Capitulo 15. "Eres mi héroe".
La sostenida mirada de Kaede en ella, era bastante desconcertante.
Rin se retorció, y enseguida se arrepintió. Todavía sentía las consecuencias de las actividades de la noche pasada.
-¿Por qué estás aquí, Rin? –Dijo Kaede finalmente. -¿Qué esperas lograr al verme?
-Yo... –Se lamió los labios. –Ya se lo dije. Quiero que me ayude a curarme de esto... Del Síndrome de Estocolmo. Quiero sacármelo de la cabeza.
Ella ladeó la cabeza, mirándola por sobre sus notas.
-Y aun así, sigues teniendo relaciones sexuales con ese hombre.
Rin se mordió el labio inferior, esquivando su mirada.
-Al final, usted va a curarme, así que... ¿Que diferencia hay?
-Rin. –Dijo Kaede calmada, pero en un tono de reproche. –No soy maga. No puedo ayudarte si no haces un esfuerzo. Tu actitud no es diferente al que eligieras tener sexo sin protección solo porque luego puedes tomar la "Pastilla del Día Después". De hecho es peor, porque no existe una pastilla así para ti.
Rin enterró su rostro en sus manos, hundiendo los hombros. –Lo sé. –Dijo. –Es solo que... es difícil.
Suspirando, levantó la cabeza y observó a su terapeuta con tristeza en sus ojos.
-Me siento tan bien con él. Tan, tan, bien.
Kaede no parecía sorprendida.
-¿Qué quieres decir con "bien"? ¿Puedes decirme más?
Rin pensó en cómo se sintió esa mañana al despertar en los brazos de Sesshomaru.
-Mareada. –Dijo. –Protegida. –Agregó más bajito, sintiéndose como un monstruo. Sesshomaru era la última persona con la que debería sentirse segura. –Necesito ayuda. –Dijo, con desesperación en la voz.
-Cualquier tipo de relación BDSM requiere un alto nivel de confianza en la pareja. –Comentó Kaede. –Confiarle tu seguridad, confiar que cuide de ti, confiar en que te lea correctamente y te ofrezca lo que necesitas. Puede crear un vínculo profundo entre dos personas que va más allá del sexo.
-Pero nosotros no... Nosotros no siempre... Lo hacemos. –Dijo Rin con el rostro en llamas. –Ni siquiera me gusta el dolor. No me interesan los látigos ni cosas como esa. Solo me gusta ser... –Se interrumpió, insegura, porque la primera palabra que le vino a la mente fue "suya".
-Cuidada. –Sugirió Kaede. -¿Cómo si le pertenecieras a alguien?
Rin asintió vacilante. Ella no se equivocaba, pero realmente no quería hablar de eso. A decir verdad, Sesshomaru era la única persona con la que se sentía lo suficientemente cómoda como para discutir –y hacer– esas cosas.
-Una relación BDSM no necesariamente incluye "Bondage" o "Sadomasoquismo". –Dijo ella, pero como si sintiera su renuencia a hablar del tema, cambio la dirección de la conversación. -¿Dirías que te sientes menos apegada a él, ahora que eres libre?
Rin pensó en esa mañana. En lo reacia que había estado de alejarse del ancho y cómodo pecho de Sesshomaru, cuando llegó el momento de levantarse. En como no podía dejar de robarle besos mientras preparaba el desayuno para ambos. En como permitió que Sesshomaru le dejara un chupón en el cuello, estando en el Garaje subterráneo, antes de que se subieran a sus respectivos automóviles. En como había estado verificando obsesivamente el teléfono todo el día, apenas siendo capaz de concentrarse en el trabajo.
Rin se aclaró la garganta.
-No realmente.
Se fue del consultorio de su analista con aun más preguntas que respuestas.
A medio camino hacia su departamento, notó algo que finalmente la distrajo de las preguntas en su mente y del silencioso teléfono en su bolso.
Una camioneta negra seguía a su coche. Estaba bastante convencida de que había visto ese vehículo estacionado cerca del consultorio de Kaede cuando salió.
Mal momento para haberles dado a Ah y a Uhn el día libre.
Con el corazón en la boca, Rin volvió a mirar por el espejo retrovisor antes de sacar el teléfono y arrastrar su pulgar sobre el numero que Sesshomaru había agendado en su teléfono esta mañana.
-En caso de emergencia. –Le había dicho Sesshomaru, con una expresión ilegible.
No le había dado motivos a Rin para creer que la noche pasada no sería la única. Rin había querido preguntar si volvería esta noche o no, pero no quería parecer pegajosa. No quería ser pegajosa.
Ya era bastante malo que se viera obligada a pedirle ayuda a Sesshomaru.
Ya era lo suficientemente malo que la noche anterior estuviera tan contenida que se hubiera comportado como una adolescente probando por primera vez un pene.
Pero esto sin duda aplicaba como una emergencia, ¿Verdad?
Era completamente razonable llamar a Sesshomaru si un vehículo sospechoso la seguía a casa, especialmente a la luz de los últimos acontecimientos, ¿No?
-Taisho. –Dijo Sesshomaru al responder.
-¡Alguien está siguiendo mi auto! –Dijo Rin sin preámbulos, intentando ignorar las estúpidas mariposas que surgieron en su estomago al escuchar la voz de Sesshomaru.
-"Él es malo para ti". –Se recordó. –"Malo, malo, malo. No es un príncipe encantador. Si fuera algo, sería el villano".
Hubo silencio en la línea por un momento.
-Regresa a casa como de costumbre. Me ocuparé de ello. –Dijo entonces Sesshomaru.
Colgó.
Rin soltó la respiración que había estado conteniendo, calidez bajando por su pecho y acurrucándose en su estomago.
-No seas idiota, Rin. –Susurró. "Me ocupare de ello" no era lo mismo que "Me ocupare de ti". Sentir un hormigueo cálido en su interior cada vez que Sesshomaru estaba allí cuando lo necesitaba era una estupidez. No significaba nada. No podía significar nada con un hombre como Sesshomaru Taisho.
Sin mencionar que Rin no debería desear que significara algo... No con Sesshomaru.
-Idiota. –Murmuró, y se obligó a concentrarse en el vehículo del retrovisor. Se preguntaba si debería asustarse por estar tan tranquila ahora que le había dicho a Sesshomaru sobre la camioneta. No debería desear poder contar con Sesshomaru para que siempre estuviera listo para aparecer y salvar el día. No era una maldita doncella en apuros y Sesshomaru no era su caballero de brillante armadura. Quizás debería de contratar a Ah-Un por más horas, por lo menos de momento. Tal vez.
La camioneta la siguió todo el trayecto hasta su hogar.
Rin se estacionó en el Garaje subterráneo y dudó. No veía a Sesshomaru en ninguna parte. La camioneta también frenó. El garaje estaba inquietantemente tranquilo.
Tragando en seco, Rin se bajo de su auto y caminó hacia el ascensor, sus pasos resonando en el semi-iluminado garaje.
¿Por qué no habría gente? ¿Dónde estaba la entrometida señora Bane, del decimo piso, ahora que a Rin realmente no le molestaría tener que hablarle?
Escuchó varias pisadas detrás de ella.
Rin empezó a caminar más rápido, un nudo grueso de decepción creciendo en su interior. Estúpida. Había sido una estúpida por confiar en Sesshomaru.
-Si gritas, estás muerta. –Dijo una voz áspera mientras que alguien presionaba un arma en la espalda de Rin.
Rin no gritó. No se resistió cuando unas manos se aferraron a su cintura y la empujaron hacia la camioneta, no tenía demasiado sentido hacerlo. Fue empujada al interior con tanta rudeza que tropezó y se hubiera golpeado el rostro si un par de manos no frenaban su caída. Un par de manos muy conocidas.
Rin se quedó boquiabierta frente a Sesshomaru, confusión e ira en conflicto en su interior.
-¿Qué rayos...?
La puerta de la camioneta se cerró, dejándolos solos en la semi-penumbra.
Sesshomaru liberó sus brazos y se reclino en el asiento, nivelándola con una mirada para nada asombrada.
-Podría preguntarte lo mismo. Es la segunda vez que mis hombres pudieron secuestrarte sin esfuerzo, pequeña mocosa descuidada. ¿Dónde están tus guardaespaldas?
Rin se cambió al asiento opuesto y se cruzó de brazos.
-Es su día libre. Y agradecería que dejara de llamarme "Mocosa", y me explicará porque me secuestró... de nuevo.
-Fue una prueba. Y la fallaste. –Un musculo pulso en la mandíbula de Sesshomaru. –Revisé los archivos que me diste. ¿Tienes idea de lo peligrosos que son algunos de esos tipos?
El grueso nudo de decepción se aflojó y desapareció. Rin ocultó la sonrisa tras su mano.
-Está preocupado por mí.
Los dorados ojos de Sesshomaru centellearon. Aferrando el brazo de Rin, la sacudió acercándola y atrapó su garganta.
-¿No entiendes el significado de la palabra "Peligro", Pequeña Mocosa Descuidada? Si esas personas ponen sus manos en ti, desearás estar muerta.
Rin se humedeció sus resecos labios con la lengua.
-Pero noté la camioneta, ¿No es así? Y lo llamé.
Los labios de Sesshomaru se adelgazaron.
-Sabe que tengo razón. –Dijo Rin, encontrando su mirada. –Si no hubiera sido su propia gente, habría venido a ayudarme.
Sesshomaru lucia aun más enojado.
-Deja de mirarme de esa manera. –Espetó, con una expresión a la vez tormentosa y hambrienta.
-¿De qué forma?
-¡Como si fuera un maldito héroe! –Sesshomaru gritó, antes de meter su lengua en la garganta de Rin.
Rin suspiró alegremente y dejó de pensar.
Minutos después, cuando Sesshomaru se alejó, y pudo volver a pensar, Rin se encontró acurrucada en el regazo del hombre, con su mano bajo la camisa de Sesshomaru, sus labios bien besados e hinchados. Le sonrió a Sesshomaru, sin estar particularmente preocupada por la mirada severa y cansada en su rostro.
-Te daré unos cuantos Guardaespaldas más, y los llevarás a donde sea que vayas. –Dijo Sesshomaru, sosteniendo con sus manos la cintura de Rin, sus pulgares acariciando su vientre y provocándole piel de gallina, deliciosamente recorriendo su piel. –No será permanente. –Dijo Sesshomaru. –Solo hasta que termine de lidiar con el desastre que dejo Naraku.
¿Y luego, que? Casi pregunto Rin antes de reprimirse. Seguro que sabía lo que sucedería después: Sesshomaru se iría.
Dejando caer la mirada, Rin asintió.
-De acuerdo, si eso es todo... –Dijo, dejando que su mano se arrastrara por el cálido y musculoso pecho de Sesshomaru. Miró a Sesshomaru a través de sus pestañas y se relamió los labios. -¿Viene conmigo?
Sesshomaru la miró con la mandíbula tensa. Parecía tan enojado que Rin pensó que, de seguro, diría que no.
Estaba equivocada.
