**Todos los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***

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"Fingir que todo está perfecto mientras duele"

Anónimo

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Ukyo no entendía qué hacía en el parque Shakujii en medio de la noche, de lo único que estaba segura era de que era probable que esa misma noche terminaría haciendo un pacto con el diablo.

Ryoga le dedicó una sonrisa burlona y sirvió dos vasos de té, le ofreció uno y ella lo tomó con un poco de recelo.

—Anda, es sólo té, no pienso envenenarte —dijo Ryoga, burlándose.

—Gracias —Ukyo se sentó cerca del fuego, quedando frente a Ryoga.

—Me alegra que aceptaras mi propuesta — comentó Ryoga.

—Yo no he aceptado nada, primero dime que te traes entre manos. ¿Por qué dices que conoces una forma en la que Ranma se fijaría en mí? —inquirió Ukyo, intrigada.

Ryoga dio un sorbo a su té y se quedó en silencio por un momento.

—Cómo sabes, paso mucho tiempo en la casa de los Tendo en mi otra forma.

—Quieres decir como un cerdo —Ukyo lo interrumpió y se burló.

—¿Quieres dejar de burlarte?, esto es importante —la reprendió y continuó: —Me he enterado de algunas cosas interesantes acerca de la relación de Ranma y Akane.

—¿Qué cosas? —Ukyo seguía sin entender nada.

—Sé que Ranma y tú son muy buenos amigos desde hace un tiempo.

—Eso no es una novedad y además todo el mundo lo sabe —soltó Ukyo, irritada.

—Si, lo que no sabes es que su amistad es incómoda para algunas personas, sobre todo para Akane. No le gusta mucho la idea de que su prometido frecuente a otra chica que no sea ella —confesó Ryoga.

—Pero yo dejé a Ranma tranquilo —dijo Ukyo, sorprendida—. Ranma fue quien comenzó a buscarme, pero solo somos amigos. Akane no debería sentirse amenazada.

—Lo sé, Akane le confesó a P Chan que estaba cansada de que Ranma no dejara de hablar de ti cada que tenía oportunidad. Incluso ese fue el motivo principal por el cual se apresuró la boda.

Ukyo se quedó sin palabras. La confesión de Ryoga alimentó aún más sus esperanzas de conquistar al hombre que amaba. Un hormigueo recorrió su piel y no pudo evitar dejar de sonreír.

—¿Y dónde entras tú en todo esto? —inquirió Ukyo.

—Akane está dolida y molesta. Dijo que deseaba hacer sentir a Ranma un poco del dolor que le estaba infringiendo—Ryoga sonrió—. ¿Quién soy yo para no ayudarla a fastidiar a ese idiota y de paso conquistarla?

—Cerdo aprovechado —Ukyo soltó una carcajada.

—Soy un visionario—presumió Ryoga con arrogancia—. Lo único que tenemos que hacer es estar cerca en el momento adecuado. Escuché que Akane le dijo a sus hermanas que deseaba tener una boda menos tradicional y que estaba sopesando la posibilidad de pedirte que fueras una de sus damas de honor.

—¡Es una locura! —exclamó Ukyo escupiendo el té.

—Es sólo un rumor —dijo Ryoga, intentando calmarla—. Entonces, ¿aceptas colaborar conmigo? No tienes nada que perder, si las cosas salen mal puedes retomar tus planes de dejar Nerima y olvidarte de Ranma.

Ukyo se quedó pensativa. Para ser un bobo distraído, Ryoga era muy persuasivo y manipulador.

—Tendrías que establecerte en Nerima por un tiempo —dijo Ukyo.

—Lo tengo resuelto, no te preocupes por eso —aseguró Ryoga de mala gana.

—Y tendremos que continuar con la farsa de que tú y yo salimos juntos.

—Eso también lo tengo cubierto —Ryoga atizó el fuego.

—Si vamos a fingir que somos novios, deberíamos de tener algunas reglas —propuso Ukyo con vehemencia—. No quiero que te atrevas a besarme de nuevo de improviso.

—Me parece bien, si crees que fue agradable besarte frente a todos, estás muy equivocada —dijo Ryoga, molesto.

—¡Eres un idiota! —Ukyo le lanzó una pala pequeña golpeándole la cabeza.

—¡Eres salvaje! —chilló él.

La lluvia comenzó a dar tregua. Podía sentir la fragancia húmeda de la tierra bañada por el agua. El viento cesó y las nubes negras abandonaron el cielo para dar paso a un hermoso cielo cargado de estrellas. Ukyo se puso de pie, mientras que Ryoga la miraba sentado en la hierba como si fuese un niño reprendido.

—Primero, nada de besos en público a menos que sea muy necesario —propuso Ukyo como regla primera.

—Bien —Ryoga asintió y agregó: — Segundo, nada de muestras de cariño innecesarias, ya sabes, tomarse de la mano y esas cosas ridículas que hacen los enamorados.

—Lo acepto —Ukyo puso los brazos en jarras —. Por cierto, mi flor favorita es el lirio blanco y me gustan los dulces de arroz. Te lo digo porque si quieres que nos crean esta farsa, debemos ser lo más convincentes posible.

—Mi comida favorita es Gyudon y no me gustan los lugares cerrados, me hacen sentir nervioso— confesó Ryoga, avergonzado.

—Bien —Ukyo extendió la mano y se la ofreció a Ryoga—. Estoy dentro. Espero que sepas lo que haces, cerdo.

—Trato hecho. A partir de mañana comenzamos con nuestro plan, "mi cielo" —dijo Ryoga en tono burlón, estrechando la mano de Ukyo.

—Deja de decirme "mi cielo", me haces sentir incómoda. Será mejor que me vaya antes de que la lluvia vuelva.

—Por cierto, Akane me invitó a su casa mañana creo que van a dar algunos detalles de la boda, y como ahora serás mi pareja, tendrás que acompañarme —le informó Ryoga.

—De acuerdo. Con lo que me dijiste, no creo que a Akane le dé mucho gusto verme —dijo Ukyo con amargura.

—Ya te lo dije, solo está celosa de ti, además la dejará un poco más tranquila… y confiada… el hecho de que todos creen que salimos juntos —repuso Ryoga.

Ukyo se quedó pensativa. Tenía muchas dudas respecto al plan de Ryoga, ¿y si todo salía mal?, quizá Ranma terminaría odiándola por ayudar a su rival de amores a robarle a su prometida. Había mucho que perder, pero también había mucho que ganar si todo salía como esperaban. De pronto sintió la mano de Ryoga sobre la suya, sacándola de su ensoñación.

—Todo saldrá bien, ya lo verás —dijo él, animándola—. No se me hubiera ocurrido todo esto si no hubiese visto alguna posibilidad de éxito. La relación de Ranma y Akane está en crisis, lo único que haremos será tomar ventaja de todo eso. No estamos cometiendo un crimen, ¿o sí?

—A decir verdad, es un poco deshonesto, pero tienes razón —Ukyo sonrió y entonces fue consciente de que Ryoga sostenía su mano, soltándose de su agarre—. Será mejor que me vaya.

—Claro —Ryoga dio un paso atrás, sonrojado—. ¿paso a buscarte a tu local?

—Está bien.

Ukyo caminó hacia bosque, de vuelta al hostal donde se hospedaba. Debía retomar de nuevo su negocio, su casa, pero sobre todo su vida, esta vez poniendo en marcha el plan de Ryoga.

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La mansión de la familia Hibiki seguía siendo una de las más ostentosas y antiguas de todo el barrio. Con sus techos altos forjados en madera de nogal y teja de adoquín negro, su fachada clara y sus enormes ventanales cubiertos con finas cortinas de gasa, la casa tenía un aspecto muy elegante que la hacía destacar entre todas de la calle. Ryoga miraba el letrero que colgaba junto a la campana en la entrada, indeciso por entrar. No le entusiasmaba mucho la idea de volver al hogar de sus padres, pero en vista de que debía quedarse un largo tiempo en Nerima y de que deseaba darse un descanso de ser P-Chan la mascota de Akane, la única opción que tenía era regresar al lugar en donde vivió su infancia. Tomó el cordón de la campana y estuvo a punto de tirar de él para que algún sirviente abriera la puerta, pero recordó que él era parte de la familia, así que entró sin hacer ruido y caminó por el sendero de piedra hacia la entrada principal.

Nada había cambiado, la casa seguía igual desde que tenía memoria; el estanque en medio del jardín rodeado de musgos y flores silvestres, el viejo roble junto a la barda en donde pasaba horas jugando y entrenando cuando era niño, incluso la roca de granito partida en dos de cuando aprendió aquella técnica marcial cuando tenía doce años. Ryoga sonrió con un aire de nostalgia, sin duda su hogar le traía buenos recuerdos, aunque de pronto al mirar hacia el dojo familiar una punzada de dolor cruzó su pecho, obligándose a seguir su camino hacia la entrada principal.

—¡Ryoga! —exclamó una voz profunda y masculina a lo lejos—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Ryoga sonrió de medio lado.

—A mí también me da gusto verte, papá —respondió Ryoga con sarcasmo.

Ichiro Hibiki se acercó a su hijo con paso firme. Vestido con su ropa de entrenamiento y la frente perlada en sudor, miraba a su único hijo con una mirada cargada de desprecio. Ryoga se mantuvo inerte sin bajar la vista, aunque en el fondo se sentía intimidado ante la presencia de aquel hombre, no le daría el gusto de mostrar su debilidad.

—No respondiste a mi pregunta —dijo Ichiro plantándose frente a su hijo.

—Vine a casa, ¿algún problema? —espetó Ryoga, molesto.

—No puedes ir y venir cuando se te pegue la gana, Ryoga —Ichiro lo reprendió.

—Estoy entrenando, sabes que es importante viajar para aprender técnicas nuevas y mejorar.

—¡Esas son tonterías! — se burló su padre—. Sabes que tú lugar era estar aquí, aprendiendo a dirigir el dojo familiar, no estar de trotamundos perdiendo el tiempo.

—Lamento que no estés de acuerdo con mis decisiones, papá. Pero debo decirte que he mejorado bastante desde la última vez que nos vimos—repuso Ryoga, con orgullo.

—Claro, tan hábil te has vuelto que no has sido capaz de vencer a Ranma Saotome—soltó Ichiro con veneno.

Ryoga se quedó en silencio. Sin duda su padre siempre encontraba una manera de hacerlo sentir miserable.

—Ese no es tu asunto —murmuró Ryoga, molesto.

—Siempre supe que ese chico tenía talento —dijo Ichiro—. Con los recursos y el entrenamiento adecuado logrará ser el mejor.

Ryoga apretó los puños y se dijo a sí mismo que volver a casa había sido una terrible idea.

—Siempre comparándome con Ranma, no cabe duda que no has cambiado nada, papá —soltó Ryoga con pesar.

Un silencio sepulcral se apoderó de los dos. Ryoga dio media vuelta y se encaminó a la salida. Prefería dormir bajo un puente que volver a compartir el techo con su padre. De pronto una mano cálida detuvo su andar y por el perfume a rosas que flotaba en el aire supo que era su madre quien lo sostenía por el brazo.

—¡Ryoga! —la mujer lo abrazó de forma efusiva—. ¡Me alegra que vinieras!

—Mamá… —Ryoga se dejó envolver por el calor de su madre—. Yo también te eché mucho de menos.

—¿Por qué no has escrito?, hace un tiempo que no tenía noticias tuyas.

Ryoga dio un paso atrás y observó a su madre. Minori Hibiki era una mujer bajita, de cabello oscuro, siempre vestida de forma elegante con un kimono de seda.

—He estado un poco ocupado —mintió. A pesar de no estar en casa, Ryoga siempre mantuvo el contacto con su madre, enviándole cartas o postales de los diferentes lugares que visitaba en sus viajes.

—¿Vas a quedarte? —inquirió su madre, suplicante.

Ichiro se acercó a ellos. Ryoga se quedó pensativo, si bien no estaba de ánimo para aguantar otra discusión con su padre, necesitaba un lugar fijo para quedarse mientras su plan de conseguir a Akane estuviese en marcha y además, echaba mucho de menos a su madre y en el fondo deseaba pasar tiempo con ella.

—Pienso quedarme una temporada, si no te molesta, claro —respondió tomando la mano de Minori.

—Claro que no. Le diré a Mei que prepare tu habitación —dijo Minori, entusiasmada.

—¿Estás loca, mujer? —espetó Ichiro, molesto —. Tu hijo no puede ir y venir a casa cuando se le pegue la gana.

Ryoga notó como sus padres se miraron en silencio. No quería causar un conflicto entre ellos debido a su llegada. La tensión flotaba como una nube pesada y oscura, haciendo que el ambiente fuese incómodo para todos. De pronto notó como Ichiro bajó la vista, resignado. Ryoga, sorprendido, miró a su madre y se dio cuenta como ésta miraba a su esposo con una mirada asesina, por lo que tuvo que contener la risa.

—Anda hijo, entra, seguro debes estar muy cansado —dijo Minori en tono maternal—. A tu padre y a mi nos da gusto que vuelvas a casa.

Los tres entraron a la casa, dando la imagen de una familia normal. Ryoga sonrió al notar que la relación entre sus padres seguía como siempre: tal vez Ichiro tuviese un carácter difícil y siempre trataba de imponer su voluntad, sin embargo, al final se hacía lo que Minori deseaba.

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Ukyo esperaba, nerviosa, frente al portal de la casa de la familia Tendo. Miró de reojo a su compañero Ryoga, que no dejaba de rascarse la cabeza en señal de la terrible ansiedad que estaba sintiendo en ese momento. Ella tenía ganas de abofetearlo por haberla metido en ese embrollo de la "pareja feliz", sin embargo, recordó que fue ella quien aceptó la propuesta, y que su amor por Ranma fue quien la impulsó a continuar con esa farsa.

Se escuchó que alguien giraba la cerradura y de inmediato Ukyo se puso de lado de Ryoga y éste la tomó de la mano.

—Quedamos que nada de muestras de afecto en público —Ukyo lo reprendió.

—¿Quieres que nos crean? —la cuestionó Ryoga, irritado—. Ahora deja de quejarte y sonríe como si estuvieras enamorada de mí.

—¿Enamorada de ti? ni en sueños, cerdo —bufó ella.

La puerta se abrió y fue Nabiki quien los recibió. Los miró con extrañeza, como si el hecho de que ellos estuvieran juntos, fuera un suceso de algún universo alterno.

—Pasen —los invitó Nabiki, en tono frío.

Los entraron a la casa, cruzando el camino de piedra hasta llegar a la sala de estar. Ukyo se sentó junto a Ryoga, esbozando una sonrisa forzada. En la mesa del comedor había una montaña de revistas nupciales desperdigadas, muestras de tela para vestidos de novia y fotografías de diseños de ornato de flores para jardín. Entonces recordó una de sus últimas conversaciones con Ranma…

No luces como un novio feliz —dijo Ukyo antes de dar

¿Tanto se nota? —Ranma esbozó una sonrisa triste.

Si no quieres casarte ahora, ¿por qué no eres honesto con ella y le dices la verdad—lo cuestionó Ukyo. preocupada.

Ranma se quedó pensativo. A Ukyo le rompía el corazón ver a Ranma tan afligido. Se supone que en un tiempo se convertiría en el esposo de la mujer que amaba, sin embargo, en lugar de mostrar felicidad, él lucía con la expresión de un condenado a muerte.

Si quiero casarme, pero no como Akane quiere —respondió Ranma antes de comer un bocado de arroz.

No te entiendo —dijo Ukyo, intrigada.

Akane y sus hermanas quieren una boda por todo alto —confesó Ranma—. Algo no tan tradicional, con muchos invitados, un gran banquete y todas esas cosas que llevan las grandes bodas.

¿Y cuál es el problema? —inquirió Ukyo.

No me gusta mucho la idea de ser el centro de atención entre tantas personas. Me sentiría como un payaso en un circo.

Eres el novio, es normal que las miradas estén sobre ti todo el tiempo durante la fiesta —repuso Ukyo.

Yo quería algo más pequeño e íntimo —confesó Ranma—. Sólo la familia y algunos amigos.

No suena mala idea, ¿ya lo has hablado con tu novia? —preguntó Ukyo, con amargura. Detestaba dirigirse a Akane como novia de su mejor amigo, pero ya era tiempo de aceptar la realidad.

Lo hemos hablado —Ranma tomó una roca del suelo y la lanzó con fuerza hacia el prado—. Pero ya sabes cómo es ella de obstinada. Es sólo una fiesta, así que no es para tanto.

Ukyo se puso junto a él y también lanzó una roca hacia el prado.

Si es sólo una fiesta, ¿por qué te afecta tanto, Ranma?

No lo sé —Ranma se quedó mirando pensativo hacia el horizonte.

Tal vez solo estás asustado por el compromiso, es todo —dijo Ukyo intentando animarlo.

Sabía que para él no se trataba de una fiesta nada más, Akane lo estaba presionando a hacer las cosas a su modo, sin tomar en cuenta su opinión, si esto sucedía por una celebración, ¿qué les esperaba durante el resto de su matrimonio? Kasumi puso la charola del té en el centro de la mesa, Ryoga se puso de pie y Ukyo lo tomó por la manga de la camisa murmurando: —¿A dónde crees que vas, idiota?

—Voy al jardín a acompañar a Ranma, esto es más una reunión de damas de honor y no me necesitas —respondió Ryoga en voz baja.

—No me dejes sola —suplicó Ukyo mirando de reojo a Nabiki quien la veía de forma escrutadora.

—Lo harás bien —Ryoga la animó—. Piensa en todo lo que ganarás si todo sale como lo planeamos.

Ryoga salió de la sala de estar, dejando a Ukyo con el resto de las chicas. De pronto llegó Shampoo con una caja de entregas de su restaurante y se sentó junto a Ukyo.

—¿Shampoo?, ¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió Ukyo, sorprendida.

—Mi abuela se ofreció a hacer el banquete de bodas, así que vine a ver si ya tenían alguna idea del menú que van a ofrecer en la fiesta —respondió Shampoo—. Por cierto, me enteré que Ryoga y tú están saliendo.

—Si, es algo reciente, apenas nos estamos conociendo —admitió Ukyo, nerviosa.

—Me alegra por ustedes, veo que ya te disté por vencida con Ranma —Shampoo sonrió de forma maliciosa—. Con Kodachi Kuno a kilómetros de Nerima y tú saliendo con Ryoga, sólo queda impedir esta boda, robarme al novio y ser feliz para siempre.

—¿Acaso nunca te rindes, Shampoo?

—Soy una amazona, rendirse no está en mis planes—confesó Shampoo con veneno.

Ni en los míos —pensó Ukyo.

Akane entró a la habitación y se sentó junto a Kasumi, quien servía el té y ofrecía bocadillos. Ukyo miró a la futura novia y notó que su mirada era fría e inexpresiva, no quedaba nada de la chica amable e ingenua que conocía. Tal vez los nervios por la boda la tenían cambiada, pensó. Entonces recordó lo que Ryoga le confesó acerca de los problemas que ella tenía con Ranma y del deseo de venganza que comenzaba a gestarse en contra de su futuro esposo. Ukyo se sintió culpable de ser ella la razón por la cual Akane apresuró su boda, en un intento por alejar a su prometido de otra mujer.

—Bien, chicas. Las he citado el día de hoy para hacerles una proposición —anunció Akane en tono solemne—. Como saben en unos días Ranma y yo celebraremos nuestra boda, hemos decidido hacer una fiesta con nuestros mejores amigos, es por eso que me gustaría que fueran ustedes mis damas de honor.

—Con gusto, Akane —respondió Shampoo, entusiasmada.

—¿Qué dices, Ukyo? —inquirió Akane.

—Si, claro, me encantaría —respondió Ukyo, nerviosa.

—Si quieren podemos comenzar a hablar acerca de sus vestidos para la boda —dijo Nabiki hojeando una revista de bodas.

—¡Qué emoción! —exclamó Kasumi.

—Bien, entonces comencemos —dijo Akane mirando el muestrario de telas.

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Ryoga miraba a lo lejos la reunión de las chicas en la sala de estar. Se preguntaba si Ukyo estaba desempeñando bien su papel de novia enamorada, si bien, no había una amistad entre ellos, fingir un noviazgo iba a resultar complicado para ambos; sobre todo para él ya que no era capaz de disimular sus sentimientos frente a Akane. No se sentía cómodo sabiendo que estaba utilizando el despecho de Ukyo a su favor, pero liberaba un poco su conciencia con el hecho de que ella también saldría ganando como parte del plan.

—Tal vez fue una mala idea, después de todo —murmuró Ryoga mirando el estanque del jardín.

De pronto sintió un golpe seco en la espalda que lo empujó hacia el agua helada del estanque, hizo una maniobra en el aire y logró librarse de una buena empapada.

—Veo que has mejorado —dijo Ranma en tono burlón.

—¡Así que fuiste tú! —le reprochó Ryoga, molesto.

—Vamos, fue solo un juego —Ranma le dio una palmada en la espalda.

Los dos chicos miraron hacia la sala de estar en donde las chicas conversaban animadas entre revistas y trozos de telas de colores.

—Se ven muy animadas —dijo Ryoga.

—Ya sabes que las bodas son cosas de chicas —espetó Ranma, irritado.

—No te ves muy contento con el asunto de la boda, ¿acaso no estás seguro de tu compromiso con Akane? —lo cuestionó Ryoga con veneno.

—Claro que lo estoy —respondió Ranma, irritado—. ¿Y qué hay de Ukyo? ¿Desde cuándo salen juntos?

—Hace un par de semanas quizá —dijo Ryoga, despreocupado—. Ukyo es una chica increíble, algo salvaje e impulsiva, pero me siento bien con ella.

—Me alegra que sean felices —murmuró Ranma con cierto pesar.

—Tampoco te ves muy feliz por nosotros —Ryoga se burló y al mismo tiempo se sorprendió de que a Ranma le importara tanto Ukyo—. ¿Te gusta Ukyo?

—¡Qué idioteces dices! —Ranma golpeó a Ryoga en la cabeza—. Ella es solo una buena amiga.

—Lo siento, por un momento creí que te interesaba mi novia —espetó Ryoga sobándose la cabeza.

—Me importa porque es mi mejor amiga y quiero que sea feliz —confesó Ranma con amargura.

Ryoga lo miró y sabía que sus palabras iban más allá de una simple preocupación. Ahora entendía por qué Akane se sentía tan insegura, después de todo Ranma y él no eran tan diferentes en cuanto a ocultar sus sentimientos se trataba.

—Lo será —le aseguró Ryoga—. Como te dije, me interesa mucho, así que solo preocúpate de hacer feliz a Akane.

Los dos chicos se quedaron en silencio, mirando hacia el final del estanque. Ryoga continuaba intrigado por la reacción de Ranma y de pronto la luz de esperanza de conquistar a Akane se encendió en su corazón como una hoguera.


Hola!

Espero que les haya gustado este capitulo. Mi agradecimiento a Nelida Van Neil por darle el visto bueno a esta actualizacion.

Los quiero mil!