Confusión.
–Hermione Jean Granger, ¡Por Merlin! ¿Qué estás haciendo?
Se cuestionó mirándose a través del espejo del baño de Malfoy. Podía ver su cuerpo desnudo de arriba a abajo, –"que egocéntrico es este hombre, un baño lleno de espejos… ¿qué más puedo esperar?, es un Malfoy"– Pensó arrugando la nariz.
Cuando finalmente se despertó, vio a su lado un cuerpo que no era el de Ron, en una habitación que no era la suya, y vinieron a su mente fragmentos del día anterior. Se sintió aterrada y corrió al baño sin detenerse a mirar a su compañero. Tenía una jaqueca mental, no podía explicarse ¿Cómo rayos se permitió llegar hasta ese punto?, ¿Qué iba a ser de su vida ahora?
Mirando su rostro frente al espejo, recordó su relación con Ron, no estaban pasando una crisis ni ninguna dificultad de momento; de hecho había aceptado casarse con él. Le concedió que la boda se realizase en un mes y fue él quien rápidamente envío todas las invitaciones. Siendo honestos, quien mostraba más prisa en casarse era el pelirrojo y no ella.
Pero…¿Por qué accedió a casarse? ¿Por qué mantenía su relación con Ron? Ni siquiera era su mejor amigo, ese lugar lo ocupaba Harry… Simplemente llegó a la conclusión que era lo que se esperaba de ella, lo que debía hacer. La familia de Ron siempre la cuidó como si fuera una hija más; ellos se alegraron muchísimo cuando supieron que estaba saliendo con su hijo y ella, solo permaneció allí.
Sin embargo, muchas noches se cuestionaba si era lo correcto, si esta relación con Ron era lo mejor que el mundo tenía para ofrecerle. Siempre tuvo la sensación que su relación con Ron era como una especie de burbuja: se veía linda desde afuera, pero muy vacía por dentro y tan frágil, que el más mínimo movimiento del aire la haría explotar.
Él era cariñoso, sí, le decía cosas lindas... pero nunca sintió esa pasión, ese algo, fluir por sus venas como lo sintió ayer con Draco. No le permitió a nadie que decidiera por ella, a excepción de anoche, cuando se dejó llevar totalmente por los deseos de él.
Lo que más le asustaba es que se había sentido jodidamente bien.
Cuando estuvo en Hogwarts no pudo evitar fijarse en Draco, fue imposible. Todo el tiempo con su actitud prepotente, y ella siempre se sintió intimidada por esos ojos grises y esa postura amenazante…
Por primera vez en años, Hermione reconoció que, hasta cierto punto, el rubio le parecía sexy. El chico indebido para ella, incluso cuando se enfrentaba a sus mejores amigos no podía no verlo con cierta atracción. Pero, por supuesto ella era inferior a él, según los estándares de los Malfoy, y se enfocó en alguien mucho más accesible…alguien que no la hiciera sufrir como el Slytherin. Alguien que la aceptara como es y lo que es, y no se fijara de dónde viene.
Ahora, tantos años después, se presentaba rompiendo todo su perfecto mundo y guiándola de esa manera única... Era Malfoy quien le estaba dando una nueva opción, él, un sangre pura en toda regla…–"Por Merlín, ¡no puedo volver a verlo más!"– se dijo con firmeza –"Esto es un error, está mal desde todos los puntos de vista. No va a pasar nunca más"
Decidida, salió del baño a darle fin a esa locura. Y ni bien dio unos pasos, y vio un hermoso ramo de lilas y un magnífico desayuno sobre la cama; y a Malfoy como un adonis con una sábana negra atada a su cintura, mirándola de arriba a abajo con una ceja levantada y su sonrisa torcida. La castaña se mordió el labio ¿cómo iba a olvidar esa sensación del roce de su piel, su mirada atravesándola con deseo, la forma en la que sus cuerpos se complementaban? … ¡cuerpos! Recordó que estaba allí de pie desnuda a cinco pasos de él, corrió a cubrirse con una pequeña toalla que encontró al alcance de su mano.
Draco estaba divertidísimo mirando a Granger, era tal como la había imaginado una leona avergonzada. Aunque nada de eso le importaba; se sentía un triunfador. Era la primera jodida decisión que tomaba por sí mismo y le había resultado grandiosa. con esa mujer podría estar en el mismísimo infierno y todo habría valido la pena por la gloria de besarle, de saber que él no le era indiferente a élla.
— Buenos días, hermosa. – La saludó con su deslumbrante sonrisa, incorporándose y entregándole una de las lilas.
— Buenos días… Malfoy– Le respondió Hermione sin mirarlo a los ojos, sabía que sucumbiría ante esa mirada de litio que le traspasaba el cuerpo.
— ¿Volvemos a tratarnos así?–la miró, divertido–. Dejemos las formalidades de lado y ven a la cama…te prepare algo de comer.
La castaña lo miró asombrada, Ron nunca le había cocinado nada, siempre la llevaba a casa de su madre a comer,– "Por Merlin Hermione, no sigas comparándolos".
— Esto no está bien Malfoy… Estoy comprometida, en un mes será mi boda. Amo a Ron y, tu y yo somos de dos mundos muy diferentes, esto no funcionaría… todo esto fue un error.
Continuó mirando al piso mientras le decía esto, pero no entendía porque le costaba hablar con la verdad, o lo que ella sentía que era lo correcto. La invadía una zozobra inmensa pensar que esta sensación con Malfoy era tan peligrosa y tan atrayente. Hubo silencio en respuesta y, entonces, peleó consigo misma para levantar sus ojos y vio como Draco la miraba con el ceño fruncido y un atisbo de tristeza surcaba sus ojos.
— Hermione—llamó con tono quedo, serio —. Sé que no he sido el mejor hombre de tu vida. Tal vez he sido la peor basura que has conocido, y lo siento…no sabía…nunca supe… solo sé que siempre estuviste allí, en mis noches más oscuras, siempre lo supe…pero ¡Merlín!.
El rubio dio unos cuantos pasos dirigiendo su mirada al piso, deseaba encontrar las palabras adecuadas que le dieran a entender a Hermione cuanto la amaba.
—He sido tan cobarde, siempre buscando satisfacer a mi padre y no darle preocupaciones a mi madre, yo nunca quise que nada malo te pasara— Se detuvó frente a ella mirándola a los ojos llenos de culpabilidad —. Tenía mis estúpidas creencias acerca de los hijos de Muggles y apareciste tú con tu asombrosa inteligencia y ese maldito orgullo que siempre admiré…
La luz del día que se colaba entre las cortinas oscuras de la habitación, iluminaba tenuemente la estancia, permitiendo detallar los hombros caídos y la postura derrotada de Malfoy.
—...No eras lo que mis padres querían, pero si lo que yo deseaba, ¡mierda!— Levantó la voz cerrando sus puños de manera fuerte, la impotencia se apoderaba de su cuerpo — Traté de protegerte, ¡te lo juro!.
Hermione sosteniendo fuertemente la toalla entre sus manos, lo miraba de forma intensa, detallando la duda, la impaciencia de Draco para expulsar cada palabra.
La castaña con los labios ligeramente abiertos, se debatía entre la decisión de hablarle y decirle que todo estaba en el pasado o darse la vuelta y no continuar alimentando esta fantasía.
—¿Recuerdas el mundial de quidditch? yo fui quien les advertí de los mortifagos — Draco levantó la mirada para posarla sobre los ojos chocolate de Hermione, tomó impulso para dirigir una mano a ella pero la detuvo en el aire, cerrando el puño nuevamente y dejándolo caer pesadamente contra su cuerpo. —. Necesitaba que estuvieras a salvo… Nunca pude protegerte del todo, pero, por Salazar, que lo intenté.
Draco hizo una pausa para pasar saliva y ralentizar su respiración, se frotó la cien en un desesperado intento por aclarar sus ideas. Levantó los ojos directamente hacia Hermione mostrándole la tristeza y con voz baja retomó la conversación:
—Y ahora, llega esa ridícula invitación, y me doy cuenta que nunca hice nada realmente importante en la vida, y que tú te ibas a ir con otro que jamás te haría la mitad de feliz de lo que quiero hacerte yo—Bajando la mirada nuevamente al piso, descolgó su cabeza derrotado —. Y no pude más con esto.
La castaña lo miraba anonadada, jamás sintió tanta ternura en su corazón. No recordaba haber visto a Draco tan nervioso, tan impotente y con tantos deseos de hablar. Y nunca se sintió más importante para alguien que en ese momento. Él estaba derrumbando toda la fachada fría e indiferente que muy bien sabía llevar. Y, con ello, también se estaba llevando su estático mundo.
Y no pudo evitar lanzarse en los brazos de Draco. Por primera vez en su vida… no tenía un plan.
Draco la recibió, no imaginó que abrir su corazón y mostrarse tan vulnerable iba a ser la llave que le permitiera abrir la puerta a la felicidad. La sintió, allí, tibia; con su melena alborotada en la cara. Le gustó esa sensación, lo hizo sentir fuerte y seguro, y temeroso de perderle.
La castaña se dejó llevar por el embriagante olor de Malfoy otra vez. Besó su cuello, la quijada y, lentamente, llegó a sus labios. Lo sujetó por su cabello rubio y lo besó en los labios. Si se iba a ir todo a la mierda, entonces haría que cosa valiera la pena. Sentir su cuerpo hizo que una corriente eléctrica atravesara su espalda, erizándole los vellos. Draco la mantenía abrazada con protección, con ternura; quería sentirse en ella de nuevo.
Se apartó suave, permitiendo que la sábana de satin que rodeaba su cuerpo se cayera. Hermione, a su vez, liberó a la pequeña toalla que cubría nada más que la parte delantera de su cuerpo. Permitió que la boca de Draco recorriera palmo a palmo su pecho, sus senos. Lo veía claramente, a la luz del día, su deseo. Ella tragó saliva, había estado muchas veces con Ron pero jamás con esa intensidad que sentía por Draco.
El rubio bajó y le besó la pelvis. Le levantó una de sus piernas y la ubicó alrededor de su cuello, para acceder a la intimidad de la castaña. Hermione no podía creer la agradable sensación de la tibieza de su lengua y la posesividad con la que la sujetaba. Después se levantó y llevó a Hermione en su cama. Esta vez él, quería tener el dominio y ella, solamente, quería ser suya.
Con la varita que mantenía en su mesita de luz, ubicó el desayuno en una mesa pequeña, junto a su cama, y se acostó junto a Hermione. Ella tomó la erección de Draco entre sus manos y empezó a masajearla. Él la contemplaba con deleite y, con su mano, palpó la humedad de su sexo. Introdujo dos de sus dedos y vio el placer en el rostro de la Gryffindor. Con los restantes, continuó acariciando su clítoris mientras que ella mordía su labio inferior, mientras que ella, subía y bajaba sus manos en el miembro de Draco.
La besó y, con ese beso, la guió para que se acostara boca arriba y él poder acostarse sobre ella. Ambos sintieron ansiedad al sentir su intimidad rozar contra el cuerpo del otro, Hermione se dejó dominar por Draco, que le sujetó las manos sobre la cabeza. Separó sus piernas e introdujo lentamente su miembro. Ella levantó su cadera para aumentar la intensidad de la penetración y gimió de placer al sentirla dentro de ella.
Fue una relación suave, sin prisas. Ambos se encontraban sudando. Hermione, moviendo su cadera al vaivén de las embestidas de Draco. Lamentaba no poder tocarlo pero le gustaba sentirse atrapada por la serpiente. Los gemidos fueron más intensos por ambas partes y las acometidas aumentaron su frecuencia.
Finalmente, los dos llegaron, desplomándose uno sobre el otro, dándole libertad de movimiento a Hermione, quien aprovechó la oportunidad para tocar el cuerpo de su Dragón.
Hola, paso por aquí para dejarles el segundo capítulo de esta historia, esta semana para mi ha sido súper agotadora y a parte me embarque a escribir tres historias al tiempo, me apasiona la pareja Dramione asi que las invito a revisar Luna de Plata y Sentencia Supervisada.
Gracias a polacullenswan2627, Dan Brody, quienes han puesto esta historia como favorita y a belen1, MaMiaDH quienes la están siguiendo. También a Cristy-Love por su review como ves lo prometido es deuda.
Espero que les continúe gustando, no olviden dejarme un review.
Sta Granger
