Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto.
Pareja: Kakashi X OC.
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Capítulo 8.
Voluntad de fuego
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Dos días después del incidente dieron de alta a Emiko del hospital, quien con un cabestrillo avanzaba por los pasillo del hospital a paso tranquilo.
— ¿Ryuzara-san? ¿Se va? —preguntó una enfermera del módulo de la entrada.
— Sí, aquí traigo mi alta.— mostró su alta médica firmada por Shizune.
— Hai, es solo que ayer llegó este mensaje pero no tuve tiempo de llevarlo.
La pelinegra vio el rollo que solía ir en la pata de las aves y se dio prisa en tomarlo de manos de la enfermera.
— Gracias... iré a casa, hasta pronto...
Salió y una peculiar cabellera rosa la esperaba afuera.
— ¡Hola, Sakura-chan!
— Ryuzara-san... ¿Cómo se siente?
— A la perfección, solo quedará una pequeña cicatriz... —y sonrió avergonzada, su sensei Midori la iba a matar cuando viera la marca nada pequeña. Al no recibir una respuesta de la chica, la miró con preocupación. — ¿Pasó algo, Sakura-chan?
— Sasuke... Sasuke se fue de la aldea hace dos días... —sus ojos llorosos fueron conmovedores, Emiko abrió la boca sorprendida. — Naruto y nuestros demás compañeros de la academia fueron tras él... y ninguno ha regresado...
— ¿Sólo gennins fueron por Sasuke? —eso era increíble, cuando alguien desertaba solían enviar a equipos especializados.
— No había más ninjas disponibles... — Emiko miró el cielo, llevaba ya dos semanas sin parar, pero ver el rostro pálido de la chica le dijo que no podía ser indiferente, Sasuke Uchiha no podía mandarla al hospital y huir sin sentir su ira.
— Vamos a mi casa por mi equipo, rápido...
— ¿Irá? —preguntó la chica con evidente sorpresa. — Pero ya pasaron dos días...
— Soy una ninja sensorial, no soy tan resistente como un Hyuga pero soy bastante precisa cuando se trata de una presencia en particular.
El rostro de la chica se iluminó y ambas corrieron las departamento. Una vez ahí Emiko se dio un baño rápido mientras Sakura limpiaba el ninjato con un paño como se lo indicó la mayor. Emiko se vistió, metió el mensaje sin leer en su pantalón y al final se colocó su chaleco ninja junto con la Katana, así en menos de diez minutos estuvo lista para partir.
— Vamos con Tsunade-sama, —dijo la mayor mientras saltaban de techo en techo.
— ¿Por qué no lleva el cabestrillo?
— Solo era para inmovilizar el brazo, estaré bien sin él.
Llegaron a la torre, justo para encontrarse con un Kakashi bastante serio. Sakura llegó a su encuentro.
— ¡Kakashi-sensei! Pasaron dos días desde que Sasuke dejó la aldea... Y Naruto y los otros que fueron en su búsqueda tampoco regresaron...Ni tampoco Lee...
— Lo sé, escuché toda la historia.
— Creo en Naruto... yo creo en él, pero si algo le pasara a ambos...
Emiko observó a Kakashi llegar hasta su alumna y poner una mano en su hombro al tiempo que le sonreía...
— Su mirada se ha vuelto amable... — pensó Emiko mientras daba un paso hacía ellos.
— No te preocupes, Sakura... déjamelo a mi... —y emprendió su camino hacía la salida de la aldea.
— Yo le daré una mano. —Emiko hizo una seña a la chica mientras trotaba tras el peligris.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Kakashi con más cansancio que verdadera duda.
— Me han dado de alta y necesito ver a cierto Uchiha, me debe un buen golpe.
— No tienes que ir...
— Soy una ninja sensorial, han pasado dos días y conmigo llegaremos más rápido...—Kakashi rio y aquello molestó a la chica. — ¿Qué es tan divertido?
— Mi ninken rastrará por mi, así que no tienes que molestarte, ve a casa.
— Iré contigo, lo quieras o no.
Kakashi observó la decisión en el rostro de la mujer, por lo que solo atinó a asentir. Una vez que llegaron a la entrada principal, invocó a su ninken y ocho perros aparecieron frente a ellos.
— Dispérsense en todas direcciones y busquen el rastro de Naruto y Sasuke.
— ¿Naruto y Sasuke dijiste? ¿Les sucedió algo? —preguntó un pequeño Pug café de orejas más oscuras.
— Les explicaré luego, ahora el tiempo es valioso.
— De acuerdo.
— Ni bien confirmen que detectaron el rastro, llámenme... Estaré ahí de inmediato... De acuerdo... ¡Dispérsense!
Mientras el hombre daba indicaciones, Emiko tomó una píldora del super soldado y activó su justsu de rastreo.
Emiko contempló el rostro triste del peligris y decidió que pondría su mayor empeño en la misión. Pronto un fuerte aullido y la reacción de Kakashi le indicó que ya había una ruta que seguir, así que ambos jounnin marcharon a toda velocidad sobre las ramas de los árboles.
— Diez kilómetros adelante, Sasuke y Naruto están en la cascada del Valle del fin... —gritó Emiko para que el otro shinobi la escuchara, quien asintió mientras volvían a acelerar el paso.
Cuando iban a la mitad del camino, el cielo comenzó a nublarse y Emiko sintió un fuerte poder golpearla... Era muy parecido a lo que sintió la noche que murió Yondaime Hokage...
— Kakashi... —murmuró pero el ninja solo apuró el paso, y la chica no se quedó atrás, continuó a pesar de que sus sentidos de rastreo le decían que la presencia de Naruto había desaparecido para dar lugar a un enorme poder.
— Espero llegar a tiempo... —dijo el peligris mientras mantenía la vista fija al frente. — ¡Este chakra! Algo anda mal... —después de correr uno minutos más, una fuerte tormenta se desató sobre ellos. — Comenzó a llover...
— Ya estamos cerca, por aquí... —respondió el perro, sin embargo Emiko no quiso decir nada, el chakra de Naruto había reaparecido y estaba muy débil, mientras que la presencia de Sasuke estaba tan débil que poco a poco iba desapareciendo.
Pronto llegaron y lo primero que vieron fue a un inerte rubio siendo cubierto por la fuerte lluvia.
— Naruto... ¿Cómo llegaste a esto? —Pakkun llegó hasta el chico.
— Iré tras Sasuke... —Emiko volvió a avanzar mientras Kakashi llegaba hasta el rubio y lo cargaba. Como el peligris no trató de detenerla, retomó la carrera, pues cada vez se hacía más pequeña la presencia de Sasuke...
En cambio, Kakashi solo podía ver a Naruto, estaba seguro de que así debió sentirse Minato-sensei cuando llegó tarde aquel día que murió Obito... aunque él tenía suerte de que el rubio siguiera con vida.
— No llegué a tiempo. Por favor, perdóname, Naruto... sé la persona que eres... Debes de haber hecho un esfuerzo desesperado... Sasuke...
Con el cansancio calándole hasta los huesos, Kakashi subió de nuevo hasta el bosque con Naruto en su espalda y Pakkun siguiéndolo de cerca.
— El valle del fin... ¿Quién pensaría que Sasuke y Naruto lucharían aquí?
— Qué ironía —observó el pug.
— Sí... — El peligris miró hacía abajo. —Cuando miro este río, es como si me enfrentara a una batalla eterna, sin fin... Como el destino de las dos personas que representan estas estatuas, quienes fundaron Konohagakure... — Miró al chico que llevaba en sus espaldas.— Naruto y Sasuke, mientras vivan... — La tormenta comenzó a ceder y una última gotas dieron paso a los rayos del sol. — Ya llueve menos, ¿No?
— Sí... — Pakkun olfateó al aire y no encontró el olor del Uchiha. — Con tanta lluvia ya no podré seguir el rastro de Sasuke... Cuidar a Naruto es más importante que encontrar a Sasuke... además esa mujer fue tras de él, quizá ella lo logre.
— Sí... — respondió el peligris mientras comenzaba su regreso a la aldea.
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En cambio Emiko avanzó a través del bosque, sentía muy débil la presencia de Sasuke pero sabía que se estaba acercando. Sus pies estaban empapados y el lodo la salpicaba por doquier, sin olvidar el ardor de su reciente herida, pero sentía la adrenalina correr por sus venas, traería a ese niño de vuelta para demostrarle al sandaime de que ya era una digna ninja de Konoha.
Bajó de la rama en la que iba de un salto, vio a lo lejos a Sasuke, caminar lentamente mientras se sostenía el brazo izquierdo.
— Uchiha, espera... —le gritó mientras corría y sentía que la tormenta terminaba. Los pulmones le suplicaban por un descanso, y sus sentidos estaban enfocados en el chico de enfrente, por lo que no se percató de la oscuridad creciente conforme más se adentraban en el bosque.
Cuando por fin estaba a escasos metros del chico, un cable invisible le hizo tropezar y cayó sobre el lodo fresco.
— Me temo que Orochimaru-sama espera a su invitado, no sería correcto permitir que te lo lleves en estos momentos. — Una juvenil voz la hizo cortar de golpe su justsu de rastro y centrarse en su alrededor.
— Muéstrate. —gritó mientras ponía una mano sobre la empuñadura de su espada.
— Mi nombre es Yakushi, Kabuto, ¿Y tú eres...?
— Ryuzara, ninja de Konoha.
Un hombre delgado de cabellos blancos y anteojos redondos apareció frente a ella.
— No leí ese nombre en las filas de los ninjas activos de Konoha, ¿Tendrás otra referencia tuya?
— No estoy buscando empleo, vengo por Sasuke Uchiha y más vale que te hagas a un lado.
El chico sonrió.
— Me gusta tu sentido del humor, aunque debo insistir en que lo dejes continuar con su camino... no me gustaría lastimar un rostro tan lindo como el tuyo.
Emiko desenvainó su espada y se lanzó el combate. Kabuto se dedicó a esquivar los ataques, con una calmada sonrisa que solo frustraba cada vez más a la ninja.
— No eres un ninja de ataque, pero haber llegado tan cerca de Sasuke me dice que eres una excepcional rastreadora... tu cacería hubiera sido más eficaz si hubiera traído contigo a alguien con una mejor ofensiva.
— No me interesa, no regresaré sin Uchiha Sasuke... —y aplicó chakra a su ninjato el cual, al ser esquivada por el chico, cortó a un gran árbol. Mientras Kabuto esquivaba el gran árbol que la caería encima, Emiko emprendió la carrera tras el chico, hasta que sintió que una serpiente se enredaba en sus piernas y la derribaba. Sin dudarlo, Emiko cortó al animal y quedó libre, no sin antes llevarse una mordida.
— No te preocupes, su veneno no es mortal, solo te paralizará por un par de horas. —Kabuto se acercó a la chica quien comenzó a sentir que la pierna herida se adormecía. — Linda ninjato, quizás podría llevarla como un regalo para mi maestro...
Pero antes de que pudiera tocarla, Emiko la blandió contra el chico quien apenas pudo retroceder.
— Bueno, la necesitarás en realidad, si bien no morirás por el veneno, hay muchos animales salvajes por aquí y quizás podría avisar a algunos sujetos muy rudos que hay cerca una linda mujer inmóvil.
Y comenzó a alejarse.
Sin posibilidades de ponerse de pie, Emiko clavó la punta de su ninjato en la mordida y comenzó a exprimir su sangre en un intento por disminuir la cantidad de veneno que correría por su organismo.
Sintiendo cómo el hormigueo se expandía por sus extremidades, Emiko juntó chakra para ponerse de pie y caminó arrastrando su pierna herida hasta las ramas frondosas del árbol que había derribado. Al llegar, se dejó caer entre los montones de hojas verdes y se aseguró de quedar bien cubierta, si no tenía posibilidades de contrarrestar el veneno, no se quedaría a la vista para ser una presa fácil.
— Sólo son un par de horas... —se dijo mientras trataba de relajarse en su escondite de hojas. — Pero por si las dudas... —mientras las manos comenzaban a temblarle, sacó una de sus bengalas, y le pegó un hijo de chakra. Con esfuerzo encendió el fuego artificial que salió volando e hizo que su hilo de chakra quedara fuera, colgando de otro gran árbol. En caso de que alguien de Konoha estuviera cerca, ella podía pedir ayuda aplicando un poco de chakra y haciendo brillar el hilo.
Momentos después sintió su cuerpo empezar a enfriarse y quedarse tieso.
— Esto es como estar muerta pero sintiendo todo... — Pensó, pues ni siquiera podía mover los labios. A pesar de que tenía bien sujeta su ninjato con ambas manos, no era capaz de sentir la empuñadura, ni al hilo de chakra ni nada que no fuera un frío congelador. — Si no muero por el estúpido veneno, moriré de hipotermia...
Y trató de tranquilizarse, la madera del árbol no permitiría que muriera tan rápido de frío, pero si pasaban dos horas y no podía moverse, realmente iba a estar en serios problemas.
— ¿Cómo terminé en esta situación? —se preguntó mientras se concentraba en los sonidos del bosque. — Yo solo iba a ayudar en la reconstrucción de la aldea, ¡Es cierto! Tengo un mensaje de la capital sin leer en mi bolsillo...
Bueno, no podría leer la respuesta de Kyoko-chan hasta que recuperara la movilidad, por lo que calmó su respiración y trató de mantener clara la mente, caer en la desesperación solo la pondría más indefensa en aquella situación.
— ¿Por qué te vas a la capital? —un Genma de 15 años la miraba con molestia mientras la chica terminaba de empacar sus pertenencias.
— Sandaime-sama me ha propuesto para un trabajo como guardia del palacio del señor Feudal, así que iré.
— Pero es el trabajo más aburrido del mundo, ¡Solo tienes que vigilar una maldita puerta!
— Pues tal vez sea buena para vigilar una maldita puerta, ¡Volví a arruinar otra misión importante! Así que debería agradecer esta oportunidad y que no me retiraran del servicio por completo.
El chico del senbon caminaba de un lado a otro como un león enjaulado.
— Okei, puedo entender que te irás de manera temporal a la capital, ¿Pero por qué vendiste tu casa?
— Necesito dinero para sobrevivir, compraré algo más pequeño en la capital...
— Precisamente eso me dice que no piensas volver a Konoha...
— Genma... —Emiko de quince años dejó su baúl y se acercó a su novio. — Esta casa nunca fue mía... Mi padre nunca dejó de decir que era una vergüenza para el nombre Ryuzara, y nunca fui feliz aquí sin mi madre, así que es mejor que esta casa sea usada por alguien que la aprecie y ocupe todo este espacio... además la capital está a tres días de camino a pie y a un día y medio con carreta, podrás visitarme siempre que quieras...
— Entonces estás terminando con lo nuestro. — Genma se alejó de la chica, quien se mordió el labio inferior, ¿Debería contarle lo sucedido con Kakashi?
— Genma... realmente lo intenté... yo quise quererte pero en todo este año no lo conseguí de la manera que tu quieres... eres mi mejor amigo junto con Asuma, pero no puedo verte como algo más.
El senbon en la boca del chico se rompió ante la fuerza que el joven ejerció con sus dientes, por lo que escupió con enojo los restos.
— ¿Se trata de Kakashi de nuevo, verdad? — Emiko negó pero el chico no la dejó hablar. — Ayer cuando lo viste venir te diste la media vuelta sin pensarlo y terminamos comiendo los fideos udón que tanto odias...
— Kakashi no tiene nada que ver en esto, fue mi mal desempeño el que hizo que el sandaime me propusiera un trabajo menos riesgoso pero suficiente para pagar las cuentas y mantenerme. — No, jamás podría decirle a nadie lo sucedido con Kakashi... — Y sobre nosotros, realmente me esforcé pero no puedo amarte como quieres, Genma Shiranui... lo siento.
Al día siguiente, entre la rabia de Genma y la tristeza de Asuma, partió hacía la capital en una carreta que llevaba su baúl con ropa, armas y algunos recuerdos de Konoha. Era de noche cuando llegó a la capital, por lo que se hospedó en un local muy lindo de aguas termales para dormir y presentarse al día siguiente en el palacio. Pronto llegó a su habitación y se cambio por algo más cómodo, pero no tenía idea de cómo iba a presentarse el día de mañana... ¿Debía comprar un kimono? ¿O su uniforme ninja sería suficiente? Pronto su estómago sonó recordándole que aún no había comido nada en el día, por lo que bajó al comedor de aquel lugar.
Al llegar, vio que el sitio estaba demasiado lleno, por lo que después de servirse lo que iba a comer, se dirigió de regreso a su habitación. De camino iba admirando la belleza de los papeles de colores que adornaban el techo, cuando sin querer chocó con una persona, derramando en ambos todo lo que llevaba en la charola.
— Lo lamento... —una mujer muy hermosa de unos treinta y cinco años la miró con furia mientras contemplaba su yukata manchada de alimentos y salsas.
— ¡Fíjate por donde vas, mocosa! Acabas de arruinar el traje preferido de mi señor... — Emiko sintió sus piernas temblar.
— Lo lamento, pagaré por su prenda, ¡Lo siento mucho!
La mujer de cabellos dorados sonrió maliciosa.
— Ésta yukata no vale ni un yen, su verdadero valor recae en que es la favorita de mi señor. —la mujer miró a su alrededor y vio sola a la chica. — Trae a tus padres a que presenten sus respetos y tal vez dejemos que ellos sean los que te castiguen.
Fue turno de la pelinegra de sonrojarse y bajar el rostro.
— Soy huérfana, mi señora, vine a la capital sola para trabajar... — dijo Emiko mientras hacía una reverencia de noventa grados. — Pero yo me presentaré ante su señor y le pediré disculpas.
La hermosa mujer miró con desconfianza a la chica, mientras la analizaba de arriba a abajo.
— ¿De donde eres?
— Soy de Konoha, mi señora, trabajé como ninja así que puedo pagar por la prenda que usted o su señor desee.
— Ven conmigo... —dijo la mujer mientras Emiko miraba avergonzada el tiradero de comida que había quedado en el piso. — Deja la charola ahí, ya se encargarán de limpiarlo.
Sin perder tiempo siguió a la hermosa mujer hasta la última habitación de esa enorme casa de aguas termales. La mujer se arrodilló frente a una puerta de madera, a la cual tocó con suma delicadeza.
— Pasa, Midori-san...
La mujer se puso de pie y entró con evidente molestia en el rostro.
— ¿Qué te sucedió, Midori-san? — la risa de un hombre joven llenó el aire.
— Una incauta y torpe ninja estropeó vuestra yukata favorita, la traje conmigo para ver qué castigo le asignará mi señor. —pero Emiko era una ninja entrenada, sí, torpe, pero era buena para leer a las personas que tenían intenciones ocultas, y las últimas palabras de la mujer le dieron un mal presagio.
— Pasa, joven. — Dijo la voz del hombre.
Emiko lamentó no traer consigo la espada de su madre, pero aún era una ninja y podría encargarse de dos civiles sin armas. Con cautela entró a la gran habitación y se encontró con un joven hombre de cabellos azules oscuro y franca sonrisa, que la hizo sonrojar.
— ¡Y todavía tiene el descaro de mirarlo y sonrojarse! —se quejó la mujer llamada Midori.
— ¿De donde eres, ninja? ¿Y qué haces en la capital del país del fuego? — preguntó con calma el apuesto joven, mientras la mujer de cabellos dorados cerraba la puerta tras ellos.
— Mi nombre es Emiko Ryuzara... —dijo mientras hacía una profunda reverencia de pie, aquel hombre le daba más confianza que la mordacidad de la mujer rubia.— Nací en Konohagakure y soy un ninja de rango chunnin, Hokage-sama me mandó para trabajar como guardia en el palacio del señor feudal.
El joven abrió los ojos con sorpresa, pero pronto una sonrisa se instaló en sus labios.
— ¿Una niña tan pequeña será guardia?
— No soy pequeña, tengo quince años y mis padres eran altos, así que estimo que me falta bastante por crecer. —alzó la mirada con un poco de vergüenza. — Lamento lo sucedido con mi señora, vengo a pedir disculpas y a aceptar las condiciones que pongan para compensar la prenda arruinada.
El joven llevó una mano a su barbilla.
— Esa era mi yukata favorita porque es muy fácil de quitar, solo basta con jalar el listón un poco y puedo acceder al bello cuerpo de Midori-san.
Los colores se subieron al rostro de Emiko, ¡¿Cómo había terminado en medio de dos pervertidos?!
— Quizás ella tenga alguna prenda linda entre su equipaje... —sugirió la rubia quien se sentó junto al joven y comenzó a acariciar su brazo mientras una larga sonrisa adornaba su bello rostro.
— Por supuesto, puede tomar lo que guste de mis prendas. —aceptó la chica impaciente por irse de ese lugar mientras bajaba el rostro.
— No, creo que hay una mejor manera de compensarnos, trabaja para mi.
La rubia alzó una ceja pero sonrió como si siempre hubiera sabido que esa iba a ser la solución.
— ¿Trabajar para usted? ¿De qué? ¿Necesita un escolta ninja? — no permitió que su voz temblara pero sus manos si lo hicieron.
— Dijiste que vienes a trabajar como guardia del palacio de mi padre, ese es un trabajo aburrido y monótono. — El joven se puso de pie y tendió una mano a la rubia para que también se pusiera de pie. — Mi nombre es Kouji y soy el legítimo heredero de mi padre, el señor Feudal del país del fuego. — Tomó la mano derecha de la rubia y la besó. — Y ella es Midori-san, es la jefa del grupo especial Kouka Toki, leales sirvientes de mi padre y mío.
— Necesita un buen baño. — La rubia comenzó a caminar alrededor de la chica. — Pero tienes el inicio de un buen cuerpo, está trabajado y con un poco de ayuda tendrá una buenas curvas... — Emiko se sonrojó aún más y retrocedió, tratando de poner una mayor distancia con la mujer mayor. — Si te esfuerzas y lo haces bien, serás rica y poderosa.
— No sé que tiene que ver mi cuerpo con su grupo especial, yo solo vengo por el trabajo que Hokage-sama me dijo...
— El Kouka Toki es un grupo élite de mujeres ninja que hacen misiones de espionaje, manipulación, robo de información así como asesinato o siembra de evidencias falsas. —Midori empezó a contar con su cantarina voz. — Es lo mismo que hacías en tu trabajo ninja, solo que este grupo usa distintas técnicas como la seducción para uso exclusivo de los intereses del señor Feudal, y en este caso, de su futuro heredero Kouji-sama, manteniendo un bajo perfil, para que nadie sepa quien fue.
— Agradezco mucho la oferta que me hacen... — no sabía si era cierto o no lo que esas personas decían, pero debía negarse, no había manera de que ella hiciera algo así. — El verdadero motivo por el que Hokage-sama me mandó exactamente a mi para ser guardia, es porque fallé mis últimas misiones, no soy una ninja de élite y no quiero arruinar alguna misión que ponga en peligro a todo un país... — Empezó a retroceder hacía la puerta. — Prefiero vigilar una puerta y vivir modestamente... pero gracias a los dos...
Un kunai la pasó rosando por la cara y se incrustó en la puerta por la que pensaba salir.
— Puedo ver que no eres muy buena. — dijo la rubia.— Pero... ¿Por qué piensas que te dejaremos ir con vida después de todo lo que acabas de escuchar?
Un suspiro escapó de la boca de Emiko y con tristeza sonrió.
— Si quiere terminar con mi vida, adelante. —y dio un paso hacía la hermosa mujer mientras estiraba sus manos palmas arriba, justo donde podría cortar sus arterias— No he logrado nada importante y el Sandaime Hokage fue demasiado piadoso conmigo cuando en realidad merezco que me despojen de mi titulo ninja. — Pensó en las expectativas de su padre que nunca pudo cumplir y en las últimas palabras que le dijo Kakashi. — Ni siquiera me consta que todo lo que han dicho sea verdad, pero por lo menos permítanme un combate para así poder morir con algo de honor.
— Me parece justo. — dijo el joven mientras llegaba hasta la chica y le puso un kunai en sus palmas estiradas — Pelearán a muerte.
El hermoso rostro de la rubia se transfiguró con una mueca de sadismo que hizo dudar a Emiko de iniciar aquel encuentro. Pero siendo honesta ya no tenía nada que perder, así que obligó a sus piernas a funcionar y se lanzó al ataque. Poco duró en un combate cuerpo a cuerpo, la rubia era terriblemente ágil y liviana como una pluma, parecía danzar al tiempo que le lanzaba golpes que hicieron que la chica se quedara sin aire y terminara siendo estrellada contra una pared de madera que se rompió al instante, clavándole algunas astillas en sus manos al levantarse.
— Ven mocosa...—le dijo la rubia quien parecía fresca y sin un cabello fuera de su lugar, como si más bien solo hubiera estado para viendo por la ventana en lugar de mandarla a volar una y otra vez.
Volvió al ataque, pero esta vez el kunai de la rubia llegó hasta su garganta y Emiko decidió que no lo evitaría.
— Suficiente.—ordenó el joven mientras llegaba hasta las dos mujeres. — Creo que un mayor castigo para ti será permitirte vivir, anda, ve a dormir y mañana empieza un aburrido trabajo para sobrevivir.
Jadeando Emiko vio al joven irse y a la rubia seguirlo de cerca.
— Si cambias de idea y decides cambiar la fuerza bruta que te falla por el sutil arte kunoichi...—dijo la rubia con una pequeña sonrisa.— Ve con cualquier guardia del palacio y pide una orden de senbei con arroz...
Emiko los miró desaparecer por los pasillos de la enorme casa y como una autómata caminó hasta su habitación, donde apenas llegó, se dejó caer al piso, con las manos empapadas de sudor frío. Aquella mujer peleaba tan bien, seguía siendo hermosa aún cuando trataba de apuñalar su corazón... Si ella pudiera ser así... ¿De verdad hasta ella podía ser una ninja competente? ¿Sería capaz de ser el ninja que siempre soñó?
Miró el techo gris de la habitación y se esforzó por llegar hasta la cama, donde se quedó completamente dormida y olvidó que aún no había comido nada.
— Mañana temprano pediré una orden de Senbei... Rin y Obito amaban cuando los comíamos...
Tierra húmeda. Emiko estuvo tan sumida en sus recuerdos que no notó cuando el frío de su rigidez cedió para que empezara a sentir las cosas a su alrededor como la tierra húmeda, y las cosquillas que le hacían las hojas y el caminar de algunas hormigas que la treparon.
— Ya no soy la misma chica que se fue, ahora me puedo valer por mi misma... — susurró aunque su voz salió terriblemente ronca. Poco a poco sus manos fueron recuperando la movilidad, y en poco tiempo consiguió estar de pie, pero lo más difícil fue envainar su arma de nuevo, cada movimiento se sentía como si mil agujas se le clavaran.
Pero consiguió emprender el regreso, no había manera de que pudiera enfrentarse a otro de los escoltas de Sasuke, además, por la posición del sol debían ser más de las tres de la tarde, si no se daba prisa, la noche la alcanzaría y ahí se complicaría su regreso.
— Malditos Uchihas... siempre causando problemas... — gruñó mientras el calor regresaba a su cuerpo, había fallado una vez más.
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Después de depositar a Naruto en una cama de hospital, Kakashi dio la media vuelta en dirección a la salida de la aldea.
— ¿A donde va?
Pero el peligris ignoró a la enfermera, si Emiko había alcanzado a un débil Sasuke aún cabía la posibilidad de que evitaran su huida, pero también había muchas probabilidades de que otro hombre de Orochimaru se interpusiera en el camino.
— ¿A donde demonios vas con semejante pinta? — Asuma iba llegando al hospital directo de la entrada de la aldea, en cuanto puso un pie escuchó lo sucedido con Sasuke y la misión de recuperación de dos de sus alumnos, así que corrió al hospital.
— Era importante que trajera a Naruto pronto al hospital, pero Emiko se quedó en el bosque siguiendo el rastro de Sasuke... —explicó mientras empezaba a tambalearse.
Asuma miró el atardecer naranja y supo que debía actuar rápido.
— Iré yo, dime en qué dirección está.
— Sobre el Valle del fin, ella avanzó por el oeste...
— Yo lo guiaré... — Pakkun se anunció mientras saltaba al hombre del jounnin. — Sé donde la perdimos de vista.
— Bien, me llevaré a tu ninken, Kakashi, tu ve a que te revisen, no te ves nada bien.
Kakashi asintió a regañadientes, estaba en su límite después de la carrera tan larga de más temprano. En cambio Asuma emprendió la carrera siguiendo las indicaciones del pequeño pug que, cansado también, viajaba en sus hombros. Después de media hora de carrera, el cielo se oscureció por completo y Asuma sintió que el tiempo se le acababa, aunque confiaba en que su compañera estaría bien.
— Alto. —dijo el perrito.— Creo que la mujer se acerca por allá... — Y señaló un poco más adelante.
Asuma bajó del árbol de un brinco y llegó corriendo hasta una silueta que avanzaba lento pero constante.
— ¿Emiko?
— ¿Asuma? — aquella era la voz de su compañera, cosa que alivió profundamente al hombre.
— ¿Estás bien? — trató de ver si alguien más venía con ella pero entre los árboles todo era demasiado oscuro.
— Lo estoy, pero no lo conseguí... un sujeto llamado Kabuto Yakushi hizo que una serpiente me mordiera y quedé paralizada por un tiempo...
Estando más cerca, Asuma pudo ver que la chica iba cojeando.
— Te llevaré cargando, será más rápido. — Pakkun se bajó mientras Asuma se agachaba frente a la chica, quien sin dudarlo, se subió a la espalda de su amigo.
Iban caminando a un ritmo más lento, pero más rápido de lo que Emiko habría podido con su pierna lastimada.
— Hice una buena elección al unirme al Kouka Toki. —dijo de la nada la chica y Asuma salió de sus cavilaciones sobre el bienestar de Shikamaru y Chouji, sin entender lo que decía su amiga.
— ¿Qué dices?
— Yo también pensaba al inicio que el Kouka Toki eran mujerzuelas con una filiación política... —explicó mientras se abrazaba al cuello de su amigo. — pero me volví fuerte y nunca tuve que acostarme con alguien que no me gustara, la mayoría de los hombres caen con solo caricias...
— Ko-chan, no entiendo lo que dices y no me gustaría saber en este momento detalles de tu trabajo en la capital... —replicó un poco avergonzado.
— Es solo que cuando me quedé paralizada solo contaba con mis pensamientos y recordé cuando llegué a la capital... creo que si no me hubiera unido a ese grupo, mi vida no hubiera tenido un motivo para continuar y hubiera hecho el harakiri con la espada de mamá...
— ¡Emiko! —la regañó Asuma al escuchar aquello.
— Tú sabes que era una pésima ninja, a pesar de que tu y Genma cubrían mis errores los tres sabíamos que un día mis inseguridades iban a causar un problema mayor. — Asuma no supo qué decir y decidió dejarla desahogarse. — Mi vida no tenía sentido y vigilar una puerta hubiera sido el fin de mi cordura...
— Antes de irte te vi salir llorando de la casa de Kakashi... ¿Él tuvo que ver con eso?
Emiko negó.
— Esa noche yo me aproveché de la tristeza de Kakashi... él solo fue él mismo, nunca esperé que lograra reconocerme.
— ¿Y ahora?
— Ahora tengo un objetivo... proteger el legado de Kouji-sama.
— Emiko, proyectaste la aprobación que nunca conseguiste de tu padre en Kakashi quien era igual de severo que él... ahora solo has traspasado esa necesidad de aprobación a otro hombre...
— Tal vez, pero sigue siendo un objetivo que dará paz a la nación.
— ¿Por qué no sientas cabeza? — Asuma sintió tristeza por su amiga. — ¿O por qué no regresas a Konoha y guías a un equipo gennin?
— ¿Cuál es tu objetivo en la vida, Asuma?
— Proteger a mi rey.
— ¿Y qué diferencia hay entre mi objetivo de proteger al líder de un país y tu objetivo de proteger a un rey? Es lo mismo...
— No lo es, Ko-chan... mi rey son todos los niños que viven en Konoha, incluso los que no han nacido... yo quiero proteger la voluntad de fuego en la que creía mi padre.
La chica guardó silencio sopesando las palabras de su amigo, aquellas palabras habían sido similares a las que le había dicho su padre la última vez que lo vio con vida.
— Mi cumpleaños será la otra semana, ¿volverán a tiempo?
Ryuji negó con la cabeza.
— Esas cosas pierden importancia cuando eres un ninja, vamos a pelear por el futuro de la aldea y el tuyo, sé un poco más agradecida mocosa.
Después de mucho tiempo, tanto que Asuma pensó que la chica se había quedado dormida, habló de nuevo.
— Si me quedo en Konoha... si cumplo misiones, si me establezco en un lugar propio... y si cuido a un equipo joven... ¿Con eso protegeré el futuro de la aldea?
Asuma sonrió.
— Basta con que desees cuidar la paz que los mayores consiguieron para nosotros... la paz no la consiguen los líderes políticos, Emiko, la paz la ganan los sacrificios, las personas que están en la disposición de luchar por su hogar y de proteger los derechos de los demás... Tal como acabas de hacer tú... diste tu mejor esfuerzo para rescatar a un niño de sus propios demonios... ¿No lo conseguiste? No estás sola, también lucharon mis preciados alumnos, otros gennin que sabían que no tenían oportunidad contra ninjas clase criminal, pero no se detuvieron, lucharon hasta el final y eso, mi querida amiga, es lo que construye la paz y el porvenir de una nación, no los políticos que se creen los dueños del tablero.
— ¿Desde cuando te volviste un adulto tan genial, Asuma? — Emiko se recargó en su amigo, sus palabras realmente le calaron profundo.
— Siempre fui así de genial, eres tu la que no quiso venir antes a pedirme consejo.
Ambos amigos rieron y permanecieron en silencio hasta que llegaron a la entrada de la aldea, donde Kakashi lleno de vendas los esperaba.
— Lo lamento, Kakashi... —la pelinegra hizo una reverencia de noventa grados. — No conseguí traer de regreso a Sasuke-kun... —pero entonces los brazos del peligris la rodearon sin que lo esperara.
— Todos fallamos, pero aún así no dudaste en ir, me alegra que hayas vuelto con bien.
Los colores en el rostro de la chica aumentaron mientras Asuma estallaba en carcajadas, tal vez su amiga aún no estaba tan perdida como lo pensó al inicio.
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Continuará...
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