DEDICADO A ANA CON MUCHO AMOR Y APOYO. AQUI NOS TIENES.
Capítulo 14: Tregua.
Por otra parte Ichigo terminaba su papeleo mientras Rena se encontraba con un juguete para morder. Por más que había querido dejarla al cuidado de Hinamori, la bebé se ponía a llorar hasta que terminaba en brazos de Ichigo. Así que ahí se encontraba, terminando de sellar órdenes militares y movimientos de exportación mientras su pequeña cuñada se quedaba tranquila en su regazo y lo veía trabajar.
—Eres una pequeña tramposa. — Ve a Rena que le devolvía la mirada sin entender lo que decía. — Tienes básicamente dos niñeras ¿Porque solo quieres estar conmigo? — Ella sigue observándolo con sus grandes ojos castaños y le ofreció su juguete lleno de baba. — No gracias.
—Hermano. — Yuzu tocó dos veces la puerta.
—Entra. —Permitió el pelinaranja, Yuzu entro con un vestido lila, había tardado cerca de una hora cambiarse de nuevo, para cuándo bajo al comedor sus hermanos y padre ya habían desayunado.
—Hermano, ummm, quiero disculparme contigo. —Admitió apenada.
—¿Conmigo?
—Por desobedecerte. — Dijo apenada.
—Es bueno que tomes en cuenta mis advertencias. — Respondió seriamente el pelinaranja —¿Y ya te disculpaste con Orihime?
—¿Con la hermana Orihime? P-pero ella es la que me golpeó. Ella fue la rara por reaccionar así. — Reclama en voz baja.
—Tiene su pasado. —Comento el emperador seriamente. — Trata de entenderla un poco.
—¿Pero por qué? ¿Qué le pasó? — Exigió saber la princesa.
—Eso no me corresponde contártelo. — Con un suspiro se recarga en su silla y cargaba a Rena a la altura de su pecho.
—Ichigo, voy a pasar. — Su padre hizo acto de presencia y entro en el despacho. — Ah Yuzu, tu madre salió de la habitación de Orihime y te está buscando.
— ¿A mí? —Dijo extrañada.
—Sí, ve a tu habitación. —Le ordenó.
— ¿Paso algo?
—Eso lo decidirá tu madre, anda.
Yuzu salió de la habitación y fue directo a sus habitaciones personales, dejando a ambos hombres en el despacho.
—No pensé que diría esto, pero que bien te vez con un bebé en brazos, estúpido hijo.
—Cállate. — Gruño el de ojos chocolate.
—Tal vez es una señal divina.
—Te daré tu señal divina. —Toma a Zangetsu con su brazo libre y desenvaino fácilmente dispuesto a atacar.
— Eh, tranquilo. — Lo calmó. —Quería distraerte un poco. — Dijo seriamente tomando asiento frente a su primogénito. —Como has oído, tu madre salió de la habitación de Orihime.
—¿Logro que la dejara pasar?
—Tu madre puede hacer hasta lo imposible. — Dijo orgulloso de su mujer. — Sin embargo estoy pensando cuando planeaba decirnos lo de tu esposa.
— ¿A qué te refieres?
— Ya sabes, el maltrato que habrá sufrido en Rikka. —Soltó repentinamente el pelinegro, endureciendo la mirada de su hijo.
— Como le he dicho a Yuzu, no es algo que me corresponde decir. — Admitió sin un ápice de gracia mientras Rena jugaba con el cuello afelpado de su capa.
—Esa jovencita ha debido soportar mucho todos estos años. — Dijo Isshin seriamente.
—Mucho más de lo que te imaginas, si ella desea contarlo lo hará. —Respondió Ichigo. — ¿Cómo lo descubriste?
—Es una señorita bastante insegura y la forma en que se apegaba a ti me confirmó algunas cosas.
—Ya veo. — Dejo a Rena en el piso, la cual ya se notaba más calmada y comenzó a gatear por ahí.
—En cuánto despierte, almorzara en su habitación. La emperatriz ya dio la orden— Comento el hombre— Y por cierto también ya viene tu boda oficial en Karakura.
—¿Y? —Lo ánimo a continuar.
—¿En cuánto tiempo crees que nos podrás dar un nieto a tu madre y a mí después de la ceremonia?
—Largo. — Le dijo el joven monarca con una vena en la cabeza.
Isshin salió rápidamente con una pequeña sonrisa, había logrado distraer un poco a su hijo de lo que le agobiaba en esos momentos.
Aunque admitía que ya anhelaba un nieto.
Quién sabe lo que diría el futuro, en ese momento era necesario hablar con Yuzu para que le diera una buena disculpa a su hermana política
—¡Laro!— Escucha a Rena repetir la palabra del Emperador. Se le oye contenta.
Ichigo la mira y ésta le devuelve el contacto visual mientras sigue "devorando" el juguete. Sin evitarlo, se le escapa una sonrisa burlona.
—Estas hecha toda una gobernante, ¿No?
Yuzu encuentra a su madre esperándola en el cuarto tal como su padre dijo. La emperatriz la miraba casi con la misma reprimenda que usa con la gente que la subestima o hace enojar. Mayormente son Isshin e Ichigo quienes se llevan ese "regalo".
¿Pero qué les pasa a todo el mundo que se enoja con ella?
—¿Tú también me vas a regañar?
—Solo un poco. — Alza la mano al verla a punto de alegar. Un mensaje silencioso a que guarde silencio. — Toma asiento.
Sabiendo que no tiene escapatoria, la princesa obedece sin mucho ánimo. Se sienta en su asiento favorito, acolchado y forrado en tela gruesa de alta costura. Ideal para sus horas de bordado o tejido. Masaki se sienta frente suyo y la toma del mentón, analizando la herida.
—No ha sido grave al menos... espero que hayas aprendido a no desobedecer lo que te dicen por tu bien.
—No quiero ir al baile así.
—Descuida, con maquillaje se disimula... lo importante ahora es que hables con Orihime.
—¿Por qué todo el mundo se pone de su parte? ¡Hasta Karin me reprendió!
—Porque, Yuzu, te lo he dicho mil veces: no todos tienen la misma suerte que tú. Toda la gente tiene un pasado que las definen como la persona que es hoy... ponte en los zapatos de Orihime y piensa: ¿Por qué reaccionó de esa forma por algo inofensivo?
Yuzu infla las mejillas y agacha la mirada. Claro que no hay motivo, ¿O sí? Es cierto que sus padres le han dicho que valore la suerte que tiene pero eso no tiene sentido con lo sucedido.
—Tengo una idea. — Dice la emperatriz al verla desganada. — Ve a hablar con Orihime, ella lo está pasando igual de mal. Pídele que te ayude a entender y estoy segura que para la hora del baile se abran perdonado a la otra.
—¿Segura?
—Por supuesto.
—Tengo miedo.
—Es normal tener miedo, hay que tenerlo para ser valiente... pero te lo advierto, si no hay una solución para esta noche tendrás doble tarea. — Sonríe.
—¡¿EEEH?!— Grita ante la risita de su madre. —¡Eso no es justo!
—Tómalo como un incentivo.
Orihime despierta a causa de una mezcla de bebé y menta en aroma cerca de ella. Lo primero que ve es a Rena, quien sonríe al verla despertar y suelta un chillido de emoción al mismo tiempo que entierra sus manitas en la cara.
—Au Rena...
—¿Mi reina?— Hinako se acerca a la cama e invade el campo de visión de Orihime. —¿Ya te encuentras mejor?
—Yo... me siento ligera... pero me sigo sintiendo mal. — Se sienta en la cama con Rena en sus brazos. La bebé juega con su pelo entretanto. —¿Cómo llegó Rena aquí?
—El emperador vino hace unos cinco minutos. Estaba algo molesto porque Rena se hizo encima de él. — Sonríe risueña al recordarlo. — Se quería quedar pero debe ya recibir a los invitados y no puede hacerlo con los pantalones oliendo a orina.
A pesar de la situación, la reina suelta una risita al imaginarse su marido con aquel ceño fruncido adorable en lo que entrega a Hinako y a Agatha a la revoltosa Rena.
—No lo vuelvas a hacer. — Reprende a su hermana.
—Lo mejor es que comas algo, debes estar famélica. — Detrás de ella, Agatha asiente en aprobación. —Voy a ir mejor, no me pondrán ni un pero ni atraso. Quédate con ellas, Agatha
—Por supuesto. — Una vez la mujer mayor se fue, la joven criada toma la libertad de sentarse al lado de la reina. —¿De verdad se encuentra bien?
—La verdad... me siento mejor que antes, pero... sigo sintiéndome culpable. Yuzu jamás me lo perdonara y no quiero ser la causa de un pleito entre la familia de Ichigo. Son tan buenos...
—Todas las familias pelean mi reina, no necesariamente al extremo de la suya, pero... pelean. Siempre hay desacuerdos.
—Gracias por querer animarme.
—He dicho solo la verdad. — Le da unas palmaditas en la mano. — No lo digo solo por el juramento a Su Alteza Narue. — Orihime sonríe a sus palabras de consuelo, conocedora ya de lo mucho que Agatha y Narue se amaban. —¿Qué le parece si mientras esperamos a la señora Hinako elegimos el vestido adecuado para el baile?
—No sé si iré... no merezco ir.
—No diga eso.
—¿Cómo puedo presentarme como la esposa de Ichigo si le pegue a su hermana?
—Su majestad no está enfadado princesa, tampoco la emperatriz ¿Por qué duda?
—Aun así no me siento con el valor de enfrentar a la princesa Yuzu, tal vez me odie por lo que hice.
—Eso nunca lo sabrá si no habla con ella y… — Agatha calla un momento.
—¿Qué pasa?
—¿Por qué no deja de sacar conclusiones y le dice directamente el por qué de su reacción? Estoy segura que entenderá.
—Por supuesto que no. — Dijo Orihime firmemente. — La princesa Yuzu no tiene porqué enterarse de esa parte oscura de mi vida.
—Pero así se aclararía muchas cosas.
—Agatha, la princesa es una buena niña, una princesa que ha sido amada y gracias a Mina tiene un entorno lleno de cariño ¿Cómo crees que reaccionara si le digo esto? — Se aclara la garganta. — "Princesa Yuzu lamento mi comportamiento está mañana, pero toda mi vida me habían acosado en el infierno de castillo donde vivía y al que se me acercara a la mínima lo atacaba con una daga"… se va a horrorizar, no lo haré.
—Pero en el baile estarán nobles muy importantes del reino, deben conocer a su futura emperatriz y reina regente de Rikka.
—No voy a ir Agatha, he dicho.
—P-pero yo quiero que vayas. — Se escucha una tímida voz junto a la puerta.
La figura de la princesa Yuzu se asoma por la pequeña rendija de la entrada y la vio avergonzada.
—¡Princesa Yuzu! — Rápidamente Orihime se inclina. — Saludos a la segunda princesa de Karakura, su alteza Yuzu.
—No hagas eso. —Murmura con voz apagada. — Orihime ¿eso es verdad?
—¿A qué se refiere?
—Lo que te pasó en Rikka… lo de escapar y que te acosaban.
Orihime sintió que la sangre abandonaba su cuerpo al escuchar las palabras que salían de boca de su joven cuñada.
—¿Lo escuchaste?
—Lo siento, yo venía para arreglar las cosas y no pude evitar escuchar lo que hablabas con la señora Agatha. — La joven castaña comenzó a jugar con sus dedos.
La doncella se inclino levemente y se retiro, Orihime la vio con sospecha y entendía porque se había quedado en silencio un momento. La doncella había notado a la segunda princesa y había tocado el tema deliberadamente para fomentar que se abriesen ambas.
—¿Es verdad?
—Es que eso es... Complicado. — No quería manchar a la princesa más joven con su lamentable historia.
—¿Pero es cierto?
—Sí. –Admitió con pesar.
—Yo... ¡Yo lo siento mucho! — La pequeña figura de Yuzu se arrojó a los brazos de Orihime y la abraza con fuerza.
–No princesa soy yo la que debe disculparse.
– No es así. –Negó fervientemente la menor de los hermanos Kurosaki. –Debí hacer caso a mi hermano, siempre hay un motivo por el que me advierte las cosas, pero yo lo quise ignorar. –Ahora las palabras de la emperatriz resonaban en su cabeza "No todos nacen con la misma suerte y privilegios que tú Yuzu "… había sido muy ciega, siempre protegida en su pequeña burbuja feliz. – ¿Me perdonas hermana?
—Pero yo fui la que...
—No, lo merecía por asustarte mientras estabas con la guardia baja… de ahora en adelante tomaré en consideración a las demás personas, debí saber que había otros motivos por los que reaccionaste de esa forma pero nunca se me ocurrió…
—Está bien, de verdad. — Le resto importancia.
—¿Pero me perdonarás? — La miro con sus ojos grandes y Orihime titubeó ¿Porque la miraba así? La princesa tenía un gran poder de convencimiento.
–—Es que yo fui la...
—¡No es tu culpa! Y es genial que mi nueva hermana sea tan fuerte, tienes un gran puño. –La halago. – Y bueno ¿Me perdonarás?
Orihime volvió a ver esos grandes ojos brillantes como lunas, suspiro derrotada y sonrío.
—Sí, la perdono princesa.
—¡No me gusta esa formalidad! –Hizo un puchero. –Eres mi hermana ahora, está bien tutearnos.
—Pero…
—Anda hermana Orihime.
—De acuerdo Yuzu. –Sonrió, la carga en sus hombros había desaparecido con esa pequeña charla, pero ella también tendría que trabajar en esas reacciones suyas al momento que se le acercaran.
—Bueno ¿Y qué usarás en el baile?
—No me siento con ánimos.
—¡Pero eres la estrella!
Orihime no tenía forma de negar eso, puesto que era la celebración por la victoria del país de Karakura y su presentación como la esposa de Ichigo.
—Pero no se que usar. —Murmura avergonzada. — No soy buena combinando ropa.
—¡No te preocupes! — Los ojos de Yuzu parecían estrellas brillando. — Me encargaré de todo ¡Hinako, Agatha! — Llamo la princesa, momentos después ambas doncellas entraron a la habitación. — Vamos a trabajar con un poco de prisas, cuento con ustedes.
—Por supuesto, su alteza. — Respondieron ambas.
—Despreocúpate Orihime, me encargaré que luzcas espectacular, todos los hombres van a babear por ti.
La cara de Orihime se tinto de azul al ver las intenciones de su cuñada y las siguientes tres horas se habían convertido en un caos.
El Palacio de la Gloria era conocido por ser el más grande para las recepciones reales, las ceremonias importantes solían siempre realizarse ahí, Ichigo llevaba un traje azul marino con dorado, llevaba múltiples medallas en su pecho, su espada descansaba a su lado y usaba botas altas un poco anchas a la altura de las rodillas. Se encontraba sentado en su trono, una gran silla decorada con varias piedras preciosas y decorada en la parte de arriba con un enorme rubí, varios nobles habían presentado sus respetos hacía su señor y felicitado por su victoria, varios de sus soldados con sus mujeres se encontraban en el lugar, al menos los que no les había tocado guardia ese día.
—El marqués Sado Yasutora y su esposa la marquesa Sado Cristal. — Anuncio el pregonero.
La pareja de marqueses entro el salón, Yasutora usaba su uniforme militar oscuro, también con algunas medallas en su pecho mientras que su mujer usaba un precioso vestido ligero y cruzado en el pecho de color azul con accesorios de zafiro, Lo que hacía resaltar su belleza exótica.
La pareja se dirigió al área cerca del trono y se inclinaron en respeto.
—Saludamos a la espada del imperio. –Hablo el moreno.
—Felicidades por su victoria su majestad.
—Ha pasado un tiempo, marquesa Sado. –Sonrió el emperador.
—Ciertamente su majestad, poco más de ocho meses, en la preparación de la guerra contra Rikka. –Saludo la mujer.
—Ahora que terminó la guerra y no ha estado un tiempo en la capital será bueno verla por aquí más seguido.
—Los círculos sociales amaran cotillear sobre nosotros ¿Cierto cariño?
—Mmm. — Asiente el hombre.
—Vayan a divertirse, disfruten el banquete.
—Escuche que trajiste algo interesante de Rikka. No he conseguido que mi esposo me dé más información al respecto.
—¿Si? —Sonrió renuente el hombre. — Ya lo verás más tarde.
–Nos retiramos entonces, majestad. –Se inclinaron y retiraron para unirse al banquete.
—¿Ichigo? –La emperatriz se acerco con un hermoso vestido color perla totalmente liso con adornos de hojas de tela y algunos cristales por toda la falda.
—¿Qué sucede?
—¿No has visto a Orihime?
—No, pero Yuzu envío un mensaje para informar que asistirían juntas.
—¿De verdad? Quiero verlas ya, conociendo a Yuzu… — Sonrió su progenitora.
—Anunciando a su majestad Orihime Inoue y su alteza Real la princesa Kurosaki Yuzu. — Ichigo se puso de pie de inmediato y se acercó a los portones los cuales se abrieron de par en par, la hermosa figura de Orihime entro por está y los ojos de Ichigo solo podía centrarse en ella.
La reina usaba un hermoso vestido sin mangas ajustado al pecho de color rosado y verde, con mucha pedrería en color verde, azul y rojo, la falda se abultaba con varias capas de tela de diferentes tamaños y la hacía ver preciosa, su cabello estaba semi recogido en la parte media de su cabeza y caía como una cascada por su espalda, el tenía maquillaje la hacía ver preciosa e inocente, mientras que Yuzu usaba un vestido blanco con azul en un estilo similar pero con cristales en el corpiño, solo usaba un prendedor con forma de mariposa en su cabello y se acercó a su padre quien extendía su mano.
Ichigo por su parte extendió su mano y Orihime la acepta con un ligero sonrojo.
—Ya eres preciosa. –Sus labios besaron delicadamente el dorso de la reina– Pero hoy te vez como una diosa.
—Me halaga majestad. — Murmura tímidamente la princesa.
—¿Verdad que quedó muy linda? –Sonrió Yuzu– Me esforcé mucho por ella.
Ichigo pensó un momento y algo hizo clic en su mente, los hombros de su mujer estaban al descubierto.
—Orihime, tus...
—Lo sé, Yuzu ha usado maquillaje y no es fácil de quitar a menos que me bañe, no te preocupes.
Ichigo le devuelve la sonrisa sin importarle la audiencia presente y le ofrece su brazo. Orihime acepta gustosa y caminan por el lugar.
—Imagino que tienes hambre.
—Me siento al borde de la muerte. — Admite apenada e Ichigo vuelve a sonreír.
—No te preocupes, pronto traerán la comida.
Quedando a un par de metros del trono, le dan la espalda para enfrentar a los nobles silenciosos por la curiosidad y el aturdimiento por ver a su gobernante... "suave" con otra persona. Ichigo nota la presión que hace su esposa en el agarre como señal de estar nerviosa, asustada y que debe salir corriendo.
—Ellos no te harán daño. — Susurra bajo, llamando su atención. — No estás en Rikka, sino en Karakura y ellos no te lastimaran.
La nota asentir y disminuir la fuerza del agarre. Solo un poco. Aun le hace presión pero por suerte él no es tan enclenque para sentir dolor o quejarse.
—Bueno, ahora que estamos todos presentes, podemos hablar del motivo de esta reunión. — Ichigo toma la palabra, asegurándose de una manera que la gente supiera que sus ojos no pierden detalle de cada individuo. — Algunos habrán escuchado los rumores que he traído personas de Rikka. Unos dicen que son prisioneros y eso me molesta mucho. — No tiene vergüenza en sonreír al ver la mayoría ponerse tensos y preocupados. — No se preocupen, está noche es para aclarar las dudas. — Baja su brazo que sostiene Orihime y apoya la mano en la espalda baja de la mujer. — Les presento a la Reina de Rikka, mi esposa y su futura Emperatriz: Orihime Inoue.
Tal como se espero, hubo jadeos y gritos de asombro. Miran a su gobernante sin dar crédito a sus palabras y se da cuenta que algunos ven a Orihime con rencor, de seguro molestos de haberle quitado su oportunidad. La reina igual lo nota por la manera en que su cuerpo se tensa.
Ichigo la socorre apegándose un poco más para besarle la coronilla y susurrarle al oído:
—No tengas miedo de ellos, no te lastimaran. Puedes hacerlo.
La ve asentir y dar un paso al frente. Las manos las mueve discretamente en señal de estar nerviosa y que la posición de sus pies es para salir corriendo bajo cualquier sospecha de ataque. Eso le hace a Ichigo imaginar nuevamente cómo habrá sido su infierno en la corte de Rikka y le urge tomarla de la mano, pero se contiene por el bien de ambos.
Con disimulo Orihime tose para aclarar su garganta y luego se inclina un poco en un saludo de cortesía.
—Mi nombre es Orihime X Nozomu Mina Inoue, es un honor presentarme ante todos ustedes, leales mujeres y hombres de Karakura. — Junta sus manos al nivel de su abdomen para dar apariencia de calma. — Como Su Majestad ha dicho, me he convertido en su esposa... pero no deben preocuparse, nos hemos casado bajo las leyes de mi país, a final de este mes, será nuestra boda aquí en Karakura y espero con ansias su presencia y bienvenida.
No tardan en salir los nobles en ponerse de pie en sus asientos y pedir alguna explicación. Había sido tan sorpresivo que Orihime da un respingo y casi sale corriendo pensando que iban a atacarla si Ichigo no hubiese tomado su mano.
—Silencio. — No hacía falta gritar, sus ojos serios y fríos bastan para que obedezcan. — Responderé sus preguntas en la reunión de mañana. Esta noche vamos a celebrar la victoria en la dominación de Rikka y el anuncio de nuestro matrimonio y el futuro nacimiento de una nueva Emperatriz. — Ve a Richiro, de pie cerca de una puerta. — Que lo traigan.
Con un asentimiento, Richiro abre la puerta y de ésta sale dos mozos cargando un trono parecida a la de Ichigo pero con aspecto más femenino.
El trono de la Emperatriz.
Embelesados y aun en negación los nobles no tienen nada más que hacer, solo ver cómo ponen ese trono al lado del de Ichigo, como su gobernante ayuda a la extranjera sentarse y besarle la mano, como se sienta en el propio y da la orden que ya traigan la comida.
—No les agrado. — Es lo primero que dice ella apenas empieza el bullicio.
—Que no te afecte, ya se harán a la idea. — Promete tomando su mano nuevamente
—¿De verdad lo crees? –La tristeza en la mirada de Orihime le rompió el corazón al emperador, si por él fuera quería que Orihime viera solo cosas hermosas y se olvidara de todo lo pasado. Sin embargo eso era más fácil decirlo que hacerlo, eran demasiados años de abuso y dolor, demasiadas heridas emocionales que sanar.
—Lo harán, ellos no te conocen, no saben lo lista y cariñosa que eres.
—Muchas gracias por intentar animarme. –Sonrió suavemente.
—Mi deber como esposo es apoyarte y hacerte sentir bien.
—¿De verdad? –Se río con suavidad.
—Así es y también es mi obligación que tú seas el centro de atención.
—Gracias… por cierto… — Traga saliva, un poco nerviosa de lo que dirá. — No te he dicho un cumplido por lo guapo que te ves esta noche.
La confesión de Orihime trae un sonrojo en las mejillas de ésta y que el corazón de Ichigo se vuelva loco a pesar que su expresión se mantiene tranquilo.
—¿Tú crees?
—Sí, sí… sabía que los aretes te hacen ver varonil. — Ve la mano de su esposo ir al arete rojo que descansa en su oreja izquierda. — Lo estuve pensando desde el campamento y me alegra ver que no me equivoque.
—¿Desde el campamento? — Sorprendido. — ¿Has pensado en mí de esa manera desde mucho antes?
Nuevamente la cara de Orihime se tiñe en rojo, descubierta totalmente, y su única respuesta ha sido desviar la mirada.
La conversación no pudo seguir porque el banquete comenzó en ese momento, después de que se les sirviera en el comedor principal todos los deliciosos platillos tocaron las papilas gustativas de Orihime, quien lanzo un grito emocionada y olvidándose del episodio anterior.
—Está todo muy bueno. — Reacciona la reina regente de inmediato.
—Kirio estará feliz de escuchar eso, se ha esforzado mucho haciendo los platillos que tanto te gustan.
—¿Lo que me gusta?
Orihime vio los platillos y se dio cuenta que eran todos platos que había comido desde su llegada al palacio: patatas dulces, carne de aves y sopas que había saboreado desde que llegó, etc. Su mirada se centro en la mesa de dulces donde vio bizcochos borrachos, galletas y pasteles de mantequilla con diferentes coberturas y pequeños pastelillos rellenos de pasta de judías rojas, su favorito.
—Al parecer te has ganado el cariño de mi cocinera. — Bromeó un poco.
Ella se rió un poco por la ligera broma y el banquete término sin problema alguno, la orquesta comenzó a tocar un vals en ese momento pero era extraño que nadie bailara.
—¿Porque no baila nadie?
–Al ser nosotros los de mayor estatus aquí y los anfitriones, el primer baile es nuestro. –El emperador se pone de pie y extendió su mano a la ojicastaña. – ¿Me permite esta pieza mi lady? – Solicita de forma galante.
—Por supuesto. —Respondió tomando la mano que le ofrecía, las miradas de todos estaban sobre la pareja quien se movía al centro del salón. — Solo que hay un pequeño inconveniente. —Susurro en voz baja solo para que Ichigo escuchara.
—¿Cual? –Pregunto curioso.
—Yo no sé bailar. —Admitió avergonzada.
—¿No bailabas antes? –Algo hizo clic en la cabeza de Ichigo. — Ah, cierto. – Era obvio que ella nunca había aceptado un baile, ya que habrían intentado propasarse con ella y tocarla sin su permiso. –No te preocupes entonces, yo te guiare.
—Te lo agradezco.
Llegaron al centro del salón y la música de la orquesta se avivó, Ichigo se inclino un poco y Orihime hizo una reverencia tomando los bordes de su vestido e inclinándose un poco hacia el frente. La mano derecha del emperador se poso en su cintura mientras que la izquierda tomaba la derecha de Orihime.
—Pon tu mano izquierda en mi hombro. — Le susurró en voz baja cerca de su oído, provocando que una pequeña corriente eléctrica recorriera toda su espalda.
—¿Así está bien? –Pregunto ella poniendo suavemente su mano sobre el hombro del pelinaranja.
—Sí, así está perfecto. — Ichigo comienza a moverse al son de la música, se movía con maestría por el salón mientras coordinaba sus pasos.
—Me sorprendes, ¿Quién te enseño a bailar?
—Cuando era pequeño, mi profesora de modales creía que el príncipe heredero también debía ser el mejor bailarín del imperio.
—Tal vez me pueda enseñar. — Sugiere mientras la hacía girar, las damas la veían con envidia mal disimulada.
—Por desgracia la condesa de Ayakon falleció hace dos años.
—Vaya es una pena. —Admitió.
—En este momento no te estreses por ello, me encargare de... Auch. – El hombre sintió el tacón de la reina enterrarse en su pie, pero mantuvo la compostura.
—Lo siento, lo siento. –Susurro una aterrada Orihime.
—No te preocupes.
—Pero te he pisado.
—Créeme, mis pies han recibido golpes más dolorosos como espadas — Casi se ríe por su mirada llena de pánico. Trata de recomponerlo con un beso en la frente. — Mañana hablaremos de tus clases, ¿De acuerdo?
—Vale. — Murmura al mismo tiempo que Ichigo la hace girar sobre su eje. — Lamento... lamento haberte preocupado el día de hoy.
—Estaba preocupado por ti, de que volvieras a caer… angustiado de que no me dejaras ayudarte.
—Lo siento, es solo que… no quería ponerte entre medio.
Ichigo solo pudo sonreír conmovido, esa mujer puede desmoronarse al tener un estado emocional débil pero aun sigue pensando en los demás.
¿Cómo no…?
… ¿No qué?
Detienen sus pasos apenas la música acaba. La gente empieza a aplaudir por el espectáculo encantador, incluso habían algunas personas que los miraban como cautivados, volviéndose de algún modo admiradores de aquella pareja. Otras, la mayoría mujeres, seguían reacios a lo que la extranjera provoca en su soberano.
Orihime se extraña de lo tenso que se ha puesto a pesar que no lo reflejaba al público. Es curioso cómo ya lo conocía mejor que nadie en todas las facetas.
Bueno... menos en "esa parte".
Se sonroja en solo pensar en lo que le espera en la noche de bodas a fin de mes, su corazón late rápido en una mezcla de nervios y miedo... de pavor.
No es momento de pensar en eso ahora.
—Ichigo, ¿Estás bien?— Murmura bajo mientras vuelven a sus asientos. — Te ves extraño.
—No es nada, solo me distraje un momento... si quieres volver a bailar, solo pídelo y te complaceré.
—No quiero llevarte al altar con los pies triturados — Se atreve a bromear, queriendo disipar sea lo que sea que haya en su mente, y sonríe al conseguir su objetivo y verlo reír.
Los nobles invaden la pista con sus bailes y múltiples colores. Yuzu había salido a bailar con la aprobación de su madre con un muchacho pelirrojo que no se veía muy entusiasta de aquel hobbies. ¡Incluso Karin! Aunque ni ella ni su acompañante de cabello blanco estaban felices de estar en esa pista compartiendo espacio.
—Se que el pelirrojo es Jinta, el sobrino de Lord Urahara... pero…
—Ah, el enano es Toushirou Hitsugaya, es el sobrino del marqués Ichimaru y el único que queda de la casa Hitsugaya.
—Tiene unos ojos hermosos. — Admite Orihime sin pena y sonriendo. — Tan azules... me recuerdan a las montañas heladas en Tsubaki.
Ichigo trata de no molestarle el comentario. ¡Qué ridículo estar celoso de un puberto! Ya es suficiente aguantar el no poder golpearlo porque su madre desea tenerlo de yerno.
—¿Has salido a esa zona de Rikka? Creí que no te dejaban salir.
—Fui una vez... hace unos cuatro años, Narue aun era la heredera y fue para allá con el fin de saber si los rumores de una mina de diamantes era cierto. Ella acepto solo si me podía llevar de criada porque Agatha estaba enferma y necesitaba que alguien la vistiera. Fue raro que mi padre haya aceptado. — Se encoge de hombros. — Ahora que sé la verdad de Narue, me hace preguntar qué fin realmente tenía con ello. ¿Protegerme de un pretendiente? ¿De Eris? Sea lo que sea, igualmente en ese entonces lo agradecí. No solo porque no debía ver a esas víboras, sino que conocía un lugar nuevo... estaba lejos del palacio... y sí, era heladísimo. Las montañas en las zonas de Tsubaki son tan heladas que puedes literal ver tu aliento convertirse en hielo... pero era hermoso. Es hermoso.
Esa sonrisa pequeña pero llena de emoción llena al emperador de felicidad. Le alegra honestamente que su esposa tenga memorias felices, aunque se cuenten con una mano.
Y ahora, que vive con él, se va a asegurar de darle tantos, pero tantos recuerdos felices que perderá la cuenta al décimo intento.
Porque él…
Porque él…
¿Que sentía él? ¿Era lujuria? ¿Deseos de protegerla? No sabía cómo llamar a ese sentimiento que estaba descubriendo, pero estaba ansioso por descubrir las emociones que comenzaban a llenar su cabeza.
—¿Ichigo? –Lo llamó. – ¿Te sientes bien? Haz estado un poco extraño desde hace rato.
—No me hagas caso, solo algunas cosas que llegaron a mi mente.
—Si estás cansado nos podemos ir, a mí no me importa. — Comentó preocupada.
—Tú debes brillar hoy, no nos iremos hasta pasada la media noche.
—Bien, pero si te sientes mal promete que me lo dirás y nos iremos. — Lo miro con sus grandes ojos castaños que le hacían ceder.
—Te lo prometo. — Tomo la mano de la reina y la llevo a sus labios sacándole una sonrisa a la muchacha.
—Lamento interrumpir su adorable momento. — Se escucho una voz burlesca. — Pero quiero dar mis respetos a mi futura emperatriz y no me dejan.
Ichigo sonrío de medio lado al escuchar esa voz, se giro de inmediato y una hermosa morocha de ojos violetas apareció detrás del emperador.
—Rukia.
—Así es, ese es mi nombre. — Dijo con orgullo, alcanzo a ver a la reina quien la vio curiosa. — Bienvenido de vuelta, su majestad. — La joven morocha se inclino levemente. — Es un honor tener al rey zanahoria de vuelta.
—Solo por hoy pasaré por alto tu falta de respeto. — Sonrió de medio lado.
La ojivioleta encara a Orihime y se inclino levemente.
—Saludó al futuro escudo del imperio, la duquesa Rukia Kuchiki se presenta ante su majestad la reina Orihime.
La pobre ojicastaña se quedó en blanco un momento, era la primera dama que presentaba sus respetos a ella como la futura Emperatriz. Desesperada miro a Ichigo quien le susurró al oído, solo para que ella escuchara.
—Puedes levantar la cabeza. — Murmura suavemente.
—Te presento a una de mis amigas de la infancia, Rukia Kuchiki.
—Kuchiki...
—Soy la hija del duque Byakuya Kuchiki y la duquesa Hisana Kuchiki.
—¡Ya recordé! –Exclamo alegre la joven. — Eres la prometida de lord Renji.
—Está usted en lo correcto su majestad. — Sonrió orgullosa.
—¡Hace tiempo que la quería conocer! –Orihime toma las manos de la heredera con ojos brillantes, no pudiendo ocultar su admiración
—¿A mí?
—¡Lord Renji alardeaba tanto sobre usted que me dio mucha curiosidad!
—¿En serio? –Exclamo emocionada sin dejar de notar que no la soltaba
Orihime asintió una y otra vez, noto sin embargo que aún sostenía las manos de la pelinegra y la dejo ir de inmediato.
—Ah, l-lo siento mucho. — Las mejillas de la reina se tiñeron de carmín al notar su grosería.
—No me molesta para nada. —Sonrió sinceramente– Al parecer está vez si has elegido bien Ichi-tonto.
—¿Que quieres decir con eso? — Cuestiono intrigado.
—Quiero decir que al menos no es una mujer hueca que solo ve la silla a tu lado. — Directo y al punto, justo como era Rukia.
Ichigo se escandalizó por esas palabras ya que no quería que su esposa escuchara sobre sus antiguas conquistas. La vio de reojo pero no la notó sorprendida por las palabras de Rukia, estaba muy tranquila a pesar de lo que había escuchado hace un momento.
Recordó recién en ese momento que en Rikka practicaban la poligamia, así que no era extraño para ella oír hablar de otras mujeres, pero por algún motivo se sentía avergonzado.
Curioso, nunca le había dado pena presumir sus amoríos hasta ese día.
—Rukia. –Alarga la última letra de su nombre en advertencia.
—Nunca pensé que llegaría este día. — Sigue como si no lo hubiera oído. — En que sentaras cabeza. ¿No siempre alegabas que para que casarse si puede tener a más de una?
—Pero Ichigo no necesita ser soltero para eso, ¿No?— Pregunta Orihime con sincera curiosidad. — Es el emperador de un imperio, tiene derecho a disfrutar los placeres sexuales con el fin de no morir por estrés.
La duquesa pierde un poco los cabales, le había sorprendido que hablase con esa naturalidad de aquellas cosas. En cambio Ichigo tenía que ocultar su vergüenza con su copa de vino.
—¿Acaso te casaste con ella porque no te molestara en que deshagas de tus amantes?
—¿Por qué haría eso?— La joven reina la ve horrorizada. — Esas mujeres no se merecen eso y son fundamentales para un matrimonio feliz, en especial en los de la nobleza.
—Orihime, tengamos esta conversación en otro momento.
—¿Por? — Lo mira fijamente, desarmándolo otra vez. — Es un asunto importante. Es más, me preocupa mucho. — Nota que la miran sin comprender y eso la molesta un poco. ¿Acaso no ven lo obvio? — Ichigo, estas frustrado sexualmente.
El emperador abre la boca queriendo reprochar su comentario sin filtro. Incluso tiene deseos de golpear algo o a alguien por la manera burlesca en que Rukia lo ve. ¡No lo va a pasar por alto hasta que se muera uno de los dos! Siente que su cara arde y lo disimula con un discreto ataque de tos.
—¿El titán que no conoce el descanso no ha trabajado?— Se burla la mujer.
—Cállate. — Sisea con mirada asesina. ¡Al diablo! Iba a decapitarla.
—No ha tenido relaciones sexuales desde que nos casamos. — Lo normal a eso debería halagarla, pero en realidad la horroriza de preocupación. — Antes lo deje pasar porque estábamos viajando de vuelta a Karakura y Meninas ya no estaba con él para cuidarlo en donde yo no puedo. Pero ya llevamos días aquí y no ha llamado a ninguna de las cortesanas.
—Espera un momento. — Aunque todo esto le divierte, Rukia tiene que pararla y así tomar más tiempo en procesar lo más importante. — ¿Ichigo no ha tenido sexo con nadie desde que se caso?
—Rukia, vete. — Ordena Ichigo pero nuevamente lo ignoran.
—¿Ni siquiera contigo?
—No. — Responde Orihime con tranquilidad. — Ichigo quiso esperar a que estemos casados con las reglas de Karakura. — Sonríe. — La verdad es que quiere cuidarme, por eso quiero cuidarlo también, llevándole una cortesana. ¿Sabes cuál es su favorita después de Meninas? La puedo ir a buscar.
—Basta, es suficiente. — Ichigo pone más autoridad en la voz. — Se acaba este tema.
—¿Por qué? Se estaba poniendo divertido. — Dice una nueva voz. Es nada menos que la marquesa Sado. — No todos los días escuchamos que su majestad se encuentre… "frustrado".
—¿Verdad?— Apoya Rukia tomando a Cristal del brazo. — Hasta hace que le perdone que me haya robado a Renji y aplazar la boda.
Cristal se ríe con el abanico ocultando su rostro para disimularlo al ojo público y ve a Orihime, notándola entre curiosa y preocupada. Pobrecilla, sabe por experiencia personal lo difícil de ser extranjera en una Corte llena de víboras, independiente de contar con la amistad de la familia real desde pequeños.
—Es un honor saludar al futuro Escudo del Imperio. — La morena se inclina levemente, enseñando sus respetos a la futura Emperatriz. — Cristal Sado se presenta ante su Majestad.
—Mucho gusto. — Susurra Orihime sin evitar la timidez, su reacción hacia los extraños era muy cautelosa, aun con Ichigo a su lado. — Tiene el apellido del marqués Sado.
—Eso es porque soy su esposa. — Sonríe, Orihime nota el orgullo de esa mujer por ser la compañera de aquel soldado de dos metros que la acompañaba en el campamento a veces y que apenas decía un simple hola. — Soy la marquesa Cristal de la familia Sado.
—Oh, no lo sabía. — Preocupada de haber metido la pata.
—No se preocupe por eso, mi marido tiene un corazón enorme pero es más callado que un muerto. — Bromea risueña, no había malicia en sus palabras. — ¿Quisiera venir un momento con nosotras su majestad?
—Ummm… — Orihime miro dudosa a Ichigo.
—Anda ve. — La ánimo un cansado Ichigo. — Creo que no puedo oponerme a tres damas si quieren hablar de cosas de mujeres.
—Pero la fiesta...
—Orihime, está bien que socialicen con otras damas. — Le sonrío para sorpresa de Rukia y Cristal, Ichigo era conocido por ser indiferente incluso con sus acompañantes. — Debes comenzar a abrir un círculo de amistades ¿Comprendes?
—Sí. –Se encogió en su lugar con las mejillas rojas. — Si me disculpas entonces iré con las damas un momento.
Cristal y Rukia se colocaron una a cada lado de la joven.
—La cuidaremos bien su majestad, no se preocupe. — Hablo Cristal.
—Sí, no es como si fuésemos a darle ideas de cómo molestar a su esposo o algo así. — Se burló Rukia.
—¡Rukia! –Su reclamo no fue escuchado pues ya ambas jóvenes se retiraban tranquilamente a un pequeño rincón.
—Cuando tres mujeres se juntan hay que tener miedo. — Se escucha una voz tras él.
Ichigo se giro y se encontró cara a cara con un joven alto, de cabello negro azulado y ojos de un color parecido, el príncipe Ishida Uryuu, heredero del reino Quincy y su primo por lado materno.
—Ha pasado un tiempo Ishida.
—Poco más de dos años, sigues viéndote igual de tonto.
—Y tu igual de imbécil ¿Aún no puedes ver si esos cristales en tu cara?
—¿Y tú sigues usando esa peluca naranja en tu cabeza?
El silencio inundó el aire alrededor de los dos hombres y poco después sonrieron.
—Es bueno verte ¿Cómo ha estado todo en Quincy?
—Ha ido todo en paz, algunas rencillas en una capital que se tomó hace un año pero todo bien. –Le resto importancia el joven– Me ha sorprendido bastante el anuncio de que te casaste, nadie lo esperaba.
—¿Tan difícil es verme con pareja?
—Bueno como cambiabas de pareja como te cambias los zapatos estábamos todos un poco escépticos ¿El adicto a las damas por fin sentó cabeza? Es algo digno de ver.
—Pues vete acostumbrando. — Uno de los sirvientes se acercó e Ichigo tomo una copa que le ofreció.
—Supongo que debe ser buena en la cama para haberte atado.
—Para nada, no me he acostado con ella. — Ahora sí el ojiazul lo vio genuinamente sorprendido. — ¿Qué? — Hizo una mueca.
—No, nada. — Parpadeo aún sin creérselo.– Es que generalmente eres el tipo que gusta probar la mercancía antes de comprar, así que pensé...
—Pues pensaste mal. — Gruño molesto.
—Creo que mi primo está interesado genuinamente en alguien.
—Cállate.
—Es la reina de Rikka ¿Qué pasará con su reino?
—Mañana daré la explicación en la reunión de nobles, puedes ir si quieres.
—No me lo voy a perder por nada, será un buen espectáculo.
—¿Espectáculo?
—Ya quiero ver las peleas de los nobles por tu nueva esposa.
Ichigo sonrío al tiempo que dio un sorbo a su copa, para él también sería divertido burlarse de la nobleza.
