Capricho


El alma se le va a los pies, al ver a Ronald en el pasillo frente a su oficina. Hermione, no está acostumbrada a encontrarlo allí y mucho menos ahora cuando creía terminada su relación.

Él, viste su estúpido uniforme azul celeste de Quidditch, viéndola con una sonrisa despreocupada, lo conoce perfectamente para saber las intenciones de Ron, solo usa esa túnica con deseo de impresionarla de hacerla sentir que esta con el mejor guardián de Gran Bretaña y que debería sentirse agradecida de contar con la suerte de salir con él.

Se queda estática en el umbral de su despacho, sosteniendo aún el picaporte con su mano derecha, sintiendo perder los colores del rostro con la boca levemente abierta.

Ron, avanza con confianza hacia la bruja, lanzándose posesivamente hacia sus labios apretando su cabeza entre las manos. Hermione reacciona ante el contacto, intentando girar el rostro de manera infructuosa, pues el fuerte agarre de Weasley hacia su rostro impide la voluntad de la castaña, introduciendo su lengua bruscamente en la boca de la Gryffindor.

Asqueada, apoya sus manos en el pecho de Weasley separándolo con rudeza e inmediatamente, limpiando sus labios de la saliva impregnada con las mangas de su blusa blanca de chifon. "Mierda…debí ser clara con Ronald," piensa al tiempo que se retira de la puerta ingresando a su pequeña oficina cabizbaja y con paso resignado, permitiendo así el paso de un insatisfecho Ron.

Despacio camina con sus tacos altos y su falda negra tipo pitillo, tuvo una importante reunión en la mañana de la cual solo desea descansar. En su oficina cuenta con una pequeña sala de reuniones con un par de sofás y su escritorio, escoge este último para hablar con Ronald, prefiere tener el mueble entre los dos, aunque se muerde el labio inferior sintiéndose culpable; ya que en ese lugar hace apenas unos días, decidió escaparse con Draco Malfoy. Una lechuza blanca con manchas cafes, la espera en la mesa, ágilmente ata la carta a la pata del animal, que se aleja volando.

El pelirrojo la sigue hasta su mesa. No es la primera vez que Hermione actúa así, por ello no manifiesta sorpresa o enfado, necesitará acudir a toda su paciencia ahora y ceder el máximo posible, con ello, Hermione estará comiendo nuevamente de la palma de su mano. Debe mostrarse delicado, sensible y comprensivo, por lo menos hasta el matrimonio "a ella le gusta llamar la atención necesita hacerse la importante para tener seguridad, sabes que necesita tu aprobación y a eso has venido." Piensa el pelirrojo al tiempo que se sienta en el taburete frente al puesto rebosante de expedientes y pergaminos muy bien organizados.

La castaña, se acomoda en su poltrona habitual, la iluminación de varias velas flotantes ubicadas aleatoriamente en el techo le permiten observar la tranquilidad de Ronald.

— Hermi, te traje tu tarta favorita — Rompe el silencio, alargando la mano para entregarle el paquete. —La horneó mi madre esta tarde.

Hermione cruzada de brazos, traga saliva, imagina la dedicación y el amor que designa Molly a su cocina, pero más allá el recuerdo le sabe a nostalgia, un gusto agridulce de no volver a ver a esa familia, la cual es suya también conociendo la consecuencia anticipada: al despedirse de Ronald también le está diciendo adiós a los Weasley

Evalua la expresión del Gryffindor, siente la frustración de ver cómo para él todo sigue de la misma manera, ni siquiera comprende la necesidad de un cambio en sus detalles hacia ella. El pelirrojo, viendo que Hermione no recibe el paquete, lo deposita en el escritorio aplastando algunos pergaminos.

— Ronald. — Dice con voz serena Hermione, masajeándose la frente. — ¿Qué entendiste de nuestra última conversación?

— Pues…que necesitabas algo de espacio para estar más tranquila. — Explica Ron al tiempo que acomoda sus pies sobre el escritorio evitando la mirada molesta de la Gryffindor. — Sé que la boda debe suponer una gran presión para ti. Es un momento muy emotivo para la vida de una mujer y por eso te permití descansar para que meditaras con la almohada y fueras consciente de tu testarudez.

"Que idiota soy, él tampoco me buscó y en serio ¿cree que me está haciendo un favor?" Piensa la morena, recordando su pérdida de tiempo al conjurar hechizos anti aparición en su apartamento. Evidentemente molesta, abre la boca para discutir pero es interrumpida por Ronald.

— Solo necesitas descansar, amor. Te puedo dar otros días si los quieres.

— ¿Te puedo dar? — Chilla la castaña levantándose de su asiento. — ¿Acaso crees que tú me das algo Ronald? Dime ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo medianamente desinteresado por mí?

— Todo…Hermi, siempre busco lo mejor para ti — Responde Ron, parpadeando confusamente. — Te propuse matrimonio para empezar y además envié todas las tarjetas…

Ronald hace silencio al ver las facciones desencajadas de Hermione, su rostro pasa de la frustración a la completa indignación, levanta sus hombros infundiéndose valor para hablar sin herirlo porque ser cínica no está en sus planes.

— Me propusiste matrimonio: porque eres un egoísta y estabas muerto del miedo que te dejara. — Lentamente Hermione camina acercándose al taburete donde Ron la mira atónito. — Enviaste las invitaciones, porque necesitabas asegurar el compromiso, sabias que de ese modo no cambiaría la fecha. Ni si quiera me preguntaste, solo lo hiciste alardeando de tu inmensa generosidad hacia mi tiempo.

Hermione respiraba agitadamente de pie junto a Ronald, lo mira a los ojos buscando algún residuo del amor que la inspiraba en el pasado, pero no encuentra más que el reflejo del colosal ego de Weasley.

— Ronald, no me voy a casar contigo. — Se encoge de hombros Hermione. — Ni hoy, ni en un mes…ni nunca.

— Amor…necesitas tranquilizarte. — Interrumpe nerviosamente Weasley. — Tal vez necesitamos la luna de miel antes de la boda.

— Ronald, ya no hay nada entre nosotros. — Suspira Hermione lastimeramente. — Se acabó: la química, la pasión, el amor…no podemos si quiera llamar amistad a esto.

— Hermione. — La llama pacientemente Ron, poniéndose de pie para hablarle con preponderancia desde una posición más cómoda para él. — No seas tontita, somos la pareja más compatible según la última edición de corazón de bruja.

— ¡RONALD, NO DIGAS ESTUPIDECES! — Levanta la voz, y se recompone recordando que está en su sitio de trabajo y no necesita escándalos allí. — ¿No tienes ningún argumento propio? Por Merlin, Ronald, no tenemos que mentirnos más, sabias que esto pasaría tarde o temprano.

Una presunción asoma a los ojos del pelirrojo, reconociendo cuanta verdad escupe Hermione con sus palabras, veía el enemigo del abandono en cada mirada triste que le lanzaba Hermione, en todas y cada una de las discusiones presenciadas por los Weasley, en el desacuerdo por la familia de su novia frente al matrimonio, pero se había negado como un niño aferrado a un dulce, a dejarla ir, no era su naturaleza soltar sino aferrarse con soberbia a lo que creía suyo, y Hermione lo era, hasta el fin de sus días, después de conocer la gloria del reconocimiento por tenerla no la dejaría escapar por una estúpida necedad de última hora.

— Hermione. — Dice con tristeza Ronald, esforzándose a grandes magnitudes por develar una minúscula parte de ese corazón que algún día amo Hermione. — Has sido la mujer de mi vida y te necesito en ella.

— Me necesitas. — Interrumpe la castaña, con un tono de voz dulce, acariciando suavemente una mejilla de Ron. — La necesidad no es una razón para estar con alguien, lo es el compromiso. Esto no es sano Ronald, una pareja debe crecer, debe formarse. Lo nuestro ya se esfumo hace tiempo…debemos aceptarlo.

Ronald agacha su cabeza con un gesto de dolor, sintiendo el cordial roce de la castaña, ella es la calidez de su vida, con solo segundos de su presencia aquieta cualquier preocupación que ronda su mente. El efecto del desamparo lo golpea directo en el estómago, lentamente el piso bajo sus pies se desaparece mostrando todo el vacío sobre el cual había construido su relación y en ese abismo visualiza al monstruo de la soledad que lo acompañara para su deshonra.

A unos cuantos pasos junto a ellos, se abre la puerta de la oficina dejando entrever a un elegante Draco Malfoy con una sonrisa desvaneciéndose en el rostro, descolgando el ramo de lilas que lleva en la mano.

La pareja en el interior de la oficina, sobresaltada dirige la mirada a la entrada, Hermione exhala sonoramente sintiendo desaparecer el aire de sus pulmones y mirando como un ciervo asustado a Ronald. Este intercala su mirada de incomprensión entre el rostro de la bruja y el de su enemigo, tardando solo milésimas de segundo en discernir cuan pequeña se ha hecho la oficina de Granger, un silencio incomodo llena sus oídos dejando su mente libre para pensar y atar cabos. Comprende que sobra en el despacho, sobra en ese grupo de personas, sobra en la vida de Hermione. Iracundo expulsa toda la ponzoña que cabe en su ser.

— ¡¿Es esta mierda la que te forma ahora Hermione?! — Sisea con las palabras anegadas en sarcasmo. — ¡¿Con esta escoria construyes tu vida?!

Draco, se ha quedado en la puerta rivalizando entre seguir para hablar con Ronald como personas civilizadas o esperar afuera atento, pero permitiéndole a Hermione resolver ese asunto de manera independiente.

A su vez sus tripas se contraen con miedo, un pavor a perderla en ese instante, sabe que ella no es cruel, que es incapaz de hacerle daño a otro incluso sacrificando su propio bienestar y eso lo enfada, mortificándolo desde esa tenue luz de esperanza en su interior, la siente arder de forma abrasadoramente dolorosa.

Ella no lo ve, ha bajado la mano del rostro de Ronald pero continua con la mirada fija en Weasley, imagina que cualquier ligero movimiento desatará la guerra y presiona a su cerebro para tener la respuesta adecuada, pero maldición, no la encuentra, no sabe cómo explicar su engaño. Tampoco desea quedarse allí, detiene sus piernas firmemente: estas solo desean salir corriendo en busca del rubio y refugiarse en él

— Hermione Granger, ¡ERES UNA PUTA! — Dice Weasley, mirándola fríamente a los ojos, su tono de voz es neutro reprimiendo la sarta de insultos que desea dedicarle a la castaña, quien mantiene la quijada en alto y la mirada dolida. La ira repta por entre sus venas llegando a sus extremidades y cargado de resentimiento toma fuertemente a Hermione de los hombros sacudiéndola con violencia — Estas cagando toda tu vida por ese desecho que te ha hecho más daño que yo. ¡Y te juro que te vas a arrepentir!

Es el estímulo de Draco para irrumpir con el semblante abarrotado de indignación dirigiéndose directamente a Ronald que mantiene su presión agresivamente hacia una Hermione inerme y cargada en llanto. Weasley al percibir la cercanía, suelta a la castaña para huir cobardemente, dando un portazo tras de sí.

Draco no se molesta en seguirlo, necesita comprobar que ella está bien, se acerca para revisarla, pero al aproximarse, Hermione se descontrola, cierra los puños y le propina golpes a Malfoy en el pecho, quien la abraza soportando su arranque de cólera.

Hermione tiene un enojo ciego, está furiosa con Ronald: por no ser lo mínimamente inteligente para salir de su vida cuando se lo había pedido, por hacerle perder tantos años en una relación mediocre y toxica, pero sobre todas las cosas por no darle la mitad de amor que ella merecía

Estaba molesta con Draco por tener esa maldita habilidad de aparecerse en el momento menos oportuno, debía ser un puto don: conocer el momento exacto para trastornar su vida y llenarla de miedo ante la incertidumbre de su futuro.

Pero por encima de todo: se odiaba a si misma; a la hipocresía con la que actuaba, juzgando a los dos hombres cuando la única responsable era ella, por permitir que otros pasaran por encima suyo, minimizando los atropellos dándose palmaditas en la espalda auto consolándose al decirse: que todo estaba bien, eso era algo normal en las parejas y que el matrimonio definitivamente sería una solución a sus problemas.

Se odiaba por no tener el coraje de parar todo esto antes de enredarse en la cama con Draco, haciéndolo como una travesura infantil movida por el deseo de sentirse seducida por el tipo malo, sin imaginar como la mierda le llegaría hasta el cuello al comprender que nunca más quería ser de otro.

— Granger detente.

A lo lejos escucha su voz, que serenamente trata de calmarla ayudándola a volver en sí.

— Te vas a hacer daño.

Y ahí esta él, manteniéndola abrazada entre esos brazos firmes que bien la sabían sostener, no le importaba el Draco del pasado, le atraía el hombre que se preocupa por ella ahora, sus puños se detienen para agarrar la solapa del abrigo de Draco, tomándolo firmemente, al tiempo que busca su boca con delirio precisa sacarse la rabia a besos.

Lo besa con ganas, necesita esa certeza de saberlo suyo, con dedos agiles se deshace de su abrigo. Él, un tanto desconcertado nota el cambio abrupto de ira a la ansiedad reflejada en la respiración de Hermione, su ceño aún fruncido le enseña que continua molesto, pero recibe con agrado los besos enardecidos que van pasando de sus labios a su cuello.

Hermione aspira con gusto el aroma de Draco, cautivadoramente delicioso, requiere inhalar toda su esencia. Este hombre la lleva al extremo de la demencia sin mediar su tan elogiada sabiduría en ello; si esta cagandose su vida, tal como refiere Ronald, lo hará gustosa con tal de sentir a Draco una vez más dentro de ella.

Los besos en su cuello lo desestabilizan mostrándole a Hermione una zona débil sin explorar. El enojo de Malfoy se extiende hacia sus manos abriendo con fuerza la blusa de botones, los cuales salen disparados por el aire. Emitiendo jadeos desesperados busca con ansias la boca de la castaña; el barullo de ira, impotencia y amor, lo conducen a desear de forma diligente el cuerpo de Hermione.

Draco le besa el cuello a Hermione notando su estremecimiento, mientras con sus manos frota los senos por encima de un sujetador color blanco sin mayor detalle. Ansiosamente baja el sostén desapuntándolo, la piel de la castaña se eriza al roce sobre sus pezones sintiéndolos endurecerse, desinhibida como estaba, le desabotona su camisa de cuello, en esos momentos la impacienta la pulida presentación de Malfoy, con sus elegantes camisas de puño largo, pero agradece que no use corbata, seguramente no tendría la habilidad para quitársela.

Despejado el camino de los botones, desliza la camisa a través de la espalda de Malfoy y luego dirige su atención a los pantalones, necesitaría inventar un hechizo para destrabar cinturones, botones y demás elementos que significan un estorbo en esos momentos. Con el pantalón suelto, Hermione lo deja escurrirse hasta el suelo.

Ansia sentir el contacto con su piel; lo atrae hacia ella aprisionando su boca entre sus labios disfrutando la humedad de la lengua experta de Draco, moviéndose suavemente contra la suya.

La castaña a su vez acaricia la espalda de Draco: su trasero firme, sus brazos tonificados. Las manos de Draco se intercalan acariciando sus senos y luego su espalda con lujuria bajando hasta las nalgas apretujándolas, haciendo que Hermione sienta de frente su erección, lazando un tenue gemido.

Sus movimientos son rápidos; esta vez no son los novios que se acuestan por primera vez, en esta ocasión son dos amantes ávidos por el cuerpo del otro, los mueve la necesidad de sacarse la ira y desquitarse con el mundo por todo lo que les quiere negar.

El único sonido que sobresale en el piso, es el de sus respiraciones agitadas y los gemidos cruelmente contenidos en sus gargantas ansiosos por escaparse y reflejar la ambición de poseerse.

Draco empuja a la morena contra el sofá gris más amplio de su oficina, donde acostumbra a hacer sus reuniones de trabajo.

Con agilidad la gira sobre su eje, dejándola de espaldas a él, desapunta la ajustada falda tipo pitillo de Hermione, bajándola junto con sus braguitas blancas y tocándola al paso, lentamente asciende con sus manos capturando las nalgas de la castaña entre sus manos.

Ella gira su cabeza para observar la sonrisa ladeada de Malfoy con las pupilas inyectadas en deseo. Su ira se ha transformado por la excitación de hacerla suya.

Ella se encuentra muy mojada en ese punto, tan acostumbrada al sexo tradicional sin creatividad, que por unos instantes se siente apenada por su desconocimiento. Sin embargo, sabe de sobra que el sexo siempre terminaba bien con Draco, quien la abraza por la espalda permitiéndole sentir su miembro entre el trasero removiendo sus caderas frotándose contra él.

Draco emite un sonido gutural, buscando ávidamente con sus labios el cuello de Hermione para darle algunos besos, dirigiendo una mano a su pecho y otra a sentir la humedad de la castaña, sus dedos curiosean las formas de la intimidad de Hermione que no se cansa de explorar, produciendo suaves gemidos y suspiros en ella.

Se concentra tocando completamente su intimidad esparciendo la humedad, dejando de besarla y permitiendo a Hermione sentir su respiración sobre su oído, combinados con los ruidos bajos de placer que emana Draco, su aliento la calienta aún más, por ello gira su cara para besarlo sintiendo aumentar la excitación del Slytherin.

Hermione lleva las manos hacia atrás para bajar los boxer de Draco, quien con una mano vertiginosamente se los quita subiendo primero una pierna y luego otra, su erección agradece ser liberada al tiempo que Hermione la siente muy firme entre su trasero, la desea dentro aunque se le vaya la vida en esta relación y pierda todo lo que ha construido hasta ahora. Allí con él, no le importa su trabajo, su familia o sus amigos; solo le importa sentirse una con Draco.

Al igual que él, necesita sumergirse en Hermione, es consciente de todo lo que ella arriesga, y lo lamenta, pero no lo cambiaría por nada, de ser posible le entregaría el mundo a sus pies por tan solo sentir el roce su piel.

Así como esta, de espaldas, la empuja hacia el sofá de terciopelo, dejándola boca abajo y acostándose sobre ella por un segundo, para después girarse y quedar tumbados hacia el lado izquierdo en cucharita los dos acostados, necesita tener acceso total a su bello cuerpo gozar viendo sus reacciones, tal vez, otro día la tendrá de espaldas fantaseando con sus gestos, pero no hoy.

Draco, acomoda su brazo izquierdo bajo el cuello de Hermione y continúa masajeando su intimidad, entretanto la castaña lo hala de los cabellos.

— No puedo más. — Gime Hermione sintiéndose flaquear por la necesidad.

Malfoy con su mano libre, levanta la pierna de Hermione y con la confianza de conocer al detalle su cuerpo, desliza su miembro en el interior.

Hermione lo siente entrar con facilidad, excitándola aún más escuchar la respiración agitada y el esfuerzo de Draco por no hacer ruido conteniendo el placer con el fin de evitar sospechas en el Ministerio.

A su vez la manos insaciables de Malfoy recorren el cuerpo de Hermione sosteniéndola para que no caiga del sofá por la fuerza de sus acometidas, ella lo toma por el trasero moviendo sutilmente las caderas de manera circular sintiendo en sus nalgas la fuerza de los movimientos de Malfoy, la estimula percibir los músculos de Malfoy, el pecho y abdomen del mismo contra su espalda y percatarse del ligero sudor que los impregna cargando el ambiente de humedad.

La castaña gira solo unos centímetros su cuerpo para permitirse ver el rostro de Malfoy notando la concentración en su mirada, está a punto de acabar pero no sin ella, decide dirigir su mano a la cabeza de Malfoy y besarlo con avidez mientras que este la toma por el cuello sin ejercer mucha presión pero haciéndola sentir su agarre.

Hermione advierte la posesividad y le excita ese tipo de dominación, mueve sus caderas de forma vehemente apretando las piernas con el fin contener el miembro de Draco sintiendo como este eleva su cadera para llevarla a su límite. La castaña deja extender las contracciones pre orgásmicas seguidas de oleadas de placer intenso en la espalda, senos, trasero y desde luego en su intimidad, llevándose la mano a la garganta donde aún permanece el agarre de Draco; finalmente sus piernas tensas y temblorosas le avisan que ya está ahí.

— Granger. — Ruge Draco, corriéndose al tiempo con Hermione manteniéndola en su abrazo.

Estando allí los dos, escuchando sus respiraciones acompasadas, sintiendo la tibieza de sus cuerpos y los bombeos constantes de sus corazones comparten un único pensamiento: su deber en la vida es amarse sin leyes.


Hola chicas.

Sé que varias estaban a la expectativa del tan anhelado encuentro entre Ronald y Hermione y de corazón, espero que este capítulo haya sido de su agrado. Me alegra montones ver nuevas seguidoras de la historia y les doy la bienvenida a las personas que han agregado este fic a sus favoritos, es gratificante ver su acogida.

A las chicas que se atreven a dejarme su review, las adoro, es muy especial leer cada una de sus palabras. Esta semana Mary Malfoy Mellark, Ali TroubleMaker, Lita Wellington, Doristarazona, NarradoraNueva, ivicab93, Caroone, JeAn Tonks BaEs, artemisvan89, redeginori, Cristy-Love, , y bianksnow.

Un abrazo enorme y hasta la próxima actualización.

No olvides dejar tu review.

Sta Granger