Capítulo 13: Calidez Maternal.
Orihime despierta a mitad de la noche con un grito.
Jadeando siente el nudo en la garganta, como si fuera a vomitar. Contiene aquella necesidad mientras cuenta lentamente hasta que se calme su corazón por el miedo, viendo las gotas de sudor en su frente caer y mojar las sabanas.
Su miedo la desoriento un momento, se olvidó que su familia está muerta y llega hasta creer que ha sido drogada y entregada como saco de papa a la persona que haya pagado la fortuna adecuada para Quirge y por eso no conoce nada de ese lugar y mira su entorno horrorizada.
Golpes en la puerta le provocan otro grito.
—Su Majestad. — Una voz varonil al otro lado le provoca frío en la sangre. — Mi reina, ¿Está bien? La he escuchado gritar.
¿Reina? ¿En qué momento se caso?
Se mira el dedo anular de la mano izquierda y nota el tatuaje pequeño de una concha de mar con una rosa, en honor a la Diosa y en vez de un anillo. El tatuaje es un símbolo que por muchas personas ames o te atraigan sexualmente en tu vida matrimonial, tu compañero del tatuaje es tu marido y compañero por excelencia, era quien estaba en el pedestal.
—¿Su Majestad? — Insiste el hombre al otro lado. — ¿Se siente mal? ¿Ha enfermado? ¿Quiere que llame al Emperador?
¿Emperador? ¿Su marido es un emperador?
Entonces su mente, ya calmado del miedo por sus pesadillas, recuerda a Ichigo y todo lo que ha pasado desde que escapó de casa.
Se le escapa un lloriqueo de alivio.
No ha sido ni prisionera ni drogada.
Es libre.
—Estoy bien. — Asegura mientras se repite en la mente aquella palabra: libre. — Lamento asustarlo… fue una pesadilla.
—Entiendo Su Majestad. La dejo entonces.
—Sí… muchas gracias por su preocupación.
Se levanta de la cama, honestamente le gustaría tomar un té que la ayude a calmar sus nervios pero no quiere despertar a Hinamori ni a Ogawa por su culpa. Camina notando como le tiemblan las manos y brazos como efecto secundario a que el miedo sigue en sus huesos. A las pesadillas que la han invadido sobre Inosuke y su asqueroso aliento en el cuello y boca sobre la propia mientras la manoseaba.
Cierra los ojos, sus manos enredadas en su pelo en lo que se repite que ya paso, que él está tan muerto como el Duque Pepe y su padre Quirge. Ya nadie iba a tocarla o herirla.
¿Por qué han vuelto sus pesadillas? Todo ha estado tan bien.
¿Será por el baile que se llevara a cabo en doce horas?
¿Sus miedos y nervios han provocado que sus defensas bajen?
Mira la cama, se encuentra agotada y le urge dormir pero no cree que pueda conseguirlo sin al menos tomar un té y hacer algo que la distraiga.
O…
Se sonroja. No, no. No quiere agobiarlo siendo dependiente de él. Habrá noches en que él no pueda estar con ella porque debe salir del reino o porque preferirá andar con una de sus amantes por busca de satisfacción.
Muerde su labio, tomando la decisión que ira pero le preguntara a un guardia o quien sea que este vigilando si está solo y si le dicen que "no", se volverá a su cuarto sin preguntar ni dejar mensaje y se aguantara el insomnio con un libro que tomó de la biblioteca.
Se cubre con una bata de seda para ocultar el ligero camisón de la vista pública por lo delgado que es que deja algún pedazo de piel expuesta. En los pies se pone unas zapatillas tipo ballet ya que a esa hora el piso de piedra es helado.
Abre la puerta lentamente, queriendo tener el tiempo de pensar si seguir o arrepentirse… pero no se cree capaz de aguantar las horas que faltan hasta que vengan Hinamori y Ogawa con el recuerdo de su violador susurrando en su piel. Ignorando las miradas curiosas de los guardias, cierra la puerta una vez afuera y los saluda en lo que camina directa a su misión.
—Su Majestad, no puede estar sola. — Reconoce la voz que le habló minutos antes. El dueño resulta ser un hombre pelinegro.
—Voy donde mi esposo y hay soldados a cada esquina… estaré bien.
—¿Recuerda cómo ir a los aposentos de Su Majestad?
—Sí, no se preocupe. — Sonríe, no sabe si está de verdad preocupado o no cree en que una mujer extranjera se pueda orientar tan rápido o sea de confianza. — Gracias por su ayuda, mi lord.
No espera una respuesta, ya anda caminando con rumbo a los aposentos de su marido. Un poco rápido para su gusto pero no quiere arrepentirse ni verse débil ante esas personas. Sabe que debe ganarse su confianza como en el campamento de guerra… pero no hoy. Apenas puede consigo misma.
A pesar de haber ido por ahí dos veces, se ha aprendido el recorrido sin ni un problema alguno. Había escuchado a Ichigo que luego del matrimonio, tanto él como ella serían trasladados a otra área, una más enorme en que puedan estar juntos con sus cosas personales y la ropa. En realidad no le importaba mucho esas cosas, solo ser feliz con él, independiente que haya o no amor.
La entrada a la escalera de sus aposentos está custodiada por dos soldados que de inmediato se inclinaron a reconocerla.
Traga duro. Hora de la verdad.
—Buenas noches, caballeros… ¿Saben si su Majestad duerme solo o acompañado?
Deben estar esos dos realmente sorprendidos que la esposa del emperador mencione alguna amante sin una pisca de ironía ni disgusto.
—Ni una persona ha subido a los aposentos del emperador desde que subió a dormir.
—¡Oh! — Sonríe aliviada. — Que bueno, no quería interrumpir o algo… que bochornoso sería si eso pasase, ¿No? — Aun atónicos, asienten lentamente. — Bueno… si me disculpan, voy a verlo… buenas noches.
Tiene que subir un poco la falda de su camisón para no tropezarse en lo que sube las escaleras corriendo. Se encuentra primero la sala de estar y una puerta que sabe que da a su estudio privado, cuando quiere trabajar o tener un momento sin que los molesten. Temerosa camina a la puerta que da a la recamara. Aun si le hayan dicho que se encuentra solo, no quiere despertarlo con lo cansado que esta, por lo que no sabe si debería tocar o no.
¿Qué debería hacer?
¿Y si mejor se regresa como el verdadero animalillo asustadizo que es?
La risa de Inosuke en su oído le reproduce escalofríos.
Suficiente para que abra la puerta antes de darse cuenta de ello, solo quería desaparecer aquel recuerdo de una vez.
En cuando se dio cuenta de lo que había hecho, Ichigo se despierta y, sentado en la cama con las sabanas tapando su hombría, ya tiene a Zangetsu en mano listo para atacar.
—¿Orihime? — Sorprendido de verla en el umbral de la puerta. ¿Es acaso otro de sus sueños?
—Yo… lo siento, no quería despertarte. — Sus manos juegan nerviosas con el lazo de su bata. — Es solo que… la verdad yo…
—¿Has tenido una pesadilla? — Adivina al verla tan asustada y avergonzada al mismo tiempo. La ve asentir como única respuesta. — Ven.
—¿Eh?
—Dije que vengas, durmamos juntos. — Asegura dejando su espada donde estaba antes y da unas palmadas en el colchón. — Te advierto que estoy desnudo.
Después de todo el trabajo que ha hecho el día de hoy, decidió irse a dormir, no estaba de humor para más y necesitaba urgentemente a una mujer a su lado, pero al mismo tiempo el hecho de ser tocada por otra que no sea Orihime le parecía innecesario. Ichigo se quitó la ropa y se echó a dormir no sin antes pensar en la suavidad de la piel de su mujer, esa noche hacía calor así que no soportaba traer muchas prendas encima.
Esa noche soñó extrañamente con cierta joven de cabellos naranja rojizos, con su cuerpo junto al suyo, estaba seguro que era solo su tonta cabeza imaginando situaciones cuando escucho la voz débil y suave de su mujer llamándolo. Se despertó de repente y en guardia, no era normal que alguien interrumpirse sus sueños pero la figura débil de su mujer llamándolo logro llevarlo a la realidad. Orihime estaba totalmente asustada y temblorosas, parecía un pequeño ratoncillo asustado y esto avivó sus instintos de protección al invitarla a dormir junto a él, aunque le advirtió no llevar prendas encima ésta acepto y se recostó junto a él apegándose a su pecho, la ligera sábana que usaba debido al calor evitó el contacto directo pero aún así la joven pelinaranja pudo sentir a su "amigo" activo, provocándole que se encogiera un poco pero en ningún momento se alejo de él, por el contrario sus brazos rodearon su pecho tímidamente y tras unos minutos la escucho respirar lentamente, señal de que se había quedado totalmente dormida.
Ichigo la observo embelesado, la tenue luz de la luna le daba un efecto mágico a la piel de Orihime que parecía brillar bajo ésta, se veía como una diosa bellísima e inalcanzable, no pudo evitar acariciar su mejilla maldijo para sus adentros quería hacerla suya en ese preciso instante, pero sería paciente por ella y disfrutaría el precioso manjar de su mujer lentamente, tanto que cuando estuviera debajo de él le rogaría por más
Se distrae viendo el dedo que disfruta la piel de su esposa, pensando en lo curioso en cómo han cambiado las cosas desde esa vez que la vio en aquel rincón en su carpa, durmiendo sobre comida de animal. En ese instante los instintos de supervivencia le estaban gritando que corría peligro, que atacara y saliera corriendo, aun recuerda esa mirada enojada; ahora simplemente duerme, inmune a su tacto y eso habla mucho, prueba que confía plenamente en él y sabe que con todo su pasado, Ichigo con justa razón se siente bendecido.
Todos los días, hasta su último aliento, quiere probarle que es merecedor de aquella confianza.
Se apega más a ella y acerca su nariz al pelo naranja, embriagándose más de ese aroma que le encanta y vuelve loco. Ignora lo inquieto que está abajo y le besa la coronilla.
—Te prometo que voy a hacerte feliz.
El emperador despierta segundos antes que lleguen Richiro y sus mozos en ayudarlo arreglarse. En ese cortísimo lapsus de tiempo se ha dedicado en verla, luce como si no se hubiera movido desde anoche y se le escapa una sonrisa por el hecho que ni la llegada desordenada de tres criados la despierte.
—Buenos días su majestad. — Saluda Richiro con una inclinación, es el único inmune a la presencia de Orihime en la cama, el par de criados jóvenes detrás de él, en cambio, fueron capturados con las mejillas sonrojadas. — ¿Ha dormido bien?
—Sí, gracias Richiro. — Sin preocuparle la audiencia se levanta de la cama desnudo y camina hacía el baño. — Que se le avise a las criadas de Orihime que se encuentra aquí.
—Por supuesto. — El hombre mayor hace un gesto al joven de su derecha y éste asiente y sale corriendo.
El otro criado se había encargado de ayudarlo con la espalda, el resto se encarga Ichigo y el joven espera pacientemente con varias toallas en la mano. Richiro entre tanto prepara el traje que usara el soberano durante el día, hasta el momento que deba arreglarse nuevamente por el baile de esa noche en que Orihime será presentada.
Su puerta se abre en cuando se cierra el último botón del pantalón. Como no se han anunciado, de seguro debe ser alguien de su familia y no se equivocó. Su hermana, la princesa Yuzu, entra con su carácter alegre de siempre, su sonrisa que ilumina tanto como su madre u Orihime y con sus vestidos finos y de colores vivos y claros.
—¡Buenos días, Ichigo!
—Hola Yuzu, ¿No deberías estar desayunando?
—Quería ir con Orihime para allegarme a Rena y me dijeron que está aquí. — Mira a la susodicha aun durmiendo en la cama y frunce el ceño. — ¿Aún duerme?
—Tiene el sueño pesado. — La nota acercarse a la cama en puntillas y se preocupa. Sabe lo que planea. — Yuzu, no la vayas a asustar, es sensible.
Lo normal es que le haga caso, ella nunca lo desobedece por mucho que se queje, por ese motivo ha reaccionado tarde y no pudo salvar a Yuzu de un puñetazo en la cara por cortesía de Orihime.
Todos quedaron atontados al comienzo, tardando en darse cuenta de las gotas de rojo manchando lo claro de las sabanas o el bonito vestido de Yuzu, quien se agarra la zona dañada anonadada y temerosa, nunca la han pegado de ninguna clase, el historial de sus heridas ha sido por accidentes típicos de los niños.
La atmosfera se rompe con el grito de horror por parte de Orihime una vez se da cuenta de lo que ha hecho.
Orihime veía su puño alzado, horrorizada, había reaccionado por mero instinto al sentir una presencia detrás suyo y en automático había lanzado un fuerte golpe; pudo ver que la sangre espesa no dejaba de salir de la nariz de la joven princesa y eso la asustó aún más.
—Y-yo l-l-lo sien… — Intento disculparse la joven pelinaranja.
—¡H-hermano! — Yuzu se echa a llorar y rápidamente corre al lado del emperador.
—L-lo siento, lo siento mucho, de verdad que lo siento. — Orihime fue invadida por el miedo y el pánico. ¡Lo había arruinado! Orihime no soporto la culpa de ver a la princesa menor llorar mientras una de las mucamas trataba de detener el sangrado. Pudo sentir una mirada de reproche sobre ella misma por parte de las sirvientas. — P-perdóname, yo… ¡Soy lo peor! — Orihime se echó a correr rápidamente y salió de la habitación a gran velocidad.
—¡Orihime! — Ichigo la llamo pero fue inútil ya Orihime había dejado la habitación envuelta en lagrimas
Las sirvientas lograron detener la sangre mientras Yuzu aún hipaba adolorida.
—¿Por qué hizo eso? ¡Solo quería sorprenderla! — Dijo la princesa.
—¿No te advertí que no la despertarás? ¿Que ella era sensible? Eso paso porque no hiciste caso a mi advertencia. — La regaño.
—Yo fui la lastimada ¿Por qué no estás poniéndote de mi lado hermano? — Reclamo la princesa.
—Te lo dije ¿No? Que no la asustaras porque es muy sensible. — Responde. — Ha pasado por muchas cosas así que esa es su reacción natural.
—¡Nada justifica el que me haya golpeado!
—¡Yuzu ya es suficiente de tus reclamos! — Dijo enfadado, provocando que la princesa se encogiera asustada.
—¡No es justo! — Yuzu no soporto esto, su hermano nunca le había alzado la voz y ahora estaba ahí dándole una reprimenda.
—¿Qué está pasando aquí? — El antiguo emperador Isshin entro en ese instante, haciendo que los sirvientes se inclinaron en respeto.
—¡Padre! — Yuzu se fue corriendo a dónde su progenitor y éste la recibió sorprendido por los rastros de líquido rojo en su nariz.
—Yuzu, sangras. — Su padre saca un pañuelo y retiro los restos que quedaban. — ¿Que sucedió?
—Yuzu sorprendió a Orihime y le dio un golpe.
—Solo quería bromear un poco con ella.
—Pero ya te había advertido acerca de eso, tú me ignoraste. — Hablo seriamente el emperador.
—¿Orihime te agredió? —Murmuro extrañado el pelinegro, es notorio que ella era muy tranquila, algo asustadiza pero era todo. Eso explicaba porque había pasado por su lado echa un mar de lágrimas. — Ve a cambiarte de ropa Yuzu. — Murmura al ver su lindo vestido arruinado. — Y ambos arreglen este problema.-Ordeno Isshin saliendo de la habitación de Ichigo.
Yuzu no tuvo otra opción más que obedecer a su padre e ir a cambiarse mientras que Ichigo decidió ir a la habitación de Orihime.
Cruza los grandes pasillos con alfombras y hermosos decorados hasta llegar a la habitación de su mujer donde Agatha, Hinako y Hinamori junto con otras mucamas veían preocupadas.
—¿Que sucede?
—L-la princesa no quiere abrir la puerta de su habitación. — Responde Hinamori preocupada.
—¿Qué?
—Llego totalmente alterada y se encerró, no ha querido abrir.
Ichigo aprieta el puño preocupado y culpable. Preocupado por como lo que había pasado podría afectar a su mujer, si ya el autoestima de Orihime era muy baja esto podría afectarle más; y culpable porque si hubiese explicado bien las circunstancias a su familia, eso se pudo haber evitado.
—Me encargare, a un lado. — Habla el emperador mientras se acercaba a la puerta y tocaba. — Orihime.
—¿Quién? -Se escucho del otro lado.
—Soy yo, Ichigo. — Le habla con suavidad, no lo sabían pero ambos estaban pegados al otro extremo de la puerta que los separaba.
—¿Como está Yuzu?
—Yuzu está bien, solo sangró muy poco, no fue nada grave. — Trata de tranquilizarla, podía escuchar la voz de Orihime sollozando. — Orihime, por favor, ¿Podríamos hablar un momento? — Hizo una seña para que todos, excepto las doncellas de confianza Orihime se retirarán.
—No.
—Por favor, princesa.
—Soy la peor persona, sabía que en algún momento iba a arruinarlo.
—No haz arruinado las cosas, Yuzu solamente no sabe tus circunstancias y quería jugarte una pequeña broma. No la justificó pero no lo hizo con mala intención.
—Pero aún así ella fue amable y yo le pagué lastimándola.
—Podemos resolverlo hablando debidamente. — Le rogó el pelinaranja.
—Vete, déjame en paz. — Responde en voz baja mientras la escuchaba alejarse de la puerta.
—Orihime, no me obligues a forzar la puerta. — Le dijo autoritario, sin embargo su respuesta fue un sonido pesado tras la puerta. — ¿Que fue eso? — Intenta abrirla, pero se dio cuenta que Orihime había trancado la puerta. — ¡Orihime!
Pero no recibió respuesta alguna.
Del otro lado, en la habitación, Orihime había movido una silla y la había puesto en el picaporte para evitar que abrieran.
La ojicastaña se encontraba en ese momento sentada en su cama, abrazando una almohada. Sabía que no encajaría en la amorosa familia de Ichigo, y lo confirmaba ese día. La forma en que había crecido le daba una idea de que no era una persona normal para formar una familia como lo eran los Kurosaki.
No quería ver a nadie ni que la molestarán, ni si quiera se veía capaz de darle la cara a Yuzu, aunque le había pedido disculpas eso nunca sería suficiente para arreglar su error.
Se dejó caer de lado en el mullido colchón y se quedó viendo por el balcón que daba a las montañas, no tenía ganas de nada, ni siquiera se sentía con la energía de ver a Rena.
—¡Mamaaaaaaaa!
El lloriqueo al otro lado la asusta y ve la puerta como si en realidad fuese su hermanita exigiendo atención.
—¡Maaamaaa!
Se muerde el labio y, lloriqueando, se esconde en la cama como la mujer malvada que es.
Ichigo, por otro lado, gruño frustrado al notar que la puerta era imposible de abrir. Se dio media vuelta y las doncellas miraban preocupadas, Rena se movía inquieta en brazos de Hinamori, intentando estirar sus brazos donde se encontraba su hermana.
—Mama, mamaaa. — Murmura bastante inquieta la pequeña princesa.
—¿Que hacemos majestad? — Pregunta Hinako preocupada
—Estoy preocupado por ella, pero ni siquiera puedo entrar. —Se dio media vuelta. — Vigilen si sale y avísenme de inmediato. —Dijo mientras se retiraba al comedor, el apetito se le había ido pero debía encontrarse con su familia.
El llanto de Rena se escuchaba a pesar de haberse ya alejado lo suficiente. Debe morirse de hambre y el emperador confía en que Hinako la alimentara.
El personal del castillo anda ajetreado y preocupados por terminar los arreglos del baile que se llevara a cabo esa noche. Baile en que Orihime será presentada y, como si esto no se soluciona pronto, posiblemente no llegue a suceder. Se tendrá que cancelar y eso molestara mucho a los nobles que viven lejos y han tenido que salir días o semanas de su casa para presentarse. Curioso que a pesar de lo estresados que andan, aun conserven el sentido común de notar que algo no va bien con su líder y le deja el camino libre o podrían sufrir las consecuencias.
En el comedor real puede ver a Karin refunfuñando en la mesa de lo molesto que será el día y a la Emperatriz madre hablando con el equipo encargado del Baile.
—Ichigo, por fin llegas. — Masaki sonríe a su hijo, sonrisa que desaparece al notarlo preocupado y molesto. —¿Qué pasa?
—Orihime golpeó a Yuzu. — Karin sale de su modo aburrida y lo mira con asombro. La emperatriz no refleja ni una emoción que la delate, espera tranquila a que continúe de hablar. — Le dije a Yuzu que no la asuste mientras dormía que no… no lo toma bien, es sensible. Pero no hizo caso y Orihime le pegó por instinto.
—Entiendo. — Masaki mueve la cabeza en afirmación. — ¿Yuzu pidió disculpas?
—Está enojada porque no estoy de su lado.
—Creo que debimos Isshin y yo hablar con ella al respecto. — Suspira. — Somos demasiado blandos con ella.
—Eso mismo digo yo. — Se queja Karin comiendo su desayuno, no iba a molestarse en el asunto porque opina lo mismo que Ichigo.
—¿Dónde están las dos?
—Orihime se encerró en su habitación y no quiere abrirme. Papá mandó a Yuzu al suyo para cambiarse.
—Bien, hablare con ella luego... primero veré como anda Orihime. Me preocupa en su estado emocional. — Toma a su hijo del hombro. — Siéntate a desayunar y trabaja tranquilo, yo me hago cargo.
—No creo que pueda, Orihime... — Un ruido lo calla.
Rena era la culpable, lloraba y lloraba en los brazos de Hinamori.
—Lo siento, pero la princesa no... — El lloriqueo aumenta de volumen, callándola. — quiere cooperar.
Roja de tanto llanto y con mocos por doquier, la princesa bebé ve a Ichigo casi con suplica, incluso extiende su brazo.
Suspirando en resignación, Ichigo la carga con cuidado y Rena entierra su cara en su ropa, mojándolo con sus lágrimas y ensuciándolo con sus mocos. Lentamente el nivel del llanto va disminuyendo y sus manitas se aferran en su chaqueta.
—Nahora... hambre...
—Deja que te den de comer entonces — Hace un intento por entregarla a la mucama pero Rena vuelve a gritar y se niega a soltarlo. — Hey.
—¡No, no! ¡Naoria hambre!
—Parece que quiere estar solo contigo hoy. — Comenta Masaki divertida de la cara de pocos amigos de su hijo. — Debe estar asustada de la ausencia de Orihime y solo le quedas tú para confiar
—Me arrepiento entonces de dejarla dormir conmigo. — Reprocha recordando esas noches en que los tres compartían la cama. — De acuerdo, de acuerdo... te daré de comer.
—Y te quedaras con ella durante el día. — Se ríe al verlo molestarse más.
Ichigo se siente en la mesa con Rena en sus piernas mientras le da la orden a Hinamori que traiga la comida. Tiene un brazo rodeándole la cintura para que no se caiga y con la mano libre empieza a preparar su plato. Nota que la pequeña quiere agarrar su taza de café.
—No, muy caliente y amargo para ti.
Masaki sonríe tras la vista y parte a su misión. Debe ver primero a Orihime ya que desde que la vio, su instinto supo que algo no iba bien, que había pasado por tanto. Y que haya reaccionado tan violento sin planearlo, solo prueba que es más serio de lo que pensó.
Hinako y Agatha hacían guardia en la puerta. Se inclinaron al verla y ella les devuelve el saludo. Frente a la puerta, toca un par de veces.
—¿Orihime? Soy Masaki. — No hay respuesta y frunce el ceño. —¿Orihime?
—Mi emperatriz... ¿Viene a golpearme? — Pobre niña, se oye horrible y que haya dicho aquello no ayuda tampoco. — Lo siento... lo siento...
—No quiero golpearte... ni siquiera estoy molesta...
—Debería estarlo, he sido cruel...
—No, no. ¿Por qué debería enojarme con una persona que ha sufrido y luchado por vivir? Tanto que no puede estar segura ni durmiendo. — Sonríe amablemente a pesar que solo tiene la puerta de espectador. —¿Por qué no me abres y hablamos?
Solo se escuchó silencio del otro lado de la puerta.
—Orihime, cariño, te juro por la corona y dios que no estoy enfadada contigo, creo que necesitas hablar con alguien ¿Por favor? — Pidió amablemente la emperatriz.
—Orihime mi niña, confíe en la Emperatriz, no la lastimara. — Intervino Hinako.
—Estaría en su derecho... Antes que ser princesa... es su hija... y toda madre desea defender a sus hijos.
—Me gustaría que habláramos de esto frente a frente y no divididas por un pedazo de madera ¿Qué me dices?
El silencio lleno el pasillo para ser cortado poco después por el sonido de algo pesado siendo arrastrado. Un momento después la puerta se entreabrió un poco dejando ver a la princesa levemente.
—¡Majestad! — Las doncellas se alegraron de ver la tenue figura de la reina.
—Solo… — Se muerde el labio un instante. — Solo… la emperatriz. — Dijo en voz baja, dando permiso a la madre del imperio de entrar a su habitación.
—Por supuesto Orihime, solo estaremos tú y yo. Nadie más. — Levanta su mano y dio dos pasos a la puerta para impedir que las doncellas se acercaran.
—Entonces… pase. — Permitió la pelinaranja abriendo la puerta para que ella pasará.
Masaki ordeno con la mirada a las doncellas quedarse cerca por si acaso y entro en la habitación, las cortinas estaban medio abiertas lo que provocaba que pasará poca luz y estuviera un poco en penumbras.
—¿Te parece bien si abro las cortinas totalmente? — Pregunto con una sonrisa la mujer.
—Uhm... Yo... Sí, claro. — Acepto la reina dócilmente.
La emperatriz corrió las cortinas y abrió la gran puerta corrediza que daba al balcón.
—Ahh, así se siente mejor ¿No crees? — Inhalo el aire puro de la montaña. — Últimamente está corriendo mucho viento por las montañas, espero que no llueva esta noche.
—Ah, supongo. — Responde distraídamente ¿Estaba acaso tanteando el terreno para regañarla? Bien, ella no diría nada y recibiría su castigo en silencio.
—Vamos, vamos no te quedes ahí, vamos a sentarnos pequeña. — La ánima tomando asiento primero.
—Claro majestad. — Por cortesía la mujer de mayor rango en la habitación debía tomar asiento primero, así que una vez Masaki se sentó en el cómodo sofá ella le siguió.
Nada más mirar en la habitación Masaki pudo notar un camisón de dormir totalmente desordenado sobre la cama y algunos vestidos sobresaliendo del armario.
¿Ella misma se ha cambiado?
Generalmente las damas de la realeza dejaban que las doncellas se encargarán de arreglar y ordenar todo, por su parte admitía apenada que jamás había podido vestirse sin la ayuda de alguna dama de honor, pero esa jovencita podía vestirse perfectamente sin ayuda y lo sabía por el impecable vestido rojo que usaba.
—Lo lamento, me temo que no tengo nada para ofrecerle. — Admitió la joven temerosa.
—No te preocupes, no es necesario eso y no es por lo que vine. — Le resto importancia.
—Yo... ¡Lo lamento mucho, su majestad la emperatriz! — Se dejó caer al piso de rodillas. — ¡No tengo perdón de dios por haber golpeado a un miembro de la noble casa Kurosaki! — Las lágrimas comenzaron a salir de los ojos de la princesa pero no se atrevía a encarar a la castaña.
—Espera Orihime, esto no es necesario. — Trata de detenerla.
—No, por favor. — Siguió la reina. — Si es necesario castigarme por tal blasfemia, lo aceptaré. Por favor no sea amable conmigo.
Las manos de la emperatriz la tomaron de las mejillas y la obliga a verla a los ojos.
—Escucha bien, mi linda tercera hija. — Dijo tajante y con seriedad. — No es necesario que pidas perdón, era tu forma natural de defenderte, no estoy molesta contigo. Estoy molesta conmigo misma.
—¿Usted? ¿P-pero porque? — Pregunta confundida.
—Estoy molesta conmigo porque mucho me temo que al ser Yuzu la más joven de mis hijos la he malcriado… — Suspira avergonzada. — No, corrijo… la HEMOS malcriado todos, tanto yo, como Isshin, Ichigo y Karin. — Admitió en derrota. — Protegiéndola de todo, aceptando sus pequeños berrinches. No queríamos que sintiera dolor, pero el dolor es inevitable… es la forma de confirmar que está aquí y viva, fui ciega.
—Majestad, yo golpeé a su preciosa hija, la segunda princesa. Es obvio que la que se equivocó fui yo y admitiré el castigo que deseé darme, incluso si es irme del país.
—No es necesario. — Le acarició el cabello. — Debo arreglar algunas cosas con mi hija pero no ha sido en absoluto tu culpa.
—Pero es que yo…
—Orihime ¿Tú has sufrido mucho cierto? — Le dijo con una sonrisa comprensiva.
—¿Eh? ¿Qué? — Ríe nerviosamente. — No sé de qué me habla Su majestad.
—Orihime, no es necesario que lo reprimas… tu padre está muerto, el peligro se ha ido.
—Pero majestad…
—Me refiero al infierno que tu padre te hizo pasar en vida, a las cicatrices que seguramente tienes en tu alma y tu cuerpo.
—¡N-no! E-eso es… ¡¿A-acaso…?! — Se sentía traicionada, había confiado en el emperador y sentía una puñalada en la espalda, aún más dolorosa que los latigazos.
—Ichigo no me ha dicho nada, si es lo que estás pensando. — Le leyó el pensamiento. — ¿Crees que mi hijo es ese tipo de persona? — Le pregunta de forma serena y con una sonrisa que la tranquilizó al instante.
—No… él no es ese tipo de persona, es cierto. — Se abrazo a sí misma, ¿Cómo pudo dudar? Se sentía idiota. — ¿Pero… cómo…?
—Fueron pequeños detalles que note, al igual que Isshin.
—¿El antiguo emperador?
—Mi esposo fue el primero que lo noto en cuanto llegaste. — La hizo ponerse de pie y la guio a la cama para que se sentará, había sido un golpe mental muy fuerte para la pobre Reina de Rikka. — Cosas diminutas y ligeros gestos que hacías. Me lo dijo esa misma noche, algunos tics que tienes… además está lo de la boutique cuando te ofrecieron probarte interiores.
—Supongo que yo sola me delate. — Admitió ella con pesar.
—No te preocupes, solo alguien muy observador se daría cuenta. — Trato de animarla. — Sin embargo creo que en este momento mi linda tercera hija. — Le acarició la mejilla. — Necesita desahogarse y un hombro femenino para llorar.
Orihime se queda quieta mientras sus ojos se cristalizaban una vez más. No pudo resistir más y se echa a las piernas de la emperatriz mientras le contaba todo: sus miedos nocturnos, el acoso, el no poder dormir, los golpes físicos y mentales que había recibido toda su vida.
La emperatriz por su parte no dijo una sola palabra, la escuchó y consoló fervientemente durante más de dos horas.
—Soy tan molesta, contándole mi patética vida a la mujer más importante de seis naciones.
—Hime. — La llama con cariño. —Tu vida no es patética, eres una chica increíble. — Le dijo con admiración. — Te criaste en esa cuna de bestias y sacaste a tu pequeña hermana de ese lugar para evitar que le arruinaran la vida; te atreviste a ir con quién invadía tu país para salvar a tu gente. Simplemente creo que eres maravillosa. — La pelinaranja aún temblaba debido a lo acontecido.
La emperatriz la había hecho recostarse y comenzó a tararear una canción que le dijo cantaba a sus hijos cuando eran pequeños; tan dulce y cálida que comenzó a sentir sueño. Masaki acariciaba su cabello con suavidad y se dejó llevar.
Se sentía bien.
Se sentía liberada.
¿Era eso a lo que llamaban calidez maternal?
Fue lo último que pasó por su mente antes de caer profundamente dormida.
