"Inconvenientes".

Jaken no le veía la gracia. Por supuesto, no era fácil que algo le hiciera gracia, pero la forma en que su Jefe Bonito se había estado comportando los últimos dos meses, decididamente lo hacía entrar en pánico. ¿Los últimos dos meses? Quizás sería más preciso decir el último medio año, desde que el señor Sesshomaru secuestró a la sobrina de Naraku y la convirtió en su mascota... Al menos así fue como Sara se lo informó cuando él estaba en Francia, ocupado cerrando un acuerdo multimillonario en representación de su amo. Por entonces, Jaken se había mantenido escéptico y no tomo las palabras de la malcriada princesa con seriedad: Su amo nunca había demostrado algún interés serio con alguna mujer, por lo que él estaba convencido de que sería parte de algún elaborado plan para hacer pagar a "La Araña". Para cuando regresó de Francia, Jaken se encontró con que la mocosa ya se había ido, Sara ya formaba parte de las filas de desempleo, Ah-Uhn no se encontraban por ningún lado, y su Jefe Bonito estaba inquieto en una forma que nunca había visto antes.

Había cierta tensión sobre el Sesshomaru, una carga pesada sobre sus hombros en las semanas posteriores. La razón más obvia que pudo imaginar en ese momento, fue que su amo había dejado de acostarse con cualquiera, y para Sesshomaru, era casi inaudito. Incluso la muerte de Naraku no pareció apaciguarlo. Por el contrario, Sesshomaru parecía más al límite luego de eso.

Jaken empezó a sospechar el verdadero motivo del raro humor de su jefe, cuando le pidió que averiguara todo sobre Yoshida Kohaku. Con Naraku muerto, solo podía haber un motivo para el interés de su amo: La hermosa chica que Kohaku abrazaba. Casi podía entender su atractivo: La niña tenía rasgos faciales muy refinados y una boca para morirse. Solo que Jaken nunca pensó que fuera del tipo de Sesshomaru... ni cualquier cosa que tuviera un aura tan inocente, en todo caso. Pero incluso entonces, Jaken no sospechó hasta que punto Jundo Rin afectaba a su normalmente imperturbable y sereno jefe.

El viaje impulsivo, rompiendo su apretada agenda, del señor Sesshomaru a Japón había sido su primera pista. Cuando desapareció en la noche, luego de despedir a sus guardaespaldas, a Jaken no le causó la más mínima gracia. Con Sara despedida, la seguridad fue añadida a su larga lista de responsabilidades, y Jaken estaba a punto de sufrir de un infarto cuando su amo había regresado a su habitación en el hotel algunas horas después, sano y salvo. Pero cuando se dejó

caer apresuradamente en el cuarto del amo Sesshomaru para hacerle saber lo preocupado que había estado su más fiel sirviente, lo encontró sentado en el piso, aferrando una botella de vodka en la mano, viéndola con deseo.

La vista lo hizo frenar. Su amo no bebía cuando estaba... menos que en control.

Era de conocimiento general que el honorable padre de su amo había muerto por una sobredosis cuando su amo tenía solo 16 años, pero pocas personas sabían que había sido envenenado con drogas. El gran Touga Taisho había sido un hombre de negocios duro e insensible, pero un padre excelente (No podía decir lo mismo sobre su vida marital dado que vivía con la madre de su amo y la de Inuyasha en total libertad). Él y su amo fueron muy unidos y la muerte de su padre había golpeado duro a Sesshomaru. Jaken sabía que su amo había torturado y asesinado personalmente al hombre responsable de la muerte de su padre. Y todo se fue en picada desde allí. Cuando la señora Irasue, importándole un comino la muerte del que fue su esposo: resulto que estaba saliendo con la señora Izayoi y anunció a todos su relación. Sesshomaru entonces comenzó a beber. Continúo por meses hasta que finalmente fue hospitalizado con una grave intoxicación etílica. Cuando Jaken llegó llorando al hospital, encontró a la madre de su amo, parada frente a él con una mirada dura de decepción y algo así como preocupación.

-"No puedo creer que seas un imbécil tan egoísta. Tu padre debe estar revolcándose en su tumba por tener un hijo como tú. Levanta la cabeza y sé un hombre". –Le había dicho finalmente mientras su hijo permanecía sordo a sus palabras.

Hasta donde Jaken sabía, su amo no bebía más que en cenas de negocios importantes o alguna copa en Navidad. Pero sí lo mantenía a su alcance. Cuando Kagura le preguntó hace unos años el porqué guardaba alcohol si nunca lo bebía, su amo le respondió que le gustaba ponerse a prueba.

Ese fue el motivo por el cual, cuando Jaken vio a su amo observando la botella de vodka con una intensidad escalofriante, su mandíbula calló y una alarma se disparó en su cabeza. Cuando unos días después, él canceló su vuelo a Italia y despidió nuevamente a sus guardaespaldas, Jaken estaba muy preocupado. Sin embargo, cuando su amo lo llamó al día siguiente, notó inmediatamente el cambio en él: Sonaba más relajado, la irritación que apretaba su voz se había ido. Cuando le informó sobre su paradero para que pudiera mandarle sus guardaespaldas, casi no se sorprendió al descubrir que estaba en el Pent-house de Jundo Rin. Casi.

Pero incluso entonces, él no supo cuanto cambiaria todo.

Durante las semanas siguientes, el señor Sesshomaru le había hecho reorganizar su agenda, delegando la mayor parte de sus responsabilidades y dejando Tokio únicamente para las más importantes reuniones de negocios. Tan pronto como finalizara la reunión, su amo estaría en su avión volando de regreso a Tokio. También estaba gastando gran parte de su valioso tiempo en ayudar a la señorita Jundo a resolver el desastre que había dejado su tío.

Jaken observó todo eso con una mezcla de sorpresa e incredulidad. En todos los años que había conocido a su amo, nunca lo había visto tan... Obsesionado con nadie. Llamaba a eso "obsesión" a falta de una palabra mejor. De seguro, no había visto a su amo bonito interactuar con Jundo Rin, pero como su amo no dejaba que nadie se acercará a ella, e incluso prefiriendo mantener hasta a su propia familia alejada por su propia seguridad, concluyó que solo podría tratarse de sexo.

Así que esperó pacientemente a que su amo superara su extraña obsesión por la chica nipona, y a cada semana transcurrida sin que esto sucediera, su confusión se hacía más fuerte.

Pero Jaken sabía que no debía cuestionar las decisiones de su amo. Por supuesto, eso no significaba que no pudiera intentar interrogarlo.

-Entonces, amo. –Dijo Jaken tan pronto como este salió de la ducha. Acababa de llegar del aeropuerto de Nueva York. Si el patrón de los dos últimos meses seguía manteniéndose, terminaría de vestirse, y se iría a ver a su pequeña de enormes ojos chocolate y sonrisa dulce.

Sesshomaru dejó caer la toalla y abrió el guardarropa.

-¿Qué quieres, Jaken?

Se dio la vuelta, totalmente avergonzado. Admiraba a su amo, pero no era suicida.

-¿Por cuánto tiempo estaremos aquí atorados en Japón? –El tono de Jaken tenía especial cuidado de no delatar su estado de ánimo. Lo miró de reojo. –Apenas hemos salido de esta islita en dos meses.

Ante la pregunta, las manos de Sesshomaru se congelaron. Dorados ojos lo examinaron.

Trató de no dejarse intimidar. Él era su más antiguo servidor y estaba acostumbrado a sus miradas asesinas. No era TAN fácil de intimidar... A veces.

Presionando los labios, Sesshomaru se puso los pantalones.

-De hecho, quiero que empieces a buscar un edificio grande en Tokio. Bien, la prioridad es que esté en una ubicación segura. El precio no importa.

El hombre de ojos saltones tomó una respiración entrecortada.

-Se refiere...

-Sí. –Dijo Sesshomaru. –Mudaré la oficina principal de Ginebra a Japón.

Jaken solo pudo quedarse mirándolo en silencio. Trasladar el cuartel general, de un paraíso fiscal como Suiza hacia oriente, no era la decisión más práctica. Para decirlo suavemente.

Abrió la boca y volvió a cerrarla sin decir nada.

Sesshomaru soltó un suspiro.

-Tienes dos minutos para expresar tus objeciones. –Dijo, colocándose una camisa limpia y empezando a abotonarla.

-Como su más leal empleado, no es mi papel objetar. –Dijo Jaken rápidamente alterado. Al no escuchar ningún comentario más de su jefe, continúo. –Pero como su más viejo amigo, digamos que nunca pensé que vería el día en que dejaría que una niña nipona con carita de angel lo hiciera cambiar de opinión. Le queda bien estar enamorado.

¡PUM!

-Enfócate en tu trabajo, Jaken. –Dijo Sesshomaru agarrando sus llaves y dejándolo en el piso.

Él bajito hombre lo observó partir, con una lagrima saliendo de su ojo derecho, pero sonriendo débilmente. No tenía idea de cómo la niña Jundo había logrado esto, pero se alegraba. Su Jefe bonito trabajaba demasiado. Jaken era igual, pero había una diferencia fundamental entre él y su amo: Él amaba servir a su señor y sentirse útil; Sesshomaru solo ansiaba poder.

Quizás eso estaba por cambiar.