Capitulo 14. "Juntos".

Mientras que el ascensor privado lo llevaba hacia el Pent-house, Sesshomaru sombríamente se preguntaba si estaría perdiendo la cabeza. ¿Realmente estaba permitiendo que unas cuantas palabras dichas con suavidad lo afectaran? ¿Realmente había cancelado su vuelo a China por una oportunidad para... hacer qué exactamente? No podía creer que estuviera dejando que una muchacha de 20 años lo influenciara tan fácilmente solo con decir que lo necesitaba. Jodidamente increíble.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron para revelar un amplio living.

Una pequeña y delgada figura estaba ahí parada, medio escondida detrás de dos conocidos hombres que estaban parados frente al ascensor. La pequeña chica nipona estaba apoyada contra el respaldo del sillón. Rin tenía los brazos cruzados sobre su pecho, los hombros rígidos, sus ojos abiertos de par en par, su largo cabello enmarcando su cara en forma de corazón.

El cuarto estaba extrañamente silencioso a pesar de que había cuatro personas ahí.

Sesshomaru caminó hacia Rin y aunque no dejo de verla, sintió el aura asesina creciendo alrededor de los dos fornidos hombres.

-Pueden irse. –Rin dijo con una voz suave y baja, claramente pidiendo privacidad.

Los dos hombres parecieron rotundamente negados a obedecer, pero después de 10 segundos lo hicieron a regañadientes, yéndose por el mismo ascensor por donde él había llegado.

Estaban solos ahora.

Rin lo observaba como una presa miraría a un depredador acercándose. Era bastante irónico. Sesshomaru se sentía como si hubiera sido atrapado y arrojado hacia una presa engañosamente inofensiva.

Se acercó hasta a estar a pulgadas de la pequeña criatura, encerrándola contra el respaldo del sofá.

Rin tragó audiblemente, sus labios se separaron. Sesshomaru apartó la vista de ellos, hacia los ojos oscuros, y acunó la mejilla de Rin, su pulgar descansando contra su cuello inmaculado. Percibió un estremecimiento recorriendo a la cachorra, y sintió a su propio cuerpo ponerse rígido en varios sentidos, la fuerza de atracción jalándolo hacia la cachorra y apretándola en su agarre.

-Dijiste que me necesitabas. ¿Para qué? –Su voz era tranquila, pero sonaba áspera y afilada en el silencio total del cuarto.

-Yo... –Rin se acercó a él.

Se miraron el uno al otro, sus irregulares respiraciones volviéndose más sonoras, luego mezclándose, desapareciendo la distancia entre ellos.

Con un gemidito, Rin enterró su cara en el cuello de Sesshomaru, sus pequeños dientes hundiéndose en su piel. Lo siguiente que supo Sesshomaru, fue que tenía sus brazos alrededor de la pequeña chica mientras que Rin le chupaba el cuello como un bebé hambriento.

La polla de Sesshomaru palpitaba. -"Bebé".

Eso le recordó la última vez que tuvieron sexo, lo que Rin lo había llamado, y cuanto lo había necesitado.

Había sido embriagador.

Maldita sea, Sesshomaru ni siquiera estaba interesado en ese tipo de cosas hasta que Rin había susurrado la palabra "Papi".

-Shhh. –Dijo, enterrando los dedos en la larga cabellera y jalando fuerte.

Rin gimió, envolviendo sus largas piernas a la pierna de Sesshomaru, sus manos deslizándose bajo la camisa de Sesshomaru, acariciando su pecho mientras que seguía chupando su cuello.

-Mírame. –Dijo Sesshomaru.

Rin suspiró, y alzó la cabeza.

Cristo, como se veía: Ojos vidriosos, mejillas sonrojadas, labios rosados y temblorosos. Sesshomaru quería lamerla por todas partes y comérsela entera.

Inhaló profundamente, intentando recuperar algo de su control, tratando de aparentar algo de control.

Le resultaba algo imposible, cuando todo lo que quería era quitarle la ropa a Rin, enterrarse en ella y respirar.

El sonido de una cremallera abriéndose rompió el silencio y, después de eso, unos suaves dedos envolvieron la engrosada polla de Sesshomaru, sacándola de sus bóxers.

Silbando entre dientes, Sesshomaru se resistió a bajar la mirada, manteniendo constante su vista en los vidriosos ojos de Rin.

Rin se humedeció los labios con la lengua, su mano apretando la erección de Sesshomaru.

-Te necesito. –Rin dijo, con voz rota. –Por favor.

Gimiendo, Sesshomaru besó sus temblorosos labios, y todo lo demás se volvió irrelevante, todo excepto esta mocosa con su boca dulce y obscena.

Cuando la niebla del deseo se dispersó de su mente, ya estaban en la cama y estaba embistiendo a Rin. La estrechez a su alrededor era casi insoportable. Eso fue lo que le proporciono una, muy necesaria, claridad.

-¿Te preparé? –Se las arregló para decir, trabando los músculos. No podía jodidamente recordarlo.

Rin rió sin aliento, sonrojándose.

-Algo. Estoy bien. No te pusiste un condón, sin embargo.

-Carajo. –Sesshomaru maldijo en ruso y se forzó a retirarse.

-Esperé. –Dijo Rin. Levantó la vista hacia Sesshomaru con los parpados pesados. -¿Puedo confiar en usted?

La pregunta se sentía cargada de peso, la respuesta era más complicada de lo que le gustaría.

Respirando con dificultad, Sesshomaru analizó su respuesta, reuniendo toda su voluntad para no jalar las piernas de la cachorra sobre los hombros y enterrarse en ella como un salvaje. Quería follarla sin protección, quería correrse dentro y llenarla hasta que la mocosa estuviera desbordándose y... algo más. Pero Rin ya no estaba pidiendo solamente sexo.

-Puedes. –Dijo, sosteniendo la mirada de Rin.

Rin se estremeció. Sus piernas, abiertas con Sesshomaru entre ellas, se extendieron aún más, y trabó sus tobillos entorno a las caderas de Sesshomaru, acercándolo más.

-Entonces, está bien. Nunca antes había echo esto sin protección, pero quiero hacerlo. No pares... ¡Oh, Kami!

Apretando los dientes, Sesshomaru empujó más profundo, apretado calor envolviéndolo, y maldita sea, se sentía...

Rin gimoteó, sus ojos oscuros con una mirada ausente, sus mejillas sonrosadas, sus labios hinchado y entreabiertos mientras jadeaba.

Cristo, la pequeña cachorra parecía completamente ida.

-¿Estás bien? –Dijo Sesshomaru, y Rin asintió aturdida, sus pechos suaves, sus pezones duros y deliciosos agitándose con su respiración. Sesshomaru quería tocarlos, chuparlos, morderlos, pero sabía que esa era la zona más sensible del pequeño cuerpo debajo de él y no duraría un segundo si tan siquiera los rozara con sus dedos. Sería demasiado si lo hacía ahora, la cachorra ya parecía sobre estimulada.

Se contempló desaparecer entre las piernas de Rin, fascinado por la visión de su gruesa polla abriéndola. Manteniendo en posición a Rin por las caderas, se deslizó hasta el fondo, un resbaladizo calor a su alrededor, y tan apretado que Rin lo estaba enloqueciendo.

Rin empuñó el edredón. -¡Kami, Dios, oh Dios! –Se veía completamente perdida, sus dientes masticando su labio inferior, sus oscuros ojos inundados. -¡Más! –Dijo de manera ahogada, y Sesshomaru retiró algo sus caderas, antes de empujarse nuevamente, sintiéndose llegar más lejos de lo que nadie había echo nunca.

Rin gritó, arqueándose debajo de él.

Sesshomaru lo hizo de nuevo, con los ojos enfocados en el rostro de Rin, que estaba sudorosa, desordenada, completamente aturdida, y hermosa.

La cachorra parecía drogada, como si estuviera volando alto, con la sensación de la polla de Sesshomaru extendiéndola ampliamente, balanceándose hacia adelante y atrás, llenándola profundamente.

Sesshomaru acaricio los muslos de Rin, separándolos, su pulgar acariciando la piel sensible y suave. Empezó a embestir más duro, gemidos bajos escapando de su garganta.

Rin lo miró con esos grandes ojos, su larga melena azabache, húmedos y brillantes por el sudor, pegándose a su frente. Gemía entrecortadamente. –Yo, no... Voy... –Dijo sin aliento, y Sesshomaru ni siquiera tuvo tiempo para procesarlo antes de que Rin se estremeciera y terminará, sin haberla tocado.

Sesshomaru solo pudo mirarla. No era la primera vez que Rin terminaba antes que él, pero era la primera vez que se corrió sin ser tocada en lo absoluto, con solo 30 segundos de sexo.

Gimiendo, después de lo que le parecieron años, Rin se cubrió el rostro con las manos.

-Oh, por Kami-sama, esto es tan mortificante. –Murmuró antes de espiar a Sesshomaru entre sus dedos y lanzar una risita desquiciada.

Una repentina oleada de cariño por esta niña ridícula, se apodero de Sesshomaru.

-Lo siento, lo juro, realmente no tengo 13 años. –Rin logró decir entre ataques de risa.

Sesshomaru apretó la mandíbula, por que la risa de Rin hacia que sus paredes internas exprimieran la polla de Sesshomaru, lo cual no estaba ayudando con su auto control en lo más mínimo. Joder. ¿Cómo podía esta mocosa lucir tan increíblemente adorable y hacerlo querer follarla de manera tan brutal?

Probablemente interpretando mal su silencio, Rin dejó de reír.

-¿Estás verdaderamente enojado? –Dijo, con un dejo de incertidumbre en la voz.

-No digas tonterías. –Dijo Sesshomaru, respirando profundamente a través de sus dientes apretados.

Sesshomaru acunó la mejilla suave de Rin en su mano, acariciando el pómulo con su pulgar.

-Te ves hermosa cuando estás desesperada. –Dijo, mirando hambrientamente a la jovencita sonrojada debajo de él. –Estuviste perfecta, cachorra. –Sesshomaru culpaba a su polla por todas las cursilerías tontas que salían de su boca. –Eres perfecta. –Dijo, acariciándola detrás de la oreja.

La mirada de Rin brillaba, acurrucándose en su mano mientras su interior volvía a darle un suave apretón.

-Es solo que pasó tanto tiempo desde que hicimos esto.

Sesshomaru se retiró lentamente y empujó nuevamente dentro de ella.

-Bien. –Dijo, y estableció un ritmo constante, viendo la expresión de la cachorra volverse soñadora y lejana. –No dejaste que nadie te tocara. Has sido una buena niña.

Rin sonrió por la alabanza, sus parpados pesados mientras se movía para corresponder las embestidas de Sesshomaru.

-Solo lo quería a usted... Extrañé... Yo... Esto.

Las palabras sacudieron su cuerpo. Sesshomaru sabía que era un peligroso camino a tomar, pero no sabía cómo frenar este tren descarrilándose.

Alzando a Rin entre sus brazos, rodó sobre la espalda. Rin gritó por la sorpresa.

-Cabálgame, cachorra. –Dijo, atrapando con sus manos los pechos redondos y suaves de Rin, jugando con sus rozados pezones.

Rin dio un largo gemido de satisfacción, asintió ansiosa, viéndolo hacia abajo con los ojos entrecerrados, sus cabello desordenado, su expresión completamente abierta y enamorada.

Sesshomaru le devolvió la mirada, deseando no tener una expresión similar en el rostro. Carajo, la forma en que lo afectaba esta mocosa era ridícula. No pudo apartar la mirada mientras Rin lo montaba lánguidamente, sus oscuros ojos cada vez más desenfocados mientras Sesshomaru murmuraba alabanzas sobre lo bien que lo estaba haciendo, lo perfecto que Rin se sentía a su alrededor, lo perfecta que ella era.

Pronto, Rin parecía completamente desconectada, sentada en la polla de Sesshomaru, y balanceándose aturdida. Dios.

Sesshomaru se sentó y jaló a Rin fuertemente contra su pecho, empujando sus caderas hacia arriba, enterrando su dolorida y dura polla en dócil cuerpo de la cachorra, provocando que Rin gimiera a un lado de su cuello, aferrándose a él.

Continuó así por un largo rato, con Sesshomaru follando el cuerpo deshuesado entre sus brazos. En determinado momento, Rin gimió y enterró sus pequeños dientes en su cuello, corriéndose nuevamente y apretando sus piernas en la cadera de Sesshomaru. Y Sesshomaru finalmente se dejo ir, su orgasmo rasgando en él, y estremeciendo todo su cuerpo mientras se derramaba dentro de Rin.

Cuando su cabeza se despejó un poco, Sesshomaru se encontró con la cachorra acurrucada contra su pecho, sus dedos peinando sus mechones húmedos. Rin se acariciaba contra su clavícula, solo le faltaba ronronear. Ahora parecía una gatita.

-¿Por qué siempre es tan bueno con usted? –Rin murmuró, todavía sonando algo perdida. –Como si... como que me siento en el cielo cuando le sedo todo el control. Se siente tan, tan bien. Quiero sentirlo por siempre.

Sesshomaru se recordó que Rin no sabía lo que estaba diciendo: Todavía estaba volando alto por el placer post-orgásmico.

Rin suspiró.

-La señora Kaede está equivocada. –Murmuró contra el cuello de Sesshomaru. –Definitivamente tengo el Síndrome de Estocolmo. Necesito ayuda.

-Entonces, ¿Qué tengo yo? –Dijo Sesshomaru. Y se lamentó apenas las palabras dejaron su boca.

Rin levantó la cabeza y lo miro sin parpadear, sus gruesos labios formando una "O".

Resistiendo el impulso de apartar la vista, Sesshomaru se preguntó si la estupidez sensiblera de la pequeña nipona seria contagiosa.

Rin se mordió el labio, pero no pudo reprimir la sonrisa.

-Bueno, me han dicho que soy muy adorable. –Dijo, como si estuviera compartiendo un enorme secreto, un hoyuelo surgiendo en su mejilla.

Sesshomaru quería besarla.

-Esto no es divertido. –Dijo lacónicamente. –Esto es... Inconveniente.

-Inconveniente. –Rin repitió, viéndolo con curiosidad. -¿Quiere decir su...Atracción por mi?

Atracción. La palabra no se sentía adecuada. Sesshomaru asintió de todas maneras. No tenía demasiado sentido el negar la atracción; no tendría sentido, considerando donde todavía se encontraba su polla.

Rin hizo una mueca graciosa.

-Quiero que sepa que esta atracción por usted es muy inconveniente para mi, también. –Dijo, y miró a Sesshomaru con expectación... Confiadamente. -¿Qué vamos a hacer con esto, entonces?

Maldición, ¿Acaso la mocosa se daba cuenta del modo en que lo miraba? Sesshomaru querría poder decir que la mirada enamorada de Rin lo molestaba o lo divertía, pero sería una mentira.

La verdad era que no le importaba.

La verdad era que jodidamente le gustaba.

Le gustaba.

La verdad era, que quería que la pequeña siguiera mirándolo así, su niña.

Jesucristo. Su propia posesividad lo hizo estremecer.

-Sabe... Solía ponerme muy nerviosa cuando usted tenía esa expresión en la cara. –Rin dijo amistosamente.

Sesshomaru deslizó sus manos por la elegante curva de la espalda de Rin y las detuvo sobre sus suaves montículos.

-¿Estás diciendo que ya no te pongo nerviosa? –Pocas personas en el mundo podrían decir algo así.

Rin sonrió de lado.

-Lo hace. Pero de un modo diferente. –Pareció dudar antes de admitirlo, con vergüenza coloreando su voz. –No es ciego. Sería bastante inútil que negara que me guste complacerlo. Me pongo ansiosa si no lo hago. –Rin se rascó la mejilla, nerviosa. –Es bastante inconveniente. No puedo esperar a curarme de esto.

-Curarte. –Repitió Sesshomaru.

-De mi Síndrome de Estocolmo. –Rin aclaró con serenidad.

Sesshomaru sintió una picadura caliente e irracional de desagrado.

-Buena suerte con eso. –Dijo, levantando a Rin y dejándola en la cama antes de pararse. Agarró sus bóxers del piso y se deslizó en ellos.

-¿Ya se va?

Sesshomaru la miró. Había una arruga de disgusto en el entrecejo de Rin, las comisuras de sus labios caídas.

-¿Para qué me quieres aquí? –Dijo Sesshomaru. –Estoy seguro de que tu psicóloga te diría que abrirle las piernas a tu antiguo secuestrador no es el mejor camino para curarte.

Un rubor rosado surgió en las mejillas de Rin. Se mordió el labio.

-¿Qué pasa con las amenazas que recibí? Realmente necesito tu ayuda.

Sesshomaru sabia con qué clase de gente había estado tratando Naraku. Se comerían viva a esta muchachita de carita angelical. Desearía poder decir que no le importaba. Lo hacía. No había un motivo racional para ello, ningún sentido lógico. Solo lo hacía. Sin importar lo que se dijera a sí mismo, no podía ver a esta dulce pequeña, cabeza en las nubes, sentimental mocosa como algo más que suya. Era frustrante, porque Sesshomaru no quería reclamar nada parecido.

-Me ocuparé de eso. –Dijo cortante.

Rin le sonrió, con los ojos brillantes, y los hoyuelos en toda su gloria.

Por una chingada.

-¿Ahora? –Dijo Rin esperanzada, con impaciencia y deseo evidentes en toda su cara. –Tengo todo aquí en mi Notebook.

No te vayas, decían los ojos de Rin. No te vayas, decía su cuerpo.

Hubiera sido desgarrador que Sesshomaru no sintiera la misma atracción irresistible por ella. Excepto, que a diferencia de Rin, él no podía alegar convenientemente que estaba afectado por algún tipo de Síndrome.

-Trae la Notebook. –Escupió y se sentó en la cama.

Cuando Rin trajo su computadora a la cama, y se acurrucó contra él, Sesshomaru no la aparto.

Debería haberlo hecho. La cachorra era una amenaza.