Capítulo 17: Los planes de Mina.
—Buenos días, Su Majestad. — La voz de Richiro lo saca de su sueño ligero de esa noche. — Es un día muy importante. Vamos rápido que tiene mucho que hacer.
Ichigo tarda en reaccionar. Por algún motivo que no recuerda, le había costado dormir a pesar del agotamiento por entrenar, el papeleo que no tenia fin y los nobles que fueron llegando y debía atender en la cena. El mayordomo ha tenido que arrancar las sabanas de su cuerpo con el fin de que se moviera de una vez y despertase.
—Vamos Su majestad, si no se levanta estaremos atrasados y ese privilegio le corresponde a la novia, no a usted.
La Novia.
Ahora si se acuerda.
No podía dormir por las ansias.
Iba a casarse con Orihime.
Bajo las leyes de Karakura.
Mierda, esa noche iba por fin a consumar su matrimonio.
Y su pene es el más emocionado con la noticia. Con tal de acabar con la tortura por fin.
—Su majestad.
—Ya oí, ya oí. – Refunfuñando se pone en pie. — Como siempre huraño cuando no obedezco, Richiro.
—Es el hombre más poderoso del Imperio, eso lo obliga a dar el ejemplo.
—Entre mis padres, Hinako y tú van a matarme. — No suena acusatorio, más bien bromista. Camina hacia su baño, donde el agua caliente lo espera.
Gime ronco mientras se deja vencer por el calor del agua. De seguro los mozos le deben estar preparando la mesa para desayunar y su traje para la boda.
A pesar de estar técnicamente ya casados, aun no puede creer que todo esto esté pasando. Que se va a casar luego de haberle echado pestes durante años. ¿Para qué molestarse en tener una mujer si puede tenerlas a todas? Total, igualmente lo haría y no le veía sentido hacerle pasar mal rato a su hipotética esposa. Independiente de lo que la gente crea, su hipotética esposa se merece respeto.
Pero ahí está, a tres horas de salir de su dormitorio, cinco de llegar al altar, siete de ser oficialmente el marido de Orihime...
Y a diez de consumar el matrimonio hasta el amanecer si se lo permite.
¿El amanecer? ¡Un mes entero!
Ya listo su espalda gracias a la ayuda de Richiro, él solo se baña el resto de su cuerpo. Se seca y viste con ayuda de un lacayo que mantiene los detalles perfectos como las medallas por ejemplo. Para su molestia, tuvo que dejar que el mayordomo le asistiera en comer para no ensuciar su traje.
Isshin se hace presente y encuentra a su hijo arreglarse los gemelos. Sonríe, el orgullo en sus ojos es tan intenso como el día en que Ichigo fue coronado.
—Hace mucho que no te veo como un hombre.
—¿Eso es un insulto o un halago?— Isshin solo se ríe a carcajadas y por esa vez no le molesta.— Entiendo lo que quieres decir... o eso creo. Para mí no deja de ser sorpresivo.
—Todo saldrá bien. — Isshin le da palmadas en los brazos. Su sonrisa de padre orgulloso se ensancha más si es posible. — Si estás seguro de casarte es porque sabes que es la indicada... y honestamente me alegra mucho.
—Sí, sí, por los nietos y todo eso.
—Eso también pero lo decía por ti. Te ves muy feliz y, conociendo a mi nuera, se que te dejo en buenas manos y serás mucho más feliz.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? Tal vez en un futuro me canse y termine divorciándome.
—No vas a hacer eso y tú y yo lo sabemos. — Dijo Isshin con una sonrisa. — Solo hay que ver cómo miras a Orihime para saber que nunca te atreverías a dejarla.
—¿El como la miro? — Pregunto extrañado.
—No puedo decir más. — El pelinegra cerró esa conversación y miro a su hijo un momento, quién se terminaba de ponerse su capa al hombro. — Ella es una buena chica, que ha sufrido bastante en vida.
—¿Lo sabes? –Pregunto sorprendido.
—Desde el primer día tuve una leve sospecha, pero cuando hable con tu madre atamos cabos juntos. — La mirada de Isshin cambio a una de furia un momento. — No puedo creer que semejante basura tuviera el don de ser padre.
—Pero él ya no existe en este mundo. — Declaro Ichigo seriamente. — No hay más motivos por el que ella tenga que estar a la defensiva, a excepción de los nobles envidiosos que deseaban ligar su nombre al trono.
—¿Te encargaste de ello?
—Por supuesto, decapitar a uno de los hijos del líder de la facción que estaba en contra. Sirvió de ejemplo.
—Ah, sí… era el heredero del vizconde Fuyumi, ¿No?
—Ese mismo, y creo que les quedó claro el mensaje. — La sed de sangre de Ichigo se hizo presente un instante al recordar cómo el hijo del noble había lloriqueado por su vida.
—Bien, no estoy a favor de esas acciones, pero si no se toman medidas drásticas las raíces crecerán hasta crear un golpe de estado al Imperio.
—Por eso mismo lo hice. — Declaro el pelinaranja dejándose caer en el sofá. — Ellos ya están controlados.
El hombre miro a su hijo, relajado y con la cara de un tonto como él diría.
—En momentos como estos es cuando me doy cuenta de lo viejo que estoy. — Suspiro tras aquella revelación.
—No exageres, no eres tan anciano. — Cosa rara en él, tratar de animar a su padre.
—Jajajaja, eso lo sé pero al verte así, listo para ir a unir tu vida para siempre con otra persona me hizo sentir un poco nostálgico. — El antiguo emperador vio a su lado y la visión del pequeño Ichigo de ocho años cargando su espada de madera pareció ocurrir justo frente a él. — Me hace caer en la realidad de que ya no eres un niño.
—Hace tiempo que deje de serlo papá. — Respondió con una tenue sonrisa y sentándose frente a él.
—No tardará en pasar mucho tiempo antes de que termine entregando a Yuzu y a Karin a sus futuros maridos.
—Aun falta tiempo para eso. — Lo tranquilizó.
—¿Lo recuerdas? Cuando tenías quince años decías que podías darles cariño a todas las damas y nunca serías de una sola.
—Ah, sí. — Rio levemente. — Cuando mamá intento arreglarme un compromiso ¿Cierto?
—Jajajaja, aún recuerdo tu cara de shock y como te escapaste saltando del segundo piso sin una sola herida. — Contó la antigua espada del imperio.
—Supe después que a mamá casi le dio un ataqué y se desquitó contigo.
—Eso no fue agradable. — Isshin nunca la vio enojada pero fue muy estricta con él un tiempo y le sacaba un poco en cara sus épocas juveniles, debía admitir que antes de conocer a Masaki él también era un picaflores.
—Y yo no puedo creer que mi madre aún te domine después de casi treinta y cinco años casados.
—También fue en parte tu culpa. — Le reclamo tras otro cansino suspiro. — Después de esa discusión a los dos días llegó una comisión oficial de Xing y te acostaste con la segunda princesa Ming Fei.
—En mi defensa fue de mutuo acuerdo. — Aclaro.
—Para tu madre que deseaba comprometerte con la primera princesa y heredera al trono eso no fue muy agradable y he ahí el porqué de su molestia. — Aclara el antiguo monarca. — En cuánto a porque sigo aún bajo sus pies, tu madre es como el sol. Brillante, atrayente y yo estoy feliz de girar idiotamente dentro de su órbita. — Miro a su hijo con un extraño brillo que pone a éste en alerta. — Presiento que tú terminarás igual que yo.
–¿Pero qué tonterías estás diciendo? — Ichigo se burló un poco de dichas palabras.
—Llámame loco, pero tengo una corazonada.
—No creo llegar a tu nivel de debilidad por mi madre. — Ichigo sabía que Orihime le llamaba la atención ¿Pero llegar al nivel de adoración de su padre? Veía eso casi imposible.
—Ya veremos quién ríe al último hijo mío. — Sonrió tenuemente. — Por cierto, te tengo un regalo personal de bodas. — Isshin saca una caja pequeña de su chaqueta y se lo entrega.
—¿Qué es esto? — Pregunto extrañado.
—Ábrelo y verás.
Ichigo hizo caso y abrió la pequeña caja, la cual dejo ver un broche de plata con un gran zafiro en el centro.
—¿Esto es? — Pregunto extrañado.
—Ese broche es casi un tesoro nacional, fue del primer emperador de Karakura y ha pasado de generación en generación a cada emperador augurando buena fortuna en el matrimonio. Se dice que si en la noche de luna nueva brilla, tu matrimonio será largo y feliz.
—Recuerdo habértelo visto cuando era pequeño, una o dos veces.
—Como te he dicho, es una reliquia familiar invaluable, sería una pena que se perdiera por andarlo exhibiendo ¿No crees?
—Supongo que tienes razón. — Acepto e Isshin recupera la joya con el fin de colocarla él mismo en el centro del cuello de la casaca militar.
—Ahora estás listo. — Murmuro el hombre.
—Lo cuidare bien.
—Y también cuida de la pequeña Orihime, deseo que tú nueva vida matrimonial vaya excelente. Y ahora sí comentaré que espero pronto ver a mis preciosos nietos.
—Gracias papá. — Agradeció sinceramente el emperador. — En cuanto a lo segundo tendrás que seguir esperando, tal vez ella ni siquiera piense en tener hijos y no la voy a forzar.
—No hay de qué y al menos sabré que lo intente. — En ese momento un mayordomo más joven entro en la habitación cargando una charola y día copas de cristal. — Ya que son tus últimas horas de soltero tengamos un brindis, he traído el mejor vino de mi cava privada.
—¿Tus vinos especiales? Me siento honrado. — Vio como el mayordomo servía el contenido de la botella en ambas copas.
—Por tu futuro matrimonio y que tengas una vida feliz y prospera. — Hablo su padre. — Salud.
—Salud. — Respondió Ichigo chocando su copa contra la de su progenitor.
Dicen que el día más feliz de una mujer es el día de su boda… sin embargo nadie le dijo a Orihime el duro y complejo proceso que debía sufrirse antes de llegar al importante día.
Y por sufrir se refiere a su suegra, cuñada menor y mucamas.
Apenas había empezado la semana fue "secuestrada" por sus mucamas (y algo de ayuda de Richiro), la emperatriz ordenó cerrar una parte del palacio Etheron y después la joven Reina había sido sometida a procesos de maquillaje, manicura, tratamientos faciales, peinados, etc.
Ni siquiera había podido ver a Ichigo en los últimos cinco días y de alguna forma eso la había entristecido un poco ya que extrañaba su calor y compañía, las pesadillas ya habían remitido bastante sin embargo ya estaba acostumbrada a estar con él.
Ya le verás la cara todos los días de tu vida a partir de la ceremonia. Le había dicho una sonriente Rangiku Ichimaru cuando paso a dejar su vestido a mediados de la semana, ya que ella había resultado ser la dueña de la tienda de ropa donde el diseñador Charlotte trabajaba.
Rangiku Matsumoto condesa de Ichimaru era la esposa del conde Ichimaru Gin, cuando Orihime admitió con vergüenza a Lady Miyako durante las clases de etiqueta que no sabía bailar y había pisado los pies de su majestad, ésta inmediatamente llamo a una amiga suya que había resultado ser la condesa, ella era picante y desinhibida al hablar por lo que había hecho buenas migas con Orihime al punto que le pidió ser su dama de honor junto con Cristal y Rukia debido también a que la condesa Urahara había enfermado un poco, en su embarazo había presentado una pequeña alta de presión y le ordenaron reposo. Aún así le confirmo que definitivamente estaría mejor para asistir a su boda ya que no se perdería el banquete preparado por la chef del palacio imperial.
—Hermana Orihime, tu deber exclusivo ahora es verte totalmente pre-cio-sa para el gran día. — Le siguió Yuzu emocionada a la que le lavaban el cabello, Karin hacía dormida en uno de los sofás ya que había sido arrastrada a la fuerza por su madre y hermana.
—Eso lo entiendo ¿Pero es todo esto necesario? ¿No es excesivo? — La joven de ojos castaños se encontraba recostada con una bata amarilla y una toalla en la cabeza, su cara tenía una plasta color oscuro y Agatha se encargaba de limpiar las impurezas y preparar sus uñas, Rena por otra parte se encontraba en un pequeño corral móvil que había sido dispuesto en una las habitaciones principales del palacio el cual había sido designado como un spa temporal, la joven princesa tenía varios juguetes con los que se distraía y jugaba emocionada. — ¿Te diviertes Rena? — Por respuesta la bebé gorjeo feliz y chillo. — Eso es bueno. —Sonrió tenuemente al ver a su hermana pequeña tan contenta.
—Por supuesto que todo esto es necesario Orihime. — A su lado la emperatriz Masaki recibía un masaje facial de parte de Hinako. — Hinako, extrañe esto todo el tiempo que fuiste a Rikka con mi hijo. — Hablo en un suspiro.
—No se preocupe majestad, me encargaré de que su cutis este limpio y sedoso para la boda.
—Pero es que… — Comento Orihime.
—Pero nada, solo disfruta de esta sesión de belleza, te mereces muchos mimos. — Corto su reproche. — Después de todo tú serás la protagonista ese día. ¿No quieres lucir bonita para Ichigo?
—Por supuesto. — Respondió de inmediato la pelinaranja.
—Ya eres hermosa, pero ese día mi hijo no dejará de babear por ti.
—Te aseguro que va a estar celándote todo el día. —Le siguió Yuzu.
—Voy a proceder a exfoliar su piel majestad. — Hablo Agatha quien había terminado con sus manos.
Y todo eso tuvo que soportar hasta llegar a ese día, el día de su ceremonia finalmente estaba ahí.
Se encontraba en su habitación, su vestido de novia era hermoso, de un satén totalmente blanco, no llevaba tirantes pero se ajustaba coquetamente a sus hombros, una hermosa tela con hermosos detalles en forma de ramas y copos de nieve adornaba ambos hombros y el largo llegaba hasta donde comenzaba su brazo, la falda y la cola también de organza tenían el mismo patrón de copos de nieve y ramas con una hilo blanco más brillante que el vestido al igual que el corpiño, el velo tipo catedral tenía el mismo diseño pero se habían usado hilo plateado para destacar los bordes y detalles.
Su cabello se veía más suave y sedoso, no lo habían recogido mucho, solo agregaron más volumen con ondas y una media cola hecha a partir de una trenza, su flequillo estaba a los lados de su rostro y se habían decidido por darle un maquillaje más natural, además que las cicatrices visibles por el escote en la espalda del vestido habían sido exitosamente maquilladas por Agatha y Hinako, así que nadie sospecharía nada.
—¡Orihime, te vez tan bonita! — Exclamo Cristal en su vestido azul de dama de honor.
—Si Ichigo no te da ningún cumplido por lo bella que te vez, le daré una patada en las bolas. — Exclamo una feliz Rukia. — Tú solo avísame.
— Sí, lo tomare en cuenta. — No le diría nada a Rukia, no quería que lastimara a su esposo en plena boda.
El diseño del vestido de dama de honor había sido colaboración de todas, eligieron un diseño clásico medieval color azul con bordes blancos, con lazos blancos en el área del pecho hasta el final del abdomen y un escote cuadrado con mangas tres cuartos, un poco anchas al final para permitirles moverse libremente.
—Ahora solo faltan los detalles. — Hablo la rubia. — Necesitas algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado. Es la tradición.
—El vestido ya sería algo nuevo. — Comento Rukia.
—Y algo viejo... Tengo esto. — Orihime se dirigió a su pequeño alhajero y saco aquel pequeño colgante con la pintura de Narue cargándola de bebé. — Agatha. — La llamo suavemente, la mujer contuvo una pequeña lágrima al recordar a su señorita Narue y le coloco el collar.
—La señorita debe estar muy feliz y orgullosa por usted desde el cielo. — Orihime sonrío suavemente y acaricio el objeto con sus dedos, aún conservaba las cenizas de Narue y había pedido a Ichigo que más adelante la llevará al puerto donde nació su madre y regar sus cenizas al mar como ella hubiese deseado.
—Entonces solo falta algo azul y algo prestado. — Murmuro la ojivioleta.
—¿Llegamos a tiempo? — Las gemelas entraron en ese momento a la habitación llevando una caja cada una.
—¿Dónde habían estado? — Pregunto la emperatriz con una sonrisa.
—Una disculpa madre, esperábamos que llegase cierto objeto. — Sonrió Yuzu enfundada en un lindo vestido aguamarina liso con tirantes y una falda amplia con detalles en color dorado.
—Fue una molestia esperarlo. — Agrego Karin desinteresadamente en su vestido tinto, con falda ligera y un solo tirante en su hombro izquierdo.
—Hermana Orihime, me gustaría que usases esto. — Yuzu mostró una cajita azul marino y abrió está dejando ver un par de pendientes de perla y plata.
—¿No son estos los pendientes que te regalo Ichigo por tu quinto cumpleaños? –Recordó como su cuñada le había dicho que su hermano los encargo especialmente a Martín, un capital costera donde las perlas eran de gran calidad.
—Así es, te los prestaré por este día. — Sonrió tímidamente.– Claro, solo si tú quieres.
Orihime sonrío y recibió los pendientes.
—Por supuesto que los usaré, muchas gracias Yuzu. — Sonrio poniéndose los mismos.
—Bien eso arregla lo de algo prestado ¿Y algo azul?
—Aquí. — Murmuro aburrida Karin, entregando una caja de terciopelo rojo. Orihime lo abrió y encontró un hermoso broche para cabello con forma de flor de loto, los pétalos eran de color azul y los tallos de diamantes.
—¡Es precioso!
—Sí, sí, ya póntelo.
—No seas modesta Karin, yo sé bien que tú lo diseñaste. — La delató su hermana con una risita.
—¡E-eso no es verdad! ·Exclamo La morocha con las mejillas rojas.
—Pero si incluso te vi con Lord Toushiro buscando un diseño adecuado. — Murmuro pensativa.
—¡Yuzu, cállate! –Exclamo Karin avergonzada.
—Estoy halagada, gracias Karin. — Orihime tomo la mano de su cuñada pelinegra y está asintió abochornada.
—Bien creo que eso arregla todo. — Aplaudió Masaki en su vestido rojo con dorado de gala.
—Orihime, te traje algo yo también. — Miyako, quién estaba sentada bebiendo té tranquilamente se acercó después de escuchar todo el alboroto, hizo una seña a su doncella la cual se acercó con una bandeja y algo irregular se encontraba cubierto con una tela amarilla.
—¿Si? — Dijo extrañada, no se le ocurría que más podría darle, ella ya le había enseñado mucho y a velocidad exprés en los últimos 30 días.
—Este es mi regalo. — La duquesa Shiba retiro la tela y mostró lo que ocultaba... Un hermoso ramo largo en forma de lágrima con flores totalmente blancas. — Son lirios del Valle y tulipanes cultivados en mi jardín, el señor Makoto me dio las rosas blancas con permiso de su majestad la emperatriz.
—Es muy bonito. — Orihime casi quería llorar, pero no debía para no arruinar el maquillaje, Hinamori quién terminaba de poner el broche azul en su cabello le acercó un pañuelo para que se limpiara las lágrimas que asomaba. — Gracias Momo, muchas gracias por las molestias Lady Miyako.
—No te preocupes, lo hice con gusto. — Sonríe feliz, el vestido de dama de honor le lucia muy bien. — Ahora ¿Nos vamos? La novia siempre debe llegar tarde, así que creo que ya es momento.
Todas asintieron y salieron de la habitación, los pasillos habían sido despejados para que nadie viera a la novia antes de la ceremonia, incluso el mismo Isshin había movido a las fuerzas especiales a petición de su mujer para que Ichigo no se colara a la habitación de Orihime.
Las damas salieron primero, Rangiku iría por su hija Risa (la cuál era idéntica a ella pero con los ojos azules del conde Gin) la cual tenía siete años y sería la niña de las flores, Agatha fue con ella para llevarse a Rena al salón donde se haría la ceremonia, ambas niñas estaban juntas y ya habían sido preparadas por mucamas.
Orihime respiró profundo antes de salir de la habitación donde Isshin la esperaba, ya que no tenía familiares él se encargaría de entregarla en el altar a Ichigo.
Finalmente salió dejando a su suegro con la boca abierta un instante.
—Te ves muy hermosa Orihime. — La halago el pelinegro.
—Gracias. — Sonrió tímidamente, tomo la mano que el hombre extendía pero por un momento se paralizó, el miedo había atacado nuevamente.
—¿Orihime? — La miro extrañado el antiguo emperador.
—Ah... Yo… — Sus pies no se movían, se habían puesto rígidos, por un momento pensaba que se iba a caer pero por un segundo sintió un pequeño empujón en su espalda, la pelinaranja vio de reojo y por un instante... Una milésima de segundo había logrado ver la figura de Narue que le susurraba "adelante". — No... No es nada. — Sonrió con una mezcla de felicidad y tristeza al mismo tiempo. — ¿Nos vamos?
—Por supuesto. — Respondió su acompañante y dieron paso al lugar de la boda, por un momento le pareció escuchar la suave voz de su hermana que le decía "Deja ir tu miedo"
La decoración de la iglesia fue, como no, obra de la Emperatriz y su hija Yuzu. Todo porque Orihime ha hecho un comentario de echar de menos la nieve en Rikka e Ichigo se lo ha dicho a su madre, decidido en satisfacer todos los deseos de la reina regente sin importar los costos. Por lo tanto la iglesia ha sido decorada con lazos blancos y plateados en el techo, paredes y en los bordes de los asientos; lo mismo con las flores blancas y azules. Todo con tal de darle un aspecto invernal y hogareño de Rikka.
No se había dado cuenta de lo nervioso que estaba hasta que percibe sus dedos jugar con los gemelos ya más de diez minutos. ¿Cómo puede pasar por esos nervios? No tiene sentido. No debería afectarle. Incluso ha dejado pasar cuatro bromas de Hirako o Renji.
Debe ser porque no la ha visto en toda esa semana. Podía contar las veces que se han visto con una mano. En verdad la echaba de menos y más desde que han tenido días durmiendo juntos como en los tiempos del campamento o en el viaje de vuelta a Karakura. ¿Habrá dormido bien? ¿Ha tenido pesadillas? ¿No le habrá dado ataques de pánico? No. Su madre se lo diría.
Aunque una vez la vio cansada en el almuerzo con las señales de un mal sueño y la escondió del horario un par de horas en los jardines, descansando ambos sobre el prado en una siesta. Abrazados.
Con una ojeada le echa un vistazo a la audiencia. Los ve conversar, algunos tranquilos, otros tensos. De seguro ese último grupo a causa de su acto a sangre fría de decapitación. Al menos han aprendido la lección.
Y si tiene que ocasionar un genocidio en su Corte, lo hará con tal de callarlos y hacerles entender de una vez que no habrá nadie más aparte de Orihime Inoue quien ocupe el puesto de Emperatriz.
El silencio causado por la melodía del pianoforte le produce un escalofrío en la columna.
Es la señal de la novia.
Trata de mantener la compostura.
Pero no el tiempo suficiente.
Porque Orihime aparece en su campo de visión y está seguro que todo el mundo en ese lugar ha visto su cara deslumbrante y casi embobado.
Hermosa es una palabra que no le hace justicia. Ni bellísima.
No había ni una palabra en el mundo que pueda definir a su Reina en ese momento, en ese vestido blanco puro, caminando hacía él con las leves mejillas rosas por los nervios y la emoción.
Por la forma en cómo su mano agarra con un poco de más fuerza el brazo de su padre, sospecha que es por los nervios. Y de seguro los dos están dando gracias que no se había tropezado y caído.
Pero hay algo más. Algo más que le produce esa imagen en los ojos que debe pestañear o quizás lloraría; o que su pecho sea lastimado una y otra vez por los propios latidos de su corazón, unos latidos más intensos y fuertes que incluso en una buena batalla en primera línea en una guerra o cuando entrenaba a muerte con su profesor Zaraki.
Y cuando ella le sonrió mientras tomaba su mano, lo supo.
Tu madre es como el sol. Brillante, atrayente y estoy feliz de girar idiotamente dentro de su órbita.
A la mierda, su maldito padre estaba en lo cierto.
No era sólo cariño o lujuria.
Era amor.
Amaba a Orihime Inoue.
Quiere ser el único que ella vea como lo hace ahora, perderse en sus ojos, que siempre sonría, cumplirle todos sus caprichos (no importa que sean tontos o imposibles).
Y solo está empezando.
La ligera presión que ella hace en su mano lo devuelve a la realidad y le regresa el apretón. Sonríe.
—Por primera vez en mi vida creo que me he quedado sin palabras. — Susurra besando sus nudillos sin importarle que no cumpla el protocolo. — Te ves deslumbrante mi Orihime.
Ella se sonroja y agacha la mirada un poco, apenada. Eso más los nervios de ser el centro de atención juegan en su contra al titubear.
—Tú también… muy apuesto…
—Hoy es un día muy importante. La historia se hace presente muy fuerte con este evento. — El mismísimo Papa se había presentado no solo a bendecir y aceptar la unión, sino casarlos. — No solo es la boda de nuestro Decimo Quinto Emperador… que de seguro nuestra señora Masaki celebra de felicidad luego de años rogándole que se case. — Mientras Ichigo fruncía el ceño, Masaki sonreía radiante, dándole la razón al hombre mayor. — También es el nacimiento de una nueva Emperatriz. — Su mirada calmada y sonrisa se posa en Orihime, luego inclina la cabeza. — Me han hablado de su historia de amor tanto que rezo a Dios que no solo duren juntos muchas décadas de vida, también estaré pendiente de lo que la historia digan de ustedes. Estoy muy seguro que no pararemos de escuchar sobre nuestros Emperadores de Karakura… para bien o para mal. — Suspira hondo. — Antes de dar inicio a esta ceremonia de unión, debo pedir a la audiencia que si hay algún motivo por el cual estos dos jóvenes no deban unirse, que hable ahora o calle para siempre.
De respuesta hubo un silencio sepulcral. No se sabe si es por estar de acuerdo o por sentir aun la amenaza de Ichigo en sus yugulares.
—Parece que todo en orden. — Celebra alegre el Papa en lo que Isshin debe ocultar su diversión con un ligero ataque de tos. Yuzu lo ve confundida y Karin en sospecha, oliéndose algo. — Orihime Inoue. Princesa por nacimiento de Rikka, Reina de dicho país. ¿Tomas a este hombre, bajo las leyes políticas y religiosas de Karakura, como tu esposo hasta que la muerte los separe?
Orihime no había respondido de inmediato, concentrada en los ojos de Ichigo como si buscase algo importante, algo que le diga la respuesta correcta. Él la mira frunciendo el ceño en confusión, queriendo saber en qué estaba pensando en ese momento.
—Creo que es obvio si ya nos hemos casado en mi tierra. — Dice ella de pronto, sin despegar los ojos de Ichigo. — Sí.
Ichigo no se había dado cuenta hasta que oyó la afirmación de lo mucho que necesitaba oír eso.
—Ichigo Kurosaki. Caballero de los Getsuga y Decimo Quinto Emperador de Karakura. ¿Tomas a esta mujer, bajo las leyes políticas y religiosas de Karakura, como tu esposa hasta que la muerte los separe?
—No solo hasta la muerte, sino más allá. — Seguro de su juramento. La muerte ni un Dios iban a separarlo de ella. — Sí.
Trata de no gruñir por el grito de júbilo de sus padres, Yuzu y Rukia.
Pero Orihime le quita la molestia de aquel momento con solo mirarlo sorprendida y conmovida. Bastante en claro que no se esperada luego de tantas cosas juntos, una confesión tan íntima de su parte.
—Tras dichas palabras encantadoras, procedemos a los Votos. — El Papa, contento, mira a Orihime. — Mi Reina.
Orihime se muerde el labio de aquella manera que lo vuelve loco. Cerca estuvo de botar su autocontrol y devorarle la boca… y el cuello. En todas partes. Sin importarle el público.
Ella piensa en todas las horas trabajando en sus votos. Orihime había escrito tantos discursos de votos matrimonios como para publicar dos libros. Todos les gustó y odio al mismo tiempo. No creía que tenían lo suficiente. Había llegado al punto de llorar unas cinco veces por la desesperación de no poder plasmar lo que pensaba que era correcto o lo que quería decir tras años de silencio, de oprimir sus emociones como parte de su sobrevivencia.
Nada es suficiente para reflejar lo agradecida que está de Ichigo.
Había ido con Miyako, Hinako y pedido la visita de Yoruichi por sus consejos, alguna guía que la socorra de su dilema. Todas ellas le habían aconsejado lo mismo: no es necesario que sea perfecto, pero sí sincero.
Luego de mucha meditación, mucho té verde que la mantuvo despierta y unas ojeras al día siguiente, había encontrado las palabras que quería decir.
También palabras que había sellado en su mente por protección. Porque inconscientemente no quería verlas por su clásico miedo clavado tan hondo en ella, en sus huesos por mucho avance que haya tenido con Ichigo.
Palabras que le hizo darse cuenta que, de pronto, sin saber en qué momento, se había enamorado de aquel hombre frente a ella.
Quien iba a ser su esposo.
—Yo… he preparado muchos discursos, casi mato a mi doncella de lo histérica que estaba. — Se ha ganado unas risitas femeninas, no de burla sino de comprensión. En especial las casadas que han estado en sus zapatos. — Lamento que no sean largas pero son honestas: Ichigo… darte cinco vidas no serán suficiente en recompensar todo lo que has hecho por mí, la paciencia que has tenido, el… apoyo que me ha ayudado poco a poco salir de mi pozo. Que aun me sacan porque el jodido pozo es profundo como no tienes ni idea. — Siente las manos de Ichigo presionando las propias para darle animo y agradecimiento que se abra otro poco más a él. — Cuando era pequeña, soñaba que tenía vidas distintas, que era diferente persona con distinta profesión que vivía en otros países, lo más lejos posible del hogar que estaba. — Sonríe melancólica a pesar del dolor que de niña tenía en ese entonces, bien acurrucada en su escondite mientras se repetía en la mente su vida imaginaria y así olvidar el Infierno en el que estaba. — Y sé, bastante segura, que no importa en cuál de esas cinco vidas distintas tenga… o quizás más… en todas ellas te habría encontrado y siempre serás el elegido de mi corazón.
Se escucharon algunos suspiros en señal de aprobación, algunas damas miraban con ojos soñadores. A Yuzu le cae las lágrimas y Karin, malhumorada de su actitud pero igual conmovida de las palabras de Orihime, le da a su melliza un pañuelo que Yuzu acepta con gusto.
—Que bello. — Susurra Cristal y Rangiku y Rukia le dieron la razón.
Ichigo la ve entre conmovido y culpable. Lo segundo porque, comparado con las palabras de su mujer, él no se había preparado palabras dignas. Sabe que nada se pueda comparar a lo que Orihime le ha dicho, excepto… excepto abrirle su corazón como ella hace ahora.
—Mi Emperador. — El Papa toma las palabras tras el prolongado silencio. Más de lo normal. Y antes que empiece el cuchicheo. — Mi Emperador, sus Votos.
¿Qué decir? ¿Qué está a la altura de ella? Todo lo que había escrito y ensayado le parece insignificante. Admite con vergüenza que no le había puesto tanto esfuerzo, nunca había sido bueno con las palabras y con todos sus deberes en su escritorio y en el campo de entrenamiento no se ha podido concentrar cien por ciento.
Bueno, en ese entonces y ahora había pensado lo mismo: decir la verdad. Y por ahí empezaría.
—Orihime… lo siento. No soy bueno con las palabras. — Ella asiente, dándole la razón y ahora es él quien sonríe. — Así que discúlpame tú a mí que lo mío será más corto… pero solo verdad. — Otra vez ella asiente, como si lo hubiera previsto. — Tú dices que estas agradecida, pero yo también lo estoy. Aunque no lo creas, has hecho por mí mucho. Creo… creo que a estas alturas no puedo estar sin ti, también tú siempre habrías sido la elegida… porque, y lo digo sin pudor delante de todos los de aquí presente, te amo.
El corazón de Orihime brinco de alegría por oír esas palabras, no pudo evitar que una lágrima escapara de sus ojos y el emperador limpio ésta delicadamente con su mano.
—El corazón de la emperatriz Masaki y el antiguo emperador Isshin respiraran con tranquilidad desde el día de hoy. — Hablo el Papa con una sonrisa tranquila. — Puesto que nuestro emperador ya ha entregado su corazón a una dama ya no verán más doncellas desfilando por el palacio. — Agrego con una sonrisa.
—No se pase de listo. — Gruño Ichigo tras escuchar algunas risas haciendo eco.
—Ahora procedemos al intercambio de anillos. — Lo ignoro el religioso. — ¿Pueden acercarse los padrinos? — Cristal y Sado se acercaron a la pareja uno al lado del otro para entregar las sortijas a los novios. — Su majestad puede comenzar primero.
—Orihime acepta este anillo como símbolo de mi amor y mi respeto. — Tomo delicadamente la mano de la joven sin dejar de verla a los ojos. — Juro estar junto a ti en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y la abundancia, en las buenas y en las malas, te honrare, amare y respetaré el resto de mi vida, en mi último aliento y hasta que la muerte nos separe. — Termino de colocar la sortija, un hermoso anillo de oro blanco que se dividía levemente al final incrustado en hermosos diamantes blancos y un gran diamante azulado cortado como una flor al final.
—¿Su majestad Orihime? — La invito a seguir el anciano papa.
—Ichigo te entrego este anillo como símbolo de mi amor y mi respeto. —Tomo el anillo que ofrecía cristal y tomo suavemente la mano del emperador. — Prometo estar contigo en los buenos y malos momentos, honrarte, amarte, respetarte, estar juntos en la abundancia y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, seguirte al fin del mundo si es necesario y hasta que la muerte nos separe.
—Dios y todos los aquí presentes son testigos de esta unión. — La sonrisa del Papa no se despegaba de su rostro. — Por el poder que nuestro Dios me ha conferido yo los declaró marido y mujer, puede besar a la novia.
El emperador sonrío y se acercó a la pelinaranja uniendo sus labios con los de ella, los brazos de Orihime cruzaron sus hombros y acepto el beso del monarca con ahínco, se besaron dulce al inicio para después ser más salvajes; fueron solo unos segundos pero eran los más esperados por ambos desde hacía poco más de cuatro meses desde que se habían conocido.
—Les presento al emperador Kurosaki Ichigo y la emperatriz Kurosaki Orihime. — Anuncio el sacerdote.
La iglesia se llenó de aplausos y vítores de alegría, los novios salieron de la bella iglesia, Orihime aferrada del brazo de su marido y poco después les siguió el cortejo de damas y padrinos detrás de ellos. Al salir del edificio fueron bañados en granos de arroz para la abundancia y se pararon frente a un gran baúl dorado que ambos abrieron, de inmediato varias palomas blancas salieron volando simbolizando el inicio de su vida, juntos.
—¿Te he dado la boda de tus sueños? — Pregunto Ichigo en voz baja mientras eran felicitados por varios nobles.
—Sí, pero el ya estar casada contigo es lo más maravilloso de todo. — Admite con una sonrisa.
Ichigo no resistió y cargo a su emperatriz para besarla nuevamente con hambre, no le importaba que los demás vieran cuánto amaba a su mujer, si había besado a otras mujeres no le importaba, solo quería el tacto de su mujer en su piel.
El salón de banquetes llevaba la misma temática de la iglesia, pulcros manteles blancos con grabados en forma de copo de nieve, sillas en color dorado y azul, y adornos de cristal colgando por el techo en diferentes tamaños simulando ser hielo, centros de mesa decoradas con hortensias blancas y algunas rosas del mismo color recogidas del jardín, Orihime había quedado con la boca abierta cuando entro al lugar.
—¡Me encanta! — Exclamo Orihime mientras veía la hermosa decoración.
—Te dije que te daría la boda de tus sueños, aunque debes agradecer a mi madre y Yuzu yo solo les dije que extrañaba la nieve de los fríos inviernos de Rikka.
—Me encargaré de decírselos más tarde. — Agrego la nueva emperatriz. — Me encanta la decoración, me encanta la comida y las flores… pero sobre todo me gusta más estar contigo. — Murmuro apegándose a él.
Ichigo sonrío a Orihime y estaba a punto de besarla de nuevo cuando fueron interrumpidos por su madre.
—Ichigo hay que dar inicio al banquete, sus invitados esperan. — Dijo sonriente.
—Ah, es cierto. — Murmuro Ichigo con un suspiro. — ¿Vamos? — Pregunto a Orihime.
—Sí, vamos. — Acepto ella con una sonrisa mientras salían a dar la bienvenida.
Los nobles y demás invitados entraron al salón sorprendidos por la decoración y el nivel de detalle puesto en el lugar. Lo cierto es que la princesa y la emperatriz madre se habían lucido espléndidamente con la planeación y demás, había quedado todo perfecto desde las telas y la vajilla hasta la comida que se serviría, fue entonces cuando el brindis de ambos monarcas comenzó, primero los padres del novio, el antiguo emperador incluso le dijo que si hacía infeliz a Orihime le partiría la cara lo que casi provoca que Ichigo sacara a Zangetsu y comenzarán a pelear pero la eficaz intervención de la emperatriz madre calmo las cosas. Finalmente el discurso de sus padrinos de bodas fue el último en escucharse aunque la que hablo principalmente fue Cristal ya que el marqués Sado solía ser un hombre de pocas palabras y la misma Orihime lo había comprobado en el campo de batalla.
Fue en el momento en que compartieron el primer vals cuando pudieron hablar con tranquilidad.
—Prometo no pisar tus pies esta ocasión. — Murmuro divertida Orihime mientras se inclinaba tomando levemente su vestido.
—Estaré encantado de comprobarlo. — Ichigo se llevó la mano derecha al pecho inclinándose cuando comenzaron a moverse al ritmo de la música.
El movimiento de ambos parecía casi mágico, como si flotasen en el aire, maravillado a todos los presentes.
—Mejoraste mucho en solo un mes. — La halago el pelinaranja sonriendo.
—Lady Ichimaru fue muy buena maestra.
—Eso veo. — Sonrió el hombre mientras giraba con ella.
—Ichigo. — Murmuro tímida.
—¿Hmm?
—¿E-era cierto lo que dijiste en la iglesia?
—¿A qué te refieres?
—Tus sentimientos... ¿De verdad son reales?
—Por supuesto que sí. — Le respondió sin dudar ni un segundo. — ¿Lo que tú dijiste también es cierto?
—Claro que sí. — Dijo ella.
—Es posible que te haya amado desde el momento en que cruzamos miradas.
—P-pero estaba sucia y llena de heridas. — Recordar su primer encuentro no era agradable.
—Aunque hubiese llevado harapos me atraparon tus ojos, grandes y brillantes sin maldad alguna.
—No es justo. — Murmuro la Emperatriz.
—¿Qué cosa no es justa?
—Que me puedas decir esas cosas tan lindas cuando estaba fea.
—Siempre serás la mujer más bella para mí. — Murmuro mientras se detenían y hacían reverencia, ya que la canción había terminado bajo la admiración y aplausos de todos los invitados. — Ah, veo que tu regalo ya ha llegado. — Las parejas comenzaron a entrar a la pista de baile e Ichigo la giro en dirección a la puerta.
Orihime quedó en blanco al ver la figura en la puerta, una joven de cabello y ojos oscuros quién la veía con una sonrisa, las lágrimas en sus ojos llegaron de inmediato y corrió rápidamente aferrándose a ésta, el abrazo fue correspondido por la joven quien lloraba igual que ella.
—Tatsuki… — Murmuro Feliz.
—Ha pasado mucho tiempo, Orihime. — Responde su amiga de la infancia.
—¿Cómo...?¿Por qué...?
—Yo la mandé traer. — Hablo Ichigo. — Creo que el mejor regalo de bodas de mi parte es dejar que tu primera amiga esté aquí, aunque esperaba que llegaran para la ceremonia.
—Una rueda del carruaje se rompió, eso nos retrasó majestad. — Dijo la pelinegra.
—¡Muchas gracias Ichigo! — Se lanzó a los brazos de su esposo con una sonrisa radiante, no le importaba los regalos ni las joyas, ver a su única amiga de la infancia una vez más tenía un valor incalculable para Orihime.
—¿Eso significa que te he dado el mejor regalo del día?
—Por supuesto. — Lo encaro feliz. — ¿Cómo hiciste para traerla tan pronto? Se lleva bastante tiempo ir desde Rikka a los territorios del norte.
—Desde el día que aceptaste ser mi esposa mandé a algunos soldados para que la trajeran, sabía que tardarían así que tome mis precauciones.
—Todo fue muy rápido. — Comento Tatsuki. — Ni siquiera tuve tiempo de traerte un buen regalo de bodas.
—No importa. — Orihime la toma de las manos. — Con que estés aquí es más que suficiente. Si hubiera sabido de tu llegada te hubiera nombrado como una de mis damas de honor.
—No contábamos con una tormenta y el averió del carruaje, pero lo importante es que hemos llegado.
—Ven conmigo, te presentaré a mis amigas ¿Está bien si te dejo un momento solo? — Miro a Ichigo, quien la miraba radiante y llena de felicidad.
—Por supuesto, anda a divertirte, cuando sea el momento iré a rescatarte. — Bromeo.
Ambas jóvenes fueron corriendo donde las damas nobles e Ichigo pudo ver las expresiones de sorpresa y amabilidad con la plebeya, parecía que la chica llamada Tatsuki había sido aceptada en el grupo de muchachas sin importarle el estatus de la amiga de su esposa.
—¿Le ha abandonado la novia? — Comento el primer ministro.
—Parece que el regalo de bodas le ha agradado. — Ishida se acercó ajustándose las gafas.
—Sí, gracias por tu ayuda Ishida. — Si no hubiera sido por su primo quien había enviado un grupo para apresurar a Tatsuki y su escolta aún seguirían en Roftan esperando a arreglar su carruaje y habrían llegado cinco días después de la boda.
—No hay problema, mi prima política se ve feliz también. — Agrego al ver a las mujeres reír. — Me sorprendió bastante cuando me dijiste que habías mandado traer a una plebeya del norte pero ya entiendo el porqué, si era la amiga de tu prometida.
—Es la única amiga que ha obtenido en ese nido de víboras… es lógico que debía venir.
—Y veo que el amor te ha pegado fuerte. — Se burla el peliazul.
—Calla bastardo. — Malhumorado lo observa pero se detecta un leve tinte rosa en las mejillas. — Lo he jurado, ¿No? que la haría feliz.
Radiante que sus nuevas amigas se hayan llevado bien con Tatsuki, toma a la amiga de su infancia de la mano y se la lleva a un lugar más apartado, aceptando las copas de un mesero al pasar. Sabe que no debe preocuparse, que su Ichigo está atento a todos sus movimientos, no lo pone en duda ya que puede sentir su mirada chocolate sobre su persona.
Y está segura, de alguna manera, que él siente los ojos de ella cuando lo ve.
—¿Cómo son las cosas allá en el norte desde mi última carta?
—Este invierno ha sido difícil a pesar que en el norte no es tan helado como en Rikka. Al menos no nos moriremos de hambre… y el Embajador que Su Majestad trajo a mi búsqueda, con su aprobación, trajo un montón de comida para todo el pueblo. — Nota la sonrisa llena de orgullo por parte de la reina regente y suelta un bufido nada digno de una dama. — Estas hasta los huesos por él.
—¿Eso es malo? — Apenada.
—Sorprendente más bien… considerando todo lo que has pasado, es una sorpresa que puedas sentir algo positivo… o que no te hayas vuelto una réplica de tu hermana Eris.
—No soy tan santa… muchas veces he planeado como matar a toda la corte en un evento con solo ponerles veneno… ni hablar de cómo me imagine cortarle la garganta a mi padre.
—No serías la primera.
—Y… — Sonríe y se inclina un poco. —yo misma entregue su carne a los perros.
Las dos se rieron, un poco culpables de sentirse bien con algo grotesco pero saben que son perdonadas considerando las circunstancias. Al menos su amada Mina.
—Una lástima. — Murmura Tatsuki agarrando la mano de Orihime, no viendo el carísimo anillo sino el tatuaje de matrimonio de su tierra natal. — Si hubiese llegado antes, le habría dado una amenaza de muerte si te lastimaba. Mi emperador o no.
—No te preocupes, casi toda su familia le ha dado la amenaza.
—Es bueno saber entonces que te has ganado a los suegros. — Vuelven a reírse. — Sin embargo… admito que esperaba verte llegar a mi casa, no que trajeras a otra persona en tu lugar.
—¿Cómo esta Lady Meninas?
—Se empieza a adaptar… se nota lo malcriada que es si ni siquiera se prepara un baño ella sola. Y ni hablar de lo mucho que se quejaba cada dos segundos por ensuciarse. — Orihime se ríe al verla malhumorada. — Pero no solo se ha adaptado ya, sino se ve… feliz. Incluso el hijo del alcalde le anda echando ojitos.
—¿Cómo no hacerlo si es bonita?
—Curiosamente ella no se ha dejado caer a sus brazos aun… dice que por una vez en su vida quiere conseguir algo por sí misma y no por un hombre.
—Me alegra escuchar eso… que Meninas sea feliz. — Sonríe con añoranza.
Tatsuki se la queda mirando un momento, la sonrisa sincera y las cicatrices que puede percibir tras el maquillaje. No son muchas pero al conocer donde están algunas no le cuesta mucho pillarlas. Sus medallas de batalla.
Que Orihime pueda seguir sonriendo a pesar del Infierno que paso…
A veces se siente culpable de no habérsela llevado. De seguro el Rey ni nadie la hubiese echado de menos, habrían creído que había muerto por ahí o llevada por algún noble. Les daría igual. Pero sus padres tenían tanto miedo que no quisieron arriesgarse.
—Orihime…
—¿Hmm?
—Estoy feliz… de verte libre.
Esa última detona que su amiga con el sol en su sonrisa se conmueva y asienta, agradecida y dándole la razón.
—Lo soy. — Le caen unas lágrimas que rápido debe quitárselas con los dedos. — Soy libre… soy libre y feliz. Te lo prometo Tatsuki.
Ella sigue derramando algunas lágrimas que su amiga de la infancia busca en sus bolsillos un pañuelo. Es viejo y rasposa de una tela inferior pero la reina regente y ahora Emperatriz lo acepta como si fuera seda fina y le da las gracias mientras se limpia un poco.
—Se que lo eres. — Dice ella al fin, abrazándola.
—Gracias otra vez, Tatsuki. — Besa su mejilla y toma su mano derecha una vez se apartan. — Ahora que estamos grandes y nos reencontramos, debemos hacernos el tatuaje de Lealtad antes que te vayas.
—Claro… será todo un honor. — Su sonrisa se vuelve burlona. — Si es que tu marido te deja caminar pronto.
La cara de Orihime se enciende en todos los tonos rojos por habido y por haber. Tatsuki suelta una carcajada al pillarla así.
—He tocado un punto sensible.
—¡Tatsuki! — Reprocha inclinándose nuevamente, encarándola. — ¡Eso no fue gracioso!
—Lo fue para mí.
Durante el resto de la ceremonia, cada vez que podía, Tatsuki miraba a Orihime y en la forma en cómo mira a Ichigo con alegría y amor infinito mientras la mima en caricias sutiles y besos cortos en zonas aceptadas al público.
Una gran diferencia de la niña aterrada que hacia lo posible por sonreír en la jaula de las serpientes.
Ichigo Kurosaki en verdad ha llegado a Rikka con el fin de salvarla a ella en vez de tomar un reino a su colección. Había sido lo más probable la decisión de Mina al enviarlo y ninguno de los dos se ha dado cuenta hasta ahora, felizmente casados.
Y de seguro ese par no les interesa que una diosa los haya puesto juntos con tal de haberse conocido y ser felices con el otro.
