**Todos los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***
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"Fingir que todo está perfecto mientras duele"
Anónimo
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Todo era celebración y dicha en el dojo de la familia Tendo. Por fin tendrían un heredero y la menor de la familia se casaría con uno de los mejores artistas marciales de combate libre en todo Japón. El patriarca del clan no escatimó en invitar a todos sus conocidos; vecinos y amigos entre los cuales estaban algunos de los pretendientes de los novios, algo que sin duda resultaba un poco incómodo para todos.
Shampoo y su abuela miraban a la multitud con recelo, mientras que Kodachi y su hermano Kuno se esforzaban por demostrar que el reciente compromiso de Ranma con Akane no les afectaba en lo más mínimo, aunque todo el mundo sabía que el ambiente lejos de ser de celebración, parecía el de una olla de presión a punto de explotar.
Ryoga por su parte miraba el fondo del estanque del jardín con la mirada ausente. Así como en el combate, debía aceptar que perdió ante su rival y la derrota era algo que le costaba mucho aceptar. Era la primera vez que se enamoraba como lo había hecho de Akane y se sentía como un tonto por haber pensado que alguien como ella se fijaría en él. Debió escuchar a su instinto que le decía que se alejara, pero su naturaleza obstinada le jugó mal y ahora estaba solo, deprimido e incapaz de poder siquiera poner un pie dentro del dojo donde los invitados disfrutaban de la fiesta. Tomó una pequeña roca del suelo y descargó parte de su frustración arrojándola a los peces.
Una idea malvada atravesó su mente y sonrió de lado. Podría provocar una explosión en el patio de la casa y así arruinar la celebración, sería algo muy sencillo y nadie sospecharía de él ya que no lo habían visto llegar. Se puso en cuclillas y extendió su dedo índice apoyándolo sobre la roca más grande, sintió como la energía fluía por cada terminación nerviosa para concentrarse en la punta de su mano. Una pequeña chispa brotó y supo que era el momento.
—Te odio Ranma Saotome —murmuró.
De pronto escuchó pasos aproximarse hacia él. Miró sobre su hombro y notó que Akane y Ranma se acercaban al estanque.
—Maldición —espetó al tiempo que retiraba su mano del suelo.
Se puso de pie y se sacudió el polvo. Trató de fingir indiferencia, sin embargo, le fue imposible. Akane estaba radiante con aquel kimono rosado, que no hacía más que resaltar su belleza. Los rayos del sol se reflejaban en su cabellera azulada, destacando algunos destellos dorados. Más que nunca odiaba a Ranma, desde niños el hombre no hacía más que burlarse de él, de niños le quitaba su almuerzo y ahora le arrebataba a la mujer que amaba.
— ¡Ryoga! —Exclamó Akane, apresurando el paso—. Me alegra que vinieras.
—Akane —susurró Ryoga con amargura.
—Ryoga, qué bueno que estás aquí —dijo Ranma en un tono alegre que rayaba en lo burlón.
—Pero, ¿qué haces aquí? —inquirió Akane, intrigada—. ¿Por qué no pasas con el resto de los invitados?
Ryoga no supo qué responder, en realidad cada que Akane estaba cerca su juicio se nublaba, haciendo y diciendo cosas sin sentido.
—Tal vez está esperando a alguien —respondió Ranma en su lugar.
— ¿Es verdad Ryoga? —preguntó Akane.
—Claro —Ryoga rascó su cabeza, nervioso.
—Seguro espera a su novia —aseguró Ranma, burlándose.
— ¡Cállate, idiota! —espetó Ryoga tomando a Ranma por la solapa.
— ¿Quién es ella? —Akane preguntó, sorprendida.
Ryoga soltó a Ranma mientras este esbozaba una sonrisa sarcástica. Sin duda ese imbécil no lo dejaba de molestar, pensó. Sin embargo, le sorprendió la reacción de Akane ante la noticia de que él pudiera estar saliendo con alguien más.
—Este… Bueno —Ryoga se encogió de hombros y pateó una roca del suelo.
De pronto la roca volvió volando por el aire, golpeándolo en la cabeza.
— ¡Oye! —Chilló Ryoga, furioso— ¡Fíjate lo que haces!
—Primero fíjate tú, casi me golpeas en la cara, bobo—replicó Ukyo con la pala grande en la mano.
Ukyo se acercó, molesta. Ryoga soltó un bufido, irritado; lo que menos necesitaba en ese momento era una discusión con Ukyo.
—Felicidades, Ranma —dijo Ukyo.
—Gracias.
—Ryoga, ¿Acaso es a Ukyo a quien esperas? —preguntó Akane, sorprendida.
Ryoga levantó la vista y miró a la chica que tenía enfrente. Él creía que mentir a veces era necesario para sobrevivir, pero admitir que era Ukyo a quien esperaba y sobre todo que los dos tenían una relación, aquello era caer muy bajo, sobre todo porque ella inmediatamente lo delataría y quedaría en ridículo frente a Akane.
¿Valdría la pena arriesgarse?
Fue entonces cuando Ryoga se acercó a Ukyo, la abrazó por los hombros y le dio un beso breve en los labios, dejando a todos sorprendidos.
—Me alegra que llegaras, cielo —dijo Ryoga en tono cariñoso.
Akane estaba perpleja, pero no tanto como Ranma que parecía no dar crédito a lo que presenció. Ryoga esperó la reacción violenta de Ukyo para dar paso a la humillación, sorpresivamente Ukyo se quedó en silencio rozando sus labios con la yema de sus dedos.
—Será mejor que vayamos adentro, Ranma. Mi padre no tardará mucho en dar el anuncio del compromiso —sugirió Akane, intentando romper la tensión.
Ranma acompañó a su prometida al dojo, en el camino de vez en cuando miraba por encima del hombro a Ukyo, algo que a Ryoga le pareció muy extraño. ¿Qué están ocultando esos dos?, pensó. De pronto una idea surgió en su mente después de lo ocurrido, un plan que le ayudaría a conseguir el amor de Akane, pero solo necesitaba de dos cosas para ponerlo en acción: dejar de lado sus inseguridades y convencer a Ukyo de que participe en él.
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Saun Tendo tomó el micrófono con la intención de ofrecer un discurso a los asistentes, sin embargo estaba tan ebrio junto con su futuro consuegro, que al final quien tomó la palabra al final fue Nabiki Tendo. Todos escuchaban atentos, todos excepto Ukyo quien estaba con la mirada ausente en el fondo de su copa. De vez en cuando subía la vista y se encontraba con Ranma que la miraba de forma escrutadora, parecía que él estuviese molesto con ella por algo, pero la pregunta era ¿por qué? Quizá aún seguía molesto por la noticia que le dio acerca de dejar la ciudad antes de su boda. Una punzada de dolor atravesó su pecho y los recuerdos de la noche anterior llegaron como oleadas.
La lluvia comienza a caer sin tregua sobre la ciudad de Nerima. Ukyo da un último vistazo al local antes de cerrar por última vez el que fuera su hogar en estos años. La cocina luce solitaria y triste como una niña siendo abandonada por su madre, el mobiliario está apilado en un rincón cubierto con sábanas blancas; solas espera que el nuevo inquilino encuentre la alegría en este lugar como ella lo encontró en los últimos cinco años. Cocinar era su pasión y es el legado que heredó de su familia, no concebía su vida sin estar al frente de una plancha caliente preparando okonoyami para las personas. Sin embargo, esta vez debía pensar más en mi misma y tomar decisiones que cambiarán el rumbo de sus días.
Giró la llave, cerró la puerta y con ello también un capítulo en su vida. Llegó a Nerima con dos maletas, algunos yenes y la ilusión de encontrarse con el amor de su vida, creía que todo sería tan fácil como coser y cantar, sin embargo, jamás pensó que las cosas ocurrieran como sucedieron. Se dio la vuelta y tomó el mango de su maleta, en dos horas salía su tren a Gokayama, un pequeño pueblo cerca de las montañas, esperaba que el aire fresco de campo y la hospitalidad de su gente le ayude a escribir una parte nueva en su historia. De pronto una mano fuerte la tomó por el brazo, impidiéndole continuar con su camino.
—Así que es cierto lo que dicen, te vas de Nerima.
—Es lo mejor — responde Ukyo con amargura—. No hay nada que me haga quedarme aquí.
— ¿Y qué hay de mi?, eres mi amiga, no puedes abandonarme en el día más importante de mi vida —dijo Ranma, desconcertado.
—Lo harás bien, tonto. No me necesitas —le asegura Ukyo al tiempo que le propina un leve puñetazo en el hombro.
Ukyo mira a Ranma y divisa un destello de tristeza en sus ojos que le parte el corazón. Aprieta su maleta con fuerza, la decisión está tomada y no hay marcha atrás. Necesita poner distancia si es que desea enterrar sus sentimientos por Ranma.
—No te vayas, Ukyo…
Ukyo se da la vuelta, intentando ocultar sus lágrimas.
—Tengo que hacerlo, no es sano para mí y lo sabes —le dice ella en un hilo de voz.
—Lo sé, creí que ya lo habías superado —Ranma le confiesa.
—No es tan sencillo, necesito alejarme de aquí, espero lo entiendas.
— ¿Cuánto tiempo te irás? — pregunta Ranma, intrigado.
—El necesario —responde Ukyo volviéndome hacia él.
— ¿Al menos puedo acompañarte a la estación?
—Ranma, sabes que no me gustan las despedidas. Prefiero que sea mejor aquí y que todo quede bien entre nosotros —le dice Ukyo sin poder contener su llanto.
Ranma la envuelve en un abrazo y ella se deja llevar por su calidez. Sabe que debería detenerlo ya que en unos días se convertirá en el esposo de Akane y por ende en heredero del Dojo Tendo. Si alguien los ve puede malinterpretar todo y meter a Ranma en problemas con su novia, no obstante, esta es la última vez que Ukyo iba a estar tan cerca de él así que no dejaría pasar la oportunidad. Se embriagó con el aroma a sándalo de su piel, una punzada de dolor atravesó su pecho y se lamentó por todo el tiempo que dejó pasar acosando y tratando de forzar una relación con él.
Si tan solo hubiera sabido que conocería lo mejor de él siendo su mejor amiga, las cosas hubiesen sido diferentes.
Ranma la mira a los ojos y de pronto toma sus labios en un beso suave. Ukyo se quedó de piedra, no sabía si debía corresponderle o dejarse llevar por los deseos de su corazón. Su mente está envuelta en un fuerte dilema moral: por un lado Ranma ya es un hombre comprometido y está a horas de casarse con la mujer de su vida por lo que no es correcto lo que está sucediendo y debería detenerlo, pero por otra parte tal vez esta sea la única oportunidad que tenga de besar al chico que ama antes de tratar de olvidarlo para siempre.
Ukyo se aferró a su cuello y profundizó el beso. Y es entonces cuando la lengua de él invadió su boca, lanzando por la borda el último atisbo que le queda de cordura. Nunca nadie la había besado de esa forma, —a decir verdad nadie la había besado antes—, lo escuchó soltar un leve gemido y es ahí cuando ella volvió a su realidad: Ranma jamás estaría con ella y lo que está sucediendo entre ellos no debe de ser. Se alejó un poco rompiendo el contacto. Lo miró desconcertada, mientras él esbozaba una sonrisa triste. No entendía qué fue lo que lo llevó a besarla, su dolor por verlo tan mal es más fuerte que sus dudas; así que lo abrazó con fuerza al tiempo que susurro en su oído: —Todo estará bien.
—En serio, no te vayas —le dice Ranma dice poniendo su frente junto a la de ella.
—Debo hacerlo —le responde ella cerrando los ojos—. Es mejor así, cada quien siga su camino.
—Siempre te voy a recordar.
—Yo también, bobo —le dice Ukyo forzando una sonrisa.
—Siempre serás mi mejor amiga.
Esa última frase reafirmó su lugar en la vida de Ranma. Nunca sería su novia ni mucho menos su esposa… y aquello le dolía en el alma. Tomó su maleta y caminó hacia la estación de trenes, dejando a Ranma atrás…
Sin embargo, al final Ukyo decidió asistir a la fiesta de compromiso de Ranma. Cambió su pasaje de tren y se hospedó en una posada cerca de donde estaba su antiguo local de comida. Ahora estaba ahí con el corazón hecho añicos mirando como el amor de su vida se comprometía con otra mujer.
—Ukyo, necesito hablar contigo —le dijo Ryoga al oído.
— ¡Aléjate de mí, idiota! —exclamó entre dientes Ukyo, irritada.
— ¿Podemos salir un momento?, es importante —Ryoga insistió.
—Ni de broma —rechistó amenazándolo con una pala.
— ¿Y si te dijera que conozco una forma para que Ranma ponga sus ojos en ti de una vez por todas?
Ukyo se quedó pensativa. Sabía que Ranma estaba enamorado de Akane hasta la médula, ya que cuando conversaban, él no dejaba de hablar de lo que sentía por su novia y de lo mucho que le preocupaba no llegar a ser el esposo que Akane deseaba. No obstante, el hecho de que la besara la noche anterior ponía un poco en duda su discurso acerca del amor que le profesaba a su prometida.
¿Y si Ranma sentía algo por ella?
Aquella posibilidad flotó en la mente de Ukyo primero como una nube gris que fue convirtiéndose en luz cuando recapituló un poco los hechos de la noche anterior. No tenía explicación el beso entre ambos, es decir, solo eran amigos y los amigos no tienen ese tipo de muestras de afecto, no se atrevía a preguntar sus razones del porqué lo hizo, ya que lo mejor era no volver a hablar del asunto.
—Está bien, si no quieres hablar de ello ahora lo entiendo—dijo Ryoga, derrotado. Pero piénsalo, a Ranma no le hizo mucha gracia vernos juntos y eso es algo que podrías usar a tu favor. Te espero esta noche, ya sabes dónde encontrarme.
Ukyo se quedó pensativa al tiempo que miraba como Ryoga se abría paso entre la multitud.
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La noche cayó sobre Nerima, trayendo consigo algunas nubes negras, señal de que pronto se avecinaba una tormenta. La brisa fresca corría presurosa entre las copas de los árboles. Ukyo miraba pensativa el boleto de tren que la llevaría a Gokayama al siguiente día por la mañana, su corazón era una vorágine de sentimientos que iban desde la tristeza de tener que abandonar la ciudad, el dolor de perder al hombre que amaba y ahora la curiosidad acerca de los planes de Ryoga con aquella propuesta descabellada que tenía en mente.
Si algo aprendió de su experiencia con Ranma era que forzar las cosas no siempre resulta bien. El día que decidió dejar de perseguirlo fue cuando su relación con él comenzó a mejorar al punto de convertirse en mejores amigos. Se dio cuenta de que podían pasar tiempo juntos, claro no como ella hubiese querido pero al menos aceptó que no era tan malo además de que todavía podía estar cerca de él.
Cuando Ranma le contó de sus intenciones de casarse con Akane y de que ya contaba con la bendición de la familia Tendo, Ukyo se dio cuenta que era tiempo de alejarse y enterrar sus sentimientos por él. La amistad ya no le bastaba y su corazón comenzaba a sufrir los estragos del desamor cada vez de manera más profunda, conforme la relación de Ranma y Akane se iba formalizando.
Una lágrima rodó por su mejilla y se limpió con el dorso de la mano. A lo lejos diviso una silueta que le resultó familiar. De inmediato recobró la compostura y guardó el boleto de tren en el bolsillo de su blusa.
—Ranma —dijo Ukyo, sorprendida—. ¿Qué haces aquí?
—Vine a verte —respondió, encogiéndose de hombros.
— ¿Y qué hay de Akane?, ¿acaso no viene contigo?
—Está en casa con sus hermanas, están hablando de detalles acerca de la boda. La verdad comencé a sentirme un poco asfixiado y les dije que saldría a caminar un poco—dijo en tono despreocupado—. ¿Y Ryoga?, pensé que estaría aquí contigo.
Ukyo no supo qué responder. Estaba tan sumida en su propio dolor que olvidó la escena del beso en la fiesta de compromiso. Maldijo a Ryoga por atreverse a besarla, sin duda se aprovechó del momento para su beneficio y eso era algo que no le iba a permitir.
—Bueno… yo —comenzó a decir Ukyo pero Ranma la interrumpió.
—Entonces, ¿es verdad que te gusta Ryoga?
Ella lo miró a los ojos y notó que estaba un poco molesto. Si bien podía decirle que Ryoga no le interesaba, decidió indagar un poco para ver cuál era la reacción de Ranma.
—No lo sé… aún. ¿Hay algún problema con eso? —inquirió Ukyo, fingiendo indiferencia.
—No, es sólo que nunca lo mencionaste —respondió Ranma, sorprendido.
—Es un buen tipo, un poco desorientado y torpe, pero no es mala persona —Ukyo se acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja y se apoyó de brazos en la barandilla del porche—. Además, estabas tan nervioso con tu compromiso con Akane que no quise abrumarte con mis cosas.
—Me alegra que estés saliendo con alguien —Ranma se puso junto a ella.
—No te ves muy animado —soltó Ukyo volviéndose hacia él—. ¿De verdad te importa tanto que salga con Ryoga?
—Eres mi amiga y me molesta un poco que no confiaras en mí, además que me tomó por sorpresa la noticia—dijo él, pensativo—. ¿Entonces te quedarás en Nerima?
—Tal vez —replicó mirando hacia el cielo.
Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. Ukyo y Ranma se alejaron de la barandilla y se resguardaron bajo el techo del porche.
—Será mejor que vuelva a casa —dijo Ranma.
—Claro, Akane debe estar esperando por ti —Ukyo esbozó una sonrisa forzada.
— ¿Nos vemos después? —inquirió Ranma.
—Por supuesto.
Ranma se alejó de la posada y tomó el camino de vuelta al dojo de la familia Tendo. Ukyo lo miró alejarse sorprendida por su reacción ante su supuesta relación con Ryoga, parecía que le molestaba la idea que ella saliera con alguien más y eso era muy extraño. Entonces se dio la vuelta y volvió a la posada con una sonrisa en los labios pensando que quizá no sería tan descabellado aceptar la propuesta de Ryoga.
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— ¡Maldición! —espetó Ryoga mirando la lluvia desde su campamento, debajo de la copa de un árbol.
No entendía qué hacía ahí esperando en medio de la noche, Akane pronto se convertiría en la esposa de Ranma, así que no tenía nada que hacer en Nerima; además dudaba de que Ukyo acudiera a buscarlo, seguro aún seguiría molesta por el asunto del beso. Ryoga se llevó la mano a la boca y sonrió al recordar los labios de Ukyo sobre los suyos, si bien no se portó como un caballero con ella, tenía que admitir que fue muy agradable sentir su suavidad y calidez por un momento.
—Eres un idiota, seguro debe estar furiosa contigo —se recriminó a sí mismo.
El agua de la tetera comenzó a bullir lanzando un chillido. Ryoga sirvió un poco de té y se sentó frente al fuego. Pensó en su vida errante, algunos viajes para mejorar su técnica en combate y otros, —por no decir la mayoría de ellos—, estaba perdido o no sabía cómo llegar a su destino. Cualquiera que fuese el motivo, comenzaba a sentirse cansado de no estar en un lugar fijo, echaba de menos su casa y algunas veces a sus padres quienes a pesar de estar acostumbrados a su ausencia, en este momento quizá estarían preocupados por él. Aprendió que la soledad es un buen lugar para llegar pero un mal lugar para quedarse, en su fuero interno deseaba una vida estable y convencional; una familia, un hogar y vivir el resto de su vida con la mujer que amaba. Quizá por ese motivo envidiaba un poco a Ranma, ya que estaba a muy poco de conseguir las cosas que él deseaba para sí mismo.
De pronto escuchó que un ente se abría paso entre la lluvia, volando por el aire. Extendió su mano izquierda y tomó el objeto sin voltear la mirada. Notó que se trataba de una pequeña pala de cocina y sonrió divertido.
—Veo que viniste después de todo —dijo Ryoga mirando por encima de su hombro.
— ¿Qué tienes en mente, Ryoga? —inquirió Ukyo caminando desde las sombras.
Holi!
Aqui les traigo esta nueva historia, esta vez con Ryoga y Ukyo como protagonistas. Desde que escribí el shot de Simplemente amigos, me sentí muy cómoda escribiendo acerca de ellos dos y decidí hacer un nuevo fic esta vez un poco más ambicioso.
Agradezco infinitamente a KorivNuri por apoyarme y revisar este capítulo. Lov u mom!
Muchas gracias por pasarse a leer.
Los quiero!
