Capitulo 12. "Cada cual su Veneno".
Rin apenas durmió esa noche, sacudiéndose y moviéndose, y se despertó a la mañana siguiente sintiéndose cansada y frustrada, pero con una determinación iracunda corriéndole por las venas.
Iba a borrar a Sesshomaru Taisho de su mente.
. . .
La Doctora Kaede era una mujer mayor, con un inteligente ojo marrón. Aunque el otro estaba cubierto por un parche, la mujer le daba confianza. Su oficina estaba decorada con buen gusto y, aún así se las arreglaba para parecer cómoda y acogedora.
Rin se sintió cómoda instantáneamente cuando ella le sonrió y la invitó a sentarse.
Por media hora, solo la escucho sin interrumpirla, mientras ella tropezaba con su historia. Le contó todo. No tenía mucho sentido buscar ayuda psicológica si no tienes intenciones de ser honesta.
El rostro de la amable mujer lucia comprensivo mientras que Rin describía su problema, pero... para su decepción y confusión, no estuvo inmediatamente de acuerdo en que ella sufría del Síndrome de Estocolmo.
-Mientras que estoy de acuerdo en que el Aislamiento, y el evidente desequilibrio de poder en la relación con su secuestrador no podría ser saludable para ti, no presentas el comportamiento típico de alguien con el Síndrome. –Dijo. –No estás justificando a tu secuestrador, no crees que normalmente sea un buen tipo. Fuiste capaz de escapar. Cada caso es distinto, por supuesto, pero las víctimas del Síndrome de Estocolmo generalmente, ni siquiera desean ser rescatados. –Su mirada no la juzgaba cuando añadió suavemente. –En cuanto al desequilibrio de poder en su relación, ¿Entiendo que provenía de sus preferencias sexuales, verdad?
Rin solo pudo tartamudear y sonrojarse. Nunca había hablado de sus fantasías y perversiones con alguien que no fuera Sesshomaru. Hablar de ello con una mujer de la edad de su abuela, era bastante embarazoso.
-¿Usaron palabras seguras? –Dijo Kaede.
Mordiéndose el labio, Rin asintió.
-¿Por qué crees que te ofreció palabras de seguridad en vez de solo tomar lo que quería?
Rin se encogió de hombros. –Me dijo que no le gustaba forzar a nadie, y yo le creí, pero probablemente también buscaba hacerme confiar en él.
Kaede sonrió. –Eso es lo que quiero decir, Rin. Eres capaz de pensar críticamente en lo que respecta a tu captor, cuestionas sus motivos en vez de confiar ciegamente en él. Eso es muy bueno. Es saludable.
Rin se encogió un poquito.
-Pero si confiaba en él. Al menos en la cama. Me hacía sentir lo suficientemente segura como para... –Su piel se recalentó. –Para...
Kaede no se inmuto. -¿Para jugar a escenas de violación con él?
Rin nunca se había sentido tan mortificada, en toda su vida. –Amm.
La mirada que Kaede le dedico era amable y divertida. –No te avergüences, no es nada que no haya escuchado antes. Muchas veces, las fantasías de la gente exceden los límites de lo que consideran que deberían sentir, quedando fuera de lo que consideran "normal". Fantasías de Violaciones o Fantasías de seducción forzada, son en realidad las Fantasías Sexuales más comunes tanto en hombres como en mujeres. Mientras que ambas partes den su consentimiento y usen palabras de seguridad, no hay nada de malo con esos juegos. –Hizo una pausa, observándola con calma. –Sin embargo, el hecho de que te sintieras lo suficientemente segura contigo misma con tu secuestrador como para hacer eso, muestra un grado de confianza que una persona no suele sentir hacia su captor. ¿Puedes explicar porque confiaste en él?
Rin se encogió de hombros, buscando las palabras. –Yo... Yo no lo sé. Él me asustaba al principio, pero también era... Diferente a su gente. Siempre he sido buena para medir el carácter de las personas. Podría decirse que tenía la cabeza lo suficientemente fría como para no incurrir en la Violencia Física sin una buena razón. –Jugó con un mechón de su cabello. No lo había peinado en una coleta esta mañana. Todavía estaba insegura del motivo. Aclarándose la garganta, Rin continúo. –Hasta su llegada, los guardias me usaban de bolsa de Boxeo cuando se embriagaban. Él termino con eso, me mudó a una habitación cómoda, me dio comida y... Sí.
Kaede frunció algo el seño. -¿Y empezaste a verlo como tu salvador?
Rin se rió graciosamente. –Estoy bastante segura de que ese era su objetivo. Quiero decir, nunca me dijo como pensaba usarme, pero estoy segura de que quería manipularme para necesitarlo y confiar en él. Pensé que si estaba tratando de ganarse mi confianza, no era recomendable que le interesara lastimarme después. De una forma retorcida, el hecho de que sospechara de él me hacía sentirme segura con él, Físicamente. Y bueno. –Bajo la mirada y se aclaró la garganta de nuevo, viéndose los dedos. –Me sentía tan atraída por él que tenía problemas para pensar. Era todo instinto, para ser honesta.
-Ya veo. –Dijo ella sin ningún juicio en la voz. -¿Alguna vez has pensado o fantaseado en tener una relación con él?
Rin se congeló.
-Por supuesto que no. –Dijo luego de un momento, todavía mirándose las manos.
-Rin. –Dijo la mujer mayor. –Necesito que seas honesta conmigo. ¿Estás siendo totalmente honesta conmigo ahora?
-¡Estoy siendo honesta! –Dijo con brusquedad.
La otra mujer no dijo nada.
Rin tomó una profunda respiración. –Lo lamento. –Dijo, haciendo una mueca. –Es solo que... Él y Yo... Nosotros... Siempre supe que no iba hacia ninguna parte. Él es todo lo que yo no quiero. Naraku era igual que él: Siempre ocupado, distante, con el corazón frío y manipulador. Nunca tuvo tiempo para mí. Éramos prácticamente extraños el uno para el otro. No quiero eso para mis hijos. Quiero amor. Quiero un marido amoroso y atento que me ponga en primer lugar. Alguien que me cuide. –Sintió una profunda vergüenza apenas lo dijo. Ahora la señora Kaede probablemente adivinaría que tenía un fetiche sobre un "Papi" por encima de sus otras extrañas perversiones.
-Mencionaste que estabas saliendo con alguien. –Le dijo Kaede.
-Algo así. –Dijo Rin, brillando de alivio por el cambio de tema. –Kohaku. Él es genial. Quiero decir, no estamos oficialmente juntos aún ni nada, pero salimos juntos unas cuantas veces. Tenemos intereses en común. Desea las mismas cosas que yo.
-Ya veo. –Parecía pensativa. -¿Te sientes segura con él?
-¿Uh? –Rin pensó en sus citas previas con Kohaku, aunque igual se sentía segura porque Ah y Un estaban alrededor. Asintió. –Seguro. Ha sido un gran apoyo, y es muy atento.
-¿Dirías que confías lo suficiente en él como para interpretar una escena de violación?
Rin palideció. -¡¿Qué?! –Dijo antes de toser. –So-solo lo conozco desde hace un mes. Es algo... Pronto. Ni siquiera hemos hecho algo más que besarnos. –Se había puesto completamente colorada.
Kaede asintió, con una expresión ilegible. –Muy bien. Creo que es suficiente por hoy, Rin.
-¿Qué? –Dijo Rin, parpadeando en confusión. –Pero... pero usted no hizo nada para... –"Curarme de él".
Kaede levanto las cejas, mirándola.
-Tengo el Síndrome de Estocolmo. –Dijo Rin con voz entrecortada. –Haga que se detenga. Por favor.
Su rostro reflejaba simpatía. –Como ya dije antes: Lo tuyo no es un caso típico del Síndrome de Estocolmo. Mantienes el sentido de ti misma. No te engañabas sobre sus motivos. Deseabas escapar de él, y lo hiciste. Estas tratando de continuar con tu vida personal en vez de enfocarte en tu captor. Estás completamente convencida de que él es malo para ti. Eres capaz de ver sus faltas con claridad. –Ella sonrió. –No necesitas mi ayuda, pequeña. Eres fuerte.
-"No lo soy". –Pensó ella mientras dejaba el despacho. –"Realmente no lo soy".
Quizás debería haberle contado a Kaede que en vez de confiar en el tipo con el que estaba saliendo, Rin pensaba en Sesshomaru, y en lo que este le había dicho sobre Kohaku. Había intentado, honestamente, no pensar en la advertencia de Sesshomaru, pero no pudo evitarlo. Pese a todos los defectos del ruso, nunca le había mentido. ¿Por qué le mentiría Sesshomaru sobre Kohaku? ¿Con qué fin?
Así fue como Rin se encontró, más tarde ese día, tocando el timbre en casa de Kohaku, incluso cuando su dueño todavía estaba en Inglaterra.
Miró alrededor. No había estado en la casa de Kohaku anteriormente, era una bonita y pintoresca casa en un gran Barrio. Rin se podía imaginar fácilmente viviendo allí. Podía fácilmente imaginarse a un par de dulces niños jugando en el jardín.
La puerta se abrió.
Rin parpadeó, extrañada.
La mujer –Bueno, realmente una chica joven– que estaba al otro lado era bastante bonita. Delgada, alta, y con piernas largas, tenía un largo y lacio cabello blanco que brillaba con la luz, piel pálida y grandes ojos negros inexpresivos con unas hermosas pestañas. No podía tener más de 18 años, pero, claramente, Rin sabía de primera mano cuan engañosas podrían ser las apariencias.
Algo parecido al reconocimiento parpadeó en los ojos inexpresivos de la albina.
-Kohaku no está en casa. –Dijo la chica antes de cerrar la puerta en la cara de Rin.
Parpadeando graciosamente, mientras su cerebro procesaba la información, Rin dudo unos instantes antes de volver a tocar el timbre.
-Debo haber confundido el día en que regresaba. –Dijo Rin cuando la puerta se abrió de nuevo. –Le sonrió amablemente a la chica. –Soy Rin. No sabía que alguien de la familia de Kohaku viviera con él.
La chica hizo una mueca que creía que era burlona. –No soy su pariente. Y sé quién eres.
Rin ladeo la cabeza. –Entonces me tienes en desventaja, pequeña.
-Soy Kanna. –Dijo la albina, sus ojos negros cada vez parecían agarrar un tinte más hostil. –Vivo aquí.
Eso era bastante obvio.
-¿Crees que sería una molestia si me explicas? –Dijo Rin, aun con una sonrisa débil, pero estaba bastante segura de que no estaba imaginando la oleada de hostilidad hacia su persona, proveniente de esta chica. O ella era gruñona por naturaleza o tenía algo en su contra. Rin se inclinaba más por la última opción.
-Sí. –Nuevamente la puerta se cerró de golpe en la cara de Rin.
Correcto.
Rin se dio la vuelta, y camino a la camioneta donde Ah-Un la esperaban, parecían divertidos.
Más tarde esa noche, cuando Kohaku la llamó por Zoom, Rin se decidió a sacar el tema.
-Me equivoqué de fecha y fui a tu casa está tarde. –Dijo Rin. –Conocí a Kanna.
La postura relajada de Kohaku no cambió. Sonrió, aunque había cierta sorpresa en su rostro. -¿Conociste a Kanna? No lo menciono cuando hable con ella.
-Sip. –Dijo Rin. –Bueno, nunca mencionaste que no vivías solo.
Kohaku exhaló, evaluando su cara.
-No lo mencioné, porque no es fácil de Explicar. Algunas personas lo interpretan mal.
Rin tenía una sonrisa algo incomoda. –Me gustaría pensar que no soy solo "Alguna persona".
-Espero que no lo seas. –Dijo Kohaku, con sus oscuros ojos entrecerrados, centrados en los labios de Rin. –Me gusta tu cabello, por cierto. Nunca te había visto con el cabello suelto, se ve muy bonito. –El deseo en la mirada de Kohaku la hizo sentir algo incomoda.
Se dijo a si misma que la incomodidad se iría, cuando permitiera que a Kohaku algo más que algunos besos castos. Aun así, el hecho de que no se sintiera particularmente culpable por haber chupado el pene de Sesshomaru ayer, era bastante preocupante. No se sentía como si hubiera hecho algo malo.
-Cuando conocí a Kanna. –Empezó a contar Kohaku, regresando la mirada a los ojos de Rin. –Era una niña sin hogar, medio muerta de hambre, que trabajaba en un restaurante de comida rápida. La llevé a casa. Le ofrecí un hogar. –Se encogió de hombros. –Eso es prácticamente todo.
-¡Oh! –Dijo Rin. –Eso es... Extremadamente dulce.
Kohaku negó con la cabeza.
-Realmente no. –Habrías hecho lo mismo si la hubieras visto en ese entonces.
-Dijiste que algunas personas lo interpretaban mal. ¿Por qué?
El apuesto rostro de Kohaku se descompuso en una mueca. –Porque la gente es estúpida. Sí, sé que parece extraño: Vive conmigo, soy soltero, y soy mucho mayor que ella. No estamos emparentados y aún así pago por su educación, pago todos sus gastos, así que por supuesto, la gente empieza a asumir un montón de tonterías. Kanna es lesbiana, y es una niña, y yo no soy un pedófilo, pero algunas personas todavía creen que soy una especie de Sugar Daddy para ella. –Kohaku rió, como si fuera la cosa más estúpida que hubiera escuchado.
Rin no se reía con él. En realidad, se veía pensativa.
-Mmm. ¿Estás seguro de que no lo eres? –Murmuró. –Si lo entendí correctamente, las relaciones entre Sugar Daddy y Sugar Baby no son necesariamente sexuales.
La sonrisa de Kohaku se desvaneció.
-Estoy seguro. –Dijo, con un borde afilado que salía de su voz. –Kanna no se queda conmigo por mi dinero. Soy su familia.
-Lo lamento. –Rin dijo temblando, algo asustada. Era la primera vez que Kohaku no se mostraba considerado y suave cuando estaba con ella. –Solo lo pregunto por qué ella no parecía muy feliz de verme. Parecía... No sé muy bien, es algo difícil de leerla pero fue algo así como... amenazada.
Kohaku suspiro, pasándose una mano por el rostro.
-Kanna es insegura. Cree que voy a deshacerme de ella cuando inicie mi propia familia. –Miró a los ojos de Rin. –Está equivocada. No se va a ninguna parte, sin importar lo que alguien más piense.
-"Indirecta entendida". –Rin forzó una sonrisa y cortó la conversación, alegando estar cansada.
Cerró el Zoom, y suspiró mientras se dejaba caer en las almohadas de su sofá. Ah se sentó a lado, abrazándola, mientras ellas sentía las lagrimas bajar por sus ojos. Un trajo un bowl de palomitas mientras ponían algo en la televisión.
Frunció el seño profundamente. No acababa de imaginar a Kohaku advirtiéndole, sin dejar lugar a dudas, que la presencia de Kanna en su casa era innegociable, incluso si se comprometieran en una relación.
Y Sesshomaru le había insinuado que las cosas no eran tan inocentes como las había hecho sonar Kohaku.
-¡Por el amor de Kami! –Dijo Rin con frustración mientras abrazaba su manta favorita en su cara. Podía sentir las miradas de Ah-Un en ella, porque sabían que no estaba viendo la película. Tal vez era estúpido decirles lo de Sesshomaru, o ellos ya lo sabían, pero no era un tema del que estuviera dispuesta a hablar.
¿Por qué confiaba en la palabra de Sesshomaru por encima de la de Kohaku?
No debería sacar conclusiones precipitadas. Si Kohaku mostraba preocupación, y se portaba protector por esa chica, era algo simplemente admirable. Con seguridad, reflejaba algo bueno de su personalidad. Eso demostraría que sería un padre genial y cariñoso algún día. Kohaku era perfecto. Estaba actuando como una idiota al dudarlo.
En cuanto Kohaku regresara de Inglaterra, lo que sucedería el día de mañana, Rin le diría que sí. Que le gustaría comenzar una relación con él. No tenía sentido posponerlo.
Una vez tomada la decisión, se puso a ver la película con un nuevo optimismo.
Al terminar de ver el largometraje, entró en su habitación y se hecho en la cama para dormir, esperando no tener más sueños.
Pero los sueños vinieron.
En su sueño, estaba sentada con las piernas cruzadas en el encantador jardincito de Kohaku. Las ricitas de un niño alcanzaron sus oídos. Rin sonrió, viendo a un niño pequeño, regordete y con el cabello plateado correr hacia ella con los brazos abiertos. Rin lo atrapó, riendo y levanto a la pequeña y adorable criatura por encima de su cabeza. El niño chillaba, con sus dorados ojos iluminados de placer.
. . .
El siguiente día no empezó bien para Rin. Pasó la mayor parte del día en la oficina de su tío –todavía no podía pensar en ella como suya–, lidiando con cosas que requerían su atención inmediata, e ignorando estoicamente las miradas condescendientes y desconfiadas en los rostros de sus empleados más antiguos. No era fácil, considerando que era evidente que algunas cosas, sobre cómo se dirigía la empresa, no tenían demasiado sentido, lo que probablemente tuviera mucho que ver con el lado extraoficial de los negocios de Naraku. Eso le hacía doler la cabeza. Cualquier tipo de investigación por su parte, podría destapar una lata repleta de gusanos que Rin no estaba segura de estar preparada para enfrentar ahora mismo.
Finalmente, enferma y cansada de todas las complicadas maniobras, y horas de negociaciones, Rin abandonó las oficinas de la compañía bastante tarde, y se encamino con Ah-Un nuevamente hacia la casa de Kohaku.
Se suponía que Kohaku llegaría en cualquier momento y Rin quería estar presente cuando lo hiciera. Podía sentir el recelo de los otros dos, pero decidió ignorarlos, porque se comportaban de esa manera con cualquier persona que se acercara. O la mirara. O siquiera respirara cerca de ella.
A Rin le hubiera gustado decir que no podía esperar para ver a Kohaku, pero eso no era verdad. Antes de comprometerse con nada, quería ver a Kohaku interactuando con Kanna, porque, sin importar lo que se dijera a sí misma, algo en todo este asunto le hacía sentir incomoda. Contrariamente a la opinión popular, ella no era una ingenua niña con la cabeza en las nubes, ya no.
Sí, aún creía en la bondad intrínseca de la gente, y siempre seria optimista de corazón, pero luego de su decepcionante relación con Bankotsu hace años, quien había resultado ser parte de una pandilla, y terminó siendo arrestado en televisión nacional, por secuestrar a hijas de familias ricas para sacarles el dinero, sería una idiota por confiar en alguien ciegamente de nuevo. Lo último que supo fue que escapó, y tenía planeado irse a América, le había llamado para que huyera con ellos, y ella le había colgado sin más.
Cuando salió de sus pensamientos, notó que ya habían frenado el coche. Bajó, pidiéndole a ambos grandulones que se quedaran allí, y se encontró a Kanna sentada en el Porche de la casa de Kohaku, con su teléfono en sus manos. No alzó la mirada para verla, pero Rin supo que la había visto cuando frunció el seño.
-Hola. –Dijo Rin, acercándose a ella.
Kanna, sin voltear a verla, estiró sus largas piernas hacia el frente, básicamente bloqueando el acceso al Porche. Los ojos negros como el carbón la miraban de reojo con dureza.
-Kohaku todavía no está en casa.
-Lo sé. –Dijo Rin, evaluando a la albina. –Pero debería estar llegando dentro de la próxima media hora.
-Estará agotado luego del largo vuelo. –Dijo Kanna.
Rin casi se echó a reír. La descarada aversión de Kanna era algo hilarante. ¿Realmente era más joven que ella? Era más alta y su apariencia era más madura que la suya, y aun así se notaba que no tenía más de 18 años, quizás era incluso más joven.
-Me siento como si hubiera matado a tu cachorro o algo. –Dijo Rin, tratando de aligerar la situación, y sonriéndole un poco. No podía recordar la última vez que le había desagradado tanto a alguien... Tal vez no, desde que tuvo a esa horrible niñera por la que terminó en el hospital. -¿Qué te hice?
Kanna siguió deslizando su dedo por su teléfono inteligente. –No me gustan las tipas ricas mimadas de cara bonita que utilizan a Kohaku y le dan falsas esperanzas. Se merece algo mejor.
Rin ladeó la cabeza sin comprender del todo. –No lo estoy utilizando.
-Sí, claro. –Dijo Kanna, burlándose. –Hace años viví en un internado. Aprendí a leer a la gente. He visto fotos de ti y de Kohaku. Nunca te vez como si él te atrajera, ni como si estuvieras enamorada. Tu mirada es calculadora más que enamorada, en la forma en que lo miras. Obviamente no puedes estar tras su dinero. –Miró, finalmente, directamente a Rin. –No logro descubrir muy bien qué es lo que buscas, pero no confió en ti.
Rin cruzó los brazos sobre el pecho, repentinamente incomoda. –No lo estoy usando. –Repitió, aunque era consciente de que ya no sonaba tan segura. Era cierto que había escogido a Kohaku con la mente, no con el corazón, pero ¿Eso era algo tan malo? Estaba harta de ver sus sueños aplastados una y otra vez. Claramente su corazón no tenía idea de lo que le convenía. Y no era como si hubiera engañado a Kohaku en nada. Le había dicho a Kohaku que serían novios, solo cuando ella estuviera absolutamente segura de lo que quería. Hasta entonces, solo estaban saliendo casualmente.
-¿No lo haces? –Dijo Kanna, arqueando sus perfectas cejas. –Estás diciendo que tienes... Algo como... ¿Sentimientos por él? Por favor.
Rin la miró haciendo un puchero. ¿Quién se creía que era esta chica? –No estoy diciendo que este enamorada de él, pero no creo que él este enamorado de mi tampoco. Nos gustamos, hemos estado saliendo por un mes, pero con la muerte de mi tío, apenas hemos tenido tiempo de tener citas apropiadas y enamorarnos. Así no es cómo funcionan las cosas entre adultos, Kanna.
La albina bufó. –Entonces, ¿Nunca has deseado a alguien tan mal como para no preocuparte sobre cuanto lo conoces?
Desviando la vista, Rin se frotó la nuca. –Atracción física y amor no son lo mismo.
-Salvo que seas asexual, y sé que no lo eres, no puede haber amor romántico sin atracción física. –Contrarrestó Kanna. –Y si realmente lo quisieras, no lo dejarías esperando por un mes. Haku es un partidazo. –La chica parecía ofendida en el nombre de Kohaku. Ni siquiera la madre de Sango o el padre parecían tan inquietos por la falta de una etiqueta en su relación con su hijo. Ni siquiera Sango la presionaba para que finalmente le diera la oportunidad. ¿Cuál era entonces su problema? Era raro y adorable.
Antes de que Rin pudiera decir algo, oyó a un automóvil acercándose.
El rostro entero de Kanna se iluminó, sus ojos negros centelleaban, ¡Con un demonio que centelleaban! Rin no necesitaba preguntar quien estaba llegando.
-¡Kohaku! –Kanna se levantó de un salto y corrió hasta el hombre alto que descendía del vehículo.
Kanna tropezó, sus largas piernas de modelo ahora parecían torpes, recordándole a Rin a una jirafa bebé.
Kohaku se quito los lentes de sol y sonrió, abriendo los brazos justo cuando Kanna chocaba contra él y abrazaba con entusiasmo al hombre mayor.
-Muy bien, déjame verte. –Dijo Kohaku, apartándose para ver a la chica albina. -¿Has crecido un par de centímetros en una semana? A este ritmo, pronto serás más alta que yo.
-Te extrañé. –Anunció Kanna, con un tono infantil y dulce antes de darle otro abrazo.
Una suave sonrisa curvó los sensuales labios de Kohaku. Le devolvió el abrazo, dejando caer un beso en la frente de la delgada chica. –Y yo a ti, Kanna. –Dijo, con la voz repleta de afecto.
Rin los observó con un sentimiento de opresión creciente en la boca de su estomago. No eran celos. Era algo peor. Era decepción y envidia.
Kohaku finalmente notó a Rin y le sonrió por encima de la cabeza de Kanna. Era una sonrisa diferente a la que le había dado a Kanna. Era claro que estaba complacido de ver a Rin, y sus ojos apreciaban lo que veía, pero eso era todo. Rin sonrió vagamente.
-Hola.
Kohaku soltó a la chica en sus brazos y caminó hacia ella. -¡Hey! Estaba pensando en llamarte. No esperaba encontrarte aquí. No es que no me alegre verte. –Se inclinó para tratar de besar sus labios, pero Rin giró la cara para que el beso aterrizara sobre su mejilla. Kohaku retrocedió, frunciendo ligeramente el seño. -¿Todo está bien?
Rin envolvió sus brazos alrededor de su propio cuerpo.
-Yo... No creo que quiera ser tu novia.
Una arruga apareció en las cejas de Kohaku. -¿Puedo preguntarte el por qué?
Quitándose el flequillo de los ojos, Rin se encogió de hombros con incomodidad. –Yo solo... He tenido mi dosis de malas relaciones: Mi primer novio era un imbécil que solo me quería por mi dinero. Mi segundo novio me dejo por otra chica cuando me negué a hacer algunas cosas que él quería hacerme. El tercero resulto ser un estafador que trató de hacerme parte de una estafa para conseguir dinero de mi tío. Y el cuarto enloqueció cuando descubrió que a mí no me gustaban las relaciones ocasionales, y que a mi realmente me gustaría tener una familia e hijos en algún momento. –Le dedico una sonrisa triste a Kohaku. –Y mi tío siempre tuvo mejores cosas que hacer en vez de estar allí para mí. Probablemente entiendas el panorama.
Los oscuros ojos de Kohaku parecían pensativos. –Quieres un hombre completamente comprometido contigo. –Dijo.
-Quiero un hombre que escuche y entienda mis ideas, un hombre que me ponga primero en su vida y cuide de mí. –Dijo Rin en voz baja, sintiendo una punzada de culpa. –Realmente me gustas, Kohaku, pero parece que tampoco eres ese hombre.
Kohaku miró hacia Kanna, que los miraba con preocupación mal disimulada.
-¿Esto es sobre Kanna? No es lo que parece. Solo es una niña.
-No, no lo es. –Dijo Rin, riéndose graciosamente. –Abre los ojos. Tiene uno años menos que yo, y aún así parece más una mujer que yo. –Negó con la cabeza. –Y no importa, de todas maneras. Incluso si realmente no es lo que parece, es extremadamente importante para ti. Y tal vez es egoísta de mi parte, pero estoy cansada de recibir solo las migajas de atención y afecto. Ya estuve allí, hice eso, y tengo la camiseta de recuerdo. Creo que me merezco algo más. Todos lo hacemos. Tú también. –"Y no estoy segura de poder darte eso. Quizás Kanna tenía razón después de todo."
Kohaku la estudió unos instantes antes de inclinarse y besar a Rin en la mejilla, junto a su boca. –Realmente me gustas, pequeña. Si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme.
Asintiendo, Rin se alejó. –Gracias por todo, Kohaku. –Dijo suavemente. –Y perdóname si te di falsas esperanzas. No quise hacerlo. Realmente creí que podríamos funcionar, que podía enamorarme de ti. –Le dio una pequeña sonrisa triste. –Eres algo así como todo lo que siempre soñé en un hombre. Pero estoy empezando a ver que no es suficiente. Así que... Sí, lamento si te hice ilusionar sin querer.
Kohaku se rio, sus dientes blancos casi enceguecedores en contraste con su piel oscura. –Tener a una preciosa, linda y dulce señorita en mis brazos no fue exactamente una pesadilla para mí.
-Adulador. –Dijo Rin riendo, besándolo en la mejilla. –Tengo que irme, antes de que tu Kanna me asesine por tratar de robarle a su "Papito Rico".
-Ja-Ja, Desopilante. –Dijo Kohaku, suspirando.
Rin solo sonrió, saludó a Kanna y se fue. Se subió a su coche, y Un inmediatamente arrancó. Su sonrisa se marchitó con cada metro que avanzaban. Sí. Solo otra relación fallida. Al menos esta vez la había terminado antes de que alguien saliera herido.
Se preguntó si ya era hora de abandonar sus sueños de encontrar a su Alma Gemela. El final de su hilo Rojo.
No era que ya no creyera en el amor. Lo hacía. Era obvio que Sango y Miroku estaban unidos por ese hilo. Los padres de Sango y Kohaku también parecían enamorados como un par de adolescentes, a pesar de todos los años que ya tenían juntos.
Era solo que... Rin estaba empezando a cuestionarse si existiría una persona para ella. Estaba empezando a creer que era imposible encontrar a alguien, pesé a su sensiblera personalidad, que la aceptara con todos sus extraños fetiches y peculiaridades, que quisiera iniciar una familia con ella, que la pusiera primero cuando importara, y a quien Rin amaría con todo su corazón y su cuerpo.
Quizás ese hombre simplemente no existía. No para ella. Quizás era una niña tonta con la cabeza en las nubes, mientras que la vida transcurría a su alrededor, pasándola por alto mientras ella se negaba a crecer.
El pensamiento termino de romper su corazón y se echó a llorar, agradecida de que ninguno de los dos grandes hombres con ella detuviera el coche o le dijera algo.
