaron eso? — Arquea una ceja.
—Tal vez sea porque no la anunció como su esposa a todo el mundo en ese momento.
—En primer lugar no es una prisionera; y en segundo ella fue la llave para lograr someter a Rikka. Debo investigar y castigar a quien esparció esos rumores.
—Calma, calma mi señor — Continuo el conde tratando de evitar el derramamiento de sangre. — Los que estábamos con usted sabemos que es su mujer, tal vez fue alguna admiradora suya que se dejó llevar por los celos.
—Apresurarte para aclarar ese rumor Ichigo, no quiero malas palabras de mi nueva hija oficial. — Advierte Isshin con seriedad.
—¿Te has casado? — Dijo extrañado el duque.
—Por las leyes de Rikka solamente. — Se vio obligado a responder, maldito viejo ¿No podía cerrar su boca cinco minutos?
—La pequeña Orihime es tan linda y adorable. — Elogio el antiguo emperador.
Al parecer, no.
—¿Orihime? ¿No era una de las princesas de Rikka? — Cuestiona el noble mientras se pregunta del por qué Renji no le ha informado al respecto. Hablara seriamente con él.
—Así es. — Aun no podía informar que era reina del país.
—Su Majestad siempre dijo que no se casaría, así que me sorprende un poco.
—Cambie de opinión. —Responde Ichigo tomando una copa de un mesero y bebiendo el contenido de un trago.
—¿Cuándo será su presentación oficial? He de suponer que aún no ha sido anunciado a la nobleza y el pueblo. — Pregunta el duque Kuchiki.
—En el banquete oficial será presentada a todos y nos casaremos por las leyes de Karakura pronto. — Al ritmo que vio a su hermana y madre no le sorprendería que al día siguiente ellas le informará que ya tenían todo listo para su matrimonio.
—Tengo curiosidad de conocerla.
—La verás pronto. — Deja la copa en una mesita cercana. — Urahara, mañana convoca una reunión con los altos nobles, hay información que debo darles en privado.
—Como ordene majestad. —Asiente el hombre, que además fungía como primer ministro, aunque en su ausencia en el reino cuando fue a la guerra debió nombrar a un interino que administrará el país bajo sus instrucciones.
—¡Primo! — Ichigo apenas y pudo reaccionar cuando siente un fuerte golpe en la espalda.
—Ha pasado un tiempo, Kaien. — Murmuro Ichigo tratando de aliviar la zona adolorida.
Kaien Shiba era el Archiduque del imperio, un rango solo debajo de la familia real, hijo del hermano mayor de Isshin, sin embargo éste no quiso la molestia de dirigir un país y cedió el trono a su hermano Isshin, por lo que a la familia real se le otorgó el apellido Shiba y el título de archiduque a Setsuo (hermano de Isshin), con su territorio al este, colindando con Fullber.
—¿Te pusiste más alto en este tiempo? — Le revuelve el cabello.
—Primo deja de tratarme como si fuese un mocoso. —Exigió el emperador enfadado.
—Lo siento, su majestad. — Dijo en tono juguetón. — Me alegra ver qué volviste con bien.
—Por supuesto, sé que odiarías mucho tomar mi lugar si muero. —Sonrió arrogante, ambos conscientes de la clausula que obliga a Kaien tomar el trono si Ichigo muere hasta que el primer varón que venga al mundo (ya sea por Karin o Yuzu) tome la edad adulta; y también que Kaien le daría un infarto y optaría por suicidarse que ser Emperador. — Un país como Rikka no iba a vencerme.
—Mis hijos preguntan por ti.
—¿Aún te tolera Miyako? — Finge sorpresa.
—¡Hey! — Dijo molesto.
—Digo, eres un buen archiduque pero a veces haces tonterías.
—¿Y tú sigues acostándote con tres al mismo tiempo como si fueras un adolescente caliente? — Los hombres del pequeño grupo se quedaron congelados al oír esto último.
—Por lo menos yo tengo sexo.
—Yo también. — Se defiende el ojiverde.
Ambos se quedaron viendo un momento y se echaron a reír levemente.
—Extrañaba un poco esto. —Admitió Ichigo.
—Es como cuando eras más joven.
—No es que seas un anciano ¿Cuantos años crees que tienes? — Pregunto escéptico Ichigo.
—Tengo treinta y cuatro años, tengo más sabiduría que tú.
—Lo que digas. — Exhala cansado.
—Es bueno saludarlo, Su Majestad, el antiguo emperador. — Se inclina levemente ante Isshin.
—¡Vamos! Eres muy frío con tu tío. — Dice el hombre con una leve risa.
—Antes que todo es usted parte de la realeza. —Respondió Kaien con una sonrisa.
—Ichigo. — Masaki se acerca a su hijo y los hombres dieron sus saludos a la Emperatriz. — Deberías llamar a Orihime para que baje a la recepción.
—Déjala madre, estoy seguro que en este momento está dormida profundamente. — Ichigo no necesitaba verla para asegurarlo, con todo el estrés que había acumulado durante años se dio cuenta que una vez liberada Orihime dormía muy temprano y de un tirón toda la noche.
—Estoy segura que si la llamas ella vendrá ¡Anda!
—Fue un viaje largo y seguramente le costará habitarse a nuestro horario, déjala descansar mamá.
—Dios, yo que quería presumirla con la marquesa de Allen y la condesa de Sienna. — Dijo derrotada.
—Ya tendrás tiempo para robar a mi mujer y llevarla a los eventos que tú quieras. — La calmó el pelinaranja.
—Eso me anima un poco. — Se ríe la mujer y se dio cuenta de la presencia de cierto joven de ojos azul verdoso. — ¡Kaien! ¿Cuándo has llegado a la capital?
—Hoy mismo, su majestad. —Respondió el archiduque.
—¿Por qué tienes que hablarme tan formal? — Masaki lleva el abanico a la altura de sus labios y sonrío cálidamente.
—¿Verdad querida? Le acabo de decir lo mismo hace un momento.
—¿Cómo han estado tus hermanos?
—Kuukaku está feliz como virreina en la ciudad de Keos y Ganju aún tiene mucho que aprender antes de que se le pueda asignar al menos una pequeña aldea para poder administrarla.
—Pero aún es joven, aprenderá pronto. — Comenta Masaki restándole importancia. — Veo a la archiduquesa Shiba, la iré a saludar, y tú más te vale venir mañana a saludar a toda la familia. — Regaña a Kaien.
—Lo haré, Su… — Kaien se calló al ver la expresión de la emperatriz. — Lo haré, tía, vendré a primera hora.
—Muy bien, más te vale cumplir. — Lo amenaza con una sonrisa mientras se alejaba.
Para todos en el imperio era bien sabido lo mucho que la emperatriz adoraba a su familia política y que a esta le encantaba convivir con sus parientes.
—Debo decirle a Miyako que mañana pasaremos el día en el palacio.
—¿Vendrán tus mini demonios contigo?
—Hoshi y Yoshio no son demonios son buenos niños, solo son pequeños. —Defendió a sus retoños. — Ya te quiero ver cuando tengas hijos.
—Lo cual no será pronto. —Sonrió el emperador.
—Eso ya lo veremos. — Exclama el primer ministro.
—Ahora que lo pienso, ¿Dónde está la condesa? — Pregunta extrañado Isshin. — Creo que solo los vi llegar juntos Urahara, pero después la perdí de vista.
—Por allá. — Kisuke señala la sección del banquete dónde una mujer de piel oscura y ojos dorados comía pastel, se podía observar su redondeado vientre.
—Supongo que enhorabuena, cuando nos fuimos ella no estaba así. — Felicita Ichigo dándole un par de palmadas.
—Se lo agradezco majestad, también fue una sorpresa cuando la vi, pero no podríamos estar más felices.
—¿Cuánto tiene?
—Siete meses. Antes de irme tenía más sueño y dormía como un gato, pero asumimos que era cansancio por la administración del territorio y el entrenamiento de los caballeros de la familia.
—¿Y al regresar de Rikka recibiste la sorpresa? — Pregunta Kaien genuinamente sorprendido. No se esperaba que la condesa lo mantuviese en silencio al marido cuando los más cercanos ya eran conscientes.
—Es justo como usted dice su excelencia, Yoruichi no quería comentármelo con el fin que me concentré en la batalla y sorprenderme. — Explica como si hubiese leído la mente del archiduque. — No lo buscábamos aún pero estamos felices de que llegue un nuevo miembro a nuestra familia.
—Te daré un consejo. — Dice el pelinegro de ojos azul verdoso. — Duerme, duerme todo lo que puedas.
—Dado que es usted padre tomaré su palabra. — Se ríe nervioso.
Uno de los guardias se acerca a Ichigo y susurra unas palabras a su oído.
—Debo retirarme señores, parece que se presentó un pequeño problema. Los veré después.
—Gloria a la espada del imperio, Majestad. — Murmuraron los hombres excepto Isshin, quien asintió levemente e Ichigo se alejaba por el pasillo.
Orihime se estira como si fuese un gato y mira a su alrededor, repitiéndose nuevamente que no era un sueño y que estaba a salvo, con un hombre maravilloso a su lado, aunque físicamente él no estuviese con ella ahora.
—De verdad todo terminó. — Suspira tranquila, sonriendo ante la idea que ya ni siquiera debe esconder un arma en la almohada.
Se pone de pie sin problema ya que se había quitado las ligeras sabanas por el calor; y sale al pequeño balcón de su habitación, las montañas se veían preciosas con los leves rayos de luz del sol que empezaba a asomarse. Que distinto a las de Rikka, allá las montañas son blancas a causa de la nieve y el hielo, en cambio aquí en Karakura, son de diversos colores primaverales por los arboles.
De verdad que tiene calor a causa del cambio climático a su persona, por eso ha ido al baño a llenar un vaso de agua que se manda al seco y luego lo llena otra vez, pensando que también el sabor es diferente de alguna manera y se queda sentada en el pequeño sillón frente a la pequeña mesa para té que había allí. Solo sale de su ensimismamiento cuando escucha que la llamaron.
—Majestad, se ha levantado temprano. — Saluda Ogawa mientras Hinamori y ella se inclinan. — Mis disculpas, hemos tocado pero no nos respondió, así que nos tomamos la libertad de pasar sin su permiso.
—Ah, es una costumbre. — Admite apenada. — Y no se preocupen, fue mi culpa.
—La vista de la montaña Zarue es hermosa ¿Cierto?
—Sí, tanto que no escuché cuando tocaron a la puerta
—¿Desea tomar el desayuno? — Pregunta Momo.
—En realidad quisiera un buen baño. — Dice limpiándose el leve sudor de la frente.
—Cierto ayer llegó cansada y se durmió de inmediato. — La castaña sonrío. — ¿Le preparamos un baño de sales?
—¿Baño de sales?
—Sí, son muy benéficos para la salud y la ayudarán a relajarse.
—Umm. — Orihime miro temerosa a Momo quien le sonrió animándola. — Bueno, si son beneficiosas y me quita el sudor, de acuerdo.
—¿Ponemos pétalos de rosas? — Pregunta la mujer de cabello castaño ya yendo a la bañera.
—¿Porque pondría pétalos en una bañera? — Pregunta curiosa, Ogawa no cuestiona sobre esto ya que sería obvio para cualquier princesa, sin embargo lo explica para la joven pelinaranja.
—Para que su piel quedé suave, tersa y huela delicioso. De seguro al emperador le gustará.
Orihime respingo con un sonrojo adorable al escuchar esto último, por algún motivo quería verse más bonita y atractiva para su Ichigo.
—Bueno, hagámoslo. — Asintió la reina y tras reír un poco por la emoción de sus doncellas ambas jóvenes fueron a preparar el baño de Orihime.
—Reina Orihime, debería ver cómo funciona esta tina. — Dice Hinamori emocionada desde la puerta del baño. — No se prepara con balde.
—¿Eh?— Curiosa Orihime se acerca curiosa y ve asombrada como el agua cae de una estatua en forma de sirena, directo a una tina de marfil. Acerca su mano. — Esta caliente. ¿Cómo es posible?
—El abuelo de su Majestad Ichigo, el emperador Sussex, viajó al país de Tofes. — Explica Ogawa buscando los sales.
—¿El país de los herejes?— Curiosa. Había escuchado que la mayoría de la gente de allí se dedicaba a inventar y descubrir cosas más que rezarle a algún Dios.
—Descubrió el Emperador este sistema que lo quiso implementar en el palacio y se trajó inventores de allá.
—¿Y cómo funciona?— Pregunta en lo que Momo le ayuda a quitarse el camisón.
—No lo sé con exactitud, pero hay unos cuartos con cientos de agujeros llenos de agua que mantienen caliente y, según me contaron, debajo de esos agujeros hay unos... tubos que envía el agua a la tina una vez accionas la estatua. — Dándole palmaditas a la sirena.
—Impresionante. — Murmura Orihime con sus ojos brillosos.
Ya dentro de la tina con aroma en el agua y rodeada de las rosas, Orihime suelta un gemido de felicidad por el calor bien recibido en su piel, tanto que se hunde a las profundidades antes de darle tiempo a Hinamori de reaccionar. Surge rápido a la superficie con un gritito de júbilo.
—Me encanta. — Su pelo naranja le tapa la cara que a Hinamori se le escapa una risita mientras se lo quita. — Sigo sin superar que me ande bañando sin prisas.
Su compatriota entiende sus palabras. Ella le había dicho que sus baños eran rápidos en los cuartos de los criados o en la misma cocina, por eso a veces se bañaba en el pueblo (incluso ella le prestó la pequeña y oxidada tina de cobre) sin importarle que deba ser fría a falta de leña para calentarla. Aun cuando Orihime les llevaba leña de incognito lo mejor era no abusar y ahorrar para días tan helados que uno podía jurar que se congelaban desde adentro.
—Déjeme ayudarla con el pelo y la espalda.
—¿Qué vestido le gustaría a Su Majestad?— Ogawa se hace presente con un par de prendas en la mano.
—Algo sencillo para moverse, de seguro voy a correr mucho de un lado a otro. — Ansiosa de explorar todo el castillo.
Ogawa asiente y regresa a sus deberes en lo que Hinamori ayuda a la joven Reina en su baño.
Ya lista sale del baño con una toalla cubriéndole el cuerpo y otra en el pelo. Iba a quitarse la toalla en cuando escucha que tocan a la puerta y se cohíbe de miedo por puro reflejo.
—¿Orihime? — Suspira de alivio al escuchar la voz de Ichigo. —¿Puedo pasar?
—Me… me voy a vestir.
—De acuerdo. Espero aquí afuera.
—Claro… te aviso. — Se muerde el labio por los nervios.
Sabe que es ridículo pero tiene miedo que le vea desnuda a pesar que ya la ha visto más "íntimamente".
Ogawa le eligió un vestido azul oscuro que se puede confundir con negro, con el bordado de rosas en el borde de la larga falda y poco pomposa. No tiene mangas y un discreto escote circular. Con otra toalla en la espalda para que su pelo húmedo no la moje, Hinamori le peina el pelo mientras Ogawa la maquilla un poco.
—Ya está. — Hinamori celebra su peinado muy contenta consigo misma. — Con lo fuerte que pega el sol, el pelo se le secara pronto.
—¿Le abro al Emperador?— Pregunta Ogawa y obtiene una respuesta afirmativa.
Ogawa corre a la puerta al mismo tiempo que la reina se levanta del asiento.
Escucha a su nueva criada saludar a Ichigo con el respeto que corresponde y da media vuelta, sonrojándose ante la gallarda presencia de su marido vestido en otro uniforme militar negro con los bordados y botones dorados en el pecho, en las mangas también hay dorado, acompañado de rojo. Las botas negras con cordones les llega un poco abajo de las rodillas y la capa ropa que cuelga en su espalda no sólo tiene sus adornos en hilos de oro, también tiene mangas largas, dándole un aspecto de abrigo. Curioso con el clima caluroso que hay fuera.
—Buenos días, Orihime. — Ella da gracias de no ser la única allí que se ha quedado sin aire. Casi sonríe al descubrirlo mirándola con añoranza en lo que le besa los nudillos. —¿Has amanecido bien?
—Estupenda. — Se pone en puntillas y le besa la mejilla. — Después de todo, Ichigo me mima demasiado.
—Solo te doy lo que te mereces. — Ofrece su brazo para escoltarla y su esposa acepta encantada. —¿Vamos por Rena?
—¿Está bien que este en el desayuno?
—Claro, es de la familia también... y mis parientes quieren conocerte.
—¿Quienes?
—Los archiduques Shiba... mi primo Kaien y su esposa Miyako. Mamá los invito y están emocionados por conocerte... y te lo advierto, mis sobrinos son unos demonios.
—Te he visto enojado, no puede ser peor que eso. — Suelta una risita al ver la cara que pone.
Entran al cuarto infantil y encuentran a Agatha terminando de vestir a Rena con un sencillo vestido rosa con volantes y Orihime se pregunta risueña cuánto tiempo durara limpio.
—Sus Majestades. — Al notar su presencia de inmediato se inclina.
—Buenos días Agatha. — Orihime la saluda sonriendo en lo que se acerca y toma a su hermana en los brazos. — Buenos días para ti también.
—¡Hola!— Exclama Rena contenta... y su felicidad crece al ver a Ichigo. — ¡Nahoria!
—Hola pequeña demonio. — Le frota la barbilla y rápido aparta su pelo de esas manos peligrosas. Ve a Agatha. — La llevaremos a comer con mi familia, lleven su comida allá.
—Enseguida. — Agatha se vuelve a inclinar y sale primero de allí a cumplir la orden.
La reciente pareja de casados caminan en el castillo sin prestar mucha atención a los curiosos. Orihime le habla a Rena mientras Ichigo tiene su mano en la espalda baja de la mujer, ayudándola a bajar la escalera ya que Rena entorpece su visión.
El desayuno privado se lleva a cabo en el jardín. Bajo un enorme kiosco Orihime distingue a sus suegros y cuñadas. También ve a una pareja de pelinegros que ella sospecha deben ser Miyako y Kaien y unos niños que deben ser sus hijos, ellos corrían por el lugar como si su vida dependiera de ello.
En cuando esos niños lo vieron, gritaron "tío Ichigo" mientras corrían hacía él y se apropiaron de una pierna cada uno en un abrazo. No tardan en llenarlo de preguntas de toda clase y hablando tan rápido que Orihime se perdía.
—¡Hoshi, Yoshio!— La mujer de larga melena negra les habla. — Dejen a su tío Ichigo, responderá mejor sus preguntas si lo dejan sentarse y comer.
—¡Perooo!
—Ya escucharon a su madre o los encerrare con las damas a coser. — Amenaza Ichigo al mismo tiempo que los agarra en cada brazo.
—¡Noooo!— Gritan mientras se retuercen en sus brazos sin éxito de liberación.
—A ver si así me cosen los calcetines. — Celebra Kaien risueño y poniéndose de pie. Camina hacia Orihime y Rena. — Usted debe ser mi nueva prima.
—S-sí... — Sorprendida de lo idéntico que es de Ichigo a diferencia del pelo y ojos. Podrían pasar como gemelos en vez de primos. — Orihime Inoue de Rikka... y ella es Rena Inoue, mi hermana.
—Que niña bella. — Elogia mirando a Rena con una sonrisa mientras le hace unos gestos con los dedos. En vez de llorar, Rena se cautiva de Kaien, tal vez sea por estar rodeado de sus hijos todo el día, por su encanto natural o por su parecido con Ichigo, pero la pequeña empieza a reír y extiende sus brazos a él, quien con mucho gusto la abraza con permiso de Orihime. — Mira, tiene buen gusto.
—¡Moo, no es justo!— Reprocha Yuzu inflando sus mejillas.
—Kaien se la pasa con sus demonios en miniatura, sabe cómo manejarlos. — Murmura Ichigo dejando a los pequeños gemelos en sus asientos.
—Vamos a comer ahora, así que quietos. — Dice Masaki a sus sobrinos. — Si se portan bien, les traeremos regalos luego de recorrer la capital con Orihime.
—¿Eh?— La susodicha se sorprende y se señala a sí misma. — ¿Por qué yo?
—Me ha contado Hinako que no tienes ropa, por lo tanto debemos ir a una modista.
—Ichigo, sé que te gustan más las mujeres sin ropa pero eso es tacaño.
—¡Karin!— Grita el susodicho molesto mientras su esposa se pone roja como un tomate.
—No empiecen una pelea temprano y delante de mis hijos. — Pide la mujer de larga melena negra para luego ver a Orihime. — Es un gusto conocerte, mi nombre es Miyako Shiba y desde hoy somos primas.
—Ah... mucho gusto. — Inclina su cabeza aun abochornada.
—Y quién te ha secuestrado a tu hermana es mi marido Kaien Shiba. — El susodicho, sentado a su lado, juega con Rena, quien se reía divertida. — Ama los niños.
—Miyako, tengamos una niña.
—Claro pero aun debemos esperar un año por lo menos.
—¿No podemos ahora?
—Ahora vamos a desayunar. — Besa su mejilla.
Orihime río bajito al ver al matrimonio, se notaba a leguas que se amaban mucho. ¿Quizás ella e Ichigo algún día llegarían a ese punto?
No
Algo dentro de ella dolió, sabía que lo suyo era más un matrimonio político que por amor pero de alguna forma lo aceptaba. Aunque sabía que ella le atraía al emperador, los hombres querían siempre varias mujeres para satisfacerse y ella sabía que no podría satisfacer a su marido por más que quisiera.
El desayuno fue servido generosamente, desde huevos, tocineta, salchichas, frutas y jugo. Orihime tomo un bocado en su tenedor y lo llevo a su boca, el delicioso sabor de los condimentos y demás llegó a sus papilas gustativas como un golpe. Las comidas en el campamento de Rikka habían sido deliciosos, lo admitía pero los alimentos preparados en el palacio lo superaban con creces, el omelette se deshacía en su boca y las carnes era suaves y jugosas.
—¿Esta delicioso? — Pregunto Ichigo con una sonrisa a lo que ella asintió sin parar varias veces y el emperador estaba seguro que veía un aura dorada de felicidad a su alrededor.
—La comida de los cocineros del campamento era buenísima pero esto es como...
—Como tocar el cielo ¿verdad? — Hablo Yuzu feliz mientras la veía, Orihime le regreso la mirada y rieron al mismo tiempo. — Amo la comida de Kirio, es la mejor del mundo.
—Todos sabemos eso, pero te advierto que cuides lo que entra a tu boca, en especial tú Yuzu. — Dijo Karin. — Últimamente estás engordando.
—¡¿Qué?! — Yuzu se miro la tripa y ella se vio normal. — No es cierto Karin.
—¿Que no? — La mayor pellizca parte de su abdomen mostrando un pequeño bulto. — ¿Y esto qué es?
—¡Déjame en paz! — Bufó la castaña mientras comía una salchicha.
—Ya, ya niñas estamos entre familia. — Hablo Isshin.
—No soy una niña. — Yuzu hizo un berrinche.
—Sí, sí. —Respondió desinteresada Karin.
—Su majestad. — Ogawa se acerca con una charola. — Aquí está la comida de la princesa Rena, tardo un poco más porque la cocina se esmero en ella.
—Te lo agradezco. —Sonrió la reina y se pone de pie para acercarse donde el archiduque. — Rena, hay que desayunar vamos. —Extendió sus brazos a Rena para que fuera con ella pero se sorprendió al notar que se aferraba a Kaien. — Rena, ven con tu hermana hay que comer. — La toma de la cintura pero ésta se aferró al saco del Archiduque. — ¡Rena, eso no se hace! — La regaña suavemente, sin embargo al tomarla de la cintura e intentar moverla nuevamente la pequeña peliverde empezó a llorar. — L-lo siento su excelencia, no sé qué le pasa siempre es muy obediente. — Se disculpo roja de vergüenza.
—Creo que está pequeña quiere pasar más tiempo con su nuevo tío. — El pelinegro le hizo cosquillas a la princesa y ésta se echó a reír.
—No te preocupes. — Dijo Miyako, la situación le parecía graciosa. — Debe ser el talento natural de mi esposo con los niños. — Lleva una mano a su boca para cubrir la leve risa.
—Pero debo darle de comer. — Expresa preocupada por molestar a sus nuevos primos.
—Lo haremos nosotros, si pude alimentar a esos dos de bebés… — Kaien señala a sus gemelos, que eran una copia de él mismo pero con el pelo lacio de Miyako. —, puedo con una niña de un año.
—Pero…
—Orihime, está bien. — La calma Ichigo tomándola de la mano apenas nota que se está alterando de nervios y miedo. Ese gesto que no paso desapercibido por Isshin. — Rena está a salvo con Kaien, te lo prometo.
—De acuerdo. — Acepta suspirando. — Espero que no los moleste.
—Para nada. — Bromea Miyako, el puré, jugo y la fruta para Rena fueron dejadas cerca de los archiduquesa y una silla alta para bebe fue puesta junto al matrimonio para poder alimentarla.
—Hijo sé que hay varias cosas que organizar ahora con tu llegada, pero robaré a mi nuera todo el día. —Sonrió la emperatriz.
—Si madre. —Asintió resignado el emperador.
Su madre agradaba a todos pero era muy selectiva con las personas que aceptaba a su alrededor, estaba feliz de que hubiera aceptado a Orihime nada más conocerla. No es que hubiera cambiado de opinión si la mujer rechaza a su esposa, pero sería menos conflictivo.
Fue un desayuno ruidoso pero agradable, para Orihime que estaba acostumbrada a comer a toda prisa o a escondidas era un regalo de la diosa Mina poder comer con tranquilidad y en ese ambiente.
Cómo lo sospechaba Rena termino embarrándose de papilla el bonito vestido rosa que con tanto esfuerzo había logrado ponerle así que después de hacer un pequeño regaño, tomó a la princesa y se disculpo un momento para ir a cambiarla a su habitación.
Mientras Orihime volvía, la mesa se había levantado por parte de los mayordomos y doncellas para que después la emperatriz ordenara que se preparara el carruaje para salir con sus hijas y su nuera.
Orihime no tardo en regresar con una Rena linda y limpia ahora con un bonito vestido celeste.
—Muy bien, nos iremos. — Hablo la emperatriz.
—Que les vaya bien. — Les deseo Miyako con una sonrisa.
—¿De qué hablas? Tú también vienes con nosotros Miyako. — Hablo la castaña mayor.
—Por supuesto, me alegra poder pasar un día de chicas, hace mucho que no tengo uno de esos. — Le lanzó una indirecta a su marido el cual se hizo el desentendido y volteó hacia otro lado. — Kaien es tan dulce que cuidara a los niños ¿Verdad cielo?
—Sí, yo... ¿Qué? — Pregunta sorprendido.
—Tomare eso como un sí. — Las damas se pusieron de pie dejando a los hombres en la mesa.
—Volveremos tarde, hoy delego mi trabajo en ti, cariño. — Masaki solo tuvo que mirar a su marido para que éste hiciera todo lo que ella decía.
—Pasen un buen día juntas. — Les deseo el antiguo emperador.
—L-lo siento, yo no. — Orihime mueve su mano libre en negación. Rena la imita pensando que era un juego.
—Ve y pásala bien, compra todo lo que desees. — Ichigo se levanta también y tomo la mano de su mujer, depositando un beso en la palma de su mano.
—Se que querías que conociera el palacio.
—El palacio seguirá aquí cuando vuelvas, mañana podrás hacer el recorrido con tus doncellas. — La mira otra vez de aquella manera profunda que le saca un sonrojo.
—¿Nos vamos ya? — Murmuro una fastidiada Karin, la cual había querido pasar el día montando pero su madre trastoco sus planes
Poco después dos carruajes elegantes pero sin el sello de la familia real abandonaban la ciudad imperial.
Decir que estaba cansado era poco, en ese momento el emperador estaba harto de escuchar los gritos de sus sobrinos y verlos corretear de un lado al otro por su despacho.
—Kaien, haz algo con tus mini demonios. — Dijo firmemente.
—No son mini demonios. — Reclamo el pelinegro.
—Pues diles que se queden quietos. — Gruño el emperador suspirando cansado.
—Tienen cuatro años, es normal que sean activos, ya quiero verte cuando tengas a los tuyos corriendo por ahí.
—En primera no me importa si tienen cuatro, ocho o veinticinco años, son demasiado inquietos… ¡Hey! — Ichigo se pone de pie rápidamente y le quita su espada a uno de los infantes. — Esto no es un juguete.
—Solo quería verla. — Exclamo el mayor de los gemelos volviendo a corretear en el gran estudio.
—Como te decía. — Ichigo se masajeó las sienes. — Ya he dicho lo primero; lo segundo es que no planeo ser padre pronto, ni siquiera creo que Orihime piense en la maternidad en este momento.
—¿Por las heridas psicológicas? — Comenta asertivamente a lo cual el emperador no pudo decir más.
Ichigo estaba a punto de decir algo cuando el sonido de algo rompiéndose inundó el lugar.
—¡Mira papá! ¡Voy a destruir al dragón! — En algún momento Yoshio tomó la espada de su padre y comenzó a blandirla de un lado a otro torpemente, ya que al ser tan pequeño no podía con el peso del acero con la que estaba hecha el arma.
Los restos de caro florero de Xing estaban regados por el piso para horror del padre
—¡Yoshio deja eso! — Regaña severamente el cabeza de la casa Shiba.
—¡No! ¡Voy a vencer al dragón negro! — Yoshio corrió por el despacho arrastrando el arma y dejando cortes en el piso.
—¡Archiduque Kaien haz algo! — Demanda el emperador con un aura negra a su alrededor.
—¡¿Y qué quieres que haga?!
—Eso debes saberlo tú, debiste traer a alguien contigo para ayudarte. — Murmuro con voz de ultratumba.
—H-hoy era el descanso de Suzuki, nuestra niñera y no he traído a nadie. — Respondió de inmediato el dueño de ojos verdeazulados.
—¡Papi dibuje a mamá! — Hoshi mostró un pedazo de pergamino con una extraña forma y cabello.
—Espera ¿En dónde has dibujado eso? — Murmuro Ichigo sombríamente.
—De aquí. — El infante levanto el pergamino y al hacer eso provoca que el tintero se derramará y una pila de documentos salieran volando del escritorio y se desparramaran por todo el piso.
La furia del emperador que se estaba conteniendo todo ese tiempo se hizo presente de inmediato.
—¡HINAMORI! — Grita de inmediato, que se escucha por gran parte del palacio.
No tardo mucho tiempo para que la joven de cabello oscuro apareciera en el lugar.
—Hinamori Momo se presenta ante su majestad.
—Hinamori, llévate a estos… los jóvenes del ducado Shiba de aquí. — La mano de Ichigo sostenía una esquina del escritorio y ésta se hizo trizas cuando hizo un poco de presión.
La joven y el archiduque al ver dicha acción se sorprendieron, Kaien tenía un ligero azul en su frente pero la eficiente Momo se repuso pronto y se apresura a realizar la orden dada del emperador.
—Mis jóvenes señores vengan por aquí, podemos entretenernos en otro lugar. — Los ánimo la muchacha mientras salía del lugar.
—Pero queremos jugar con el tío Ichigo. — Dijeron al mismo tiempo.
—Ya será después vamos, vamos. — Los ánimo apresuradamente.
—Lo siento Ichigo, de verdad. — Levanto algunos papeles y los coloco en el escritorio desordenadamente. — Solo son niños ¿Si? No tomes tan a pecho lo que hacen. — Kaien avanza dos pasos hacia atrás de forma cautelosa. — Bueno, creo que debo vigilar a mis hijos, así que me retiro y te dejare…
—¿A dónde crees que vas? — Interrumpe Ichigo con voz asesina.
—Recordé que tengo una reunión con el marqués Sado. — Se excuso de forma lamentable.
—Tú no vas a ningún lado, te quedarás aquí y me ayudarás a rehacer TODO el maldito papeleo que tus gemelos destrozaron.
—¡Pero solo vine de visita, no a trabajar!
—No me importa si viniste aquí a visitar o a regar las flores. — Le dijo amenazante. — Es una orden de tu emperador, comienza a trabajar ¡Ya! — Le grito furioso.
Al pobre de su primo no le quedó de otra más que acatar lo dicho por el pelinaranja, su día de libre de trabajo acababa de salir volando por la ventana.
Se esforzaba mucho pero los nervios le juegan en su contra. Su mente paranoica le hacía creer de vez en cuando que todo es una trampa para separarla de Ichigo y luego matarla. En cuando inventaba su cabeza una nueva forma en que podrían matarla, se aferra a Rena casi en pánico.
—¿Orihime?— Da un brinco por la voz suave pero inesperada de Miyako. —¿Estás bien? Luces pálida.
—No… no soy muy amiga de los carruajes. — Se muerde el labio tras esa lamentable excusa. — Prefiero los lugares más abiertos.
Y fáciles de correr para escapar.
Claramente no dice eso.
—No te preocupes, no es un viaje largo. — Asegura Masaki con una sonrisa como si quisiera calmarla. — Solo son media hora en carruaje.
Rena había hecho malabares para quedar de pie sobre las piernas de su hermana y ver el paisaje de la ventana con las manitas en el vidrio. Orihime la mantenía erguida con las manos en las caderas.
—La verdad... — Masaki empieza a hablar nuevamente. — me gustaría aprovechar este viaje corto para hablar contigo.
Otra vez el pánico la invade y se aferra a Rena, dispuesta a escapar aunque el carruaje ande en movimiento.
—Masaki, la estas asustando. — Reprende Miyako preocupada.
—Lo siento. — La emperatriz se ve genuinamente alarmada de haberla afectado. — No quise que sonara mal, solo quería saber más de ti.
—¿De verdad?
—Sí, sí... lo siento de verdad.
Orihime debe esforzar a su corazón en calmarse y a su cuerpo en relajarse, sin prestar atención a la queja de Rena por haber sido abrazada tan bruscamente. La reina asiente como dándole permiso de hablar.
—De verdad me siento curiosa, Orihime... durante años he tratado que mi hijo siente cabeza pero estaba decidido en ni siquiera tener hijos. Incluso llego a pensar que disfrutaba de mis frustraciones. — Al lado de ella, Miyako suelta una risita. — Cuando salía del reino, estaba segura que se había divertido por ahí... y ni hablar de cuando traía alguien más para su torre de amantes.
—¿Cómo el emperador Isshin en su soltería?— Comenta Miyako.
Masaki responde rompiendo su abanico por la mitad, sorprendiendo a Orihime. De seguro Masaki anda recordando su juventud antes de casarse.
—El punto... — La emperatriz respira hondo. — El punto es que por muy feliz que esté que se haya escuchado mis ruegos no puedo dejar de sorprenderme. ¿Qué has causado en Ichigo como para romper su juramento de soltería?
"Me interesas, Orihime"
"Deseo saber más"
—No… no lo sé. — Admite mientras se sonroja ante el recuerdo de su mirada. — No tengo ni un beneficio político, pero... él quiso casarse conmigo.
—¿Y tú?— Pregunta Miyako, sonriendo ante su sonrojo.
—¿Yo?
—¿Por qué te has casado con él? ¿Qué te motivo?
La Reina no responde, se toma su tiempo en pensar en la respuesta. Su sonrojo crece por pensar en toda la interacción que ha tenido con Ichigo desde que se conocieron.
—Desde que fui con él a suplicarle salvar Rikka, ha tenido todo el derecho de tratarme como una prisionera... pero no lo ha hecho. Me ha tratado con mi estatus, como una aliada... como una igual. — Acaricia la cabellera de su hermana mientras habla. — Estoy segura que conocen las historias, así que deben sospechar que nadie me ha tratado como una persona dentro del palacio. Cuando me pidió matrimonio no estaba segura de aceptar, tenía planes de una nueva vida en otro continente en el norte... no creía que era capaz de ser su esposa o una emperatriz. — Sonríe un poco. — Con la ayuda de la señora Hinako me di cuenta que si me dieran a elegir, Ichigo seria la opción siempre. Que... él es la persona que yo me enamoraría una y otra vez.
El carruaje se detiene justo en ese momento. Abren la puerta y el paje le parece raro que ninguna de las mujeres adultas se haya movido aun. Las dos mayores miran a Orihime con asombro y curiosidad. La pobre anda más sonrojada y algo asustada que la repudien o algo.
—¿Vamos o no?— Se queja Karin. — Que necesitamos los vestidos y el vestido de novia.
—¿Tanto interés Karin?— Yuzu la ve asombrada.
—Entre más pronto terminemos, más pronto volvemos a casa
—Ah, así que era eso. — Murmura resignada la menor al escuchar las palabras de su melliza.
Era un gran edifico color gris de al menos cuatro pisos y abarcaba toda una calle, tenía una arquitectura entre clásica y moderna con hermosos detalles, al frente ponía "Grandes almacenes Violet"
—Ya verás Orihime, te encantarán los vestidos que venden aquí. — La ánimo su suegra mientras bajaba con la ayuda del paje.
—¿Pero no nos reconocerán? — Pregunto preocupada la reina.
—No te preocupes, por eso hemos venido al pueblo en carruajes sin el escudo de la familia real.
—Conozco al que administra este lugar, me encargaré que tengamos privacidad. — Agrega Miyako.
—De acuerdo. —Asintió tímidamente la pelinaranja.
—Necesito un vestido nueva madre. —Pidió una joven Yuzu.
—Muy bien querida, primero haremos el pedido de Orihime y mientras tanto ordenaremos prendas para nosotras.
—Esto es molesto ¿Por qué no pidieron que el diseñador fuera al palacio y ya? — Bufó la primera princesa.
—Porque Orihime necesita conocer el lugar que va a ser su hogar ¿Cierto? — La emperatriz puso sus manos sobre los hombros de Orihime.
—Yo estoy bien con cualquier decisión que quisieran. —Respondió tímida mientras cargaba a Rena, quién comenzaba a jugar con su cabello.
—¡Kime, kime! — Gimoteo Rena mientras reía.
—También buscaremos ropa para está preciosidad. — Asegura Masaki con una sonrisa hacía la bebé Rena.
El grupo de mujeres y los dos caballeros que las resguardaban entraron al edificio, al entrar a la recepción una joven de cabello y ojos violeta las recibió.
—Bienvenidas a la boutique Violet… oh Archiduquesa Shiba, bienvenida. Hace un tiempo que no sabíamos de usted.
—Ha pasado tiempo Cirucci, estábamos en nuestro territorio al este, había que arreglar algunos detalles en el ducado.
—Y viene acompañada. —Cirucci contempla a las mujeres y abre los ojos sorprendida al ver a la emperatriz y las princesas, por lo cual rápidamente se inclina. — Es un honor saludar a la emperatriz, a la primera y segunda princesa, gloria a su majestad.
—Puedes alzar la cabeza. — Ordena la madre del imperio. — Como verás hoy vengo con mi familia ¿Es posible rentar todo un piso para tener privacidad? — Solicita con una sonrisa.
—Por su puesto majestad, hablaré con el gerente. —Asiente la joven quien guío todo el grupo al tercer piso, había una gran sala de espera con sillones y una mesa.
Rápidamente Cirucci hablo con el gerente y todo el piso fue despejado para comodidad de la familia real.
—Lady Miyako, mi musa y mi sol. — Un hombre de gran musculatura, cabello morado y grandes pestañas se acerca a saludar a la archiduquesa efusivamente.
—Lord Charlotte, me alegra ver a mi diseñador favorito después de un tiempo. — La pelinegra sonrío tranquilamente mientras lo saludaba, siempre con esa elegancia que ella desbordaba.
—Han pasado al menos dos años desde que la vi por última vez. — El hombre miro a las damas y se inclino para saludar a las princesas y la emperatriz.
— Como haz notado no vine sola, así que vengo a pedirte que uses tu magia.
—Por supuesto, lo que sea por mi mejor clienta.
—Ella es el nuevo miembro de mi familia.-Presento a Orihime quien saludo tímidamente, Rena se encontraba en manos de Agatha en ese momento, ya que no podía probarse ropa y cuidar de la infante al mismo tiempo.
—¡Oh mi! ¿Se ha casado Lord Ganju? Nunca pensé que viviría para ver ese día, con todo respeto. — Hablo apresuradamente.
—Mi querido cuñado sigue soltero. — Se río levemente. — Es la esposa de mi primo, el Emperador. — Dijo orgullosa.
—¿Su majestad se…? — Abre los ojos sumamente sorprendido. — Lo siento mucho su majestad. — Se apresura a disculparse el hombre nerviosamente, no le había hablado a la joven con el respeto que merecía.
—¡N-no, no se preocupe! — Niega la oji castaña mientras movía sus manos en negación exageradamente. — No me molesta, si es posible no sea tan formal conmigo. —Pidió con una sonrisa.
—Como usted deseé majestad. — El hombre trata de recordar cómo respirar tranquilo. — ¿Y bien? ¿Qué puedo hacer por ustedes?
—Mi querida nuera necesita un guardarropa total. — Hizo énfasis en lo ultimo. — Quiero lo mejor y no me importa cuánto cueste. — Demanda la emperatriz. — También nosotras necesitamos algunos vestidos.
—Yo no. — Exclama Karin con una mueca, odiaba ir de compras, ella era feliz usando uniformes pero por desgracia su madre se lo impedía la mayor parte del tiempo porque era una señorita.
—Y mi hija mayor necesita también un par de trajes oficiales. — Agrego la mujer ignorando lo que decía Karin. — Es hora de cambiar algunas cosas de tu guardarropa cielo. — Miro a Karin quien mostró cansancio en su cara.
—Muy bien, majestad venga conmigo. — Toma a Orihime de las manos, quién respingo sorprendida y fue guiada a un pequeño pedestal, generalmente le pedían a las clientas quedarse solo en camisón interior para medir, pero al llevar Orihime un vestido muy ligero eso no había sido necesario. — Muy bien, parece que tiene una cintura muy estrecha y caderas anchas a ver. — Comenzó a medir con una temblorosa Orihime, sabía que estaba haciendo su trabajo pero la ponía nerviosa que otros se acercarán tanto a su espacio personal. — Muy bien, ahora mediré su busto. — El hombre movió la cinta en varios ángulos de sus brazos, pechos y caderas. — Muy bien, hemos terminado, traeré unas muestras ahora mismo. — Charlotte se alejo dando pequeños saltos.
—Es un poco excéntrico pero te juro que Charlotte es una buena persona. — La trato de calmar Miyako.
El personal del lugar les había llevado té y muchas galletas para que se relajaran, después de todo eran la familia real.
—Sí. —Respondió apenas Orihime, quién no estaba acostumbrada a que alguien invadiera su espacio personal sin que hubiera un puñetazo entre medio.
—¡Mamá mira qué hermoso! — Yuzu alzó el libro con dibujos y diseños, los cuales tenían varias muestras de colores.
—Es precioso Yuzu ¿Debemos llevar uno para ti y uno para Karin? — Pregunta con una sonrisa.
—No quiero otro vestido. — Gruño la mayor de las hermanas.
—¿Tal vez uno en azul y otro en rosa? ¿Qué opinas Karin?
—¿Acaso mi opinión importa? — Sarcástica.
—Entonces azul está bien. — La emperatriz cierra el libro mientras veía colores de accesorios y demás. —Tal vez un lila y un fucsia también.
Charlotte volvió poco después con un puñado de vestidos cada uno más hermoso que el otro. El talento del hombre era bien merecido. Mientras Orihime entraba al vestidor a probarse ropa, era ayudada por Hinako, quien tenía confianza para cerrar las prendas.
—Tal vez el lila y el rosa sean sus colores majestad, veamos. — La hizo dar vuelta en el pedestal para nerviosismo de la pobre mientras acomodaba la tela del vestido rojo. — El durazno le luce maravilloso y éste me gusta también pero no me convence… no, no, no usaremos el siguiente.
La pobre Reina ya se encontraba cansada, llevaban cerca de cinco horas en esa tienda y quería tumbarse en su cómodo colchón y dormir. Mientras tanto Menoly una de las asistentes del diseñador llegó con más cajas en ese y Loly su segunda asistente, tomaba medidas de las princesas y a Masaki en otra parte del lugar. Orihime había elegido un montón de ropa para su hermana pequeña (eso había sido lo más fácil) al mismo tiempo que Miyako, por su parte, salía del vestidor con ayuda de Cirucci usando un precioso vestido color durazno muy tenue con escote a los hombros y con bordados de hilo plateado que asemejaban enredaderas por el corpiño.
—Lady Miyako, se ve hermosa. — Halago Orihime.
—Gracias, creo que lo llevaré para el baile por la victoria que se hará en tres días. —Sonrió la pelinegra. — Y ya te dije que me llames Miyako, ahora solo familia.
—Ah, sí, sí. Lo olvide. —Apenada.
—No hay problema, pero no olvides recordarlo. — Le guiño un ojo y al verse al espejo, se dio vuelta de perfil, pensativa y murmurando para sí misma.
—¿Sucede algo?
—Creo que algo falta.
—Lencería. — Hablo la emperatriz mientras terminaban de medirla.
—¿Eh? — Exclamaron Yuzu y Orihime rojas, Karin ya estaba resignada, así que no le dio importancia.
—¡Estaba pensando en eso desde hace rato! — El pelimorado exclamo esto con una sonrisa y abría una caja, sacando un bonito camisón corto a medio muslo con encajes suaves y delicados en los bordes. — Este quedaría per-fec-to con la nueva emperatriz. — Se lo mostró a la joven oji castaña, quien lo vio en pánico. — Su alteza es hora de probárselo.
—Y-y-yo… e-esa ropa… — La pobre no podía emitir palabra alguna ya que estaba aterrada de que alguien viera sus marcas, no pudo evitar presionar suavemente la tela cerca de sus piernas, cosa que su ahora suegra nota de inmediato.
Hinako noto el estado de su señorita y se acercó al ojiazul para hablar en nombre de la pelinaranja.
—Con todo respeto amable caballero, mi señora no gusta que otro hombre que no sea su esposo la vea en prendas interiores… además su majestad el emperador es muy sobre protector con su mujer y no tolera que alguien la vea de aquella manera. ¿Me entiende? — Dijo la mujer enviando el mensaje entre líneas:
Si molestas a la mujer del emperador te pasará algo muy malo.
—Y-ya veo. — Murmura Charlotte abanicándose con una mano, podía sentir la amenazante espada del emperador por un segundo tras aquellas palabras. — Entonces ¿Deberíamos ver otras prendas?
—Yo ayudare a mi señora con los interiores si no le molesta. —Añadió la anciana perspicazmente. — Se lo que desean los hombres. ¿Le parece bien, su majestad? — Pregunto a Orihime quien suspiró aliviada.
—Sí, por favor hagamos eso, Hinako me ayudara con los interiores lord Chulhourne.
—Muy bien, los que le gusten más los empacaremos. — El joven dejo las cajas cerca del vestidor mientras ambas mujeres entraban al vestidor.
Terminaron saliendo del vestidor con diez prendas interiores apropiadamente seleccionadas por Orihime y su doncella. Ya llevaban más de medio día en el lugar cuando finalmente llegaron a lo que Masaki y Yuzu más anhelaban.
El vestido de bodas de Orihime.
—¿No puedo usar cualquier vestido blanco? — Pregunta Orihime extrañada.
—¡Por supuesto que no! — La que más se opuso fue sorpresivamente la melliza menor. — El vestido de novia solo lo usarás una vez en toda tu vida. — Dijo soñadoramente. La pelinaranja casi podía jurar haber visto estrellas en sus ojos. — Debe ser especial, con el que te soñaste de niña.
—Mmm. — Murmuro no muy convencida.
No podía decirle que cuando era una niña su mayor sueño era escapar del infierno del palacio de Rikka, así que nunca se puso a pensar en el día de su boda o algo así. Era un sueño lejano.
—¿No tienes un vestido soñado? — Le pregunto su cuñada.
—Bueno, no. — Respondió sinceramente.
—Tengo algunos buenos bocetos que podrían gustarle. — Chulhourne chasqueo los dedos y una de sus asistentes desapareció a una habitación del piso para regresar poco después con varias hojas de papel. — Dígame cuál le gusta majestad, me encargaré de hacerle el mejor vestido de novia. Todas las damas la envidiaran.
Orihime pasó los diseños uno por uno, eran todos preciosos, con bordados bellísimos.
—¿Que tal este? — Sugirió su suegra mostrándole un vestido ajustado con una hermosa cola se final, algo abultado.
—Es un vestido corte sirena, creo que le quedaría bien majestad. —Sugirió el diseñador.
—¿Sí?
—¿Que tal este? — Yuzu y Miyako le mostraron dos estilos de vestido con falda abultada, tipo princesa de cuentos de hadas.
—Son muy bonitos, pero creo que son demasiado… abultados en la falda.
—¿Tiene alguna preferencia Majestad? Puedo diseñar lo que usted quiera.
—Yo pensaba en algo simple, no tan llamativo. —Admitió apenada.
—¿Simple en qué forma? — Pidió el hombre con su carboncillo a mano y una hoja en la mesa.
—Bueno… ¿Me permitiría? — Orihime señalo el carboncillo y la hoja en la mesa.
—¿Qué? Ah… — Miro los objetos y los ofreció a la ojicastaña. — Por supuesto Su Majestad.
—Gracias. — Le sonrío amablemente y comenzó a dibujar líneas suaves sobre el papel, todos quedaron sorprendidos al ver el bonito trazo de la joven y al ver el vestido quedaron fascinados. — Algo así ¿Qué opinan?
—Wow. —Murmuraron las gemelas.
—Creo que es perfecto para ti. — Opina la emperatriz.
—Opino igual. — Hablo Miyako.
—Es… Es… ¡Maravilloso y sublime! — Exclama Lord Charlotte, fascinado tomando la hoja entre sus manos. — La forma de la falda y la base de los hombros… hay detalles sueltos pero los puedo corregir, es posible. — Miro a la reina regente. — Su Majestad, si usted fuera una plebeya creo que tendría un gran futuro en la moda como diseñador.
—Me halaga. —Admitió apenada
—Tendre un boceto esta misma noche, si usted me lo permite quisiera mostrárselo mañana en el palacio.
—Claro que sí, será usted bienvenido. — Acepta la joven sonriendo.
Después de arreglar el envío de la ropa al palacio, todas salieron del edificio, uno de los soldados llevaba un paquete propiedad de la archiduquesa.
—Hermana Miyako ¿Que llevas ahí? — Pregunto Yuzu curiosa.
—Oh nada sin importancia. — Dijo misteriosamente la archiduquesa.
—Muero de hambre. — Exclama Karin bastante malhumorada. — Almorcemos, ya pasan de las 4.
—Pero aún debemos visitar el pueblo. — Hablo la emperatriz.
—Podemos hacerlo otro día Majestad. —Sugirió Orihime, quien también estaba agotada.
—De acuerdo. — Acepto la mujer a regañadientes, sin embargo la visita al modista había sido fructífera…
Y había detectado cierto aspecto en su nueva hija que debería hablar con su marido más tarde.
Ichigo salió de su estudio solo un momento para estirar las piernas, fue cuando caminaba por el pabellón central del palacio cuando noto a Orihime entrar por las puertas del palacio, seguida de sus hermanas.
—Orihime. — La llamo con suavidad.
La reina se giro de inmediato y sonrío al momento que ambos cruzaron miradas. Todo el trabajo de su oficina queda en segundo lugar cuando la vio acercarse a él dejando flotar en el aire ese característico olor a flores.
—Ichigo, ya he vuelto. — Dijo alegremente la joven.
—¿Te divertirse en tu día de compras?
—Sí. — Asiente alegremente. — Aunque en este momento estoy algo cansada. — Admitió avergonzada.
—Te entiendo, salir de compras con mi madre es muy cansado, lo sé. — Recordó cuando era niño y su madre siempre lo arrastraba a las boutiques; o incluso si la modista iba al palacio eran horas y horas para decidir que comprar, como toda mujer su madre amaba la ropa y los accesorios. No podía decir lo mismo de él mismo, con que se pudiera usar y fuera cómodo lo satisfacía. — ¿Dónde está Rena?
—Agatha y Hinako la han llevado a la cama, estaba de mal humor porque no tuvo su siesta de la tarde.
—Ya, por cierto. — El emperador no paso por alto el vestido de la joven. — Te vez hermosa. — Halago, provocando que Orihime se sonrojara.
—G-gracias... La Emperatriz me pidió que me pusiera un vestido nuevo de los que estaban disponibles con el diseñador. — El vestido color cedrón de manga 3/4, escote en v y detalles dorados con forma de hojas le quedaba perfecto a la joven reina, se ajustaba perfecto a su cuerpo e Ichigo se pregunto cómo se vería Orihime sin eso puesto.
Rápidamente el emperador hizo volar esas imágenes de su cabeza para centrarse en las palabras de su esposa.
—¿Su majestad? — Exclamó preocupada la joven de ojos castaños al notarlo distraído. — ¿Se encuentra bien?
—¿Qué? Ah… — Ichigo salió de su ensoñación al escuchar que lo trataba formalmente. —Pensé que esto ya lo habíamos superado. — Sonrio levemente.
—¡Ah! L-lo siento. — Dijo nerviosa, sus mejillas se colorearon de un carmín adorable. — No me había dado cuenta.
—No te preocupes. — Ofreció su brazo y Orihime se aferró a éste. — Te llevaré a tu habitación, con las veces que probablemente mi madre te hizo cambiar de ropa en solo un día es posible que no te puedas mover mucho.
—Sí, tienes razón. — Admitió Orihime con una risita.
Aunque el trayecto no era muy largo y estaba cansada, la muchacha disfrutaba de esos pequeños paseos juntos, la tranquilizaban. Cruzaron los pasillos del palacio hasta que estuvieron frente a la habitación de Orihime.
—A salvo mi lady, después de sortear los peligros de los pasillos estamos en su refugio. — Bromeó el hombre.
—Se lo agradezco, mi lord. — Le siguió la corriente con una risita.
—Te veré mañana por la mañana, te daré un pequeño tour por el palacio.
—Me gustaría eso, sí. — Acepto la joven, los soldados ubicados cerca hicieron como que no habían visto nada. — Buenas noches Ichigo.
—Descansa. —Respondió el pelinaranja mientras su mujer cerraba la puerta de su habitación. — Mierda. — Murmuro para sí mismo.
Perdía el sentido cuando estaba junto a Orihime, un día de esos iba a terminar arrinconándola contra la pared y besarla sin control. Se podía controlar por ella pero su deseo comenzaba a aumentar. Decidió regresar a su oficina después de dejarla a salvo y terminar el trabajo ya que solo faltaba sellar unos cuantos documentos.
En la mansión Shiba, Kaien se dejó caer sobre la cama totalmente agotado.
Ese primo suyo era un abusivo, aparte de cuidar a sus hijos lo había hecho trabajar sin descanso.
Solo quería tomar una ducha y dormir.
—Querido… — La voz de Miyako se escuchó desde la puerta del baño de la habitación.
—¿Qué pasa? — Pregunto sin abrir los ojos.
—Compre algo muy lindo ¿Quieres verlo? — Le pregunto casualmente.
—¿Ropa? La veré mañana. — Murmuro apenas el hombre, recién había podido dormir a sus gemelos a tiros y tirones.
—¿Estás seguro? — Volvió a preguntar.
—Muy bien — Se incorporo en el colchón y camina hacía el baño.
Abre los ojos, y al segundo siguiente el sueño había desaparecido.
Miyako usaba un bonito camisón azul con gris transparente en las piernas y con encajes negros alrededor, tenía unas sexys correas a los hombros que dejaban ver toda la piel de su mujer.
—¿Que dices? ¿Te gusta lo que compre? — Pregunto casualmente.
Kaien no dijo nada, tan solo se acercó a esta rápidamente y la besa mientras se arrancaba la camisa y comenzaba a desabrocharse los pantalones.
—Gracias por cuidar de los niños cielo. —Agradeció entre beso y beso la hermosa pelinegra.
—Dios, no hables por favor. — El ojiverde la cargo estilo princesa ya totalmente desnudo y la llevo a la cama.
Esa noche los archiduques Shiba la disfrutaron muy bien juntos.
