Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto.
Pareja: Kakashi X OC
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Capítulo 6.
Ninjas de Kiri
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Lo primero que Emiko vio al despertar fue el techo blanco del hospital de Konoha. Se sentía mucho mejor después de una noche de sueño y suero, casi ni había rastros de una posible resaca.
— Tengo que regresar a la capital... —pensó para sí misma, ya llevaba poco más de un mes en Konoha y las cosas no eran cómo las había imaginado.
— Buen día, ¿Se siente mejor? —preguntó la enfermera que la recibió en la noche.
— Mucho mejor, se lo agradezco mucho.
— Al contrario. —le quitó el suero y comenzó a acomodar las cosas para que la kunoichi se pudiera marchar. — ¿Desea que le demos algún medicamento para dormir?
Sí, sin duda quería más de esas pastillas para dormir, pero no podía darse ese lujo, debía estar alerta.
— No, estaré bien, pero muchas gracias.
— No olvide venir la otra semana, para darle más vitaminas, además Shizune-sama le manda esta dieta para que se recobre más rápido.
— Gracias.
Emiko salió del hospital y fue a su casa a ducharse y cambiarse la ropa. Un vez salió de nuevo en dirección a la torre del Hokage, de camino pasó al puesto de periódicos donde compró el periódico de la capital. No había muchas cosas interesantes, pero su viaje a Konoha ya no le pareció tan pertinente, por lo que pasó a la oficina de correos y pagó para enviar un mensaje a la capital.
¿Cómo están las cosas allá? ¿Hasta cuando me llamarán de regreso?
E. R.
Metió el pedazo de pergamino en un tubo pequeño que ató a la pata de un gran águila gris. Cuando el ave marchó, fue su turno para retomar su camino. Pronto llegó a la torre y se presentó ante la Hokage.
— Te ves mejor hoy, esos turnos nocturnos acabaron contigo, ¿Eh?
— Sólo necesitaba dormir un poco, agradezco su preocupación, Hokage-sama. —la chica se paró derecha frente a su líder.
— Bien, tengo dos cosas pendientes contigo. La primera es sobre la misión con Ino Yamanaka... —Emiko esperó otra ronda de regaños con la mirada baja. — Estuve pensando en lo sucedido y creo que no es una idea tan descabellada que las chicas aprendan un poco...
— ¿Habla en serio? — Emiko levantó la vista con sorpresa mientras Tsunade sonreía.
— En Konoha las misiones de seducción suelen estar asignadas solo a los ninja ANBU, precisamente por la información tan importante que consiguen, sin embargo no les haría mal a las chicas aprender un par de trucos, podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte. Creo que como miembro que eres del Kouka Toki podrás contarles algunas anécdotas que les sirvan.
— Hokage-sama, pongo mi experiencia a su servicio, si considera pertinente que las chicas están en edad suficiente...
— Ya son grandes, ¿A los cuantos años te uniste a ese grupo?
— A los 15 años, Hokage-sama.
— No hay mucha diferencia entre ellas y tu.
— De acuerdo.
— El otro asunto es... tengo una misión para ti, sé que eres chunnin pero confío en que sepas manejar una misión B... — Le estiró un pergamino. — Han habido una serie de asaltos en una villa que está cerca del límite de Konoha con la Arena, necesito que vayas y detengas a los asaltantes, esta misión se clasificó como B porque han muerto dos ninjas enviados previamente por la arena. Debes partir hoy mismo, recibirás apoyo en un par de días cuando regrese un equipo jounnin que salió hoy en la mañana.
— Entiendo, acepto la misión, Hokage-sama.
— Bien, regresa sana y salva.
— Sí, Hokage-sama.
Y salió de la oficina con la misión en sus manos.
Llegó a su casa, preparó su equipaje y finalmente sacó una caja de terciopelo negro. Al abrir la caja vio la espada de su madre, lista para ser colgada de su cadera. Tomó el metal entre sus manos y sintió su peso.
— Un día Ko-chan aprenderá a usar la ninjato de mamá...
— Pero pesa mucho... —exclamó una pequeña de siete años mientras levantaba con muchas dificultades la espada plateada.
— Es que aún eres pequeña, cuando crezcas serás capaz de llevarla contigo a todos lados. —su madre de largos cabellos castaños la besó en la frente. Pero aquel momento fue interrumpido cuando la puerta de la casa se abrió revelando el regreso de su padre.
— Papá... —Emiko corrió para saludarlo, pero antes de llegar, se detuvo de golpe al ver el rostro molesto de su padre.
— Ve a tu habitación ahora mismo... —ordenó el hombre de cortos cabellos negros.
La niña no lo dudó dos veces antes de salir corriendo hacía las escaleras que la llevaban al primer piso de la casa, pero se detuvo en el marco de su puerta, donde escuchaba la discusión de sus padres.
— ¿Qué sucede?
— Me encontré con el maestro de Emiko en la torre, le pregunté si ella se graduaría este año a lo que respondió que no, que aún no estaba lista.
— Aún es pequeña, Ryuji, deja que juegue y que disfrute su infancia, ya tendrá tiempo de sobra para ser un ninja...
— Es que no lo entiendes Sora, Kakashi acaba de aprobar el examen a Chunnin y Emiko ni siquiera puede salir de la academia...
— Deja de comparar a Emiko con Kakashi... deja de compararte con Sakumo... ni siquiera te has detenido a pensar si tu hija quiere ser una ninja... ella tiene otros talentos, sabe cocinar desde hace dos años, aprendió a leer desde los tres años, es una niña muy brillante pero la fuerza física no es lo suyo...
— Esas son ridiculeces...
— Shikaku Nara no es fuerte pero su mente es brillante, lidera la mayoría de los escuadrones de la aldea y aconseja al Hokage, es la prueba de que puedes servir a tu país sin una fuerza descomunal...
— Pues Emiko es mi hija y será digna del legado de los Ryuzara, a partir de hoy solo comerá la dieta ninja y después de la tarea entrenará hasta que consiga que la nombren genin...
— No puedes hacer eso...
— ¡Estamos en una guerra, Sora! —gritó con frustración. — En cualquier momento podemos ser llamados al frente y no solo eso, en cualquier momento podrían invadir la aldea y ella tiene que poder defenderse...
— Nosotros la protegeremos, por favor...
Emiko cerró su puerta y se dejó caer al piso con la espalda en ella. Trató de tapar su cabeza con sus brazos, pero los gritos de sus progenitores aún retumbaban en sus oídos. Sus padres nunca discutían, lo único que los hacía enfrentarse de aquella manera era su debilidad... si tan solo ella no existiera ellos podrían ser más felices...
Sacudió su cabeza para alejar esos recuerdos, pero la culpa se instaló como siempre que tenía esa espada en sus manos. Con un pesado suspiro, marchó siguiendo el mapa que le entregaron.
Caminó por un día entero hasta que al siguiente medio día llegó a la entrada de la pequeña villa y se presentó ante el líder del lugar.
— Soy Emiko Ryuzara y vengo de Konoha.
— Bienvenido, Ryuzara-san, bienvenida a la villa de Kotomaru... — El hombre la invitó a pasar a su hogar y le ofreció sentarse. — Nuestro problema empezó hace medio año, un grupo de bandidos se instaló en las cuevas que hay junto al lago que nos provee de agua y pesca. Al inicio solo pescaban sin permiso pero después empezaron a asaltar a nuestros pescadores y comerciantes que pasaban por la zona, son alrededor de una docena. Hace dos meses empezaron a venir a la villa y saquearon la mitad de nuestras provisiones de comida. Como algunos de esos sujetos tenían una bandana de la Arena, primero contratamos a dos ninjas de la arena, pero fueron asesinados por la espalda, son unos rufianes sin honor.
— ¿Dice que se encuentran en las cuevas junto al lago?
— Sí, me temo que cuando los ninjas de la arena los buscaron, ellos fueron a esconderse en la oscuridad de las cuevas, que son como un laberinto, parece que ellos las conocen bien porque se ocultan y usan como un terreno oscuro donde pelear.
— Entiendo. Iré a dar un vistazo a los alrededores para conocer el terreno, si sucede algo, por favor lance esta bengala al cielo y yo vendré enseguida, ¿De acuerdo?
— Sí, —dijo el hombre mientras recibía el fuego artificial.
Emiko dejó su equipaje en ese lugar, porque ahí mismo le darían hospedaje al ser una villa tan pequeña. Lo único que llevó consigo fueron sus armas ninja y la espada tipo ninjato atada a su cintura. En poco tiempo recorrió toda la aldea, se notaba la preocupación en el rostro de las personas y le preocupó ver a los niños tan delgados, realmente era urgente terminar con esa banda de ladrones. Al atardecer, marchó a la casa del líder de la aldea, donde cenó y durmió un poco, su búsqueda empezaría a la media noche.
— ¿Está segura de que es una buena idea? —preguntó el hombre cuando veía a la chica alistarse para salir.
— No se preocupe, soy un ninja sensor, la oscuridad solo me dará la ventaja para esconderme... aunque exploraré la zona, veré si hay alguna ventaja que pueda tomar...—había dicho antes de irse en dirección al lago.
Emiko salió de la villa y con sigilo fue moviéndose por las ramas de los árboles en busca del lago, no pasaron ni cinco minutos cuando pudo ver la gran fuente de agua, donde se reflejaba una luna en cuarto creciente. Del otro lado del lago vio una fogata, por lo que continuó avanzando en silencio por las ramas. Una vez estuvo cerca de las personas que acampaban en la entrada de la cueva junto al lago y pudo confirmar que se trataba de su objetivo pues la señas físicas eran las mismas que venían en su pergamino de misión; en total contó a dieciséis hombres de entre treinta y cuarenta años. Los más pequeños portaban espadas, mientras los más fornidos parecían confiar en su fuerza al no mostrar armas en su atuendo.
Quedaba descartada una estrategia de seducción, eran demasiadas personas como para acercase sin un equipo de apoyo. Por otro lado, parecían estar bien organizados y tenían grandes suministros de pólvora, eso era un problema si decidían incendiar la villa.
La pelinegra sonrió, un pequeño ataque sorpresa podría reducir su número, y en ese caso podría matar con su espada a los que sobrevivieran. Emiko sacó un kunai al que le pegó un sello explosivo, y en silencio, se acercó al árbol más alto y se aseguró de que su lanzamiento no fallara. Lanzó y sin ver si atinó, comenzó a saltar de rama en rama hasta que llegó a un grueso roble donde se cubrió y el fuerte sonido de una explosión la dejó sorda por unos segundos. No estaba tan cerca, pero la onda explosiva logró quemarle mechones de cabello y su piel expuesta comenzó a arder un poco. Cuando el calor de la explosión disminuyó, bajó de un salto y mimetizándose con las sombras, se acercó para verificar su trabajo. Conto doce cuerpos con quemaduras bastante graves, quedaban cuatro de los que no se veía ningún rastro.
— ¿Tu lo hiciste? —una voz a sus espaldas la hizo voltear.
— Solo estaba de paso. —respondió la chica pero brincó al sentir una lluvia de shurikens en su dirección y sin mucho esfuerzo desenvainó la espada y de un tajo terminó con el hombre que le había hablado. — Trece.
Se quedó quieta esperando el ataque del los tres hombres faltantes, pero la noche se quedó en absoluto silencio. Pero la chica sabía que solo era una tregua, que los tres hombres restantes aparecerían tarde o temprano.
Sacó un pequeño paño que guardaba en su portakunais y se sentó junto al lago, en espera de los otros hombres. Colocó su espada frente a ella y comenzó a limpiar la sangre con calma y en silencio, en momentos así se preguntaba si su padre estaría orgulloso de ella.
— Seguramente no, él apreciaba la fuerza física más que otra cosa... —pensó mientras el olor a quemado inundaba sus fosas nasales.
— Les dije que era una estupidez almacenar la pólvora en el campamento, te agradezco que te deshicieras de ellos... quedan más ganancias para mi.
Uno hombre de cabellos blancos pero de apariencia juvenil apareció desde las profundidades de la cueva.
— Yo lo agradezco, hizo las cosas más fáciles. —respondió la chica mientras alzaba su espada de nuevo.
— ¿Suna se asustó y decidieron mandar ninjas de Konoha? Escuché que son buenos, pero no pensé que se tomaran la molestia de venir.
— Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, cuidar de los ciudadanos del país del fuego.
El hombre rio a carcajadas.
— El país del fuego no es más que un puñado de ciudades que pagan impuestos, las villas como ésta están abandonadas a su suerte.
Emiko guardó el paño y envainó la espada de su madre.
— Bueno, ya estoy aquí y me temo que debo arrestarte, Konoha protege esas villas que ustedes se atreven a saquear.
El hombre la miró fijamente.
— No hoy, ve a decirle a los pueblerinos que se preparen... quiero el resto de sus provisiones en dos días, de otra forma los mataremos a todos y nos llevaremos a sus mujeres.
— ¿Crees que permitiré eso?
El hombre negó con una mano.
— Una simple kunoichi no es rival para nosotros, como agradecimiento por deshacerte de los estorbos te dejaré ir esta noche.
Emiko sonrió con ironía, ese sujeto le recordaba un poco a su padre...
— No me subestimes, muchos lo han hecho y ya no están en este mundo.
— Tienes agallas, ninja de Konoha... Dos días... —y el hombre de blancos cabellos desapareció en una neblina.
—Kiri, son ninjas de kiri...—susurró Emiko mientras emprendió la vuelta a la villa. Por suerte a su regreso todo seguía calmo y en silencio, excepto la casa del líder, quien la esperaba con las velas encendidas.
— Oí una fuerte explosión...
— Me encargué de al menos trece de los bandidos... —Emiko se sentó frente a la mesa mientras desabrochaba la espada de su cintura. — Pero quedan los más fuertes, mínimo tres más.
El hombre asintió.
— En dos días vendrán a saquear por completo la aldea, necesito que evacue a las personas más vulnerables y que los hombres que puedan pelear, se queden a defender sus hogares, yo pediré refuerzos a Konoha pero creo que será complicado pelear aquí, parecen ser ninjas de kiri y están en su elemento gracias al lago.
El rostro del líder perdió el color por completo.
— ¿De verdad podrá contenerlos hasta que lleguen los refuerzos?
La mujer negó.
— Mi trabajo es protegerlos y acabar con ellos, confíe en mi y apóyeme con las indicaciones que le di.
— Por supuesto, Ryuzara-san, yo gestionaré el desalojo.
— Bien, iré a dormir un poco, mañana empieza la cuenta regresiva.
El día siguiente fue tranquilo y la kunoichi ayudó a empacar algunas carretas, así como a subir a los niños a los animales de carga que se los llevarían. Ayudó a que los hombres que acompañarían a los ancianos y a los niños se armaran y les dio bengalas para lanzar en caso de emergencia.
Cuando marcharon, Emiko comió junto con los aldeanos que se quedaron y les explicó su plan. Ella les tendería una trampa en la entrada de la aldea, y con ayuda de un clon buscaría llevarlos a pelear lo más lejos posible de la aldea y del lago, pero que si llegaba hasta ellos alguno de los bandidos, lanzaran bengalas para que ella pudiera regresar a ayudarlos.
— Es demasiado para una persona. —comentó la mujer del líder.
— Konoha ya respondió a mi llamado, dos jounnin se acercan por el sur, deberían llegar durante el enfrentamiento, pero en caso de que yo no regrese, escóndanse hasta que ellos lleguen. Además, en cuanto ellos pongan un pie aquí, irán hacía las bengalas, así que no duden en usarlas.
Lo aldeanos asintieron y le agradecieron su apoyo. Nadie pudo pegar el ojo, por lo que se ofrecieron a hacer una guardia para que Emiko durmiera un poco antes del enfrentamiento. A los primeros rayos del sol, Emiko se levantó y ató su espada a la cintura, verificó tener suficientes kunais, shirukens, bombas de humo y pergaminos explosivos en sus bolsas y salió para poner sus trampas a lo largo y ancho de la villa, haciendo mayor énfasis en la orilla de la aldea que colindaba con el lago.
Un silencio mortal reinó durante todo el día, Emiko puso su mano derecha sobre la empuñadura de su espada ninjato y se recargó en un árbol que estaba en la entrada principal de la aldea.
— No encuentro mi espada... —Sora Ryuzara subía y bajaba por la casa mientras un molesto Ryuji la esperaba en la puerta.
— Te he dicho mil veces que no la dejes botada en cualquier sitio. —el hombre empezó a leer el pergamino que tenía entre sus manos.
— ¿Emiko, no has visto mi ninjato? —preguntó la mujer.
La pequeña de ocho años negó con la cabeza.
— Mi cumpleaños será en dos semanas, ¿volverán a tiempo?
Ryuji negó con la cabeza.
— Esas cosas pierden importancia cuando eres un ninja, vamos a pelear por el futuro de la aldea y el tuyo, sé un poco más agradecida.
— Lo siento... —se disculpó la niña mientras guardaba silencio.
— Dejé comida congelada, ten cuidado con la estufa y no salgas en la noche. Si tienes algún problema ve con Biwako-sama, ella te ayudará, ¿Entendido?
Emiko asintió mientras su madre respiraba vencida.
— Es tarde... —Ryuji se quejó.
— Vámonos ya, la buscaré a mi regreso...
— Mami... no puedes irte sin tu espada... —le dijo Emiko mientras la sostenía de su chaleco ninja.
— Las armas no hacen a un ninja, lo hace su habilidad, nunca lo olvides.
Y con una breve caricia en su cabeza, sus padres se marcharon sin mirar atrás.
— Pero tal vez hubieras sobrevivido si te hubieras llevado tu espada, mamá... —susurró mientras activaba su jutsu de rastreo.
En la capital aprendió a liberar su chakra y con ello sentir las presencias a su alrededor, era muy útil cuando querían detectar a ninjas en reuniones civiles o cuando había que custodiar al señor feudal cuando había muchas personas alrededor. Había aprendido a identificar cuando un chakra se agitaba o era perturbado, también podía sentir el instinto asesino y la excitación en las personas.
Respiró profundamente y justo cuando el cielo empezó a pintarse con tintes naranjas, el mismo hombre de cabellos blancos apareció frente a ella.
— Es muy loable tu esfuerzo, pero cuando terminemos con este lugar iremos a la aldea donde evacuaron al resto de las personas, me agradas mucho, haces las cosas más fáciles para nosotros.
Emiko apretó la empuñadura de su espada.
— Si es que logran pasar a través de mi. — Desenvainó su espada mientras el bandido alzaba una mano y junto a él aparecían tres hombres más.
— Es una lastima, todos somos de Kirigakure, me temo que un simple ninja no es gran oponente para nuestras habilidades, dos ninjas de suna apenas fueron un chiste.
La habilidad sensorial de Emiko le confirmó que todos se sentían tranquilos, tendría que confiar en sus trampas y en su plan.
— Bueno, no sabremos hasta que lo intentemos... —Emiko sonrió, nada le encantaría más que morir en combate, tal como su madre.
— Bonju, despeja la entrada.
Un hombre fornido, con una gran hacha en sus manos comenzó a caminar en dirección a Emiko, cuando estuvo lo suficientemente cerca, pisó uno de los cables transparentes que la chica había puesto y una lluvia de kunais cayeron sobre el hombre que los repelió con su hacha, pero pronto cayó cuando Emiko saltó sobre él y le clavó la espada ninja en la garganta.
— Buen espectáculo, eres rápida y usaste un elemento sorpresa... es el turno de ustedes dos.
Los otros dos ninjas eran delgados y de cabellos azules, se parecían mucho, quizá eran hermanos o algo parecido, pero Emiko no tuvo mucho tiempo para pensarlo, pronto se lanzaron contra ella, quien repelió sus ataques con kunai con evidente dificultad, los dos sujetos peleaban de manera sincronizada y apenas esquivaba a uno, el otro ya estaba tratando de cortarla por el otro lado. Juntando chakra en sus pies Emiko llegó hasta una rama de árbol dispuesta a correr pera llevarlos a su siguiente trampa, cuando el hombre de cabellos blancos le cortó el paso.
— No nos alejarás del lago, es más, mejor vayamos a hacía allá... — Y de una patada la derribó del árbol.
Emiko cayó de pie, pero todo sucedió demasiado rápido, cuando los dos hombres con los que había estado peleando se convirtieron en cuatro al usar clones de agua. Ellos volvieron al ataque y Emiko solo podía esquivarlos mientras las cuatro pares de manos de hacía retroceder con dirección al lago.
La chica era usuaria del elemento viento, pero nunca había sido capaz de hacer algo más que añadir filo a su espada usando su chakra, una técnica cortesía de Asuma, pero en esos momentos lo que más necesitaba era crear un poco de espacio para que pudiera tener tiempo de contraatacar.
Cuando llegaron a la orilla del lago, los dos clones desaparecieron pero en su lugar los dos ninjas de kiri hicieron sellos y una larga tira de agua la sujetó de los pies y la arrastró, haciendo que soltara su espada antes de ser arrojada dentro del lago. Apenas alcanzó a meter un poco de aire a sus pulmones cuando uno de sus oponentes llegó hasta ella y con una gran sonrisa comenzó a estrangularla, pero entre el ambiente turbio, Emiko alcanzó su portakunais y alcanzó uno, con el que apuñaló al hombre en la garganta de nuevo. El agua comenzó a pintarse de rojo, pero una vez libre de su agarre, nadó hasta la superficie, donde boqueó desesperada en busca de aire.
— Vas muy bien, ninja de Konoha. — El hombre de cabellos blancos estaba parado sobre el lago, mientras el otro sujeto de cabellos azules hacía unos sellos que hicieron que la chica quedara atrapada en una burbuja de agua. — Atacas directo a la yugular, eres demasiado sangrienta para ser un ninja de Konoha.
Pero Emiko no oyó nada, estaba golpeando las paredes de su encierro pero ni los kunais lograban romper la burbuja.
— Termina con ella rápido, es hora de ir por nuestro botín. — Dijo el líder del grupo mientras se daba la vuelta, cuando de pronto escuchó un fuerte golpe en el agua y al voltear vio que la chica atravesó el pecho de su subordinado, mientras se deshacía el jutsu de cárcel de agua. — No te ves muy bien, ninja de Konoha, apenas y puedes mantenerte de pie, así que dime, ¿Cómo lo hiciste?
Emiko sacó el kunai que mostró estar impregnado de chakra.
— Aún faltas tu. —respondió ella mientras el cuerpo sin vida del hombre de cabellos azules se hundía en el lago.
El hombre de cabellos blancos comenzó a hacer unos sellos, pero antes de que pudiera terminar, la chica le arrojó varios kunais con sellos explosivos que le obligaron a moverse, entonces ella brincó sobre él, lista para apuñalarlo cuando él la tomó del brazo y la lanzó dentro del lago, pero entonces ella salió y volvió a enfrentarlo en un combate de cuerpo a cuerpo, que no duró mucho porque él consiguió hacer sus sellos y un gran remolino comenzó a formarse debajo de ella. La chica trató de saltar hacía la orilla, pero el hombre le aplicó una llave que pretendía sacarle el aire de los pulmones antes de hundirla. En la desesperación, Emiko le clavó un kunai en el brazo, pero a pesar de la abundante sangre que brotó, no solo no la soltó, sino que la arrojó al remolino que se la tragó de inmediato.
— Estúpida ninja... — Sujetó su brazo con dolor. — Yo gané, con un brazo me es suficiente para ir por mi botín...
Pero de pronto sintió dos presencias detrás suyo y vio a dos ninjas más de Konoha. Uno de traje escandalosamente verde se apresuró a llegar y sostenerlo del cuello mientras otro de cabellos grises hacía varios sellos que invocaron a un dragón de agua que sacó a la chica y la dejó en sus brazos.
— ¿Por qué Konoha se toma tantas molestias por una estúpida aldea en medio de la nada?
— Todas las villas del país del fuego son importantes, todas mantienen el comercio funcionando, todas aportan su cultura y sus riquezas para que seamos un país próspero. —dijo Maito Gai mientras este se encargaba de dejarlo inconsciente. — Yo me encargo, lleva a Ko-chan a la orilla.
Kakashi suspiró mientras cargaba a la chica en forma de princesa ya que al parecer no podía estabilizar su chakra para caminar sobre el agua por el momento, estaba demasiado cansada. Al llegar a la orilla, la soltó con cuidado y ella se alejó para recargarse en un árbol para continuar expulsando toda el agua que había entrado a sus pulmones.
— ¿Estás bien? —preguntó el peliplateado.
— Lo estoy... —respondió la chica con dificultad—…estúpidos ninjas de kiri...
— ¿La Hokage no sabía que eran usuarios de un elemento?
La chica negó.
— Se suponía que solo era una banda de ladrones tumultuosa, eso estuvo muy cerca.
— Demasiado, diría yo...
— Ryuzara-san... — El líder de la aldea llegó corriendo hasta ella cuando a lo lejos la vio acompañada de otro ninja de Konoha. — ¿Está bien?
— Ya pueden estar tranquilos... —Emiko se dejó caer en el piso y se recargó en el árbol. — Kakashi-san se hará cargo del resto... yo dormiré un poco...
Usar su habilidad de rastreo la agotaba bastante, sin olvidar los combates que le habían exigido un uso desmedido de su chakra, por lo que después de todo el esfuerzo físico, se abandonó a un sueño reparador.
— Oye, ésta es tu misión... —se quejó Kakashi mientras la veía cerrar los ojos.
El hombre comenzó a reír aliviado.
— Es una gran ninja, ella no estaba segura de poder ganar pero tampoco abandonó su misión.
— ¿Por qué lo dice?
— Ordenó evacuar a la gente más vulnerable y nos armó al resto para pelear, ella esperaba poder cargar con la mayor parte y que lo termináramos por ella.
Kakashi negó, seguía siendo terca.
— Tuvimos suerte de llegar a tiempo... —suspiró Kakashi mientras veía al hombre hacer señas a los otros aldeanos para que salieran.
— ¡Ryuzara-san y los ninjas de Konoha ganaron!
Todos gritaron de alegría.
— Vamos a llevarla a dentro... le dará una pulmonía si duerme así... —la esposa del líder llegó hasta la chica y le quitó el pesado chaleco jounnin mientras dos hombres más la sujetaban.
— Tu eres el mayor, así que tu deber es cuidarla ya que es la hija de mis preciados compañeros, solo tienes que ser paciente... —Kakashi escuchó la voz de su padre regañarlo y suspiró cansado.
— Yo la llevaré, solo digan dónde la pongo...
— Por aquí, ninja-san...—indicó la mujer. — No olviden su espada, está por allá...
Kakashi tomó el cuerpo de la chica, la cargó contra su pecho y siguió a la mujer quien los llevó a una pequeña casa con un futon en la sala donde pudo reconocer una mochila de viaje ninja.
— Le voy a quitar su ropa y poner nueva para que duerma seca, sosténgala firmemente... —la mujer se arremangó la blusa y se amarró el cabello.
— No se preocupe, es una ninja, resistirá un poco de humedad... —Y eso era cierto, los ninjas a veces dormían en peores condiciones, aunque su verdadero motivo era que no quería que la desvistieran frente a él. —En cuanto ella despierte nos iremos, así que no se preocupe.
— De acuerdo, pero por lo menos cúbrala con estás mantas.
— Bien. —aceptó mientras acostaba a la chica en el futón.
Sus manos estaban frías y un poco azules sus labios, pero con el fuego que la mujer prendió y con las mantas, pronto observó que su semblante recuperó el color.
— Felicidades Kakashi... ¡Eres sorprendente! —una Emiko de siete años llegó corriendo a su lado. — Hoy antes de irse de misión papá me dijo que te graduaste de chunnin, es increíble...
— No es para tanto, es solo un paso más que exigen las autoridades ninja.
Pero la chica negó.
— Eres muy fuerte, Kakashi... me preguntaba... ¿Me ayudarías a entrenar? Estoy segura de que serás el mejor maestro del mundo.
El peliplateado detuvo su andar y miró con fastidio a la niña.
— ¿No tienes a alguien más que molestar?
— Es que papá te reconoce como un buen ninja, quizás si aprendo de ti...
— No, no me interesa y nunca voy a enseñarte nada, ¿Entiendes?
La niña bajó el rostro sonrojado de vergüenza, desde la muerte de Sakumo Kakashi se había vuelto muy grosero y cortante con todos.
— Lo entiendo... —y abrió la bolsa de tela que llevaba con ella, de donde sacó un pequeño termo. — Me voy, hasta luego, Kakashi...
Y le colocó en las manos el termo antes de salir corriendo. Fastidiado, abrió el termo y en la tapa encontró algunas galletas de avena calientes y dentro del termo parecía haber té.
Kakashi contempló el rostro sereno de la mujer y aceptó que realmente había cambiado, jamás hubiera esperado que ella luchara hasta el final de sus fuerzas. Él mismo había dicho hace unos días que todos cambiaban, quizás si entrara a su mente con el sharingan podría descubrir si era cierto lo que había dicho sobre Rin...
— Kakashi... —la voz de Gai lo sacó de sus pensamientos. — Todo está listo, ¿Ayudamos a quitar las trampas que no se activaron?
Kakashi suspiró.
— Sí, alguien podría lastimarse...
Y antes de salir dio un último vistazo a la chica.
Apostaría lo que fuera a que en su mochila de viaje había un termo con té y galletas.
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Continuará...
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