Los Hechiceros no están destinados a salvar personas. Aunque exorcizan a las maldiciones que ellas mismas inconscientemente generan, no sé trata de eso. En realidad, el Jujutsu es solo una larga tradición de guerras y poder entre clanes, para obtener mas poder, en el que las personas no chamanes se encuentran en mitad del camino e inevitablemente terminan siendo menospreciadas por el lado conservador de la Hechiceria.

Megumi no se convirtió en un hechicero para salvar las personas, tan solo nació con la habilidad equivocada, en un clan equivocado y se topó con Gojō Satoru (posiblemente eso haya sido lo peor que le ocurrió a Megumi). A Megumi se le enseñó que su técnica maldita era poderosa, una en un millón, capaz de superar al posiblemente hechicero más fuerte de todas las generaciones. Él es fuerte y debe convertirse en un hechicero para exorcizar maldiciones y así complacer a los altos mandos, aunque ni siquiera estén contentos con su existencia...

Megumi no cree que la rebeldía del más fuerte o la suya misma lo hayan mentalizado en proteger al débil porque él es fuerte. Demasiado estúpido, la vida es mas cruel para que las cosas sean tan simples. Por que, a no ser que sea una pesada broma de mal gusto de Gojō-sensei, él podría haber salvado a Tsumiki, pero se supone que esa maldición es una que ni el más fuerte puede exorcizar. ¿Entonces que puede esperar Fushiguro Megumi?

Los cuerpos humanos e incluso aquellos cuerpos con extremidades aleatorias o más bien, procedentes de animales, constrastaban terriblemente con los atuendos y armaduras de películas medievales o videojuegos que le recordaban. Los rastros ensangrentados es en lo único que Megumi siente familiar. No el inmenso techo, el musgo luminiscente o las criaturas que No-son-maldiciones aunque así parezcan. La sangre es igual para ambos y entonces el pecho de Megumi finge desinflarse con menos culpa porque los hechiceros lo son porque deben y los aventureros arriesgan su vida innecesariamente.

Idiotas.

Megumi no volverá a vivir ese silencio incómodo junto a Kugisaki rechistando y fingiendo lo mismo que él. La situación es completamente diferente en otro mundo (ya no sabe cuántas veces lo ha repetido) y sin Kugisaki o alguien más a su lado. Por lo que Megumi piensa más en un dolor de cabeza que en otra muerte. Solo debe encontrarlos y nada más, no otras preocupaciones o estorbos.

Ah, cuando salva a la última chica con orejas de gato, correción, de perro (están caídas así que es obvio desde un punto de vista cercano como sostenerla con ambos brazos), Megumi no se detiene a escuchar los inentendibles tartamudeos o a pensar en porque su rostro se encuentra profundamente rojo.

A pesar de que pierda demasiado tiempo valioso, porque no aguanta un segundo más en este mundo donde las personas maullan cómo gatos (definitivamente es muy raro y no lo puede tomar en serio, en realidad, lo incómoda), Megumi vuelve a cometer el mismo error...

Gyokuken continua buscando aventureros, olfateando simplemente el aire, Megumi cree que reconoce el aroma de la sangre hasta dentro de la humedad de las cuevas gigantes. Desde un principio fue algo desalentador contar con Gyokuken, alimentándose solamente con su energía maldita y memorizando los nuevos olores del ambiente. Aunque es posible que su instinto animal, solo lo este guiando hacia los monstruos más próximos. Desde que comió una de esas piedras multicolores o cristales mágicos, parece haber reemplazado su dieta de pequeñas maldiciones.

Las garras del Shikigami atraviesan limpiamente las escamas rojizas de un hombre lagarto, y, en verdad, es una lagartija gigante... ¿Cómo se forman todos estos Monstruos? Cómo si copiara exageradamente las fantasías que en su mundo son ficción, pero aquí, reales. Megumi sacude su cabeza al sentir escalofríos.

La coraza escamosa es perforada por las garras de Gyokuken, hasta un grado especial puede ser dañado, el cristal mágico es retirado limpiamente, dejando el cuerpo inerte del hombre lagarto desaparecer en un instante. Desde que comenzaron sus exploraciones en el calabozo, Gyokuken no ha dejado de comer cristales mágicos y a Megumi no es que le moleste. Sin maldiciones con las que alimentarse, debe adaptar su dieta de alguna forma. Además, Megumi se sentiría mal si no lo alimentara cómo es debido, aunque es su único Shikigami que come ¿Será por qué es un lobo?

Cavilando sobre la extraña dieta de su Shikigami, Megumi llega hasta el fin de los caminos sinuosos e infestados de monstruos. Un agujero se abre sobre la pared de madera, como el que encuentra en cada entrada y salida de piso, es lo que le espera separado del piso 24 y su fauna amazónica (Megumi estaba lo suficientemente concentrado en su propio mundo pero un hongo gigante de color rojo llamo su atención. Cuando comenzó a largar esporas violetas, solamente se alejo junto a su espectante curiosidad, una que no admitiría).

Su cabeza parpadea, recordando esas noches bajo el domo de cristal y memorizando cada rincón del Calabozo sin pensar en lo exageradamente gigante que puede volverse los pisos subterráneos. Megumi no sé desvirtúa con sus pensamientos y continua caminando hacia lo que cree que son las 'bodegas'. Está seguro de que allí los monstruos suelen converger, pero en algún punto de las grandes oleadas que han estado atacando a los grupos de aventureros, cesaron y ahora encuentra un túnel desolado, lleno de sus pisadas y la nariz de Gyokuken crispandose.

Megumi mueve su cabeza cuando su Shikigami olfatea el aire, distraído con un olor que ni él puede percibir. Gyokuken detiene su cabeza y apunta fijamente hacia la oscuridad de los angostos pasillos. Megumi no ve nada más que tierra y luego, pero antes de que pueda abrir sus labios, Gyokuken comienza a correr, grabando sus garras en el suelo y dejando atrás a Megumi. Aunque pueda detenerlo con una simple orden, Megumi chasquea su lengua y empieza a perseguir a su propio Shikigami. La molestia urge en Megumi, si su Shikigami tambien es afectado por este mundo, sin energía maldita, sin maldiciones, pero los dedos están aquí ¿Que pasará con él?

Megumi aprieta sus dientes. Siguiendo la cola de su Shikigami y empujando su energía maldita para no perderlo. Solo debe ordenar que se detenga, la autonomía de Gyokuken terminará, además de que nunca actuó de esa manera. Megumi le dio muchas libertades mientras exploraban el calabozo. Quizás tanto Gyokuken cómo Megumi se olvidaron lo que es una maldición, quizás la energía maldita del dedo de Sukuna, repugnante pero familiar, no es suficiente para que recuerde lo que es liberarlo todo. Quizás Megumi se haya olvidado como controlar su propio Shikigami.

Megumi se maldice a si mismo, en el momento que ya supo que inyectó suficiente energía maldita, exhala desde su boca "¡Gyokuken!" Más que una orden, es un reproche. Las piernas del Shikigami se contraen, lanzando un vistazo rápido a Megumi y volteandose nuevamente, sin detener su olfato. Megumi abre sus ojos y camina torpemente hacia atrás, en realidad, estuvo demasiado concentrado en regañar a Gyokuken que ni siquiera pudo verlo. Su Shikigami gruñe, quería mostrarle esto...

Gyokuken utiliza sus garras y las clava en la enorme pared de una tonalidad verdosa llamativa, expandiendo y disminuyendo su grosor, como un ser vivo respirando, o eso parece, porque todo aquí no es lo que parece y Megumi tiene que acostumbrarse a volver a repetirse, una y otra vez. Cómo primer instinto, Megumi no encuentra energía maldita. Su cabeza gira, no recuerda nada de la información que puso extraer de charlas ocasionales que escuchaba a escondidas. El muro producía un sonido viscoso al ser perforada por las garras de Gyokuken, la parte dañada volvía a rellenarse luego de unos segundos.

No sabe casi nada del calabozo más que los papeles viejos que entrega un esqueleto parlante. En serio, Megumi debe planear las cosas mejor si no quiere terminar así otra vez. Tsumiki siempre le advertía que debía dejar de rodearse de personas extrañas y que era un imán de situaciones inéditas. Y el idiota de Megumi lo ignoraba cómo si fuera un sabelotodo.

Megumi alcanza el charco prominente de sus sombras, un objeto sobresale y lo toma hasta que se muestra por completo. Una satisfacción inusual persiste unos instantes hasta que recubre la hoja oscura de energía maldita y sin decir una palabra, comienza a destruir el bloqueo junto a Gyokuken.

Es posible que no tenga la fuerza de Itadori o las explosiones de Kugisaki. Megumi siempre fue el versátil de los tres, el que se encarga de los detalles junto a sus Shikigamis. Incluso Gyokuken se centra en ataques precisos con sus garras y dientes en lugar de la ferocidad (Es así como atacó a los puntos débiles de las maldiciones de categoría especial y resultaron dañadas, una de ella exorcizadas con un golpe de gracia). Pero Megumi sabe recurrir a la fuerza bruta cuando es necesario y con tan solo una herramienta maldita y un mundo sin energía maldita, la pared de carne vegetal, más débil y blanda que el cuerpo de las maldiciones, no tiene tiempo para volver a hincharse. Agitando el interior brillante y removiendo capas de un interminable muro viviente. Megumi agradece que no derrame nada de sangre o un líquido similar, su uniforme ya está lo suficientemente desecho para seguir arruinandolo.

Cada corte que rebotaba en el interior de la pared, volvía más blando el siguiente ataque. La resistencia disminuye en un resplandor translúcido, Gyokuken prepara sus garras y salta directamente hacia adelante, perforando y cayendo el lado bloqueado del túnel. Megumi se apresura a saltar antes de que la pared se regenere y finalmente cruza hasta el otro lado.

Megumi tiene incertidumbre acerca de lo que haya rastreado Gyokuken. Considerando la falta de energía maldita y que detectar los dedos es absurdamente difícil, no genera demasiadas expectativas. Megumi ya está acostumbrado a no esperar demasiado de nada, ni siquiera de Gojō-sensei quien solo lo decepciona independientemente de su fuerza. Megumi en verdad no espera más que encontrar los dedos o algún mínimo rastro de energía maldita, él quiere creer que, si su Shikigami encontró un tallo gigante, arraigado a un pilar en mitad de la espaciosa habitación como un parásito, sería algo normal en este mundo. Y probablemente él se vuelva loco si continua descubriendo lo absurdo y utópico que puede ser el calabozo.

Megumi endurece sus extremidades, temblando, ansiosas por inyectar energía maldita y destruir cualquier cosa que se parezca a una maldición o producto de esta. Un poco de esa sed resulta saciada cuando, sin tener otra opción, el suelo debajo de sus pies se quiebra y es separado de Gyokuken por otra pared verde.

La superficie escamosa y flexible rodea a Megumi en una jaula circular. Los pétalos multicolores se extienden en todas las direcciones al igual que los colmillos babeantes y esos dientes asquerosamente parecidos a los de una persona.

Las plantas están aquí y perfectamente podrían ser maldiciones. Si, eso está bien.

El dolor en sus dedos tensa su agarre sobre la empuñadura. Megumi no sabe cuándo fue la última vez que sufrió de callos en sus manos, la energía maldita también refuerza esa parte de su cuerpo.

Megumi dobla su cuerpo en el aire, cortando a la mitad la cabeza dentada de las flores carnívoras y desapareciendo en una extraña niebla oscura. Tan solo son monstruos, misma debilidad que estos, solo debe destruir la piedra mágica e ignorar todo lo demás. Megumi tiene en mente eso, por lo que resulta mucho más sencillo acabar con las criaturas engendradas por el calabozo y estás flores carnívoras. Pero se parecen a una maldición. Megumi balancea la herramienta maldita sin pensarlo, dejando que la energía maldita consuma sus fuerzas y a la horda de látigos.

La nube de niebla cubre sus espaldas. Caminando hacia la planta, mucho más grande que la anteriores y aparentemente absorbiendo el cristal brillante donde está aferrado. La tierra desolada, desprovista de energía maldita lo incomodan. El aspecto de maldiciones hace que su corazón bombee cada vez más rápido y la adrenalina fluye sin parar.

Megumi se detiene en el lugar, apretando su herramienta maldita. El dolor le permite concentrarse, sus uñas amenazando con rasgar su piel y su energía maldita podría rebalsarse en cualquier momento.

Detrás del pilar y aquella enorme flor, una persona camina en dirección a Megumi. Parado sobre un montículo de tierra para verlo con detenimiento, ambos logrqn el contacto visual. La máscara de cabra solo permite ver esos ojos verdes ávidos y afilados como el de los gatos, destellados con un inusual brillo que penetra la sombra de esa capucha. Megumi puede verse raro a los ojos de las personas con su uniforme de hechicero, pero el conjunto blanco del atuendo y la máscara puntiaguda lo hacen ver al tipo como un lunático o Megumi solo está fuera de moda en este mundo.

Oficialmente se transforma en un sectario lunático cuando más personas salen desde detrás del pilar. Ocultos bajo el mismo atuendo blanquecino.

Ah, Megumi ya tiene suficientes sectas con que lidiar en su mundo. Al principio creyó que Gojō-sensei estaba en uno de esos cultos y le parece que todavía es creíble.

"¡Hermanos! ¡Otro mensajero ha sido enviado hacia nosotros!" Él lunático Exclama con sus brazo en el aire. Megumi no quiere preguntar quién es aquel mensajero... "¿¡Aún dudan de su voluntad!? ¿¡De su fuerte deseo!? ¡No podemos fallar con nuestro compromiso, respondamos a sus divinas expectativas!"

Los seguidores del lunático, no parecen tan fieles como aparentan. Sus voces débiles y quebradas son más suaves que la brisa en el ambiente. Megumi puede ver los ojos lagrimosos de todos desde su posición, esto es una broma.

¿Que está haciendo aquí? Inevitablemente suspira, todo esto no es más que una pérdida de tiempo. Itadori y Kugisaki siguen perdidos, los dedos también, no quiere probar la paciencia de una deidad pero Megumi siempre está jugando al límite. Probando si estos monstruos son tan fuertes como una maldición o esperando a que el lunático termine su monólogo. Para Megumi es tan familiar que es mejor que piense de esa manera, porque no sabe si ellos pueden esperarlo, porque no sabe si podrá escapar de allí pero Megumi sigue creyendolo porque en un mundo donde parece que debe comenzar de nuevo, el único indicio de su hogar se vuelve la prioridad número uno.

Ya no importan los lunáticos, los dioses, las personas mitad animales o los Monstruos que no son maldiciones. El dedo de Sukuna está allí y eso es lo único que necesita para seguir intentando.

El aire de los pulmones se escapa, negándose a regresar. Megumi solo debe sentir la calidez familiar de la llama pálida, como la que descansa inadvertidamente en su bolsillo y se ve igual de asquerosa y repugnante como se debería sentir. Aunque, siendo justos, Megumi no esta tan emocionado como ese tipo sosteniendo el dedo de Sukuna, al menos, no lo demuestra.

"¡Agradezcan a Ella y a su vanidoso regalo! ¡Un apóstol ha llegado y nos guiará hacia nuestro destino!" En lo alto de su palma, está la familiaridad con la que Megumi cree poder avanzar en el Calabozo.

Megumi palpa su uniforme, el Dedo de Sukuna se agita en su bolsillo.

"Oye, estúpido lunático" Megumi no se contiene en reforzar todo su cuerpo con energia maldita. Avanza atraves del campo, atrayendo lo cuerpos desconsolados de los seguidores "Entregame el dedo y es posible que vivas" Las sombras comienzan a agitarse bajo sus pies.

La sonrisa del lunático decae bajo de la máscara "Esto, no puede ser. ¿Te atreves a desafiar su voluntad?" Megumi resopla la decepción que transmite el lunático "Luego de que Ella te mostrará su poder ¿Planeas interferir con su deseo? ¿¡Con la misión del apóstol que llevas Conti!?"

¿Apóstol? ¿Se refiere a Sukuna? Megumi está consciente de que estás personas pueden sentir la energía maldita. Cómo aquella mujer en Rivira, tienen los Dedos de Sukuna. Todo lo que estuvo buscando, está a unos metros y será suficiente.

"Sabes cuál es tu trabajo pero lo niegas vilmente ¡No te preocupes, mensajero necio! ¡Te demostrare de lo que es capaz este maravilloso ser!"

Megumi quiere reírse, de la forma estúpida en la que intentan manejar el dedo de Sukuna o de los tan increíble y absurdamente lo parecido que es a su mundo. Cuando creyó que Itadori moriría al tragar el dedo de Sukuna, cuando creyó que este estaba muerto. Incluso para las maldiciones es difícil de asimilar pero tuvo que luchar contra dos que lograron consumir el dedo.

En este mundo, que le recuerda todo lo estúpido del suyo, Megumi no puede descansar, pero tampoco es capaz de tomarlo completamente en serio. Hasta que la energía maldita vuelva a rellenar cada rincón y la llama pálida se expanda en este laberinto asolado por los Monstruos.

"¡Viscum, abre los ojos y demuestra el poder del apóstol"

El suelo debajo de sus pies retumba. El tallo gigante finalmente brota, despegandose del pilar y luciendo los pétalos coloridos. Las raíces apuntan a un solo objetivo y es hacia donde Megumi tiene clavado sus ojos. El lunático no parece tener problemas en mantener su postura pero Megumi no esperaba más de ese tipo.

Ese idiota. Es imposible... La forma en que esas plantas lo atacaban, el calabozo y su resiliencia a la energía maldita, Itadori, las maldiciones. La cabeza de Megumi martilla cómo si nunca se hubiese desvelado durante esas noches que hicieron olvidar el cielo oscuro.

Megumi observa atentamente como la planta gigante atropella al sujeto junto al dedo. Él se maldice a si mismo por no tomarlo un poco más en serio, pero la reconfortante pestilencia de la energía maldita, lo alivia como si todo estuviera resuelto cuando en realidad, todo lo que le rodea está verdaderamente maldito.

Las maldiciones, cuánto más poderosas son, tienden a parecerse a una forma humanoide. Megumi recuerda a las maldiciones portadoras del dedo e incluso a la maldición que atacó el evento de intercambio, donde tuvo que ser rescatado por ese tipo raro de Kyoto e Itadori. Megumi recuerda a las maldiciones de su mundo cuando la planta florece aún más, engendrando un cuerpo humanoide, la energía maldita fluye como un río, repugnante y familiar, Megumi se estremece. Finalmente recuerda como luce toda maldición; bizarra y horrenda, cubierta de ojos y colores extravagantes como los pétalos que lo recubren. Alaridos distorsionados provienen de lo que es su boca, afilada cómo la luna que dejó de presenciar hace semanas.

La adrenalina o la energía maldita renuevan las fuerzas de sus músculos agotados por el insomnio. Su cuerpo es mucho más liviano, tan rápido que puede juntar sus manos y ser arrastrado por Nue antes de que las plantas carnívoras lo alcancen.

Las filas de dientes se enfilaban desde todas las direcciones. Ni el lunático o sus seguidores estaban a su vista, aunque ese ya no es su problema. El- La maldición agitaba la masa de energía maldita como si fuera una simple pelota. Se reía divertido con lo que tenía en sus manos. Ya había olvidado el poder de solo uno de los dedos de Sukuna. Utilizado de una forma tan estúpido por un ser como ese... Megumi sacude su cabeza, solo tiene que seguir un poco más.

La maldición continúo experimentando con su energía maldita. Megumi devolvió su vista a la bola de plantas que dirigían sus colmillos havia él y Nue. Concentrando su energía maldita, salta de la espalda de su Shikigami, librando el paso de cualquier estorbo. Aunque eran demasiadas raíces para contar, Megumi siempre clavo sus ojos en la maldición. Dudando, pero el filo de su herramienta continuaba atravesando las flores sin temblar. Una manipulación tan vaga y horrible tremendo poder, en las manos de esta nueva maldición. Megumi muerde sus labios ¿Cuánto más tendrá que avanzar para solo llegar hasta eso?

Megumi se pregunta si verdaderamente es una maldición. Puede parecerse a una, puede manipular la energía maldita. Pero cuando Nue lo empuja hasta que los pétalos puedan envolverlo, hasta que su energía maldita se agote. Él recuerda que no está en su mundo.

"Oye, estúpido monstruo" La sonrisa retorcida le recuerda a las maldiciones que absorbieron el dedo de Sukuna. Si, justamente eso, es lo que quiere. La energía maldita pura, es apuntada en forma de lanza hacia él. Ignora los escalofríos y la emoción "En lugar de jugar con lo que no sabes, hubieses cuidado tu espalda"

Por lo general, los portadores de dedos de Sukuna, resguardan el objeto en sus pechos. Desafortunadamente, aquí no es diferente.

La mano de Gyokuken atraviesa la carne vegetal del monstruo. Sea lo que sea, era su principal fuente de poder. Gyokuken retira su brazo, emanando un líquido viscoso y rechinando en sus oídos. Descendiendo desde la cabeza hasta el suelo, el tallo y la flor comienzan a marchitarse. La sonrisa inhumana se desinfla como un globo pinchado hasta desintegrarse. El enorme tallo cae al suelo suavemente, desprendiendo un polvo amarillento antes de tocar el suelo.

Y la energía maldita, liberando una llama azulada y concentrada en un solo dedo, esta en sus manos nuevamente cuando Gyokuken se lo entrega. Al fundir sus sombras, un suspiro escapa de sus labios cuando los escalofríos tensan sus extremidades. Cómo si no le importara, coloca lentamente el otro dedo en su bolsillo. Solo debe aguantar, si Itadori está allí, en algún lado, podrá rastrearlo. Es lo único en lo que Megumi puede creer ahora mismo. Él, es un Hechicero y nada más.

Ya tiene otro dedo, con la incertidumbre y su maldita suerte, seguramente no se presentará una oportunidad igual. Se aproxima a los escombros que provocó la destrucción de aquella planta, con la escena de los seguidores siendo devorados por las plantas carnívoras, quizás puedan estar tan locos como el lunático, pero al menos saben hacer uso de ellos transfomandolos en bombas humanas. Las brisas de las explosiones no son tan cálidas como la energía maldita, aunque no le importa lo que les ocurra de todos modos.

Como una burla del destino, alguien más decide aparecer y bloquear el camino de Megumi. En lugar de chasquear la lengua, la energía maldita ansia salir de su cuerpo. Aquella mujer pelirroja, quien sintió rastros de energía maldita, se encontraba frente a Megumi.

"Quería enfrentarme a Aria por mí misma, pero si no puedes contra uno solo, mi plan no funcionará" Lanza una mirada despectiva al suelo rojizo. Una mano pálida atraviesa los escombros amontonados por la destrucción. Un rostro blanquecino, como si estuviera muerto de verdad, atraviesa la tierra, revelando los ojos verdosos que vio atraves de la máscara.

Desparramando la tierra alrededor de su cuerpo, las pupilas verdes se clavan en la mujer "Deberías abrir tus ojos sobre lo que hay ante ti en lugar de perseguir fantasmas" Como una burla, la mujer reacciona chaqueando la lengua. Megumi se mantiene inexpresivo al ser señalado "Es él, un mensajero de 'Ella' cómo predije. Traerán de regreso al apóstol y completaremos su deseo" Los ojos como esferas del lunático solo causaba asquerosidad en Megumi.

Al igual que él, la mujer pelirroja no parece tomar en serio los delirios. Megumi resopla, mensajeros, apóstol ¿Que tuvo que hacer para acabar aquí?

La hoja de la espada negra apunta hacia los dos, llevándose las miradas atentas al filo de su herramienta maldita "No me importan tus delirios, solo quiero saber cómo consiguieron los dedos" Megumi mantiene su herramienta maldita apuntando hacia ellos.

La mujer pelirroja observa de pies a cabeza a Megumi "Tu, uniforme... Ese chico menciono que había alguien con su misma ropa, su compañero"

La cabeza de Megumi pesa demasiado, tambaleandose cómo en las noches dentro de las paredes desnudas de tierra y los pergaminos con letras intelegibles. Megumi piensa con nostalgia lo que podría estar haciendo si nada de esto hubiese pasado, si la misión terminaría con ellos tres caminando mal heridos hacia una Nitta-san con mucho trabajo y papeleo por delante. Lejano, piensa con disgusto y melancolía. No es tan idiota para creer que Tsumiki despertará luego de exorcizar ese espíritu maldito. Pero Itadori es allí, tan cerca y tan lejos como su hermana ¡Y aún puede salvarlo!

La mujer sonríe "Un niño de cabello rosa ¿Verdad? Es más pasivo que tú, pero podemos hacer un trato si quieres" El agarre sobre su herramienta tambalea, al igual que su respiración "Nos enseñas a utilizar el poder de esos Dedos y te diré dónde está tu amigo"

¿Utilizar? ¿En este mundo? Sin nada de energía maldita, sin Hechiceros. Megumi no puede evitar levantar una sonrisa lo que causa arrugas en la frente de la mujer

"No intentes jugar, puedo sentir el mismo putrido poder contigo. La Viscum fue el primero de cientos de intentos, pero hay una forma más eficaz de utilizar esa fuerza ¿Verdad?"

El silencio de Megumi es suficiente para irritar a la mujer. No tienen ni la mínima idea de lo que es. En algún punto, Megumi contiene su carcajada. Quiere reírse y soltarlo todo de un golpe, pero Itadori está solo a unos pasos de él y ni siquiera hablar de Kugisaki, quien no fue mencionada.

Él recuerda apretar su agarre "¿Crees que confiaré en ustedes luego de que me intentaran matar" La energía maldita refuerza su cuerpo y la mujer junto al lunático parecen darse cuenta. Efectivamente, sienten la energía maldita, pero eso ya no significa nada para Megumi "Me dirán donde está Itadori, de una forma u otra" A Megumi no le interesa lo que tengan planeado.

"Es una pena que su Regalo se manche de tan atroz forma" El lunático se pronuncia, retorciéndose de frustración "Por el bien de Ella, tendré que borrar todo rastro de tu errónea existencia" Proclama orgullosamente.

Megumi debate entre el desprecio y la asquerosidad, como cuando Kugisaki supo que Itadori comió el dedo de Sukuna. La devoción enferma de este sujeto causaba que el estómago de Megumi se revolviera.

Y aunque 'Ella' sea la razón por la que está aquí, quien quiera que sea lo arrastró hasta este mundo enfermizo. Aunque lo piense sin parar y su corazón retumbe, uno de lo dilemas que lo mantienen despierto y despistado además de su compañero extraviado. Sus respuestas están allí, solo debe continuar un poco más.

Chasquea sus manos, la energía maldita palpita al ritmo de los dedos de Sukuna "Gyokuken" Una sombra se dibuja en su espalda. Las afiladas garras apuntan tanto a la mujer como al tipo lunático.

Un estremecimiento interrumpe la expresión hosca de la mujer y la sonrisa distorsionada del lunático al ver a Gyokuken en su totalidad.

"Serás condenado por derrochar su fuerza" Las palabras incrédulas se escupen desde su rostro pálido.

La mujer prefiere sonreír, como si supiera que Megumi supiera utilizar la fuerza de los dedos, su propia energía maldita. Claro que si, él es un Hechicero de primer grado.

Ve por él. Gyokuken gruñe la orden mental de Megumi. Comienza a caminar lentamente a cuatro patas, clavando su mirada en un inexpresivo hombre, salvo por un pequeño temblor en sus piernas teñidas con cicatrices.

Megumi endurece sus músculos cuando la mujer toma algo del suelo. La superficie se quiebra, retirando con su mano desnuda un objeto rojizo, ensuciado e infestada de raíces subterráneas, pero el brillo del filo era evidente. Un arma natural. Lo están subestimando si cree que puede contra una herramienta maldita. Hecha para acabar con maldiciones claro, pero reforzada con su energía.

La frente de Megumi se arruga al pisar el suelo seco de la caverna, su cabello despeinado se arremolina al balancearse hacia adelante y chocar abruptamente contra la hoja de la espada. Las ráfagas de viento son más cálidas que las brisas húmedas bajo tierra. La suciedad de la hoja recién sacada de la tierra, se esparce por el aire. Megumi sintió que golpeó de lleno en una roca sólida.

Gyokuken salta con sus garras desnudas hacia el hombre. Un gemido de dolor y la carne siendo trozada resuena mientras Megumi se aleja para luchar uno a la vez. La energía maldita comienza a pesar, no puede darse el lujo de invocar más Shikigami aunque quiera (Aunque su cuerpo grite y los Dedos de Sukuna tiemblen de la tentación)

¡Tiene que derrotarlos uno a la vez!

Retrocede con su hoja cuando un corte impregnado de tierra de dirige hacia sus ojos. La vista hacia su oponente es clara, posee fuerza y velocidad que le hacen recordar a Maki-san y su falta de energía maldita. Pero Maki-san es la mejor usuaria de herramientas malditas en toda la escuela de Hechiceria, está mujer solo basa sus golpes en instinto. Megumi no es exclusivamente fuerza bruta, pero tiene experiencia con herramientas malditas y esgrima, solo con eso bastará.

Megumi desvía la ráfaga de cortes, impulsados con una fuerza desgarradora, el suelo detrás de sus pies es dividido sin problemas. La espada rojiza rebota contra la hoja oscura, Megumi envía una patada directo a las costillas de la mujer. Su vestido o el mismo cuerpo, no importa, Megumi devuelve su pierna resentida y palpitando por su propio golpe. La mujer retrocede, con una mueca dolor, la distancia le da el tiempo suficiente para recomponerse y continuar atacando de todas formas.

"¡Violas!" El grito desesperado del hombre viaja por toda la caverna, alertando a las plantas carnívoras que eran atraídas por los dedos y Megumi. Está vez, Gyokuken es quien debe encargarse de los Monstruos.

Megumi podría darle cualquier orden a Gyokuken y la batalla terminaría en segundos, pero eso significaría la pérdida de cualquier pista para encontrar a Itadori. Por lo que ha estado esforzándose día y noche sin tener consciencia del tiempo interminable. Sea como sea, le dirán donde está Itadori.

Un pisotón resquebraja el punto de apoyo de su pies. Tambaleando en el lugar, el filo carmesi viaja en un corte vertical. Megumi tira su cuerpo hacia el suelo, utilizando su mano libre, tuerce su cuerpo esquivando la espada y utilizando la inercia para golpear en el rostro a la mujer.

Aturdida, Megumi se levanta rápidamente. Un choque entre las hojas aleja el arma de su cuerpo. Un codazo directo a su rostro, luego la empuñadura, otra patada, otro golpe. Maldiciendo sus golpes cada vez más. Acostumbrándose al dolor palpitante y que despierta un recuerdo lejano en la mente fatigada de Megumi.

La sangre salpica las mangas de Megumi, la energía maldita arde con intenciones de propagarse sin control. Los ojos inyectados en sangre de la mujer indican su furia, enterrando su pies en el suelo, logra escapar del agarre de Megumi, retrocediendo con un extenso salto.

Palpando su rostro, gruñe cuando su mano se tiñe con un líquido del mismo color que su espada "Violas" Otra vez, el nombre de las plantas. También puede controlar a los monstruos.

Megumi voltea rápidamente hacia el otro lado del piso plagado de cenizas y cadáveres vegetales. Gyokuken atravesaba una pared interminable de látigos verdes, enredando sus extremidades y luchando para retenerlo. El hombre estaba detrás del enjambre de hiedras, la carne faltante por los cortes y mordidas de Gyokuken, estaban sanando ¿Técnica maldita inversa? Megumi niega para si mismo, este mundo tiene sus propios trucos, las pociones son uno de ellos y otro argumento cliché para Megumi.

Los Shikigami desaparecen una vez que su usuario es derrotado, pero Megumi cree que acabar con cualquiera de los dos no detendrá a las plantas de estorbar. Obviamente, ellos pueden manejar esa cantidad de enemigos, 'Los débiles van en grupo' así es. Pero la energía maldita que ansia salir es difícilmente comparada con la que tiene en sus reservas, preguntándose si son los dedos de Sukuna quienes hablan en realidad.

No importa lo estúpidamente fuertes que sean sin energía maldita, Megumi no puede perder, Megumi no perderá. Él impregna su cabeza con ese solo pensamiento, dejando la energía maldita avanzar sin pensar en las consecuencias. Permitiendo que los dedos calmen su corazón tambaleante.

Es un Hechicero de Jujutsu, las maldiciones son terriblemente peores, más duras y poderosas. Sin emociones para sentir dolor, solo para causarlo y disfrutar. Megumi entrenó para controlar las suyas, para usarlas a su favor.

Las Violas se acercan, antes de que el cabello rojo desaparezca detrás de las flores con colmillos, los ojos ambar que lo fulminaban con desprecio, voltean hacia arriba, crispandose con un insulto entre medio.

Megumi se da vuelta, sus ojos viajan atraves de la tierra desolada hasta llegar a los túneles que conectan en las paredes del calabozo. Y Megumi, quien piensa que puede superarlo sin problemas, se relaja distraídamente aunque crea que es el Hechicero que es.

Un grupo de personas atraviesa el agujero que residía en la pared, ¿Un rayo de esperanza? Megumi no esta tan desesperado. Él solo, no durmió correctamente estos días...

La presencia de esa chica rubia, Aiz, se recuerda nuevamente, desea que se convierta en una ventaja más que en otro dolor de cabeza.


Y... corte

Estamos de vuelta :D. Me tomo demasiado tiempo planear este capítulo, principalmente porque fue demasiado largo y tuve que separarlo en dos partes.

En cambiado un poco el orden de los eventos y en lugar de que Aiz tuviera una lucha aislada contra Revis, ahora estarán todos juntos. Olivas subestimo a Megumi y Megumi subestimo su manejo de energía maldita.

Y si se preguntan, lo semi-espiritus funcionan como úteros malditos, capaz de almacenar el poder de los Dedos de Sukuna y seguir eclosionando. Una batalla algo decepcionante para ser una maldición pero creo que está bien así. Preferí hacer de esta 'maldición' cómo un niño probando su nuevo juguete y Megumi terminando con un mal sabor de boca

Afortunadamente, ¡descubrimos que Itadori también fue llevado a ese mundo!, de alguna manera termino en ese mundo como Megumi. El donde está es la verdadera incógnita.

Y finalmente, quizás esos aventureros lo hayan sacado de algunos apuros, aunque no lo quiera admitir...

artem-abramov-2004: ¡Gracias por el apoyo! me alegra que te guste la historia. Cómo respondí anteriores comentarios; A Fushiguro no le agradan las Familias o sus Dioses, hacer el trato con Urano fue mas difícil para él de lo que parece, pero si se trata de volver a su mundo junto a sus compañeros, hará lo que sea. Riveria no está interesada en Fushiguro, solo le intriga su 'magia', profundizare más en futuros capítulos. Por si no te has dado cuenta, Megumi subestima a todos los aventureros y Monstruos, o básicamente todo el mundo de Danmachi, no dará su máximo poder a no ser que su mundo este involucrado en ello (lo viste en este capítulo, más o menos). Otra vez, gracias por leer, me esfuerzo para mejorar aunque solo lo haga por hobbie.

Guest: Los monstruos tienen un parecido a las maldiciones que a Megumi lo incómoda al punto de fingir que lo son para sentirse como en casa. ahora dales inteligencia y una forma de hablar y obtienes a un perfectamente confundible Categoría especial.

Cómo siempre cualquier comentario y crítica son bienvenidos al igual que los votos que me dan ganas de seguir escribiendo.

Sin nada más que decir.

Chao.