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¿Cuándo somos realmente conscientes de la realidad?
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¿Cuándo somos capaces de discernir entre lo que es real o una simple ilusión? ¿Cuándo despertamos? ¿En el momento en el que dejamos de soñar? Un miedo colectivo ante la pérdida de control en lo que uno hace se crea cuando somos incapaces de dar una respuesta adecuada a esa pregunta. Nos construimos en una falsa costumbre a llamar lo que experimentamos como realidad, cuando nosotros mismos tememos saber que existe algo más allá controlando lo que hacemos… algo que escapa del entendimiento.
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—¿Cuántos siguen vivos? —La voz de un hombre se escucha, mitigada por el constante burbujeo que a su alrededor se escuchaba.
—Diez aquí, señor. Más los otros cinco de la otra habitación—Otra voz, ahora femenina, respondía.
Aquella que escuchaba solo podía permanecer quieta, su vista se mantenía cerrada, más se enfocaba en todo lo que era capaz de percibir, veía las mentes de los que a su alrededor se encontraban, intentaban detectarla, ella así lo "sentía", más con el mero deseo nacido de su miedo se mantenía oculta a su radar.
Sus memorias, conocimientos… la abrumaban, solo se contuvo a aprender su lenguaje y vocabulario como mera forma de saber qué era lo que querían, bajo el contexto de su propia inocencia.
—"¿Dónde estoy?" —Fue su primer pensamiento, abrazada y en posición fetal, solo sentía la calidez del líquido en el cual se encontraba completamente sumergida.
—¿Algún resultado de compatibilidad? —El hombre volvía a hablar.
—De momento ninguno, los que pasaron a la tercera fase fallecieron, ahora solo nos quedan los que sobrevivieron a la segunda, de momento este es nuestra mejor opción —Ambas personas se mantenían delante de una cápsula de cristal diferente a la que "ella" se encontraba, mostrando en esa a un niño de cabello blanco saludable, y de gran estatura, desarrollado en gran medida gracias al "éxito" de los experimentos.
—Este fue al que le implantamos las células en el corazón —El hombre volvía a hablar, antes de continuar caminando junto con la mujer a través de aquella habitación —No podemos darnos el lujo a fallar en este momento, vigilen rigurosamente a ese niño; si no logramos tener el aura del Lucario, será la mejor opción que tendremos —Seguía dando ahora nuevas instrucciones.
—¿Cree que sus células aún tengan ese poder? —La voz de la mujer resonaba ahora, más no pasó mucho tiempo antes de que volvieran a responderle.
—Científicos con menos tecnología que la que tenemos ahora fueron capaces de crear a un ser casi idéntico a Mew; mientras que nosotros ni siquiera podemos tocar la superficie de sus descubrimientos; la vida de ese pokémon fue preservada y considerada como un milagro, y decidió vivir en la tierra, a diferencia de Arceus o el propio Mew —La voz risueña del hombre emergía, antes de que el sonido de una cápsula abriéndose fuera lo siguiente en ocurrir.
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Al mismo tiempo que el mutilado cuerpo de Mewtwo fuera el que se viera preservado en aquella cápsula, donde en las deformes facciones de su rostro solo podía denotarse el horror que aquel ser vivió antes de morir.
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Aquel hombre solo posaba su mano con lentitud en lo que quedaba del torso del muerto pokémon, como si disfrutara el tacto.
—Pero digamos que mis "gustos" son más fuertes… —Dijo el hombre, antes de que el mismo dejara de tocar el cadáver, para luego volver a cerrar su cápsula y caminar nuevamente hacia los otros contenedores que observaban en un principio.
Uno le llamaba la atención, sin mayor razón, más no tardó en acercársele. Dentro de este una niña se encontraba, pálida y de blanca cabellera de igual manera, su desarrollo no era como el otro niño, delgada y de apariencia débil, esta seguía en posición fetal, conforme continuaba aparentando inconsciencia.
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Al mismo tiempo que el rostro de Ryuji se veía desde el otro lado de la cápsula.
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—Apresúrense con la tercera fase… en una semana comenzaremos la misión de extraer a la cría de ese Lucario, deben tenerlo listo para entonces —Fueron las últimas palabras dichas con seriedad por parte de Ryuji, antes de marcharse de aquel laboratorio.
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—"Déjenme…" —Tenía miedo… conforme seguía sintiendo cómo aquel líquido en contacto con su piel quería "ingresar" en su cuerpo con tal de monitorear el poder de su aura, la pequeña niña seguía pasando desapercibida, su estado actual ya había prácticamente sobrepasado por su propia cuenta todas las fases de desarrollo necesarias para dar por exitosa la fusión, incluso sin ser activadas por los científicos, sin embargo, ella en su completa y justificada ignorancia, solo buscaba una forma de huir de aquel lugar.
Se sentía apresada, cada vez notaba las mentes y auras de las personas que se encontraban a su alrededor, conforme seguía aprendiendo, esta solo podía asustarse conforme "veía" a través de estas, llegando al punto de incluso ser capaz de introducirse en la mente de los demás científicos sin ser percibida.
Observaba el lugar; veía los experimentos que realizaban a los otros pobres niños que no habían sido capaces de sobrevivir, se veía a sí misma.
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Antes de que ni siquiera esta pudiera evitar abrir sus propios ojos… una vez que sintiera la colosal aura que había emergido en el lugar.
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Una poderosa e inquietante alarma resuena en el lugar, las luces rojas nacidas de los focos que terminaban por encenderse solo podían causar un mayor horror a la escena.
—¡Tenemos que irnos de aquí! ¡Ryuji perdió el control! —Uno de los científicos se asomaba a la habitación donde ella y los pocos niños que quedaban se encontraban, llamando la atención del resto de sus compañeros.
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Para luego ver cómo una oscura y viscosa garra atravesaba el estómago de aquel hombre, y lo llevaba devuelta al epicentro de aquel caos.
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El grito de los hombres y mujeres continuaba, aquellos "tentáculos" de oscura materia se apoderaban de todo el laboratorio, Ryuji finalmente se había apropiado del aura de Giratina, y a falta de la necesidad del aura de Takeru, no dudaría en deshacerse de la "basura".
Varios de los contenedores donde aún quedaban niños fueron destruidos, sus cuerpos caían sin vida, mientras que las extremidades creadas por Ryuji continuaban destruyendo todo de manera aleatoria.
El horror en la pequeña niña había llegado al máximo, los tentáculos se le abalanzaron, pero solo pudieron frenarse en seco por un campo de fuerza que ni siquiera estos, con el aura de Giratina, fueron capaces de penetrar.
La pequeña, imbuida en su miedo, solo pudo refugiarse en sí misma. La presión que ejercía sobre el mismo campo de fuerza la atraía hacia el suelo, enterrándola por debajo de la tierra conforme los tentáculos seguían "golpeándola".
El resto… fue sumido por la explosión nacida del ataque que Ryuji finalmente lanzaría en aquel laboratorio con tal de asegurarse de destruir a todo ser viviente del lugar.
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Todo el caos se convirtió de un momento a otro en un simple y crudo silencio… la extraña calma dominaba el lugar donde cientos de vidas se esfumaron en segundos.
Ella lo sintió todo… todas las mentes con las que entró en contacto, su dolor, su agonía, su miedo, intensificado en su inocente ser hasta finalmente sucumbir.
Su consciencia no lo soportó, noqueada por las consecuencias de haberse entrometido en tantas mentes a la vez, no pudo mantener la conciencia luego de ello, su campo de fuerza desapareció, dejándola a ella y a su propio contenedor, oculto bajo tierra.
Ryuji, pensando haber aniquilado todo, no dudó en abandonar aquella dimensión para así finalmente enfrentarse a Ryo y Takeru.
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Solo podía soñar sus memorias, no conocía la felicidad, o el amor; la agonía que experimentó seguiría dominándola en su profundo dormir, más cuando el oxígeno dentro del pequeño contenedor dejó de existir, la desesperación no tardó en dominar su cuerpo nuevamente.
Su instinto de supervivencia era suficiente como para ejercer un atisbo de sus poderes mentales. El cristal de la capsula finalmente volvía a trisarse, el metal de la base se doblaba, conforme el cuerpo de la niña comenzaba a retorcerse ante la falta de aire.
Su poder era inestable… el cuerpo de la niña finalmente terminó por salir expulsado por su propia acción de manera abrupta desde la parte de arriba del contenedor, antes de que el mismo explotara. Su cuerpo seguía estando protegido por su propio poder mental inconsciente, chocando con el techo de la destruida habitación, para luego aterrizar con brusquedad en la tierra.
Su fuerte toser fue el primer sonido que emitió, su blanco cabello largo, mojado y desordenado caía por sus mejillas, espalda y hombros.
Temblaba, nuevamente volvía a abrir los ojos, para ser lo poco que alcanzó a ver la destruida y oscura habitación; los pocos huesos que quedaban de los otros experimentos cuya carne fue exterminada por el ataque de Ryuji solo aumentaba su miedo.
El horror deformaba sus facciones, conforme intentaba encontrar un orden a sus pensamientos, nada más alejado de la paz podía volver a dominarla, una vez que aquella colosal aura que en un principio la había abrumado, volvía a acercarse al lugar.
Aquella niña solo pudo intentar arrastrarse hacia una de las capsulas rotas, empujando los esqueletos que quedaban, intentando refugiarse por mero instinto y terror, conforme aquella aterradora presencia parecía estar rodeando con lentitud aquellas instalaciones, para mayor sufrir de la pequeña.
El estruendo creado sin querer por la joven no tardó en llamar la atención de Giratina. Había pasado bastante desde que la niña había quedado inconsciente, el legendario pokémon había vuelto al mundo distorsión tras la victoria contra Krin, más no pasaría mucho antes de que el mismo, temeroso de los recuerdos vividos siendo apresado por Ryuji, abriera un portal en su dimensión con tal de volver a ir en busca de Ryo y Takeru a por su ayuda.
Otra vez un nuevo impacto se sumaba a la frágil mente de aquella chica. El mero hecho de abrir aquel portal hizo que la propia se impactara de sobremanera.
Como si una corriente de aire fresco tras años respirando ácido se tratase. La energía que sintió provenir de aquel portal, ni siquiera la veía, pero era capaz de percibirla incluso en aquel lugar; la luz, la vida que existía, sentimientos que nunca había experimentado, como un ser que en toda su vida solo había conocido una prisión, la imagen de la libertad significó para ella su deseo final. Más tan pronto Giratina se marchó de su dimensión, aquel portal solo tardó un par de segundos antes de finalmente cerrarse, cortando así de golpe la pequeña y nueva esperanza que había sentido.
La monumental cantidad de aura esfumándose de la misma abrupta manera con la que la niña lo percibió solo pudo concluir con un desesperanzador temblar. Únicamente podía abrazar su piel desnuda; el frío de aquella solitaria dimensión era palpable, más este no era el único factor que causaba el temblar de la pequeña.
Se llevaba las manos hacia su cabeza, era demasiado para ella, ya de por sí los traumas vividos la incapacitaban por completo, bajo un manto de soledad que solo aquella dimensión era capaz de otorgar.
—"Saldrás…" —Un susurro se escucha, la niña volvía a alzar la mirada, más esta solo volvía a asustarse al pensar que había alguien más en el lugar, más su vista le decía lo contrario; sin embargo, no pasó mucho antes de que varias voces de suave tono, volvieran a escucharse casi al mismo tiempo —"Te levantarás/ te costará usar tus piernas/Volverán/No dejarás que te vean/Saldrás/te costará usar tus piernas/Te levantarás" —A ese punto, de todo lo poco que había experimentado, tenues voces escuchándose en su cabeza estaba lejos de ser algo capaz de asustarla o atormentarla más de lo que lo demás ya habían hecho, las voces seguían escuchándose, más estas mantenían un bajo volumen.
La niña únicamente pudo desviar su mirada hacia sus delgadas piernas, desde un principio sabía que no respondían al igual que sus brazos, apenas y los dedos eran capaces de moverse con lentitud.
Antes de que las voces finalmente cesaran.
No había pausa o descanso, la presencia de aquel portal volviendo a crearse no tardó en alarmar a la niña, más su impresión no fue tan similar a la primera vez, esta no pudo evitar el no exasperarse.
Sujetándose de la base del contenedor roto, su mano apoyada en los vidrios cortados era un dolor menor; obligaría a sus piernas a funcionar de una forma u otra. Mientras Giratina volvía a entrar, el miedo de esta solo la podía impulsar, los músculos de sus brazos finalmente se tensaban al máximo, el horror de la presencia del legendario pokémon llegaban al punto máximo… antes de que el cuerpo de la niña saliera impulsado hacia arriba por propia fuerza…
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Y levitara por unos cuantos segundos… antes de volver a caer de manera estrepitosa al suelo.
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Esta vez el campo de fuerza que la había protegido de manera inconsciente en antaño no volvería a aparecer. El dolor a la propia caída fue evidente, más el propio asombro mezclado con el constante miedo era suficiente como para distraerla.
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Solo para quedar completamente congelada… cuando la misma siente el aura de dos nuevas presencias que habían entrado a la dimensión.
No sentía su aura actual como tal… aún no era capaz de controlar sus habilidades, y aquella era algo que ni siquiera había experimentado con los científicos; sentía su poder latente, todo lo que habían sido capaces de controlar, los traumas que habían tenido que soportar y lo que vivirían en un futuro, todo concentrado en un solo par que caminaba con normalidad hacia el edificio.
Sus brazos comenzaban a temblar, los gritos, la tortura, el dolor, era completamente diferente a lo que había experimentado con los científicos los cuales ni siquiera habían causado tal nivel de "clarividencia" en ella.
La presión mental la hacía vomitar, más solo saliva y bilis emergía de su estómago vacío.
Ya no tenía percepción del tiempo, las mentes de Ryo y Takeru la habían superado por completo. Incluso hacían que sus piernas se movieran y empujaran su cuerpo, reactivando sus débiles músculos mucho más rápido que antes, solo para hacer que la misma se arrastrara sin dirección fija a través de la habitación conforme deliraba.
Segundos, minutos… ya no lo sabía. su mente sucumbía y conforme esta salía de la habitación y continuaba arrastrándose sin sentido…
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Finalmente… todo el caos que en su cabeza se encontraba finalmente cesó de un momento a otro.
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Fue abrupto, por un instante, había dejado de sentir aquellas mentes, como también todas las auras a su alrededor, una calma que tanto creía nunca más volvería a conocer se presentaba.
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Y la chica de pálidas mejillas solo pudo alzar la mirada… recostada, vulnerable y boca arriba, para volver a mantener sus ojos completamente abiertos al igual que su enmudecida boca una vez que era Ryo, junto con Takeru y Yoshiro… los que se encontraban a pocos metros delante de esta.
—Esto realmente parece un laberinto… —La voz de Ryo solo volvió a asustar a la chica, a la par que esta únicamente podía gatear desesperada hacia un lado, apoyándose con la pared del pasillo, para luego abrazar sus piernas como mera forma de protegerse.
Cerraba sus ojos, su temor a la muerte volvía, a la par que, "bendecida" con la extraña paz mental que había recibido, las lágrimas podían emerger sin impedimentos ante el puro e inocente temor.
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Y percibir cómo aquellas seres… simplemente caminaban a su lado, sin prestarle nada de atención.
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Incluso ante la percepción de Takeru, aquella niña no había parado de ocultarse, incluso desde el momento en el que había despertado. La niña lo ignoraba completamente, más tan pronto abrió por mera curiosidad y temor uno de sus ojos, solo podía exhalar con una extraña mezcla de alivio e ignorancia lo que había ocurrido.
No lo dudó, la chica comenzó a volver a arrastrarse con sus manos de manera desesperada en dirección contraria hacia donde Ryo y los demás seguían, hacía ruido, no le importaba, más incluso aquello era capaz de anular bajo la percepción de sus "enemigo".
Su impulso era mayor, cada vez que lo hacía, sentía aquel leve "levitar", acostumbrándose con cada intento, sus saltos eran cada vez mayores, conforme en cada uno intentaba apoyarse con sus piernas al caer, intentando con esto ser capaz de usarlas mejor.
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Sin embargo… solo una vez que estuvo lo suficientemente lejos de aquel que era capaz de cegar su poder, fue cuando la chica de marrones ojos volvía a abrirlos en su totalidad ante la presión que el aura y experiencias que Ryo y Takeru vivieron y vivirían nuevamente la dominaron.
Se enfurecía, las lágrimas volvían a ser incapaces de emerger, a la par que la saliva caía entre cada respiración frenética conforme la chica apenas y era capaz de levantarse del suelo.
—"¡Cállate!" —Gritaba desesperadamente en su consciencia la chica, más aquel mar de emociones y experiencia no se detendría solo con eso.
Intentaba cerrar su boca, modular lo que pensaba, a la par que sus músculos volvían a tensarse al máximo.
—C-ca… lla—Sus primeras palabras, prácticamente escupidas apenas de su garganta ante la presión.
Veía el dolor de Ryo, el de Takeru, la tortura que sufriría así como también apenas y podía distinguir las peleas que enfrentaría y sufriría en el futuro, su débil mente ya no era capaz de seguir soportándolo, más la impotencia de sufrir aquello sin sentido ni justificación comenzaban a alterarla de igual manera.
—¡Cállate! —El largo rugido de la chica nacido finalmente ante la desesperación emergió, la pena en su rostro fue completamente reemplazada por la furia de su impotencia, más solo tras cruzar aquella brecha…
Su percepción finalmente era negada por su propia voluntad… dando con ello el tan deseado silencio.
Solo pudo respirar con brusquedad, con su débil cuerpo arqueado, volvía a vomitar un poco ante lo experimentado, a la par que sus ojos aún completamente abiertos demostraban cómo la pequeña niña intentaba mantenerse cuerda tras todo lo vivido. Nuevamente no sabía cuanto tiempo había pasado, intentaba pensar, más era imposible a esas alturas, solo quería desfallecerse y descansar… pero estaba claro que aquello no ocurriría, su pequeño cuerpo siguió arrastrándose por varios minutos en los pasillos, no tenía un objetivo fijo, más incluso así, el azar del destino terminó conduciéndola hacia la salida de aquellas instalaciones
—"Volverán a salir/ El portal se abrirá/ entrarás a él" —Las sorpresivas voces en su mente volvieron a abrir de manera leve sus cansados ojos, pasaron pocos segundos, antes de que la chica, a borde del colapso mental, comenzara a percibir el estruendo generado por la abrupta aparición de Giratina, este solo podía volver a abalanzarse hacia el sector donde Ryo, Takeru y Yoshiro habían entrado, abriendo el portal en consecuencia junto con los cuerpos inconscientes de los tres sobre su lomo.
Giratina no tardó en entrar al portal, solo estaría abierto por unos cuantos segundos, más estos parecían eternos bajo la percepción de la chica.
Su esperanza de la libertad, su miedo a quedarse eternamente en aquel lugar sacaba en ella un último aliento de energía, conforme apretaba sus dientes al máximo con tal de volver a impulsarse con sus brazos… la joven solamente pudo lanzar un nuevo grito con todas sus fuerzas, antes de que su cuerpo terminara por abalanzarse a una velocidad completamente superior a los pequeños brincos que había dado en antaño.
Entrando al portal poco antes de que finalmente desapareciera, dejando así el lugar en el eterno silencio que le correspondía.
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Un último dolor abordó su cabeza durante el trayecto, más en aquel momento su consciencia finalmente cedía, como si de una pequeña piedra dejándose llevar a través de un torrentoso río, sentía cómo su propio deseo de alejarse de Giratina terminó por separarla de este y los Kurogane.
Perdida en la oscuridad, la chica finalmente podía volver a cerrar sus ojos, rendida ante su inevitable destino.
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En la fría noche… un débil portal se abría, quebrando el espacio apenas para dejar salir del mismo el cuerpo desnudo de una escuálida chica. Boca arriba e inconsciente, su cuerpo solo podía temblar por mero reflejo ante la temperatura de la intemperie en un bosque cercano a la capital.
Más solo cuando una tenue luz comenzó a abordar su rostro… los ojos de la chica volvían a abrirse de manera leve, como una tenue ventana en la que su consciencia revivía apenas por unos segundos… dejando ver cómo un sorprendido hombre, de no más de unos treinta años, se encontraba delante de ella con una linterna en mano.
