Después de aquello se marchó sin siquiera decirle adiós a Kagura; "era innecesario" repitió cada vez que Abuto o alguno de sus hombres (que habían sido salvados por Umibozu antes) decía algún comentario referente a la cortesía de una despedida. Sin embargo, su tripulación lo vio más de una vez mirando hacia la infinidad del espacio con una expresión nostálgica por la ventana de los pasillos de la nave. Nadie se atrevió a hacer algún comentario al respecto por miedo a las consecuencias que ello podría tener, pero lo que más los impactaba fue que su capitán era capaz de hacer esa clase de expresiones mientras piensa que nadie lo ve, de repente, a veces sentían que tenían frente a ellos al mismo niño revoltoso que se unió a ellos como aprendiz del viejo Hosen.

— ¿Cómo está el pequeño conejo? — preguntó una tarde Abuto, luego de que un subordinado le entregara una carta al comandante pelirrojo. Kamui le regaló una mirada de molestia mientras apretaba los labios, para luego advertirle que "no metiera las narices donde no le importa si no deseaba perder el otro brazo".

Al inicio, Kagura le enviaba una carta por semana, que más que una carta parecía un diario donde le platicaba detalladamente las aventuras que vivía junto a su calvo padre. A Kamui le sorprendía que su hermanita pudiera escribir tan feo y con tan mala ortografía, pero Kagura no recibió ni siquiera una carta donde él se burlara de ella. Y a pesar de escuchar las quejas en voz alta de su comandante, Abuto veía como el joven Yato agitaba los hombros ahogando una risa al leer algunas cartas.

Con el pasar del tiempo, la periocidad de las cartas disminuyó, siendo ahora recibidas tan solo una vez al mes... Y después, tan solo una veces al año. No era de extrañarse, luego de no obtener ni una sola carta en respuesta por parte de su hermano, a pesar de que disimuladamente le invitó a la Tierra para "probar la fuerza que había obtenido luego de entrenar junto a papi", adjuntando además una fotografía de ella luchando contra Amantos del tamaño y aspecto de un dinosaurio.

— Sigues siendo una tonta— murmuró el comandante pirata, mirando con una sonrisa la fotografía que acompañaba aquella carta, donde además se observaba a su padre de fondo protegiendo con su vida el cabello que le había vuelto a nacer gracias al altana.

Perdido en sus propios pensamientos, Kamui repasaba aquella foto que con el pasar de los meses se volvía vieja y desgastada. En ella, veía a una joven sonriendo desvergonzada y actuando sin elegancia, ¿Cómo una niña tan vulgar podía recordarle a su hermosa y serena madre? Sin embargo, para él era un hecho que cada vez se parecía más y más a Kouka, perdiendo aquellas facciones infantiles y ganando una aspecto de modelo.

Las cartas continuaron, pero esa fue la única fotografía que ella le envió.

En ellas, Kagura mencionaba a su diabético hermano mayor de la Tierra, a los lentes de Shinpachi, a la hermana de éste, a su mascota, e incluso a los inútiles policías. Kamui mentiría si dijera que no le sorprendió saber que el monstruo por el que casi mueren derrotando seguía vivo; se lamentó por no haber estado presente en la verdadera lucha final pero genuinamente le alegraba que todo hubiera terminado de verdad.

Leía las cartas con un gusto disimulado, siempre refunfuñando que era molesto seguir recibiendo correspondencia de parte de su hermana. Pero la ira volvía a él cuando Kagura mencionaba cada vez más al "sádico", a pesar de que aquella palabra siempre iba acompañada de insultos... Kamui fue capaz de ir a la Tierra una vez, con la razón principal de comer la comida deliciosa de ahí (gastándose una buena parte de los ahorros de su facción, que de por sí ya se veía en aprietos), y su segundo motivo era enfrentar a su hermana... Tenía la intención de probar su fuerza, darle un buen golpe, y molestarla por ser cada vez más cercana al "idiota cara de niña" como ella solía llamar a Okita. También, aprovecharía para encarar a aquel policía pervertido, y de una buena vez saciar las ganas de matarlo que nacían cada vez que leía sobre él en las cartas de su hermana. Sin embargo, cuando vio a Kagura a la distancia, siendo acompañada por aquel policía de ojos rojos, Kamui dio media vuelta y decidió ignorarla.

— No puedes ser sincero, ¿eh? Que mocoso tan molesto.

— Te conviene callarte, Abuto.

Y así terminó el capítulo de su "rivalidad" con su hermana, no permitiendo que nadie dijera más al respecto.

No la volvió a ver, y dejó de recibir cartas de parte de ella... Pero seguía mirando a la Kagura jovial y desvergonzada que mostraba la única foto que ella le mandó. Aunque después de 4 años, sabía que Kagura debería verse aún más hermosa que en aquella foto, y parecerse todavía más a su madre.

Una noche, mientras repetía por 8va vez la cena en un restaurante barato de un planeta de mala muerte, Abuto arrojó un sobre al lado de su plato.

— Es del pequeño conejo— avisó con una mirada seria, al tiempo que se sentaba frente a Kamui en el lado opuesto de la mesa— ¿No te da pena por ella? Deberías responderle, aunque sea una vez. Por eso dejó de escribirte.

— ¿Por qué debería hacerlo? Si quiere intercambiar correspondencia con alguien, tengo a un sujeto que es tan molesto como una tía— respondió su comandante levantando una ceja, antes de retomar su cena.

— ¿Te refieres a mí acaso?

Tras no recibir respuesta, el mayor chasqueó la lengua y recargó su mentón sobre su mano.

Sin decir nada, Kamui abrió el sobre, y comenzó a leer el contenido de la última carta:

"Querido hermano mayor estúpido,

Escribir cartas es un fastidio, ¿por qué te consigues un teléfono de una buena vez? Además, por un tiempo creí que no estabas leyendo mis cartas, pero Abuto me contó que si lo haces, así que ¿Por qué nunca contestas? Eres tan tonto y desconsiderado como siempre, ojalá te mueras o te quedes calvo pronto... Estoy bien con cualquier cosa que pase primero. "

Kamui resopló agitando la cabeza, ignorando que su subordinado miraba atentamente y con curiosidad sus reacciones.

"Como sea, han pasado muchas cosas desde la última carta que te envié... Tantas que es difícil resumirlo, pero... Hay algo que necesito que sepas, Kamui. El sádico insiste en que era inútil enviarte esta carta, incluso está intentando detenerme mientras escribo esto..."

Las letras comenzaron a distorsionarse, imposibilitando su lectura por mucho que el yato giró la hoja intentando descifrar los símbolos plasmados en el papel arrugado. Luego aparecieron unas gotitas que parecían sangre, y las letras volvieron a entenderse.

"¡Ja! Le gané a ese idiota, deberías ver su cara justo ahora... Está conteniendo las lágrimas, lo sé. Gin-chan me enseñó una técnica para vencer fácilmente a los hombres, es sencilla, solo debes patear sus..."

Kamui tragó saliva, compadeciendo por primera vez a ese odioso sujeto, y brincó hacia la siguiente línea del texto.

" En fin... Más te vale que respondas. Aunque sea manda de regreso la siguiente parte de esta carta...

De lo contrario, seguiré los pasos de papi y me convertiré en una cazadora solo para matarte.

Con la técnica que me enseñó Gin-chan, estoy segura de que te derrotaré fácilmente.

Con amor, tu linda y tierna hermanita,

Kagura."

El yato pelirrojo cambió a la siguiente página que contenía la carta, y la leyó con sumo detenimiento, aunque parecía contener muy poco texto. Sin decir nada, Abuto lo miró expectante, más curioso aún cuando Kamui soltó un suspiro pesado.

— Mentiroso... dijiste que no permitirías que eso pasara...— murmuró con una sonrisa lastimera, cerrando los ojos por un prolongado momento.

— ¿Yo te hice una promesa...? — el mayor le miró confundido.

— No, tú no—. Kamui levantó lentamente los párpados y suspiró nuevamente— Abuto, necesito un bolígrafo.

— ¿Eh? ¿Por fin vas a contestarle al conejito? — cuestionó mientras le hacia una seña a la mesera del lugar.

— Esto parece ser importante para ella— contestó suavemente, alcanzando el bolígrafo que le ofreció la mujer extraña—. Por cierto... Me tomaré unas vacaciones el próximo mes, tendré que ir a la Tierra.

Abuto finalmente se atrevió a fisgonear en el papel sobre el que su comandante escribía con tanta atención. El tamaño de la hoja era pequeño, y el material lucía también diferente al de una normal... La decoración elegante y las letras formales sorprendieron al veterano, pero sin duda lo que lo dejó perplejo fue el contenido de la invitación.

"Kamui-sama,

Está cordialmente invitado a la ceremonia de nupcias entre Sougo-sama y Kagura-sama, que tendrá lugar el día x del mes x del año x, en el planeta natal de los novios.

Por favor, sea tan amale de confirmar su asistencia"

— ¿El conejito se va a casar...? ¿Con quién?

— Es de mala educación leer la correspondencia ajena— respondió el pelirrojo con una sonrisa que hizo que su subordinado tragara saliva.

— ¿Irás?

Kamui resopló y siguió escribiendo. Abuto contuvo una risa al leer la breve respuesta de aquel hermano mayor.

"Iré a matar a tu prometido... Si sobrevive, entonces es digno de que sus hijos hereden la sangre arcaica de nuestra madre.

Por cierto, ¿ya le dijiste al calvo?"

— Definitivamente no puedes ser sincero, ¿eh?

— Cállate, y entrega esto.

KU-Pyon: Y tan tan. Perdón por haber tardado tanto en actualizar, pero me alegra haber llegado al final que imaginé, aunque admito que no le di el enfoque que quería... Deseaba ver a Kamui más celoso que confundido, y más cómico que introspectivo, pero esto fue lo que me salió, espero les haya gustado :')