Capitulo 13. "Te necesito".
Recibió la llamada al día siguiente.
-Jundo-sama. –Dijo una desconocida voz, con un marcado acento. –Por la muerte de su tío, le hemos concedido generosamente algo de tiempo extra, pero nuestra paciencia se está acabando.
A Rin se le secó la boca.
-Me temo que no lo entiendo.
-Pagamos por un cargamento de Doscientas Unidades y lo esperamos para este sábado.
-¿Unidades de qué?
-No te burles de mi, mujer. –Dijo el hombre.
-Realmente no se dé que me está hablando.
-Riñones.
El estomago de Rin se hundió. Mierda. Comercio ilegal de órganos. Su tío metió a la empresa en el Comercio Ilegal de Órganos.
Rin no sabía de qué se seguía sorprendiendo.
-Mire, lo que sea que Naraku le prometió, no sé nada al respecto...
-No me importa, muchachita. –Dijo el tipo con aspereza. –Tengo compradores haciendo fila. Quiero mis productos. Si no los obtengo o vas de bocona con la policía, iré tras tus jodidos órganos. –Colgó antes de que Rin incluso pudiera preguntar con quien estaba hablando.
12 horas después, Rin estaba sentada en la antigua oficina de su tío, con la cara enterrada entre sus manos. Frustración, ira y miedo retorciendo sus entrañas luego de revisar la computadora de Naraku. Era demasiado para ella.
Había esperado acabar con la parte oscura de los negocios de las "Industrias Muso" de forma rápida e indolora –no tenía intenciones de seguir los pasos de Naraku–, pero era más fácil decirlo que hacerlo.
Aparentemente, existían obligaciones que Naraku, y ahora ella en su lugar, debía cumplir, antes de que ella pudiera lavarse las manos de toda la parte criminal, y no tenía idea de que hacer.
Los esbirros de Naraku, que era como llamaba a los aliados que él había tenido en la empresa, nunca tomaron enserio a Rin, y todos se fueron al carajo hacia alguna parte luego de la muerte de "La Araña", ya sea para mantener un perfil bajo, o seguir adelante con sus propias vidas.
Rin también quería hacer esto último, pero primero tenía que arreglar este desastre sin arruinarlo de alguna manera, dejándose matar o arrestar.
Desearía poder ir a las autoridades, pero no era tan ingenua como para pensar que la policía podría encontrar y arrestar a cada uno de los cómplices de Naraku. Estaría muerta en cuestión de semanas si lo hiciera.
Sin mencionar que no deseaba que el nombre de la compañía de sus padres fuera arrastrado por el barro, lo que inevitablemente iba a ocurrir si se hacían públicos los tratos ilegales que Naraku había echo todos los años que estuvo a cargo.
Ah-Un podían cuidarla, no tenía dudas de ello, pero ellos dos solos no podrían contra toda una organización criminal, mucho menos con todos los enemigos a los que tendría que enfrentar. No los iba a poner en riesgo.
Lagrimas de ira llenaron sus ojos, y las aparto con brusquedad. Kami, nunca había odiado más a Naraku. No era suficiente que hubiera sido una persona horrible y un tutor todavía peor. Tenía que haberse dejado matar y dejar este desastre detrás.
Doscientos riñones para el sábado.
Una risa sin gracia dejó la garganta de Rin. Se suponía que de alguna manera obtuviera doscientos riñones para este sábado o estaría muerta. Luego de lo sucedido a Naraku, tenía pocas dudas de que estas personas tomaban enserio los negocios.
No sabía qué hacer.
Estaba completamente fuera de su terreno. ¿Qué podía hacer?
A menos que...
Con las manos temblorosas, Rin alcanzó su teléfono. Abrió los Contactos y deslizo la pantalla hasta que llegó al que necesitaba.
Sesshomaru Taisho.
Un par de semanas atrás, había encontrado el número de Sesshomaru entre los documentos de Naraku, y lo había guardado, odiándose un poco por hacerlo, pero haciéndolo de todos modos. Desde entonces, había intentado borrarlo en varias ocasiones. Lo había echo, realmente, pero algo siempre la frenó. Era algo bueno que no lo hubiera hecho. Racionalmente, Sesshomaru era la única persona que conocía que sabría que hacer en esta situación. Era lógico llamarlo. Rin NO lo llamaba por que quería oír la voz de Sesshomaru, o sentirse a salvo, o algo tan patético como eso.
El teléfono sonó 4 veces antes de que una mujer lo atendiera. Ella pidió el nombre de Rin y su información de contacto. Le dijo que se los transmitiría a su jefe, sonando como si no creyera que Sesshomaru realmente le devolvería la llamada. Rin tampoco lo creía en realidad.
Se había medio convencido de que Sesshomaru no tenía intenciones de llamarla, y que probablemente ya se había ido de Japón, cuando su teléfono sonó más tarde esa noche.
Rin miro fijamente la pantalla del teléfono por un momento antes de respirar hondo y contestar.
-¿Qué quieres? –Preguntó Sesshomaru. –Estoy bastante ocupado en este momento.
Rin se volteo sobre su vientre, intentando luchar contra una oleada de inseguridad. ¿Por qué querría Sesshomaru ayudarla?
-Necesito su ayuda.
Una pausa.
-¿Con qué?
-Recibí una llamada esta mañana. –Dijo Rin. –Alguien está bastante molesto porque no recibió los doscientos riñones que Naraku aparentemente le debía. Y ahora están...
-Amenazándote. –Terminó Sesshomaru por ella.
-Sí. –Dijo Rin con una corta carcajada. –Amm, por casualidad, ¿No tendrá unos doscientos riñones tirados por allí?
Había sido una broma, y una muy mala, pero la respuesta de Sesshomaru fue completamente seria.
-No hago ningún tipo de tráfico humano.
-Eso es... Eso es sorprendentemente decente de su parte.
-Odio defraudarte, pero no tiene nada que ver con la decencia. Solo son mas molestias de lo que valen.
-Usted es una persona horrible. –Dijo Rin sin demasiada pasión. No pudo obligarse a reunir el coraje o la repugnancia que debería sentir ante la desvergonzada insensibilidad de Sesshomaru. Intentó no pensar en lo que eso decía sobre ella.
-Por eso me estás llamando. –Dijo Sesshomaru, con un tono muy seco. –Porque soy una persona horrible. Tipos agradables como tu Yoshida nunca podrían manejarlo.
Rin parpadeó extrañada, ¿Estaba Sesshomaru celoso?
Se aclaró la garganta.
-De todos modos, eso no es todo. Busqué en sus documentos, y parece que los riñones no son el único cargamento que Naraku les debía a algunas personas. Esto... No tiene buena apariencia. –Rin cerró los ojos. –Esta tan fuera de mi terreno. –Admitió en voz baja. ¿Qué tenía Sesshomaru que le hacía admitir tan fácilmente su debilidad? –Yo solo quería seguir adelante con mi vida. Pero ahora tengo que averiguar cómo tratar con esta gente, como sacármelos de encima.
-Quieres que lo haga por ti. –Dijo Sesshomaru. No era una pregunta.
-Sí. –Dijo Rin tratando de mantener un tono seguro y firme. –No le dije a nadie que fuiste tú quien me secuestró. Me lo debes, Sesshomaru. Si no me ayudas... le diré a la policía que fuiste tú.
Sesshomaru se rió, sonando profundamente divertido. –Mi pequeña cachorra tiene colmillos.
Tenía una graciosa sensación retorciéndole el estomago. -¡Deje de llamarme así! –Dijo Rin, apretando su ruborizada mejilla en la almohada. -¿Me ayudará o no?
Incluso sin poder verlo, podía ver como la sonrisa de Sesshomaru se desvanecía.
-Primero que nada, yo no te debo nada, amor. –Dijo en voz baja. –No te pedí que les mientas a las autoridades por mí. Y deberías conocerme mejor. Amenazarme no es la mejor forma de lograr que haga algo.
El pecho de Rin se oprimió.
-¿Está diciendo que no me va a ayudar?
-Estoy diciendo que necesito un mejor incentivo que ese.
La boca se le secó repentinamente, su corazón latía en algún lugar de su garganta.
-¿Qué quiere?
-Veinte por ciento de las Industrias Muso.
Los ojos de Rin se abrieron de golpe. Soltó una carcajada.
-¿Cree que estoy loca? No lo voy a dejar estar en ningún lugar cerca de mi empresa.
-¿Por qué no? –Diversión tiñó nuevamente la voz de Sesshomaru.
-Quiero librarme de cualquier acción ilegal en mi compañía. Dejarlo entrar es bastante contraproducente para ello.
-Cachorra. –Dijo Sesshomaru, en voz tan baja e intima que hizo estremecer a Rin. –Te das cuenta que cerca del 70% de mis negocios son completamente legales, ¿Verdad?
Rin frunció el seño. Eso era nuevo para ella.
-Eso no importa. –Dijo. –No lo quiero en ningún sitio cerca de mi empresa. "En ningún sitio cerca de mi". Así que elija algo más.
Hubo silencio en la línea, pesado y cargado.
-Me temo que no tienes nada que me interese. –Dijo Sesshomaru finalmente. –Entonces aceptas mi precio o no hay trato.
-No hay trato, entonces. –Dijo Rin tan agradablemente como pudo, y colgó.
Se mordió el interior de la mejilla, tratando de ignorar el estúpido e ilógico dolor oprimiendo en su pecho. Por supuesto que Sesshomaru no daba un centavo por ella. Por supuesto.
Sesshomaru se preocupaba solo por su propio beneficio.
Su teléfono sonó otra vez.
Rin lo miro fijamente, pero atendió.
-Cosita obstinada de... –Dijo Sesshomaru en un siseo bajo y furioso. –La gente con la que Naraku tenía negocios, no deben ser contrariados. Si no aceptas mis condiciones y me dejas tratar con ellos, encontraras el mismo final que el idiota de tu tío.
-¿Es una amenaza?
-No de mi parte. –Dijo Sesshomaru.
El dolor en el pecho de Rin se alivió, calidez extendiéndose en ella. Rin se dijo que no debería de ser tan idiota, pero no pudo evitar la sonrisa que tensaba sus labios.
-Cuidado, casi parece que estuviera preocupado por mí.
-Veinte por ciento. –Dijo Sesshomaru, su tono francamente helado.
-No. –Murmuró Rin, con su corazón latiendo desenfrenado.
Sesshomaru no era tan indiferente como trataba de aparentar. Una emoción la recorrió al comprenderlo, incluso cuando sabía que no cambiaba nada. Incluso si Sesshomaru sintiera algo por ella, no había futuro. Él ya había estado casado una vez, y estaba segura de que él no estaba ansioso por volver a estar atado a alguien. Ellos no encajaban juntos. Sesshomaru no quería lo que ella de la vida. Pero... Pero se sentía tan bien no ser la única, que Sesshomaru estaba tan afectado como ella. La hacía sentirse poderosa, lo que era algo irónico, considerando que nunca se sintió tan sumisa con ningún otro hombre. Quizá la gente que decía que había poder en la sumisión tenía razón. Y tal vez era insensible y despiadada al usar esto, esta atracción reciproca para su beneficio. Pero Rin estaba harta de no tener ningún control. Mientras que no perdiera el corazón en el proceso, debería estar bien, ¿Verdad?
-Te necesito. –Dijo honestamente. Era vergonzoso cuan honesta estaba siendo. –Te necesito tanto.
Hubo un silencio sepulcral en la línea.
Mientras más se prolongaba, Rin se sentía más cohibida, el calor expandiéndose por su rostro. Entonces escuchó a Sesshomaru exhalar.
-¿Qué pasó con tu novio perfecto?
-Nunca fue mi novio. –Dijo Rin. –Resultó ser que no era tan perfecto después de todo. Tiene a alguien más que es su prioridad. No puede darme lo que quiero.
-Tampoco puedo darte lo que quieres. –Dijo Sesshomaru exasperado.
-No. –Rin estuvo de acuerdo. –Pero puedes darme lo que necesito.
Sesshomaru tomó aire.
-No estoy ordenando el desastre de Naraku por un par de hoyuelos y una boca bonita. –Su tono era áspero, pero no la engañaba.
Cerrando los ojos, susurró con nada más que cruda honestidad en la voz. –Tengo miedo. Te necesito para superarlo. Haz que se vaya.
Sesshomaru maldijo en ruso y colgó.
