EPÍLOGO.
El teléfono de Sara sonó mientras ella se encontraba descansando, sentada enfrente del televisor con una cerveza en la mano. El partido de Futbol que estaba viendo la estaba molestando, porque había hecho una gran apuesta sobre el equipo contrario, y ahora había perdido una buena suma de efectivo. No es que lo echara en falta, pero detestaba perder.
Su teléfono sonó de nuevo y Sara miró tristemente la pantalla de su móvil. Sus ojos se entrecerraron para asegurarse de que no estaba perdiendo la vista o algo así.
No lo estaba. Realmente era Sesshomaru Taisho, su antiguo jefe, y un ingrato hijo de puta, el hombre al que Sara había respetado, amado y considerado estúpidamente como un amigo antes de que Sesshomaru la hubiera despedido hace 2 años. Bien, tal vez no por nada, Sara concedió a regañadientes, pero aun así. ¿No eran quince años de lealtad más valiosos que el juguete sexual con el que Sesshomaru estaba obsesionado?
Sara miró su teléfono antes de suspirar y acariciar la pantalla para contestar la llamada. No se molestó en charlar y dijo:
-No pensé que volvería a oír a hablar de usted después de que me dijera que me jodiera y nunca regresara. –O algo por el estilo. Sara no lo recordaba muy bien porque estaba demasiado ocupada siendo asfixiada por Sesshomaru, pero la esencia del mensaje había sido bastante clara. Francamente, había tenido suerte de salir con vida. Sesshomaru podía ser absolutamente despiadado cuando estaba enfadado y Sara sabía eso mejor que nadie.
-Las circunstancias han cambiado. –Dijo Sesshomaru. -¿Has encontrado otro trabajo?
-Sabes que no lo he hecho. –Dijo Sara, pintándose las uñas de los pies de un color azul pálido mientras torcía los labios. No tenía delirios: Sesshomaru no estaría llamando si no hubiera comprobado a fondo para asegurarse de que Sara no había aceptado ninguno de los numerosos puestos de trabajo que le habían ofrecido los enemigos de Sesshomaru.
-Sí, lo sé. –Dijo Sesshomaru. -¿Por qué?
Esa era una pregunta justa. Sara podría haber sido despedida de su trabajo anterior, pero era buena en lo que hacía y no le faltaban ofertas de trabajo. Normalmente no estaría todavía desempleada. Simplemente había estado esperando la oferta correcta. Además, tenía suficiente dinero como para no preocuparse en volver a trabajar en mucho tiempo.
Sara sonrió.
-Todos querían que te vendiera.
Hubo un silencio en la línea. Ambos sabían que Sara sabía demasiado sobre los negocios de Sesshomaru, tanto legales como ilegales. Podría haber hecho una jodida fortuna al vender a Sesshomaru.
-¿Por qué no lo has hecho? –Dijo Sesshomaru, oyéndose indiferente, como si no hubiera dudado ni por un momento de que Sara no lo haría.
Sara frunció el ceño y tomó un trago de cerveza.
-Porque aparentemente soy una idiota. –Realmente era una idiota por permanecer leal al hombre que la había cambiado por un juguete sexual.
-Bien. –Dijo Sesshomaru secamente. –Tengo un trabajo para ti.
Sara inclinó la cabeza hacia atrás, frunciendo el ceño ante el techo iluminado por la luz en la ventana.
-¿Un trabajo? –No era como si Sesshomaru perdonara a alguien que le había hecho daño.
-Mira. –Dijo Sesshomaru con una voz cortante. –No pienses ni por un momento que he olvidado lo que hiciste, pero sé que tú, erróneamente, pensaste que actuabas por mis mejores intereses. Te estoy dando una segunda oportunidad. No lo arruines.
-¿Qué, exactamente, es el trabajo? –Pregunto Sara, desconfiada, pero curiosa. -¿Qué pasó? –Sesshomaru era un hombre orgulloso y testarudo que rara vez cambiaba en sus decisiones. No le ofrecería a Sara una segunda oportunidad si realmente no la necesitaba.
-No sé si lo sabes o no, pero he trasladado el cuartel general de Suiza a Tokio. –La voz de Sesshomaru era fresca y tranquila, pero Sara podía sentir la tensión en ella.
Sara dijo: -¿Y?
-Necesito salir de Japón por un mes, pero hay una... situación aquí, y no puedo dejar a Rin desprotegida.
Sara se burló. Por supuesto. Debería haberlo sabido. Debería haber sabido que la mocosa nipona tenía el poder de hacer que Sesshomaru cambiara de idea. Era un poco irónico que Jundo Rin fuera la razón por la que Sara había perdido su trabajo y era la razón por la que lo recuperaba. ¿O era su imaginación?
-¿Qué clase de situación? –Dijo bruscamente. Todavía no entendía. Sesshomaru tenía cientos de personas a su servicio.
-Es sobre Kirinmaru. –Dijo Sesshomaru con un suspiro, la impaciencia perceptible en su voz. –Llegó a Japón por negocios y varios de sus competidores más fuertes han sido aplastados de manera casi inmediata apenas llegó a Japón. Casi nadie ha podido hacer nada, ya que tiene a los medios controlados para que parezca que simplemente llegaron a un acuerdo mutuo de vender sus puntos de venta.
Sara se frotó la sien.
-¿Y crees que la niña es un blanco?
Una pausa.
-No lo sé. –Dijo Sesshomaru. –Pero la compañía de Rin es una de las principales productoras de telefonía celular en el mundo, y aunque se anunció su retiro de la compañía hace más de año y medio, sigue siendo Socia Fundadora y la gente sigue pidiendo su opinión en asuntos importantes, y muchos socios y gerentes vienen a molestarla. –Su voz adquirió un borde de acero. –Incluso si ella no es un blanco, no voy a arriesgarla.
-¿Por qué yo? –Preguntó Sara. –Tú tienes a otras personas. Tienes a Jaken... Y a los gemelos.
-Jaken me acompañará. –Dijo Sesshomaru. –Lo necesito conmigo en China. No puede estar en dos sitios a la vez. Y los gemelos tienen un asunto importante que atender.
Hizo una pausa.
-No te despedí porque dudara de tus habilidades profesionales, Sara. Te despedí por lo que hiciste. Sé lo buena que eres y por eso no creí que no tuvieras nada que ver con la desaparición de Rin cuando tú eras responsable de ella.
Sara tomó otro sorbo de su botella y decidió que odiaba a Sesshomaru Taisho. Sesshomaru sabía muy bien cómo manipular a la gente para que hiciera lo que quería. Pero aun sabiendo que Sesshomaru la estaba manipulando, todavía estaba trabajando, maldita sea. Sesshomaru no era alguien de dar cumplidos a la ligera.
-¿Y confiarías en mí con la seguridad de la niña después de que me deshiciera de ella la ultima vez? –Preguntó Sara. -¿Después de que la maltratara un poco esa otra vez? –Sabía que Sesshomaru no lo había olvidado. Sesshomaru nunca olvidaba nada.
Sesshomaru no respondió de inmediato.
-No lo haría si tuviera otra opción. –Dijo, su voz como el hielo. –No confió en ti con ella, pero confió en que la mantengas a salvo. –Una pausa. –Kirinmaru no es la única razón por la que necesito que protejas a Rin. Magatsuhi ha sido un fastidio últimamente. Algunos de sus esbirros fueron vistos en Tokio.
Sara frunció el ceño. Magatsuhi era un criminal de un alto nivel en Asia, y un viejo amigo de Naraku, y él tenía problemas con Sesshomaru. También estaba loco como un mono y, por lo tanto, impredecible.
-Tú y Jaken son los únicos que saben cómo funciona su mente. –Dijo Sesshomaru. –Voy a China para tratar con él, y no puedo distraerme. Y lo haré si me preocupa la seguridad de Rin.
Jodido infierno. Esa mocosa nipona del tamaño de una hormiga tenía a Sesshomaru completamente domado. ¿Quién lo hubiera pensado?
-Bien. –Dijo Sara. –Pero necesitaré mi pasaporte.
-Ya está arreglado.
Sara se rió.
-Eres un tonto presumido. –Por supuesto, Sesshomaru ni siquiera podía imaginar que alguien le dijera que no.
-Cuidado, Sara.
Sara puso los ojos en blanco. Sesshomaru creía firmemente que la familiaridad generaba desprecio y generalmente se distanciaba de sus empleados. El problema era que ellos se conocían por mucho tiempo y se conocían demasiado bien para una estricta relación de jefe-empleada. Por otro lado, tampoco eran lo suficientemente cercanos como para ser verdaderos amigos. Siempre fue una lucha para Sesshomaru encontrar el equilibrio correcto.
Sara dijo bruscamente:
-Al demonio, no tengo por qué ser respetuosa hasta que firme el contrato. Envíemelo ahora. ¿Cuándo me necesitan en Tokio?
-Para el final de la semana. –Sesshomaru se quedó en silencio un momento. –No me vuelvas a decepcionar. –Le dijo por fin, con una voz engañosamente suave. –Si algo le sucede mientras estoy fuera, perder tu trabajo es lo último de lo que tendrás que preocuparte. Te encontraré.
Sara sonrió. No se hacía ninguna ilusión sobre ello. Sesshomaru raramente se ensuciaba las manos en estos días, pero cuando lo hacía, no era bonito.
-Lo sé. –Dijo. –No repito mis errores dos veces. Tú lo sabes.
-Lo sé. –Dijo Sesshomaru y colgó.
Sara dejó escapar un suspiro y se quedó mirando a su teléfono, preguntándose si había cometido un error. Tenía su orgullo y no tenía ganas de ser niñera de la mocosa Jundo. Pero, por otra parte, le debía a Sesshomaru. Si Sesshomaru no la hubiera acogido bajo su ala hace todos esos años, ¿Quién sabe con qué gordo y rico imbécil estaría casada ahora? O ¿Qué celda de la prisión estaría ocupando ahora? Le había salvado la vida a Sesshomaru un montón de veces desde entonces, pero eso en realidad nunca se había sentido como si hubiera pagado su deuda. La verdad era, que hasta que conoció a Sesshomaru Taisho, su vida había sido una mierda. Había sido hija de un magnate muy poderoso de Europa, sin derecho a decidir nada sobre su vida, y con una tendencia maniaco-depresiva que su padre se negó a tratar para evitar las habladurías de la gente sobre ella. Incluso después de tantos años de leal servicio, Sara todavía sentía que le debía algo a Sesshomaru.
Tal vez este trabajo finalmente haría el truco y estaría finalmente libre.
Ignorando el nudo de inquietud que había aparecido en su estomago ante la idea de ir a Japón, Sara fue por su laptop para reservar un vuelo.
La casa de Sesshomaru debía ser enorme. Podía cuidar de la enana sin respirar sobre su nuca. Podía cerrar la puerta con llave y evitar que saliera de nuevo. Fácil.
No tenía nada de qué preocuparse.
. . .
Japón la recibió con lluvia intensa.
El taxi la dejó enfrente del edificio de Jundo Rin, pero Sara todavía estaba empapada para el momento en que llegó al interior. Todo lo que quería era una taza de té caliente y un cambio de ropa, pero la extensa comprobación de seguridad para acceder al ascensor privado que conducía al Pent-house de Rin le tomó casi quince minutos.
A pesar de que las medidas de seguridad le satisfacían, la larga espera con la ropa empapada no la puso exactamente en un buen estado de ánimo. En el momento en que fue aprobada y las puertas del ascensor privado se abrieron para revelar el espacioso piso de Jundo Rin, Sara no estaba en un estado de ánimo como para esperar hasta que su propietaria hiciera una aparición. En silencio, se dirigió hacia la sala de estar, donde podía oír voces familiares.
-...Yo todavía no entiendo por qué tiene que ser ella. –Jundo Rin estaba diciendo. –Me odia. No confió en ella.
-Entonces confía en mí. –Dijo Sesshomaru. –Sara es la mejor en lo que hace. En el tiempo que fue responsable de mi seguridad, ningún intento contra mi vida tuvo éxito. –La voz de Sesshomaru se suavizó un poco. –Si las cosas fueran diferentes, yo no la habría elegido para ser tu guardaespaldas, pero...
Rin suspiró.
-Lo sé. Vuelve pronto, ¿Sí?
-Sí. –Dijo Sesshomaru. –Sara, puedes dejar de espiar.
Sara entró en el amplio salón, colocando en su rostro una expresión de indiferencia ante la vista que la recibió.
La cabeza de Rin estaba descansando sobre el pecho de Sesshomaru, los dedos de Sesshomaru recorrieron la larga cabellera de la chica. Los ojos dorados de Sesshomaru fijos en Sara por sobre la cabeza de Rin, perdiendo la suavidad que tenían hace un momento. Ahora sólo quedaba el borde duro y calculador con el que Sara estaba tan familiarizada.
-Hola, Sara. –Rin dijo sin entusiasmo, sin mirarla.
-Tengo que salir antes de lo previsto. –Dijo Sesshomaru, sin molestarse con las sutilezas sociales. –Voy a estar fuera durante un mes, tal vez más.
Rin suspiró, enterrando su rostro en el cuello de Sesshomaru.
-Odio eso.
-Lo sé. –Dijo Sesshomaru, apretando su brazo alrededor de la chica por un momento.
Sara pasó el peso de un pie al otro, profundamente incómoda.
-Mantente seguro, ¿Sí? –Rin murmuró en una voz tan baja que Sara apenas pudo oírla.
Algo brilló en los ojos de Sesshomaru cuando se encontraron con los de Sara. Los dos sabían que no existía algo así como "estar seguro" cuando tu nombre era Sesshomaru Taisho. Sesshomaru era un hombre peligroso y poderoso, pero había otros hombres peligrosos y poderosos. De vuelta en Moscú, Sara había oído rumores de que Sesshomaru quería deshacerse de los aspectos ilegales de su negocio y estaba haciendo una limpieza importante. Eso puso a un buen número de sus antiguos socios de negocios infelices.
-Lo haré. –Respondió Sesshomaru.
Rin levantó la cabeza y sonrió con cierta tristeza hacia Sesshomaru. Pese a todo el desagrado que Sara sentía por la mocosa, sabía que Jundo Rin estaba lejos de ser estúpida. Después de todo, el tío de Rin había muerto durante un viaje de "negocios" similar al que se iba Sesshomaru.
Rin pasó una mano por el pecho de Sesshomaru y le ajustó un poco la corbata.
-Si te matan, voy a estar muy, muy enojada. –Dijo con una sonrisa torcida antes de jalar el rostro de Sesshomaru por la corbata y presionar sus labios juntos.
Sara miró a otro lado, aún más incómoda. Movió su pie y algo sonó, como un chillido. Bajó la mirada y se encontró con un juguete chillón en el suelo alfombrado. ¿Qué acaso habían comprado un perro?
Un ruidito se escucho cerca, probablemente de la misma habitación, antes de que se convirtiera en un chillido atronador, seguido de otro igual de intenso.
Los sonidos de besos finalmente se detuvieron con un chasquido húmedo.
-Te dije que no te irías sin despedirte de ellas. –Dijo Rin con una sonrisa sonando en su voz, antes de separarse.
Sesshomaru resopló antes de seguirla.
No fueron muy lejos.
A un lado de la ventana perfectamente sellada, había ¿Un corralito? Y ¿Esos eran juguetes?
-Ya, ya, no lloren, mami está aquí. –Rin se agachó con una sonrisa mientras metía sus manos dentro del corralito y las sacaba con un pequeño ser entre ellas. Era un bebé. Y tenía el cabello negro.
Sesshomaru tomó al pequeño humanito en sus brazos mientras Rin sacaba otro idéntico en tamaño, solo que este tenía el cabello blanco.
¿Qué carajo?
¿Qué jodido carajo?
¿Qué mierda le puso la azafata en la bebida durante el vuelo?
-La señora mala las despertó, ¿Verdad? –Rin le hizo muecas graciosas al bultito gritón en sus brazos. –O se levantaron para decirle "Adiós" a papá.
La otra criatura había dejado de llorar cuando estuvo en brazos de Sesshomaru. Ahora que la veía bien, tenía toda la cara de Sesshomaru, incluso la mirada seria cuando veía a Rin y al otro bebé interactuar, aunque se veía muy tierna chupándose el pulgar.
Poco después, el otro bebé se calmó y estiró los brazos hacia Sesshomaru. El hombre inmediatamente acomodo a la otra en su brazo derecho y cargo a la niña de cabello plateado en su brazo izquierdo.
Las dos sonrieron y una se aferro a su pecho mientras la otra estiraba sus manitas para tocar su cara.
La escena no solo era la más extraña que había visto en su vida, sino que tampoco había esperado, NUNCA, que esto pasaría alguna vez.
Rin en cambio sacó su teléfono y le tomo unas mil fotos, por lo menos, mientras Sesshomaru la fulminaba con la mirada, lo que no era nada aterrador considerando que tenía a dos pequeñas jugando con su cabello y corbata.
-Van a comportarse y ser buenas con su madre, ¿De acuerdo? –Dijo con un tono de voz severo a las enanas, como si estas entendieran. La pequeña de cabello negro lo miró fijamente, mientras la otra bebé reía encantada. Supuso que podía tomarlo como un sí.
Puso a ambas en brazos de Rin, que por poco cae con tanto peso, y acarició las mejillas de ambas, con una ternura de la que no pensó él sería capaz de expresar.
Rin soltó una lágrima antes de acurrucarse de nuevo con él, escondiendo su rostro en su pecho. Sesshomaru las abrazó, escuchándose poco después las quejas de las niñas.
-Tengo que tomar un vuelo, Cachorra. –Dijo Sesshomaru, alejándose de las tres. Rin no dijo nada, envolviendo sus brazos alrededor de las niñas.
Sesshomaru las miró por un largo momento antes de cambiar su mirada a Sara.
-Si algo les sucede, tú serás responsable por ello. Estás para acompañar a Rin a todas partes, sin excepción.
-No la necesito en La Rueda de Prensa de mañana. –Rin intervino, poniendo a las niñas en el suelo alfombrado y cruzando los brazos.
La niña de cabello negro cruzo los brazos, imitándola. Su clon de cabello blanco batalló un poco para hacer el mismo gesto, pero finalmente lo consiguió, haciendo pucheros.
-Sin excepción. –Repitió Sesshomaru, encontrando la mirada que Rin disparó en su dirección. –Estoy hablando enserio, Rin. A menos que prefieras que se quede a cuidar de Towa y de Setsuna.
La mirada que Rin le lanzó demostraba que preferiría que se la comiera un tigre a dejarla cerca de las niñas. Simplemente lo fulminó con más fuerza.
Sesshomaru sonrió un poco, la frialdad en sus ojos desapareciendo, antes de tirar a la chica cerca y besarla con fuerza, codicioso y posesivo.
-Compórtate mientras no estoy. –Dijo con voz ronca. –Sé una buena niña para mí.
Los ojos de Rin se iluminaron. Sara ni siquiera quería saber.
Las bebés a sus pies se quejaron, haciendo pucheros al ser ignoradas.
Sesshomaru se arrodilló a la altura de las niñas y les dio un golpecito en la nariz, haciéndolas reír.
Con una breve inclinación de cabeza hacia Sara, Sesshomaru tomó su maleta y desapareció en el ascensor.
Un silencio incómodo descendió sobre la habitación.
Ella y Rin se quedaron mirándose la una a la otra.
A Sara nunca le había gustado esta mocosa. Era demasiado bonita, demasiado inocente, también muy... Infantil. Su extravagancia rayaba en los nervios de Sara.
-Tú realmente no tienes que acompañarme a la fiesta de estreno mañana. –Dijo Rin finalmente. –No quiero que lo hagas. Sería extraño como el infierno. Es decir, yo estoy acostumbrada a que juzguen mis maneras de ser, pero no los quiero en la presentación de mi Manga.
Sara frunció el seño.
-Quieres decir...
-Sí, soy escritora de Manga. –Dijo Rin y miró a Sara a los ojos, como desafiando a Sara a decir algo malo. -¿Tal vez tu hayas oído hablar del género?
Por supuesto que lo había hecho. Era casi como algo básico que conocías de Japón por defecto.
-Sí. Es un género de caricaturas infantiles sin sentido de lógica o física.
Rin sacudió la cabeza.
-No vas a ir a la fiesta a menos que prometas no arruinar mi día siendo grosera e impertinente.
Sara puso los ojos en blanco.
-Puedo contenerme con lo que me desagrada. Me contuve hace unos minutos, ¿Verdad?
-¿Te contuviste? Debo haber imaginado la mirada de disgusto en tu cara. O la forma en que vez a mis hijas como si fueran extraterrestres.
Sara no dijo nada.
Rin dejó escapar un suspiro.
-Mira, sé que no te agrado. No me agradas tampoco, así que vamos a hacer un trato, ¿Sí? Tú no tienes que quedarte cuando no sea necesario. Sesshomaru estará fuera del país. No va a saberlo.
Sara resopló.
-No tengo deseos de morir, mocosa. Me dijo que te siguiera a todas partes. Voy a seguirte a todas partes. No tienes que agradarme para mantenerte a salvo.
-¿Tienes miedo de él?
-Sí. –Dijo Sara sin rodeos. –Si la mocosa hubiera visto la extensión de lo que Sesshomaru era capaz de hacer, no habría siquiera preguntado... O tenido hijos con él. Ser cautelosa sobre Sesshomaru era inteligente. Un leopardo no puede cambiar sus manchas sin importar lo duro que estuviera trabajando para cubrirlas. –Y tú eres una idiota si no lo haces, no importa lo buena que seas en la cama. Él recuperará el sentido común pronto.
Rin parpadeó. Pasó una mano por su cuello, donde se veía una fea cicatriz, apenas visible, pero estaba ahí.
-Cada vez que me pongo a pensar que puedo tolerarte, tú demuestras que estoy equivocada. –Ella inclinó la cabeza hacia un lado, con los ojos curiosos. –Sabes, a veces me pregunto si tienes sentimientos latentes por Sesshomaru o por mí.
Sara se le quedó mirando.
-¿Se supone que eso es un chiste?
Rin sacudió la cabeza y cargo a las niñas, saliendo de la sala.
Sara apretó los dientes y la siguió.
-Tú no puedes decir estupideces así y luego ignorarme.
-Tienes razón, eso fue estúpido. –Murmuró Rin. –Pero te agradecería que no dijeras malas palabras enfrente de Towa y Setsuna.
Sara cerró los puños e intentó contar hasta 1000 mentalmente.
La puerta del elevador se abrió, mostrando a dos grandes y musculosos hombres entrar al departamento, mirando a Sara de una manera tal, que parecía que esperaban que hiciera un solo movimiento en falso para ir sobre ella.
-Justo a tiempo chicos. –Rin sonrió, acercándose con las niñas y poniendo una en los brazos de un gemelo, y la otra con el otro gemelo.
Las dos sonrieron más ampliamente y balbuceaban cosas sin sentido, pero los gemelos las veían atentos y asentían a todo lo que "decían" las pequeñas.
-Tengo que preparar todo para mañana. Se las encargo, ¿De acuerdo? –Se giró hacia Sara. –La conferencia es mañana a las seis y la fiesta a las ocho de la noche. No llegues tarde.
Sara se le quedó mirando.
-No voy a ir a ninguna parte. ¿Sesshomaru no te dijo que me iba a quedar aquí?
Los ojos de Rin se abrieron de par en par.
-¿Qué? –Se interrumpió y suspiró, sacudiendo la cabeza. –Bien. Sígueme, entonces. Te voy a mostrar tu habitación.
A juzgar por la tensión acumulada en los hombros de Rin, Sesshomaru tenía una gran lucha viniendo a su encuentro.
Sara no estaba preocupada. No estaba aquí para ser querida y hacer amigos. Estaba aquí para hacer su trabajo.
-Y, ¿Sara? –Dijo Rin, su voz muy suave. –No me importan tus puntos de vista, pero no voy a tolerar problemas hacia mi familia y amigos. Dame una razón y te mando fuera, independientemente de lo que diga Sesshomaru. Si no me siento cómoda a tu alrededor o siento que mis hijas corren peligro cerca de ti, no me quedare callada. Hay suficiente odio hacia nosotros; no voy a tolerar eso en mi propia casa. ¿Lo entiendes?
-Sí. –Dijo Sara. La niña tenía los pies sobre la tierra, le daría eso. Podía respetarlo.
Pensó que sería un mes muy interesante, mientras la veía dirigirse hacia su recamara.
FIN.
