Hechizo


Hermione se despierta confusa, abre los ojos con dificultad cegada por el intenso brillo a su alrededor procedente de las paredes de una impoluta habitación blanca, explora a su alrededor intentando descubrir el foco de iluminación, pero la luz parece provenir de todas partes; arruga la nariz al percibir el rebosante olor a limpiador que inunda la estancia. Desconociendo el espacio, se levanta adormilada percatándose de haber pasado la noche en una camilla de hospital. Se sienta, dejando los pies descolgados a pocos centímetros del suelo, lleva puesta una bata azul pálido y el aire se cuela por una abertura trasera haciendo erizar su piel, la castaña dirige una mano a su espalda con el fin de disminuir el espacio entre la tela, y ubica unos delgados lazos que anuda con mayor precisión.

Se pone de pie, sintiendo el frio ascender por sus piernas, curiosea alrededor en búsqueda de sus pertenencias, pero no encuentra rastro de las mismas, de hecho no ve nada más que la pequeña camilla entre esas cuatro paredes. Se abraza a si misma, pero no a causa del frio, lo hace al sentir una sobrecogedora sensación en el alma, cómo si una parte importante de su interior hubiera sido arrebatada dejando rastros de tristeza tras de sí.

Su cabellera se desliza cubriéndole los ojos y en un impulso la recoge llevándola hacia la parte posterior de su cabeza notando un pequeño bulto que al palparlo descarga dolor.

Exhala aire pesadamente presa de la confusión, frotándose el entrecejo, intenta llevar sus pensamientos hacía una ruta que la conduzca a entender el motivo de encontrarse allí, logra recordar su cita con Draco en el teatro Her Majesty's y una sonrisa inconsciente asoma entre sus labios.

Unos pasos al exterior de la habitación la sacan de su ensimismamiento; la puerta se abre, y por ella ingresan dos personas: una mujer mayor de cabello blanco y tez pálida, que sujeta una tablilla de anotaciones y porta una bata blanca de sanadora en cuyo pecho se lee en ondulantes letras oscuras la palabra Waas, tras la medimaga entra una figura menuda de largos, y ondeantes rizos rubios que cubren una bata de tono verde desvaído, marcada con el fluctuante letrero la frase Aprendiz.

— Hola Hermione. — Saluda la vocecita aguda de Luna — Qué bueno verte, aunque no lo esperaba en esta situación, claro.

La castaña suspira aliviada al ver una cara conocida, y se acerca con los ojos llenos de interrogantes.

— Luna, por favor explícame ¿qué hago aquí?

— Señorita Granger, soy la sanadora Waas — Corta abruptamente la mujer de cabellos canos. — Y usted se encuentra interna en el hospital San Mungo, como consecuencia de un encantamiento expulso del que fue víctima el día de ayer.

— No fue algo intencional. Pero estabas en fuego cruzado. — Agrega Luna con tranquilidad.

Waas, evalúa cada reacción de la castaña: Hermione, inicialmente confusa, arruga la frente concentrándose en unir los retazos de recuerdos agolpándose bruscamente en su memoria, estos, la conducen a la imagen de Harry acechándolos con desconfianza y pronunciando el hechizo, percibe la fuerza de su impacto y finalmente la angustia se apodera de sus sentidos, llevándose la mano al pecho ante la visión del golpe de Draco, enfoca su mirada suplicante en las mujeres:

— ¿Dónde está Draco? ¿Él está bien? Necesito verlo. — Demanda la castaña con voz trémula, a punto de llorar. Dirigiendo sus pasos en dirección a la puerta, sin embargo esta se halla bloqueada.

— No podemos darte información de otro paciente. — Responde la rubia con una sonrisa en el rostro.

— ¿Paciente?...entonces, él, también resulto herido…por lo menos está vivo. — Divaga la morena, dando vueltas por la pequeña habitación.

— Señorita Granger. — Interrumpe Waas, hablando con seriedad a la castaña. — Necesitamos practicarle algunas pruebas médicas.

— Luna, por favor. — Implora Granger, aferrándose a una mano de Luna y mirándola a los ojos que se mantienen serenos. — ¿Podrías verificar cómo está Draco? Él, estaba conmigo durante ese ataque, necesito saber.

— No conocemos a ese paciente. — Interfiere de manera pausada Waas, lanzando una mirada significativa a Luna, buscando con ello evitar las respuestas imprudentes de su joven aprendiz.

— Draco Lucius Malfoy, es su nombre. ¿Podría verificar en sus registros? Debió ser ingresado al tiempo conmigo —. Solicita Hermione nerviosa, dirigiéndose a la medimaga. —. ¿Por qué rayos no está escribiendo nada? ¡Maldición! Esto es importante, él sufrió un golpe peor que el mío. — Estalla la bruja con los ojos desorbitados y moviendo los brazos de modo excesivo.

— Yo lo tengo claro señorita Granger, el nombre es: Draco Lucius Malfoy —. Dice la sanadora sin inmutarse, sosteniendo aun la tablilla contra su cuerpo —. Sin embargo, primero necesitamos examinarla.

— No, no, no. Usted no lo entiende. Yo estoy perfecta. — Espeta Hermione, alejándose de su sanadora, caminando erráticamente por el recinto buscando aclarar sus ideas. — No voy a estar tranquila, hasta tener alguna información de Draco, y créame ese es mi único malestar.

— Señorita Granger. ¿Es usted pariente del señor Malfoy? — Indaga sagazmente Waas, curvando levemente su delgado labio.

— No. — Responde Hermione en medio de un puchero, sentándose sobre el filo de la cama.

— Entonces no hay nada que yo pueda hacer. — Concluye la medimaga, satisfecha de sí misma. — No puedo compartir un diagnostico medico con alguien que no sea su familiar directo.

La castaña se muerde las uñas con nerviosismo, descargando la frustración producida por su situación, entre tanto, Luna repasa en su cabeza una opción de beneficio para ambas partes.

— Pero, según la ley mágica: si tienes alguna demanda, puedes negarte a recibir la atención médica, hasta que sea satisfecho tu pedido. —. Suelta la Ravenclaw, con natural desenfado, recibiendo una mirada de desaprobación por parte de su mentora.

Los ojos chocolate se iluminan ante la revelación de su antigua compañera; con seguridad levanta la quijada y mirando con aire de superioridad a la sanadora le dice:

— Entonces: me acojo a mi derecho como paciente y no recibiré ninguna atención, ni permitiré que se me realice ninguna revisión, hasta tanto no se me permita hablar con el causante de mi internamiento —. Con voz firme y dibujando una medio sonrisa, finaliza. —. Requiero la presencia del Auror Harry Potter.

Waas entrecierra los ojos y frunce los labios con molestia, Hermione ha dado en el clavo, recibiendo la sonrisa cómplice de Luna. La sanadora da la vuelta sobre si misma, desapareciendo a través de la puerta, seguida de su aprendiz.


— Este caso tiene prioridad elevada Potter —. Argumenta Kingsley fijando sus ojos negros en el joven —. Estamos hablando de fugas de seguridad en nuestro mismo edificio, se estaban poniendo en riesgo la vida de personas de suma importancia, no solo para el Ministerio si no para el mundo mágico.

Harry, limpia sus lentes con el revés de su túnica azul celeste, sentado frente al escritorio del Ministro tiene pocas opciones para disimular la presión que acapara sus sentidos en ese momento, unas gotas de sudor brillan en su frente surcada por finas líneas que demuestran su sentimiento de inquietud por su participación en el asunto.

— ¿Puedo contar con su total disposición hasta que el caso se haya resuelto? —. Indaga el Kingsley levantando las cejas e inclinándose hacia Potter desde su poltrona.

— Por supuesto señor Ministro, sabe que soy incondicional, este caso es de suma importancia para mí, es la seguridad de mi amiga la que está en juego. — Termina Harry en un susurro, no desea hacer evidente que sus emociones prevalecen por encima de su cargo y probablemente nublen su juicio.

Kingsley lo observa con ojos de desconfianza, conoce de sobra la intensa amistad entre Harry y Hermione y teme el daño que puede hacer la subjetividad de Potter en este problema, el cual ya es noticia en los periódicos del día. Sabe que los sentidos de la comunidad mágica se encuentran sobre el desenlace de la situación, y la responsabilidad de ello recae sobre él y las acciones de sus Aurores, especialmente de Harry quien se ha convertido en uno de sus mejores agentes; a pesar de ello duda.

— Potter, no podemos permitirnos un error como el de anoche. Usted conoce todos los hechizos y de entre todos escogió el Expulso, teniendo otras opciones que generaban un daño en menor escala. — Reprende el hombre, cono tono severo y mirada penetrante conteniendo su molestia —. La prensa nos está aniquilando, lo llamaron entre otras cosas un ataque desmedido, y con toda razón Potter. Ahora víctima y victimario están recluidos en el hospital. — Culmina el Ministro masajeándose la frente y descolgando los hombros. — Es de agradecer el hecho que ningún Muggle reporto nada inusual y eso es gracias a usted y su equipo, pero de ahora en adelante, debe andar con pies de plomo.

Harry asiente, con la mandíbula apretada conteniendo las palabras que presionan sus labios para salir; desea justificar sus acciones, explicar la cercanía de Malfoy con Hermione usándola como escudo según pudieron percibir sus ojos entre los nervios y la preocupación, actuando a través de la angustia, sin embargo sabe que tal sentimiento no es propio de su rol y prefiere callarse, aguantando malhumorado los reclamos de su jefe.

Una figura luminosa atraviesa la puerta del despacho, rebotando en diferentes direcciones y se mueve por la estancia con saltos agiles, deteniéndose frente a Harry quien logra reconocer el Patronus de Luna con su sencilla forma de liebre, la voz cantarina de la joven se reproduce desde el interior de la proyección:

— Hola Harry. Hermione ha despertado y demanda tu presencia en San Mungo, se niega a una revisión médica si no habla antes contigo. Así que espero, puedas venir pronto.

El Ministro se dirige con movimientos agitados a Harry:

— Vamos muchacho, ¿Qué esperas?, Necesitamos obtener la mayor cantidad de información proveniente de la señorita Granger.

Harry se levanta con ímpetu, es su momento de demostrarle al Ministro que él es una apuesta segura.


Hermione no logra quitar la vista de la cerradura, está agotada, siente el cráneo palpitar intensamente desde su interior y la angustia que consume sus entrañas le da la sensación de estar a punto de expulsar el contenido de las mismas, a pesar de ello no desfallece, hace uso de toda la mierda que la consume en su interior y la transforma en ira, reconoce que los grandes cambios han surgido gracias al enojo desmedido y de eso se aferra ahora.

Lleva menos tiempo del que cree esperando la llegada de Harry, sin embargo el tiempo puede ser un puñetero enemigo cuando de esperar lo ansiado se trata; se muerde las uñas hasta la raíz sin percatarse del daño causado en la piel, a pesar de las pequeñas gotas de sangre surgiendo no siente dolor, solo percibe su desesperación en el ritmo agitado de la respiración, el cuál es el único sonido reinante en esa blanca habitación. Esta segura que es el lugar al cual llevan a matar la cordura de todo aquel desafortunado que pise ese suelo.

La cerradura girando, detiene su aliento y hace descender su mano sobre el regazo, sentándose inclinada hacia el frente en el borde de la cama, con las puntas de los pies sobre el suelo, como un animal salvaje a punto de saltar sobre su presa. Al ver los lentes de Harry frente a su cara pálida, marcada por la inconfundible cicatriz, se lanza sobre él, atrapando la túnica entre sus dedos estrujándola de paso, lo empuja contra la puerta cerrándose a sus espaldas siseándole con frustración:

— ¿Por qué diablos nos has hecho esto?

El mago la observa con un asomo de lástima el cual no alcanza a ocultar incrementando el enojo en la castaña quien lo toma por el cuello con ambas manos dirigiendo la suficiente presión a la garganta del Auror para que la mire con pánico. A Hermione la irrita en sobremanera no conocer los motivos de Harry, pero es una puñetera mierda sentir su mirada de compasión: como si le hubieran quitado algo, como si estuviera perdiendo a Draco.

— No te atrevas a compadecerme Harry Potter, necesito que me digas ahora mismo y con la verdad ¿Por qué nos atacaste?

Potter pasa saliva con dificultad, sus brazos elevados en el aire enseñan las palmas a Hermione en un acto de sumisión, si quisiera, sacaría su varita rápidamente y se desharía del agarre de la bruja; pero no lo desea, no pretende hacerle más daño del que cree, le hará con sus palabras.

Granger, evaluando con la mirada la rendición del mago, suelta el cuello enrojecido de Potter, apreciándolo en una confusión de vergüenza y resentimiento.

Harry, frota la piel de su garganta y se acomoda los lentes de forma rápida, no solo su piel ha quedado resentida después de este ataque de ira, sino también su alma ha sido lastimada por el absurdo comportamiento de su mejor amiga, sin embargo no pretende alargar la molestia por más tiempo y estira una mano señalando la cama, invitándola a sentarse; la castaña arruga la nariz imaginando la obviedad: si es necesario tomar asiento la conversación no será corta ni tampoco sencilla.

Siendo obediente, la bruja se ubica en la cabecera de la cama sentándose sobre una de sus piernas para recostar su espalda contra la pared, se esfuerza en ralentizar su traicionera respiración que delata su estado de ansiedad, Harry elige acomodarse junto a ella dejando un espacio prudencial separando sus cuerpos. Posa su mano sobre la de Hermione y aspirando una bocanada de aire busca reunir en el preciado elemento toda la valentía necesaria para hacerse entender:

— Hermione —. Empieza Harry con un tono de voz demasiado meloso para el gusto de la Gryffindor —. Antes de empezar, necesito que tengas la mente abierta. Lo que te voy a explicar no es sencillo de digerir: las victimas en estos casos…

— Pero ¿Que estupideces me estás diciendo Harry? — Interrumpe, Granger, exasperada, apuntando a Potter con su índice. — Te he salvado el trasero más veces de las que puedo recordar, he estado contigo aun cuando todos han perdido la fe, y me lo debes — Continua la bruja recomponiendo el autoritarismo cuyo uso siempre le ha funcionado tan bien. — Necesito… no, te exijo que me hables como a tu mejor amiga y no como a una incapacitada mental.

Harry, encoge los hombros, descolgando unos escasos centímetros su cabeza, masticando las frases de Granger; conoce la verdad emanada a través de esos labios: su culo estaría tres metros bajo tierra siendo devorado por los gusanos de no ser por la ayuda de Hermione. Examina sus ojos, leyendo la angustia y necesidad por conocer la realidad a la cual se está enfrentando y puede jurar nunca haber visto a su amiga tan desesperada como en esa ocasión. ¡Merlin!, es su hermana más allá de toda duda y si en ese momento él puede aliviar algo de su agonía, no le importa olvidarse de aquellos protocolos que obedece a ojos cerrados.

— Hermi —, Inicia con voz pausada. — Tenemos información acerca de Malfoy, sabes que siempre ha estado muy interesado en los objetos y las artes oscuras, y eso no lo hace una persona digna de confianza. Conocemos que ha estado usando alguna especie de poción o hechizo sobre ti para manipularte, no sabemos con qué finalidad lo está haciendo, ni conocemos el impacto del mismo sobre ti.

Harry observa a la castaña por unos segundos, notando desaparecer la amargura del rostro y la oye soltar una risita sarcástica.

— Harry, ¿acaso te estas escuchando? ¿Crees que no notaria un hechizo sobre mí? — Negando insistente con la cabeza, sonríe y prosigue al ver la duda en el rostro de Potter —. Me parece que el único manipulado aquí, es el Ministerio con esa vil mentira.

Harry, recupera su fachada envuelta en arrogancia, herido en su orgullo de Auror ante la simple insinuación de la ingenuidad del departamento que tanto defiende.

— Hermione, no conocemos el tipo de magia del cual se valió Malfoy para este delito, por ello necesitamos examinarte para comprenderlo.

Hermione sin aliento, hace un mohín contrariada, advierte la rigidez en la postura de su amigo y la altivez en su aspecto.

— ¿Acaso estas sordo? O, es que ya se te subió el cargo a la cabeza — Asegura con ironía la bruja. — Te estoy diciendo que no existen hechizos, simplemente, estoy saliendo con Draco.

Sonrojada mira hacia cualquier lado evitando el rostro de Harry, no desea sentir esos ojos escrutadores que de seguro están sobre ella. Suspira y toma la mano del Auror, posando sus ojos chocolate en las estrías de su piel, clamando con ese contacto al amigo que necesita en ese momento. Valiéndose de su modulación más suave, aquel usado en sus momentos de confidencia, retoma la conversación:

— Sé que no es fácil de entender, pero te pido que me creas. — Y reuniendo toda la fuerza posible, levanta su mirada con la zozobra en su alma suplicando que sus palabras basten para calmar toda esa confusión —. Todo esto es un mal entendido, y yo…nosotros nos enamoramos.

Harry con su mano apretada bajo la de Hermione, siente su sudor en el tacto, ve la decisión en sus ojos y la eterna intranquilidad que no la abandona durante toda la conversación. Finalmente concluye:

— Lo siento Hermione, pero esto es peor de lo que imaginé.

Hermione, ve al joven quien en ese instante ya no es su amigo, es el disciplinado funcionario que se aleja decidido hasta la puerta, con el corazón trémulo por la tristeza provocada al ver el mal estado de su amiga, pero con el pecho inflado de satisfacción propia por ser el Auror que cumple su deber.


Holaaaa.

¿Cómo están?, sé que estas últimas semanas no he sido tan frecuente con las actualizaciones como siempre, pero he tenido un kilotón de trabajo, y aprovecho los espacios que me quedan, los cuales generalmente son en las noches, así que mis ojeras son algo permanente.

Bienvenida a las personas que han empezado a seguir la historia.

Lindas, les agradezco de corazón cada review que me han dejado, no saben cómo me impulsa a continuar escribiendo. A veces temo que dejen de leerme y sus comentarios son la mejor manera de mostrarme que siguen ahí presentes.

Les doy las gracias a Cristy-Love, artemisvan89, marfelton, Doristarazona, Lita Wellington, JeAn Tonks BaEs, ivicab93, johannna, Nitaws, Nathy Malfoy y redeginori. Por sus palabras, su tiempo dedicado a leerme y por subirme el ánimo con cada review.

Un abrazo gigante a todas.

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Sta Granger