Capítulo 15: Otra clase de batalla.

En otro lugar del salón las dos jóvenes veían curiosas a la reina, no era presuntuosa o egoísta como las mimadas amantes y princesas que Ichigo había seducido antes.

—Muy bien ya que no hay testosterona de cabello naranja cerca podemos hablar sin formalismos ¿Cierto majestad? — Pregunto Rukia emocionada.

—Sí. — Las defensas de Orihime seguían un poco altas, sin embargo las damas llamadas Cristal y Rukia la veían de forma amable lo que la hizo relajarse un poco.

—Debe sentirse intimidada, no se preocupes por nosotras conocemos al emperador desde que éramos pequeños.

—¿Son amigas de Ichigo? — Hablo emocionada.

—Así es, podrías decir que somos amigos de la infancia. — Sonrió cristal quién no paso por alto el hecho de que llamo a la gran espada del imperio por su nombre.

—Simplemente quedamos encantadas por la forma en que se comportó el emperador por sus palabras majestad, usted es mi héroe. — Se río la ojivioleta.

—Pueden llamarme por mi nombre, no me gusta mucho la formalidad. — Pidió amablemente la pelinaranja.

—¿Qué? ¿Está segura? –Pregunto Cristal incrédula.

—Sí, por favor. — Solicito la reina amablemente.

—Dalo por hecho entonces. —Sonrió Rukia en complicidad. — A cambio tendrás que llamarnos por nuestros nombres.

—¿Si? — Pregunto dudosa la reina.

—Por supuesto, es normal que si nos pides tutearte, tú también lo hagas. Somos amigas ahora ¿No?

—Amigas… — Susurra Orihime mientras sonreía levemente, las dos nobles no lo sabían pero para ellas eran las primeras amigas que tenía en su vida. Después de Tatsuki, obviamente. — Sí, lo somos.

—Y allá van los hombres. — Susurro Cristal.

—Cristal, tú es la esposa del marqués Sado ¿Cierto?

—Así es, hace dos años que estamos casados.

—Aun me estoy preguntando porque no tienen hijos aun — Se mete Rukia pícaramente.

—¡R-Rukia! — Cristal la mira abochornada.

— Mira que la condesa Urahara ya te gano.

—¡Esto no es una carrera!

—Te tengo envidia ¡Yo no he podido casarme con Renji por culpa del tonto de Ichigo!

—La guerra ya terminó, así que se podrán casar pronto. — Trato de calmarla Orihime.

—Eso esperó o le daré una patada en los testículos a tu marido si se le ocurre enviarlo lejos otra vez. — Hablo sádicamente.

—Lo convenceré si trata de hacerlo, no te preocupes.

—Él no me fue infiel en la guerra ¿Verdad? — Pregunto ansiosa.

—Claro que no, él no paraba de hablar de su prometida y también estaba molesto por estar en la guerra y retrasar su boda más tiempo. — Lo defendió la ojicastaña.

—Que bien, pero si le encuentro que me engaño con otra lo castro. — Exclamo con seriedad mientras alzaba el puño.

—Pero tú eres la que sufriría si haces eso. — Le recuerda Cristal, ahora es su turno de sonreír con picardia.

—Uhhh… — La morocha no puedo negarlo. — Pero yo soy suficiente para tener a mi hombre atado sin necesidad de una amante.

—¿Pero no necesitan los hombres una amante al menos? Creo que es necesario. — Las mujeres miraron a Orihime extrañadas.

—Orihime, no sería muy cómodo el compartir a mi hombre con otras.

—Pero hay veces que las amantes ayudan para tener a nuestros maridos satisfechos — Ladea la cabeza inocentemente. — ¿No?

Rukia iba a decir algo pero Cristal le hizo una seña para que no dijera nada.

—Ah y ya que hablamos de esto y no se encuentra Ichigo ¿Saben dónde puedo encontrar a una de sus cortesanas favoritas? — Se oía tan seria, incluso su cara revela que habla en serio. — Estoy preocupada por lo que le pueda pasar ya que no ha tenido relaciones en un tiempo y es necesario que se desahogue.

—Orihime. — La llamo Cristal seriamente. — Se que vienes de otro país donde la poligamia es aceptada pero no es así en Karakura.

—Ah… yo… — Murmuro avergonzada.

—No lo digo para hacerte sentir mal. — Corrigió rápidamente la ojiazul.

—Lo que quiere decir Cristal. — Interrumpió Rukia. — Es que deberías tener cuidado con esos comentarios en público.

—Pero me preocupa Ichigo.

—Lo sé, pero será tu deber de esposa el satisfacerlo, no una amante.

—¿Y si no lo logro? — Ellas no tenían que saber sus antecedentes, pero se notaba que su esposo era un hombre apasionado y ella era una pobre virgen inexperta. — Por eso quería que me informarán de alguna cortesana para que me ayudase a satisfacer al emperador, posiblemente yo no pueda hacerlo.

—Pero mujer ¿No has visto como te ve ese hombre? — Rukia la mira, incrédula.

—¿El cómo me mira?

—Te ve como si fueras su todo.

—La verdad no creo que él piense en tomar una amante. — Agrega Cristal a la frase de Rukia. — Si te eligió como esposa él es el tipo de hombre que te respetará hasta el día en que mueras.

—¿De verdad? — Le costaba aceptarlo, toda su vida en un país donde los hombres podían tener varias esposas era lo normal para ella.

—Entendemos tu situación, pero debes darte cuenta que tus palabras y costumbres pueden ser tomadas por oportunistas.

—¿Que oportunistas?

—Las veo aquí conversando muy cómodas y me excluyen. — Una voz animada ingreso en la conversación antes de dar tiempo a responder.

—¡Condesa Urahara! –Exclamaron las jóvenes sorprendidas.

Yoruichi Urahara de soltera Shihouin, había sido la heredera de su casa, pero al conocer al conde no dudo en dejarle el título a su hermano para casarse con el amor de su vida. Según ella, había sido "amor a primera vista" y su vientre demostraba lo mucho que se amaban.

—Es un honor saludar al futuro escudo del imperio. — Hablo la mujer.

—No se preocupe, no se incline por favor. — Le pidió la ojicastaña. — En su estado debe ser muy incómodo.

—Pues la verdad es que sí, agradezco su comprensión majestad. — Sonrió la morena de ojos dorados. — Escuche su conversación y no pude evitar querer unirme.

—Adelante por favor. — Hablo Rukia.


—¿Tu mujer quiere que tomes una cortesana? — Pregunto un sorprendido marqués Sado.

—Bueno, mentiría si dijera que no me lo esperaba. — Renji se había unido a la conversación. — Con el tipo de país que es Rikka, ella debe estar acostumbrada a ver muchas esposas para un solo hombre. Debe creer que es igual en todas partes.

—Tu mujer peca de inocente Kurosaki. — Lo llamo seriamente el peliazul. — Si no le explicas lo que podría pasar…

—Ya lo sé, lo hablaré con ella más tarde. — Asumió el emperador masajeándose la parte posterior del cuello.

—La nobleza no está contenta con tu matrimonio con una extranjera.

—Pues yo soy el Emperador y me caso con quién yo quiera.

—Sí, siempre y cuando no afecte al imperio. — El conde Urahara aporto su opinión.

—No afecta en nada y tú ya sabes los términos que se acordaron en Rikka. — Reclamó el emperador.

—Lo sé, lo sé. — Murmuro nerviosamente.

Ichigo miro a Orihime, la condesa Urahara le decía algo y ella la escuchaba con atención mientras que por momentos se ponía roja.

—Parece que la futura emperatriz está haciendo amistad. — Agrego Renji.

—Eso espero, pero me preocupan esas amistades.

—¡Hey! — Exclamaron los maridos y prometido de las damas.

—Admitan que sus esposas y prometida. — Observa a Renji. — Son casos muy especiales, y de la nobleza me encargaré yo.

—Miro a lady Rossi que te mira con cara de enamorada. — Agrego su primo.

—Pues que vaya a conseguir a alguien que la quiera.

—Creo que lo que quiere es ir a tu cama. — Le dijo su primo sin tacto. — Con eso de que te acostaste con ella poco antes de la guerra…

—Jamás le prometí nada, le advertí que no se hiciera ilusiones conmigo y era algo sin compromiso. — Murmuro fríamente, lo único que le importaba era su esposa en ese momento.


—Entonces ¿Dicen que pueden intentar engañarme? — Pregunto sorprendida la reina

—Los países cambian, pero la política es igual. — Dijo Yoruichi sabiamente, su conducta ya se había ganado el respeto de Orihime y esperaba ser como ella o Masaki algún día. — Siempre es un juego de poder y si tú dices cosas como amantes en público te podrían usar para escalar, incluso quitarte de en medio para tener el lugar a la izquierda del Emperador ¿Entiendes?

—Sí. — Respondió seriamente la reina, debería cuidarse de la nobleza y la aristocracia.

—Y ahora lo importante y muchas queremos saber. — Miro pícaramente a la reina. — ¿Cómo es?

—¿Qué? — Pregunta Orihime sin entender.

—Se refiere al "amigo" de Ichigo ¿De verdad es tan grande como dicen? — Específica Rukia curiosa y divertida por la reacción de la reina.

—N-no lo sé.

—¿Nunca lo has visto? — Pregunto Yoruichi desconcertada. — ¿Ni por accidente?

—No… el siempre tuvo cuidado de que no lo viese en alguna situación incómoda, fue muy caballeroso y desde el principio el fue muy amable conmigo.

—Mmm, ya veo… caballeroso. — La condesa se tocó la barbilla pensativa mientras sonreía. — Va a ser divertido.

—¿Qué cosa? — La pelinaranja se queda extrañada.

—Creo que pronto lo sabrás en carne propia.

—¿Si?

—Créeme que así es, te darás cuenta tarde o temprano y también ese emperador nuestro por allá, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Cristal lo entendió de inmediato al igual que Rukia. Tendrían que ir al palacio imperial más seguido a partir del día siguiente, ya que iban a pasar cosas interesantes de ahora en adelante.


El baile imperial termino sin mayores contratiempos, como dijo Ichigo se retiraron pasadas la medianoche y la fiesta siguió hasta altas horas de la madrugada. Eran cerca de las diez cuando Ichigo se levantó y se arregló para ir a la reunión de nobleza y aristócratas en su tercer estudio donde había una gran mesa para que los representantes de cada casa noble pudieran sentarse, antes de que llegaran el emperador reviso algunos pendientes y puso su sello a otras solicitudes, había querido saludar a Orihime antes de ir al salón pero tenía el tiempo justo y además tenían que hablar de los aspectos que ella no debía decir en público.

Eran cerca de las doce cuando los nobles y aristócratas fueron entrando a su estudio y tomaron asiento, cuando el conde Urahara entro último sabía que estaban todos y tomó la palabra.

—Agradezco a todos que hayan podido venir a esta reunión. Como ya saben hemos ganado la guerra contra Rikka… y fue todo gracias a la Quinta Princesa. — Su mirada afilada vio a aquellos que querían hablar. — Aunque el país está bajo nuestro poder hubo algunos inconvenientes que se arreglaron con la reina Orihime.

—¿Pero porque desposar a una princesa sin reino majestad? Es inútil. — El barón Moritz se puso de pie molesto.

—A eso voy cierre la boca y siéntese barón. — Dijo fríamente. —Es verdad que tomamos Rikka, sin embargo su princesa era alguien muy valiosa para el pueblo y ella es quién les ayudo de todas las formas posibles. — Dijo con orgullo. — Por lo tanto Orihime será solo Reina Regente, las decisiones políticas y demás temas importantes serán controlados por Karakura, será parecido a una Virreina. La familia real de este país ya no existe solamente queda mi esposa y ella pronto será su Emperatriz, espero que le den el debido respeto que se merece.

—Majestad, sin ofender pero una Emperatriz extranjera es…

—Les recuerdo que mi madre es de otro país y ha realizado sus labores perfectamente sin afectar a Karakura. — Lo miro enfadado. — Lo que sucede con usted y la mayoría de personas aquí presentes es que deseaban meterme por los ojos a sus hijas o parientes femeninas para que tomara el puesto de Emperatriz, ¿Me equivoco?

—Majestad. — El conde Kerenian se puso de pie. — No es eso, lo que pasa es que sentimos que había otras personas más preparadas para el puesto. Esa joven…

—Esa joven es tu reina, así que cierra la boca. — El aura furiosa de Ichigo fue notada por varios e instaron al conde a sentarse nuevamente. — La reina es lista, estoy seguro que pronto podrá ponerse al día con la etiqueta y el trabajo que conlleva su puesto, no se atrevan a minimizarla solo porque ustedes estúpidos ambiciosos anhelan un puesto que jamás iban a tener, cuenta con mi aprobación y la de la familia imperial ¿Alguien más tiene objeciones? — La amenaza implícita estaba en el aire: si tocan o insultan a la reina, morirán. Así que nadie más se atrevió a hablar. — Muy bien, pasemos al siguiente punto.

—La segunda ciudad más grande de Rikka, Hinagiku, no tiene quien la dirija, Majestad. — Hablo el primer ministro mientras entregaba algunos informes.

—Es un punto estratégico y hay varios caminos que conectan con Fullber y SeaWitch. Debo considerar a alguna de las familias presentes para encargarse del lugar. — Las voces de los nobles comenzaron a escucharse y dar opiniones sobre el territorio mientras que Ichigo analizaba a quien debía mandar. Finalmente decidió enviar a la familia Kojima por su excelente historial militar para con el reino. — Quiero escuchar los reportes de sus territorios.

—En el territorio del marqués Cossius ha habido ataques recientemente.

—¿De algún país?

—No estamos seguros, parecen ser mercenarios.

—¿Hay algo en el marquesado que pueda llamar su atención?

—No ha habido nada extraño… pero ahora recuerdo que se encontró una pequeña mina en las montañas nevadas.

—Tal vez algo que escondieron ahí… averigüen que es y repórtelo de inmediato. No sabemos si escondieron algo o si en esas minas hay algo valioso.

—Nos falta equipo para explorar, Su Majestad. — Hablo el marqués.

—El palacio les proporcionara hombres y equipo para ese fin, pero deseo un informe detallado en dos meses.

—Si majestad. — Respondió el hombre.

El resto del día se la pasó en reuniones y demás audiencias, se preguntaba cómo estaría yendo a Orihime.


Orihime se encontraba en ese momento en la pequeña sala de su habitación con su cuñada Karin y la archiduquesa Shiba, charlaban animadamente de cualquier tema que les llame la atención, incluso Karin participo contenta de que le dejasen hablar de caballos y de sus planes en irse a uno de los países pequeños del reino y criar equinos en el campo.

Una doncella toca para anunciarse y entra a la habitación. Se detiene frente a las tres mujeres y les obsequia la respetuosa inclinación que corresponde.

—Su majestad, tiene una visita. — Habla de forma respetuosa.

—¿Una visita? — Dijo extrañada al igual que Miyako.

—Así es, dijo que era el diseñador de su vestido.

Orihime recordó en ese momento al extravagante hombre y sonrío levemente.

—Muy bien, hazlo pasar.

La doncella se inclina en respeto otra vez y se retira. Unos minutos después Charlotte entraba en la habitación usando un traje azul y su cabello lo había recogido en una coleta baja

—Es un honor saludar a su majestad, la reina Orihime. — Saluda el hombre.

—Bienvenido Lord Chulhourne, estaba esperándolo uno de estos días, pero no esperaba que fuera tan pronto. — Admite la pelinaranja con una sonrisa.

—Como lo pidió, he traído los bocetos de su vestido y algunas muestras de tela que me di la libertad de traer conmigo para que elija el más adecuado a lo que desea. — Una pareja de hombres cargaban maniquíes y varias cajas junto con un gran baúl lleno de dichas telas. — Y estas son las propuestas mejoradas con el diseño que hizo. — Deja ocho hojas con bocetos de vestidos sobre la mesa.

—Son todos preciosos, la archiduquesa hizo bien en recomendarlo. — Halaga la ojicastaña.

—¿Verdad? Te dije que era muy bueno. — Se río levemente la pelinegra, los gemelos tenían lecciones en su mansión así que se había ido al palacio para pasar un rato ameno con Orihime.

Las doncellas entraron con un carrito que llevaba té caliente y varios postres; después de tomar un refrigerio se pusieron manos a la obra para elegir la tela y un diseño que se ajustaba a lo que Orihime quería. El diseñador estaba tan emocionado que se comprometió a tenerlo listo antes del mes, incluso comentó que trabajaría veinticuatro horas seguidas en una semana para poder tenerlo listo, a lo que Orihime le pidió que no se sobre exigiera mucho.

Fue cuando Charlotte se retiraba junto con lady Miyako y Karin que Ichigo apareció en la habitación para saludarla.

—¿Cómo has estado? — Pregunto acercándose a ella y besando su frente.

—Bien, he elegido mi vestido de novia.

—Lo que sea que te pongas se que lucirás preciosa.

—¿Tú crees?

—Por supuesto, me atrevo a afirmarlo y por cierto vengo a hablarte de algo importante.

—¿Qué es?

—Habías dicho que aprendiste modales básicos y tú aprendizaje fue autodidacta. — Comenzó él.

—Así es. — Respondió confundida.

—Te asignare a Shiba Miyako como profesora de etiqueta.

—¡¿En serio?! — La conocía pocos días, pero al verla, la reina pensó que le gustaría ser alguien tan tranquila y elegante como la archiduquesa, así que la noticia de que sería su tutora la ponía muy feliz.

—También necesitas aprender a administrar tu país, así que mi primo puede enseñarte cómo hacerlo.

—¿El archiduque Kaien?

—Sí, es un poco estricto pero es un muy buen maestro.

—Me gustaría mucho. — Dijo feliz cruzando sus manos bajo su barbilla. — ¡Ya quiero empezar!

—Necesito notificarle a ambos, lo más probable es que en una semana puedas comenzar. — Le informo. — Los conozco bien y si les agradas es difícil que digan no.

—¡Muchas gracias! — Se arrojó al pecho del hombre quien recibió el brazo con una sonrisa.

Una vez más el aroma de Orihime lo embriaga e inhala profundo. Le responde el abrazo y le besa la frente nuevamente, llamando su atención y que sus miradas se crucen.

Joder, como quisiera cargarla en sus brazos, llevarla a su cuarto y no salir hasta la cena. Quizás más.

El cerebro le recuerda que debe concentrarse, que aun hay otro tema que hablar.

—¿Qué ocurre?— Su dulce voz pareciera que lo hechizara. — Te ves agotado.

Incapaz de resistirlo, se inclina y le roba un beso, olvidando que debe avisarle primero para no asustarla. Pero ella no se asusta ni echa atrás, dispuesta le devuelve el beso, torpe tratando de seguirle el ritmo, mientras sus temblorosas manos se aferran a la prenda del emperador o se caería.

—Orihime. — Se le escapa al hombre apenas se separan por falta de aire. La voz le sale ronca por el deseo y se oye... suplicante, como un devoto siervo a su Dios que le pide salvación. — Orihime... — Repite, ansioso mientras sus labios rozan el cuello níveo de su esposa.

Ese tono de voz había colado tan hondo en Orihime que no solo su cuerpo reacciona con un temblor... ¿De placer?, también su boca no evita un pequeño gemido que de seguro su diosa definiría de "necesidad". Amada Mina, ¿esto es tener genuino deseo de placer?, piensa mientras se pierde en las atenciones de su esposo en el cuello y en cómo la aprisiona a su cuerpo varonil. Que le hable en ese tono le hace pensar en la Duquesa Rukia, sobre su comentario a que Ichigo la ve como "su todo". ¿A eso se refería? ¿Por esto es que no quiere Ichigo escuchar un comentario sobre las cortesanas? ¿Por qué no se ve capaz de sentir o ver de aquella manera a otra persona que no sea ella?

—Ichigo... — Jadea apenas los dientes del hombre trabajan sutil en la unión de cuello y hombro. Se da cuenta que había provocado que él gruñera en respuesta y... que se active abajo. — Ichigo... alguien podría... — Las manos de su marido le presionan el trasero y debe morderse el labio o iba a gemir de nuevo. — venir. Alguien podría venir.

Lo escucha gruñir nuevamente y tomando impulso la suelta, incluso alzando las manos, y se aparta unos centímetros mientras maldice su vulnerabilidad. Orihime, más roja que un tomate, agacha la mirada y torpemente se arregla el pelo.

—Lo siento. — Murmura ella.

—¿Por qué te disculpas? No has hecho algo de gravedad para ello. — Ichigo la agarra del mentón con el fin de volver a encontrarse visualmente. — Yo debería disculparme por haberte agarrado de esta manera en público y sin avisarte.

—Pero eres mi marido.

—Exacto. Soy tu marido, no tu dueño. — Sonríe. — ¿No es eso lo que dice tu Diosa?

Orihime le devuelve la sonrisa, alagada que recuerde sus conversaciones y que sea así de considerado sabiendo sus inseguridades. Tomando un poco de valor, se pone en puntillas y le da un beso corto y rápido en los labios.

—Gracias. — Dice ella tomando sus manos. — No he tenido otros maridos para comparar pero afirmo igual que eres el mejor de todos.

—Me siento honrado. — Besa sus nudillos. Se centra su mente otra vez en el motivo de su llegada. — Tomemos asiento, quisiera hablar contigo de algo.

Extrañada y curiosa al mismo tiempo, ella mueve la cabeza en aceptación y se deja guiar y ayudar a sentarse. Ichigo agarra la elegante silla que Miyako había usado momentos antes y la mueve para sentarse al lado de Orihime.

—Orihime, lamento si suena feo de mi parte pero debes dejar de hablar públicamente sobre lo de las amantes.

—Sí. — Ella asiente mientras muerde su labio, preocupada. — Ya me contaron de eso.

—¿Sí?— Frunciendo el ceño.

—Cristal, Rukia y la condesa Yoruichi... ellas me advirtieron que la gente podría usarme para acercar a sus parientes a ti y hacerme a un lado. — Su sonrisa habla de agotamiento. Mira el plato frente a ella. — Es curioso, esperaba una diferencia pero tu Corte no es distinta que la de Rikka durante el gobierno de mi padre, la diferencia es que al menos en Rikka no eran hipócritas. — Inhala hondo. — Es de otra manera pero deberé seguir cuidándome las espaldas.

Ichigo suelta un gruñido, diferente al lleno de pasión momentos antes, éste es como un león a punto de matar. Orihime lo ve y nuevamente está rodeada por él, con un brazo la apega a su cuerpo.

—Ellos no van a lastimarte ni insultarte... no van a poner ni un dedo encima de ti sin correr el riesgo que los torture por la eternidad

—Pero no quiero seguir abusando de ti.

—No importa, abusa de mi... rómpeme, haz lo que quieras. El poder es tuyo.

Ella lo mira en silencio, sorprendida y preguntándose por qué su corazón late fuera de control.

—Eres demasiado bueno conmigo. — Acaricio la mejilla del monarca aún con su traicionero corazón latiendo a mil por hora y el pelinaranja se restregó en su mano buscando su calor, como si fuese un gato buscando cariño lo cual le saco una leve sonrisa.

—Te lo dije ¿No es así? — Le dijo casi ronroneando en su oreja. — Te prometí que iba a protegerte y pienso cumplirlo.

Orihime se sintió inquieta al sentir el cálido aliento del hombre sobre su piel, lo sintió besar la base de su cuello y no pudo evitar suspirar para satisfacción del hombre.

—Orihime… — La miro a los ojos y la beso nuevamente, primero suave y el beso poco a poco volvió a subir de intensidad, la reina pudo sentir las manos de su marido subir a su espalda y bajar lentamente, fue ahí cuando su mente se iluminó y la bruma del deseo comenzó a bajar.

—E-espera... Ichigo… — Susurro con voz suave cuando lo sintió besar sus hombros.

Ichigo se detuvo de inmediato al sentir como se tensaba y quiso golpearse en la pared varias veces, debió asustarse por sus repentinos avances ¡Pero la piel de la pelinaranja reaccionaba tan bien bajo sus dedos!

—¿Estás bien? ¿Te he incomodado? — Le pregunto preocupado.

—No es eso… — Susurro en voz baja.

—¿Te duele algo acaso?

—No es eso... no me sentí incómoda con lo que hiciste. — Admitió con una pequeña risa.

—¿Entonces qué fue lo que pasó?

—Si… si vamos a hacer "eso"… quisiera que fuera cuando no haya luces. — Se sinceró.

—¿Por qué? — Preguntó extrañado.

—No quisiera que te llevarás una decepción de mi parte por las cicatrices. —Admitió con dolor. — Se que no soy muy atractiva y no quiero que te sientas incómodo viendo todas esas marcas horribles.

—Orihime. —Tomo la mano de la reina y llevo los nudillos a sus labios. — Tu jamás me decepcionarías.

—Yo...

—Yo te acepto con tus cicatrices, no me importan… pero esperaré solo por ti. —Le sonrío. — Cuando te sientas cómoda y estés segura daremos el paso, te daré todo el tiempo que necesites

La reina tenía ganas de llorar, Ichigo había sido increíblemente comprensivo y lo agradecía enormemente.

—Gracias.

—¿Porque?

—Por todo. —Tímidamente se acercó y le dio un pequeño beso en la nariz, sacándole una sonrisa a su marido. — Solo soy una princesa abandonada que tuvo la enorme suerte de encontrarlo… encontrarte. — Corrigió lo último.

—Destruiré todo un país si tú me lo pides.

—No es necesario llegar a ese extremo. — Se río suavemente cuando su pareja retomo la palabra.

—En cuanto a los nobles me encargaré personalmente, no te preocupes. — Dijo seriamente. — Si no respetan a quien he elegido como mi emperatriz les enseñaré a hacerlo a la fuerza.

—Está bien, a diferencia de Rikka solo debo cuidarme las espaldas de otra forma, no los castigues por favor. —Le suplico con una sonrisa. — Y no vayas a mandar a gente de las Fuerzas Especiales para asustarlos. — Le dijo seriamente.

—Yo no he pensado en nada. — Dijo inocentemente.

—No me mientas. —Hizo un puchero.

—No puedo prometer nada querida esposa. — Respondió simplemente. — Hare lo que sea por tu bien. — Le dijo con total sinceridad.

¿Cómo podía decirle palabras tan dulces y hacerla suspirar como una chiquilla? Se sentía como si tuviera cinco años y pensara en los cuentos de hadas que Ellie le contaba, esos que creyó eran solo una absurda fantasía.

—Debo volver al trabajo. — Comenta Ichigo con fastidio. — Tenía unos minutos libres y quería verte antes de entrar a mi siguiente ronda de reuniones.

—Por favor no te sobre exijas. — Le pidió. — El imperio es importante, pero si su monarca cae ¿Qué pasará con su gente?

—¿Estás preocupada por mí o por mi pueblo? — Preguntó en broma.

—¿No puedo preocuparme por ambos? — Comento sorprendida ¿Acaso se habrá sentido ofendido?

—Claro que puedes. — Se río un poco. — Solo bromeaba un poco. — Se inclina apoyándose en una rodilla y tomo la mano de la reina de forma galante mientras besaba sus nudillos. — He de retirarme mi lady.

—Vaya por buen camino mi lord. — Continúo Orihime siguiéndole la corriente. — Se rumorea que hay grandes peligros donde será vuestro destino.

—Iré con cuidado si obtengo la bendición de mi dama.

—Le otorgó mis sinceros deseos y ánimos de victoria.

Ichigo se rió un poco y se puso pie mientras le daba la espalda y se dirigía a su estudio nuevamente, el imperio nunca descansaba.