Ovillo


La algarabía de un par de aprendices jugueteando bajo un muérdago es crudamente silenciada ante la mirada severa de Waas, torpemente la pareja se separa en el acto ocultando sus ojos de las escrutadoras orbes que los observan con desaprobación, años de práctica con pacientes conductualmente difíciles de manejar no son nada comparados con el arduo trabajo de lidiar con las hormonas alborotadas de sus aprendices.

Con un suspiro agotado la mujer sale de su oficina pretendiendo con pasos lentos y gestos parsimonios alargar hasta la perpetuidad aquel encuentro nada favorable con Hermione Granger, es plenamente consciente del océano de martirios que infirió en la joven y ahora no sabe cómo darle cara a esa responsabilidad.

A unos escasos centímetros tras su espalda, caminan a pasos cortos los padres de Hermione, impacientes por la lentitud de la sanadora sus pies se vuelven lentos, pesados como ajenos porque temen lo que van a encontrar, su rostro es una mezcla entre la angustia y la desesperación, gesto que se agudiza al recorrer los pasillos del pabellón de pacientes mentalmente inestables que sonorizan los espacios con sus risas insanas y sus tormentosos alaridos, lo cual lleva a la pareja a replegarse contra la pared contraria a las habitaciones de los pacientes temiendo que su locura se contagie.

El hecho, no pasa inadvertido para Ginny, que bordea con una de sus manos el brazo de Janice para infundirle valor y advirtiendo el escaso avance que han tenido en su caminata infiere:

— Sanadora, sé que usted ama su trabajo y le encanta permanecer en el — acota de manera sarcástica—, pero nosotros realmente deseamos llegar antes de navidad a la habitación de Hermione si es posible.

Un movimiento de cabeza que parece ser un asentimiento es toda respuesta que recibe la pelirrroja, y es nulo el efecto de sus palabras al notar que persiste la sosegada caminata en su recorrido. Lo que le permite tomarse un momento para echar a andar cálculos en su cabeza.

Toda la situación le parece inestablemente desencajada, como un ovillo de lana que se encuentra desastrosamente embrollado entre sus propios hilos siente la imperiosa necesidad de devanar una por una las hebras para hacerlo útil. Así que empieza a tirar de la única hilacha que tiene a la mano; el hecho que Hermione se haya marchado de la madriguera días atrás en evidente signo de molestia era algo poco habitual, es decir, las discusiones entre Hermione y Ron al inicio de su relación eran un tema frecuente. No había pareja con más desacuerdos que esa, Ron desaprobaba constantemente el interés por la bruja en aprender, estudiar y continuar formándose con la máxima finalidad de defender a los elfos lo cual a ojos de Ron era una ocupación sin mayor beneficio para el mundo mágico, tema que llevaba a colación comparando sus trofeos y medallas que sí llevaban honor, reconocimiento y gloria. Lo cual contrastaba con los incansables argumentos de Hermione elevando la importancia de la igualdad, la retribución económica justa y la misión de eliminar las formas de esclavitud y servidumbre.

Por supuesto, estos temas siempre terminaban en acaloradas discusiones que eran acalladas por los magníficos platos cocinados por Molly y su nueva incorporada regla de no discutir en la mesa.

Ginny, trataba de mantenerse al margen ya que a fuerza de costumbre había comprendido que su intervención solo generaba resentimientos con su hermano, y frustraciones con Hermione al no sentar un precedente con Ron. Poco a poco, la joven Weasley, pudo notar como las discusiones disminuían solapando todas aquellas inconformidades de Hermione, era evidente su tristeza mal disimulada al notar el poco interés de Ron en sus asuntos, las constantes evasivas a ser parte de su mundo muggle, algo muy extraño teniendo en cuenta como era su padre a quien tanta ilusión le hacía conocer cada uno de los aparatos de la familia Granger, incluso Arthur Weasley había mantenido mayor contacto con Robert Granger en comparación a las charlas forzadas que establecía con Ron. Sabía que Hermione no era feliz, y su actitud complaciente solo alentaba a Ron a desestimar aún más lo que era una prioridad para la castaña. Así que, en ese punto, era notablemente extraña la acción de Hermione de abandonar una discusión y de paso la madriguera sin despedirse de sus ocupantes.

Disuelto el primer nudo de su enrevesada madeja de pensamientos, pasa a un segundo lío que no comprende, la acción de Hermione al enviar una carta avisando la cancelación del compromiso a sus padres, y el solo pensamiento en ello se imprime en una sonrisa ladeada de ligera satisfacción, de seguro lamenta que la castaña no sea parte de su familia, pero la emociona hasta los huesos saber que por fin se está dando su lugar, y una mirada pícara cruza el marrón de sus ojos al sopesar la alocada idea que su amiga haya tenido una aventura con el hurón, pero ¿si es cierto?

La tensión en su rostro se abre paso al no lograr dilucidar la actitud de Ron, la idea del mismo abandonando el consultorio se aloja en su ceñido entrecejo sin entender la premura de su partida, ¿por qué justamente momentos antes de ver los resultados de las pruebas médicas?, previo a revisar los recuerdos de su prometida, y cuando no hay ningún impedimento para visitar a Hermione teniendo en cuenta los motivos de su internamiento, él, simplemente decide irse.

Y ante este pensamiento, su estómago se revuelve en un vórtice de incertidumbre que la lleva a morderse el interior de sus labios, y llevarse la mano que no sostiene a Janice a su abdomen. Una punzada penetrante se incrusta en el interior de sus entrañas como la clara marca de un presagio, un fuerte signo que le indica que su hermano no ha sido del todo honesto con ella, con su familia, pero sobretodo con el ministerio. El aíre parece condensarse porque de lo contrario no entiende porque se hace tan difícil respirar ante la vergüenza de tener que hacerles frente a los padres de Hermione, si todo su hilo resulta ser cierto y Malfoy no es el villano si no un ¡Weasley!

Sumida en sus pensamientos no advierte como Waas se envara y detiene su paso, para emprender una acelerada caminata hasta la única puerta del pasillo que se encuentra abierta; una lluvia de pétalos salpica el suelo ajedrezado convirtiéndose en un enigma insignificante al encontrar la habitación vacía sin la presencia de su ocupante habitual, la señorita Granger.

Se lleva una mano a la frente conteniendo la frustración que parece estallarle el cráneo y se arrepiente de haber dilatado tanto el momento del encuentro, gira sobre su propio eje para emprender la búsqueda de la paciente para toparse con un par de ojos que la escrutan desde la luz de la habitación.

Ginny ha avanzado un par de pasos y por el gesto desencajado de Waas, fácilmente puede comprender quien es la propietaria del cuarto, escruta el recinto tras algún indicio que le indique el paradero de Hermione deteniendo su mirada en los pétalos en el suelo, un aguijonazo de lava parece hervir en su vientre al percatarse del indudable parecido a las rosas magenta que cultiva su madre en el alfeizar de la madriguera, y mientras escucha a los padres de Hermione hacer preguntas que no comprende ya que los peores panoramas se dibujan en su mente, no le queda ni un asomo de duda ante la certeza que la sangre de su sangre se encuentra en graves problemas y su comportamiento va a acarrear graves consecuencias.


Hermione apresa la tersa piel de Draco enredada entre sus manos, cierra los ojos percibiendo sus dedos largos, sus manos sin marcas y esto la seduce a seguir cada una de sus líneas anonadada por esa pelusilla casi imperceptible que acrecienta su piel de durazno albino al ensamblar sus dedos en las concavidades del otro y encajando a su vez cada una de las piezas de su alma como dos muescas que se han diseñado para amoldarse sin mayor soporte que la compañía mutua.

Él por su parte, nota la calidez de su agarre y no puede menos que elevar su mano para plantar un beso en el dorso moreno aspirando parte de los fluidos compartidos previamente, y suelta un gruñido por lo bajo raspando su garganta de forma animal. Ese humor lo trastorna, le estimula y el orbe plata de sus ojos se hace diminuta ante el pozo enorme de su apasionado iris negro.

Una sonriente negativa se hace lugar en el rostro de Hermione, no cuentan con el tiempo para seguir retozando y la necesidad de descubrir la verdad de la manera más oportuna, pasma todo deseo que el efluvio hormonal pueda ocasionar.

Cruzan la puerta y toda la realidad les golpea en el rostro con la brisa helada de San Mungo en una mezcla de masa para galletas y productos de desinfección.

Narcissa, aguarda imponente en el pasillo, incapaz de rozar cualquier superficie y cubriendo su nariz con un pañuelo, atormentada por las virutas de polvo imperceptibles para los demás y se gira su rostro de mármol para elevar una ceja reparando en las mejillas ruborizadas de la joven y los ojos agotados de su hijo las marcas de un encuentro fugaz.

Advirtiendo los pensamientos de la rubia, la castaña hala un trozo de tela de su bata sintiéndose más desnuda ante su mirada inquisidora.

—Señora Malfoy —expresa con brusquedad—, necesitamos de su ayuda.

La rubia entrecierra los ojos, echando un tanto la cabeza hacia atrás. Sus manos estrujan el pañuelo entre sus dedos y ocultan entre los bolsillos de su oscuro gabán, ese único pedazo de vulnerabilidad que se ha permitido mostrar ante un ser que no le termina de agradar. Las palabras brotan a borbotones de los labios de Hermione quien intenta explicar cómo se ha formado la relación con su único hijo, omitiendo las escenas incómodas de escuchar y de manifestar a los oídos de una madre protectora. Entre tanto, Narcisa parece incrédula a las necias explicaciones de Hermione, su tenso cuello trata de tragar las dulces historias de cisnes y atracciones mecánicas, pero le cuesta horrores imaginar como la castaña simplemente puede pasar al olvido las páginas de una historia de maltratos, rechazo y humillaciones acaecidas por la familia Malfoy.

Su mente tan acostumbrada a analizar las dobles intenciones de sus enemigos, trata de desmentir la ilusión en esos ojos que no pueden desconectarse del litio en los orbes de Draco, cuestiona esa sonrisa tonta que se hace cada vez más dulce cuando lo observa a él, duda de ese gesto que la lleva a bordear su oreja con un mechón de cabello y sonrojarse cuando el Slytherin libera su mano y en un gesto tan familiar para Narcissa rodea a la morena por la cintura sosteniendo su mano del pronunciado hueso de la cadera, tal y como lo hacía Lucius con ella cuando tenían la edad de Draco.

Y la sorprende un brillo de nostalgia que se aloja en su mirada y se escurre a través de su mejilla la cual es atrapada por el pulgar de su hijo.

— No tienes por qué preocuparte madre —tranquiliza Draco—, sé lo que estás pensando y esto de verdad es auténtico. Yo, estoy plenamente consciente de lo que estoy haciendo, pero sobretodo de lo que estoy sintiendo.

La rubia se envara y apresa entre sus manos, los largos dedos de su hijo que aún acarician parte de su mejilla, cerrando los ojos expulsa un suspiro agotado sin entender en que momento esas pequeñas manos crecieron tanto que ya no necesitan de su agarre.

— Madre, necesito que confíes en mí y accedas a ayudarnos —acotó dominado con un tono de seguridad que hizo estremecer a Narcisa—, Hermione tiene un plan que puede ayudarnos a salir de aquí, pero necesitamos de toda tu influencia.

Soltando su mano, se permite notar es brillo infantil en los ojos de su hijo que lo llenan de ilusión al reflejar la imagen de Granger en ellos, entonces un velo parece caer de su rostro notando que a pesar de encontrarse en una situación peligrosa, la sombra del miedo no devora a su hijo como si lo hicieron los turbios años de ciega obediencia a las creencias familiares, por el contrario un aliviado gesto parece haber rejuvenecido a Draco, como si el dolor, la angustia, la perdida se hubieran marchado llevándose consigo el gesto amargo en el rostro y abriéndole paso a la esperanza, el anhelo y al amor.

Retrocediendo un par de pasos, deja descansar su cuerpo en un taburete ubicado a un costado del pasillo porque el peso de la culpa de haberle robado tantos años de vida a su hijo achacándole responsabilidades de adulto y culpas de criminal, parece haberse esfumado entre las baldosas del piso ajedrezado donde pretende ocultar la debilidad de su mirada llena de lágrimas.

— ¿Te sientes bien? —interroga el rubio con un deje de preocupación en su voz, mientras se sienta junto a su madre.

— Por supuesto que sí —replica desinteresada la rubia, entretanto se lleva el pañuelo al rostro para limpiar sus lágrimas— es sólo este viejo lugar que está lleno de polvo y altera mis alergias. Y entonces ¿Cómo puedo ayudarlos?

Draco devuelve la mirada a Hermione, quien continua en medio del pasillo sintiendo las corrientes de aire colarse entre su bata mientras sus manos se esfuerzan por alargar la tela de la misma que le llega a media pierna. Percibe la mirada del joven que la anima a explicar la parte del plan que ha diseñado para sacarlos de dicho embrollo y retoma la compostura.

— Señora Malfoy, necesitamos su colaboración para hacer un alboroto —dijo enseguida—, sé que el Ministerio tiene un especial cuidado con ser el blanco de escándalos, sobre todo cuando estos llegan a la prensa; es por ello que necesitamos de su ayuda, debe convocar una rueda de prensa aquí, en las puertas de San Mungo y exponer nuestra situación.

— Con el simple hecho, que los medios pongan el ojo en este caso —explica Draco, ubicándose de un salto junto a la castaña—, podemos acorralar al Ministerio y hacer que nos escuche, que busquen las pruebas en los lugares indicados y no sigan dudando de nuestra historia.

— Es un sencillo paso pero que puede hacer toda la diferencia entre continuar aquí y tal vez perder nuestra libertad o nuestra cordura —gime Hermione siendo abrazada por Draco

— O ser libres y tener finalmente el control de nuestra vida —apremia el rubio sin dejar de mirar a su madre.

Una profunda inhalación infla el pecho de Narcisa, mientras esa última frase se cala en el aire: poder darle a Draco finalmente el control de su vida. Y se cuestiona mientras guarda cuidadosamente el pañuelo entre su abrigo, si esta es la oportunidad de su hijo para reconstruir el mal, tal vez no sería tan tarde para él como si lo fue para su padre. Con esa convicción se levanta de su puesto y asiente brindándole su mano a Hermione sellando el trato, siente el agarre de la joven para de forma intempestiva convertirlo en un fuerte abrazo que la toma por sorpresa impidiéndole identificar la figura que se acerca.


Hola hola.

Vergüenza total.

Lo siento, de verdad, me tome muchísimo tiempo para retomar esta historia. Han pasado miles de cosas desde rupturas emocionales hasta una pandemia que afortunadamente me tuvo muy ocupada por temas laborales, pero siempre estaba ese gusanillo en mi cabeza que me decía, ¡Ey tienes que terminar tus historias!.

Así que empezaba a picotear, escribía un poco, frases sueltas más que todo, hasta que por fin, pude tomarme el tiempo de organizar todo y continuar, perdónenme si ven algún error gramatical.

Gracias infinitas a quienes siguen leyendo creo que lo que mas me hacía dilatar el retomar las historias era el miedo a que nadie volviera a leerme, sin embargo hay que hacer las cosas por uno y si a alguien más le gusta es una total satisfacción.

A quienes esperaban la historia, les prometo que la voy a terminar, asi como el resto de mis historias. Solo que me dedicaré de lleno a terminar La invitación, para después seguir con el resto.

Un abrazo enorme a quienes me dejaron su review, créanme los he leído todos aunque no haya podido contestarlos a Carina, Chalupitabonita, marfelton, LuNaChocoO, Norely, Yiyi77, Gaby Grey, Chispiss, Alejazmin Kou Malfoy, lyrou, Gisell Morn, Norely, LidiaaIsabel, Natdrac, Mlunatica, Nitaws, Lita Wellington, ivicab93, redeginori, Valymoon, artemisvan89, , johannna, Alice1420, maya, athy Malfoy Granger, CarolineRuiz y espiroket … Gracias infinitas por leer y dedicar un tiempo a dejar un review

Perdonenme nuevamente por la demora y aunque no me lo merezca, ¿me dejas un review?

Un enorme abrazo

Sta Granger