Un coche guardado en un almacén y la verdad en lo profundo del ser

— Lana: ¡¿Q-Que d-dijiste?! Es una broma, es una broma, ¿No? —lo decía no creyendo lo que escuchaba.

— Stella: No, Lana es cierto, hoy rompí con Lincoln y dejo a... —no pudo decir lo último, le dolía mucho.

— Lana: ¡No puedes! ¡No puedes! ¡Las familias no se dejan! ¡No son un objeto! —le dijo con una rabia salida de su enojo.

— Stella: Me duele hacerlo, pero más me dolería y arrepentiría no cumplir mis anhelos, mis sueños, la vida es corta Lana, necesitas una explicación —le dijo mirándola a los ojos y sin titubear.

Horas antes...

Ya estaba a dos días de casarse, iba a sellar su vida con el hombre que demostró que la ama con todo su ser.

Desde hace mucho tiempo recibe llamadas y mensajes de alguien que cambió su forma de ver la vida en unos pocos años.

Stella está en un límite, no sabe sí seguir a su corazón o a sus sueños, pero un último mensaje el día de ayer desplomaba las murallas que le impedían pensar por sí misma.

Era una dura decisión, sin embargo, se decía que es lo correcto para su vida. Sin remordimientos, al menos eso se decía en cada instante.

Lincoln se encontraba descansando por todo lo que organizaba junto a sus padres y suegros de Stella.

Lía se encontraba descansando en su cuna luego de que su madre le había arrullado como nunca lo había hecho hasta ese momento, lo hizo con demasiada dulzura, no existían palabras suficientes para describir ese momento de madre y bebé. Su sonrisa denotaba la felicidad que siente una bebé al sentir el calor maternal.

Ya tenía dos maletas hechas desde la medianoche de ese día. Suspiró mientras marcaba al número de ese sujeto.

Lincoln no se movió del asiento de su escritorio, se sentía muy feliz, en unos días iba a estar en la fila de los casados, iba formar un familia de manera formal, iba a estar siempre con el "amor de su vida".

Se levantó para poder besar a su esposa y probar que no era un sueño, quería hacerlo, necesitaba hacerlo.

Al ir a la sala se dio cuenta de algunas cosas como que se sentía un viento frío, en la mesita de la sala había una carta, había alguien en la puerta de su casa que estaba abierta y Stella estaba con su abrigo junto con dos maletas.

— Lincoln: Amor... ¿A dónde vas? —le dijo de manera casi automática.

— Stella: L-Lincoln... pensé que estabas descansando —dijo de manera tonta.

— Lincoln: No, ya no lo estoy, ¿Quién está en la puerta? —lo dice asomándose más a la puerta y lo que vio lo dejo estupefacto— ¿P-Profesor? ¡Profesor Hugh!

— Profesor: Lincoln Marie Loud, siempre es un placer verte, pero creo que esta situación no amerita ese gusto —dijo eso mientras tomaba una maleta de Stella y le hablaba—. Ya es hora de irnos amor.

¡No podía ser posible! ¡Debe haberse quedado dormido! ¡Era un mal sueño! ¡Stella con dos maletas! ¡Su profesor que no lo ve desde su tercer año en la universidad! ¡Le decía amor a su futura esposa!

Lincoln comenzó a respirar algo agitado, se paró frente a Stella, le tomó el rostro y la miró a los ojos.

— Lincoln: ¿Qué es lo que sucede amor? Porque... yo soy tu amor, ¿No? —le dijo sin todavía entender lo que sucedía.

Ella sacó sus manos de él de su rostro, las bajó lentamente, se había preparado para esto, desde hace tiempo lo estaba.

— Stella: Me voy Lincoln, me voy con el profesor Hugh, desde hace algún tiempo debí hacer esto, no tanto por él sino por lo que significa irme ahora con él, siempre te dije que ser madre no era lo primordial en mí, te dije que yo quería viajar por el mundo, forjar mi propio futuro sin tener que lidiar con el de otro, estudie esta carrera en sí porque en ese tiempo sí te amaba —lo miró con frialdad—. Pero desde hace mucho estoy que me miento, lo que me tiene atada a ti es Lía, sin embargo, ahora esas ataduras ya no estarán más.

— Lincoln: ¿Solo fuimos unas cadenas? ¿Te esclavizamos sin darnos cuenta? ¿Acaso Lía es varios de esos eslabones de la cadena o es un nudo de la soga que no te deja ser libre? ¿Mi amor también lo era? Pero... ¡No entiendo qué tiene que ver usted profesor! —lo dijo muy dolido y con mucho enojo lo último.

— Stella: No le digas nada a Hugh, él me mostró que no tengo que tener una relación de manera seria para amar, yo en realidad lo amó a él, Lincoln necesitas saber muchas cosas... —le dijo con una frialdad fuera de lo común.

Hugh enseñaba en la universidad donde estaban estudiando Stella y Lincoln, al tomar algunos cursos distintos... fue que en el cuarto año de universidad Stella conoce a Hugh.

Le enseño en el tercer año Ética Profesional y Negociación Empresarial en el último año de su etapa universitaria.

Desde que ella entró a la puerta de su salón de clases, se llevó su mirada de Hugh, ella tenía dieciocho años en ese entonces.

Las clases de ética las enseñaba siempre con un ejemplos de algunos lugares donde trabajó. Eso encantaba a todo el mundo y más a ella, pero más encantaba en este caso a las chicas era su porte de caballero y sonrisa jovial.

Stella se sentía muy maravillada por la lumbrera de conocimiento, pero más con el trato que mostraba a sus alumnos.

Un día por casualidades del destino, se toparon en la cafetería de la Facultad de Humanidades. Hugh ilustraba a Stella en lo que ella le preguntaba y también charlaron de cosas banales para un estudiante enfocado en sus estudios, pero era para pasar un agradable momento con su profesor.

Después de tantas charlas en la cafetería, se toparon el tema de sus relaciones. Era soltero por ese momento, le decía que sus relaciones solían ser efímeras. Ella le contó que su novio estudiaba lo mismo que ella, pero habían tomado diferentes cursos.

Fue tanta la confianza que sabían un poco de cada uno. Todo iba en camino a una buena amistad.

Un día se pusieron a charlar algo muy aparte de sus gustos musicales, charlaron sobre sus anhelos, sueños o metas.

Tenían algo en común, sus metas eran cosas sin beneficio material alguno, solamente les importaba ser libres de hacer con sus vidas lo que ellos quisieran, como viajar, no casarse, hacer cosas que se dejaron olvidadas o pospuestas, entre tantas cosas más dijeron que no les gustaría una relación seria.

Stella se sintió mal por eso, muy en el fondo supo que su relación con Lincoln fue porque era su primer novio y siempre le decían que las relaciones desde jóvenes no suelen ser duraderas por eso ella seguía con Lincoln por romper esa regla.

Esta vez estaban en una cafetería por el una calle de la ciudad de Nueve York, le propuso ir a un lugar más privado para poder escucharla, le dijo que podían ir a su departamento, dudo, pero en realidad necesitaba desahogar todo lo que guardaba.

Al llegar le comenzó a contar todo, le ofreció un cigarrillo, ella aceptó y comenzó a contar todo lo que reprimía.

Cada palabra fue escuchada por Hugh, no se perdió de nada. Stella se mostró muy vulnerable porque comenzó a llorar por ello, Hugh la abrazó y le dijo que ser sincera es el primer paso, esa muestra de afecto calmó tanto a Stella que no dejaba de despegar su rostro al pecho de su profesor.

Hugh le tomó el mentón en un momento dado y le plantó un beso a su alumna. Stella solo se dejo llevar por la tranquilidad que le daba Hugh que, sin pensarlo, terminaron acostándose.

De veras que Stella se quedó muy satisfecha con su profesor, pero más que eso ella había sentido paz y tranquilidad. Platicaron nuevamente, esta vez la chica de las pecas estaba sonriendo demasiado, hablaba con una confianza, con unas ganas de vivir su vida, parecía que nada le ponía límites.

Salieron de su departamento cerca a las ocho y media. La llevó en su coche cerca al campus. Ambos solo se despidieron con un beso apasionado.

En ese tiempo solo se veía con Lincoln de noche ya que los horarios, diferentes clases, proyectos grupales los mantenían muy distanciados, sin embargo, no tanto como para no verse algunos días en la tarde y casi siempre los fines de semana todo el día.

Los jueves eran los días donde ella iba por "clases privadas" donde su profesor. Hugh jamás se había sentido tan vivo desde hace buen tiempo. Las anteriores chicas solo le daban el placer sexual, pero nunca el placer de ser él mismo al expresar un sueño o inquietud. Eso apreciaba de su alumna Stella.

Había ciertos momentos donde Stella se preguntaba si debía terminar con Lincoln y comenzar algo con su profesor, pero él le había dicho que no podían tener nada serio. Eso cambiaría con le tiempo.

Stella se mostraba como una mansa criatura con él, pero con Lincoln, no. Solían discutir a veces, Stella reprimía las ganas de acabar con la relación, solo las noches de sexo hacían olvidar aquello, siempre y cuando ella pensara en Hugh.

En el último año de su universidad, llevaron más allá esa relación arcana. Sacaban fuerzas de donde no tenían para soportar las ganas de estar solos, sin nada que cubrir y ocultar.

A Stella no le molestaba que su profesor le llevara casi diecisiete años de edad, lo que le molestaba y apenaba era que esa relación probablemente no podría llegar a más.

Ya se conocían muy a fondo, no había tantas cosas nuevas, pues cada uno podía deducir lo que el otro querría o hacía. Se felicitaban con sus logros en dados en la Facultad, pero sabían que esos logros no eran nada comparados a sus sueños de viajar y amarse sin "condiciones".

Hugh tuvo que ser fuerte y terminarle a Stella, fue muy duro para ambos, debía ser así. Le dio un gran beso de despedida. En realidad no iba a ser así.

Al fin de la graduación fue cuando Stella y Lincoln dijeron que iban de vacaciones a Europa. Estaba dispuesta a olvidar todo lo bueno pasado con Hugh.

En medio año de viaje, se fueron a Inglaterra. En un bar por Baker Street que era una calle de Londres conocida por ser mencionada en la novelas de Conan Doyle y ser donde supuestamente vivía Sherlock Holmes, se encontró con Hugh, pero junto con Lincoln.

Tuvieron los tres una agradable charla recordando los momentos de la universidad. Al irse Stella con Lincoln, Hugh le dejó discretamente un papel con una dirección en su bolso.

En los siguientes días, Lincoln debía hacer algunas cosas que tenían que ver con un trabajo y necesitaba dar como una entrevista con un tipo que dijo que le habló sobre un trabajo en una empresa.

Stella sabe que regresará tarde y va en taxi a esa dirección. Llega a una casa que se notaba de gente acomodada. Tocó el timbre, una mano tiró de ella hacia dentro.

No dejaban de besarse, estuvieron mucho tiempo en abstinencia, Hugh no dejaba de acicatear con sus manos el cuerpo de Stella. Esos besos en el cuello de Stella eran muy reconfortantes para Hugh. Extrañaba el cuerpo de su alumna y ella el de su profesor.

Luego de aquello, Hugh le dijo que ya debe dejar a Lincoln, eso enojó a Stella. Fue directo, le hizo una propuesta que no podría rechazar. Le propuso un largo viaje junto él, solo para amarse, sin restricciones, sin nada a cambio de ella, el estar con él no era un precio porque era lo que en el fondo ella quería. Stella le dijo que ya no podía hacerlo, entendió que esa relación no llegaría a nada, le dijo que ese es el punto, no llegar a nada serio, solo amarse libremente y no quedarse relegada a alguien para siempre, en el fondo los dos se necesitaban.

Stella ese mismo día para que se le pase todo se acostó e hizo el amor de una manera peculiar con Lincoln. El peliblanco llegó cerca de las once al hotel, ni bien entró Stella lo recibió con un gran beso y lo demás es historia.

Mientras Lincoln dormía, Stella leía el mensaje de Hugh que le decía: "Te doy el tiempo del mundo solo debes pensarlo, solo piénsalo un poco, yo realmente te voy a amar como deben amarte y darte la libertad que mereces, lo recordarás".

Lo leyó como unas cinco veces y borró el mensaje. Se decía que había sido bonito, sin embargo, allí debía quedar.

Stella no recordó que eran sus días fértiles. Dos meses después se lleva una noticia que la dejó muy perpleja, esperaba un bebé. No sabía que sentir, en cambio Lincoln estaba demasiado feliz.

Se había propuesto querer seguir viviendo así por un largo tiempo, vivir sin presiones o ataduras, vivir libremente, pero un bebé es una responsabilidad. Tuvieron que cancelar varios planes que tenían por asentarse y tener una familia.

Hugh le dijo por mensajes que ahora solo tenía dos opciones que eran: -Vives lo que te queda de existencia con tu familia relegada a reprimir sueños y anhelos. -Dejas a tu familia y vives lo que deberías vivir porque la vida es corta.

Eso siempre le decía cuando eran amantes en la universidad, la vida es corta y aunque hagamos lo que queremos siempre será corto porque nuestros deseos siguen en aumento como las necesidades, una vida no era suficiente para cumplir todo, pero lo suficiente como para que no haya remordimientos en lo que podías cumplir, por eso cada vez que lo hacían, no les importaba nada.

El remordimiento atacó más a Stella cuando la familia de su novio y la suya se enteraron del embarazo y de la propuesta de matrimonio.

Hugh le enviaba mensajes de manera mensual y después cada semana. Sabía que ella se estaba reprimiendo mucho. Stella solo le respondía a veces a los mensajes, decía que por favor no se los envíe, Hugh le dijo que si no quiere sus mensajes solo debía bloquearlo. Stella no lo hacía.

Ya a tres días de su boda, Hugh le dijo que se iría por un largo tiempo de USA, le dijo que se iba a recorrer el mundo, le dijo que no iba a amar a alguien tanto como a ella, le dijo que la vida es muy corta y en un abrir y cerrar de ojos ella solo viviría por lo que la sociedad querría y no por lo que ella siempre anheló.

Ahora Lincoln entendía todo.

— Lincoln: No, Stella, por favor no, dime que todo eso es mentira... dímelo por favor —le dijo con muchas lágrimas.

— Stella: Lo siento Lincoln —dijo eso mientras le daba su maleta a Hugh.

— Profesor: Ya es hora de irnos, no sufras más amor —le decía eso tratando de ignorar a Lincoln.

El peliblanco estaba generando un enojo enorme contra el que alguna vez fue como un amigo y maestro. Lo intentó golpear, pero lo detuvo Hugh y lo tiró contra la pared.

— Hugh: La dama ya escogió Lincoln, a veces las empresas deben de deshacerse del personal que no aporta nada o no genera lo esperado, yo te lo di de consejo alguna vez, saber motivar y buscar que ellos lleguen a la meta que se necesita sino quedan fuera, pero esta vez tú no le diste a la "empresa" lo que quería, solo hacías lo que creías que era correcto no lo que se requería, por eso ahora estás fuera —se lo dijo sin titubear y con una mirada fría.

Stella solo miraba a Lincoln con algo de lástima, pero Lincoln hizo una última cosa...

Actualidad...

— Lana: Stella, por favor, no lo abandones —la tomó de los hombros a su cuñada y le pedía casi lo mismo que Lincoln.

— Stella: La decisión ya está hecha, Lana, por nuestra amistad, te ruego que no me digas nada más —le decía eso sin mirarla a los ojos.

— Hugh: Sucede algo... ¿Lana? —dijo muy sorprendido.

— Lana: ¡Maldito bastardo! ¡Te aprovechaste de la situación! ¡Aprovechaste que Stella tiene dudas! —le dijo eso con un enojo tremendo.

— Stella: ¡Lana! Lo hecho, hecho está, ya nada puede cambiar, tomé una decisión espero no... adiós Lana —le dijo soportando todo ese escándalo.

Comenzó a caminar a la salida con Hugh, el cual estaba llamando a alguien para que los recoja. No me quedé parada corrí donde Stella.

— Lana: No Stella, por favor, Lincoln te ama, Lincoln se enamoró mucho de ti, fuiste su novia por tanto tiempo, le diste una hija, le aceptaste la propuesta de matrimonio —al correr y decir todo eso se tropezó, sus rodillas estaban con heridas.

— Stella: Un no es un no, ¡Entiende, nunca quise una vida de señora, nunca quise quedarme en un solo lugar, nunca quise tener a Lía, nunca quise una familia, nunca amé realmente a Lincoln! —su enojo por fin salió a la luz.

— Lana: Se supone que tú debías hacerlo feliz porque él te iba a hacer feliz... se supone que tú debías hacerlo feliz ya que yo no puedo —se lo dijo con mucho dolor.

— Stella: Lana... ¿Acaso tú? —se quedó pensante con esa revelación, pero lo dejó a un lado— La respuesta es que quiero decidir que hacer con mi vida, ya lo estoy haciendo, ojalá que encuentre a alguien que pueda recomponer su corazón y lo quiera junto a Lía... Lanita, adiós —fue lo último que le dijo.

Stella se fue caminando rápido hasta la salida. Hugh había llamado a un taxi. Entraron y avanzó el auto.

— Stella: Hugh necesito ir a algunos lugares más antes de irnos al aeropuerto —le dijo con un tono de seriedad.

— Hugh: Sí, bueno... Stella nunca me dijiste que te embarazaste en el tiempo que te quedaste en Londres... Acaso, Lía es... —le nacía una duda al profesor.

— Stella: LÍA ES HIJA DE LINCOLN LOUD, solo te interesa saber eso, solo es lo que debes saber, señor por favor necesito que vaya a estos lugares... —le decía con una mirada sin pizca de remordimiento, sin embargo, pensó en lo que le dijo la fontanera.

Me mantenía de rodillas mirando al suelo, no me cansaba de llorar, pero en ese instante pensé en como estaría Lincoln. Decidí ir donde él.

Lincoln estaba en la habitación de Lía, no dejaba de mirarla. Lloraba mientras pensaba varias cosas sobre su hija. Llegó un momento donde tuvo que salir de la habitación para que su pequeña no se despertara del agradable sueño en el que estaba.

En otro lado de la ciudad, Lola estaba llorando, solo lloraba, no sabía por qué. Quizás sea cierto eso de que los hermanos gemelos suelen sentir lo que el otro siente, como una conexión invisible. Decidió ir donde Lincoln, su instinto le decía eso.

Lucy estaba aterrada desde hace días, no sabía el porqué. Lily estaba con un mal presentimiento también. Ambas decidieron llamar a Lincoln.

Lisa estaba con una duda al ver patrones distintos en la actitud habitual de Stella los últimos meses. Pensó en una hipótesis que le resultaba algo absurda y cruel.

Un avión despegó en el transcurso de tres horas. El destino del avión no importaba, solo el irse lejos por unos sueños y anhelos, dejando atrás a personas con un corazón roto...