Capítulo 19: Y vivieron.
El tiempo pasa junto con las estaciones y éste traía cambios, aunque hablando del imperio en si no había mucha diferencia en Karakura ya que la mayor parte del año era cálido con algunas brisas frescas en verano al ser una zona mayormente tropical.
Ya habían pasado cinco años desde que ambos monarcas habían contraído matrimonio después de una cálida y apasionada luna de miel había sido hora de volver al trabajo, aunque de vez en cuando Ichigo "secuestraba" a su mujer para una pequeña escapada juntos, era tan discreto que nunca nadie se daba cuenta que desaparecían hasta que era demasiado tarde, el cómo lo hacía el emperador era todo un misterio.
En ese momento Orihime se encontraba ordenando la papelería de Rikka en cuanto a una zona boscosa con una madera un tanto peculiar, había mandado apoyo para poder explorar y determinar su uso, además de que la compra-venta de piedras preciosas como el zafiro, circón y la creación de joyería estaba dando muchos ingresos a Rikka; era lento pero ya había mucho avance en su país, cualquiera que hubiese estado ahí en el gobierno de su padre no hubiese sido capaz de reconocer a la población, la economía se había reactivado, la comida no faltaba en ninguna mesa y el sistema de justicia funcionaba correctamente. Lo único que se podía diferenciar era que el escudo de Rikka tanto como los soldados y funcionarios de alto cargo habían sido todos reemplazados por la cresta real y nobles de Karakura.
Como había sido el trato originalmente Orihime era reina de nombre y se encargaba de los asuntos internos pero los de estado, guerra o política eran decisiones tomadas directamente por el emperador Ichigo.
Los aldeanos habían estado un poco reticentes al cambio, pero después que la misma reina había informado que sus costumbres y demás seguirían iguales poco a poco la mentalidad de la población fue cediendo, las fiestas del aniversario eran las únicas que habían cambiado a celebrarse conjuntamente con las de Karakura, pero sus ceremonias religiosas y demás seguían intactas, así que se podía decir que la mayor parte era feliz, siempre había oposición en cualquier lugar pero había sido arreglado todo pacíficamente sin ninguna perdida.
En ese momento Orihime se encontraba leyendo un informe de cosechas obtenidas, el reino Quincy y Rikka habían cerrado tratos comerciales con agricultura básica y artesanía así que pronto deberían abrir los intercambios por mar para acortar tiempo y no perder beneficios.
—Su majestad, soy Momo ¿Podría pasar? — Hinamori tocó las puertas del despacho de Orihime mientras llevaba un pequeño carro con aperitivos.
—Adelante. — Se escucho la suave voz de Orihime autorizando la entrada.
La doncella abrió las puertas y entro en el estudio empujando el carrito.
—Traigo su té majestad. — La dama de honor se inclino levemente debido al considerable vientre de casi ocho meses y medio que llevaba a cuestas, tomo la tetera humeante y comenzó a servir.
—No tienes que hacer eso Momo, en tu estado no deberías esforzarte mucho. — La regaño suavemente la emperatriz.
Orihime se había puesto hermosa en ese tiempo, aún se veía demasiado joven, pero había un leve aire de madurez en su rostro que la hacía lucir bellísima, y había demostrado no ser solo una cara bonita si no que era también muy competente en su trabajo, las clases de Kaien y Miyako le habían enseñado a sobrellevar el duro trabajo de la administración de la emperatriz a la perfección.
—No se preocupe majestad, solo serviré esto y...
—No, tú te irás a casa a descansar ¿No te había otorgado un permiso para ausentarte por ser mi dama de honor?... ¡Kiyone! — Llamo la emperatriz.
Rápidamente una chica de cabello castaño y ojos azul violáceos apareció.
—¿Me llamo, su majestad? — Se inclino.
—Pide a un caballero que escolte a la señorita Hinamori a su casa, en este momento su único trabajo es descansar.
—Como ordene. — Kiyone guio a la joven pelinegra fuera de la habitación.
—Te mandare un bonito regalo por el bebé. — Alcanzo a decir Orihime mientras su dama le sonreía derrotada y era escoltada por un par de guardias.
Sonriendo, Orihime se prepara a sí misma su taza de té, luego de cinco años casada, es un pequeño placer hacerlo ella misma ya que sus doncellas no la dejan ni vestirse por ella misma (exceptuando prendas "especiales" que ha comprado para la noche). El primer trago, aun sabiendo lo poco caliente que esta, es un gran sorbo y sonríe por lo bien cargado que le ha llegado.
Ha estado otra hora en su trabajo cuando por fin ha finalizado. Arregla todos los papeles y los apega a su pecho, dispuesta a llevarlos con su marido y Kaien. Escucha que la puerta se abre sin avisar y escucha una voz femenina llamarla en un chillido de emoción, alza la vista y sonríe tiernamente ante la imagen de una niña de seis años de larga melena verde claro, recogido en una trenza, ojos castaños como los de ella y con un sencillo vestido rosa que ha quedado arruinado en barro como su cara pequeña.
—¡Le he ganado a Hoshi en arquería! — Alza su arco como prueba de ello. — ¡Ahora debe prestarme su caballo una semana!
—Muy bien Rena. — La felicita despreocupada de su aspecto o que en vez de bordar o pintar, tenga el deseo de ir a los campos de entrenamiento con los gemelos Shiba y domar los caballos como una amazona. Había empezado desde que cumplió los seis años, hubieron muchas quejas al comienzo sobre que debía corregir a la princesa pero la Emperatriz ha dictaminado que su hermanita tendrá los mismo derecho que los niños mientras ella quiera seguir. — Pero si te presentas así a la hora del té, tu tía Yuzu le dará un infarto.
—Eso será divertido. — Emocionada ante la idea.
—No por favor, ya tiene mucho estrés con los preparativos de su boda. — Sin preocuparle mancharse, le acaricia la sucia mejilla. — Anda a bañarte y cambiarte de ropa… y que dure limpia.
—Vaaaale. — Hace un puchero, consiguiendo parecer más a su hermana mayor, y se retira corriendo.
La Emperatriz solo se ríe, risueña. Luego ve la puerta y sus ojos reflejan añoranza, satisfacción de comprobar, una millonésima vez, que Rena crece como ella quería.
Libre y feliz.
Se toca el collar que cuelga en su cuello, el recuerdo de su hermana Narue, y se pregunta si ella también está contenta de presenciar donde sea que este estos días pacíficos para la princesa Rena, la Afortunada.
Con los papeles en una mano y pegada en su pecho, cierra con llave su estudio y guarda la llave en el bolsillo. Un hábito que ha tenido desde que se descubrió a una mujer entrar a la oficina de Orihime con el fin de timarla en reputación; no se imaginó que la misma Rena y los gemelos Hoshi y Yoshio la estaban viendo o que la familia real iba a creer en la palabra de unos niños más que en la de una adulta. Un escalofrió recorre su espalda al recordar sus gritos en los días de tortura que Ichigo dictaminó para ella.
Los soldados a su paso se inclinan en respeto al verla o simplemente hacen un saludo si están en guardia. Orihime se los devuelve con la misma cortesía y una sonrisa amable en los labios. La servidumbre y nobles que pasan por ahí, mayormente las damas, hacen lo mismo. Ella nota que ha mejorado bastante la recepción a su persona, aun hay gente desconfiada o celosas de "que les haya quitado su lugar", pero no es igual como hace cinco años y ya se ven contentos, en su mayoría, de verla.
Llega a la puerta que da al estudio de su marido, escuchándose las voces de diversas personas dando su opinión de cualquier punto que tengan programados en ese segundo. El par de soldados y el mozo que vigilan las puertas la reciben con una inclinación.
—No te molestes. — Dice ella al ver al joven mozo listo en abrir la puerta y anunciarse. — Yo entrare por mí misma.
Lo ve asentir y le cede la pasada. Orihime toma el mango y abre la puerta con discreción, no quería hacer ruido que interrumpa la concentración de las personas.
Busca con su mirada a Kaien, como siempre al lado de su marido. Sonríe al notar que, por mucho que disimule, anda totalmente aburrido. Normal si ha estado encerrado en reuniones más de dos semanas. Camina por detrás de la fila de hombres a la derecha del Emperador, quien ha notado su presencia y la cara se le cambia totalmente; primero le brillaron los ojos y después una sonrisa adorna sus labios.
Pero ella finge no notarlo en cuando se pone al lado de Kaien y lo saluda.
—Aquí está mi parte de hoy. — Le entrega su papeleo toda orgullosa.
—Muchas gracias, Su Majestad… por fin es libre por el momento… en cambio nosotros debemos seguir atrapados otra semana más. — Suspira en resignación dramatizada. — ¿Podemos intercambiar?
—No lo creo mi señor, no estoy capacitada en experiencia e inteligencia como usted.
—Mi señora debe estar perdiendo visión si no ha notado a su marido. — Ichigo se hace oír a pesar del ajetreo.
—Mi señor esposo tiene mucho trabajo y los dos sabemos lo fácil que se distrae por mi culpa… no quiero ser la causa que no llegue a su recamara exhausto.
El resto de nobles en la habitación se pusieron de pie e hicieron una reverencia ante su emperatriz e Ichigo gruño por tan acertadas palabras, habían podido verse un rato por la mañana cuando habían tenido audiencia general juntos. La verdad es que quería mandar todo al demonio y dar un paseo con Orihime pero el trabajo en esos últimos días no se había detenido. Orihime nota la frustración de su marido y con una dulce sonrisa se acercó y tomo su mano tenuemente, solo ese pequeño acto había renovado sus energías así que si terminaba antes podría llegar a su habitación sin estar tan cansado. Había detectado entre líneas el mensaje de su mujer: "no quiero distraerte porque quiero esperarte en la cama"
La emperatriz salió del estudio lanzándole un tenue beso al pelinaranja quien sonrío ligeramente, los nobles siguieron con la reunión informando sus puntos en economía y pesca, había bajado la producción ese año y habría una pequeña alza en los precios, entre otras cosas.
Finalmente el emperador dio por terminada la sesión y solo sus amigos se quedaron un momento con él, Kaien e Ishida revisaban los documentos traído por Orihime mientras una doncella ingresaba con unos aperitivos.
—Orihime se vuelve cada vez más competente en los proceso de gobierno. — Halago Kaien mientras terminaba de revisar sus proyectos y cierres comerciales.
—Por supuesto, Orihime es una mujer muy lista. — Elogio Ichigo a su esposa mientras comía su entrada de marisco
—Y tú andas vuelto loco presumiéndola.
—Igual que tú con Nemu ¿No había dicho que había desarrollado con su padre una nueva medicina? — Le saco en cara. Ishida ya no dijo nada y bebió su vino en silencio, Ichigo se rió con sarcasmo. — Aun me sorprende que lograrás que el loco de Mayuri accediera a entregarte a su hija.
—Yo lo sé, es por la metida de pata que hicieron juntos. — Se burló Renji.
Renji y Rukia se habían casado dos meses después de Orihime e Ichigo (Rukia aún se enfadaba por eso ya que su compromiso ya llevaba mucho tiempo antes y ellos habían llegado al altar primero). Había adoptado el apellido Kuchiki ya que la ojivioleta era la heredera oficial y el duque no estaba dispuesto a dejar a ir a su hija fácilmente, por lo que Renji accedió a tomar el nombre de la noble casa ducal, además una vez Rukia tomara su título formalmente el también sería duque.
—Cierra la boca, tú no sabes nada. — Respondió el sucesor de Quincy.
—Por favor Ishida, te casaste a finales de julio y tú hijo nació a principios de febrero ¿De verdad nos crees idiotas para no saber contar? — Se burló Ichigo para molestia del hombre. — Al menos la línea de sucesión de Quincy está asegurada.
—No tienes cara para decirme nada Kurosaki. — Lo acuso él levemente sonrojado.
—Mientras aún no tengamos bebés tengo toda la cara para insultarte. — Refuto.
—¿Y tú cuando vas a tener un hijo primito? — Lo pico Kaien guardando los documentos entregados por la reina de Rikka. — Mira que tú y la emperatriz ya llevan cinco años juntos.
—Orihime no ha dicho nada y mientras ella aún no se sienta lista no la voy a presionar ¿Y Miyako?
—Con ganas de arrojarme del tercer piso de la mansión. — Respondió Kaien. — El bebe casi no duerme por las noches aunque ya tiene cuatro meses.
—Fue una niña ¿Cierto? — Pregunto Sado.
—Sí, mi preciosa Michiko es tan linda que no me quiero separar de ella. — Dijo Kaien soñadoramente.
—Creo que Miyako sería feliz si te quedarás con tus hijos todo el día. — Agrego el emperador.
—Por desgracia debo trabajar, y tenemos una niñera para ayudarnos.
—Te recuerdo que has tenido cuatro niñeras en menos de año y medio porque tienes un trió de ciclones de nueve y cuatro años muy inquietos.
—¡Hey! — Exclamo el de ojos azul verdoso por el término dado a sus gemelos.
—Aun recuerdo que la última que renunció incluso se fue de la ciudad e ingreso a un templo, no quiso saber más de niños después de salir de la casa Shiba–Agrego el monarca.
—Un día podré reírme de ti, lo juro. — Gruño Kaien.
—Usted y su majestad Orihime deberían considerarlo, después de todo también Lord Sado ya ha tenido un hijo mientras estuvo este tiempo en el marquesado. — El primer ministro entro a la conversación.
—Cuando volviste a tu territorio lo último que imagine es que al verte nuevamente ya tuvieras un hijo Chad. — Comento el de ojos chocolate.
—Solo pasó. — Respondió el moreno simplemente pero Ichigo podía notar su felicidad al hablar de su primogénito. — Cristal y yo creímos que era el momento preciso.
—¿Dónde está Cristal?
—Dijo que vendría más tarde para saludar a la emperatriz. — Respondió el marqués.
—Mi esposa también dijo algo parecido. — Hablo Renji. — Dijo algo de una invitación de la emperatriz.
Los hombres suspiraron al saber que esa noche quizá ellas llegarían tarde a sus casas.
Orihime había enviado invitaciones a tomar el té unos días antes, sabía que Rukia y Cristal estaban en la capital pues estaban en el clímax de la reunión de la nobleza y la cámara de occidente de comercio, así que era necesario que los cabezas de familia asistieran a esa reunión a dar sus informes, sus cuñadas y suegra también asistirían a la reunión.
Había decidió hacerlo al aire libre en el segundo jardín donde había más árboles, la mesa había sido dispuesta debajo de un flamboyán que daba mucha sombra, como estaban en plena primavera las hermosas flores rojas con sus hojas verdes resplandecientes adornaban sus ramas.
Rena se veía adorable con su vestido color salmón y sus zapatos blancos, la habían bañado y su cabello había sido recogido en una peinado alto mientras que ella usaba un vestido verde pálido con sin tirantes que tenía una bonita tela plisada de un verde más oscuro en el borde de la falda y alrededor de sus hombros, era sencillo pero elegante, su cabello había decidido usarlo suelto. Masaki y sus cuñadas llegaban en ese momento como siempre puntuales aunque como era casi siempre Karin era obligada a socializar por su madre y hermana.
—Es bueno que hayas decidido hacer la fiesta afuera Orihime.
—Necesitaba un descanso y aire fresco, organizar todo para las reuniones y el baile de aniversario del imperio que se acerca me tiene cansada.
—¿Necesitas ayuda? — Pregunto preocupada su suegra.
—No está bien, todo va perfecto necesito acostumbrarme a hacer estos eventos. — Le sonrío. — Su idea de organizar fiestas o reuniones pequeñas me ha ayudado a aprender cómo hacer el trabajo.
—No quisiera que te desplomarse por exceso de trabajo, si necesitas ayuda no dudes en decirme. — Dijo preocupada la emperatriz madre.
—Y Karin y yo también podemos ayudarte. — Dijo una feliz Yuzu, su cabello era ligeramente más largo.
—¿Qué? ¿Porque yo también? –Dijo molesta la pelinegra.
—Porque es parte de tus deberes reales. — Dijo Masaki.– Por eso te he hecho ayudarme en los últimos años.
—Pero Orihime ya dijo que no necesita nuestra ayuda así que no es necesario.–Declaro firmemente.
—¡Karin!
—¿Qué? Ella acaba de decirlo.
—No se preocupen, tengo todo bajo control. — Rena jugueteaba a su lado con su pastel. — No juegues con la comida Rena. — La reprendió levemente la emperatriz.
—Pero me estoy aburriendo. — Hizo un mohín, Rena había demostrado ser una aventurera nata y un tanto inquieta.
—Es solo una niña Orihime, no seas tan dura.–Agrego Yuzu mientras una sirvienta se acercaba y vertía el té caliente en su tasa.
—¡Tía Yuzu tu me entiendes! –Rena miro admirada a la joven castaña quien era su salvavidas en esas situaciones, se levantó de su silla y se acercó a la joven quien le dio unas palmadas en la cabeza.
—Ahora yo quedé como la mala. — Sonrió con pesar Orihime pero se recompuso al ver la interacción de su hermanita y cuñada.
–La marquesa Sado, lady Kuchiki, la condesa Urahara y la condesa Ichimaru han llegado. — Anuncio un pregonero para la familia real.
—Guíenlas por favor. — Ordeno Orihime.
No tardó mucho tiempo para que las mujeres entraran a su campo de visión.
Orihime se puso de pie para poder recibir a sus invitadas debidamente.
—Es un honor saludar al escudo, la madre del imperio y las estrellas que la gloria eterna le ilumine.–Hablo Rukia en nombre de las mujeres quienes se inclinaron levemente ante las damas de la familia imperial.
—No hagan eso, se siente raro que mis amigas me hagan reverencia.–Murmuro una avergonzada Orihime.–Pueden levantar la cabeza.–Las damas hicieron caso y sonrieron al ver su expresión.
—¡Ha pasado un tiempo Orihime!–Hablo Rukia emocionada.
—Las extrañe a ti y a Cristal.–La marquesa sonrío al momento que cruzaron miradas.
—Eso duele majestad.–La marquesa Ichimaru fingió llorar.– Es como si dijera que nunca venimos a verla.
—Sabes a lo que me refiero Rangiku. –Sonrió la pelinaranja, la rubia se compuso de inmediato y se rieron todas. — ¿Son las pequeñas Momoka y Risa? ¡Qué grandes están! — Orihime vio a la niña rubia de piel morena y ojos dorados quién estaba junto a su madre al igual que la pequeña rubia de ojos azules, Rukia y Cristal por su parte cargaban a sus bebés de 1 año y 6 meses respectivamente.– Tomen asiento todas.–Las invito, un grupo de sirvientes que estaban alejados se acercó y abrieron las sillas para que las damas se pusieran cómodas.–Ha pasado un tiempo desde que nos reunimos todas.
—Casi cuatro años, por algún motivo o problema siempre una o dos no podía venir. –Admitió Cristal.
—¿La duquesa Shiba no viene? –Pregunto Yoruichi quien recibía su taza de té y tomaba una tarta, la selección de postres era muy variada en las 3 torres de pasteles que decoraban la mesa.
—Creo que tenía algo que atender, así que llegara un poco tarde. –Respondió la emperatriz madre.
—¿Son sus bebés? ¡Quiero verlos! –Dijo la emperatriz emocionada.
—Tienes suerte que apenas se haya quedado dormida, generalmente es muy inquieta. — Dijo Rukia mientras quitaba la sábana que cubría el bultito entre sus brazos.
Orihime miro a la pequeña bebé rechoncha de un año, tenía la cara de su madre pero el cabello rojo de su padre, se veía tierna dormida y pegada al pecho de su madre, había pequeños restos de leche indicando que no hace mucho había comido.
—Es hermosa. — Halago la pelinaranja.
—Ahora la vez hermosa pero así como la tienes enfrente Ichika es tremendamente inquieta.–Dijo la duquesa.– Si supieras en los líos en que se mete.
—No puede ser tan malo.
—¿Que no? Estuve buscándola como loca hace dos semanas por qué no estaba en su cuna. Desplegué a todos los sirvientes de los Kuchiki para encontrarla ¿Y sabes dónde estaba? Dónde guardamos las sabanas. — Gruñe alzando la mirada. — ¿Como llego ahí? No tengo idea, desde que empezó a caminar se puso peor el encontrarla, tuve que recurrir a dejar un caballero de los Kuchiki en la entrada y rotarlo cada cierto tiempo para vigilarla.
—Pero la quieres. —Agrego la morena.
–Bueno, por supuesto que sí, es mi hija y la adoro. — Admite con un tono de obviedad. — Pero aunque la ame, eso no quita que a veces me vuelva loca. — Suspiro y la pequeña bebé se removió en brazos de su progenitora.
La doncella de Rukia se acercó a esta para tomar al bebé y hacerse cargo de está en una pequeña mesa adjunta, mientras que Orihime se acercó a Cristal y contempló al hermoso niño de miel morena como su padre y ojos azules como su madre.
–Es idéntico al marqués Sado. — Exclamo Rangiku. — Estará feliz de ya tener asegurado a su sucesor.
Los gritos de Momoka, Risa y Rena se escuchaban en el jardín, al tener otros niños cerca las tres niñas se pusieron a jugar inundando el jardín de voces infantiles.
—En realidad eso no nos importa, si hubiese sido niña él la hubiera puesto igualmente como la legítima sucesora del marqués Sado.
—¿Cómo se llama? — Pregunto la emperatriz madre.
—Xion, Sado Xion. — Respondió orgullosa la madre.
—¿Puedo cargarlo? — Solicito Orihime.
—Por supuesto. — Acepto Cristal entregando al bebé quien veía a la emperatriz con sus grandes ojos azules sin llorar.
—Owww eres tan lindo. — Orihime no pudo evitar acariciar suavemente su nariz y las suaves hebras castañas del bebé quien bostezo y se empezó a quedar dormido. — Es un bebé muy tranquilo ¿Cierto?
—Sí, aunque a veces quisiera que llorara un poco o me hiciera un berrinche. –Admitió angustiada.
—¿No que era bueno que los bebés no fueran tan escandalosos? –Pregunto extrañada Karin mientras se recargaba en la mesa de una forma nada femenina.
—Lo sé alteza pero en el caso de Xion me angustia. — Las damas la miraron extrañada.
—La duquesa de Shiba ha llegado. — Anuncio el pregonero.
Orihime pudo ver a la duquesa acercarse con sus tres hijos los gemelos Hoshi y Yoshio, su hijo Naoki y su niñera la cual cargaba a la pequeña bebé Michiko de cuatro meses.
—Me disculpo por haber llegado tarde. — Se disculpo la duquesa con voz suave y armoniosa.–Tuve un pequeño altercado en casa. — Miro de reojo a sus hijos quienes se encogieron con la cara azul asustados, se supone que habían ido al palacio real con su padre esa mañana para evitar la regañina, pero no habían logrado librarse del castigo por haber roto una bella y carísima escultura proveniente de Rikka en la mansión, escultura que Orihime les había regalado en la última recepción del ducado por el cumpleaños de Kaien. — ¿No es verdad mis niños? — Pregunto en voz dulce pero amenazante.
–S-sí. — Murmuraron los tres niños asustados, y es que limpiar la mansión Shiba ellos solos bajo la supervisión de la doncella y el mayordomo iba a ser una tarea titánica, a los ojos de la duquesa eso les daría una lección importante de mantener el orden dentro de casa.
La duquesa dio permiso a los chicos de ir a jugar con las otras niñas del lugar y tomo asiento cerca de la Emperatriz Masaki.
—Había oído hablar del bebé de Lady Cristal ¿Es él? –Admiro al pequeño quien ya estaba dormido en brazos de Orihime y está lo veía encantada.
—Sí. –Respondió la ojiazul orgullosa. La archiduquesa pidió cargar al bebé y este paso de brazos de Orihime a los de Lady Miyako sin quejarse.
—Yo quisiera que los míos fueran así de tranquilos. — Dijo con una sonrisa la pelinegra mientras jugaba con la nariz del infante.
—A veces es un dolor de cabeza. — Dijo Cristal.
—Ah sí, decías algo parecido antes de que Lady Miyako llegará ¿Sucede algo malo con tu hijo? –Pregunto Yoruichi mientras bebía su té de rosas.
—No sé si sea exactamente "malo" — Dijo pensativa Lady Sado. — Pero es tan tranquilo que constantemente tengo que estar confirmando en su habitación que respira o no haya muerto en su cuna, fácilmente hago eso una diez veces al día o más. — Suspira agotada de solo recordarlo. — Solo llora cuando tiene hambre o debo cambiarle el pañal. Incluso cuando estaba embarazada tuve que llamar al médico muchísimas veces porque casi no lo sentía moverse y me ponía nerviosa.
—Ichika se movía mucho cuando estaba embarazada y ya veo el porqué si es muy inquieta.
—Momoka tenía sus momentos, a veces era tranquila y a veces se movía mucho.–Relato la condesa.– Curiosamente se calmaba cuando Kisuke me tocaba el vientre en el tiempo después de llegar de Rikka.
—Eso explica la papitis aguda de su hija.–Se río suavemente la emperatriz madre. Por todos era conocido que la heredera del conde Urahara era muy apegada a su padre y ella era la niña de los ojos del canciller, además que había heredado la inteligencia tanto de la madre como del padre por lo que era considerada una "niña genio" a su corta edad.
—Cuando Hoshi y Yoshio eran más pequeños era fácil controlarlos, pero a medida que crecen los desastre van aumentando con ellos.–Suspiro la duquesa con cansancio.– Y con Naoki voy en el mismo proceso, al menos mi hija es más tranquila.
—En mi caso Risa es un misterio. –Dijo la condesa Rangiku pensativa.
—¿Hace algo malo?
—No es malo pero a veces se comporta como su padre y no sé lo que pasa por su mente, podríamos decir que es un poco manipuladora… cuando menos me doy cuenta ya tiene lo que ella quiere y yo me quedo pensando "¿En qué momento accedí a dárselo?" Pero es tan sutil que no me entero. — Se empezó a reír
"En realidad eso es un poco peligroso" Pensaron nerviosamente las damas presentes.
—Pero en general es una buena niña, y ahora que tendrá un hermano se ha vuelto muy sobre protectora.
–¿Está embarazada condesa? Muchas felicidades. — Dijo la segunda princesa, las demás damas también felicitaron a la rubia por el próximo miembro de la familia y el ambiente comenzó a llenarse de anécdotas de los más pequeños.
—Veo que casi todas son felices con sus hijas pero en mi caso Rena siempre ha sido muy inquieta. — Volteo a ver a su hermana quien se giro hacia ella y la saludo enérgicamente. — Para controlar su energía la emperatriz Masaki me recomendó que le diera un hobby e intente con varias cosas, hasta que di con la jardinería.
—Bueno, es verdad que Rena goza más de estar al aire libre.–Agrego Karin desinteresadamente, aún recordaba cuando tomo un arco y una flecha y comenzó a practicar cuando tenía tres años.
—Pero necesitaba que trabajará su paciencia, así que ayudar al señor Makoto en el jardín sirvió bastante, aún está trabajando en ello.–Sonrió.–Desde bebé fue una niña linda pero tiene esa manía de ensuciarse todo el tiempo, estoy tratando de quitársela.
—No sabía que habías sufrido tanto con tu hermana Orihime pero ¿Cuándo será que escucharemos anécdotas de tus hijos? — Pregunto curiosa la duquesa.
Esto hizo que varias mujeres en la mesa le reclamarán con la mirada, era bien sabido que la emperatriz no deseaba tener hijos de momento.
—Bueno, me preguntó… — Sonrió inocentemente mientras apoyaba su mejilla en su mano. — Es verdad, vi a nuestros maridos en plena acción política.
—¿Estuviste en la jaula de los lobos? — Pregunto Yoruichi siguiéndole la corriente. — ¿Cómo se veían?
—En el caso de mi señor, harto y aburrido. — Admitió la emperatriz sonriendo.
—Ya puedo imaginar a Kaien. — Miyako imagino a su esposo sentado seriamente y escuchando todos los puntos de la reunión.
—Yasutora odia estás reuniones pero sabe que son necesarias para confirmar el avance del país y cuadrar números. — Admitió la marquesa.
Rukia noto de inmediato el cambio de tema pero solo suspiro para sus adentros y continuo con la plática sobre sus maridos, agrego que lo más seguro era que Renji estaría muriéndose de sueño en la reunión o que si ya habían terminado, los hombres estarían desahogando sus penas en vino.
No sabía lo acertado que estaba su comentario de ese momento.
Ichigo sonrío feliz cuando había caído la noche en Karakura, como los hombres habían previsto la reunión de sus mujeres se alargó hasta altas horas de la noche, según lo que habían dicho era para "ponerse al día" ¿Que acaso no intercambiaban correspondencia casi todos los días?
"¿Porque las mujeres tenían esa manía de hablar y hablar durante horas entre ellas?"
Ichigo se había enterado que Yuzu se retiró cuando su prometido fue a verla y Karin había logrado escabullirse de la fiesta de té que había sido movida del jardín al palacio Etheron, residencia de la emperatriz madre.
Aunque estaba seguro que se había escapado para verse con el mocoso de la casa Hitsugaya.
"Tal vez debería concretar un compromiso entre esos dos y ya", pensó él, sin embargo aún le molestaba el hecho de entregar a su hermana a ese mocoso.
—Maldición. — Sus manos entraron en el agua fría del cuenco de porcelana y dejo que el líquido se escurriera entre sus dedos antes de mojarse la cara y espabilar un poco, se había quitado la camisa y los músculos de sus hombros se marcaban con cada movimiento, fruto del arduo entrenamiento que tenía todos los días con su ejército.
Y en privado con su mujer.
Salió del cuarto de baño y la vio sentada frente al hermoso tocador de ébano tallado a mano, Orihime había puesto su cabello sobre su hombro izquierdo y cepillaba su larga cabellera con parsimonia, sus ojos cerrados y la canción que tarareaba era su parte favorita del día, aquel hermoso camisón blanco de encaje hasta las rodillas con cordones en la espalda y escote en v se le veía tentador.
—¿Te has divertido? — Pregunto el emperador mientras se agachaba a la altura de su mujer y besaba sus hombros desnudos.
—Sí, mucho. — Respondió una feliz Orihime.–Necesitaba hablar con las chicas en persona, no es lo mismo que una carta.–Dijo como si hubiese leído su mente.
—Me imagino. — Susurro el pelinaranja respirando contra su piel, lo que ocasiono un pequeño temblor en la muchacha.
—¿No estás cansado?
—Para ti nunca.–Gruño casi como un tigre.
—He visto a todas las chicas y por un momento pensé ¿Que se sentirá tener un bebé? ¿Un ser dentro de mí?
Los besos de Ichigo se detuvieron y la miro a los ojos seriamente.
—Orihime ¿Quieres intentarlo?
—Sería lindo pero…
—Te lo he dicho muchas veces y no me hartare de decirlo, te esperaré el tiempo que hace falta.
—¿Y si no estoy lista nunca?
—Siempre estarán mis hermanas para dar herederos… sé que no suena bien lo que acabo de decir pero es cierto.
—N-no he dicho que lo rechace. — Murmuro la reina con una sonrisa. Orihime sintió los brazos de Ichigo rodearla y la beso, un beso dulce y apasionado de esos que le quitaban el aliento, una vez separados Orihime se aferró a Ichigo. — Quería hablarlo contigo antes. — Le dijo con una sonrisa. — Porque es una decisión que nos concierne a ambos.
—¿Entonces quieres intentarlo? — Le pregunto con un tono sumamente sexy mientras sus manos acariciaban sus curvas.
—Si quiero. — Le respondió perdida por las caricias recibidas.
—¿Nos ponemos manos a la obra entonces? –Con una sonrisa traviesa lo besa.
Agarrándola de la cintura, la alza y siente las piernas de su esposa enredarse en su cintura. La oye reírse bajito, entre besos, mientras la lleva a la enorme cama matrimonial.
—Creo que no estabas tan motivado desde nuestra noche de bodas. — Dice ella antes de caer al colchón.
Literalmente su marido se va acercando a ella como un león depredador, a punto de cazar su presa. Aquello la hace reír nuevamente, más por el ceño fruncido que pone una vez quedan cara a cara. Rápido su risa pasa a un gemido por la mano osada que peñizca un pezón sobre la tela del camisón.
—¿Te atreves a decir que no le pongo ganas en nuestros cinco años de matrimonio? — Su voz burlona divierte y excita a Orihime al mismo tiempo. La prueba es cómo se muerde ligeramente el labio. — Ahora no se si debo castigarla o recuperar mi honor.
—¿Puedo disculparme? — Sugiere ella mientras lo abraza del cuello y lo atrae para un beso. — Prometo esforzarme.
Antes que Ichigo pudiera responderle, ella ya había invertido los papeles, quedando ahora arriba y él abajo; el Emperador se había sorprendido un segundo y al siguiente sonrió burlón, recibiendo a gusto el beso de Orihime y gruñendo ante el movimiento de caderas sobre su parte baja, aun con las ropas encimas no deja de ser erótico y se pone duro.
Aun recuerda el comienzo de su intimidad sexual, Orihime dispuesta pero insegura y tímida por su escaso conocimiento… ni hablar de cómo se ponía roja y escandalizada en cuando quería hacer el amor en partes que no son la cama o cuando se lo sugería entre reuniones.
Ahora solo le queda lo dispuesta.
Las manos de Ichigo le había desabrochado los cordones lo suficiente para quitárselo, hubiese preferido romperlo pero es uno de los favoritos de su esposa y ella iba a enojarse mucho con él por su manía de destrozarle la ropa… otra vez. Orihime le bajo los pantalones un poco, a mitad de camino de las rodillas pero suficiente en lo que quería: liberar el pene ya duro. Con una mano de apoyo en el colchón, usa la otra para agarrar aquel miembro y se lo va metiendo ella misma dentro, gimiendo en el proceso y mordiéndose el labio.
Cinco años y sigue igual de invasivo en su vagina.
Ichigo la sostiene de la cintura con un brazo y con la mano derecha se incorpora, quedando sentado en la cama y mueve sus caderas, suave al comienzo, después rudo que Orihime debe agarrarse en los hombros de éste en un abrazo o se caería.
—I-Ichi… — Busca los labios de su marido, besándolo con anhelo y él le corresponde sin perder la concentración.
El emperador suelta un gruñido por las paredes vaginales presionándole el pene, señal que se acerca su esposa a su primer orgasmo, le muerde el cuello y con un poco más de fuerza, sabe que ella se ha corrido por la manera en que se arquea y lo llama en un grito. Le deja un momento de recomponerse, recostándola en la cama solo para quitarse los pantalones al completo y se pone sobre ella.
—Orihime. — Susurra, casi como un ruego, le roba sus labios y luego le besa el mentón.
—Ichigo. — Le habla en el mismo tono de voz, agarrándolo de las mejillas y lo mira fijo a los ojos. — Dame un hijo tuvo.
—Ya sabes lo mucho que me encanta que me desafíes.
Orihime se echa a reír sin evitarlo, lo rodea del cuello con los brazos y lo besa.
Que increíble como una persona cambia en cinco años, pasando de tímida y desconfiada de su propia sombra a alguien más segura de sí misma.
Alegre.
Que en parte él sea responsable de aquel cambio le calienta el corazón de orgullo, quiere seguir trabajando hasta el día de su muerte para ser merecedor de esos momentos felices; lo jura mientras la sigue besando.
