Preguntas de manual y dudas propias
Podría ser... lo más probable es que sí sea.
Este es un buen comienzo y continuación para poder llevar una vida normal pues estos últimos años no he llevado una normal.
Estar pensando en Lincoln, hace que no pueda tener otra cosa en mi mente, de veras que es difícil pensar en otros chicos pero por ahora no importa... solo por ahora.
Caminamos en dirección a la parada de autobuses, ya habíamos visto la mayoría de cosas en esta oscura noche.
— Stella: Fue una agradable salida Lana... quisiera repetirla otro día —dijo sonriendo porque hace tiempo necesitaba salir a "respirar".
— Lana: Bueno... sí, puede ser en otra ocasión, oye me has revelado tu lugar preferido, lo mínimo que puedo hacer es revelarte un lugar al que me encantar ir y que solo lo sabe Lola y después tú —le dijo de una manera amable y agradecida.
— Stella: Sabes Lana, realmente pienso que nuestra amistad será grandiosa —le sonrió pero se detuvo.
— Lana: ¿Qué sucede Stella? —preguntó con curiosidad.
— Stella: Lana... ¿No quieres ver a tu sobrina un rato? —le preguntó sonriente.
— Lana: Claro cuñada, vamos —le dijo con una sonrisa.
En ese instante Stella levantó su mano y paró un taxi que justo pasó en ese momento, entramos y nos dirigimos a su casa.
Al llegar a su casa, Stella abrió su puerta con cuidado, presentía que su hija estaba durmiendo, no se equivocó.
La niñera estaba con la pequeña Lía en brazos, Stella le dio su dinero y las gracias por cuidarla mientras nos divertíamos.
Apenas se fue nos sentamos en el sofá, solo nos quedó mirar a la bebé.
— Stella: Es tan indefensa, es tan linda, jamás pensé tener una criaturita que te haga sentir paz y mucho amor —no despegaba su mirada de su hija.
— Lana: Algún día sentiré eso que tú me describes Stella —dijo sonriendo sinceramente.
— Stella: Ese día Lincoln y yo te daremos las pautas para ser una buena madre cuando tengas al hombre de tu vida —lo dijo de manera amistosa.
— Lana: Claro... cuando lo encuentre se los presentaré... ya verán —dijo con cierto tono de derrota.
— Stella: Aún estás joven, encontrarás al que será tu alma gemela, ya verás Lanita —se lo decía en un tono de voz relajado.
Esos minutos fueron hermosos pues vi que la pequeña Lía sonreía aún estando dormida.
Stella me invitó una taza de té y charlamos un poco más sobre el faro.
Me dijo que ese faro inicialmente estaba propuesto para la casa de Sir John Woods donde se iba a mudar con su familia, allí lo iba a construir pero pasó aquella tragedia y ese proyecto se convirtió en el símbolo de su esperanza.
La casa de John Woods se perdió de la vista y de los registros del público con el tiempo pues él pasaba más rentando un departamento en la ciudad de ese entonces pues esa casa no puede ser una sin una familia.
Me contó también de que él solía pasar en esa casa algunos días donde pensaba en un futuro con su esposa e hijos.
Ya casi nueve con quince minutos de la noche.
— Lana: Es genial conversar contigo y enterarse de cosas de la ciudad que uno siendo de acá no sabe —dijo mirando su reloj.
— Stella: Bueno tengo la suerte y más con Lincoln al lado jijiji, te pedí un taxi Lana —le dijo muy alegre.
— Lana: No era necesario un taxi Stella —se sentía muy mimada.
— Stella: Eso es lo mínimo por ser mi amiga en estos momentos, además toma —le dijo sonriendo.
Me dio el álbum que habíamos escuchado en la tienda de música.
Además no solo el de Mick Swagger sino el de Smooch la banda favorita de Linky.
— Stella: Espero que lo sigas escuchando —le dijo eso mientras la acompañaba al taxi.
Me fui contenta de su casa en dirección a la mía.
No puedo negar que ver esa faceta de Stella es genial, es asombrosa, ya comprendo el amor de Lincoln hacia ella.
Ya dentro de su casa, Stella va a revisar cómo está Lía en su habitación.
Su celular da una vibración, se fija y ve dos mensajes, el primero es de Lincoln que le dice que pensaba que su trabajo iba a ser rápido pero que no pasará de las dos semanas.
Stella suspiró y le mando un mensaje de que no se preocupe que deba hacer lo que el trabajo le pida.
Pero el segundo mensaje era un número desconocido, al abrir se propone a leer todo el contenido, luego borra el mensaje.
Se dirige a la ventana de su casa, mira al exterior y suspira, no se esperaba ese mensaje.
Ya en casa, el que me esperaba fuera de la casa era Charles II y Cliffer.
Ambos estaban mirando a la acera esperando que pase su dueña.
Al aparcarse un carro frente a la entrada se levantaron y vieron que era yo.
Cliffer se paseó por debajo de mis piernas y ronroneó, en cambio Charles se acercó, me miró y esperó a que le acariciara su cabeza.
Charles II recuerda cuando él era cariñoso con su anterior dueño y él le respondió de otra manera.
Rara vez es cariñoso, esas heridas que le dejo su dueño no se borran fácilmente, no se reparan simplemente.
Antes de pasar dentro decidí sentarme en la entrada. Quería pasar un momento junto a mis mascotas en ese instante.
Charles II solo se sentó a mi lado, Cliffer se sentó en mi regazo.
— Lana: Chicos, siento que hoy fue un buen día, jamás pensé caminar con Stella, creo que se va a dar al final... por fin lo dejaré libre con el pensamiento... —expresó suma tristeza.
Charles II y Cliffer solo se miraban, ellos realmente me entendían pero lo único que podían hacer es estar ahí escuchándome.
Sin que me diera cuenta, Lola se había dado cuenta que había llegado.
Se quedó viendo ese programa de pasarelas en la prisión o lo que sea.
También pensó en esperarme y escuchar mi relato.
Tan solo abrió lentamente la puerta y se paró a escuchar todo, lo hizo con tanta discreción que ni mis mascotas se percataron de su presencia.
— Lola: Entonces... ¿A mí también me contarás, no? —dijo mirando en dirección a la casa del señor Quejon.
— Lana: Hola Lola... por supuesto que sí hermanita, pero que sea acá fuera —le dijo sonriéndole a su gemela.
— Lola: Está bien —la miró y sonrió.
Le conté con detalle la salida con Stella, ella se sorprendió por como la describía.
Sonrió con satisfacción ya que al fin estaba dando el primer paso para llevarme bien.
— Lola: Espero que la siguiente vez que vayas con ella sea también con Lincoln —le dijo sonriente.
— Lana: Sí... eso espero... —su expresión cambió a una de tristeza.
— Lola: Lana, se supone que esto es para que ya olvides ese amor absurdo que tienes por él —le dijo con tono de voz normal.
— Lana: No es absurdo Lola, mi amor por él es... difícil —se enojó un poco.
— Lola: No, no es difícil, es imposible Lana —le dijo con algo de enojo.
— Lana: Por favor Lola... quiero ir a descansar —dijo con derrota en sus palabras.
Entre junto a Charles II y Cliffer, subí a mi habitación y caí boca arriba en mi cama.
Lola se quedó en la puerta pensando en como me enojo cuando ella menciona mi amor hacia Lincoln.
Aunque Lola no me decía nada pero le parecía raro que me lleve bien demasiado rápido con Stella.
Lola se habla con Stella pero las veces que le tocó estar a solas con ella, parecía que Stella evitara charlar con ella.
En sí desde pequeña Lola y Stella no se llevaban tan bien, el motivo es muy simple pues ella se ponía a espiar que hacían Lincoln y ella cuando estaban solos.
Lincoln se daba cuenta de eso y le decía que se vaya, Stella se sentía incómoda con esa actitud chismosa de Lola.
Se podría decir que entendía la molestia de Leni y Lynn hacia Stella la cual era confundida con celos.
Suspiró y entró a la casa cerrando la puerta evitando hacer ruido.
En mi habitación, miraba arriba y solo veía a Colmillitos descansando como lo hace un murciélago y a Walter imitándolo.
— Lana: Mañana será otro día... y aún no puedo ver a Lincoln... quiero decirle muchas cosas pero en realidad sólo serán pocas —habló en voz baja, con una leve sonrisa.
En otro lugar, Lincoln no dejaba de pensar en Stella y en su bebé, realmente por el trabajo debe estar viajando.
— Lana: ¡Rayos! No gano nada deprimiéndome, ya es hora de dormir —dijo eso y cayó en un profundo sueño.
Charles II dormía al lado de mi cama, era vigilante de quien entraba a mi habitación de día y de noche.
Lincoln no podía dormir bien, comenzó a recordar la discusión con Stella.
— Lincoln: Stella... creo que ese día ibas a decir algo importante... ¿Qué es lo que querías decirme? Pero ahora poco importa, trataré de ser mejor pareja para ti... quiero que la boda sea la mejor... la que te mereces —dijo acostado en la cama de un hotel pensando en su familia y alguien más—. Lana, espero no haberte hecho nada, no quiero que estés molesta conmigo hermanita.
Y se quedó dormido a los pocos segundos de pensar todo eso.
En su casa, Stella está cargando a Lía que se despertó llorando. Ella por unos momentos se imaginó otra clase de vida.
Por unos momentos se imaginó una vida sin... volvió a la realidad y preparó el biberón de Lía.
Le dio un beso en su frente y se sentó en su cama a darle la leche del biberón.
— Stella: ¡Oh Dios mío! ¿Por qué a mí? ¿Por qué no puede pensar en otra persona? Dudas y solo dudas hay en mí... pero Lía... por ella puedo... creo... —estaba cuestionando muchas cosas.
Acostó nuevamente a Lía en su cuna y volvió a su cuarto a descansar y pensar en los buenos momentos con él.
Ya era de día, Charles II bajó y salió de la casa para recoger el periódico que estaba en la entrada de la casa...
