Capítulo 16: Mitos que se vuelven realidad.
Al día siguiente, Orihime extrañamente se despertó muy temprano, dado que desde antes de su llegada a Karakura había estado durmiendo como un lirón. Esto le extraño a ella misma y a sus doncellas quienes solían madrugar todos los días para atender a su señora.
—Hoy ha madrugado Su Majestad.
—Sí, es extraño ¿Tal vez ya me cansé de dormir tanto? — Murmuro pensativa.
—Es aún muy temprano para tomar el desayuno. — La señora Miyako movió la silla del hermoso tocador color marfil e indico a la pelinaranja tomar asiento para comenzar a prepararla.
—Tal vez me anime a dar un paseo por los jardines. — Dijo animada. — Después explorare lo faltante del palacio imperial. — El día siguiente después de volver de compras había recibido un tour de una parte del palacio, al menos las secciones más importantes. Era demasiado grande y la misma Hinako le comento que tardaría varios días o incluso semanas en conocerlo en su totalidad, incluidos los palacios anexos, le informo que con conocer el palacio principal sería suficiente de momento.
—Muy bien ¿Qué vestido deberíamos ponerle hoy? — Hablo animada Hinako, Agatha se excuso unos minutos antes diciendo que vigilaría si Rena seguía durmiendo.
—Puedes vestirme como desees, seré su muñeca hoy señora Hinako. — Sonrió la reina.
—Que cosas dices pequeña. — Se río la mujer.
Paso poco más de treinta minutos, la preparación de Orihime no llevaba mucho tiempo ya que ella no requería de corsé, su figura ya era la de un reloj de arena y no esa necesario para remarcar sus curvas. Así que poco después Orihime salía de la habitación con un hermoso vestido azul con pequeños puntos dorados; era de mangas largas pero era muy fresco para el clima actual; a su espalda un par de cortes de tela simulaban ser como las alas de un hada al caer la tela grácilmente por parte de sus hombros y llegar hasta su rodilla; y su cabello había sido suavemente recogido dejando ver unos mechones sobre su angelical rostro, dejando ver la línea de su clavícula y la piel de su cuello.
—¿Me veo bien?
—Por su puesto. — Dijo la mucama sorprendida. — Orihime se ve linda hasta con harapos.
Orihime se sonroja levemente por el comentario de Hinako y salió de la habitación.
Ichigo acostumbraba levantarse muy temprano todas las mañanas para practicar con su espada al igual que sus soldados, sin embargo debido al trabajo acumulado y los pendientes por organizar no se había podido dar el tiempo para ver el progreso de sus hombres, pero por fin había terminado los pendientes más importantes y en ese momento se encontraba en la arena.
Uno de sus hombres lo atacaba un golpe tras otro con arma en mano pero Ichigo no se notaba presionado en lo absoluto, el ataque que recibió en un instante de forma lateral fue limpiamente recibido por Zangetsu e Ichigo, quien esquivo hábilmente moviéndose a su izquierda, atacó con un ágil movimiento de su muñeca, provocando en un segundo una abertura en el área más vulnerable en la defensa del soldado quien se tambaleó provocando que su espada cayera de sus manos. Ichigo dio media vuelta y le dio una fuerte patada en el abdomen logrando que el pobre hombre fuera mandado a volar dos metros debido a la fuerza del impacto que había recibido.
—Majestad e-eso no es honorable en una pelea de espadas. — Murmuro el hombre adolorido mientras algunos de sus compañeros lo ayudaban a recomponerse y otros observaban a su monarca, admirados.
—¡Idiota! — Dijo enfadado el emperador lo cual hizo respingar a sus hombres. — ¡En el mundo real no siempre habrá gente honorable! Habrá enemigos que te ataquen a traición o que incluso tengan asesinos ocultos que saldrán a la luz en cualquier momento. — Dijo seriamente por su propia experiencia. — Sus enemigos querrán rematarlos lo más pronto posible y obtener la victoria, haz soltado tu arma demasiado pronto. ¡¿Qué clase de entrenamiento han estado recibiendo en el tiempo que me ausente?! — Los regaño enfadado.
—Lo sentimos mucho Su Majestad. — El tercer capitán de pelotón se inclino avergonzado. — He sido muy suave con los nuevos reclutas
—Cierra la boca. — Lo vio asesinamente mientras recargaba su espada sobre sus hombros. — ¿Qué clase de debiluchos tenemos en la milicia si con un simple movimiento he logrado desarmarlo? Son una vergüenza para el ejército imperial. — Señalo el emperador, Ichigo sabía que estaba siendo muy estricto y cruel con sus palabras y acciones pero si no golpeaba un poco el orgullo de sus hombres, éstos serían conformistas y él no quería mediocridad en sus soldados.
—No tengo excusa su majestad. — Hablo el oficial. — Tomare en cuenta sus consejos y haré los entrenamiento más estrictos y duros.
—Las palabras se las lleva el viento Homura. — Dijo sombríamente. — Me encargaré personalmente de curtirlos para la guerra a partir de hoy. — Sonrió. — Les advierto que no voy a tener piedad.
—¿U-usted mismo, su majestad? –Dijo sorprendido.
—Así es, ahora todos ustedes. — Miro al grupo de soldados quienes tragaron fuertemente. — Vendrán en grupos de tres en tres y me atacarán con todas sus fuerzas. Atacarán a matar. — Ordenó el pelinaranja seriamente.
—¡¿Qué?! –Exclamaron todos al mismo tiempo.
—¡Majestad eso es una locura, casi suicidio! — Exclamo Homura poniéndose de pie.
—No estoy aquí para que contradigas lo que he dicho, he sido muy claro en mis órdenes. — Hablo Ichigo con una tranquilidad mortal.
—P-pero majestad…
—Homura ¿Debo recordarle su lugar aquí? — Lo miro de reojo y el oficial trago en seco.
—No, su majestad.
—¡Comiencen!
Cuando estaba en sus habitaciones Hinako le había dicho que el jardín de la rosa estaría en pleno apogeo, ya que estaban en la época que florecían los botones de los rosales, Orihime tomo nota de lo dicho y se dirigió a dicho jardín.
Pero la realidad supero las expectativas.
—¡Es precioso! — Sonrió la reina mientras admiraba el colorido del lugar, flores de diferentes colores y tamaños por todos lados. — ¡Miren lord Keigo, señora Hinako! — Llamo a su guardaespaldas, quién estaba a una distancia prudente de la joven mientras que Hinako veía la felicidad de su señorita. — Imaginaba un par de rosas ¡Pero no todo un jardín cubierto de ellas!
—La emperatriz ordena especial cuidado a este jardín. — Hablo Hinako. —Todos los jardines son preciosos pero éste destaca de entre los demás.
—¡Y ya veo el porqué! — Inhalo el aire y el dulce aroma de las flores inundó sus fosas nasales. — Huele bien. — Murmura, caminando tranquilamente. Llevaba una pequeña sombrilla impuesta por Hinako para que no le quemase el sol.
Keigo por su parte no pudo evitar sonreír un poco, la reina parecía una niña pequeña en un parque de diversiones, pero se veía tan feliz que no se atrevía a decir nada. Se veía tan emocionada que no tenía corazón de cortar su felicidad, no con todo lo que había sufrido (al menos de la parte pública que él sabía).
—Debe tener cuidado con las ramas sueltas, en este momento el jardín debe estar en mantenimiento. — Le advirtió la mucama.
—De acuerdo. — Asintió feliz la joven quien continúo gran parte de su paseo con una sonrisa plasmada en su cara. A lo lejos pudo notar a un anciano quien se encontraba cortando varias flores y arbustos, muy concentrado, debía ser el jardinero a cargo. Con lentitud se acercó para no asustarlo. — Buenos días. — Saludo amablemente y el hombre levantó su mirada, sorprendido.
—Buenos días, su majestad. — Saludo con voz amable y se inclino un poco debido a su avanzada edad, ya era conocido por el personal que la pelinaranja era la esposa de su emperador y la futura Emperatriz, pero era la primera vez que alguien de la realeza hablaba directamente con él.
—No se preocupe por la formalidad — El hombre se irguió al escuchar la solicitud de la ojicastaña. — ¿Usted es el jardinero?
—Así es, Majestad. — Respondió.
—¿Cuál es su nombre?
—Mi nombre es Makoto Yoshida, Su Majestad.
—Todo es precioso. — Admiro Orihime pero noto algo de inmediato al recordar el tramo que había recorrido. — ¿Es usted el único aquí? No veo a nadie más ayudándolo.
—Jajajaja sí, soy el único. — Admitió el hombre con una carcajada.
—Debe ser difícil encargarse de todo ¿No se cansa? — Pregunto preocupada.
—Agradezco infinitamente la preocupación de su majestad, pero estoy bien. — El hombre admiro el jardín. — Este jardín es como mi bebé y no dejo que nadie más que yo se encargue de su mantenimiento.
—¿Su bebé? — Pregunto extrañada.
—Escuche que el señor Yoshida sembró las primeras semillas de Este jardín y la emperatriz Emiko, la madre del antiguo emperador le permitió trabajarlo solo a él. — Le respondió Keigo respetuosamente.
—¿La gran emperatriz madre?
—Cuido cada brote como si fuese mi propio hijo, me entristecería que murieran por las manos de otro que no sepa cómo tratarlo adecuadamente.
–Ya veo.–Orihime sonrío al notar el amor que el hombre ponía en su trabajo, curiosa vio todas las rosas que estaba cuidadosamente cortadas en una cesta.– ¿Que hará con esas? –Señalo el cesto.
—Serán llevadas al palacio Etheron, donde habita la Emperatriz y el Antiguo Emperador. — Responde éste sacando una rosa mucho más abultada que el resto. — Hay que podar las flores cada cierto tiempo para evitar así que obstruya el nacimiento de nuevos brotes.
—Nunca había visto este tipo de rosa antes. — Miro la planta que sostenía Makoto.
—Es observadora Majestad, está es una rosa de damasco.
—¿Rosa de damasco?
—Hace poco tiempo las trajeron, no tenía muchas esperanzas de que florecieron pero se aferraron a la vida y brotaron maravillosamente. — Le entrega una rosada totalmente abierta y Orihime la llevo a su nariz.
—La esencia es ligeramente más fuerte al de las rosas que conozco. — Comenta la reina.
—¿Se dio cuenta? Jajajaja, es usted muy observadora Su Majestad. — Sonrió ampliamente el jardinero. — Le obsequiare esa flor.
—¿Qué? ¿De verdad? — Dijo sorprendida.
—Por supuesto, alguien que note de inmediato la sutil diferencia de esta flor debe ser alguien especial.
—¿Pero no estará en problemas por darme una rosa del jardín favorito de la emperatriz?
—Como dije antes estás se podan para mantenimiento, puedo decir que simplemente se me cayó de la cesta cuando las iba a entregar al palacio. — La vio cómplice como un abuelo que encubre la travesura de su nieto.
—Entonces la aceptaré con gusto. — Sonríe llevándola a su pecho. — Si se llega a meter en problemas llámeme y abogare por usted… ustedes son mis testigos ¿De acuerdo? — Miro a Keigo y Hinako.
—Sí, Su majestad. — Respondieron ambos.
—Me retiraré y lo dejaré trabajar tranquilo. — Anuncio la reina al hombre mayor. — Muchas gracias por su arduo trabajo, pero no sé exceda y descanse adecuadamente.
—Lo haré, muchas gracias por su preocupación. — Orihime retomo el paso mientras que el hombre se inclinaba levemente.
Ya el sol se comenzaba a poner más alto y Hinako le menciono que ya era hora de regresar para reunirse con la familia real en el comedor principal, Orihime acepto de inmediato cuando escucho varios gritos.
—¿Que es ese ruido? — Pregunto preocupada.
—No se preocupe majestad, debe venir de los campos de entrenamiento del ejército imperial. — Responde despreocupado Keigo
—¿Estaban tan cerca de aquí?
—Así es Orihime, deben estar cerca por si hay algún inconveniente en el palacio.
—Ah cierto. — Murmuro la reina y una sonrisa traviesa adorno su rostro. — ¿Echamos un vistazo?
—Ese no es un lugar donde una señorita deba ir. — Dijo Hinako seriamente.
—Vamos, solo será un momento y no molestarnos a nadie, deseo ver un entrenamiento de los soldados de Karakura. — La miro ilusionada.
—No habrá mucho que ver, solo hombres sudados con una espada ¿De verdad quiere ver eso? — Dijo escéptica.
—Solo deseo ver su entrenamiento, solo un momento señora Hinako ¡Por favor!
—Está bien, solo un momento y nos vamos. — Acepto derrotada.
Un par de soldados salían en ese momento, apoyándose uno en el otro debido a las heridas recibidas en su práctica, la reina y sus acompañantes no fueron vistos por los hombres ya que iban muy adoloridos.
Al entrar en las tierras de entrenamiento podía verse un gran almacén donde había armamento, varios muñecos de práctica y un área de tiro al blanco para la caballería con arco, pero lo que llamo inmediatamente la atención de Orihime e hizo que sus mejillas se pusieran rojas fue el hecho de ver a Ichigo peleando con tres de sus soldados a la vez… sin camisa, el calor que estaba haciendo había provocado que éste sudada de más y se había retirado la molesta tela para moverse con más libertad.
Uno de sus hombres atacó rápidamente en un combo de tres golpes, pero el emperador los detuvo todos y atacó en el franco izquierdo sin piedad, por suerte la armadura evitaba que le hubiese herido de gravedad. Otros dos soldados, uno rubio y otro castaño, atacaron al mismo tiempo, pero Ichigo los detenía sin usar demasiada energía, incluso parecía que jugará con dos niños pequeños.
Keigo susurró algo al oído de la reina y la guio a un pequeño espacio con sombra donde había una banca, normalmente los soldados descansaban ahí y con el fin de que no estuviese de pie observando el guardaespaldas de la reina le sugirió que tomase asiento mientras los entrenamientos terminarán.
Mientras observaba Orihime pudo notar que Ichigo no era solo un buen gobernante, era todo un maestro de la espada. Ella no era una experta pero podía darse cuenta que no hacía movimientos innecesarios o usaba energía excesiva en un ataqué.
Más que nunca ahora está segura que su esposo derrotó a su padre en dos segundos… y sólo por diversión.
Ahora que lo piensa… nunca le ha preguntado sobre cómo derrotó a las Sombras de su padre, en especial Lüdaas Friegen.
Una descarga de miedo le recorre la columna vertebral y debe hacer un gran esfuerzo por ocultarlo de Hinako y Keigo, celebrando internamente haberlo conseguido. Incluso había disimulado la urgencia de agarrar un cuchillo que ya no lleva en sus ropas fingiendo que se arregla la falda de su vestido. A veces es útil aprender entre los buitres y serpientes tener un dominio de tus emociones. Se repite en la cabeza mentalmente que Friegen ya no existe, está muerto y no volverá a ponerle la mano encima.
Por otra parte Ichigo recibió al único de sus hombres que había sobrevivido a todos los encuentros, se abalanzó contra él una y otra vez, tenía una buena técnica. Trata de atacarlo cuando bajo la guardia directo al abdomen pero éste respondió con dos estoques más fuertes que por un momento lo hicieron tambalear. Ambos intercambiaron golpes con sus armas tratando de desarmar al otro, fue una combinación de patadas y cruces de armas cuando finalmente Ichigo detecto un punto vulnerable y manda el arma de su oponente a volar lejos y el soldado cae al piso agotado.
—Eso ha sido muy interesante. ¿Tu nombre soldado?
—Ashido Kano majestad. — Respondió llevándose una mano al pecho mientras intentaba recuperar el aliento perdido.
—Veo que no eres tan enclenque como los otros. — Sonrió satisfecho. — Estaré vigilando tus avances, espero grandes cosas de ti. — Dijo el de ojos chocolate mientras enfundaba su arma.
—¡Es todo un honor! — Respondió emocionado.
La conversación se cortó cuando unos aplausos se escucharon a espaldas del monarca.
Éste se volvió sobre su hombro y se sorprendió de ver a su esposa observándolo mientras dejaba de aplaudir.
—Orihime. — La llamo por inercia, ordenó a su soldado retirarse y éste se fue en silencio. Ichigo se acercó donde su esposa y sonrío al verla con la mejillas levemente rojas, se veía preciosa. — ¿Que estás haciendo aquí? — Pregunta curioso.
—Solo me levanté muy temprano y que-quería dar un paseo.
—¿Porque no me ves a los ojos? — Pregunta extrañado.
—E-es que. — Tartamudeo. — No llevas camisa.
Ichigo se dio cuenta en ese momento que efectivamente llevaba el pecho totalmente descubierto.
Debe admitir que en el pasado aquel comentario tímido de sus… "mujeres" le hacía crecer la arrogancia y decía un comentario que las enamoraban más. Ahora… pues ahora se siente extrañamente avergonzado, aunque por suerte no lo demuestra por fuera o ahora mismo les daría material a Keigo y Hinako de burlas.
Se inclina, acercando su rostro al de ella, no quería que un imprudente escuche sus privadas conversaciones.
—No hay nada que no has visto antes en primera fila. — Aunque se regodea de verla sonrojarse, tiene compasión y le brinda su espacio. — ¿Mi esposa ya ha desayunado?
—N-no… ahora íbamos a eso, pero quería primero ver este lugar.
—¿A sido de su agrado?
—Oh sí, es bueno saber que estamos en buenas manos con jóvenes determinados en romperse los huesos por la seguridad de Karakura y su monarca.
—No trates de consolarlos, salvando a uno, han estado débiles.
—De algo se empieza, ¿No?— Tratando de calmar su molestia.
Ichigo le iba a debatir pero nota lo que lleva en sus manos. Frunce el ceño por la imagen de la rosa bien custodiada bajo las atenciones de su esposa.
—Veo que has conocido al jardinero. — Trata que no se note su molestia.
—¡Oh sí! El señor Makoto es un hombre bastante amable… imagino que debe ser uno de esos abuelitos que te llenan de abrazos y cuentan historias con moraleja. — Sus mejillas se sonrojan de alegría. — Me encantan las rosas que ha cultivado y ha sido amable en regalarme uno… espero que no tenga problemas con tu madre.
—No. No pasara. — Quizás se le escapó demasiado brusco pero no se pudo controlar.
—¿Ichigo? ¿Te sientes mal?
¡Esto es ridículo! ¿Qué diablos pasa en su cabeza como para ponerse así de idiota por el jardinero? ¡Y más encima un hombre que ha visto nacer y crecer a tres generaciones de emperadores!
—Estoy bien, lo siento... hace mucho que no venia aquí a entrenar por el papeleo.
—Oh... agotamiento entonces.
—Ichigo, mejor ve a bañarte y ponerte presentable. — Alega Hinako tomando a Orihime de los hombros. — La llevaremos ya a comer que de seguro se muere de hambre.
Dicho y hecho. El estómago de Orihime empieza a sonar y la reina se sonroja por la vergüenza.
—Anda ve a desayunar, iré en cuanto termine aquí. —La animo Ichigo con una risita al escucha el gruñido.
—¿Vas a tardar?
—Bueno, debo dar algunas instrucciones a los reclutas, confirmar el armamento y después… —Ichigo no pudo evitar perderse en esa brillante mirada castaña quien lo veía ilusionada. — ¿Acaso ha pasado algo malo?
—¿Eh? No, nada malo. —Negó apresuradamente.
—Orihime puedes decírmelo.
—En serio, te juro que no es nada. —Insistió ella.
—¿Tal vez la reina Orihime quiera pasar algo de tiempo con su majestad?—Sugirió Keigo.
—¿Cómo? —Pregunto extrañado.
—Tal vez extrañe tener una comida con usted, al parecer estos últimos días Su majestad solo ha pasado unos pocos minutos con la reina. —Explico el soldado.
Ichigo no pudo evitar sentir una chispa de culpabilidad, había estado tan absorto en los documentos y su trabajo después de la conquista de Rikka que si había pasado diez minutos con Orihime un día había sido mucho.
—N-no, yo no me atrevería… se que su majestad está muy ocupado y su primer deber es con su reino así que es normal que este muy atareado. —Explico.
—No, es mi culpa. —Murmuro Ichigo. — Lo siento, no he estado contigo estos días, solo sé que ya empezaste tus clases pero no hemos hablado debidamente, perdóname.
—No te disculpes. —La joven pelinaranja intento restar importancia al asunto.
—Me gustaría poder almorzar contigo—Le dio una mirada al capitán de la tropa que decía "encárgate del resto" — De hecho tengo derecho a unas horas libres, le diré al primer ministro que mueva algunas reuniones no vitales para otro día.
—¿Estás seguro? ¿No te afecta eso?
—En absoluto. —Ofreció su brazo a Orihime y la joven se aferro a este para momentos después comenzar a andar hasta el palacio, y una vez que llegaron Ichigo la dejo en la entrada. — No creo que mi madre o Yuzu quieran verme en la mesa cubierto en polvo y sudor. —Bromeo sacándole una sonrisa a su esposa. — Iré a tomar un baño rápido e iré a alcanzarte lo más pronto posible ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—Señora Hinako, llévela al comedor. —Ordeno el pelinaranja.
—Como ordene, Su Majestad. —Se acerco a la reina con una sonrisa. — Vayamos juntas majestad.
En la gran mesa ya se encontraban todos los miembros de la familia real tomando sus alimentos Orihime tomo asiento y le susurro a Hinako hacerse cargo de la rosa que le había dado el jardinero.
—Orihime, te queríamos esperar pero tardabas mucho. —Hablo Yuzu con una sonrisa.
—¿Te despertaste tarde? —Pregunto Isshin.
—Ah no, de hecho si desperté más temprano de lo usual y fui a dar un paseo. —Explico nerviosa. —Supongo que perdí la noción del tiempo.
—Te entiendo bien, a veces me ha pasado que disfruto tanto la caminata matutina que se me olvida el resto del mundo. —Comento la emperatriz madre.
—¿Ichigo no vendrá? —Pregunto Karin.
—Ya sabes que últimamente tu hermano está ocupado con muchas gestiones y es esclavo en su oficina. —Explico su padre. — Ya vendrá cuando se desocupe.
—¿Aun sigue con las gestiones de Rikka?
—Ese tipo de trabajo no llevan un día o dos Karin, pueden tardar semanas o meses.
—Que molestia.
Yuzu se levanto primero de la mesa informando que tenía una fiesta de té a medio día en su palacio con otras nobles y debía terminar los preparativos, Karin informo que iría a cabalgar con su prometido e Isshin dijo que iría con Ryuuken a hacer un pequeño negocio, dejando solo a Orihime y Masaki.
—Estoy aquí. —Ichigo entro al comedor limpio y pulcramente vestido. —Buenos días madre, Orihime.
—Cariño es bueno que vengas al comedor a reunirte con nosotros, pero también es una pena que los demás se retiraran antes. —Suspiro la castaña.
—Lo lamento madre, se los compensare.
—Lo has dicho y debes cumplir mi pequeño. —La mujer se puso de pie. —Yo también me retiro, si necesitan algo estaré en mi invernadero privado.
—Que la pases bien. —Respondieron ambos pelinaranjas al mismo tiempo.
El desayuno de ambos monarcas se llevo a cabo en silencio, aunque no era un silencio incomodo, era armonioso. Cuando terminaron decidieron salir al jardín para tomar té, ya que el dia era hermoso y soleado Orihime había hecho la sugerencia, cuando la taza abandono los labios del emperador este se animo a preguntar.
—¿Cómo te ha ido en tus clases?
—Creo que me va bien, el Archiduque es un poco estricto pero enseña bien y me tiene mucha paciencia.
—Si sientes que es muy duro puedo buscarte otro profesor. —Comento él.
—No, estoy cómoda. —Le sonrió. — Me gusta que sea exigente para que me recalque en que debo mejorar, me dice mis puntos buenos y malos. Si mi profesor fuera muy suave de seguro me dejaría pasar los pequeños errores y eso podría acarrear algún problema en el imperio a largo plazo.
—Bien, eso no puedo negártelo.
—¿Fue el Archiduque quien te enseño también?
—No, en mi caso mi tutor fue el Conde Urahara, desde muy joven se le considero un genio.
—¿Genio?
—Si mal no recuerdo creo que se graduó en dos años de la academia imperial. —Murmuro pensativamente.
—¿Y generalmente en cuantos años se gradúa un estudiante normal? —Pregunto curiosa.
—El rango suelen ser cinco o seis años, él ha sido el primero en toda la historia de la academia que se graduó en tan corto tiempo.
—¡¿De verdad?!
—Sí, cuesta creerlo, ¿Cierto?
—N-no… bueno, quizás un poco. —Orihime recordó las veces que el canciller molestaba al emperador o lo bromeaba y no coincidía con su imagen mental de un chico genio.
—A pesar de su apariencia de verdad es muy listo y me ayuda con gran parte del trabajo, tal vez si no fuera por él ni siquiera dormiría. —Sonrió tenuemente. — ¿Y la archiduquesa?
—Bueno, es… es… la etiqueta es un poco más complicado que la clases del archiduque. —Cerró los ojos.
—¿Por qué lo dices?
—No sabía que debía tomar la taza de té de cierta forma, o que necesitaba sentarme con cierta posición, tampoco la forma de expresarse en público e incluso los cubiertos, es mucha información para procesar.
—Te aseguro que lo dominaras —La ánimo. — Ve a tu propio ritmo y no te presiones.
—Hare mi mejor esfuerzo. —Dijo con una mirada determinada.
La conversación se corto cuando es cucharon unos pasos acercándose a gran velocidad y un soldado se detuvo frente a ambos monarcas e hizo una reverencia con una expresión mortal.
—¿Qué ha pasado? —Pregunto el emperador seriamente.
—Su majestad, han llegado unos nobles de Rikka solicitando ver a la Reina Orihime.
—¿Qué? ¿A mí? —Se señalo extrañada.
—Que grosería el presentarse sin avisar con anticipación. —Se quejo Ichigo. — ¿Dijeron de que deseaban hablar con la reina?
—No me dijeron nada más.
—¡Que insolencia! Solo voy a echarlos del palacio. —Grito molesto.
—Espera Ichigo. —Pidió Orihime. — No les hagas nada. —Dijo firmemente. — Lo hare, hablare con ellos. Además tú me dijiste que los nobles corruptos fueron ejecutados, ¿Cierto?
—Básicamente si, pero podrían haber algunos rebeldes.
—Entonces mayor razón aun para escuchar a estas personas, han recorrido un largo camino desde Rikka hasta Karakura, y vaya que lo sé bien. —Le sonrió a su esposo. — ¿No se merecen al menos el que escuche su solicitud?
Ichigo no dijo nada por unos momentos, finalmente exhalo un suspiro resignado y la vio con una pequeña sonrisa.
—Bien, aceptaras su solicitud de una audiencia especial, sin embargo yo estaré presente.
—Me parece justo.
Ichigo se pone en pie y la ayuda a levantarse. Orihime le rodea el brazo sin dudar en un abrazo, apegándose con confianza y eso pone feliz a su marido, dejándoselo saber con un beso en la sien.
—Gracias. — Dice él, no es necesario ahondar más en sus palabras, los dos entienden perfectamente.
—Si no puedo confiar en mi marido, ¿Quién entonces?
—Pues te queda Rena. — Sonríe al oírla reírse.
Los dos caminan con el soldado adelante y dos atrás como escolta, guiándolos al lugar del encuentro. Mientras caminan Orihime hace un cálculo mental de quienes pueden ser ya que las opciones son, honestamente, nulas. Su padre se encargó de sus enemigos matándolos y colocando a sus aliados en aquellos asientos vacios. Los nobles de Rikka que consiguieron escapar han estado por ahí ocultos, protegiendo a su familia, y sus puestos igualmente fueron ocupados. No sabe quien está vivo o muerto ya que la información oficial dice que todos murieron por traición al reino y aun con sus escondites para infiltrarse en información privada no ha encontrado algo relevante. Y la verdad en cierto modo es un alivio porque seguían a salvo de Quirge.
Cada vez más cerca y cada vez más nerviosa. Preguntándose a cada segundo quienes serían o si eran amistades de su padre infiltrados queriendo ir al Infierno llevándosela con ellos.
Calma, se dijo, estas a salvo rodeada de soldados y con Ichigo a tu lado.
El soldado que les dio el aviso y va delante de ellos es quien abre la puerta, anuncia la llegada de la pareja y se hace a un lado para que entren.
Lo que se encuentran los monarcas al otro lado son dos mujeres y un hombre. Una mujer de cabello azul que en sus ropas lleva el broche de una pantera blanca; la otra mujer de cabello igual que el chocolate lleva un broche de coyotes blancos; y el único varón de pelo verde le cuelga de las ropas un broche de un carnero igual blanco.
En cuando Orihime los ve, queda anonadada con la boca abierta y creyendo estar frente a un sueño y despertara en su cama, como si el paseo por el jardín y su visita al campo de entrenamiento no hubiese ocurrido nunca.
–No son un cuento de hadas. — Susurra ella aun ida.
—¿Orihime?— Su marido le preocupa verla así y se pone a la defensiva con los allegados.
—Es cierto. — Dice el varón viendo a Orihime como si estuviese frente a una deidad.
—Como gotas de agua. — Dice la peliazul.
—No está muerta, nunca lo estuvo. — La otra mujer casi se pone a llorar de alivio.
Los tres soldados de Karakura no dudaron en poner sus manos en sus espadas y desenvainarlas en cuando aquellos extranjeros dieron pasos decididos hacía la Reina Regente. Incluso Ichigo se había puesto entre medio y a punto estuvo de sacar a Zangetsu y cometer una carnicería si su Orihime no hubiese agarrado su brazo.
—Espera. — Suplica y ve a los otros soldados. — Bajen sus armas.
Le obedecieron sin muchas ganas. No estaban seguros de que sea una decisión inteligente, cuestionando a su reina. Pero ella había puesto una mirada tan determinada, como las de la Emperatriz Madre o el mismo Ichigo que no les quedo más remedio que obedecer.
—Ichigo, por favor. — Insiste al verlo con la mano aun en la empuñadura. — Si son quienes creo que son, estamos a salvo.
Los recién llegados se detuvieron y, para sorpresa de todos, se arrodillaron frente a los pelinaranjas.
No.
Frente a Orihime.
—Saludamos a la única gobernante de Rikka, heredera de la Luz, heredera del legado de Orihime I con el don de sanar. Nuestras vidas son suya, Amada Reina.
—Pues me gustaría saber quiénes son.
—¿No te gusta el misterio?
—Me gusta darlas, no recibirlas. — Ve la sonrisa de su esposa y cede. — Cinco minutos.
Orihime asiente y se pone de pie recta frente a ellos. Miyako estaría orgullosa.
—Creí que ustedes estaban muertos. Que ya no había más Stark. — Ve a la mujer de cabello café y luego a la peliazul. — Jaegerjaques. — Ve al peliverde. — Ni un Odelschwanck
—Permitanos presentarnos reina mia. —Hablo la dama de cabello castaño. — Somos los líderes actuales de los tres grandes ducados de Rikka, Mi nombre es Karine Stark.
—Me presento mi reina, soy Theo Tu Odelschwanck. —Hablo el único hombre de los tres duques presentes.
—Mi reina, mi nombre es Annelise Jaegerjaques. —Finalizo la joven de cabello azulado.
—Es un placer conocerlos, pueden ponerse de pie. —Les ordeno amablemente la ojicastaña.
Mientras Orihime recibía los votos de lealtad y servicio de los nobles, Ichigo hizo memoria y recordó la historia que Orihime le había contado en la travesía del barco a su nación: Cuando Las Noches fue rebautizada como Rikka, habían nacido tres ducados importantes que eran esas familias, a estos se les había otorgado grandes territorios y se les había encomendado cuidarlos por el bien del país para que no llegasen enemigos extranjeros a invadirlos y fuesen ellos los pilares principales del reino, estas tres grandes familias posteriormente habían jurado lealtad y devoción absoluta a la reina Orihime I, quien les había devuelto el honor y orgullos perdidos por aquella tirana que se los había arrebatado. El día que juraron ante el rey y la reina este suceso fue registrado en la historia de Rikka como uno de los días más gloriosos del reino, y estos habían jurado ante sus propias vidas proteger el linaje de las damas que llevaran el nombre de Orihime en la realeza por el resto de sus vidas. Por eso, cuando su padre robó la corona una de sus primeras órdenes fue el genocidio de las tres familias sin dejar ni un sobreviviente y prohibiendo el paso de la gente a las tierras muertas. Si uno tenía la osadía de desobedecer, los arqueros que hacían guardia tenían la orden de atravesarles la cabeza con sus flechas.
Ahora entiende el plan de Quirge. No pudo matarlos, al menos no a todos, dejos algunos miembros vivos de las tres familias, era posible que algunos de sus consejeros tuviera un poco de cerebro y le recomendara no eliminarlos en su totalidad ya que las fronteras estarían desprotegidas sin su señorío y sus ejércitos protegiéndolos.
Sin embargo al mismo tiempo los mantuvo apartados de la capital y podía deducir que estos se habían negado a entrar a la guerra, no podía quitarles el titulo o degradarlos a plebeyos por su propia seguridad, por eso el rey Quirge había dependido más de la magia que de la milicia para enfrentarlos. También si los mantenía alejados y bajo vigilancia la gente de los demás territorios no buscaría la esperanza en ellos para hacer un segundo golpe de estado y quitarle la corona y el poder que tanto anhelo en su vida.
—¿Así que si seguían vivos? —Pregunto Ichigo curioso.
—Sí, el rey Quirge imposibilito que nos pudiéramos acercar a Su Alteza en su niñez. —Hablo la joven de cabello azul.
—Sin embargo siempre estuvimos al pendiente de usted, mi reina. —Hablo el hombre de cabello verde.
—¿De mí? —Dijo extrañada Orihime.
—El juramento de nuestros antepasados consiste en fidelidad absoluta y proteger siempre a las damas con el nombre de Orihime.
—Pero yo jamás los había visto. —Murmuro avergonzada. —Siempre supe que si existieron pero que después de que mi padre tomo el poder se convirtieron en un cuento, cuando crecí más supe que quedaban algunos de sus respectivas familias así que no eran un mito, pero era todo lo que sabía.
—Eso es porque así lo planeo el Rey Quirge, su padre. —Respondió la dama de cabello castaño.
—¿Porque mi padre haría algo así? Sé que yo no era amada por él ¿Por qué llegar a ese extremo?
—¿No intentaron contactarla antes? —Cuestiono Ichigo extrañado.
—El rey no quería que la princesa mantuviera contacto con nosotros. —Respondió el hombre a Ichigo. — También oculto su existencia al nacer, pero no fue mucho tiempo ya que logramos averiguar sobre su nacimiento a través de algunos espías que plantamos en el palacio.
—Siempre hemos estado al pendiente de su alteza, sin embargo cuando Karakura tomo el poder pensamos que había muerto, su padre mato muchos sirvientes en su locura cuando el emperador Ichigo empezó a tomar ciudades cada vez mas importantes y nuestros espías tuvieron que huir del palacio, así que nuestra fuente de información se corto.
—¡No sabe lo felices que estábamos al enterarnos que usted sobrevivió y que se había casado con el emperador de Karakura! —Exclamo feliz la líder de los Stark. — Que al fin era libre del yugo del rey.
—Dijeron que habían estado al pendiente de mi ¿podrían ser más específicos? —Pregunto curiosa, pues ella no recordaba haber visto a los tres en toda su vida.
—Era imposible que usted nos viera dada la prohibición del rey para verla, si nos acercábamos corríamos el riesgo de que le hiciera daño. —Explica Theo. — Así que lo único que podíamos hacer era asignarle un presupuesto y encargarnos de sus necesidades básicas.
—Cuando dicen mis necesidades se refieren a… —Dijo sorprendida.
—Si mi reina. —Hablo Annelise. — Nos encargábamos de su ropa, sus joyas y objetos personales.
—¿Entonces eran ustedes? —A Orihime siempre le había surgido la duda de porque si su padre malgastaba el presupuesto anual en amantes, alcohol y magos para protegerlo ¿de dónde salían todas sus cosas? Él no parecía el tipo de rey que se encargara de cuidar sus finanzas precisamente, y ahora esa pregunta que por años se hizo tenía una respuesta.
—Debe haber algún motivo más por el que esa basura no permitía que ustedes entraran a la capital de Rikka. —Los nobles ni se inmutaron por el insulto a Quirge por parte de Ichigo, era notorio que no le tenían ni una gota de respeto y solo por eso ya comenzaban a agradarle esos tres.
—No quería perder su seguro.
—¿Perdón? —Arqueo una ceja.
Los tres duques se vieron entre si y asintieron, la dama de cabello castaño entrego un pergamino a Orihime quien lo abrió y leyó rápidamente junto con Ichigo dejándolos a ambos con una gran expresión de sorpresa.
—Tenemos el poder, cualquiera de nosotros tres, sea quien sea el líder de nuestras familias de tomar la custodia y proteger a la dama que lleve el nombre de la primera reina.
—El rey Quirge al enterarse nos amenazó con su vida mi reina, así que también nosotros nos vimos forzados al acuerdo de no acercarnos a la princesa a cambio de garantizar su seguridad. Aunque ese… hombre intento venderla en varias ocasiones, siempre que amenazábamos con ir a la capital detenía toda propuesta o planes que tenia con usted.
—Y también habría ocasionado la furia del pueblo y el golpe de estado que tanto temía. Parece que no era tan idiota ese hombre. —Ichigo rio con sarcasmo.
—Pero si hubiésemos podido la hubiéramos llevado a salvo a nuestros territorios y mantenerla a salvo.
Orihime no pudo contener las lágrimas e Ichigo limpio estas con suavidad.
—Lo siento… ustedes sufrieron tanto… por mi culpa.
—¡No mi reina! No debe culparse, fue nuestra debilidad la que ocasiono todo el infierno que vivió, le rogamos que nos perdone. —Explico Theo mientras se arrodillaban nuevamente frente a la joven.
—No deben pedir perdón. —Les dijo con dulzura. — Es cierto que sufrí, no lo puedo negar. —Cerró los ojos y los abrió nuevamente. —Pero fue gracias a eso que pude conocer al emperador, sin eso no estaría aquí próxima a casarme con él por las leyes de su país, por favor levántense. —Les extendió una mano mientras sonreía. —Yo no los culpo, agradezco que estén hoy frente a mí, cuento con ustedes para seguir protegiendo Rikka, aunque ya no somos autónomos y nos anexaremos a Karakura espero seguir contando con su ayuda.
Los tres miraron a Orihime con expresiones encontradas pero sonrieron al sentir la calidez de la sonrisa en su reina regente.
—Por supuesto, reina mía. —Respondieron al mismo tiempo.
—Ya han pasamos mucho mas de los cinco minutos. —Dijo Ichigo. — Pero hoy pasaron cosas muy buenas y me siento generoso. —Orihime lo vio con sus ojos grandes y el emperador dio un suspiro de derrota al saber lo que quería. — Quédense como invitados a la boda, no faltan muchos días para la ceremonia, será un honor que estén con Orihime ese día. —Comento el monarca.
—Le agradecemos su hospitalidad, Su majestad. —Hablo Annelise.
—Gracias — Susurra Orihime a su marido para luego darle un beso pequeño en los labios.
Un beso pequeño pero totalmente por iniciativa y ya por eso se siente capaz de entrenar veinticuatro horas seguidas sin un descanso.
La archiduquesa Shiba iba al palacio tres veces por semana y le impartía sus clases de etiqueta, como había aprendido todo de forma autodidacta pensó que sus modales no estaban tan mal… craso error, se dio cuenta de ello en el primer día de clase con Lady Miyako, se decía que era un honor que tan distinguida dama pudiera darle clase a alguien, lo que puso aun más presión en la pobre Orihime.
—Muy bien Orihime hoy practicaremos el caminado. —Sonrío Miyako. — Nos hemos centrado en la ceremonia del te hace unos días, se que vamos a pasos apresurados pero tengo mucha fe en ti.
—Si lady Miyako.
—Solo Miyako. —Recalco la dama.
—D-de acuerdo. —Sonrió.
—Ahora aquí. —Miyako ordeno a unas doncellas sacar algunos libros de la estantería.
—¿Mmm? ¿Vamos a leer teoría? —Pregunto extrañada y la archiduquesa no pudo evitar reír un poco.
—No querida, esto es un material de apoyo. —Las doncellas se acercaron a Orihime. — Vas a ponerte estos libros sobre tu cabeza y caminar por la habitación sin que se caigan. —Explico la mujer.
—¿E-esto me va ayudar? —Pregunto extrañada.
—Por supuesto, hay que mantener la postura de la espalda y el cuello en cierta posición o se caerán todos al suelo ¿No queremos eso, verdad?
—Supongo que no. —Respondió mientras la doncella terminaba de poner el tercer libro.
—Ahora camina diez pasos al frente.
—Sí. —Orihime camino 3 pasos y sintió los libros tambalearse. —Es difícil.
—Lo sé, lo sé, pero sé que tú podrás. —La animó. — Vamos llevas tres, te faltan siete pasos. — Orihime camina despacio pero apenas termino de dar el paso los libros tambalearon nuevamente. — Hazlo lentamente Orihime.
Alzo los brazos a los lados para mantener el equilibrio pero este le estaba costando.
—Orihime, los brazos van abajo. —La corrigió la pelinegra. — A la altura del abdomen, la barbilla un poco más arriba. —La mujer se acerco y arregla lo antes mencionado. —Vamos hay que continuar en esa posición.
La pelinaranja no comento más y se camino los pasos restantes, uno de los libros resbalo y cayó al suelo.
—Lo siento mucho, fue sin querer.
—Despreocúpate, Kyoko se encargara de acomodarlo. —La doncella de cabello oscuro se acerco y acomodo el libro en su cabeza. —Ahora hagámoslo de nuevo.
—Está bien. —Accedió la chica.
Nuevamente iniciaron el proceso, Orihime recorrió el salón varias veces de un lado a otro, a partir de la decima vez opto por dejar de contar ya que no tenia caso. Cada vez que lo hacia Miyako le comentaba los puntos a mejorar, los libros se le cayeron varias veces de la cabeza debido a esto, siempre la archiduquesa mencionaba el ángulo de la espalda, los codos acomodados de cierta forma, la mirada siempre al frente, el mentón cuadrando a cierta altura, la expresión que debía tener en su rostro, la forma de saludar, el ángulo para sentarse de forma elegante y refinada, etc. Para cuando se dieron cuenta ya habían pasado tres horas y la pobre Reina estaba agotada, tomo asiento en el sofá y sudaba debido al esfuerzo.
—Estoy muerta. —Murmuro Orihime.
—Una vez que descanses podremos seguir con la clase de danza.
—¿Bailar?
—Por supuesto, como futura emperatriz estarás obligada a bailar en los futuros banquetes oficiales o en fiestas que se celebren en el palacio.
—Tengo dos pies izquierdos. —Admitió avergonzada.
—Entonces es bueno saberlo, así me doy una idea de donde debo comenzar.
Orihime fue llevada a una habitación donde la hicieron vestirse de forma muy elegante, habían tardado dos horas en arreglarla, maquillarla y dejarla perfecta.
—¿P-porque es necesario que me vista así? —Pregunto apenada.
—Es mejor emular un baile oficial para que te vayas acostumbrando a la forma de vestir. —Explico la pelinegra. —Ahora, Ichiro, música por favor. —Ordeno la mujer. —Debes seguir mis pasos uno por uno ¿está bien?
—Lo intentare. —Asintió tímida.
La archiduquesa se movió por la pista con mucha gracia, como si el viento fuese su compañero. Orihime por su parte lo intento, pero falló estrepitosamente.
—Auch. —Murmuro al caer al piso de golpe.
—¿Estás bien? —Pregunto la archiduquesa.
—Sí, lo siento. Lo intentare de nuevo. —Se puso de pie, lo intento tres o cuatro veces pero se equivocaba o daba los pasos incorrectos. —Soy una inútil en esto. —Murmuro triste.
—No te preocupes, solo te falta practicar.
Sin embargo, sus palabras de aliento no le trajeron alivio a su corazón, Orihime no dejaba de estar deprimida durante el resto de la clase que Miyako le sugirió terminar temprano con el fin de comer mejor antes de ir a su siguiente clase con Kaien.
Tan bien que había estado en el desayuno con Ichigo y el encuentro con los duques de Rikka y ahora toda esa felicidad se le desinfló como un flan.
Y las clases con Kaien no lo mejoraron.
El archiduque creía que ya había aprendido lo necesario para hacerle un pequeño ejercicio de administración. Le dijo que debía escribir el presupuesto de un pueblo pequeño llamado Owl, especificando en dónde va a ir el dinero: salud, mercadería, alimentos, etc.
Orihime había tardado tres horas en hacerlo, primero haciendo muchos borradores y concentrada en las cuentas tanto del dinero como de los recursos, haciendo correcciones en donde ella creía haberse equivocado y luego lo paso a un pergamino limpio y ordenado una vez se sintió segura y satisfecha.
Que se desmorona al ver la mueca de Kaien tras leer su esfuerzo.
—¿Fue horrible? — Apenas le salía la voz.
—Oh, has mejorado bastante Orihime.
—¿Pero?
—Bueno… si esto fuera oficial, tendría que encerrarte por malversar fondos de estado.
Orihime en respuesta se larga a llorar y pide disculpas una y otra vez a pesar que Kaien le ha dicho que no hay problema, que de los errores se aprenden y hasta bromeo que quedaría entre los dos, que no le dirá a los espías Shihouin.
Eso sólo la hizo llorar más y afirmar sus sospechas desde el campamento.
No sirve para liderar.
Será una molestia para Ichigo.
¿En qué estaba pensando? No es lista como sus hermanas, hasta Eris es mejor que ella en esto… si quitamos la parte de una mamada a cambio de salirse con la suya.
Se había ido del cuarto pidiendo disculpas a Kaien por haber perdido los papeles y corre a la seguridad de su habitación. Necesita estar sola, por eso le ordena a sus doncellas que se vayan apenas entró y se refugió en la cama abrazando su almohada y enterrando su cara en la misma.
No puede hacerlo, todo lo hará mal.
Eris tiene razón, es una inútil. Una rata escurridiza que no sabe qué hacer con su vida.
Debió irse al norte. Aun puede pescar a Rena e irse en un barco.
Ichigo se merece a alguien mejor que ella, una mujer que sí sabe cómo ser la Emperatriz y ayudarlo, no darle más carga.
Siente un peso extra en su cama y alza la mirada asustada, encontrándose los ojos chocolates de su marido. ¿Cómo no escuchó la puerta abrirse y los pasos del hombre? Si hubiera sido otro, ya estaría muerta con una daga atravesándole la yugular y manchando las sabanas color arena de sangre.
—Hey. — Dice él sonriendo mientras acerca su mano a la mejilla mojada y expuesta de ella. — Oí que tuviste un mal día.
—¿Mal día? — Vuelve a esconderse en la almohada como la cobarde que es. — Yo diría una revelación.
—¿Revelación?
—No sirvo para esto… debería irme y que otra ocupe mi lugar.
—Nadie va a ocupar tu lugar Orihime. — Escucharlo hablar tan decidido le produce un escalofrió agradable en la espalda y baja por su… se sonroja. Siente cómo se apega más a ella, dejando que la almohada los separe y como su mano acaricia con suavidad su cadera. — Solo hay una persona que durante mi reinado se sentara a mi lado y esa eres tú. — El corazón le late rápido que está segura que toda su piel se ha teñido de rojo y ese… escozor entre sus piernas crece. — No te sientas mal solo porque tuviste un mal día, te aseguro que todos pasamos por esto una vez: mis padres, Kaien… hasta yo.
—¿Tú? Pero tú eres perfecto. — Lo encara, su cara roja, mojada en lágrimas y hasta algunos mocos pero. — Todas tus responsabilidades lo has hecho bien a la primera. Sin ni un error.
—Gracias por lo de perfecto, pero te aseguro que no es cierto. — Sonríe halagado, encontrando hermosa a su esposa a pesar de aquel feo aspecto con los mocos. Saca su pañuelo y le ayuda a limpiarse la cara. De verdad que está hasta las patas de… ¿De qué? — ¿Quién te ha dicho esa tontería? ¿Yuzu?
—Eris. — Admite e Ichigo se pone tenso. — Siempre la he escuchado decir todas tus victorias políticas y en el campo de batalla. Ya sabes que ella siempre le has…
—Sí lo sé. — Hace un gesto de desagrado ante la mujer pelirroja que por un baile se imaginó todo un futuro y parece que lo espiaba. — Pero te aseguro mi princesa que no soy perfecto… aunque me halaga serlo ante tus ojos.
—¿De verdad?... quiero decir, con lo de los errores, no lo… otro. — Se sonroja otra vez
—Esto sólo lo sabe mi padre… y mi tío Ryuuken, por desgracia, pero estaba tan confiado que… bueno… cometí un error en los presupuesto. Intercambie el de agrícola con el de mantenimiento de flota marítima… más encima el de la flota iba conectada con el de Quincy, el reino de mi tío, así que imagínate su cara al abrir el sobre y encontrarse el presupuesto de la harina, papas y cebollas.
No lo pudo evitar pero a la joven reina se le escapó una risa. Había conocido al Rey Ryuuken en el baile de días atrás y le bastó para imaginarse a ese hombre todo serio tener un tic nervioso al ver la firma de su sobrino como prueba de haberse equivocado por todo el pinche trabajo extra que va a tener para contactar con Isshin y solucionarlo.
Ichigo celebra internamente su victoria personal, verla sonreír o reír es mucho mejor que verla llorando o con la autoestima baja.
—¿Ves mi princesa? — Le besa la coronilla. — De los errores se aprenden. — Le acaricia el pelo con suavidad y disfruta oírla suspirar muy a gusto de su toque. — No dudes de ti misma, ya verás que yo tengo razón al decidir que tú seas mi esposa, mi compañera y mi emperatriz.
Conmovida, Orihime le da las gracias estirando su cuello para besarlo directo en la boca. Esta vez no es un beso corto, sino largo y a gusto mientras la mano pequeña y suave juega con su pelo.
¿Dos besos iniciados por Orihime en un mismo día?
Es para sentirse todo un campeón.
