Capítulo 18: Consumación por fin.

Orihime nunca había tenido un día tan divertido como ese: charlo, bailo y se rió como nunca, recibió también varios obsequios de parte de los nobles y demás miembros de la corte, tantos que habían tenido que ser llevados a una habitación adjunta al gran salón real. En especial habían destacado los regalos de sus amigas, Rukia y Yoruichi le habían dado un par de pinturas de un artista local que empezaba a ganar fama y renombre, mientras que Cristal y Rangiku habían optado por darle una colección de libros ya que su principal pasatiempo había sido leer en las últimas semanas.

En resumen Ichigo le dio el mejor día de su vida y lo disfruto al máximo.

Después de que el sol se había ocultado era hora de que los novios dejarán la fiesta, entre los vítores y despedidas de los invitados el hermoso carruaje blanco decorado con flores salió del palacio.

—Puedes dormir si quieres, estaremos llegando a nuestro destino cerca de la media noche. — Le aconseja Ichigo a su lado, él prefería andar a caballo pero era su luna de miel y quería estar cerca de su esposa, aunque eso significará aguantar la incomodidad del carruaje.

—No puedo dormir, mi corazón aún está latiendo emocionado. — Admite la emperatriz recostándose en el hombro del emperador y este aprovecho para pasar su brazo por sus hombros. — ¿A dónde vamos?

—Al puerto de Reskart, es un lugar turístico muy conocido de Karakura, hay un palacio de verano que usa la familia real.

—¿Está bien que dejes el palacio imperial con la gestión de Rikka en proceso? —Dijo preocupada.

—Mi padre puede encargarse mientras estoy fuera, necesito tres semanas para des estresarme y disfrutar el tiempo con mi bella esposa. — Orihime sonrió tímidamente, aún no se creía que estaba casada con Ichigo. — Y aprovecharemos para esparcir las cenizas de tu hermana como ella hubiese querido.

—No traje la vasija con sus restos. — Murmuro maldiciéndose a sí misma mentalmente.

—Ordene que me las dieran antes de partir. — Ichigo le mostró un pequeño paquete que estaba a su lado.

—¿Eso es lo que te habían dado antes de partir del palacio?

—Así es, pensé que sería una buena oportunidad ya que iremos al mar.

Orihime tomo la caja y lo pego a su pecho.

—Gracias. — Se acercó a Ichigo y le dio un beso rápido.

—No hagas eso o querré hacer cosas de adultos en este carruaje. — Murmuro con voz ronca.

—Espera s-solo un poco. — Suspiro al sentir la respiración de Ichigo en la base del cuello.

— Me portare bien. — Sonrió el emperador ante el temblor de Orihime.

La pelinaranja hizo un mohín tierno y un cómodo silencio se instaló en el carruaje, sin darse cuenta la joven se quedó dormida.

Despertó ya de madrugada ante el suave movimiento de Ichigo, miro por la ventanilla y la tenues luces del palacio le dejo ver qué era bastante grande pero aún así más pequeño que el palacio imperial.

—Bienvenidos su majestad el emperador y el escudo del imperio la emperatriz Orihime. — Dijo el mayordomo del palacio. — Los llevaré a su habitación.


Las doncellas se inclinan ante Orihime y se marchan.

Ella no lo había notado por el pánico.

Ha llegado la hora, en segundos Ichigo entraría a su nuevo dormitorio y…

Se tapa la boca para que no se le oiga los gritos de pánico. Su espalda suda frío por los nervios y no deja de caminar de un lugar a otro.

¿Lo peor? Que la prenda, elegida por sus amigas, que lleva debajo del camisón le da mucha vergüenza. ¿De verdad le va a gustar? ¿No sería exagerado?

Lo que más le asusta: ¿Ichigo no iba a decepcionarse de su cuerpo?

No miente cuando dice que no le da pena sus cicatrices y quemaduras, siente orgullo de ellas como un soldado con sus medallas de batalla. Pero sabe que no son nada atractivas para un hombre, en especial uno que acostumbra estar rodeado de mujeres con piel tersa y sin ni una marca que dañe su perfección.

¿Qué él la ame será suficiente para pasarlas por alto o apagara las velas?

Escucha la puerta abrirse y se pone tensa un segundo, dando un brinco. Voltea y ve a su marido ya por segunda vez con unos pantalones holgados y una camisa fácil de quitar. Había sido considerado con ella al parecer.

E Ichigo se había quedado sin aire por ese camisón blanco y corto sobre el cuerpo de su mujer. ¿Es idea suya o hay algo más abajo?

—Buenas noches mi esposa.

—Buenas noches mi esposo.

Ichigo se acerca y la toma de las mejillas.

—Si no estás segura, dímelo.

—Estoy… estoy bien, son los nervios… e inseguridad.

—¿Por qué deberías estar…? — Su mente reacciona rápido y agacha la mirada notando las quemaduras expuestas por el corto del camisón. — Oh.

—No son muy agradables a la vista, ya lo sabes.

—Orihime… — Le roba sus labios en un beso intenso. — Eres hermosa a mis ojos, con cicatrices y todo. No quitan lo mucho que te amo y deseo.

La vuelve a besar y siente los brazos de ella en su cuello. La temperatura sube, ahogándolos a pesar de estar en un cuarto espacioso. Ella se muerde los labios, ahora hinchados, e Ichigo suelta un gruñido.

—¿Me dejas enseñarte que mis palabras son honestas? — Suplica, juntando su frente con la de ella y sin despegar el contacto visual.

—Sí… — Susurra ella, bajo por culpa de la falta de aire.

Ichigo le da las gracias con otro beso y le quita el camisón, quedando más embelesado que antes si es posible.

Si había algo rojo debajo.

Y negro.

Un body rojo con líneas negra que encima lleva pequeños diamantes. Con un escote pronunciado en uve. Por la cara llena de vergüenza por parte de su esposa, sospecha que es un plan externo más que de ella.

Sea quien sea el responsable, se lo iba a agradecer con cualquier cosa que le pidan.

Ni siquiera se ha fijado en las cicatrices al decirle que se veía hermosa.

—Puedo… — Murmura ella, con la cabeza aun gacha. — ¿Puedo quitarte la camisa?... solo la camisa…

¿Es normal ponerse erecto con solo escuchar eso?

Le da el permiso y, con torpeza, Orihime le quita despacio la prenda, que cae al lado del camisón. La Emperatriz se queda mirando la piel expuesta de su marido mientras acerca una mano, no con hambre como las amantes, sino con genuina curiosidad y admiración. Mientras sus dedos recorrían cada musculo, sus labios tomaron el valor de besarle una esquina de los omoplatos.

Los emperadores vuelven a besarse, nada de delicadeza, e Ichigo la carga, llevándola a la cama, dispuesto a darle más placer a su esposa que a él mismo.

El suave colchón hizo contacto con la espalda de Orihime quien no pudo evitar enredar sus dedos en el suave cabello de su esposo y le beso en la frente, dado que era nueva en los temas de pareja era muy tímida y fuera de frustrarse eso era lo que al emperador le gustaba tanto, se daban el tiempo de tocarse, de conocerse íntimamente sin ninguna prisa. Las amantes de Ichigo solían ser pasionales y expertas, le gustaba que lo recibieran rápido y solía ser muy exigente, sabía que con su Emperatriz debía ir lento ¿No decían que los platillos más deliciosos se disfrutaban despacio? Pues estaba gozando cada instante junto a la mujer que amaba, recibir los dedos de ella jugueteando con su cabello lo había excitado más que cualquier otra caricia que había recibido anteriormente.

Juntó nuevamente sus labios con los de la pelinaranja y está lo recibió con suavidad, los dedos que acariciaban su cabello habían bajado a sus hombros y se aferraba con suavidad, sus labios se habían deslizado a las mejillas de la muchacha y las beso con tanta delicadeza que escucho el suave suspiro que emitía su mujer.

—Me voy a volver loco si sigues suspirando así. — Murmura roncamente.

—¿Eso es malo? — Pregunta con inocente preocupación. ¿Acaso se había equivocado?

—No princesa, eso es bueno, quiere decir que me gusta que lo hagas. — Pega su frente a la de ella y toma nuevamente sus labios con delicadeza.

Se atreve a morder un poco el labio inferior sin llegar a lastimarla y recibió acceso al interior de la boca de la chica donde pudo jugar con su lengua, Orihime se movía torpemente al ser su primera vez recibiendo ese tipo de besos, antes nunca se había atrevido a eso por respeto pero ya que eran marido y mujer oficialmente le daba la libertad de probar algunas cosas que en su compromiso no creía correctas, sin embargo era consciente que si su mujer estaba incómoda la dejaría en paz, por más que a él y a su amigo de batallas le doliera.

Pero eso no sucedió en ningún momento.

—E-eso fue nuevo. — Murmuro aún ida.

—¿Te ha molestado? — Pregunto ansioso.

—No.

—¿Quieres parar? — Le pregunto seriamente con la respiración acelerada.

—¿P-parar?

—Si sientes que es demasiado o te sientes abrumada podemos detenernos aquí mismo.

El corazón de Orihime latió por esas palabras, estaba dispuesto a detenerse por ella aunque sentía que estaba ansioso por consumar su matrimonio ¿Podía pedir un hombre más perfecto? La mano de Orihime acaricio la mejilla de Ichigo, quien disfruto el tacto cálido sobre su piel.

—Q-quiero seguir. — Admite sonrojada. — Solo que es posible que no pueda llegar a satisfacerte o decepcionarte y eso me aterra.

—Tú jamás me decepcionarías cariño. — Toma una de las manos de la princesa y la besa varias veces. — Es normal tener nervios al ser tu primera vez. — La mira con un brillo depredador. — Pero me encargare que sea lo más satisfactoria posible y nunca la olvides. — Se perdió en esos enormes y brillantes ojos castaños y la besa nuevamente.

Las manos grandes y ásperas debido a las batallas y heridas recorrieron el cuerpo de Orihime quien lo recibió encantada y respondió torpemente aquel beso desesperado, lleno de deseo y ansias. Se tenso un poco al sentir las manos acariciar su espalda.

—Ichigo, i-Ichi..–Hablo apenas entre respiros momentáneos que le daba el monarca. — Vel- velas… — Alcanzo a murmurar.

—¿Qué pasa con ellas? — Dijo ansioso.

—Hay que apa...

—No las voy a apagar. — Siguió acariciándola, una de las manos del hombre había ido a parar a uno de sus pechos y aún con el body comenzó a masajearlo. — Quiero poder verte mientras te hago tocar el cielo.

—Ahh… — Suspiro al sentir aquella mano tocándola. — Pero…

—No me importan esas cicatrices, te amo por lo que eres no por tu cuerpo, son una marca de batallas así como mis cicatrices.

—E-en una mujer se ven mal.

—No me importa, yo te admiro más por portarlas con orgullo. — Le responde con sinceridad

La emperatriz casi echa a llorar por tan hermosas palabras y gimió al sentir como ambas manos acariciaban sus pechos, sus dedos inconscientemente buscaban el inicio de los pantalones de su amante y torpemente lo desabrocho, pudo ver una sonrisa por parte de Ichigo al notar su acción, con sus pies le ayudo a bajar la prenda, de un momento a otro los pantalones salieron al igual que los pantaloncillos de lino de los cuales se deshizo rápidamente quedando totalmente desnudo ante su mujer quien vio sorprendida la longitud de su pene ¿Sería normal ese tamaño? Ella no se asustaba al ver las partes intimas de un hombre debido al ambiente donde creció pero ciertamente el de su marido era... único, nunca había visto un hombre tan bien dotado, ni siquiera en la corte de Rikka.

Ichigo se dejó caer sobre su mujer ansioso, en cierta forma estaba orgulloso de la reacción provocada en Orihime, la haría sentir el cielo en la tierra, se perdió en la línea de la clavícula y su cuello y sus mano curiosa fue a parar a la parte más íntima de Orihime, retiro levemente la tela y con dos de sus dedos comenzó a frotar el clítoris de la muchacha, los leves gemidos de Orihime comenzaron a inundar la habitación.

Ah, dulce música para los oídos del emperador, cuántas veces soñó con ese momento, escuchar la voz de la ojicastaña inundando su cabeza debido a su toque. Bajo lentamente del cuello al pecho de su mujer dejando un rastro de besos en el camino, mientras que con su mano libre movía uno de los tirantes de aquella atrevida prenda y dejaba libre uno de los pechos para después llevarlo a su boca.

—¡I-Ichigooo…! — La pelinaranja grita el nombre de su amante al sentir la boca de éste sobre el monte su pecho.

De un momento a otro sintió como uno de los dedos del emperador atacaba su interior lo que provocó que enterrara sus uñas en los hombros del hombre, éste reaccionó con un gemido que nació desde el fondo de su garganta, parecido al de un león. Introdujo ahora dos dedos dentro de ella y comenzó a entrar y sacar lentamente, para disfrute suyo y tortura de la emperatriz, quien se movía desesperada en busca de algo. Ichigo hábilmente bajo la prenda hasta la cintura de su mujer y con su lengua dibujo el contorno del pezón rosado, llevo a su boca la punta del derecho y lo saboreo como si de un caramelo se tratara

Orihime se sentía perdida en una bruma de placer y deseo, no se sentía para nada como el asqueroso toque de Lord Inosuke, éste era gentil, se notaba que su objetivo era hacerla sentir bien, que disfrutará del contacto mutuo y lo estaba logrando; además los dedos del emperador dentro de ella la hacían sentir ansiosa, sentía que algo más faltaba pero… ¿Qué? Sus pensamientos fueron cortados porque los dedos de Ichigo abandonaban su interior y su boca abandonaba sus pechos para besarla.

—Orihime… Orihime… — Habla casi como una plegaria. — ¿Tienes idea de cuánto te amo? ¿De lo mucho que me haces falta?

—Yo también te amo Ichigo. — Declaro la emperatriz mientras lo atraía a ella y lo besaba con suavidad. — Te quise desde que nos vimos, desde que nuestros ojos se cruzaron pero nunca me di cuenta.

Ambos no dijeron más y se dedicaron a besarse y acariciarse, las yemas de los dedos de Orihime acariciaba cada centímetro de piel a su alcance al igual que el monarca, que de un momento a otro término de quitarle la prenda. Estaba totalmente desnuda y a merced de su marido, podía ver lo duro y erecto que se encontraba, incluso desde su posición, lo sintió tomarla de las piernas y acercarla a su miembro el cual acariciaba la entrada a su vagina, algo en ella tembló pero no de miedo quizás la emoción por lo que se avecinaba. Ichigo se colocó a la altura de su rostro y la miro, el sudor en ambos cuerpos les hacía brillar y sus respiraciones se juntaron cuando juntaron sus frentes. Orihime cierra los ojos y se aferra a él sin que lo dijera, su instinto le hizo actuar inconscientemente.

—Mi amor, voy a tratar de ser gentil y tratar de no comportarme como un animal ¿De acuerdo? Haré mi mejor esfuerzo. — Orihime asintió en respuesta e Ichigo toma su pene entre sus manos para comenzar a ingresar en su interior.

Comenzó a entrar poco a poco, no deseaba hacerle daño ¡Mierda, estaba tan apretada! La sensación de las paredes vaginales succionándolo se sentía bien, tan delicioso que se haría adicto a eso ¡Iba a querer hacerlo todos los días! El leve gemido de su mujer le obligó a parar para que se acostumbrase a la invasión, fueron un minuto o dos y al notarla un poco más relajada se decidió a continuar lentamente y fue cuando lo sintió… una barrera que lo detenía, ahí estaba, la prueba de la virginidad de Orihime estaba a un movimiento de perderse.

No pudo evitar besarla y de un momento a otro empujó con fuerza, ocasionando que un pequeño grito fuera ahogado en su boca y las uñas de la emperatriz le ocasionaran un poco de dolor, pero era poco comparado a lo que ella sentía.

Aún besándose se detuvo un momento nuevamente y al sentirla un poco relajada comenzó a moverse dentro de ella.

¡Se sentía tan bien! La salvaje sensación de que ella le pertenecía a él y solo a él se instaló en su pecho conforme entraba y salía del cálido interior de Orihime, quería ir más rápido pero no podía, no quería lastimar a su preciosa esposa solo por sus ansias de más. Los gemidos de Orihime que inundaban la habitación fue música para sus oídos, la imagen de sus pechos bajando de arriba hacia abajo debido al vaivén de caderas era la mejor pintura que podía haber quedado guardada en su memoria.

—¡Ichigo! ¡Ichi! — Grita su nombre al sentir que se movía un poco más rápido, podía sentir que se contenía por ella, esperaba poder regresar todo lo que le estaba haciendo sentir algún día.

Sintió que la acercaba más a él y le hacía apoyar una de sus piernas en su hombro mientras se inclinaba y seguía penetrándola sin parar.

Querida diosa Mina ¿De verdad esto es el resultado de la unión de una pareja que se ama?, fue el pensamiento que cruzo su cabeza.

—¡Orihime! — Exclamó Ichigo cerrando los ojos, se sentía jodidamente bien, Orihime lo apretaba perfectamente, era como un guante que había sido hecho solamente para él.

Fue cuando ambos pudieron sentirlo, Ichigo percibe las contracciones y aumento un poco más la velocidad, estaba a punto y fue la cúspide… ambos llegaron al cielo y cayeron en ese instante, el gemido de ambos inundó la habitación, el sudor había empapado las sábanas y la pareja había caído en la cama abrazados.

Orihime vio los ojos de Ichigo el cual seguía en su interior, podía sentir algo caliente que resbalaba de su interior. Cruza sus brazos en el cuello de su amado y se besaron de forma suave y tranquila, después de la tormenta que había entrado en la habitación venía la calma.

—Eres tan hermosa. — La halaga Ichigo besando su frente y mejillas. — Dios, como te amo Orihime. — Una de sus manos rodeó su cintura y la apego a él. — ¿Fue malo como lo imaginabas?

—No. — Le sonrío con dulzura. — Pero estoy segura que fue especial solo porque Ichigo es el primero.

—Y seré el último no lo dudes.

—Ni por un segundo. — Se río levemente y sintió la boca de Ichigo devorar la suya, con hambre, con deseo con... ¿Acaso estaba…? — E-espera… ¿Tan pronto? — Exclama sorprendida al sentir la dureza en su interior ¿No se supone que debían esperar cierto tiempo para...?

—Querida, te voy a enseñar que conmigo poco dormirás por las noches, voy a dedicarme enteramente a enseñarte todo lo que necesites. — Le sonrío confiado y de un movimiento se sentó y la hizo quedar a horcajadas sobre él.

—Ay por mina… — Fue lo único que pudo murmurar antes de comenzar nuevamente el baile íntimo.


El sonido de las aves y el sol que se colaba en la habitación saludo a la pareja gobernantes en ese nuevo día, la primera en despertar fue Orihime quien miro con amor infinito a su marido dormir tranquilamente. Éste la abrazaba con firmeza de la cintura y la emperatriz vio un pajarillo azul que se había colado en la habitación con un escándalo haciendo que ella despertara, alguna doncella había entrado en silencio a la recámara abriendo cortinas y ventanas para ventilar la habitación. Por un momento se tenso al pensar que los habrían visto totalmente desnudos, pero para su suerte noto que el dosel de la cama había sido cerrado así que no era visible desde el otro lado, recordaba vagamente a Ichigo echando la tela de terciopelo azul antes de que cayera dormida, después de todo habían terminado casi cuando empezaba a amanecer, aunque algo le decía que su marido podía aguantar mucho, muuuucho más pero había sido considerado con ella al ser su primera vez.

Intento moverse un poco pero ahogó un leve gemido en silencio al sentir dolor en varios músculos que ella misma desconocía.

Sintió una mirada fija sobre ella y al alzar la mirada vio unos ojos chocolate que la veían embobado.

—Buenos días Ichi. — Saludo Orihime.

— Buenos días, mi señora. — Orihime sonrío al escuchar esas palabras e Ichigo no aguanto las ganas de besar su frente como en antaño. — Aunque por la hora en que nos acostamos quizás ya sea pasado del mediodía.

—¡¿Dormimos tanto?! — Se levantó repentinamente, pero volvió a agacharse con un quejido cuando sintió el dolor de su cuerpo. — Auch…

—Esas son las consecuencias de toda la actividad que tuvimos anoche. — Se disculpo.

—Está bien, no me molesta, es solo que no estoy acostumbrada a… eso.

—¿"Eso"? ¿Te refieres a hacer el amor? — Ichigo disfruto totalmente la cara roja de su esposa ¿Cómo podía ser tan adorable? Era como un cervatillo o un conejito asustado.

—Uhm… y-yo… sí. — Admite apenada.

—No debes sentir vergüenza de decir esas palabras delante de mí, después de todo somos marido y mujer.

—Es vergonzoso decirlo.

—Con el tiempo te acostumbraras. — La distrajo con un beso salvaje y hambriento que la dejo en las nubes. — ¿Quieres que tomemos un baño juntos? Seguro que el agua fresca ayudará a tus músculos.

—Me encantaría.

Ichigo jalo una cuerda dorada junto a la cama y varias mucamas entraron poco después a la habitación, por suerte el dosel los protegía de las vistas indiscretas.

—Buenos días a la espada y el escudo del imperio. — Saludaron las doncellas.

—Preparen un baño con agua tibia, nuestras ropas y déjennos a solas. — Ordeno con voz autoritaria el emperador.

—Sí, su majestad. — Las doncellas se separaron en dos grupos para preparar las órdenes de su señor.


Orihime se sentía renovada después de ese baño, el dolor de su cuerpo había bajado un poco, lo suficiente como para caminar tranquilamente sin sentir que caería al piso en cualquier instante. Ichigo le había dicho simplemente que se acostumbraría y que con el tiempo ya ni si quiera sentiría molestias, una declaración que entre risas le había hecho ganarse algunos golpes en el pecho como reclamo, la pobre Orihime estuvo sacando humo por su cara debido a la confiada afirmación de su esposo.

Después de tomar un abundante almuerzo Ichigo le mostró el palacio a Orihime el cual era precioso, de un blanco brillante y puro, el emperador le había dicho que era granito blanco, muy difícil de conseguir y que a veces su familia iba ese lugar a vacacionar, aunque el motivo por el que Ichigo había decidido llevarla ahí era por tres motivos. El primero era relajarse y descansar después de la guerra, el segundo era estar un tiempo a solas con Orihime y tercero pero no menos importante tener intimidad juntos sin tener a su familia pegada a la puerta para escucharlos, lo cual abochorno a Orihime porque si creía a sus suegros y cuñada más joven capaces de hacerlo.

Lo primero que Orihime quiso hacer antes de hacer turismo en la ciudad fue ir a mar abierto, Ichigo no dijo nada pero entendió el motivo. Ordenó preparar un barco y tras conseguir algunas flores locales y tomar los restos de Narue salieron al mar una hora más tarde.

Ahí en medio de la inmensidad del océano anclaron el navío, Orihime se acercó a la proa del barco junto a su amado y abrió la vasija de plata con cuidado, giro el contenido de este y la brisa del mar se llevó aquellas cenizas, esparciéndolas en todas direcciones. Finalmente los crisantemos y violetas obtenidas fueron arrojados una por una en el vasto cuerpo acuático.

No había dicho alguna palabra desde que había tirado las cenizas. Solo se queda mirando el olaje que provoca el barco.

Ichigo, teniendo toda la parte del barco solos para ellos, había ordenado al capitán y a los dos hombres que se queden lejos de ahí el mayor tiempo posible, llama la atención de su esposa tomando su mano.

—Oye... ¿Una moneda de oro por tus pensamientos?

La Emperatriz sonríe y se allega a él y lo besa, uno corto y rápido.

—No lo creo mi señor, ya tengo fortuna de sobra. — Bromea. Siente como le aprisiona su cintura en un abrazo y ella hace lo mismo con él. — Va a tener que mejorar su oferta.

—Puedo ofrecer entonces un beso.

—Mmm… tentador... pero no necesita de ello por mis pensamientos.

—¿Por qué me lo dirás?

—No. Porque ya me los das de todos modos. — Ambos se ríen y él la apega más a su cuerpo. — Si... si algún día... si algún día tenemos una hija… ¿Podemos ponerle Narue de nombre?

Ese comentario molesta un poco a Ichigo, pero no por la idea de tener hijos, sino porque ella tenga un pensamiento erróneo.

—Orihime...

—Se… sé que ya hablamos al respecto, pero... pero... cuando tú...

—Para. — Le pide, juntando su frente con la de ella. — Ya lo dije: cuando estés lista, tendremos veinte si quieres.

—Pero... tú también debes estarlo.

—Ya lo decidí. — Sonríe al verla extrañada. — Lo decidí en cuando te vi en nuestra boda. Que quiero eso es nuestro futuro, una familia nuestra... tú, yo... un hijo... una hija preciosa como su madre... quizás quiera quince.

—¿Tantos?— Roja de vergüenza, retrocede un paso. — No puedo con tantos.

—Entonces diez

—Yo soy la que debe sufrir en el parto, así que no… pero… — Agacha la mirada. — Seis está bien. En Rikka es buena suerte, en especial si hay mellizos o gemelos.

—¿Estas tratando de decirme que esos demonios que tengo de sobrinos son un regalo de los dioses para la buena suerte?— Resopla. — Exijo un reembolso.